|
Exprimirás cada racimo del verano
-ollejo a ollejo-
tus dedos
-uno a uno- balarás
en la lluvia sin par de la sandía,
con mi saliva bautizarás tu piel
y en el blanco sosiego de la leche
instaurará la caricia su comarca.
La luz abrigará la sombra entre sus plumas
y en un estallido de círculos concéntricos
el ramaje del sol recubrirá
los tristes los opacos los cansados
los que entran a su casa por la noche
y les suena el esqueleto y el llavero
aquellos que aguardan el fin de los domingos
como una bendición y esperan
que el lunes se les abra
igual a una caja de músicas antiguas.
Porque cada atardecer retorna
Helena
a transitar las doradas almenas de su Troya
y cada mañana
con el primer bostezo del día abandona
las murallas ásperas de Esparta
mientras su vuelo inflaman
la Galerna y el Bóreas
el Pampero y el Céfiro
cuando surca
todos los mares rumbo a
Ilión
|