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Ideología y literatura. Reflexiones a propósito de “Stephanie” 
Jonathan Balbi

Resumen 

La crítica marxista considera sustantivos los aportes relacionados con la confianza en las capacidades de los sectores populares de constituirse como nuevo bloque histórico, la integración de lo personal y lo colectivo, la elaboración de un pensamiento comprometido y la tarea militante del intelectual. Trataremos de analizar la letra de la canción de Zitarrosa apelando a algunos conceptos de A. Gramsci y de la Escuela de Frankfurt.

 

La importancia de la cultura popular

 

La cultura actúa en la organización cotidiana de prácticas de dominación, la familia, la escuela, los medios de comunicación, las instituciones y la organización del espacio y el tiempo; generan hábitos, conjunto de disposiciones, esquemas de percepción,

comprensión y acción en determinadas condiciones de producción. Por otra parte, con cultura popular se hace referencia a los contenidos impugnadores, a las resistencias, a los códigos que se contraponen a la cultura hegemónica: es el conjunto de expresiones y concepciones que manifiestan la posición subalterna.

 

Si entendemos, como Gramsci[1], que las relaciones de dominación son mucho más amplias que la explotación económica y que no existe clase hegemónica que pueda asegurar durante largo tiempo su poder económico, sólo con el poder represivo, tenemos que la cultura cumple una función social indispensable para el mantenimiento y reproducción del sistema. De ahí deriva la importancia del análisis de las producciones intelectuales y de los que éstas vienen a representar, a dejar en evidencia, a mostrar desde un punto de vista no complaciente.

 

Los grupos dominantes ejercen la función de dirección cultural de transmisión ideológica a través de un conjunto de organizaciones e instituciones que organizan y divulgan la interpretación de la realidad que responde a sus intereses. Los aparatos ideológicos del Estado, tal como lo analiza Althusser, transmiten el intento por justificar y reproducir las estructuras y relaciones de dominación: valores, símbolos y comportamientos que aparece representado en el arte, la filosofía, el derecho, la religión, las ciencias sociales, los medios de comunicación, etc. La ideología genere hábitos, es decir, sistemas de disposiciones, esquemas básicos de percepción, comprensión y acción y ellos son estructurados por las condiciones de producción y la posición de clase, pero también son estructurantes.

 

La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como «dominio» y como «dirección intelectual y moral» estas dos funciones, existen en cualquier forma de Estado, según cada sociedad y la correlación de fuerzas entre clases sociales: en los niveles económico, político, ideológico y militar. El poder popular supone quebrar esa relación de subordinación: exige una distribución de poder, basándose en la participación directa de los sectores populares, como sujetos de lucha, de pensamiento y de historia. Así, entendemos que “Stephanie” supone una incitación a la lucha a aquellas mujeres que viven situaciones de subordinación y se adaptan a ellas sin cuestionarlas, sin tener conciencia que es posible desandar esa situación de alienación en la que se encuentran,

 

El poder entendido como participación y la articulación de poderes populares.

 

El emisor del discurso no habla en tan sólo en nombre de, sino que  habla con en tanto se trata de conocer las relaciones de lucha y de poder, la dominación de unos hombres sobre otros, para comprender la producción de conocimiento. Las estructuras políticas y las condiciones de existencia no se imponen a un sujeto, sino que son constitutivas del mismo. Ellas conforman un saber: de ahí la necesidad de hablar en términos de "poder epistemológico". (Ver Foucault).

 

Para Gramsci la cultura es una matriz generadora de comportamientos, actitudes, valores, códigos de lenguajes, hábitos y relaciones sociales en la que se reproducen las relaciones de dominación-dependencia vigentes en la sociedad.

