Métodos para apoyar a Letras-Uruguay

 

Si desea apoyar a Letras- Uruguay, puede hacerlo por PayPal, gracias!!

 
 

Una olvidada muestra de literatura uruguaya

(Cartas de José Pedro Díaz, Roberto Fernández Retamar y Mario Benedetti)

Alfredo Alzugarat
alvemasu@adinet.com.uy
 

 

Departamento de Investigaciones, Biblioteca Nacional 

 
 

Se encuentran Roberto Fernández Retamar, Mariano Rodríguez y Mario Benedetti. Sala Che Guevara

En la década de los ’60 abundaron las antologías en Uruguay. El auge editorial a nivel local, la necesidad erudita de seleccionar y mostrar lo mejor de la literatura de un país y el fragor de los acontecimientos en un período turbulento de la historia, tuvieron como consecuencia la elaboración de muchas publicaciones antológicas que han perdurado, otras  poco recordadas y alguna siempre ignorada. Arturo Sergio Visca abrió el fuego a través del departamento de Publicaciones de la Universidad de la República dando a conocer en 1962 la Antología del cuento uruguayo contemporáneo (dos tomos). Insistiría en la propuesta en 1968  con una nueva Antología del cuento uruguayo, esta vez en seis tomos, que publicó Ediciones de la Banda Oriental. Del mismo tenor fueron la Antología del ensayo uruguayo contemporáneo, en dos tomos, que seleccionara y prologara Carlos Real de Azúa en 1965, y la Antología de la poesía uruguaya contemporánea, también en dos tomos, presentada al años siguiente por Domingo Luis Bordoli, ambas originadas en la Universidad de la República, Departamento de Publicaciones.

El impulso universitario, sin duda conformando un plan cumplido a cabalidad (antólogos prestigiosos, presentación modélica y solemne, dos tomos para cada género), tuvo su correlato en otras selecciones realizadas por creadores de nuestro medio, que implícitamente cuestionaban u ofrecían una opción distinta a las ya mencionadas. Es el caso de  36 años de poesía uruguaya, con selección, prólogo y notas de Alejandro Paternain (Montevideo, Alfa, 1967) o el de Narradores uruguayos, una notable selección efectuada por Ruben Cotelo en Caracas (Monte Ávila, 1969).[1]

Hubo también antologías que respondían al clima que se estaba viviendo, a imposiciones de la actualidad. El apogeo del canto popular, interpretado como un resurgir del oficio trovadoresco, por ejemplo, motivó otras dos selecciones: La canción protesta, seleccionada por uno de sus protagonistas, Daniel Viglietti, que contó con un prólogo de Ángel Rama (Montevideo, Editores Reunidos /Arca, 1968, suplemento de Enciclopedia Uruguaya Nº 57), y El cantar opinando, de Hugo García Robles  (Montevideo, Alfa, 1969).

La escritura comprometida con los movimientos contestatarios y la lucha por las transformaciones sociales y políticas, que sacudía a América tras el impacto de la Revolución Cubana, tuvo también su eco en este tipo de publicaciones.  Trascendiendo fronteras, Enrique Fierro publicó en 1967Poesía rebelde hispanoamericana (Montevideo, Banda Oriental). La década se cerró con el recordado y polémico tomo de Poesía rebelde uruguaya1967 – 1971 que, compilado por Milton Schinca y Enrique Elissalde, generó una intensa discusión en cuanto al límite de participantes y los méritos de cada uno. Contó con prólogo de Jorge Ruffinelli y fue editado por Biblioteca de Marcha en 1971.[2]

La abundancia de este tipo de publicaciones quizá no sea verificable en ninguna otra década en la literatura uruguaya, más allá de que en algunos casos puede opinarse hasta dónde constituían una antología, es decir, si se trataba de una estudiada selección realizada sobre la base de lo ya publicado por los distintos autores que merecen integrarla y siguiendo determinados criterios temáticos, estilísticos o generacionales, o si eran simplemente “muestras” o compilaciones de creaciones que los autores consideraron propicio entregar como colaboración, generalmente  últimas producciones y en la mayoría de los casos, inéditas. Hay sí, válido en todos los casos, un espacio de reflexión detrás de ellas, una conciencia sobre la creación literaria local, un intento de ordenamiento y jerarquización pensado para la posteridad o una respuesta a las urgencias del momento acompañada quizá de un cálculo comercial.

A pesar de que la mayoría fueron producidas en Uruguay, hubo dos excepciones que queremos hacer notar: una, ya mencionada y poco conocida, Narradores uruguayos, de Ruben Cotelo, en Venezuela, y otra, prácticamente ignorada, emprendida en Cuba y que motiva este trabajo: “Nueva literatura uruguaya”, compilación de José Pedro Díaz aparecida en la revista Casa de las Américas a fines de 1966, que abarcaba 132 páginas y contemplaba los tres géneros clásicos. El hecho de haber sido editadas fuera de fronteras y, en el último caso, estar inserta en una publicación periódica, debió conspirar en cuanto a su conocimiento y repercusión.

“Nueva literatura uruguaya” fue el producto de un proceso que tiene como episodios relevantes la amistad de dos intelectuales, José Pedro Díaz y

Roberto Fernández Retamar junto a Julio Cortazar

en Casa de las Américas

Roberto Fernández Retamar, y un largo intercambio epistolar de casi dos años que necesitó también de la participación de Mario Benedetti. Durante ese proceso la correspondencia entre estos intelectuales hace mención y polemiza sobre numerosos temas del momento que les atañe personalmente: la fundación de la revista Mundo Nuevo, de Emir Rodríguez Monegal; los cursos de Verano de la Universidad y la llegada de Mario Vargas Llosa al Uruguay, las lecturas de Gustavo Adolfo Bécquer. Vida y obra y Poesía reunida, la recuperación de la obra de Felisberto Hernández y otros temas que van surgiendo en el rico intercambio. Hoy, el Archivo Díaz – Berenguer permite reconstruir al detalle ese proceso de creación y de esa correspondencia  a la vez que distinguir el valor de la muestra literaria publicada en ese entonces en la revista Casa de las Américas.   

I

El 8 de abril de 1965, un telegrama llegó a Mangaripé 1619, casa del matrimonio Díaz – Berenguer:

“RATIFICOTE CARTA PARALELA HABIENDO SIDO NOMBRADO DIRECTOR REVISTA CASA AMERICA NECESITO URGENTE COLABORACIONES PUEDAS ENVIARME ABRAZOS

                                                                              ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR”[3]

En efecto, en una carta del 2 de abril, que José Pedro Díaz recibió algún tiempo después, Fernández Retamar explicitaba:

Por descontado, José Pedro, que cuento con tu ayuda, toda la que puedas darme, para hacer la revista que nos hace falta: una revista de ideas, que incluya por supuesto creación, y que se mueva al ritmo de nuestra vida. Todo lo que tú puedas hacerme llegar me es importante.

El escritor y profesor uruguayo José Pedro Díaz y el poeta cubano Roberto Fernández Retamar se habían conocido ese año en Praga, adonde ambos habían viajado invitados por la Sociedad de Escritores Checoslovacos. La relación fue, desde el primer momento, muy fructífera. “Creo que a los quince minutos de conversar con Roberto (Fernández Retamar) me sentía amigo de hacía años”, le confesará Díaz a Mario Benedetti un año después.[4] Fernández Retamar, por su parte, en su carta, lo llama “Hermano José Pedro”. La amistad debió profundizarse al viajar juntos a La Habana, donde Díaz había aceptado ser Jurado en la categoría Novela del Concurso anual que organiza Casa de las Américas. Allí ejercería su función junto a Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, David Viñas y Jaime Sarusky.

El 24 de marzo de 1965 Díaz ya está de nuevo en Montevideo. Así lo consigna un reportaje que ese día le hiciera el diario Época: “Declaraciones de un Jurado. José Pedro Díaz y su viaje a Cuba”. Pocos días después recibía el telegrama del poeta cubano donde le informaba de su nombramiento como director de la Revista Casa de las Américas, en La Habana.

A fines de 1960 Ángel Rama afirmaba en el semanario Marcha que “el acontecimiento cultural del año en nuestro país ha sido, como tantas veces, un suceso externo: la Revolución Cubana. Es, obviamente, un hecho político social, pero sería miopía ignorar la repercusión de tales hechos en el mundo del espíritu […] La elección de los intelectuales ha sido clara y mayoritaria a favor del movimiento […]El año 1960 quedará marcado por esta exigencia de compromiso y los escritores por la respuesta que a él dieron”.[5]Sacralizada como un paradigma, defendida con encono y pasión por casi toda la “intelligentsia” continental desde el momento mismo de la asunción, la revolución cubana, más que punto de referencia, se convirtió para muchos en eje del quehacer intelectual.

