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Alexis Kivi, fundador de la literatura finlandesa
Hyalmar Blixen

Nosotros le llamamos Finlandia. Para los habitantes de ese suelo es Suomen Maa o quizá más propiamente Suomar tas Avalta; es la poética tierra de cien lagos, con una población cuyas cuatros quintas partes habla finlandés (del tronco finoúgrico); el resto es predominantemente sueco y de esa lengua era la literatura. La llanura, los paisajes generalmente planos, poblados de bosques, abetos, abedules que se llenan de nieve en invierno, hasta que llega el estallido de verdor de la primavera, la oscuridad impresionante del norte, cuando el viajero se acerca al círculo polar, han dado una rica mitología, con profusión de dioses, leyendas, sucedidos que fue necesario recoger de los propios campesinos, habitantes de rústicas cabañas de madera. Se trata de un mundo sobrenatural, que tan bien recopiló el Dr. Elías Lonnrot (1802 – 1888) en el “Kálevala” (las palabras finlandesas frecuentemente acentúan en la primera sílaba) epopeya que reunida en fragmentos de sagas en paciente compilación ha superado la cifra de 22000 versos. En ella, como que es obra popular, no hay un centro de interés único, sino que la temática  se dispersa en ciclos de aventuras, de las que son protagonistas: Wäinämoinen, cuyo epíteto es el “el runoya sagrado”, porque sus hazañas están con frecuencia basadas en los poderes mágicos de la música y de la poesía escrita en runas; Ilmarinen, el herrero artífice; Lemminkäinen, cuyas aventuras tienen casi siempre un fondo erótico; otras figuras hay importantes en la recopilación de Lonnrot.

Grandes esfuerzos se hacían, por parte de las autoridades, para alfabetizar al pueblo finlandés, en un esfuerzo similar al efectuado por Pedro el Grande de Rusia, Federico el Grande de Prusia y María Teresa de Austria, y otros. En Finlandia, la policía tenía entre sus misiones, dejar un paquete de libros y cartillas de primeras letras en la casa del pastor luterano, que estaba obligado a enseñar al pequeño pueblo, ya por sí mismo, ya por intermedio del chantre. Como curiosidad, a los rebeldes al aprendizaje se les ponía, para avergonzarlos, en un cepo, la cabeza asomada sobre la tabla de madera, a la puerta de la iglesia durante el domingo.

Alexis Kivi

Nació el 10 de octubre de 1834 en Palojoki, lugar donde su padre, de apellido Stenvai era sastre y tenía la única Biblia del pueblo. Aclaremos que “Kivi” es el seudónimo literario que usó el escritor. La madre de éste era “pietista”, secta de un cristianismo severo muy difundido en esa época en Escandinavia. De ese matrimonio nacieron muchos hijos, pero salvo Kivi, que a pesar de su pobreza aspiraba a superar los escollos, ninguno de los demás pasó de las primeras letras.

Kivi fue a Helsingford, y allí, en la Universidad, aprendió el sueco, que le resultó fundamental pues en ese tiempo, ninguna obra literaria estaba traducida al finés. La literatura de su patria se escribía en sueco. En esa lengua imprimieron Zacharías Topelius (1818 – 1898), Johan Ludvig Runeberg (1804 – 1877) y la notable poetisa Edith Södergran (1892 – 1923) que nació en San Petesburgo, lo que no impide que sea la más grande lírica sueca. De ese modo pudo Kivi leer “Don Quijote”, los dramas de Shakespeare, Dante y autores alemanes y escandinavos.

Nace el escritor

Si bien comenzó a componer versos en sueco, abandonando su primera vocación que parecía ser la religiosa, decidió escribir en la lengua finesa, lo que le obligaba a una domesticación de ese idioma para hacerlo apto a la literatura. Y de ahí salió su drama “Kullervo” basado en este hombre trágico que ocupa lugar bastante extenso en el Kálevala. En sus peripecias llega a ser vendido como esclavo al artífice Ilmarrien y es protagonista de acciones sombrías, pues ha nacido con un destino adverso, como el que a ocasiones la Moira marcaba a los héroes de la tragedia griega, sin que haya en este caso influencia helénica, sino directa de los cantares fineses.

Enseguida escribe “Los zapateros del pueblo” (Nummi suutarit) situada en el ambiente rústico, pues quiere ser un autor popular. La obra, que es de contenido alegre y satírico, gira alrededor del tema de la fuerza del dinero. El zapatero Tobías, casado con Marta, mujer furibunda que maneja la casa a latigazos, de los que no se salvan ni marido ni hijos, quiere que su vástago, Esko, se haga acreedor a una herencia, que tiene por condición la de casarse antes que Jaana, cuyo padre, el marino Niko, la dejó como pupila en la casa de Tobías. Pero Esko no consigue que muchacha alguna lo quiera y  su situación es burlesca y jocosa. Cuando al cabo de un tiempo y muchas peripecias vuelve Niko, la herencia pertenece a Jaana, pero ésta decide casarse con Esko, de manera que el dinero será de los dos. Esta comedia tuvo mucho éxito.