 

Sin la intervención del elemento subjetivo, no hay posibilidad alguna de transformación. Por tanto, la relación entre estructura y cultura no puede ser interpretada en forma determinista y unilateral. Ambas deben ser pensadas como la forma y el contenido, conformando el bloque histórico. Es a través de la historia, de las prácticas sociales, de las reglas de poder/saber que se constituyen las diversas formas de subjetividad. El sujeto en sí es sustituido por la subjetividad producida a través de los discursos y dispositivos de poder. El saber y el poder no pueden separarse.  

 

La vigencia de la pregunta, como condición de la existencia humana

La importancia del pensamiento crítico

En la situación contemporánea el pensamiento hegemónico no reconoce la "diversidad", por lo que excluye a amplios sectores de la población. Contra ello es preciso rebelarse, ya que "no hay verdadera liberación sin democracia. Vivimos una época en que la alternativa no está a la vista". El "pensamiento único" entiende que el  "el poder es poder sobre, dominación, anulación, paralización de la vida".

La "teoría crítica" de la primera Escuela de Frankurt a la que pertenecen Adorno, Marcuse y Horkheimer comparten la oposición a la racionalidad positivista y a la tecnocratización de las esferas de la vida cotidiana. El legado de Marx se manifiesta en esta vertiente humanista, que considera relevante el concepto de enajenación como el valor de la actividad teórica y la filosofía como crítica, que tiene por objetivo la emancipación del hombre, respecto de la ciencia y la tecnología que se integran bajo la influencia de una racionalidad dominante.

T. Adorno, M. Horkheimer y H. Marcuse critican las formas de racionalidad que unen ciencia y tecnología bajo el carácter de dominación y rechazan las formas de racionalidad que subordinan la conciencia y acción humanas a los imperativos de leyes universales. La constitución de la subjetividad y de las esferas de la cultura y la vida cotidiana que representan un nuevo terreno de dominación es denunciada como la supresión de la subjetividad, conciencia y cultura en la historia, la cual articula una noción de negatividad o crítica en oposición a teorías que hacen hincapié en la armonía social. Al mismo tiempo subrayan la importancia del pensamiento crítico, planteando que el mismo es una característica constitutiva de la lucha por la propia emancipación.

El legado de Marx: la Alienación

debes vivir la soledad que sales a vender
sé más mujer Stéphanie

La alienación, enajenación o extrañamiento es la circunstancia en la que vive toda persona que no es dueña de sí misma, ni es la responsable última de sus acciones y pensamientos. Para Marx es la condición en la que vive la clase oprimida en toda sociedad de explotación, en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción. Para Marx  este concepto describe la siguiente situación que le puede sobrevenir a un sujeto: cuando no se posee a sí mismo, cuando la actividad que realiza le anula, le hace salir de sí mismo y convertirse en otra cosa distinta a la que él mismo propiamente es, decimos que dicho sujeto está alienado; la alienación describe la existencia de una escisión dentro de un sujeto, de un no poseerse totalmente y, como consecuencia de ello, comportarse de un modo contrario a su propio ser. Sin embargo, aunque Marx tomó este concepto de Hegel, hay importantes diferencias en el modo en que ambos filósofos la interpretaron:

 

· Para Marx el sujeto es el hombre;

 

· En Marx la alienación se refiere a la explotación del hombre por el hombre, se refiere a la pérdida de autonomía y libertad de una clase social como consecuencia de la explotación a la que le somete otra clase social, principalmente por el hecho de existir la propiedad privada de producción.

