|
Sobre el vacío (o la variedad) |
| Cuando entraste en la casa deshabitada, y el profundo olor a moho te golpeó en las narinas; y el aire de encierro de internado de menores o de alcoba de putas o de cárcel, a doble mano, te agarrotó el pescuezo, recién entonces entendiste las señales de lo que sería un mundo sin sentido; de lo que sería una estación terminal que enloquecería tu fino razonamiento; que dejaría sin plumas a tu porción angélica; y entenderías, entonces, por qué aquel inspector -jugando entre los dientes una cerilla- te hizo bajar del ómnibus. -Este boleto no es el de esta línea- Dijo, y tocó el timbre del descenso. Imagínate una casa, una ciudad, un país, un hemisferio, el globo mismo, despojado de toda trascendencia. Un objeto pequeño contenido en otro objeto mayor que es a su turno contenido de otro más grande y otro mayor y otro más grande hasta explayarse en las constelaciones. Un juego de cajas chinas. Ni siquiera una gran broma. |
El mirlo y la misa
Washington Benavides
Ediciones de la Banda Oriental
Montevideo - Agosto de 2000
|
Ir a índice de poesía |
Ir a índice de Benavides, W. |
Ir a página inicio |
Ir a mapa del sitio |