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A cuarenta años de la muerte de Selma Lagerlöf
Hyalmar Blixen

Hace unos pocos días, el pasado 16 de marzo, se cumplieron cuarenta años de la fecha en que Suecia perdió a una de las figuras literarias que más han contribuido a su gloria artística; me refiero a Selma Lagerlöf, escritora de raro y precioso don narrativo, prosa llena de poesía, de sensibilidad, de ternura y de ese sello difícil a veces de clasificar, que permite deducir, sin equivocarnos, que nos encontramos ante una escritora de singular valía.

Selma Lagerlöf nació en Marbacka, una finca campestre de la provincia de Varmland, próxima al lago Venerm. En sus memorias cuenta la autora la historia de esa propiedad, fundada por su tatarabuelo, el pastor Morell. Selma Lagerlöf descendía de una familia de pastores protestantes, pero la madre de la futura escritora rehusó casarse con un pastor, y contrajo matrimonio con un militar de apellido Lagerlöf, y de cuyo enlace nacieron varios hijos. Selma, que era al principio una niña débil, tuvo a los tres años una parálisis momentánea, que durante un lapso le impidió correr y jugar, ya sobre la nieve, ya sobre el verdor de los campos, en la primavera, cuando la naturaleza se cubre de flores y se produce el deshielo de lagos y ríos. La niña, en cambio, escuchaba las historias que le eran contadas por lugareños, por el ama de casa, por el sargento Karl von Wachenfeldt, casado con una hermana del teniente Lagerlöf, y desde luego por la abuela de la futura escritora; eran cuentos populares, sucesos acaecidos a personas de esas regiones, y al ecucharlos, la imaginación tejía en la pequeña, extrañas telas de ensueño. En los días de festividades llegaban a Marbacka músicos que tocaban bellos aires en sus instrumentos, los jardines se iluminaban con farolillos de papel, se improvisaba alguna comedia y se bailaba con esa ansia y alegría que por fortuna tiene siempre la juventud.

En el invierno, el padre leía a los niños las poesías de Esaías Tegnér (1782-1846) que fue profesor de la Universidad de Lund y que a pesar de cierto retorcimiento formal que le achaca Helmut von Boor, se inclinó por una filosofía práctica, consideró al romanticismo como una infección alemana, y alentó a sus compatriotas, señalándoles que el verdadero y tradicional enemigo de Suecia era Rusia, más bien que Napoleón. Tegnér fue un poeta patriótico, sin dejar de ser escandinavista. Otro poeta leído en las veladas invernales de los Langerlöf era el sueco-finlandés Joh Ludwig Runeberg (1804-1877) que fue profesor de la Universidad de Abo y luego del gimnasio de Borga y autor de obras tales como "La tumba de Perrho" (1831), "Los cazadores de alces" (1832), "Hanna" (1836), "Nadescha" (1841), "La vigilia de navidad" y de dos series de narraciones de la guerra de 1808. Desde luego, cabe acotar que su lírica, de inspiración realista, es muy distinta de la de Tegnér. El otro autor leído y releído en las famosas veladas fue el mundialmente famoso Hans Christian Andersen (1805-1875) una de las glorias de la literatura danesa.

A los nueve años, Selma Lagerlöf pasó una temporada en Stockholm, llevada por un tío suyo, el cual la hizo asistir a algunas representaciones teatrales, que despertaron en la niña el anhelo de escribir grandes dramas; la verdad es que componía, pocos años después, versos y cuentos infantiles, que fueron como un escalón escondido, un aprendizaje muy importante. Con la salud ya afirmada, gustó luego galopar sobre la deslumbrante nieve, aunque a veces podía ser acechada por los lobos y otras alimañas. A los veintitrés años comprendió que sin un estudio más sólido le iba a resultar difícil escribir, y por eso abandonó su querida granja Marbacka, rodeada de elevados serbales, y se inscribió en el liceo femenino de Sjoberg (en Stockholm) para seguir la carrera de magisterio, que entonces duraba tres años; más adelante obtuvo un puesto de maestra en la escuela para muchachas de Landskrona, en la provincia de Skane, sur de Suecia, cerca del estrecho de Sund.