Marx considera que con la aparición de la propiedad privada se produce una circunstancia social totalmente nueva y que sólo podrá eliminarse con la abolición de dicha forma de propiedad. Podemos entender esta nueva situación si nos fijamos en la alienación en la sociedad esclavista: en esta sociedad el esclavo no se pertenece a sí mismo sino al amo; el amo puede disponer a voluntad del esclavo, de su cuerpo, de su mente, de su personalidad y sus habilidades. Cabe distinguir el individuo mismo, su actividad y los objetos producidos por su actividad; pues bien, en dicha sociedad, el esclavo no es dueño ni de sí mismo (carece de libertad completa, no puede hacer lo que quiera con su cuerpo, ni con su sexualidad, ni con su mente) pero tampoco es dueño de su actividad, ésta le pertenece al amo, como también le pertenece al amo el conjunto de objetos producidos por el esclavo (por ejemplo los objetos de su actividad manual, lo que obtenga por trabajar en el campo, ...). Según Marx, lo mismo ocurre en el sistema de producción capitalista: aquí el hombre se hace cosa, mercancía, usada por el propietario de los medios de producción sólo como un instrumento más en la cadena de producción de bienes. La propiedad privada convierte los medios y materiales de producción en fines en sí mismos a los que subordina al mismo hombre. La propiedad privada aliena al hombre porque no lo trata como fin en sí mismo, sino como mero medio o instrumento para la producción.   

Teoría y praxis

La actividad "científica" (teórica) si bien es una actividad realizada en forma individual, y no relacionada directamente con la comunidad, es social. Para Marx, no solo el material de la actividad teórica, "como el idioma, merced al que opera el pensador", está dado como un producto social, sino que la propia existencia del crítico es una actividad social: "la conciencia general es una abstracción de la vida real y como tal se le enfrenta". Por lo tanto, afirma que el desarrollo de la "conciencia general" es la existencia teórica del individuo como ser social concreto.

Adorno enumera las afinidades entre la filosofía interpretativa y el materialismo: "composición de los elementos aislados por análisis" e "iluminación de lo real mediante esa interpretación"; y sostiene que el programa del conocimiento materialista "más se adecuará a la manera materialista de proceder cuanto más alejado permanezca del correspondiente «sentido» de sus objetos y menos se remita a algún sentido implícito, pongamos por ejemplo religioso". Es posible agrupar elementos de un análisis social de manera que sus interrelaciones configuren la forma mercancía; una construcción satisfactoria de esta dejaría al descubierto la configuración de una realidad "en pos de cuyo sentido ulterior se esforzaba en vano el problema de la cosa en sí, porque no hay ningún sentido ulterior que fuera separable de su manifestación histórica, primera y única".

El pensamiento dialéctico, como forma de crítica, funciona conectando conocimiento y dominación, por lo que reconoce que algún conocimiento es falso y que el último propósito de la crítica debe ser el pensamiento crítico por el interés en el cambio social. En la relación entre la teoría y la sociedad existen mediaciones que dan significado no solo a la naturaleza constitutiva del hecho sino también a la propia constitución del discurso teórico. La teoría ha de ir más allá del legado positivista de la neutralidad a-histórica y debe desarrollar la capacidad meta-crítica.

La capacidad crítica supone una función desenmascarante, una afirmación de la diferencia porque tal filosofía necesariamente se entiende como negativa respecto del orden vigente, consiste en orientar a los hombres a la percepción de las condiciones sociales como no naturales, no fijas ni eternas, y en la persistencia del mejoramiento de la totalidad social, porque la verdadera función social de la filosofía reside en la crítica de lo establecido:

"La meta principal de esa crítica es impedir que los hombres se abandonen a aquellas ideas y formas de conducta que la sociedad en su organización actual les dicta".

La crítica a la ilustración implica una denuncia a la racionalidad positivista, sus ideas convergen con respecto a la contradicción  que existe detrás de esa racionalidad, y en la necesidad del desarrollo de la conciencia crítica colectiva, así como de una posición que suponga un discurso de oposición y de no-identidad, como una precondición para la emancipación. La crisis de la razón, según Adorno, tiene lugar cuando la sociedad se vuelve más racionalizada: la razón pierde su facultad crítica en la búsqueda de la armonía social y se convierte en un instrumento de la sociedad existente. La noción de autoconciencia de la razón incluye elementos de crítica y de acción transformadora, depositándose en la teoría la tarea de rescatar a la razón de la lógica de la racionalidad tecnocrática.