 

La transformación en todos los órdenes que se llevaba adelante en la isla caribeña replanteó con renovado vigor el viejo tema del compromiso de los escritores con la sociedad. El discurso “Palabras a los intelectuales” no dejaba dudas con respecto al papel en el servicio a la revolución. “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios y no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la revolución ningún derecho”, fue la consigna pronunciada por Fidel Castro en la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana en 1961, mientras se desarrollaba en la isla la campaña de alfabetización nacional y a solo dos meses de la victoria de Playa Girón. La reflexión emergente del discurso suponía un momento de afianzamiento y centralización del poder revolucionario e instauraba una nueva legalidad, una divisoria rigurosa y definitiva, en tanto se entendía que de ello dependía la sobrevivencia de la revolución. Su contenido trascendería de inmediato los límites geográficos a los que se hallaba destinado y sería considerado en toda América Latina en tanto la revolución cubana era asumida como un modelo a defender. En Uruguay concretamente, el tema del compromiso en la literatura había sido esbozado tardíamente con respecto al resto de América. Ahora reaparecía de la mano de otro asunto no menos importante: el despertar de una conciencia latinoamericana.

Mario Benedetti, en un ensayo de 1962, “La literatura uruguaya cambia de voz”, entre múltiples factores, señalaba la importancia de la Revolución Cubana en lograr, de manera definitiva, “que el tema de nuestra América Latina penetrara por fin en nuestra tierra, en nuestro pueblo y también en nuestra vida cultural, que siempre había padecido una dependencia casi hipnótica frente a lo europeo”.[6]Se trataba de una cercanía quizá nunca experimentada como hasta ese momento en un país de fuerte emigración europea, que vivía de espaldas al continente, que alguna vez había recibido el epíteto de “Suiza de América” y que desde principios del siglo XX, quizá desde antes, tenía en París su norte cultural.

Casa de las Américas era una institución creada por la Revolución que respondía al objetivo de impulsar ese despertar de la conciencia continental. Desde 1960 y desde su sede en La Habanase autodefinía como promotora de las “relaciones e intercambios culturales entre Cuba y los demás países de América Latina”.[7] Su ideal americanista se plasmaba en el patrocinio del Premio Literario Casa de las Américas, en la organización del Festival de Teatro Latinoamericano, en la convocatoria a grabadores latinoamericanos para la Exposición de La Habana y otros eventos de similar índole. Su órgano de difusión, la Revista…, era distribuida en todo el continente. El semanario Marcha de Montevideo, por su parte, como tribuna que monitoreaba la dirección crítica del proceso literario y que ya en sus inicios había proclamado postulados afines, como la patria grande latinoamericana, el tercerismo y el antiimperialismo, se convirtió en caja de resonancia de ese despertar en diálogo directo con la institución habanera. El período coincidió con la llegada de Ángel Rama al mando de las páginas literarias del prestigioso semanario (marzo 1959). Primeras consecuencias de ello fue la inauguración, en 1961, de la sección “Letras de América”(que permitiría, andando el tiempo, ir presentando a los que serían los protagonistas del “boom” narrativo latinoamericano) y el llamado a un concurso de novela y ensayo sobre Latinoamérica en 1962.Jorge Ruffinelli, heredero de Rama en las mismas páginas literarias, afirmaría años después: “Fue la década de América Latina. O la década en que la Revolución cubana nos enseñó a redescubrir el continente”.[8]

Es verdad que también desde el  primer momento surgieron voces de disenso con respecto a la Revolución misma (Emir Rodríguez Monegal, por ejemplo). Por otra parte, la formación de una gran mayoría de defensores nunca pudo ocultar una heterogeneidad de matices que se iría acentuando a medida que la ceñida definición ideológica del proceso cubano y su progresivo acercamiento a la Unión Soviética incidiera directamente en el torbellino de las distintas posiciones terceristas (al respecto téngase en cuenta el debate entre Carlos Real de Azúa y Arturo Ardao en Época y Marcha).[9] Pero en 1965 aún se estaba lejos de todo eso y la institución Casa de las Américas atraía a un alto número de intelectuales de América del Sur, de América Central y de México que, entusiastas, encontraban allí un lugar de encuentro y de intercambio de ideas tal vez único a nivel continental.

Roberto Ibáñez fue el primer uruguayo premiado por esta institución (en 1961, por su libro de poemas La frontera) y en 1964 Ángel Rama e Ida Vitale fueron los primeros en ser designados jurados (en las categorías Novela y Poesía respectivamente). La integración y el aporte de Ángel Rama a Casa de las Américas irá acrecentándose a partir de ese año y es su influencia, casi con seguridad, lo que explica la presencia de José Pedro Díaz al año siguiente. Ambos mantenían, desde veinte años antes, una estrechísima relación que los vinculaba a uno de los más conocidos grupos de la generación del 45, los llamados “entrañavivistas”. La simpatía hacia el proceso revolucionario que se llevaba adelante en la isla, el espíritu solidario y la oportunidad de publicación fuera de fronteras que se le ofrecía (lo que puedas darme, lo que puedas hacerme llegar), tuvo por resultado que el 9 de abril Díaz respondiera de modo positivo al pedido de Roberto Fernández Retamar: 

Me alegra mucho que dirijas la Revista de la Casa. Me alegro por ti y por esa maravillosa institución (¿Sabes que me hicieron reportajes radiales en Praga y luego en París y en ambos casos pedí que la conversación versara sobre la Casa?) Imagino además que, en lo personal, es para ti un trabajo que se te adecua. Además es encantador ver a todos los amigos juntos y trabajando en cosas así.

Me pides colaboraciones y de urgencia.[10]¿Pero me quieres decir qué idea te haces de lo que es un  profesor rioplatense que alimenta a su familia dictando veintisiete horas semanales de clase? Comprenderás por qué es imperioso que durante esta semana suelte todas las amarras y me aleje del teléfono maldito. Por eso te contesto, además, que todo se hará, pero clases mediante.

Para arreglar algo las cosas te re- envío, ahora por avión, algo de lo que ya te envié por correo, y que, por otra parte, está en la biblioteca de la Casa. Son ediciones caseras, las de La Galatea,[11] de tiradas pequeñísimas y que no se agotan nunca –mira el colofón- y prácticamente no fueron al comercio, de modo que todas pueden servirte. Sólo las conocen, aquí, los amigos, y fuera de aquí los pocos, poquísimos a quienes les envié por correo. De eso usas lo que te guste o te convenga, tanto mío como de mi mujer, o no usas nada. En cuanto a lo mío, como yo ya había separado algunos Ejercicios para el número que estaba en preparación, creo que podría convenirte El tratado de la llama. En cuanto a mi mujer puedes hacer una selección de interés. Pero te repito que dispongas de todo eso como si fuera tuyo. Para más adelante te preparemos otras cosas.

 

 Resulta evidente que las conversaciones sostenidas entre ambos, anteriores a este cruce de correspondencia, apuntaban a algo más complejo, a una idea colectiva, donde Díaz funcionara no solo como intermediario en la obtención de colaboraciones para la Revista sino también como el factótum de un número especial destinado a Uruguay. Así lo demuestra el siguiente tramo de la carta:

Hablé además con Benedetti. Él envió hace 2 o 3 días algunos poemas por la vía de Mario Vargas Llosa, quien te los reenviará desde París. [12] Además me prometió prosa (cuento) para dentro de poco (un mes). Pedí un cuento a Carlos Maggi. Me dio uno inédito. Te lo envío directamente. Ida me prometió una nota sobre el libro de Gonzalo Rojas.

Ahora, otro tema: Habíamos quedado con Marcia[13] en preparar material para un número de la Revista dedicado a Uruguay. ¿Se mantiene el proyecto? Si es así creo que conviene materiales uruguayos para ese número y en todo caso adelantar sólo pequeñas cosas. De todos modos nos urge saber si debemos o no preparar material para el número uruguayo.

 

La posibilidad de publicar un ensayo sobre Felisberto Hernández[14], que pronto pasaría a ser uno de los autores más estudiados por Díaz, no está ajena a la propuesta: 

 

Me propongo escribirte un artículo sobre Felisberto Hernández. Al conversar de eso con Ángel, él me dice que puede obtener de la hija de F. H. algunos materiales raros, inéditos y aún cartas y fotografías. Está también dispuesto a escribir algo de su parte. En tal caso podrías disponer de un conjunto o sección F. H. para un número dado de la Revista. (En mi opinión no creo que convenga que sea el mismo destinado al Uruguay. Pero tú lo decides.) De todos modos nos tienes que indicar si te preparamos ese conjunto de materiales.

 

Otro de los proyectos en marcha, que se evidencia en esta correspondencia,  encierra una especie de reciprocidad para con Fernández Retamar:

 

Entre las cosas que traje y que no terminaron su trámite, hay un proyecto de protocolo  de intercambio entre las Universidades de La Habana y de Montevideo por el cual podremos traer, para los Cursos de Verano, aun profesor invitado. Espero que seas tú. Me falta que ajustemos el programa para confirmártelo. Ya plantee eso en principio y se consideró viable, pero la Comisión que se ocupa de eso, y que yo integro, no lo aprobó formalmente todavía. Por eso espero verte en Montevideo en enero – febrero. El plan ya lo tenía hecho en Cuba pero me olvidé de contártelo en Praga. Es posible, además, que podamos hacer venir también a Vargas Llosa. Procuraré entonces que Ángel no viaje y tendremos una adecuada reunión casi familiar en el Cono Sur. ¿Te gusta? Todo esto te lo doy a confirmar por julio.[15]

 

En la lenta correspondencia con Cuba por esos años, habrá que esperar hasta el 12 de julio para la respuesta de Fernández Retamar, que reproducimos en su totalidad:

Mi querido José Pedro:

Como si una carta tuya no fuera ya bastante razón de alegría, recibo dos excelentes cartas tuyas, y casi simultáneamente los libros de que me hablas en ellas –libros tuyos y de tu mujer, en preciosas ediciones, algunas tan familiares que parecían a mano, y (que) me hicieron pensar en las que hacían Leonard y Virginia Wolf. Por todo, para Amanda, a quien ya considero una amiga, y para ti, muchas gracias reales.

