Rodolfo Walsh periodista
 

La búsqueda de la verdad
Alfredo Alzugarat 
alvemasu@adinet.com.uy

 

Hasta 1955 Rodolfo Walsh publicó en la revista argentina Leoplán notas sobre literatura. Ese año Perón es derrocado por la llamada Revolución Libertadora. El capitán de corbeta insurgente Eduardo Estivariz, amigo de su hermano, fallece en combate. Walsh decide homenajear su heroísmo incursionando por primera vez en el área del acontecer público. En el texto el joven periodista no oculta su emoción. Su verbo de arenga intenta contagiar a los lectores. Sus palabras procuran ajustarse fielmente a los hechos. Muy pronto esa búsqueda de la verdad le llevará a cambiar de signo su postura ideológica, afirmándolo en un camino que supo hacer amplio y generoso y del que no se apartaría jamás. 

La selección de artículos que ofrece ahora Ediciones de la Flor, de Buenos Aires, comienza en 1953 con una de las últimas notas exclusivas sobre literatura, reproduce el viraje temático que significó el año 1955 ampliando su arco de interés y se interna decididamente en el mejor tramo de su obra periodística, desde Operación Masacre hasta el último de sus textos, “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Son cincuenta trabajos que permiten conocer el perfil de un periodista comprometido con la realidad de su tiempo y el de un arquitecto de la palabra exacta, insustituible.

NACE EL NEW JOURNALISM.  “Yo también fui fusilado”, la trascripción íntegra de la odisea del joven obrero argentino Juan Carlos Livraga es uno de los puntos más altos de Operación Masacre, el libro con el que Rodolfo Walsh pretendió acceder al premio Pulitzer. No lo obtuvo. Inició sí un nuevo género donde los hechos son recreados sobre la base del testimonio directo del protagonista. La crónica pertenece a enero de 1957 y dos años después se publicaría la investigación total, seis años antes que Truman Capote lo hiciera con A sangre fría, obra que aún muchos consideran como precursora del “nuevo periodismo”. Es que resulta difícil adjudicar tal privilegio a un escritor situado en la periferia del mundo moderno. Más allá del discutido galardón, quizá importe más, a la luz de lo que será la posterior trayectoria de Walsh, la reflexión de Ángel Rama: “La investigación del crimen personal continúa con la investigación del crimen social y la búsqueda de la justicia se amplificará hasta abarcar a la sociedad entera”. Se animará a afianzar el género con  Quién mató a Rosendo (1969) y con el Caso Satanowsky (1973, sobre investigación efectuada en 1958). (Se reproduce un capítulo de cada libro).

Para Walsh el año 1959 irá aún más allá de Operación Masacre. Abandonará el seudónimo de Daniel Hernández, con que daba a conocer muchas de sus notas culturales, y marchará a Cuba donde apoyará el flamante proceso revolucionario con la fundación de la agencia de noticias Prensa Latina junto a José Masetti y Rogelio García Lupo. Conocida es, en este período, su nota “Guatemala, una diplomacia de rodillas”, donde colabora con los servicios de inteligencia descifrando mensajes criptográficos conducentes a una invasión militar a la isla.

LA ARGENTINA PROFUNDA. De vuelta a su país, Walsh inicia una de las etapas más ricas de su producción, fundamentalmente con destino a la revista Panorama.  Son diez notas en total que constituyen intrépidas excursiones de antropología orientadas a desentrañar la vida cotidiana en rincones ignorados de su país, en el lugar de los hechos y junto a protagonistas de una cultura de supervivencia. Acompañado del fotógrafo Pablo Alonso revela las intimidades del carnaval de Corrientes y participa en la travesía del tren más lento del mundo, visita en la selva chaqueña una isla habitada por leprosos y se asombra con el culto popular a San Muerte; hurga la realidad de los yerbatales, de los isleños del Delta del Paraná y de los pobladores de los esteros de Iberá, los mayores del mundo, con más de 7.000 kilómetros cuadrados de superficie; interroga el recuerdo que de Horacio Quiroga aún permanecía en la gente de la provincia de Misiones y descubre los pueblos fantasmas que surgen tras el quiebre de la industria del tanino. Son artículos extensos, puntillosos, donde su voz se alterna con la de los numerosos entrevistados entre cascadas de cifras, fechas y nombres. Los datos económicos y las condiciones de trabajo centran su punto de interés.

