Religiones afro-indígenas en América
El origen de la fe
Pablo Alfano

LA UMBANDA es un culto de corte sincretista, una especie de cocktail místico, a base de religión africana, mezclada más tarde con catolicismo popular, cultos indígenas brasileños, el espiritismo de Allan Kardec y ocultismo europeo.

Desde mediados del siglo XVI comenzaron a llegar los primeros negros esclavos capturados en las costas de África y vendidos en América para desempeñar tareas domésticas y de campo. La mayoría eran desembarcados en la ciudad de Bahía y luego enviados a otras partes del Brasil.

Escena pueblerina brasileña; litografía de Deroi según dibujo de J.M. Rugendas, 1835.

Los negros esclavos de las distintas naciones nagós o yorubás, bantús o yeyés, trajeron consigo su música, sus costumbres y por supuesto su religión. Creían en una divinidad suprema llamada Olorum y en muchos intermediarios llamados Orixás. Los que compraban a estos esclavos se comprometían a adoctrinarlos en la fe cristiana, pero el desconocimiento de los distintos dialectos africanos y el ocultamiento de imágenes y cultos impidió a la Iglesia una auténtica evangelización. Una muestra de ello es que los esclavos eran todos bautizados en la fe, pero aceptaban el catolicismo sin abandonar su milenaria religión traída de África. Al mismo tiempo los negros protegieron sus rituales africanos, utilizando imágenes de santos católicos para representar a sus propias divinidades, identificando a los santos con los Orixás y a los demonios con los Exús.

La evolución. A fines del siglo XVIII y principios del XIX, se unificaron varios cultos africanos en la ciudad de Bahía, dando nacimiento al Candomblé.

En el siglo XIX la religión afro-brasileña-católica experimentó una fuerte influencia religiosa de los indígenas, de tal manera que las divinidades africanas encontraron sus equivalentes en las indígenas llamándolas Caboclos. Fue entonces que en estos cultos aparecieron juntas las imágenes de santos católicos, las divinidades africanas y las indígenas como Tupí Nambá y el Caboclo Sete Frechas.

A todo esto se suma la llegada al Brasil en 1863 del espiritismo de Allan Kardec, que aportó la creencia en la mediumnidad, es decir, la posibilidad de que los vivos entren en contacto con los espíritus de los muertos. Del espiritismo también adoptaron la creencia en la reencarnación del alma, en sucesivas vidas terrenales, la ley de causa y efecto (el Karma Hindú), y el énfasis en la caridad y el consejo.

A principios de siglo comenzaron a diferenciarse la Umbanda y la Quimbanda, asociándose la primera a la magia blanca y la última a la magia negra. De su contacto con el ocultismo y esoterismo europeo adoptó los "baños de descarga" y los "santiguados" para diversas finalidades.

Desde la década del 70 la Umbanda se ha ido distanciando cada vez más de los cultos africanos y después de haberse aproximado al espiritismo, se ha ido acercando al catolicismo popular, con el cual siente gran afinidad, agregando a sus sesiones elementos del ritual católico como imágenes, velas, campanillas, estableciendo también bautismos y casamientos.

Hoy día, bajo el nombre de Umbanda hay más de treinta millones de fieles en Brasil. En sus impactantes "sesiones" los médiums dotados de una sensibilidad paranormal entran en trance y actúan como si una entidad extraña utilizase su cuerpo, su voz y su energía.

La Umbanda y demás cultos afro-indígenas nuclean en Uruguay a más de 300.000 personas que la practican sin contar los que simplemente concurren a sus "sesiones" en alguno de los casi 2.000 "terreiros" (templos) que existen actualmente.

Las personas que concurren a los templos buscan ayuda para dolencias causadas por espíritus maléficos, hechizos o faltas cometidas en una vida anterior (ya que creen en la reencarnación), así como también por trabajos, salud, dinero o amor, utilizando defumadores, baños de hierbas, pases fluídicos, agua magnetizada y adivinación por medio de los "Buzios" (caracoles). 

UNO DE los grupos religiosos que se están asentando con naturalidad y fuerza en Uruguay es la Umbanda, y con ella un sin fin de cultos afro-indígenas como el Candomblé, el Batuque y la Quimbanda. En la última fiesta de Iemanjá (o Yemanjá), realizada como to­dos los años el 2 de febrero, decenas de miles de personas, algunos creyentes, otros curiosos, se allegaron a las costas de todo el país para rendir culto a la Virgen del Mar. Año a año el número de fieles o de simples seguidores de estos cultos crece; una de las razones es el progresivo descreimiento en las religiones predominantes. Otra de las razones "es que estos cultos prometen soluciones rápidas a problemas concretos, sin detenerse a meditar mucho en sustentos filosóficos como es característico de algunas religiones y cultos" explica el Babalorixá (sinónimo de Pae de Santo) Armando Ayala Omo' Oguián, autor del reciente libro titulado "Iemanjá". Ya es moneda corriente ver en las diferentes playas de Uruguay a los medios de comunicación entrevistando a los líderes más conocidos del Umbandisme. . El mes de febrero fue muy especial para aquellos que profesan o simpatizan con esta religión porque además de ser el mes de Iemanjá, se levantó el primer monumento a esta divinidad en Uruguay, con las consabidas críticas que el fenómeno suscitó entre colectividades religiosas contrarias.