La "praxis" como construcción de alternativas

La Teoría Crítica iniciada por los miembros de la primera Escuela de Frankfurt, supone "una línea de pensadores rigurosos, preocupados por la insuficiencia de instrumental teórico de un marxismo ortodoxo y determinista para analizar y dar respuestas a los nuevos fenómenos históricos, por el desafío de una aproximación dialéctica entre los aportes de Marx y los desarrollos del psicoanálisis de Freud; pero también críticos de un capitalismo desarrollado sobre la base de la técnica, de la expansión de una racionalidad instrumental y de su fuerza, a la vez destructiva y neutralizadora, frente a todo tipo de resistencia."

Tanto la crítica "al capitalismo desarrollado sobre la base de la técnica", como la "expansión y fuerza de la racionalidad instrumental" en la necesidad del desarrollo de la conciencia crítica colectiva, y una posición que suponga un discurso de oposición y de no-identidad como una precondición para la emancipación, constituyen preocupaciones centrales para el nuevo análisis marxista. Este apela al reconocimiento ético de la diversidad y al compromiso de los sujetos con la lucha contra los mecanismos de exclusión del proyecto hegemónico, una estrategia que supone un aprendizaje de nuevas acciones colectivas emancipatorias para desarrollar las capacidades de los diferentes agentes sociales, y promover y oponer estratégicamente un nuevo campo de relaciones políticas y sociales.

Como el sujeto no puede realizar sus fines propios en las condiciones dadas, se encuentra "excluido" respecto de sus posibilidades. Para Rebellato "el imaginario de la tecnología transformada en racionalidad única, impone el modelo de la razón instrumental, ahogando los potenciales de una razón práctica emancipatoria". La "razón práctica" presenta un componente crítico y activo, porque aporta procedimientos que permiten articular la crítica de la "exclusión" con estrategias para re-construir espacios alternativos a la dominación.

Tal articulación se deriva, en primer lugar, de la importancia adjudicada a diversos movimientos sociales que, con prácticas de gestión ciudadana y política, abren posibilidades de un mayor diálogo y participación en la toma de decisiones dentro del sistema hegemónico, y, en segundo término, del valor concedido a la educación popular de inspiración freiriana, considerándose por medio de ella la probabilidad de llegar a cambios de actitudes hacia nuevos valores más democráticos, así como de reforzar la re-construcción de esos espacios alternativos negociados. De acuerdo con esto, los procesos de aprendizaje no deben reproducir modalidades de "racionalidad de la exclusión", sino que se hace necesario apostar a una educación popular -identificada con los sujetos protagónicos de la transformación-, lo que supone la institucionalidad de la participación permanente, esto es, la generación de poderes sociales y políticos.

La "calidad de vida" deberá ser evaluada éticamente de acuerdo con las diversas capacidades para lograr que los sujetos se emancipen en un sentido integral del término, para así procurar la expresión libre de sus proyectos de vida personales y colectivos. Desde esta perspectiva, el concepto de calidad de vida exige superar todas las formas de opresión y dominación, puesto que nadie puede desarrollar sus potencialidades en tanto dominado: las "opresiones y desigualdades condicionan e influyen en las expectativas y deseos, pues es difícil desear lo que no se puede imaginar como una posibilidad".

Resulta necesario pensar las teorías de la complejidad recurriendo a la categoría de "subjetividad", pues no hay sistemas ni autoorganizaciones de cualquier clase sin sujetos. Mantener la noción de subjetividad, según la tradición de la Escuela de Frankfurt, significa la necesidad estratégica de seguir redimensionando un espacio humano frente a una visión exclusivamente sistémica que no se distinga de la racionalidad instrumental, porque propone estrategias de acción política.

