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Apuntes para una historia de la crítica uruguaya (1968 y 1988) |
| En el presente articulo no se incluyen referencias a la producción crítica de quien esto escribe. A otros corresponde su descripción y eventual valoración. |
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1. Uruguay: país de críticos |
| La tradición crítica del Uruguay se remonta al siglo XIX con figuras como las de Francisco Bauzá, José Enrique Rodó y régime Pérez Petit; luego, en el presente siglo, se continúa entre otros con Carlos Roxlo, Hugo Barbagelata y Alberto Zum
Felde(1). Más cerca de nosotros, y pasados los fastos del Centenario de 1930 cuando bajo la dirección de Carlos Reyles se intentó realizar el balance de la literatura nacional, nos encontramos con lo que Ángel Rama llamó la irrupción de la "Generación crítica" y otros la Generación del 45. Son estos críticos los que dominaron la producción intelectual de los años sesenta y los que ahora algunos jóvenes y otros no tanto parecerían intentar ya revisar, ya cuestionar. A la tradición crítica secular se agrega el hecho de la proliferación actual de aquellos que, en sus diversas formas, cultivan el "ejercicio del criterio", proponen interpretaciones para los signos de la imaginación cultural o hurgan en los folios y bibliotecas para explicar los fenómenos literarios. Entre ellos están los que pertenecieron a "la generación crítica", como la llamó con acierto Ángel Rama, y los que pertenecen a las generaciones o promociones de la dictadura y de la nueva democracia. Es posible, sobre todo por la cercanía en el tiempo de quien esto escribe, que la explicación del casi centenar de críticos que una lista no exhaustiva ofrece al revisar las últimas dos décadas de producción crítica uruguaya(2), radique no sólo en la falta de distancia o en el enumerar sin jerarquizar sino también en el prestigio de esta tradición discursiva entre los uruguayos. La descripción de la crítica uruguaya en los últimos veinte años no es tarea sencilla, no sólo por el crecido número de sus practicantes como por la diversidad de formalizaciones que entran o parecen entrar en esa denominación genérica de crítica(3). Ya que en dicha denominación parecen entrar tanto los trabajos de investigación de corte académico, los de divulgación docente como las reseñas periodísticas y el llamado periodismo cultural. El corpus de dicho discurso, el englobado por "la crítica uruguaya", presupondría distintas formalizaciones(4). Por otra parte, la diáspora de la sociedad uruguaya, la cual tiene más de un origen, agrega otros factores al problema de esa designación "crítica uruguaya". Me refiero a la diáspora que ha vivido y en parte vive la sociedad y la cultura uruguaya desde finales de la década del sesenta. Diáspora que tiene más de un origen pues no todos los uruguayos que andan por el mundo son o fueron exiliados políticos. Algunos dejaron el país por razones personales o en busca de horizontes culturales y vitales que el país no les brindaba, otros por razones económicas y otros, por razones políticas. Este hecho es fundamental para el conjunto de la sociedad uruguaya; algunos estudiosos estiman que, en las últimas dos décadas, entre un diez y un doce por ciento de la población oriental vive en el exterior, y aún otros señalan que un veinticinco por ciento de la población residente en el país ha tenido por lo menos una experiencia laboral en el extranjero. La migración uruguaya no es, sin embargo, un fenómeno insólito en la historia del país pero nunca había alcanzado la importancia actual. Tampoco es nuevo el hecho de que los críticos uruguayos residan en el extranjero, en ese sentido el caso de Hugo Barbagelata residiendo en París la primera mitad del siglo XX es suficiente ilustración. Incluso podrían señalarse otros casos si no de críticos estrictos de intelectuales, como Arturo Despouey, Casal, Carlos Gurméndez y muchos otros. Los primeros críticos uruguayos en dejar el país, en relación al período que nos interesa, fueron Emir Rodríguez Monegal y Ángel Rama aunque por el mismo tiempo Martha Canfield, Roberto Echavarren y Hugo Verani salían o habían salido: luego del golpe de estado de 1973 el número se acrecentará. Señalar la diáspora de parte de la crítica uruguaya es un modo de plantear aunque no de explicar la dificultad que se presenta al intentar dar cuenta de ella(5). ¿Cuál crítica estudiar, entonces, bajo el rótulo "La crítica uruguaya entre 1968 y 