Estatua venerada

En Playa Ramírez. El escenario más apropiado para la consagración del culto a Iemanjá es el mar, ya que además de ser "la Madre de todos los Orixás" (Madre de todos los Dioses), es la Virgen del Mar. Su verdadero nombre es Iemojá en el dialecto africano Yorubá; luego por deformación del portugués pasa a llamarse Iemanjá o Yemanjá. Este término traducido al español significa "Madre cuyo hijo es el Pez". Cuenta la leyenda que Iemanjá, símbolo de fecundidad y abundancia se aparecía ante los pescadores nigerianos "ancha de caderas, de vientre prominente, y sus senos le llegaban hasta las rodillas".

En Uruguay, una de las playas tradiciona­les, con más historia y poseedora de un misticismo particular para los Umbandistas es la Ramírez.

Al caer la tarde la playa comienza a vestirse de fiesta, una fiesta de color y ritmo, pero también de devoción y entrega espiritual. Los "Paes de Santo" (Padres de Santo) e "hijos de religión" llegados desde distintos puntos del país, van ataviados con sus vestimentas litúrgicas, en su mayoría de color blanco, si bien también hay devotos vestidos con colores negros y rojos, celestes y amarillos, aunque esto es minoritario. La vestimenta ritual varía según la línea de religión (las más conocidas son Umbanda, Quimbanda, Batuque y Candomblé).

Ya es de noche. Sobre la arena se pueden apreciar desde lejos, infinidad de pequeños hoyos, hechos a mano por los concurrentes, con velas celestes o blancas en su interior, encendidas en señal de fe hacia la Virgen, iluminando toda la playa y haciendo de ella un espectáculo para la vista.

El aroma predominante es una extraña pero agradable combinación de velas, flores, perfumes, inciensos y el salitre del mar. El sonido constante de las olas se mezcla con el de los tambores y cantos consagrados a la madre de todos los Orixás (divinidades).

Entre los religiosos agrupados en rondas se pueden ver barcos confeccionados con espuma-plast cargados de elementos rituales como velas, guías (collares de cuentas de colores con los colores característicos de cada Orixá), frutas como el ananá, y la sandía, botellas de sidra, joyas de fantasía e incluso fotos o pertenencias de personas que necesiten la ayuda de esta divinidad. Los barcos son lanzados al mar mediante un elaborado ritual; dice la leyenda que si las ofrendas no regresan a la orilla, Iemanjá las aceptó.

La ceremonia ritual continúa y los "Paes" caen en trances mediúmnicos, es decir se conectan con la divinidad o alguno de sus intermediarios. Los tambores bajan el repi­que. La gente se acerca a los religiosos para recibir ya no de la persona, sino de la divinidad actuando dentro de ella, una bendición, la "sanación" (curación) de alguna enfermedad que le aqueja, saber qué le deparará el destino o recibir las conocidas "descargas" de energía negativa.

Un Personaje Místico . Entre los cánticos, las "rezas" (los rezos), los tambores y el gentío se deja ver una figura ataviada con una larga camisola y unos "bombachudos", todo de un color blanco por demás pulcro. Una exagerada barba negra hace contraste con los blancos de su rostro. Sus ojos son redondos, chicos y denotan sabiduría y paz interior. Un halo de misticismo envuelve todo su andar. Tras conceder la entrevista hace una reverencia al mar diciendo: "Es para despedirme de Iemanjá".

Su nombre es Marcos Torres, su nombre de religión es Ifa Ona, que significa "camino de Ifá". Se inició en el camino de Ifá hace unos diez años de la mano de un Babalao cubano (el término Babalao es el sinónimo de Pae do Santo en la línea de Ifa). Al ser interrogado sobre las diferencias entre Umbanda, Quimbanda, Batuque y Candomblé explica con un leve acento centroamericano: "Umbanda y Quimbanda se diferencian de Batuque y Candomblé en que estas últimas llevan una elaborada consagración al Orixá (personificación de la divinidad), que va a estar asentada en la cabeza del "hijo de religión", que es su Orixá de cabeza, o sea su guía espiritual rector".

La Umbanda y Quimbanda tienen un ritual de iniciación diferente, por consiguiente la forma de determinar cuál es la entidad rectora b guía de la persona es distinta que en los cultos llamados de Orixá (como lo son el Batuque y el Candomblé). "La Umbanda y Quimbanda es una elaboración cultural y religiosa mucho más brasileña en su contenido y presentación, mientras que el Batuque y el Candomblé son mucho más africanos en su base y fundamento, por más que las cuatro líneas de religión tengan muchos puntos en común de adaptación al nuevo medio en el que se desarrollaron", explica el Babalao.

Pasada la medianoche los tambores siguen sonando con la misma fuerza que al caer la tarde. Los religiosos siguen su "sesión" de culto con la misma alegría. Esto muestra que si bien hay charlatanes y estafadores en estos temas, también hay quienes se entregan por completo a su religión.

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