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Diálogo con un iniciado |
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Lo
visitamos en un sitio muy propicio para la índole del diálogo que íbamos
a emprender: el Palacio Barolo de Avenida de Mayo, en Buenos Aires, un
edificio que contiene un significativo simbolismo vinculado a
la Divina Comedia (ése que tan profunda y certeramente ha
explicado René Guénon en su obra El esoterismo en Dante). En una de las tantas y rocambolescas oficinas de ese laberinto en forma de edificio –construido por el enigmático arquitecto italiano Mario Palanti en la segunda década del siglo XX- nos recibió Apolonio (cuyo nombre social es otro, y cuyo seudónimo evoca a aquel maestro gnóstico que fuera Apolonio de Tyana), un hombre de edad indefinible, con rostro sereno pero mirada inquietante y penetrante, en medio de un ambiente cargado de mobiliario anticuado, con símbolos de la tradición primordial en las paredes. La
denominación de Esoterismo abarca muchas cosas
–comenzó diciendo- pero bien podemos utilizarla para mejor
entendernos. Vale aclarar que esta gran ciudad, esencialmente misteriosa,
nunca dejó al menos desde el 900 de tener hermandades y grupos esotéricos. Luego
de invitarnos con un café a la turca muy cargado y de encender
morosamente y con deleite su gran pipa con forma de cabeza de fauno,
continuó sus reflexiones de este modo: Hoy por hoy todavía sigue
activa la venerable Sociedad Teosófica, donde se sigue estudiando con
veneración esa obra monumental en siete tomos que es La doctrina
secreta de Madame Blavatsky y el pensamiento del gran sabio que fue
Krishnamurti. Es una institución al presente algo anacrónica, con un
perfil volcado a la erudizante y lo intelectivo, conformada por gente de
edad avanzada, no atractiva para aquellos que buscan caminos más intensos
y vivenciales. La más que centenaria institución tiene a su favor la
amplitud de criterio, la tolerancia de pensamiento que forma parte de sus
postulados básicos, y el ámbito que ofrecen a sus participantes para
adentrarse en los estudios ocultistas sin fanatismos ni verdades
absolutas. Y
después continuó, tras una larga y reflexiva pausa, de este modo: Se
encuentran también por aquí grupos Rosacruces. Son varios los que alegan
ser los herederos del mítico Christian Rosenkranz. Privilegian en general
la concentración mental como vehículo para elevarse espiritualmente,
para acceder a los planos superiores de conciencia. Esto que explico vale
en general, para las líneas rosacrucistas más conocidas públicamente,
pero debemos establecer matices en casos como el Lectorium Rocicrucianum y
la Orden Rosacruciana Antigua, que sin dejar de ser fieles al paradigma
Rosacruz son –en su esencia- de raíz gnosticista. Y
justamente: los agrupamientos –nos
advirtió, mirándonos con intensidad- hoy más vigentes, siempre
refiriéndonos a lo auténticamente esotérico, son los de perfil Gnóstico.
Procuran dejar de lado las teorías esoteristas e ir a la vivencia,
accediendo mediante técnicas apropiadas a esa gnosis que es mucho más
que una creencia y muchísimo más que mero conocimiento. Los gnósticos
deben en primera instancia conocerse a sí mismos, eliminar sus errores o
defectos apelando al fuego serpentino y maternal que late adormecido en el
interior de cada ser humano, y paralelamente transmutar intensamente las
energías sexuales para nacer espiritualmente. Pero además: servir al próximo
sinceramente. El objetivo de estos pasos es despertar el alma dormida de
cada uno de nos. Por
último, Apolonio nos planteó su opinión sobre el movimiento New Age ,
que tuvo tanto auge en los años recientes, aseverando que poco tiene que
ver con el auténtico esoterismo, y mucho sí con el magma variopinto del
ocultismo. Esa movida no fue nada novedosa. Algo parecido había tenido
lugar a nivel mundial en los años veinte del pasado siglo, recibiendo de
René Guénon el calificativo de seudo-esoterismo. Culminando el diálogo, nuestro enigmático interlocutor nos advirtió que las actuales corrientes tan en boga, englobadas bajo la denominación genérica de Metafísica, si bien emplean el lenguaje característico y algunos arquetipos de la tradición hermética son muy otra cosa. Algo respetable en sus versiones más serias, pero más cercano al paradigma teosofista en versión modernizada. |
Hermógenes Bastarrica
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