Historia de amor
Ana María Blanco

Rubia de ojos azules, vestida con un impecable traje gris, apoyada en la borda, de la cubierta del barco, miraba como se aproximaba a su destino.

A la derecha, un cerro le daba la bienvenida. A lo lejos, grandes edificios.

Cuando desembarcó, la esperaba en el puerto, un hombre. Vestía un traje azul. Preguntó:

-¿La señorita Elena?-

-Sí.-

-Yo soy Fernando. ¿Está su equipaje, cerca?... ¡Ah, aquí me lo alcanzan!-

-Vamos a ir en tren. Es un recorrido largo, pero de esa manera conocerá mi país.-

Largas extensiones de campo, hacen el recorrido agotador, algunas zonas están cultivadas, en otras, pastorean animales.

El piensa: "¿Se adaptará, le gustará su trabajo? Es hermosa, pero hay algo en ella, que demuestra una gran energía"

Ella, a su vez, se siente cohibida y temerosa. Pero una voz en su interior le dice: "¡No tengas miedo, corazón, al mundo; ni a las calumnias vanas, ni si tu mansedumbre sufre las venenosas y plebeyas mañas"

Con cierto orgullo, Fernando le dice:

-Esta es mi casa, donde hoy va a pasar este día. Mañana partiremos a la ciudad, donde estará su residencia.-

Se trata de un castillo, que desentona bastante con la personalidad del anfitrión. Sin embargo, adentro, es amplio y cómodo.

-Elena, -dijo Fernando- la mucama la llevará a su habitación para que descanse. A las ocho se sirve la cena.-

La habitación tenía una cama Luis XV, al igual que el ropero, la cómoda y la mesa de luz.

Una ventana daba a un bosque y a lo lejos, un cerro con una cruz en su cima.

Cuando bajó al comedor, se quedó deslumbrada. Todo era elegante, y de época.

Fernando estaba a la cabecera. A su derecha, su esposa, y a continuación, sus cuatro hijas.

-¡Adelante, Elena! - le presentó a su familia.- ¡Siéntese aquí, a mi izquierda.-

Todos sonrieron, y se mostraron amables con ella.

-¡Arturo, -dice Fernando- mañana nos vamos con Elena, a Piriápolis; va a ser tu secretaria. Quiero que le enseñes y la asesores en todo.-

A la mañana siguiente, parten en tren para la ciudad. El camino es hermoso: árboles de diferentes especies, engalanan el paisaje; mientras los pájaros con sus bellos trinos, acompañan a los viajeros.

Una vez en la ciudad, Fernando le indica:

-A la izquierda, ese edificio es El Hotel de Baños...-

A la derecha, la rambla. Escaleras conducen a una playa de hermosas arenas blancas, donde el mar se recuesta suavemente.

-Hemos llegado.- Anuncia Arturo.

Se trata de un Palacete estilo francés. Una escalera de mármol conduce al living. ¡Todo es esplendor!

Más adelante, otra escalera, también de mármol, lleva a las habitaciones superiores. Allí se encuentran los dormitorios, el comedor y los baños.

-Esta es tu habitación y el baño.- Dice Arturo a Elena- El mío es aquel del fondo.

Elena entra en su dormitorio. Tiene techo de madera, al igual que el piso. Las paredes son blancas. Un gran ventanal da hacia un cerro donde se divisa una capilla.

Todo es sencillo. Una cama de roble negro, al igual que el ropero, con un espejo biselado; la cómoda, con tres espejos, y el lugar donde se ubican los artículos de belleza, es una placa de mármol rosado. La mesa de luz, y una silla, completan el mobiliario.

Elena siente una gran paz. Todo es bello y pulcro.

Son las tres de la tarde. Comienza a desempacar. Toma un baño refrescante, se cambia, poniéndose ropa de jinete, ya que Arturo le había dicho que a las cinco iban a salir.


-Este cerro,- dice Arturo- se llama San Antonio, la segunda esposa de mi padre hizo construir en su cima un templete en su honor.-

La ascensión se hace bastante dificultosa. El camino de tierra no es bueno. Hay muchos árboles y plantas.

Finalmente llegan a la cima. El espectáculo es maravilloso. Se ven cerros, que Arturo le va indicando.

-Ese es El del Toro, aquel, El del Indio; el más lejano, El Pan de Azúcar... Allá, aquella iglesia, la mandó construir, también, la segunda esposa de mi padre, pero la Curia no permitió que se terminara. A tu izquierda, quedan: Punta Fría y Punta Colorada, y aquí abajo. ¡Ves esa imagen! Es la Virgen de los Pescadores. Más adelante, el puerto. El mar ha ocasionado muchos destrozos....No hemos conseguido, todavía, dominarlo.-

Elena no habla. Está extasiada con lo que ve. Qué diferente a su país: frívolo y gris...Además, Arturo es tan apuesto.


Bajo la dirección de Arturo y Elena, el balneario comienza a florecer. Se abren nuevos hoteles, restoranes, cines, y un teatro.

Y comienza a levantarse un nuevo Hotel. Su inauguración se hará el 30 de noviembre de 1930.

Elena y Arturo están contentos, y además se aman. Toda la familia está feliz, cuando ellos anuncian su unión.

La inauguración del Hotel es un éxito. Personalidades Argentinas y Uruguayas, gente común. Todo es brillo y esplendor.

Año de conquistas: Inauguración del Estadio Centenario, Uruguay, campeón del mundo. 

El Parque de los Aliados, pasa a llamarse Parque Batlle y Ordóñez.

Pero la tragedia se cierne sobre esta familia. En 1933 fallece Fernando. Todo es un caos. Piriápolis no es el mismo.

Una día, salen a cabalgar, Elena y Arturo, por esos cerros que los vieron triunfantes y vitales...Nunca más se los volvió a ver.


Pero, tú puedes encontrarlos: Arturo, travieso y alegre. Elena, bondadosa y pacífica. Están ahí: en el benteveo, que se baña en la fuente de Venus, y si te acercas te moja.

O en la subida a los cerros, donde el águila planea y da seguridad a tus pasos.

Ana María Blanco
Taller de Escritura y Estilo "Atrapasueños" de la Biblioteca "Carlos Roxlo", barrio La Teja (Montevideo) Año 2006
Juan Ramón Cabrera - Coordinador

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