Me hablás también de muy buenas colaboraciones –de Benedetti, de Maggi, de Ida sobre Gonzalo Rojas. Las espero con impaciencia, así como tu Bécquer, que ya sé de primer orden.

En cuanto a lo del número uruguayo y los textos de y sobre Felisberto Hernández, son cosa acordada y que también espero impaciente. Coincido contigo en que acaso no sea lo mejor publicar la “revalorización” de Felisberto en el mismo número dedicado a Uruguay. Para este último guardaré, según tu consejo, el material de que ya dispongo. Pero éste es aún poco. Espero que Ángel y tú avancen en su recopilación y selección –textos y grabados- a pesar de esas pavorosas veintisiete horas semanales de clases tuyas, que me abrumaron de sólo saberlo. Te lo digo como viejo que este agosto cumplirá diez años de profesorado universitario.

Y a propósito de ello: ¡qué alegría la idea de viajar a Uruguay en nuestro “invierno”! Dime como marcha este plan tan felizmente concebido. Espero tus noticias. Con nostalgias de Praga y esperanzas de la Banda Oriental, un gran abrazo de tu

                                               Roberto Fernández Retamar

 

Todo empieza a tomar forma más definitiva unos meses después, según se desprende de una nueva carta de Díaz a Fernández Retamar del 21 de setiembre, que dice en su parte central:

Esta semana culminará, también, la reunión de materiales para la revista. Pero ahora vamos a lo de hoy.

1.- Antes de un mes  no habrá resolución sobre los cursos de Verano, pero entonces espero darte buenas noticias.

2.- Tengo ya aquí, en casa, textos de Benedetti, Maggi, I. Vilariño, C. Martínez Moreno, etc. para el número especial sobre Uruguay. Pero hay otros más que me van a entregar y estoy buscando a los grabadores que, según la última carta, esperas. Eso quiere decir que el próximo envío irá dentro de poco.

3.- Envío ahora el material de y sobre Felisberto Hernández. Tal como conversamos se trataría de una sección de la Revista dedicada a él, ¿no? Para ello escribí un artículo: F.H.: Una conciencia que se niega a la existencia. Para acompañarlo de Explicación falsa de mis cuentos, que deberás extraer de mi propio artículo donde está copiado a páginas 29 y 30. Allí lo eliminarás. Marqué el lugar. Copié también un fragmento inédito de Tierras de la memoria libro que publicaremos póstumo en los próximos meses y que encontramos ahora. Creo que deberá ir, también, un cuento. Se me hace demasiado pesado copiártelo por las dudas porque me consta –mi memoria me lo  dice- que tiene en la CASA su obra. Según la extensión que quieras darle podría ir o El balcón (el más corto, del libro Nadie encendía las lámparas) o La casa inundada o, quizá El cocodrilo (que está en el volumen titulado La casa inundada. El cocodrilo es realmente estupendo, pero representa menos bien que La casa inundada la peculiar forma de imaginación de Felisberto). Y haría el siguiente índice:

                                               F. Hernández: Explicación falsa de mis cuentos.

                                                                              De “Tierras de la memoria” (fragmento inédito)

                                                                                              [La recitadora]

                                                                              La casa inundada.

                                               J.P.D.   :    F.H.: Una conciencia que se niega a la existencia.

Ángel me había prometido una nota sobre el mismo tema pero renunció ya…

 

Hay pues, tres proyectos simultáneos: la muestra de literatura uruguaya, que parece ir adquiriendo mayor aceptación en la medida que aumenta el número de colaboradores; la publicación de los trabajos sobre Felisberto Hernández, que en un principio constituyen un renglón aparte; y finalmente la venida de Roberto Fernández Retamar al Uruguay en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad de la República. Más allá de esos elementos centrales surgen inevitablemente otros circunstanciales: los libros de La Galatea, la situación económica y política de Uruguay que comienza a agravarse aceleradamente, la escritura de la novela Partes de naufragio y, como se verá, la publicación de la antología Poesía reunida por Fernández Retamar. El 28 de octubre de 1965 se lee en otra carta de Díaz: 

las agencias internacionales deben haberse ocupado ya de nuestro país y te habrás enterado de que no está esto muy hermoso.[16] Entre las cosas que clausuramos, en la Universidad, está el programa de cursos de verano programado, que tendrá ahora un aire de entrecasa y para el que no habrá invitaciones panamericanas como habíamos pensado. Queda en pie proyecto más importante para realizarlo en nuestro invierno, si hay con qué. Te confieso que a la rabia de no encontrarnos como pensaba, se agrega el hastío de nunca poder hacer y siempre tener que postergar las cosas que sentimos más jugosas. Por suerte estoy metido con toda mi alma dentro de una novela o como se llame eso que yo escribo,[17]pero cada vez que saco la cabeza y miro alrededor me siento también culpable porque escribir no alcanza…

 

El correr del tiempo crea también complicaciones parciales, según otro fragmento de la misma carta:

te aclaro que el material inédito de F.H. va a dejar de ser inédito dentro de un mes porque saldrá en un tomo que publicaremos nosotros, y con él irá, como estudio complementario, el trabajo que te envié, mío.[18] Creo que un tomito aquí nuestro no interfiere con la circulación de la Revista, pero, si te vienen  escrúpulos podría refundir el artículo. O pediríamos otra cosa. En fin, tú eres el dueño de casa y distribuyes según tu gusto a los invitados, así sean fantasmales…

 

Responde Roberto Fernández Retamar el 12 de diciembre:  

Mi querido José Pedro:

De repente, un día apareció sobre mi mesa, todo junto: tu carta del 21 de septiembre, tu ensayo sobre Felisberto Hernández, el fragmento suyo inédito (entonces, cuando se envió), tu carta del 28 de octubre. Era como si todos los tiempos a la manera de Eliot, fueran un solo tiempo. Para remate de cuentos, yo acababa de volver de un precipitado viaje a México (con motivo de una exposición editorial) y me encontré sumergido en trabajo. Ahora, una madrugada, te hago estas líneas que van a ser, lo sé, pocas. Voy a poner orden, poniendo números:

1.- Muchas gracias por tu envío. Muy bueno lo tuyo y muy bueno lo de F. H. Sigo tu proyecto de índice y en el tercer número de 1966 sale la “revalorización”. El primer número está en prensa. El segundo está dedicado a “África en América”, y no hay modo de incrustar allí a F. El tercero que estoy preparando paralelamente a éste lo llevará, se enriquecerá con esta “revalorización”.

2.- Lo del número uruguayo preparado es gran noticia. Si esta carta te llega a tiempo, ¿por qué no le das los materiales a Benedetti, que vendrá en enero? Te repito: es gran noticia.

 

Ante tan saludable respuesta, con viento en popa, Díaz se esfuerza por concretar con la mayor claridad posible el contenido del “número especial” anhelado. Todo le preocupa, las colaboraciones literarias y los grabados.  Escribe el 10 de enero de 1966:

 

Querido Roberto:

De acuerdo a lo indicado, el material que ya tengo para el número Uruguay va, como ves, en la maleta de Benedetti. El haberme quedado sin noticias hace tanto tiempo hizo que me dejara estar y es causa de que no terminara el trabajo. Pero ya va algo importante. Van: textos, noticias, material gráfico y (datos sobre los dibujantes). No me puse a homogeneizar las noticias porque temí hacer trabajo inútil: no sé dónde, cómo y de qué extensión iría (ese material). Por eso decidí dejarte el material en bruto para que tú lo uses como te guste (Supongo que en las páginas finales al indicar la serie de colaboradores). En algún caso el material que te envío está tomado de un libro.[19] Ello se debe a que o el libro no circuló en absoluto o el autor no tiene otro material disponible y él mismo me pidió que te enviara ese texto. (En América y salvo para mí cinco o siete nombres, casi todo lo publicado sigue siendo, como tú sabes, inédito). En otra hoja va la lista de materiales.

Faltan todavía materiales. Particularmente faltan los textos de Ángel y mío y, si hay tiempo, una nota de conjunto. Y quizá algo más, pero como no se imprimirá inmediatamente, creo que te podemos hacer llegar eso en tiempo. Los textos de Ángel y mío existen, pero hay que pasarlos. La introducción la empecé varias veces, pero como me salía estúpida la dejé…

En cuanto a la parte gráfica estoy todavía por recibir una colaboración de Nueva York, la de Frasconi… Lamento que, a pesar de las advertencias que hice a los plásticos, algunos me dieron materiales que muy difícilmente podrán hacerse en clisé lineal, pero, de todos modos están advertidos, y si la reproducción no los satisface del todo tendrán que tener paciencia. Los nombres suelen estar en la parte posterior, en la que una flecha indica, además, la parte alta del dibujo. Uno de los dibujos de Teresa Vila (que rebasa el tamaño de una página) tiene indicado el lugar del posible pliegue.