Con igual audacia emprenderá más tarde similar tarea en plena urbe de Buenos Aires divulgando labores demasiado importantes como para no ser conocidas al detalle: la faena de ganado en los frigoríficos, las proezas de los prácticos del puerto, el monitoreo  de la electricidad pública. Su prosa es decantada una y otra vez, esmerilada con la dedicación y paciencia de un orfebre. A modo de ejemplo, “para la nota sobre luz eléctrica (“La luz nuestra de cada noche”, revista Siete Días, 1970,) invertí 60 páginas de apuntes y transcripciones, unas 30 páginas de borradores y 20 páginas de original, es decir un total de 110 carillas dactilografiadas. Realicé unas 6 horas de grabación. Invertí un total de 87 horas de trabajo, repartidas en 13 días, o sea casi 7 horas diarias”, confesó el autor.

EL ÚLTIMO WALSH.  El campo del intelectual es, por definición, la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra, escribió en el Mensaje al Pueblo de la Confederación General de Trabajadores de la Argentina el 1º de mayo de 1968. Hasta el extremo final será consecuente con esas afirmaciones. El último Walsh es el del periodista de trinchera, el militante, el clandestino.

Ese mismo año funda el Semanario de la CGT – A y denuncia la corrupción sindical de los seguidores de Vandor y en una serie de notas titulada “La secta de la picana” desenmascara la represión policial, prefigurando en su diatriba los escuadrones paramilitares que asolarían Argentina pocos años después.

En 1970 milita en las Fuerzas Armadas Peronistas a la vez que vuelca su atención en la política internacional. Estará en la campaña electoral que culmina con el triunfo de Salvador Allende en Chile y junto al general Torres en Bolivia, pormenorizando los primeros días de su gobierno.  Incorporado a los Montoneros en 1973 participa del diario Noticias, órgano de difusión de este grupo guerrillero durante los gobiernos de Cámpora y Perón, encargándose de la Sección Policiales. Allí escribe, tras ser enviado a Medio Oriente, “El sionismo, el Estado israelí y la lucha del pueblo palestino”,  una reseña de valor histórico, que recorre el conflicto desde sus orígenes paso a paso, citando fuentes de ambos bandos y pronunciándose decididamente a favor de la causa árabe.

Clausurado Noticias tras la muerte de Perón, Walsh despliega dos mecanismos de sustitución: la  Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) y su prolongación, la Cadena Informativa. Escribe desde el anonimato y el nomadismo. Son informes mimeografiados, distribuidos por correo o mano a mano, desesperados intentos por erosionar la avalancha de destrucción que lo rodea. Se debe a su amigo Horacio Verbitsky la conservación de estos papeles y su difusión póstuma en Rodolfo Walsh y la prensa clandestina (1985).

A partir de 1976 Walsh discrepa repetidas veces con la dirección de Montoneros. Inútiles son sus esfuerzos para hacer entender que ante un enemigo mucho más poderoso, la persistencia en la lucha armada es un error. Finalmente se retira, compra una casa en San Vicente y se hace pasar por un profesor de inglés jubilado. Allí comienza a armar el esquema de una nota que daría a conocer en la conmemoración del primer aniversario de la dictadura. Confía plenamente en su talento y en la fuerza de la palabra escrita. La imagina como un golpe demoledor, incontestable. El 24 de marzo de 1977 se la distribuyó clandestinamente  con el título “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”, concluía. De obra maestra del periodismo mundial la calificaría Gabriel García Márquez. Walsh morirá al día siguiente, acribillado por un comando de la Escuela Mecánica de la Armada.

EL VIOLENTO OFICIO DE ESCRIBIR. Obra periodística (1953 – 1977) de Rodolfo Walsh. Prólogo de Rogelio García Lupo. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2008. Distribuye Gussi. 446 págs.

Fuentes: Se consultaron artículos de El País Cultural sobre Rodolfo Walsh  del 10 de marzo de 1995, 14 de junio de 1996 y 10 de marzo de 2000.

 

Rodolfo Walsh - Carta abierta de un escritor a la Junta Militar

 

Documenta - Rodolfo Walsh

 

Alfredo Alzugarat
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Publicado, originalmente, en El País Cultural Nº 983, 12 de septiembre de 2008

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