La categoría marxistas de "enajenación" puede re-semantizarse como "exclusión". La teoría crítica -entendida como discurso de emancipación- considera imperativo apresurar el desarrollo que conduzca a una sociedad sin injusticia; esto muestra la dependencia del mundo teórico con el mundo de los hechos, es decir, el mundo social. Para Horkheimer la finalidad de la teoría consiste en "la emancipación del hombre de la esclavitud"; se trata de una crítica inmanente, como afirmación de la diferencia. Asimismo, para Adorno, la teoría es "indisputablemente crítica" mientras que para Marcuse, como el pensamiento dialéctico al modo de "crítica" funciona conectando conocimiento y dominación, "el último propósito de la crítica debe ser el pensamiento crítico por el interés en el cambio social". La articulación teoría-praxis se dirige a la liberación en un sentido integral, en sus perspectivas éticas, políticas y culturales y, tiene como punto de reflexión "la cuestión del poder" y su relación con los procesos de decisión, control, negociación, etc. ¿Cómo participan los grupos excluidos y los sectores menos privilegiados en la toma de decisiones y en el poder político? 

 

Stéphanie yo tampoco te quiero más tu amor

por el dinero ha olvidado al obrero quiero y al señor
esta canción que pregunta por ti que no ha dormido
es puro olvido Stéphanie
 

La autonomía y la emancipación implican la auto-organización de los sujetos contra los procesos de retroalimentación del poder que tienden a que los sujetos pierdan su capacidad de autonomía. Esta concepción del diálogo ético guarda semejanzas con la crítica de Marcuse al pensamiento unidimensional, que se expresa en una determinada forma lingüística acerca de la realidad social y cultural. Un pensamiento "unidimensional" o, en este caso, "único" según Rebellato, habla de "fundamentos, edificio, bases y cimientos: en una terminología mecanicista y arquitectónica". Para Marcuse el análisis lingüístico hace abstracción de lo que el lenguaje ordinario revela, hablando como lo hace: "la mutilación del hombre y la naturaleza".

Bibliografía


Adorno, Theodor W. Actualidad de la filosofía, Planeta, Buenos Aires, 1994.
Horkheimer, Max. Teoría tradicional y teoría crítica, Barcelona, Paidós, 2000.
Horkheimer, M. y Adorno T. W. Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 2001.
Marx, Karl. Manuscritos, Barcelona, Altaya, 1993.

Rebellato, José Luis. La encrucijada de la ética, Montevideo, Nordan, 1995.
Rebellato, José Luis. Ética de la liberación, Montevideo, Nordan, 2000.

José Luis Rebellato, "Gramsci: transformación cultural y proyecto político", en Trabajo Social, Montevideo, N° 3, 1986, pp. 52-59.

José Luis Rebellato, "El marxismo de Gramsci y la nueva cultura", en Para comprender a Gramsci, AAVV, Montevideo, Nuevo Mundo, 1988, pp. 102-131.

José Luis Rebellato "Algunas reflexiones sobre educación popular, sociedad civil, autonomía popular", en Francisco Vio Grossi (ed.) Educación popular, sociedad civil y desarrollo alternativo, Santiago de Chile, Aconcagua-CEAAL, 1988, pp. 103-114. 

 

Refrencias:

[1] Gramsci, Antonio (1891-1937) Pensador marxista italiano. Sus teorías son una revisión del papel otorgado a la estructura económica en el desarrollo de la sociedad, para reconocer la importancia de los elementos supraestructurales y de carácter ideológico. Para él la hegemonía precisa las condiciones políticas en que una clase puede erigirse en sujeto histórico de la transformación social, como clase dirigente. El grupo social es primero subalterno y luego hegemónico. De ahí la función de los intelectuales y la que ha de desempeñar el partido. Al intelectual compete conseguir que las masas obreras cobren conciencia de su misión histórica, el intelectual no ha de ser un mero investigador sino además dirigente de partido, el que transforma al educar y dirige por su conocimiento.

 

Jonathan Balbi

Estudiante de 3er Año de

Lengua y Literatura

CERP DEL SUROESTE 

 

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