Roberto, basta por hoy. Te escribo con premura para dejar el paquete en casa de Mario. Espero que todo esto sea adecuado para la Revista y espero, además, las indicaciones que quieras hacerme para materiales complementarios, etc.

               

En enero de 1966, Mario Benedetti llega por primera vez a Cuba y participa, al igual que Díaz el año anterior, como Jurado en el concurso de Casa de las Américas en la categoría Novela. Posteriormente viajará a París. Es a través de él que Fernández Retamar, el 7 de marzo, hace llegar otra respuesta satisfactoria que, sin embargo, entraña algunas variantes de sumo interés: en primer lugar, la “revalorización” de Felisberto Hernández iría junto al resto de la muestra y no en otro número como se proponía en un principio; segundo, surge la posibilidad de ampliar aún más el contenido de la misma con un “plus político”, posible por la participación de Carlos Quijano, el conocido director del semanario Marcha:

El número uruguayo es muy bueno. Imprescindibles lo tuyo y lo de Ángel. Creo que voy a añadirle también la “Revalorización” de Felisberto, aunque ya no son inéditas las páginas. Me pregunto también José Pedro, si sería factible obtener notas sobre la plástica, el teatro, etc., y algunas notas de libros. (Mario me dio su nota sobre Juntacadáveres. Aquí se prepara algo sobre Mario, etc.[20]Pero no vendría mal algo de allá). Y también –dado que la revista tiene ahora más preocupación por problemas de ese tipo, me digo si nos vendría bien una colaboración de Quijano (para la sección “notas y comentarios”) sobre la actual situación del Uruguay. Le voy a escribir sobre esto, pero ustedes podrían adelantárselo. De esa manera el número, además de los excelentes textos literarios, llevaría un plus político hecho por persona tan estimada en el extranjero como Quijano…

 

II

De manera paralela a esta correspondencia, incrustándose en la misma de modo inevitable, surge el famoso affaire relativo a la revista Mundo Nuevo, una publicación internacional dirigida por Emir Rodríguez Monegal de inminente aparición. Los antecedentes del conflicto que ahora está por estallar databan de dos años antes, desde la liquidación de la revista Número, que había resurgido con apoyo económico de editorial Alfa.[21]Aunque las circunstancias no han logrado ser del todo precisadas, Rodríguez Monegal ya contaba en ese entonces con la financiación del Congreso por la Libertad de la Cultura para dirigir la revista Mundo Nuevo, con sede en París. La secretaría de la misma le habría sido ofrecida a Benedetti, a pesar de que en la reunión de disolución de Número había quedado claro que nadie quería seguir junto a Rodríguez Monegal. Antes o después de esa reunión Rodríguez Monegal había publicado en el diario El País un artículo donde comentaba la novela El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, cuestionando a la vez a la Revolución Cubana.[22] Los dos hechos fueron razón suficiente para que Benedetti rompiera con Rodríguez Monegal de manera definitiva, posición de la que no estuvo alejada Idea Vilariño.

Cuba y otros intelectuales latinoamericanos, con Ángel Rama a la cabeza,  denunciarán con insistencia que el Congreso por la Libertad de la Cultura era una organización norteamericana que encubría a la Central de Inteligencia (CIA) y lanzarán una feroz campaña en procura de impedir colaboraciones. El hecho sacude al continente y sobre él se expiden decenas de críticos.[23]Marcha es el receptor de un cruce de cartas abiertas con mutuas acusaciones y aclaraciones entre Rodríguez Monegal y Fernández Retamar.[24] El marco político extremiza las posiciones de ambos. A pesar de la prédica de Casa de las Américas,  algunos intelectuales están dispuestos a aprovechar la nueva tribuna que se les ofrece. Es el caso de Carlos Fuentes, José Donoso o Severo Sarduy. Precisamente, el primer número de Mundo Nuevo sale en julio de 1966 e incluye, entre otros trabajos, una extensa entrevista de Rodríguez Monegal a Carlos Fuentes titulada “Situación del escritor en América Latina“.

Ese hecho tan polémico, el impacto que le ocasiona la reciente estadía en Cuba y su visible simpatía hacia la Revolución, motivan una carta eufórica de Mario Benedetti desde París (27 de marzo), ciudad donde se ha establecido por esos días. Si bien anteriormente hubo una carta de Benedetti a Díaz del 29 de octubre de 1959, es ésta la que iniciará una fructífera correspondencia a través de ocho intercambios, hasta mediados de 1966.

Querido José Pedro: no te voy a contar de Cuba, porque vos la viste antes y ya has tenido un año entero para digerir tus asombros. Yo en cambio estoy en plena deglución, la verdad es que la primera reacción es una loca mescolanza de alegría y de tristeza; alegría, porque ellos la hayan podido hacer, y tristeza, porque ese éxito haya convertido la Revolución (al alertar definitivamente a los yanquis) en algo inconmensurablemente más difícil para el resto de América Latina. Cumplí todo el periplo que vos ya conocés: encerrona en la habitación para leer atragantadamente 42 novelas (varias de más de 500 páginas), algunas de ellas tan malas que me resultaba imposible dejarlas a medio camino por la simple curiosidad de ver hasta donde eran capaces de llegar sus maleméritos autores; cadena de invitaciones para almorzar o cenar o tropicanas o qué sé yo; visitas a escuelas, fábricas, centrales termo eléctricas, astilleros, pesqueros, ingenios azucareros, universidades, sindicatos, etc.; excursiones a Varadero, Playa Colorada, y sobre todo, a Oriente (punto más alto de la estada) con visitas a la Gran Piedra, Manzanillo, Minas del Frío (notable). La gente de Casa de las Américas me pareció estupenda; todos te recuerdan con mucho afecto. Fernández Retamar (que nos acompañó a Oriente y que pareció un tipo formidable) habló largamente conmigo sobre el número dedicado a Uruguay. Me mostró los materiales y me preguntó si me parecía que faltaba alguien importante; yo creo que has hecho una selección muy representativa.            

 Sólo me extrañó que no hubieras incluido a Circe Maia, pero presumo que ello se debe a las dificultades de comunicación que hay siempre con ella.[25] Si ese fuera el motivo, se me ocurre (te digo esto porque creo recordar que a ti te gusta su poesía) que se le podría pedir a Nancy[26] que adelantara algunos poemas del libro de Circe que va a publicar 7 poetas hispanoamericanos. Roberto está además preocupado porque aún no le han llegado tu trabajo y el de Ángel. Creo que ya no pueden demorarlo mucho, porque el número tal vez salga en setiembre, y hay que entregar los materiales a la imprenta con mucha anticipación. En el caso de mi cuento (El olvido), le dije a Roberto que si termino próximamente, aquí en Europa, algún cuento nuevo, se lo enviaré en sustitución de aquél, a fin de mantener la condición de absoluta ineditez; de lo contrario, aparecerá El olvido. En este mismo correo, les envío a Ángel y a ti, sendos ejemplares de POESÍA REUNIDA, poesías completas de Fernández Retamar, aparecidos la víspera de mi partida y que Roberto me dio para expedirles desde París…

Haydée Santamaría junto a los escritores Mario Benedetti (Uruguay) y Alejo Carpertier (Cuba)

El fragmento final de la carta de Benedetti va dirigido por entero a la revista Mundo Nuevo registrando quienes no van a colaborar con ella y quienes tal vez sí (Nicanor Parra, Lino Novas Calvo, José Miguel Oviedo, Carlos Fuentes). Sobre el mismo tema comenzará su respuesta Díaz el 6 de abril de 1966 para pasar luego a los preparativos de la muestra de literatura uruguaya:

En cuanto a la selección para CASA, claro que había pensado en Circe, pero es el caso que me pareció que allí era donde el terreno empezaba a hacérseme inseguro, porque muy cerca viene otro grupo a poca distancia, y entonces ¿dónde detenerme? Pensé que para otra oportunidad habría que ir pidiendo a ella, a Benavides, a Ibargoyen… (Entre paréntesis: todavía no tuve respuesta de Frasconi. Y no sé si debo insistir. Tú estás en contacto con él, ¿no es cierto? ¿Te dijo que enviaría? Si lo encuentras oportuno ponle unas líneas. Me sería desagradable recibir aquí algo de él dentro de un mes y no poder hacerlo llegar a tiempo a Cuba. Si te lo enviara a ti desde ahí lo podrías hacer llegar más rápidamente). Espero tener para dentro de nada más que unos pocos días lo mío y lo de Ángel…

 

Unos días antes, el 28 de marzo, Díaz le había escrito a Fernández Retamar:

 

Querido Roberto: Quiero escribirte ya hoy martes porque el último sábado hice las gestión que me encargaste con Quijano. Me prometió tener el artículo pronto para el 15 de abril. Prudentemente debemos prever una demora. Pero me aseguró que lo haría con mucho gusto, que se sentía muy honrado, etc. Ahora necesito saber cómo enviarte ese y otros materiales…

Mientras tanto, Mario Benedetti no ha encontrado una ocupación que le permita sostener su estadía en Europa. Por ese motivo Díaz le había escrito a Reginald Brown, de la Universidad de Leeds, en Gran Bretaña. Por su intermedio, habían aceptado en esa Universidad por un plazo de dos años al poeta uruguayo Enrique Fierro y existía ahora la posibilidad de que les significara de algún interés las charlas y conferencias que podía brindar un escritor latinoamericano como Benedetti. Por otra parte, hay temas subalternos como la revista Mundo Nuevo, que continuaba en el tapete, y la antología de Fernández Retamar.

