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El avestruz que subió al Cielo
Hyalmar Blixen

Lolo preguntó un día a un compañerito de clase, cuando ambos salían de la escuela:

-¿Por qué será que yo nunca sueño, o, por lo menos, cuando me despierto, nada recuerdo de lo que vi dormido?

-Quien puede responderte a esto, es, sin duda, el Mago del Collar de Sueños.

-¡Ah! Es verdad. Me había olvidado que existe ese buen Mago.

Y muy apurado fue a verlo, porque casualmente su casa no quedaba lejos de la suya.

-Señor Mago: resulta que yo estudio mucho, porque me gustaría ser un día Presidente de este país, o por lo menos, Ministro. Y así, cansado de tanta lectura, de noche, no se me asoma ningún sueño. Dicen que duermo como un lirón, aunque no se quién es ese bicho. ¿No me prestaría uno de esos sueños que da a otros niños, y que resulte lindo? No importa que sea de verdad o de mentira, pero si que lo recuerde al despertarme.

El Mago, sonriente, tras mirarlo con sus dulces ojos color cielo, buscó un rato en su collar, y halló un sueño poco usado, que alcanzó al chico.

-Te doy el del avestruz que dribleaba a las flechas de los cazadores.

-¡Ah! ¡Qué lindo sería que ese avestruz jugara en el equipo de chiquilines de mi barrio! Pasaría a todos los que quisiesen marcarlo...y hasta de pronto se metería en el arco contrario con pelota y todo.

-Sería lindo de ver eso, Lolo, aunque los avestruces no juegan al fútbol.

-Pero, ¿si se les enseña?

-Puede ser...¿quién sabe? Pero, por ahora te presto éste...¿Tú conoces, Lolo, la diferencia que hay entre prestar y regalar?

-¡Claro que sí, señor Mago! Me la explicó muchas veces mi padre. El que recibe una cosa prestada, si no la devuelve, se adueña indebidamente de ella...y de pronto, dice él, hasta puede ir preso. Y quien acepta un lindo regalo, queda muy contento y además debe decir: "muchas gracias".

Se despidió del Mago, tras estas explicaciones, y al llegar la noche, se puso a soñar la aventura del avestruz, que vivía cerca de una tribu de indígenas del Paraguay. Esos hombres lo llaman "amanic", como los de otras poblaciones le dicen "ñandú" y mismo "berá", porque cada tribu inventa algo de su propio idioma.

Resulta que al soñar, vio Lolo al cacique de una tribu, que era muy prepotente y orgulloso, y que tenía fama de poseer, con su arco y sus flechas, una puntería asombrosa.

-Voy a cazar un "amanic" y hoy nos lo comeremos. Pero guardaré sus plumas para hacerme unos adornos nuevos. En cuanto a ustedes, me preparan pronto el fuego, porque dentro de poquito nos daremos un festín.

Todos los indígenas de la tribu se alegraron, pues pensaron que era cosa agradable comerse al avestruz. Pero éste, que andaba cerca, en medio de la maleza, opinó de manera muy diferente, y se dijo:

-No hallo ninguna gracia en la pretensión que tienen en comerme. ¿Así que no les basta el maíz y las hortalizas que plantan y lo que desean es darse un festín con mi carne? Pues yo opino de distinta manera y voy a darles una lección, porque soy el más veloz avestruz que jamás haya sido visto.

Al acercársele el cacique, en son de burla, le dijo a éste:

-Buenos días, señor cazador. Usted es un jefe que nunca yerra el blanco. ¿Va a tirarle a los frutos que están en los árboles?

-Te voy a flechar a ti, "amanic" insolente, y la tribu te comerá dentro de un rato.

Le lanzó una saeta, pero el avestruz, que era como la luz de rápido, se agachó y ella pasó por encima de su cuerpo. Y en son de broma le preguntó:

-¿Para qué gastar una flecha cuando puede comer maíz, señor cacique? El maíz es buen alimento, créamelo. Se digiere mejor que mi carne.

El cacique, furioso al comprobar que se burlaba de él, empezó a arrojarle flecha tras flecha, pero el "amanic" huía con tal rapidez y las esquivaba tan hábilmente, que el jefe se ponía cada vez más rabioso, y además le daba vergüenza volver a la tribu a confesar que había agotado todas las saetas que tenía en su carcaj. Así es que pensó:

-Debe ser un avestruz mágico, pues siendo, como lo soy, el mejor flechador del mundo, no lo puedo matar. Porque ¿quién tira con arco como yo? Nadie.

El cacique corrió tras el ave como un desaforado, hasta el fin de la tierra, pero al llegar al mar apareció una escalera mágica y el avestruz subió por ella, palo a palo, hasta el "Ipiquen", que es, en lengua de esa tribu, el lugar de las estrellas, de la fiesta del Cielo azul, y alegremente puso allí siete huevos tan luminosos, que los hombres llamaron "Siete cabritas", porque pensó:

-Un hombre malo me quiso comer y también los de su tribu. Yo les devuelvo bien por mal. Adorno el Cielo, y como me ha gustado este lugar, ahora me quedo aquí.

El cacique volvió furioso a su tribu y dijo:

-No vi a ningún avestruz en la selva ni en los campos. Se ve que, como me tienen miedo, dispararon.

Pero como todos vieron que no traía flecha alguna, se rieron disimuladamente de él y desde entonces le llamaron "el jefe fanfarrón".

-Me gustó mucho ese avestruz veloz, señor Mago -le dijo Lolo-. Mi padre tiene un potrillito que cuando crezca un poco más, correrá carreras. ¿No se enojará el avestruz del sueño si al caballito le pongo por nombre "amanic"? Si sueña este sueño, de pronto aprenderá a correr muy bien, y ganará todas las carreras. ¿Puedo prestar esta noche el sueño al caballito de mi padre?

-Desde luego...porque un caballo también puede tener sueños mágicos, si yo se los mando.

Y Lolo, muy contento, puso el sueño en el cuello del potrillito para que aprendiera a ser ligero como el "amanic", aunque le recomendó:

-Pero no te escapes y te pongas a correr por el cielo como esas estrellas voladoras, porque te precisamos aquí...y además, porque te quiero mucho.

Hyalmar Blixen

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