Suma poética de Amanda Berenguer

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LA MAYOR coherencia de una constelación es la diversidad. Cada punto luminoso difiere del otro en intensidad y distancia del lugar de observación, pero con la composición de esas diferencias se dibuja una figura regular, intensa y significante.

La casi veintena de títulos que estructuran este libro es una prueba contundente de que la uruguaya Amanda Berenguer es la poeta más inquieta, renovadora y dialéctica de su generación. Prácticamente cada libro propone una estética que a su vez modifica y confirma el complejo conjunto anterior. Consciente de que el arte no es ingenuo, y menos la poesía, sabedora de los procesos inherentes al fenómeno que los comunicólogos llaman "construcción de la recepción", Berenguer propone un orden inusual en esta extraordinaria y rica suma poética que abarca mas de medio siglo. Propone como inicio de la traslación, de la aventura lectora, la construcción y el desplazamiento de la imagen del navío expresivo (para ella "el vocablo es el viaje") dos títulos de muy reciente redacción: "Poner la mesa del tercer milenio", fechado en el 2002, y "Escritos", fechado en el 2000.

Amanda Berenguer

HOY, El TERCER MILENIO. Estos dos conjuntos atrapan al lector no desde el hoy sino desde la proyección poética de un futuro posible y necesario. Un futuro donde la razón ética y la razón estética coincidirían, se confundirían en un desarrollo humano singular cuya frontera no es el pasaje cronológico de un milenio al otro sino una suerte de salto cualitativo. Una especie de inflexión entre un estado "otro" cuya pauta es la celebración de la vigencia de la vida más que de lo nuevo, de lo esencial redescubierto en la red vincular humana más que de lo meramente "novedoso" de los sacudimientos tecnológicos o las revoluciones supuestamente científicas.

Hacia el final del primer título el devenir del discurso poético instala una vez más el tiempo de la contingencia en un presente, en un instante absoluto donde la materialidad ilusoria del lenguaje funda una realidad de otro orden (un orden discursivo, lingüístico) y en esa realidad se constata la verificación empírica de una trascendencia: "y con ella entra/ veloz/la negra Corle de los Milagros/y el milenio/ en desafiante traje de Robot/clama el "champagne"/ el tapón se da contra el techo/nos miramos/ non abrazamos/ estamos juntos/ somos presente/ infinitamente presente/ y presente/el recuerdo/los vivos presentes/ los muertos/presentes/todos vivos." (Pág. 33, (la mesa).

 

EL PESCADOR Y LA INTROSPECCIÓN. En el segundo título, "Escritos" fechado en el 2000 y cuya primera edición parcial de doce poemas apareció en 1995 en Caracas publicada como El pescador de caña, figuran poemas que aluden directamente a las recientes tecnologías y a su impacto, sobre todo en el ámbito de la comunicación, de la mediación. Títulos como "Frente a una computadora", "Paleolítica cercana" o "Rojo TV" exhiben el interés por los frutos de la ciencia y los impactos tecnológicos, interés que se convierte en reflexión epistemológica en términos poéticos y que constituye desde hace mucho tiempo una de las características temáticas más sobresalientes de la autora. Pero junto a estos textos hay otros de cuestionamiento metafísico vertido en límpida imaginación comunicante.

En "A mamá le fascinaba la luna", mezcla de evocación familiar y profunda interrogación sobre la muerte se dice: "y nos abrazamos/ en ese aeropuerto de llegada/después del terror/ de la ultima frontera/". El segundo texto del libro, y uno de los mas impactantes por la exacta originalidad de sus imágenes, titulado "El pescador de caña" comienza con el significativo "desconecto" que establece un limite definido entre ese exterior tecnológico e hipercomunicado, en ocasiones estridente, repleto de interruptores, de switchs, de cables y ondas hertzianas, y un interior propicio para la contemplación y la reflexión Zen. Allí el yo poético se escinde para lograr la introspección, para observarse y ser observado, para alcanzar ese perfecto equilibrio inteligente entre sujeto y objeto, equilibrio donde la identidad no se percibe como un yo racional estático sino como un proceso, una secuencia gnoseológica cuya revelación está dada en esa singular alegoría del pescador de caña: "yo observo y soy observada/ y atentamente percibo/ el bamboleo de las piernas/ del pescador de caña/el golpe de los pies/dándose/contra la pared interior del frontal/a la altura de mis cejas"

 