Hacia 1889 o quizás 1890 comenzó a escribir una obra que le daría una gran notoriedad: "La saga de Gosta Berling". En "Saga en torno a una saga" que compuso mucho después, cuenta la génesis de su "Gosta Berling": había escuchado unas lecciones de literatura y meditando respecto de los importantes autores suecos tratados en clase, consideraba a quiénes debía imitar, cuando súbitamente su espíritu se iluminó y pensó que el mundo campesino en el que ella había vivido con todas sus leyendas populares, no era inferior al de los autores que ella estudiaba entonces. Y en una de esas ráfagas de intuición que tienen frecuentemente los artistas, comprendió que la forma de la saga, con un hilo tenue de acción y con sus digresiones, como si muchos cuentos distintos estuvieran atados por la magia del creador, era el mejor (y quizá -agregaría yo- el más escandinavo) medio de narrar. Y que su provincia natal le brindaba un campo riquísimo de donde sacar relatos. Cuando esa intuición la ganó, sintió la muchacha algo así como si le hubiera llegado una revelación, y le pareció que la calle por donde transitaba bajaba y subía, y todo adquiría un aire diferente. En las horas libres que su actividad de maestra le dejaba, escribió parte de "Gosta Berling saga" y presentó los cinco primeros capítulos de la novela a un concurso organizado por la revista "Ilum". Ganó el premio otorgado por dicha publicación periódica, lo que la hizo inmediatamente conocida del público lector sueco. Por otra parte, la crítica le fue muy favorable. Poco después publicó la totalidad de la novela, y entonces ya no hubo ese aplauso unánime sino que le fueron escatimados elogios. "Gosta Berling saga" resulta en realidad algo desconcertante por la contínua intrusión de elementos líricos, exclamaciones y preguntas dentro de la materia narrativa, y además, porque el hilo de la misma carece de unidad de acción; ésta se quiebra en multitud de episodios yuxtapuestos, alrededor del protagonista Gosta Berling, un pastor que, por su afición por la bebida es denunciado por los fieles de la parroquia. El sacerdote logra, delante del obispo, mediante un discurso elocuente, hacer que los feligreses retiren la acusación, pero luego Gosta Berling se transforma en un vagabundo y se une a una cofradía de aventureros, que constituyen curiosos tipos humanos muy bien diseñados por la autora, y llamada "Los caballeros de Ekeby", los cuales llevan una vida despreocupada en medio de aventuras diversas y libaciones de vino. En la mansión donde se alojan los "Caballeros" domina una mujer, la Capitana. Esta, por influencia de un ser con ciertos ribetes demoníacos, Sintram, y víctima de una acusación de adulterio de que la hace objeto uno de sus protegidos, es expulsada de allí por su propio marido y condenada a andar errante, hasta lograr el perdón de su anciana madre. En cuanto a Gosta Berling, digamos que atrae profundamente a las mujeres, y se ha afirmado que resulta el único tipo de Don Juan pintado por pluma femenina, pero la verdad es que sus éxitos se ven impedidos por causas fortuitas. Una de sus aventuras es su huída con Ana Stjaruhok, en un trineo arrastrado por un vigoroso caballo, pero los lobos comienzan la persecución de la pareja, y la descripción de esa fuga desesperada en medio de la oscuridad tiene una plasticidad y un vigor increíbles. Cantidad de episodios de tema secundario, en lo que la leyenda popular se entremezcla con lo que agrega la fantasía de Selma Lagerlöf, tejen la acción interesante, pero curiosa, de este libro que no puede llamarse propiamente novela, sino una mezcla de géneros, o si se quiere usar un término más moderno, una novela con incontables "aperturas", caótica y grandiosa, en la que el paisaje de ciertas regiones de Suecia está admirablemente bien pintado.

En "Gosta Berling saga", Selma Lagerlöf reaccionó contra el realismo y el naturalismo que habián invadido la literatura sueca, y cuya expresión máxima es, sin duda alguna, August Strindberg. En cambio, esta escritora se nos revela subjetiva y sensible, e introduce elementos de técnica impresionista, por una ruptura de las relaciones de causa y efecto, para dar una impresión pura, libre frecuentemente de la censura de la lógica. En fin: dice Lucien Maury en su libro "L´imagination scandinave": "Gosta Berling es como un repertorio de mil fuentes por las cuales lo maravilloso sueco penetra y transfigura una familiar y a menudo brutal realidad".