El 29 de abril, en otra larga carta, Benedetti dedica algunos renglones al asunto:

Sobre el número uruguayo de Casa de las Américas, ya le escribí a Frasconi pidiéndole que me envíe aquí otra copia de su grabado (creo que en mi anterior te decía que él me había escrito diciéndome que había mandado la ilustración a tu nombre, en Montevideo) así yo la envío a La Habana, probablemente a través de David en la Embajada.[27]

 

El 5 de mayo Díaz le escribe nuevamente a Roberto Fernández Retamar. Tras un emotivo comentario sobre el libro que aquel publicara, el tema de la muestra uruguaya es abordado con energía:  

Querido Roberto: Muchas gracias por tu Poesía reunida. Lo tengo aquí cerca, incorporado con una foto tuya que encontré en una bibliografía –en la que eres más que tú en la foto de la contratapa- y con el manuscrito del poema praguense que me diste y que ahora leí completo en el libro.[28] Estuvimos leyéndote estos días con mi mujer y haciéndonos más amigos sin que tú lo supieras. No quiero resumirte en una frase nada sobre tu poesía, sino decirte cómo se nos integra naturalmente en la vida y cómo me alegra sentirte corroborado y ahondado a ti mismo en tu libro. Me alegro de que seas de verdad un poeta. (¿Sabes que yo no te conocía como poeta cuando nos hicimos amigos?) Apenas había leído un poema.

Sobre la revista: Pedí insistentemente, hasta el cansancio o la grosería, la colaboración a Ángel, quien me dice que está ocupado, que va a ver, etc. etc. Le hago presente que ya no hay prácticamente más tiempo. No reacciona. Abandono ese punto.

Ya me resulta difícil conseguirte otros artículos de otros lugares, con la finalidad de que el número sea más fraternalmente latinoamericano. Sugiero: una página de Cortázar sobre Felisberto; una de Carballido sobre Maggi (me consta que en estos días lo está leyendo con entusiasmo)[29], de Mario Vargas sobre algún otro, o de Viñas[30], o de Nicanor[31]… ¿No te gusta? Para que sea factible se me ocurre que pidas ‘una página’ o ‘una estampa’. ¿No sería lindo?

A Quijano lo tengo sitiado; su secretaria colabora conmigo; pero el artículo –por el que estuve esperando para enviarte ésta- no está todavía aunque me dice que lo tiene muy adelantado y que no le falta más que unas cuantas páginas. Creo que me lo dará la próxima semana. En cuanto lo tenga lo pondré en un sobre a París para que Mario Benedetti te lo reexpida.

Con ésta te envío un texto mío. Es parte de un trabajo largo en el que estoy desde hace tiempo (si te digo que por el deseo de seguir trabajando en él durante las vacaciones casi no voy a La Habana en el ’65…) Si no tuviera que dar clases estaría pronto este año, pero… tú sabes. [32]

Estuvo en casa la otra noche Milton Schinca y nos leyó algunas cosas. Como  una de ellas tiene una oportunidad muy grande, y como no había nada tan enérgico como toma de posición en lo que te mandé antes, le pedí el poema, que es sobre Viet Nam, y te lo envío para que con él sustituyas alguno de los que tienes o simplemente lo agregues. Me parece útil que en el Nº  sobre Uruguay no falte una cosa de este tipo.

 

Eduardo Galeano y Roberto Fernández Retamar

La carta de Díaz debió cruzarse con otra de Fernández Retamar, de fecha 10 de mayo. Resulta curioso ver que al momento en que Díaz leía del cubano, Poesía reunida, éste a su vez leía con sumo placer y respeto un ejemplar de la tercera edición de Gustavo Adolfo Bécquer. Vida y  Obra, de Díaz, cuyo comentario vale la pena conocer. Ahora, en la distancia, ambos se reconocen, se sinceran y se admiran. Sobre la muestra en sí, al parecer, ya nada nuevo hay para agregar.

Mi muy querido y admirado José Pedro: Después de un increíble viaje que le tomó ¡más de un año!, ha llegado a mis manos tu Gustavo Adolfo Bécquer: no invento el tiempo: trae

una nota de la editorial con la fecha “2 de abril de 1965”. Y es una verdadera crueldad que haya sido así, porque no bien tuve el libro entre mis manos –lo que ocurrió exactamente después de quince días que pasé cortando caña- me di cuenta de que lo que habías mandado era una verdadera obra maestra de erudición, de gusto, de delicadeza, de amor. No exagero, mi José Pedro: la crítica literaria de nuestra América tiene, por desdicha, muy pocos libros como el tuyo. Te voy a ser franco: tengo una vieja prevención contra los libros que son “Vida y Obra de…”. Con esa prevención lo abrí. Bastaron unas pocas páginas para darme cuenta de que no tenía razón alguna, en este caso, para ello: por el contrario, este libro es ejemplo de cómo pueden –y deben- ser enfocados ahora libros de esa naturaleza. Nada hay en la biografía que no sea necesario a la exégesis de la obra: nada burdamente novelesco o seudopoético. Nada, en el análisis de los textos, de erudición estrepitosa, innecesaria, o de recaída en la nueva retórica. Me interesó particularmente tu aplicación de las ideas de Bachelard, tan evidentemente fértiles. Me satisfizo encontrar entre las posibles fuentes de Bécquer, a nuestro Zenea, y también a una interesante poetisa cubana injustamente olvidada entre nosotros (acaba de aparecer una antología de poesía cubana hasta el siglo XIX, en tres volúmenes, que ni la menciona): Luisa Molina.

Tu libro, como debe ser, mientras por una parte se cierra sobre sí, no dejando nada que decir sobre Bécquer, por otra parte, en cambio, deja abiertas perspectivas del mayor interés: por ejemplo, las influencias sobre B., y los poetas que él encabeza, de ciertos poetas americanos, ¿no son preludio de las influencias que ejercerían más tarde nuestros modernistas sobre los españoles? La misma relación de los modernistas con Bécquer –claramente ya señalada por J.R.J.[33]- ¿no tiene que ser ahondada, y así toda la visión del modernismo? No sé si has trabajado sobre esto. Me gustaría, en otra parte, mencionarlo. Aquí he querido solo agradecerte, de un tirón, la sorpresa y la lección que me has dado…

 

Un concurso organizado por el semanario Primera Plana es la causa por la cual Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes viajan a Buenos Aires. Probablemente haya sido esa la razón por la cual la Universidad de la República haya decidido invitar a Vargas Llosa (y no a Roberto Fernández Retamar como también Díaz había solicitado) a realizar al menos dos conferencias en Montevideo[34]. Una cuestión económica, la ocasional cercanía geográfica, que abarataba los precios, debió resolver el asunto, ya que existe otra carta de Díaz invitando también a Carlos Fuentes, quien se excusó.[35]Mientras tanto Mario Benedetti está sustituyendo a Vargas Llosa en Radiodifusión y Televisión Francesas. Es desde allí que el 18 de junio Mario Benedetti responde a una carta que Díaz le enviara el día 12:

Hace un cuarto de hora que recibí tu carta, y ya ves, te escribo de inmediato porque hoy es sábado, los correos cierran más temprano, y quiero que esta carta salga hoy para que te quedes tranquilo. Claro que recibí tus cartas del 5 y 6 de mayo, con todo lo que incluían. Aproximadamente una semana después te contesté. La verdad es que ya se han perdido varias cartas mías a Montevideo. Entre las huelgas de correo montevideano y las del correo francés, agregadas a las de Air France, el complot es perfecto para que a menudo alguna carta quede atascada en un recodo misterioso. Lamentablemente, esa última carta mía era manuscrita así que no guardé copia. Ahora he decidido escribir todas mis cartas a máquina y con copia, de manera que si alguna se pierde, pueda al menos enviar luego la copia al destinatario. Paso a actualizarte las noticias: envié todos los materiales a Cuba, utilizando la vía Embajada, ya que David me aseguró que de ese modo es seguro que lleguen a La Habana en una semana. El envío lo hice hace más de un mes, así que seguramente habrá llegado todo a manos de Roberto. A éste ya van como tres o cuatro cartas que le escribo (también le envié Habaneras, claro, aunque no para la Revista, porque ahí ya iría el cuento y sería una exageración tanta colaboración benedettiana), pero hasta ahora sólo recibí un telegrama muy cariñoso agradeciéndome el poema. Con Frasconi he estado en constante comunicación epistolar. Se quedó perplejo cuando le dije que tú no habías recibido los grabados. Según me dice, inmediatamente después de recibir tu carta, te envió cinco grabados (a mediados de diciembre). En una nueva carta me informa ahora que volvió a enviar ocho grabados, vía Suiza, para la Revista. Me dice textualmente: “Dudo que lleguen a tiempo para la publicación, ya que este envío tiene que ir a Suiza y volver a cruzar el Atlántico, Qué estupidez! Este país no solamente se está convirtiendo en fascista, sino que también es idiota”.A pesar de su pesimismo, yo creo que es posible que puedan entrar en la Revista.

