Ofelia

poema de Orfila Bardesio

 

Abandoné los libros que se abren

cuando caen las cenizas del oro,

las gaviotas que vuelan olvidadas de mí,

el molino sin olas donde espera el Otoño

las silenciosas ruinas de mis manos,

los pastores, los muebles, por escuchar

tu sigiloso crecimiento

antes que el viento lo derrame.
Sin perder tiempo vengo
a descansar sobre tu complicada sencillez
antes que el cobre enfríe el país que pronuncias,
tus pensamientos que se mueven como signos
y tus murmullos como fiestas,
oh flor que del silencio te levantas
decidida a cantar.

 

Detuve una promesa de medusas,

la flauta que sus reinos iniciaba,

praderas que subían a los álamos,

principios de sonrisas que brillaban,

y prohibí madrugadas a los gallos

y jardines de cabras empezadas.
Alejé las alondras, aseguré tus puertas,

para que no te confundieras.
y tú con una hoja espantaste al error,

oh nacimiento de un siglo en un instante,

delicadeza de la Eternidad,

sola, como una estrella sin ternura,

usaste exactamente tu riguroso espacio,

desamparada como Dios.
De rodillas me inclino

sobre tu bello número

y comprendo mis ojos en tu llama,

y sin esfuerzo te respondo y tranquilizo.
Y bebo tu rocío con cuidado, sin volcarlo.
—Como al mar te respeto.—
Tu aire envuelto en colores sonríe

cuando paso a tu lado

y se agitan tus puertas

porque tu savia me conoce.
—Sin duda de las viñas me recuerdas,

y de las alegrías de las uvas en verano,

de mi convalecencia de gacela.—
Vencedora de puentes que desde lejos vienes a saludarme

entre calles que intentan separarme de ti,

cruzando golondrinas, relojes, cabelleras, el invierno,
—como una abeja entre las hélices,—

tú, tan cansada vienes apartando ciudades

con un calor, y con respiraciones humildes,

tú, todavía vienes a crecer entre olvidos,

a sonreír entre dolores, vienes siempre,

corona de paciencia.
Más que la muchedumbre tu temblor me acompaña,

más que mis soledades fieles,

con una sola hoja me proteges,
flotadora en el mar, escudo del terror.
Atenta, finamente me asombras mientras juegas conmigo

y con temor te amparo

como si fueras a volar.


Visita de una línea,

corazón de la tierra,
Dios delgado,
debilitándose hasta la brisa

de una inocente presencia

para no interrumpir el cristal,

apareciendo solamente

en un salto de ausencia

para no durar entre villanos,

en un cabello de velocidad

para no asustar a la seda,

gamo de la piedra,

océano callado,

duda firme,
para los distraídos mueres
solitaria en el valle,
pero yo no te olvido
entre las horas y los niños,
en el llanto, en el miedo,
en el temblor más íntimo del blanco,
en la penumbra de la fecha
donde nacen mis huesos y las lluvias,
te escucho, te recuerdo, te agradezco,
te guardo, —disimulada por la muerte,—
como el sonido bajo la niebla.

 

Orfila Bardesio
De "Uno - Libro primero"

Premio Municipal de Literatura 1954

Imprenta Letras S. A Montevideo 1955

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

             Orfila Bardesio en Letras Uruguay

 

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