1988" ¿Cómo constituir el corpus? Una solución sería sólo tomar en cuenta aquellos que realizaron crítica académica. Otra, dejar fuera los que no viven o no han vivido en el país(6). Es evidente por lo que hemos venido desarrollando que ninguna de estas soluciones es buena y que para estudiar "un país de críticos" no se puede ignorar sus diversas formas dc expresión. Más aún tanto el hecho de que parte de la crítica uruguaya se realice en el territorio nacional y parte fuera, como el que existan espacios formales e informales, institucionales o no, académicos o no de ejercicio de esta labor es indicador, y a la vez expresión, de muchas de las características de la crítica uruguaya en el período aquí considerado. Después de todo esta actividad intelectual como toda producción simbólica no es ajena a su situación de enunciación. A los efectos de este trabajo(7) sólo es posible ocuparnos, más que de algunos trabajos, de líneas generales y etapas del discurso critico de modo de permitir dar una imagen general de este complejo corpus. De algunas líneas y etapas, precisamos, y no de la obra total o parcial de algunos críticos(8). El mismo fracaso globalizador del intento y la reducción a unos "primeros apuntes" es revelador de la dificultad de la tarea y de los limites del presente trabajo. |
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II. El discurso crítico. Apuntes para una historia |
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2.1. Problemas de periodización |
| El Uruguay anterior a 1968 es hoy discutida historia pero historia de todos
modos(9) .Año bisagra, año símbolo:1968 pertenece ya indudablemente al mito. Es en ese año que las tensiones sociales y políticas, en medio de la crisis general del modelo económico en curso desde la década anterior, conocen un agudizamiento particular y es en ese año que comienza a ser notorio el creciente autoritarismo del gobierno, precursor de los hechos de inicios de la década siguiente y del golpe de estado cívico-militar de 1973. Entre 1968 y 1973 (o 74) son derrotado o casi desarticulados la guerrilla, el movimiento sindical y estudiantil y la mayoría de los partidos políticos. El país cultural, sin embargo, no es desmontado con el mismo cronograma. Si bien la censura, la clausura de periódicos, la reglamentación de la enseñanza, la destitución de los cuadros docentes y la migración de muchos cuadros culturales es permanente durante todo el período 68-73; con posterioridad al golpe hay todavía elecciones universitarias que son ganadas por la oposición democrática y algunos semanarios e instituciones culturales contrarias al régimen militar sobreviven un corto tiempo más. En realidad, el desmontaje total del Uruguay anterior por parte del nuevo régimen termina de procesarse entre 1974 y 1976. Para el final de ese plazo el país, en todos sus aspectos, está bajo el control de la dictadura cívico-militar y permanecerá, sin mayores variantes, hasta cuando, luego del desgranamiento del período final, en marzo de 1985 se vuelva a la democracia. Es cierto, sin embargo, que el decenio 1975-1985 no es monolítico y que tanto a nivel político como económico y cultural se pueden y deben distinguir distintas etapas. Así, la resistencia a la dictadura buscará y pautará el periodo con manifestaciones de particular importancia entre las que sobresale el plebiscito del año 80. En lo que hace a la crítica uruguaya el período muestra distintos comportamientos adentro y fuera de fronteras. En el país, es la crítica periodística la que permite durante este período, en algunos casos, un espacio a la reflexión; por su parte la crítica universitaria o de nivel terciario se vuelve, en el mejor de los casos y cuando no es positivista o impresionista, tecnocrática empezando a acusar recibo de las corrientes estructuralistas y semióticas. En otro sentido, la elaboración de manuales, en especial para uso de estudiantes de enseñanza secundaria, ofrece la posibilidad a docentes y críticos sin otro medio de expresión o con dificultades económicas la vía de salida a una producción y a una reflexión que de otro modo hubiera sido imposible. Todo ello ocurre especialmente hacia la última parte del decenio y compartiendo el espacio con una estilística supérstite o con un impresionismo sin calificación técnica importante. En el extranjero, las exigencias propias a otros medios de producción(10) es decir, la vida universitaria y la esfera editorial o del periodismo cultural, favorece la redacción