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La soberanía del neologismo crónica de Jorge Albistur Según lo han contado muchas veces quienes fueron sus amigos, Líber Falco era especialmente reacio a cambiar una palabra luego de haberla elegido para alguna de sus composiciones. Tenía, en esto, una terquedad humilde y —como no estaba en su modalidad la defensa arrogante de su propio criterio— a las observaciones solía oponer la concesión aparente de un dubitativo "¿Te parece, che?” Y después, todo quedaba como en la versión primera. O, mejor: como en la que Falco terminaba por considerar definitiva, cosa que a menudo ocurría después de un tiempo relativamente prolongado de vacilaciones, titubeos y maduración. A su manera, pues, y aunque su cultura no fuese de las más acendradas. Falco tenía con el lenguaje esa relación lúcida que asoma en todos los creadores y por la cual se ha dicho que. en cualquier verdadero poeta, casi todas las palabras se han convertido en otros tantos neologismos. La lectura de "Tiempo y tiempo” confirmaría, página a página, el cuidado en la construcción de cada uno de los versos: una luz de mediodía que aparece menos espléndida, quizá, por la modestia de los elementos mismos a partir de los cuales fraguan metáforas, ritmos, y aquellas interrogaciones que encierran tanto silencio y están por todas partes en la poesía de Falco, con su latente potencial de lirismo. Cualquier montevideano que tenga algunos años, y recuerde cómo trepaban los trenes por los repechos que algo más atrás fueron suaves cuchillas, reconocerá en estos versos una imagen que gana, por los ojos y oídos, todos los espacios de la evocación: “Zumba de pronto un tranvía / Zumba que zumba en la vía. / Sube la cuesta de una calle/ se balancea. zumba, cabecea/ y cae/ y sube/ ya fuera de la vía, sube/ un tranvía." Resulta ocioso destacar los estudiados encabalgamientos que encrespan estos versos, el tan significativo orden de las pausas, pautadas por las comas, y ese hamacarse de los viejos fierros que tan bien subrayan los verbos “se balancea" y "cabecea", con esa igualdad fónica que apoya aun mejor la aproximación de los significados. Es difícil crear, naturalmente, que sea impremeditado el verso más largo y de lectura más trabajosa. a fuerza de acentos uniformemente distribuidos: "Sube la cuesta de una calle”. Al menos en nuestra infancia, los tranvías tenían ya el corazón cansado, y hacían la subida casi sin aliento. Si se aceptan estas consideraciones, resultará poco creíble que sea fortuito, casual e indeliberado —precisamente— un verso en el que nadie deja de ver una extraña ocurrencia idiomática, cuyo efecto un tanto desconcertante no debió escapar al propio Líber Falco. Se trata de aquel verso "Fuera locura pero hoy lo haría", con el cual se inicia una de sus composiciones más conocidas. Tan familiar se ha hecho este poema, que es bien posible pasar sin una transcripción completa. Cualquier lector recuerda que es el poema en que estalla el amor reprimido y en el cual —gracias a un mono azul— el poeta trasformaría a los árboles en otros tantos niños, porque quiere tomar a la infancia al mundo todo. "Hoy lo haría", dice Liber Falco, y en ese "hoy" cuya magia se sabe sin duración posible, sólo en ese hoy —parece confesar el poema casi con vergüenza— cabe arriesgar la audacia del sueno realizado. Pero, y volviendo ahora a las singularidades del lenguaje poético, el tiempo verbal que abre esta composición es inusual y sorprendente: "Fuera locura pero hoy lo haría”. El sentido idiomático advierte de inmediato que, allí donde Falco usa un imperfecto del subjuntivo, seria más corriente encontrar la forma condicional. “Seria una locura, pero hoy haría tal o cual cosa": ésta es la expresión normal, o por lo menos la que se oye con mayor frecuencia. Que Liber no hubiese comprendido la infracción a nuestros hábitos expresivos seria, por lo menos, un descuido llamativo, y todo induce a pensar más bien en este "fuera" como una opción perfectamente fundada. Claro está que todo lo demás que pueda decirse cae en el reino de lo problemático y conjetural, que es el de las afirmaciones sobre cualquier cosa que importe en poesía, pero es probablemente cierto que "fuera locura" aleja la posibilidad mucho más que el simple condicional. La magia del "hoy" aparece así también mucho más frágil y, sobre todo, menos inminente. Porque si algo rompe los ojos, es que ese “hoy" brilla como un fogonazo La composición se cierra con las mismas palabras del verso inicial, sólo que dispuestas ahora en dos versos distintos, y separados además por una coma: "Fuera locura,/ pero hoy lo haría". La pausa, y la desaparición de aquellos dos puntos que introducían triunfalmente la posibilidad del júbilo, han cambiado el tono y la temperatura expresiva de las palabras, que sin embargo son las mismas. ¿Y alguien puede creer que es azaroso este juego de altas y bajas, que va desde la euforia a un oscuro desánimo? |
por Jorge Albistur
Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 12 al 18 de julio de 1986 - Año VII - N 377
La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
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Jorge Albistur en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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