Pecado, de Laura Restrepo. Alfaguara, Montevideo, 2016. Distribuye Sudamericana. 347 págs - Reseña de Alfredo Alzugarat alvemasu@adinet.com.uy

El jardín de las delicias, creación del pintor Jheronimus Bosch a principios del siglo XVI, es una de las obras más extraordinarias y enigmáticas del arte universal. El denso y asombroso recorrido de su tríptico es capaz de sugerir toda clase de fantasías literarias. En 1999 el novelista alemán Peter Dempf, en El secreto de El Bosco, articula una compleja trama en torno al proceso de elaboración de la obra. El uruguayo Domingo Trujillo en El asalto al Jardín de las delicias (2015) pone en escena un grupo patriótico holandés que intenta recuperar el cuadro para su país. Ahora, para la experimentada escritora colombiana Laura Restrepo, la genial pintura, al conmemorarse los 500 años de su realización, resulta un eficaz disparador para Pecado, un conjunto de relatos que parten directamente del contenido de la tela de Bosch para abordar dramas y pasiones que resignifican el concepto del mal, sus límites y consecuencias.

En rigor, solo “Peccata mundi”, la narración que abre y cierra el libro, es la única que explora el contexto histórico más inmediato a la obra: el ascético mundo de Felipe II en El Escorial. Irina, la protagonista que debe escribir una tesis sobre el cuadro, concluye ante él que “el castigo es la otra cara del pecado; su reproducción exacta pero invertida”. Si placer y pecado son equivalentes, cabe preguntarse si placer y castigo son intercambiables. Esa es la clave sobre la que girarán los demás relatos de tiempos y latitudes distantes aunque siempre sujetos a esa misma reflexión. Relaciones prohibidas que incluyen incesto o adulterio; seres socialmente aborrecibles como el verdugo apodado La Viuda, o surgidos de los suburbios de cualquier capital latinoamericana donde la vida no vale nada, como el sicario adolescente el Arcángel, o Emma, la mujer que responde a la violencia machista descuartizando a su amado, son todos ellos intentos piadosos de comprender el alma humana, de descubrir la naturaleza última de sus acciones y las circunstancias que los acompañan. Contrasta con el contenido temático del libro la variedad de estilos, de recursos y de vocabulario que lo hacen posible, desde la apelación a un coro de tragedia griega o al pintoresco lunfardo de los arrabales, al uso de la primera persona, el reportaje y la crónica con guiños de leyenda.

La obra de El Bosco está presente en todos los textos, ya sea en una reproducción o al menos una mención, signo de su vigencia y ubicuidad. Restrepo se detiene con ingenio y lucidez en ese despliegue monumental de infierno y paraíso, en ese atiborrado escenario de placer y sufrimiento que brinda el tríptico del maestro de los Países Bajos, para recrearlo a su manera, brindándole de ese modo un magnífico homenaje

Alfredo Alzugarat
alvemasu@adinet.com.uy

Publicado, originalmente, en El País Cultural, 1 de diciembre de 2017

Autorizado por el autor

Ver, además:

 

Entrevista a Laura Restrepo, autora de "Pecado" › - “El mal no es externo, sino algo que carcome desde adentro”, por Silvina Friera - Página12 - Martes, 3 de mayo de 2016 c/videos

 

Laura Restrepo en Letras Uruguay

 

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