Grapamiel
Roy Battdelluzt

Damián Baz Echevarría

Estábamos con un amigo en un bar, sentados frente a frente en una mesa del piso de arriba, tomando un trago que acá le llaman Wine Cooler, hablando sobre diversos temas que a ambos nos despertaban intereses encontrados, cuando él me dijo, luego de una estratégica pausa en su entonación regular, la quid de este particular relato:

- ¿Sabes una cosa?- 

¿Qué?- 

La Grapamiel… no tiene miel.

Sentí en ese momento, que las diversas cuestiones filosóficas y éticas imperantes en mi existencia estaban equivocadas, y que en el mundo no había un lugar real para mí, ni para mis pensamientos. Si la Grapamiel no tiene miel, entonces la vida ya no tiene sentido. 

Comencé a divagar por las diversas situaciones y resoluciones que había tomado, intentando razonar y encontrar alguna, en la que no me haya basado por mi verdadero sentir, ni por mi total deseo. Trate de buscar la parte dentro de mi ser que ya no me era correspondida, y la esencia de mis ideas que pasaban a ser sustancia, a ser “derivados de”, a ser aromatizantes. Mi cuerpo estaba lleno de Grapamiel, en invierno la tomaba todos los días, porque tenia frío o porque no tenia sueño; y en un resfriado o una gripe, el medicamento que mas utilizaba era la Grapamiel. O sea que mi interior estaba realmente lleno de grapa y de derivados de miel. La parte amarga, era real, cien por ciento amarga, alcohólica y dañina. La parte dulce en mi interior, era un invento, una derivación corrupta de un análisis anterior, una mezcla de combinaciones y elaboraciones científicas, mas no, miel verdadera. A veces, darse cuenta de pequeñas cosas, insignificantes para muchos, pueden igual hacernos infelices, y la infelicidad puede llevarnos a evadirnos, y la evasión nos vuelve a traer, a la Grapamiel.

Damián Baz Echevarría 

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