En 1894 editó una serie de pequeñas novelas bajo el título común de "Los lazos invisibles" (Osynliga Lankar) obra que afirmó su prestigio, no sólo en su patria, sino en algunos países extranjeros. El rey Oscar y el principe Eugenio -como lo señala Armando Lázaro Ros (que redactó un excelente prólogo a la edición de Aguilar de varias obras de la escritora sueca)- ayudaron a Selma Lagerlöf, y también la Academia le otorgó una pensión anual, que, aunque no era muy crecida, le permitió dejar su tarea de maestra para dedicarse de pleno a escribir. También le fue costeado un viaje a Italia, que se prolongó hasta Sicilia, tras el cual compuso "Los milagros del Anticristo" (Antikrists mirakler, 1897). Entre tanto, la familia de la escritora llegó a una situación económica tan apurada, que se vio en la necesidad de vender la finca de Marbacka, lo que causó gran pena a Selma. En 1990 hizo ella un viaje a Palestina, dominada entonces por el imperio otomano, y el resultado fue su célebre obra "Jerusalén" (1901-1902) que consta de dos partes: la primera transcurre en la región sueca de Dalecarlia y hay una aguda pintura de caracteres, costumbres y paisajes hechas de mano maestra. Contiene distintas historias levemente ligadas entre sí por la unidad de lugar, de tipos humanos y de costumbres, a saber: "Los ingmarsson", "El maestro de escuela", "El cielo abierto", "Karina Ingmarssdotter", "Sión·, "La caza infernal", "Hellgum" y "El nuevo camino". El tema del amor, tan caro a la escritora está delicadamente expresado; al respecto citemos este breve pasaje con el que se cierra la última jornada de "Jerusalén en Dalecarlia": "Suspiraba por ti... Ingmar recibió estas palabras con una sonrisa de duda y le acarició ligeramente la mano para darle gracias por su bondad. Pero tú no has vuelto a verme ni una sola vez. Se hubiera dicho que no existía para ti. Ya comprendes que no debía volver hasta que me hubiese asegurado una posición y pudiese pedirte en matrimonio. Pero yo imaginé que me habías olvidado -añadió Gertrudis- y las lágrimas inundaban sus párpados. ¡Ah! Si supieras que año tan triste he pasado. Hellgum se mostró bueno para conmigo y me consoló. Me repitió que mi corazón alcanzaría la calma cuando me hubiese entregado completamente a Dios. El muchacho la contempló con una esperanza muy nueva en los ojos. Cuando te vi esta mañana me espanté, porque temí que no podría resistirte y que tendría que luchar aún... Una sonrisa resplandeciente floreció en el rostro de Ingmar, que continuaba silencioso. Pero esta noche, cuando me han dicho que habías socorrido a quien odiabas, ya no he podido contenerme... El rostro de la muchacha se había teñido de púrpura. Inclinada, sobre la mano de Ingmar, Gertrudis apoyó los labios sobre ella. Entonces le pareció al muchacho que grandes campanas tañían en su oído, tocando a Pascuas o a Navidad. Una paz, la paz santa y profunda de los domingos se hizo en su alma".

La segunda parte de "Jerusalén" relata la vida de la colonia de suecos de Dalecarlia que se instalaron en aquella región de Palestina. Sin ser tan notable como la primera, está llena de emociones dulces a propósito de la patria lejana.

Bellessort expresa de ella: "No hay razón para decir que un escritor, porque sea profundamente nacional, no sea humano. ¡Al contrario! La expresión y la forma de los sentimientos pueden variar de un país a otro; el fondo nunca cambia". "Al principio sus escritos están impregnados de las particularidades de la provincia sueca que los vio nacer. Luego, el camino de las leyendas y la fantasía la lleva, a través del tiempo y del espacio, al plano superior de un arte libre, de verdad inmortal". "Lo que escribe Selma Lagerlöf hace que se ame a Suecia y contribuye a amar a toda la hunanidad".