 

En cuanto a su situación personal, añade:  

Te agradezco muchos tus gestiones ante Leeds y Liverpool… Seguramente ya estarás enterado de que estoy trabajando en la Radio, supliendo a Mario Vargas Llosa mientras él anda por América Latina. Es un trabajo de horario un poco extraño, 22 y 30 a 3 de la madrugada, pero es bastante agradable y tiene la ventaja de que me deja casi todo el día libre (claro que de mañana me levanto más tarde, porque en algún momento hay que dormir). Mi función consiste en seleccionar y traducir directamente del francés al español, noticias francesas y cables del Exterior, con destino a América Latina, y leerlos luego (turnándome con otros dos latinoamericanos) frente al micrófono en cuatro noticieros por noche; además, los viernes participo en unos debates literarios (sobre libros franceses, o de escritores latinoamericanos traducidos al francés) que duran aproximadamente quince minutos.

 

El resto de la carta es una larga historia acerca de la presentación de la Revista Mundo nuevo en París, su encuentro con Miguel Ángel Asturias y su participación, junto a Emir Rodríguez Monegal, en una mesa redonda sobre literatura latinoamericana junto a Carlos Fuentes, Jorge Edwards, Tomás Segovia y Severo Sarduy en el Instituto de Estudios Hispánicos. El 23 de julio Benedetti vuelve a escribir puntualizando:

recibí carta de Mario Vargas Llosa, quien me dice que irá a Buenos Aires y Montevideo. Recibí un telegrama de Fernández Retamar en estos términos: “Recibidos grabados Frasconi alegría en nuestra Casa abrazos Retamar”. Así que por lo menos en ese aspecto quedamos tranquilos.

 

La correspondencia entre José Pedro Díaz y Roberto Fernández Retamar se inicia en el marco del conflicto por la aparición de la revista Mundo Nuevo y llega a su término cuando hay un agravamiento del mismo. En efecto, en el número 4 de la revista dirigida por Emir Rodríguez Monegal, se publican varios poemas de Pablo Neruda, víctima de la hábil maniobra yanqui en el campo cultural que nadie ha desenmascarado con más eficacia, en nuestro continente, que Ángel”, según le escribe Fernández Retamar a José Pedro Díaz el 13 de octubre de 1966. Neruda recibía en ese momento otras críticas que se sumaban a las que ya se le habían  realizado por su almuerzo con el Presidente de Perú, Belaúnde Terry. El mismo ejemplar de la revista Casa de las Américas donde se publica la muestra de literatura uruguaya –el número 39, de noviembre – diciembre de 1966- incluye también la versión grabada de la mesa redonda titulada “Sobre la penetración intelectual del imperialismo yanqui en América Latina”, en la que participan Fernández Retamar, Lisandro Otero, Edmundo Desnoes y Ambrosio Fornet, realizada el 10 de agosto y transmitida por Radio Habana. “Sé por la prensa que ya está impreso el Nº uruguayo de CASA y aún que me aludes en él generosamente. Muchas gracias por ello (y sigo con remordimiento de no haber podido hacer algo más y mejor para la Revista). Trataré de servirte mejor en el futuro”, son las palabras de José Pedro Díaz en su carta del 22 de diciembre de 1966, que cierran esta parte de la correspondencia entre ambos.[36]

                                                                           III

El conjunto de colaboraciones obtenidas y enviadas por José Pedro Díaz representan quizá la muestra de literatura uruguaya más importante presentada fuera de frontera en esos años.[37] Con el nombre de “Nueva literatura uruguaya” fue publicada en el Nº 39 de la revista Casa de las Américas, noviembre – diciembre de 1966.En una pequeña introducción los responsables cubanos de la edición afirman que “al presentar este número monográfico –que no hubiera podido realizarse sin el concurso generoso de José Pedro Díaz-, queremos recordar y agradecer lo que ha significado para nosotros, en Cuba, la valiente solidaridad del pueblo uruguayo durante estos años duros y hermosos. Al clausurar la Primera Conferencia Tricontinental, en enero de 1966, lo expresó así el comandante Fidel Castro: ‘nosotros debemos decir las grandes simpatías de nuestro país hacia Uruguay, porque aquél es un país pequeñito, pequeñito, que no tiene montañas, rodeado de dos colosos reaccionarios’, que ‘siempre, invariablemente, sin ninguna excepción, en cada una de las circunstancias, ha sido pareja con el pueblo de Venezuela en la solidaridad y el apoyo de la Revolución Cubana’. Reciba ese pueblo hermano, al frente de este número suyo, nuestra gratitud.”

La lista de escritores presentes en la Muestra coincide por entero con la que enviara Díaz el 10 de enero de 1966 al final de una de sus cartas. En el orden en que aparecen en la muestra, son ellos: Mario Benedetti, Carlos Martínez Moreno, Mauricio Rosencof, Idea Vilariño, Carlos Maggi, Milton Schinca, Ida Vitale, José Pedro Díaz, Clara Silva, Mario Arregui, Amanda Berenguer, María Inés Silva Vila y Juan Cunha. Inmediato a los textos de estos autores pero presentado como una sección aparte (“Revalorizaciones”) aparecen el ensayo de Díaz vinculados a Felisberto Hernández y dos fragmentos del propio Felisberto: “Explicación falsa de mis cuentos” y “La recitadora”, de Tierras de la memoria. No se incluyeron los datos sobre los autores. Alternando la escritura, hay grabados. Al contrario de lo que sucede con los escritores, la lista de grabadores solo coincide en un nombre con la que enviara Díaz: Leonilda González. La lista de Díaz incluía a Ruisdael Suárez, Teresa Vila, Ernesto Cristiani, Miguel Bresciano, Carlos Fossatti, Antonio Andivero y Nelson Ramos, apareciendo luego en la correspondencia el nombre de Antonio Frasconi. La revista finalmente incluyó a José Arpi, Fernando Cabezudo (dos grabados), Navel Ojeda, José Lanzaro (dos grabados), Ana M. Barilari, Antonio Frasconi (cuatro grabados) y la ya mencionada Leonilda González.

Los autores que integran la Muestra, pertenecen en su gran mayoría a la primera promoción de la generación del 45. Un autor, Mauricio Rosencof, se inserta en la segunda promoción, en tanto otros dos, Juan Cunha (n. en 1910) y Clara Silva, (n. en 1907) son de la generación anterior. Ante esto se puede afirmar que la selección realizada por Díaz es conservadora, realizada sobre la base segura de escritores ya consagrados en su medio, renuente a aceptar o a promover nuevas figuras. No se corresponde en absoluto con el nombre de “Nueva literatura uruguaya” con que se la tituló. Como Díaz mismo le explicara a Benedetti, “había pensado en  (incluir a) Circe(Maia), pero es el caso que me pareció que allí era donde el terreno empezaba a hacérseme inseguro, porque muy cerca viene otro grupo a poca distancia, y entonces ¿dónde detenerme? Pensé que para otra oportunidad habría que ir pidiendo a ella, a Benavides, a Ibargoyen… “[38] Para otra oportunidad entonces, irán los nuevos…

El problema se presentaba sobre todo en lo que tiene que ver con la poesía donde los autores eran muchos (seis). El equilibrio entre los distintos géneros literarios es un factor que sin duda se tuvo en cuenta. De allí que sea posible integrar a Mauricio Rosencof (n. en 1933) a pesar de pertenecer a una promoción posterior y tener un año menos que Maia (n. en 1932). Rosencof aporta su obra La valija y acompaña a Carlos Maggi con Un cuervo en la madrugada, completando de ese modo el panorama de la dramaturgia. La narrativa, por su parte, es cubierta por cinco autores y no incluye el cuento inédito de Carlos Maggi del que se habla en el comienzo de la correspondencia. Como se puede ver, Mario Benedetti consiguió finalmente sustituir su cuento “El olvido” por “El altillo”.

Algunos de estos textos fueron elegidos pensando en el espacio donde van a ser publicados: las páginas de la revista cubana Casa de las Américas. Este es un factor que condiciona la Muestra y del que Díaz es consciente. “Estuvo en casa la otra noche Milton Schinca y nos leyó algunas cosas. Como  una de ellas tiene una oportunidad muy grande, y como no había nada tan enérgico como toma de posición en lo que te mandé antes, le pedí el poema, que es sobre Viet Nam, y te lo envío para que con él sustituyas alguno de los que tienes o simplemente lo agregues. Me parece útil que en el Nº  sobre Uruguay no falte una cosa de este tipo,”, le aclara a Fernández Retamar el 5 de mayo de 1966. El “oportuno” texto es el extenso poema “Aldeas de Vietnam” que acompañó a otros dos del mismo autor que ponen de relieve el aspecto ético. Los tres forman, pues, un conjunto coherente. No es el único caso, sin embargo. Idea Vilariño envió su poema “Playa Girón”, tan oportuno o más que el de Schinca y no solo por tratarse de Cuba, que acompaña a otros tres, entre ellos, “Pobre mundo”, también afín a esta realidad. En el mismo sentido puede considerarse el poema “Últimas noticias/ bloqueo”, de Ida Vitale. Si hay que marcar la presencia de una literatura de compromiso son Vilariño y Schinca los autores que más se acercan a ese cometido.