También escribió otra pieza teatral, basada en un episodio fugaz del Evangelio de San Lucas, inventa Kivi, que este publicano tiene una hija llamada Lea, hija imaginaria de Zaqueo loa que ha sido iluminada por la fe en la palabra de Jesús y siente amor por el saduceo Aram, aunque su padre quiere casarla con otro fariseo, Joas. Sin embargo, la influencia de Jesús alcanza también a Zaqueo, el cual comprende que no puede subordinar el amor al dinero, y los enamorados se unen en matrimonio. Esta obra, que sólo tiene un acto, marca una fecha importante, pues, representada en 1869, es la primera vez que en el teatro se escucha una pieza en lengua finesa.

Los siete hermanos

Esta novela (cuyo título finés es “Seitsemän valjestä) es una obra maestra que tiene la particularidad de ser narrativa dialogada. Ha sido de interés para filólogos, sociólogos, psicólogos puesto que representa cantidad de elementos que la hacen muy rica.  Además, las descripciones de paisajes de Finlandia están realizadas con una delicadeza y poesía como si el alma del autor se identificara mágicamente con él. El tema nos lleva a situaciones aparentemente absurdas si las vemos con los ojos de hoy y no con los de un hombre finés de aquella época, y además con pasajes de novela picaresca y otros de seriedad, religiosidad, en donde se mezclan dos vertientes: una netamente cristiana y austera y otra que es emanación del mundo mágico, mitológico, supersticioso de la antigua cosmovisión finesa. Huérfanos de padre que ha muerto en dramática lucha contra un oso al cual ha herido también mortalmente, y de una madre que  -parecería costumbre- manejaba los azotes a discreción, al verse solos, uno de ellos reflexiona un día y dice: “el castigo es de gran provecho; sobre todo si se bendice el látigo y se da la corrección en nombre de Dios”. Los siete hermanos han llegado a la conclusión de que debe haber un ama en la casa mientras ellos cazan, pescan y trabajan la tierra y hacen una notable descripción de lo que debería ser para ellos la perfecta esposa de un campesino. Desde el punto de vista sociológico el pasaje es interesantísimo. Pero ocurre que seis de ellos están enamorados de una muchacha vecina, de nombre Venia, cuya madre es llamada “La vieja de Mannisto” zurradora como la que más. Como ninguno quiere ceder, piensan un momento si ella aceptaría casarse con todos ellos. Luego, ante la imposibilidad de pedir esto, optan por pelearse por Venia pero Aapo los detiene; “Hermanos: el hombre arrebatado por la ira es una fiera sedienta de sangre; ya no es un ser humano; está ciego y no puede discernir lo que es justo y razonable”.

Deciden ir en fila, de mayor a menor a pedir la mano de Venia, en la esperanza de que acepte a alguno, pero la “Vieja de Manisto” los echa a insultos y golpes. Y además Venia se ríe. Descorazonados, sólo atinan a esta suposición: “el corazón del hombre late a la izquierda en el pecho y el de la mujer a la derecha”. Pero también les ha caído otra desgracia: tienen que ir a aprender el abecedario y algo de lectura... sino, el cepo. Intentan, pero Juhani (Juan) sólo aprende la letra A.

Los demás están un poco mejor. Sólo uno aprende el alfabeto en su totalidad. La reflexión de los muchachos viene de perla como disculpa a los actuales estudiantes ”calientabancos”, que hoy, como todo profesor sabe, los hay: -“¿Qué haremos, si los dones del espíritu están tan mal repartidos entre la gente de este mundo?”.

Y con esta filosofía parten hacia el norte a un lugar donde nadie los encontrará. Alquilan por diez años su posesión campestre y parten llevando como acompañantes a dos simpáticos perros, “Killi” y “Kisti”, (un caballejo tuerto que tira del carro), un gato y un gallo para que les dé las horas de la noche. Y mientras trabajan cuentan leyendas y sucedidos recogidos del folklore finlandés. Llega la fiesta de Nochebuena, preparan el guiso de oso, y la cerveza. Pero se emborrachan. Le dan de beber cerveza a los perros, al caballo tuerto, y se ponen a luchar entre sí, al principio correctamente porque piensan que aunque es Nochebuena, una competencia entre hermanos es inofensiva a Dios. Pero terminan en trifulca y como le han dado de beber cerveza al fuego, al fin se produce el incendio de la cabaña y huyen en camisas y sólo llevan las escopetas. Y empiezan a ser perseguidos por los lobos...

Dejemos en la mitad el relato, pero creo que el clima de la obra está algo entrevisto.

“Los siete hermanos” fue novela muy atacada por los partidarios de la escuela clásica, y Kivi se fue al norte, creyendo que había fracasado. Uno de sus hermanos lo recogió y murió en esa casa de madera, similar a aquella en la que nació. Fue el 31 de diciembre de 1872, o sea a los 38 años. Bastó que muriera para que empezara a considerársele la aurora de la literatura finlandesa.

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo

4 de febrero de 1990

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