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Aníbal Barrios Pintos. Incansable buscador de la identidad uruguaya.
Hyalmar Blixen

Uno de los historiadores que estudia la evolución de nuestro país es Aníbal Barrios Pintos, un investigador que une a su sencillez bondadosa, un afán de documentación y de búsqueda de todo lo que considera necesario sea rescatado y conocido en el Uruguay en cuanto a aspectos de nuestra historia y de nuestra cultura. Su asidua colaboración durante años en las páginas del selecto Suplemento Dominical de “El Día”, que con tanto acierto dirigieron Eugenio Alsina y Dora Isella Rusell, quienes apreciaron allí su estilo claro, su concisión nimbada a veces de un halo de poesía en la evocación de paisajes, hechos y figuras de nuestro medio, que le han hecho conocido de un amplio sector del público. 

Sus libros

Barrios Pintos inicia la publicación de sus obras en 1963, con “Rivera en el ayer, de la crónica a la historia”, a las que siguen “Pulperías de la Cisplatina” (1964), “De las vaquerías al alambrado” (1967), “Cronistas de la Tierra Purpúrea; el Uruguay entre 1805 y 1852” (1968), “El origen luso – brasileño de la ciudad de Salto” (1968), “Historia de los pueblos orientales” (1971), “E. R. Pearce Edgcumbe; un banquero inglés en el Uruguay de 1886” (Trad. De Hortensia Campañela) (1971). Luego colabora en los trabajos de divulgación realizados con la intención de dotar a nuestro público, especialmente a los estudiantes de historia, de lectura de textos diversos, pero referidos a la temática nacional, realizados por la Editorial “Nuestra Tierra”. En esa colección, bien conocida por nuestra parte, colabora con “Montevideo visto por los viajeros” y “Montevideo; los barrios” que consta de dos volúmenes. Las tres obras mencionadas son de 1971 y revelan un claro sentido de valoración de aquello que considera más destacable y digno de señalar. A éstas sigue “Pulperías y cafés; instituciones sustanciales del vivir oriental” (1973), “Historia de la ganadería en el Uruguay, 1574 – 1971”, ed. De la Biblioteca Nacional (1973), “Aborígenes e indígenas del Uruguay”, “Lavalleja, la patria independiente”,  “Los libertadores de 1925”. A estos siguen “La villa de la Purificación y el Cuartel General del Hervidero”, “Eduardo Fabini”, “Paysandú en escorzo histórico”, “Contribución a la bibliografía de vocabularios técnicos”, editada por la Academia Nacional de Letras en 1981 y de la que es uno de sus Miembros.

Se ha dedicado a destacar, en libros cada vez más ricos de contenido, multitud de datos que si no fuera por su esfuerzo de investigador se habrían perdido, referidos a la historia de nuestros departamentos, en un prolijo acopio de información que se ordena tras un juicio selectivo. Actualmente escribe densos libros generalmente de dos volúmenes cada uno, a saber: “Minas”, “San José”, “Paysandú”, “Artigas”, “Rivera”. No abundan quienes realizan trabajos tan disciplinados y eruditos, básicos para servir de ulteriores fuentes de la historia e histografía de nuestro país, pues con ellos se repara la injusticia muy frecuente de mirar todo el Uruguay con los ojos de la capital, cuando sin duda es más importante estudiar el fenómeno histórico social, político, cultural y hasta geográfico del interior de nuestro país, que es el barómetro del éxito o el fracaso de la economía nacional.

Los más recientes

Cuatro volúmenes tengo sobre mi mesa de trabajo, es decir, alrededor de 1200 a 1300 páginas en total, y en ellos observo siempre un plan orgánico, meticuloso, pues la historia de los departamentos, en este caso los de “Artigas” y “Paysandú” parten del pasado indígena de la zona elegida, estudiado ya en el aspecto arqueológico prehispánico, ya en el ciclo histórico, con noticia de los grupos tribales hasta la extinción o desaparición de los mismos. Pero como la historia de esos departamentos se va diversificando, a veces acentúa el tema del espacio geográfico o el de la pormenorización de asientos misioneros, o el estudio de la fauna y de la flora, incluyendo el de los yacimientos fósiles. Al avanzar en la lectura observamos que Barrios Pintos nos da noticias de primeros asentamientos, de ordenanzas españolas para el comercio con los indígenas guaraníes, noticias a propósito de acontecimientos, luchas trágicas que ocurrieron en esos lugares, familias españolas que se aventuraban a poblar y sus distintas filiaciones étnicas y lingüísticas, y construcción de diversos edificios, tanto en uno como en el otro de los libros, que comento conjuntamente, porque a fin de cuentas forman parte de un plan común que sería de desear abarcara todo el país.

Los pasos de la historia

Por las páginas de estos dos libros, “Artigas” y “Paysandú” desfilan figuras de héroes, de próceres de la fundación de nuestra nacionalidad y sus gestas, hasta otras figuras, que si bien de menor trascendencia, han realizado acciones que no merecen el olvido.

Y apreciamos también el lento pero efectivo progreso que en los planes de la agricultura, de la ganadería, de las industrias, se advierte en esas zonas de nuestro territorio elegidas en esta ocasión por Barrios Pintos, con la descripción de los inevitables contratiempos que a veces surgen en medio de las arduas tareas campesinas, pero que sirven para templar el carácter de los hombres. Observamos también el avance en el plano de la cultura, la superación de sus elencos teatrales, el desarrollo de sus artes plásticas, de sus museos, sus casas de estudios, sus Escuelas Técnicas y Agrarias, sus medios progresivos de comunicación: prensa, local, telégrafo, cinematógrafo, radiodifusión, televisión, jalones del inteligente esfuerzo progresivo, así como sus parques, sus paseos, y también la sucesión de los gobiernos locales. Ambos libros contienen una rica iconografía: profusión de mapas, fotografías de hermosos edificios, como, en el caso de Paysandú, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo, el puente Internacional Paysandú – Colón, el teatro “Florencio Sánchez”, el Museo de la Tradición, con sus carruajes antiguos. Dentro de la plástica me llamó mucho la atención el cuadro de la pintora Perla Rubido, titulado “La China María”, rica y fuerte obra que representa a la que murió luchando contra los invasores portugueses, en defensa de la Banda Oriental invadida en 1811. Así serían aquellas mujeres bravías que tan bien vibran en “Ismael” y en “El combate de la tapera” de Acevedo Díaz. Al leer esas narraciones, muchas veces quise verles el rostro, y en ese cuadro, muy bellamente lo vi.

Y en lo referente al departamento de Artigas, nos muestra Barrios Pintos el bellísimo puente de la Concordia, de 750 metros, sobre el río Cuareim, y el Museo Histórico Municipal, en el Paseo 7 de Setiembre, así como sus espectaculares plantaciones de tabaco.

Ciertamente que Uruguay no está sólo en Montevideo y Punta del Este ni en su costa de oro; así, con bastante rubor por saber tan poco del interior de nuestra República, y como homenaje al mismo, tan olvidado a veces y de modo tan injusto, creemos hacer obra de uruguayos al aplaudir estos libros, que son obra de erudición, pero también de amor a lo nuestro, del profesor Aníbal Barrios Pintos.

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

5 de febrero de 1990

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