Como también se dijo, algunos textos ya habían sido publicados. Las dos obras de teatro: La valija, de Rosencof, y Un cuervo en la madrugada, de Maggi, habían sido publicadas en 1961. Los poemas “A todo riesgo” y “circunstancia 65”, de Amanda Berenguer, así como “La comida”, de Ida Vitale, se publicaron el 31 de diciembre de 1965 en el número especial de Marcha de fin de año.[39] “Pobre mundo”, de Idea Vilariño, había sido publicado en la nueva época de la revista Número, abril – junio de 1963, Nº 1.

Todos los textos que integran la Muestra son textos en transición. Hoy figuran en esta publicación colectiva pero posiblemente, en un futuro tal vez cercano, lo harán (o lo han hecho) en libros de creación individual y ese contexto diferente será su destino final. Tal particularidad relativiza todo análisis. José Pedro Díaz en particular, presenta un “avance” de su novela Partes de naufragios, distinto al que publicará un mes después, en Marcha,[40] y al que publicará en Maldoror[41] en 1969, año en que finalmente da a conocer la novela en su totalidad.  

En el resto lo que importa es la heterogeneidad, la variedad de estilos y de temáticas. El emotivo relato en primera persona vinculado al tema de la niñez, en el cuento de Benedetti, contrasta con el distanciamiento con que asumen sus textos Martínez Moreno, Arregui y María Inés Silva Vila. El erotismo de la poesía de Clara Silva convive con el coloquialismo desbordante, de atención puesta en lo ético, de Milton Schinca, con los delgados poemas de Idea Vilariño o de Ida Vitale o con esa búsqueda de trascender lo cotidiano que procura Amanda Berenguer en su proceso de escritura hacia Materia prima, poemario que publicará al año siguiente. Más débil es la muestra de teatro con dos obras de un único acto que parecen tener en común la ilusión del sueño o la aproximación a lo onírico.

“El número uruguayo es muy bueno”, había afirmado Fernández Retamar en enero de 1966, cuando todavía distaba una configuración definitiva de la Muestra. Debemos creer en su sinceridad. Numerosas otras muestras de carácter nacional se dieron a conocer en las páginas de la revista Casa de las Américas por esos años. La valoración debía surgir pues, de la comparación con las demás.

En el número 1337 del semanario Marcha, del 13 de enero de 1967, se informa: “El último número de la revista de la Casa de las Américas tiene una doble significación para nosotros, primero porque viene dedicada a la nueva literatura uruguaya, segundo porque este número realizado impecablemente (quince colaboraciones especiales con ilustraciones de artistas compatriotas) tiene carácter de homenaje a nuestro país.” Sigue luego gran parte de la transcripción de la introducción que la Revista hace de la muestra (excluyendo el nombre de José Pedro Díaz) y finalmente se valora: “Que sepamos es la primera vez que en el extranjero se edita una revista dedicada especialmente a nuestra literatura, y más allá del homenaje explícito que mucho agradecemos, el ejemplar es, como de costumbre, excelente, reiterándonos en la convicción militante de la unidad cultural de América Latina.”

Más allá de lo anterior, en Uruguay la Muestra pasó práctica e inmerecidamente desapercibida y así quedó para la posteridad. Recuperarla hoy significa rescatar su papel como centro de una fructífera relación entre dos grandes intelectuales de nuestra América, entre José Pedro Díaz y Roberto Fernández Retamar, relación que se prolongaría en el tiempo a pesar de las circunstancias históricas que medraron en su contra (el aislamiento internacional a Cuba, los años de dictadura en Uruguay). En 1985, tras la apertura democrática, Fernández Retamar, junto a su compatriota, el escritor Abel Prieto, visitó la Feria del Libro en Montevideo, ocasión en que nuevamente se encontró con Díaz. Consecuencia de ello, al año siguiente, José Pedro Díaz, acompañado ahora de Amanda Berenguer, retornó a Cuba para ser otra vez jurado de Casa de las Américas, como lo había sido veintidós años antes.

También es importante señalar el acercamiento momentáneo, a nivel epistolar, que se produce con Mario Benedetti, más allá del intercambio que pudo haber surgido entre ambos en la redacción del semanario Marcha. Tal es lo que se desprende del rol intermediador que a Benedetti, por su posición geográfica, le cupo durante el proceso de elaboración.

La Muestra reunió, probablemente por única vez, a casi todos los integrantes del 45y otras señeras figuras en una revista internacional, con la importante excepción de Ángel Rama, en ese momento a cargo de la cátedra de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias, de la dirección de la Revista Iberoamericana de Literatura y de las páginas literarias de Marcha. “Una selección muy representativa”, fue la opinión de Mario Benedetti cuando conoció quienes la integraban. En ese sentido, se ratificaba a nivel internacional lo que ya era visible en Marcha y el plano nacional, por lo menos desde la disolución de la revista Número: la superación de una fractura histórica, que los dividiera y  distanciara durante mucho tiempo, y la apertura de otra, donde Emir Rodríguez Monegal desaparecía de la escena local. Sin proponérselo, juntos todos en Casa de las Américas, la Muestra dejaba en claro la soledad en ese momento de Rodríguez Monegal en la dirección de la revista Mundo Nuevo: la única participación de uruguayos con la que contará en los primeros números de la revista será la de Juana de Ibarbourou  y la de Homero Alsina Thevenet.[42]

Finalmente, la Muestra y todo el intercambio epistolar que acompañó su proceso de elaboración, brinda referencias del trabajo de recuperación de la obra de Felisberto Hernández así como de la polémica continental sobre el compromiso en la literatura y sobre las vicisitudes de la Revolución Cubana.

BIBLIOGRAFÍA

ALZUGARAT, Alfredo. “Los años ’60: literatura y sociedad en crisis”, en Revista de la Biblioteca Nacional, Época 3, Año 1, Nº 3, Montevideo, 2009.

ARCHIVO JOSÉ PEDRO DÍAZ – AMANDA BERENGUER, Biblioteca Nacional.

BENEDETTI, Mario. Literatura uruguaya siglo XX. Montevideo: Seix Barral, 1997.

Casa. Folleto de Casa de las Américas, La Habana, Cuba.

MUDROVIC, María E. “La compleja historia de una revista”, en El País Cultural Nº 207, Montevideo, setiembre de 1993.

RAMA, Ángel. La generación crítica. Montevideo: Arca, 1972.

REAL DE AZÚA, Carlos. Tercera Posición, Nacionalismo Revolucionario y Tercer Mundo. Apéndice con textos de Arturo Ardao y Aldo Solari. Montevideo: Cámara de Representantes, ROU, 1997. Volumen III.

Revista Casa de las Américas

Revista Mundo Nuevo.

ROCCA, Pablo. 35 años en “Marcha” (Crítica y literatura en el semanario Marcha y en el Uruguay). Montevideo: División Cultura de la IMM, 1992.

                  -“El semanario Marcha, las revistas y las páginas literarias (1939 – 1964), en Historia de la literatura uruguaya contemporánea, T.I, (Heber Raviolo, Pablo Rocca coord.). Montevideo: Banda oriental, 1997.

Semanario Época.

Semanario Marcha.

SOLARI, Aldo. El tercerismo en el Uruguay. Montevideo: Alfa, 1965.

QUINTERO HERENCIA, Juan Carlos. “Palabras a los intelectuales: la geografía del líder”, en Papeles de Montevideo Nº 2, Montevideo, octubre 1997.

Referencias:

[1]Afirmaba Ruben Cotelo en su introducción que, si bien los cuentos seleccionados podían “defenderse solos como creación literaria” a la vez contribuían a identificar un país (Uruguay) y un tiempo de crisis.

[2]En los años siguientes, los sucesos de actualidad originarían otras tres antologías de menor importancia: Cuentos de la revolución (Montevideo: Girón, 1971), Narradores 72 (Montevideo: Biblioteca de Marcha, 1972) y Siete cuentos de hoy (Montevideo: Sandino, 1973).

[3] Todas las cartas y documentos que se citan pertenecen al Archivo Díaz – Berenguer, Biblioteca Nacional. En mayo de 2010 el poeta Roberto Fernández Retamar autorizó verbalmente la reproducción de cartas suyas pertenecientes a ese Archivo.

[4] Carta dirigida a Mario Benedetti. 6 de abril de 1966.

[5]Rocca, Pablo. 35 años en “Marcha” (Crítica y literatura en el semanario Marcha y en el Uruguay).

[6]Benedetti, Mario. Literatura uruguaya siglo XX.