EL RÍO, EL OTRO Y El MISMO. Estos dos primeros libros, los más recientes, son seguidos de inmediato por la primera Amanda Berenguer, por aquella restallante inaugurada en El río, en 1952. Esta disrupción, esta suerte de flash back en la estructura secuencial del libro, obra un impacto que pocas obras completas (o casi completas) tienen: se supera la cronología lineal de la historia literaria, el rictus o gesto testimonial con que e! autor o la autora pretende registrar su personal historia literaria, y se llega a una propuesta de lectura diferente, mucho más profunda y plena de intención. "El no" es una reflexión heraclitiana y también hegeliana sobre la vida y el tiempo, un poemario de estructura y perfección formal destacadas en la poesía iberoamericana de este tiempo. Pero, puesto en ese orden, como tercer eslabón de Constelación del Navío, constituye también una propuesta de suspensión del tiempo cartesiano y de apertura hacia un instante poético cuya duración es un sucedáneo de eternidad que se goza y se experimenta estéticamente.

Es entonces cuando el lector ya puede sumergirse sin sobresaltos en los títulos siguientes, alternando con naturalidad la música de "Contracanto" (1957) con las experimentaciones felices de los discursos científicos en "Quehaceres e invenciones" (1963), "Materia prima" (1966), "Composición de lugar" (1976) y "La botella verde" (1995), entre otros.

 

MARAVILLA Y DIVERSIDAD. Experimentos que son hallazgos, trabajos poéticos de botánica ("Identidad de ciertas frutas", 1983); de geometría viva que resemantiza el espacio y expande su tridimensionalidad como sólo puede hacerlo el uso poético del lenguaje ("Composición de lugar", "La botella verde"); de semiótica y deconstrucción ("Conversación habilitante y derivados"; "Trazo y derivados", 1976-1978; "El tigre alfabetario", 1979; donde se incluye el estupendamente saussureano "Valorar valores"); de arqueología o antropología reflexiva ("La dama de Elche", 1987); de observación doméstica, cultural, antropomorfa, zoológica ("Con el tigre entre las cosas", 1986-1994); de una ciencia fanática que aun no tiene nombre propio entre las llamadas ciencias humanas, pero que esta epistemología de razón poética explora con perfección y terror en "La estranguladora" (1998), forman el riquísimo paisaje estelar y terrestre de la Constelación.

En otro orden, uno de los libros que constituyen esta propuesta ubicaría a Amanda Berenguer, aunque no hubiera publicado ninguna otra cosa, entre las mejores poetas de lengua española, por el prodigio de su estructura, el portento de su sonoridad y el atrevimiento inaudito de su vaivén bipolar connotativo: "Declaración conjunta" (1964). Entre muchas otras cosas, este título de mediados de los '60 puede leerse como una declaración de amor originalísima. También podría ser una declaración de guerra, pero de guerra a la imposibilidad, de guerra a la nada y al silencio. Se trata de una rotunda expresión victoriosa, de un libro de poesía de amor, hasta diríase erótico, que no recurre a las retóricas fatigadas y débiles (o de artificioso gesto hermético) que suelen encontrarse en los poemarios que transitan el tópico. Es un libro sencillo y poderoso en su singularidad, un ejemplo de lucidez de composición que difícilmente tenga parangón.

Maravilla y diversidad puestas en juego y en correspondencia, imaginación y atrevimiento, superación y diálogo interno y constante, hacen de esta obra poética lo contrario de una precipitación inercial, monotonal, reiterativa. La hacen potente y plural, diversa y divertida, disfrutable. La poesía de Berenguer es heterodoxa y coherente, innovadora y fiel a la línea de su movimiento.

La "Cronología biográfica" que se incluye al fin del volumen es reveladora. En forma sucinta da cuenta de un itinerario poético y personal (que probablemente haya que ampliar con más detalle en el futuro) que brinda a la vez un índice diferente para un examen minucioso donde se rastreen vinculaciones, variables ligadas en hechos de vida y escritura.

La escritura es el hecho de vida que da cuenta del viaje, es la bitácora del viaje de la vida, Pero en Amanda Berenguer la bitácora es el viaje mismo, cada vocablo es un instante del movimiento, la maravilla pura de su milagro.

 

CONSTELACIÓN DEL NAVÍO. Poesía 1950-2002, de Amanda Berenguer. H Editores.

Montevideo, 2002. 684 Págs.

Rafael Courtoisie
El País Cultural Nº 706
16 de mayo de 2003

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