Oscura, oscura va...

Oscura, oscura va, la vida absurda!
Desdoblado, los sueños se te caen
-prófugo de qué guerras-
dejas atrás, perdido,
algo que es más que el oro...
Pero vienen en ráfagas: segundos,
nubes
minutos,
lluvias o jornadas
y pasa un viejo, dando en las aceras
su bastón solitario,
y tictaquea...
Y la infanta urdidora de los sueños,
replegada en si misma y boquiabierta,
siente en su propio corazón el golpe
de fúnebres maderas...
Los ojos, que se vuelven tan ausentes!
Los portales que aprietan sus quijadas.
Los vivos ojos ciegos, que nos niegan,
y a los que respondemos con la noche.
-El que se va, de prisa, hacia la cita
de su oscuro rincón, ensimismado,
y éste, ahogado en coléricos alcoholes,
que tanto ve en nosotros
la cara en flor del hijo
o los pómulos grises del Día de la Ira...
Quiero mis ojos, los que tuve un día:
los limoneros y el sombrío césped,
el camino de arenas fugitivas,
adonde el alfarero remolino
hacía y deshacía vasos de oro...
Quiero mis ojos, los que tuve un día!

De Poesía, Siete poetas hispanoamericanos, 1959 - 1962

Washington Benavides
La nueva poesía (antología)
Capítulo Oriental Nº 39

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