La fantasía de esta autora su exquisita sensibilidad se manifiestan también en su colección de cuentos titulado "Leyendas de Cristo"(Kristyslegender 1904), muchas de las cuales son verdaderas obras de arte, como por ejemplo "La noche santa" y especialemnte "El petirrojo", pajarillo que en la imaginación de la autora fue premiado con ese hermoso color, cuando, compadecido con el crucificado, le arrancó una espina de su corona. Hay otra novela digna de mención, que en español traducida con el título "Ingrid Berg" y en francés con el de "Vieux manoir", donde los temas de la locura, la música y el amor, junto con notables pinturas del paisaje, hacen de este libro, extraño sin duda, tanto como la enajenación mental de Gunnar Hede, una obra de alta calidad estética. Me gustaría aludir a la pequeña novela "El anillo del general" (1925) una verdadera historia de fantasmas, cuya acción se desarrolla en una atmósfera de efectos sorprendentes, pero me es imposible hacerlo en síntesis tan apretada como ésta. Dejemos, en cambio, lugar a una obra célebre: "El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia" (1906-1907). El gobierno le pidió a la escritora un libro didáctico, para ser leído con placer por los niños de las escuelas del país, y Selma Lagerlöf dudó un tiempo. La tarea le gustaba, pero sin duda le resultaba riesgosa, ya que, en cierto modo, significaba competir con otro autor sueco muy importante, Werner von Heidenstam, de cuya muerte se cumple también este año el 40 aniversario. Werner von Heidenstam, como lo señala H. Hammar, había intentado audazmente la reivindicación de los derechos de la fantasía, e incluso escribía también, aproximadamente en esa misma época (1908-1910) un libro para las escuelas, sobre el tema "Los suecos y sus jefes, en forma de pequeños cuadros históricos". De él dice Maury: "El arte complejo, el estilo sabio, el altivo lirismo de Werner von Heidenstam parecían deber descorazonar de semejantes tentativas". Digamos, de paso, que obtuvo el Premio Nobel correspondiente a 1916. Selma Lagerlöf tomó un rumbo diferente y se dedicó a describir la geografía de su patria, y de la manera más amena que puede concebirse. Ideó entonces a su protagonista, Nils Holgersson, un niño malo, haragán, poco respetuoso de sus padres y castigador de los animales. Un domingo, mientras sus progenitores habían ido a misa, Nils abrió un baúl y halló que de él salía un duendecillo. Quiso maltratarlo, para obtener, por la fuerza, sus favores, pero el duendecillo le dio una bofetada y lo transformó mágicamente, en un enanito. Avergonzado se fue al corral y se unió (junto con un pato llamado Martín, sobre cuyo lomo montó) a una bandada de patos silvestres, a los que acompañó en su migración hacia el norte. A los viajeros volátiles y a Nils Holgersson le ocurrieron muchas aventuras, de resultas de las cuales, el actualmente enanito fue adquiriendo una nueva sensibilidad, y, cosa curiosa, en presencia de los distintos animales, de los que milagrosamente entendió su lengua, y de la bellísima naturaleza, siempre cambiante, el niño se fue humanizando. Pero esa trama sirve para mostrar todos los paisajes, con sus características típicas, las tareas de los distintos grupos humanos y sus industrias y también los ríos, lagos, montañas, islas y ciudades de su patria. Así, el escolar que lee ese libro, aprende geografía deleitándose. El éxito de la obra fue extraordinario y Selma Lagerlöf obtuvo el Premio Nobel correspondiente a 1909, uno de los más disputados, sin embargo, por la oposición del Secretario Permanente de la Academia Sueca, llamado Karl David af Wirsén, persona de gran prestigio y sin duda de buena fe, pero que no supo valorar la obra de la escritora compatriota y rechazó su candidatura por dos veces, hasta que a la tercera, cuando la mayoría de la Academia amenazó con renunciar, tuvo que ceder a regañadientes. Armando Lázaro Ros señala que dicho Secretario General se había opuesto con éxito, a las candidaturas de Tolstoi, Ibsen, Pérez Galdós, y Zola. En realidad no hay que asombrarse de eso, porque es raro que los genios del arte no tengan su Wirsén, y a veces no solamente uno, sino varios. Ya había Selma Lagerlöf comprado la casa de Marbacka y con parte del Premio Nobel logró adquirir las tierras y bosques que la rodeaban, para poder así instalarse nuevamente en el mismo lugar donde transcurrió su infancia. Varias obras más escribió la insigne novelista, que fue condecorada por algunos países extranjeros y convertida en miembro de la Academia Sueca, hasta llegar a ser admirada, no sólo de los lectores de su país, sino de todos los que gustan de la buena literatura. Concluyamos con estas palabras de Lucien Maury: "Su arte hace florecer lo más simple del mundo en conceptuosas imágenes y en emocionante lirismo. Selma Lagerlöf transforma un cuento pueril en pura poesía. Y podría decir que ese cuento es un vasto poema movido, vivo, coloreado. ¿Qué país no envidiará a Suecia "El maravilloso viaje de Nils Holgersson?".

Hyalmar Blixen
Suplemento Huecograbado "El Día"

25 de Mayo de 1980

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