[7] Folleto publicitario de Casa de las Américas, sin fecha.

[8]Rocca, P. Ob. cit.

[9] Real de Azúa, Carlos. Tercera Posición, Nacionalismo Revolucionario y Tercer Mundo. Apéndice con textos de Arturo Ardao y Aldo Solari.

[10] Este y otros subrayados pertenecen a los originales.

[11] “La Galatea” era el nombre que había recibido una minerva adquirida por el matrimonio Díaz – Berenguer en 1944. Allí editaron,  en cuidadas ediciones artesanales, libros de ambos y de otros autores hasta 1961.

[12] Mario Vargas Llosa se encontraba cumpliendo funciones en Radiodiffusion – Télévision Française, en París.

[13] Funcionaria asistente a la Dirección de la Revista.

[14] Sobre Felisberto Hernández, hasta ese momento, Díaz había publicado una reseña de La casa inundada, “Una bien cumplida carrera literaria”, en Marcha, Nº 1034, 11 de noviembre de 1960.

[15]José Pedro Díaz responde al telegrama que cursara Fernández Retamar. La llegada días después de la carta que le enviara el cubano en primer lugar (2 de abril)  motiva otra respuesta de Díaz el 27 de abril, en parecidos términos.

[16] “…estamos, por ahora sólo económicamente, cayendo en un precipicio…”, le cuenta Díaz a Mario Vargas Llosa el 10 de noviembre. La situación a la que se alude, apenas una pequeña muestra de lo que vendrá después, refiere a las medidas económicas adoptadas por el Banco de la República el 18 de octubre de 1965 ante una crisis bancaria, que afectaba, entre otras entidades, al Banco Comercial. Hay también, por esos días, una clausura temporal de El Popular y de Época.

[17] Alude a Partes de naufragios.

[18] Díaz refiere a la publicación en editorial Arca de Tierras de la memoria, de Hernández, que incluía como post facio el artículo “Felisberto Hernández: una conciencia que se rehúsa a la existencia” (págs. 77 – 128).

[19] Probablemente Díaz se refiera a las dos obras de teatro que enviará, “La valija”, de Mauricio Rosencof, y “Un cuervo en la madrugada”, de Carlos Maggi, las cuales ya habían sido publicadas años antes.

[20] De Mario Benedetti la revista Casa de las Américas publicará en el Nº 34 “No ha lugar” y “La trampa”, y en el Nº 38, “Habaneras”, todos poemas. El texto del que se hace mención, “Juntacadáveres: una nueva apertura”, a propósito de la novela de Juan Carlos Onetti, aparecerá en el mismo número donde se publica la muestra de literatura uruguaya pero aparte, en la sección Reseñas.

[21]La revista Número agrupó a los llamados “lúcidos” o “alacranes” de la Generación del 45: Emir Rodríguez Monegal, Manuel A. Claps, Idea Vilariño, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno. Entre 1949 y 1955 se publicaron 27 entregas. Entrado el año 1963 comenzó una segunda y efímera época que se extendió hasta el año siguiente a través de 4 entregas.

[22]El País, 24 de abril de 1964.

[23] En 1993 María E. Mudrovic probó la veracidad de las acusaciones contra la revista Mundo Nuevo. Ver “La compleja historia de una revista” (work in progress), enEl País Cultural (22/ 11/ 1993). Según esta fuente en 1966 el New York Times descubrió los lazos económicos que vinculaban al Congreso por la Libertad de la Cultura (creado en 1950) y la CIA. Dicha institución financiaba Cuadernos, dirigida por Germán Arciniegas. La falta de credibilidad de esta última revista obliga a que se la sustituya por Mundo Nuevo.En su carta del 29 de abril de 1966, dirigida a Díaz, Mario Benedetti había ya reparado en los vínculos del Congreso: “En el New York Times (edición de París, claro, pero ésta reproduce artículos de la edición neoyorquina) viene apareciendo una serie de notas sobre la CIA, que han sido redactadas por un equipo de periodistas integrado por Tom Wicker, John W. Finney, Max Frankwel y E. W. Kenwoethy. En la tercera de esas notas (cuyo recorte te adjunto) hay un párrafo que no tiene desperdicio acerca de las relaciones entre la CIA y el Congreso por la Libertad de la Cultura.”

[24] La primera carta de Fernández Retamar a E. Rodríguez Monegal le llegó a Díaz el 6 de diciembre de 1965. En ella el poeta cubano señalaba: “José Pedro: Esta carta habla por sí sola. Te ruego que la enseñes a Ángel –y a quien quieras.” Como posdata se establecía: “Como este asunto interesa a nuestros amigos del continente, les comunicaré esta decisión a varios de ellos.” La carta será publicada en Marcha el 11 de marzo (Nº 1295, pág. 29) en la sección “Cartas vistas”, donde se informa la coincidencia de la dirección del semanario con lo que en ella se expresaba. El número del 18 de marzo publicará la respuesta de Rodríguez Monegal y la contrarrespuesta de Fernández Retamar. El cruce de cartas fue publicado también en Bohemia (Cuba), La rosa blindada (Argentina) y Siempre (México).

[25] Circe Maia reside aún hoy en Tacuarembó, a más de cuatrocientos quilómetros de Montevideo.

[26] Nancy Bacelo (1931 – 2000), poeta, fundó la revista y editorial 7 Poetas hispanoamericanos, revista que reunió poesía y artes plásticas durante catorce números entre 1960 y 1965. No queda claro a qué libro de Circe Maia se refiere Benedetti. Maia había publicado Presencia diaria en 1964 en esa editorial y publicará en ella El puente en 1970.

[27]Es posible que se trate del caricaturista Juan David (1911 – 1981), Agregado Cultural de la Embajada de Cuba en Uruguay y luego Embajador Interino hasta la ruptura de relaciones entre ambos países en 1962.

[28] El poema referido es “El retrato en Praga”. Se conserva en el Archivo Díaz una versión manuscrita y otra dactilografiada.

[29]Se trata del dramaturgo mexicano Emilio Carballido, con quien Díaz tenía correspondencia por esos años.

[30] David Viñas, novelista argentino.

[31] Nicanor Parra, poeta chileno.

[32]Una vez más se refiere a la novela Partes de naufragios.

[33] Iniciales del poeta español Juan Ramón Jiménez.

[34] Véase carta de José Pedro Díaz del 9 de abril de 1965. Díaz y Vargas Llosa se conocieron en París  a principios de 1965. Según reconoce el propio Díaz, el peruano contribuyó de manera decisiva, a través de encuentros en un bar de la Place de la Sorbonne y en otro bar cerca del Odeon, para que se lanzara a escribir Partes de naufragios. El 21 de marzo de ese año el Expreso de Lima publica la reseña de Mario Vargas Llosa a Los fuegos de San Telmo. Posteriormente el matrimonio Díaz – Berenguer fue invitado al casamiento del escritor peruano con Patricia Llosa Urquidi a efectuarse el 29 de mayo. El texto de Vargas Llosa sobre Los fuegos… fue traducido y utilizado como prólogo a las dos ediciones italianas con que cuenta la obra.

[35] Vargas Llosa llegó a Uruguay por primera vez en setiembre de 1966 con el cometido de realizar dos conferencias: una sobre Tirant le blanc y las novelas de caballerías y la otra sobre sus libros, La ciudad y los perros y La casa verde

[36] No sabemos a qué prensa se refiere Díaz en la carta o si hay un error en las fechas. El semanario Marcha, como puntualmente lo hace con cada número de la revista Casa de las Américas, da cuenta de la edición dedicada a la literatura uruguaya recién el 13 de enero de 1967, en el Nº 1337.

[37] Téngase en cuenta que la antología de Cotelo, publicada en Venezuela, aunque muy valiosa en su selección, como su nombre lo especifica, abarcaba solamente la narrativa.

[38] Carta del 6 de abril de 1966.

[39]Marcha Nº 1287.

[40]Marcha Nº 1336, 30 de diciembre.

[41]Maldoror Nº 5, tercer y cuarto trimestre de 1969.

[42]“Me alegra que la única colaboración uruguaya sea la de Juana de América, sobre todo porque me consta qué piensa realmente Emir de la poesía ibarbúrica”, dirá Mario Benedetti en una  carta dirigida a Díaz el 23 julio de 1966 desde París. Juana de Ibarbourou publicó en el Nº 2 de la revista Mundo Nuevo, de agosto de 1966, el poema “La noche”. En el Nº 6, de diciembre de ese año, le seguía Homero Alsina Thevenet, en la sección Cine, con “Un panorama de crisis”. Cabe agregar que Mundo Nuevo contó desde el primer número con una red de corresponsales en distintos países, siendo Benito Milla el correspondiente a Uruguay.

 

Lic. Alfredo Alzugarat
alvemasu@adinet.com.uy

Publicado, originalmente, en Lo que los Archivos cuentan Nº 2, , Biblioteca Nacional, 2013 - Montevideo, Uruguay

Enviado por el autor, para ser publicado en Letras - Uruguay, el 18 de junio de 2015

 

Ir a índice de Ensayo

Ir a índice de Alzugarat, Alfredo

Ir a página inicio

Ir a índice de autores