y edición de múltiples libros, revistas y artículos(11). En función de lo anterior parece claro que la periodización no debería ser la misma para quienes estaban fuera del país que para quienes permanecieron dentro. Y lo que es mucho más importante que las condiciones de producción del discurso crítico uruguayo entre 1968 y 1988 no serían uniformes aunque pudiera hablarse de un macro período signado por la dictadura. Más allá de la existencia innegable de dicho rnacro período resulta de particular importancia el hecho de que la crítica uruguaya presenta dos realidades diferentes. Aclarémoslo desde ya: esto no significa que estos dos discursos no presenten, en algunos casos, similitudes y que no puedan o no deban ser tratados conjuntamente. |
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2.2. Primera etapa: de los años sesenta al golpe |
| Para 1968 la llamada "generación crítica" o "generación del 45" era sino la "dueña" de la crítica uruguaya, el grupo hegemónico. Sus integrantes más notorios eran, en el ámbito critico, Mario Benedetti, Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal y Carlos Real de Azúa junto con otros no menos importantes como José Pedro Díaz, Domingo Bordoli, Arturo Sergio Visca, Roberto Ibáñez, Rubén Cotelo y Guido Castillo. Algunos de ellos eran o habían sido docentes de enseñanza secundaria o catedráticos universitarios, dirigían las páginas de opinión cultural más influyentes del país, las colecciones de ediciones críticas, algunas editoriales, escribían o habían escrito en las revistas culturales más importantes e integraban jurados. Aún más, estaban encarando dos empresas editoriales de especial trascendencia en la vida cultural del país: una historia literaria conocida como "Capítulo Oriental" y una "Enciclopedia uruguaya"
(12), ambas en fascículos y de distribución masiva. Habían logrado varios objetivos: controlar de hecho el mundo de la cultura oficial, no necesariamente identificable con la de los gobiernos de turno; comenzar a formar las generaciones más jóvenes; erradicar la concepción de la literatura vigente hasta finales de la década del 40 y, según ellos mismos reclamaron, abrir la cultura uruguaya a lo universal al tiempo que repensaron la vida nacional y, de hecho, introdujeron un rigor crítico e intelectual que los propuso como una "generación de críticos". Por otra parte, Rama, Real de Azúa y Rodríguez Monegal habían intentado sistematizar y analizar la producción ensayística y crítica en trabajos panorámicos. Algunos de ellos tenían en su haber uno o más libros críticos de importancia: Emir Rodríguez Monegal El viajero inmóvil, introducción a Pablo Neruda (1966) y su Literatura uruguaya del medio siglo (1966), Mario Benedetti su Literatura uruguaya: siglo XX (1969), Sobre artes y oficios (1968) y Letras del continente mestizo. Ángel Rama Los poetas modernistas en el mercado económico (1968) amén de los artículos y sobre todo de lo que ya estaba en proceso y habría de aparecer en los años inmediatamente siguientes. En 1969, además, Carlos Real de Azúa publicaba su Antología del ensayo uruguayo, texto fundador y de particular importancia para la cultura nacional. Para 1968, por último, habían empezado a surgir también algunos trabajos de críticos más jóvenes. Algunos de ellos todavía bajo la forma de reseñas o artículos periodísticos pero otros con libros primerizos. Si hubiera que organizar el discurso crítico uruguayo en función de las características más importantes del momento habría que señalar las siguientes: atención a lo latinoamericano, en particular a la nueva narrativa; crítica textual con creciente interés por los aportes de la lingüística pero todavía heredera de "la explicación de texto", de la estilística y de un biografismo cuasi psicoanalítico; atisbos de una atención a lo popular y formas no canónicas de la literatura; revisión de la tradición nacional con particular énfasis en el modernismo; revaloración de Felisberto Hernández; preocupación por la socio-crítica; intentos por sistematizar la investigación literaria; preocupación por la función social y cultural de la crítica y del critico, etc. Ninguno de estos críticos encarna todas y cada una de los rasgos o características mencionados pero en conjunto constituyen un "escenario" intelectual en el que la cultura nacional se desarrolló. En este sentido, habría que considerar los trabajos de Benedetti, Rama, Real de Azúa y Rodríguez Monegal, así como el libro de Idea Vilariño sobre el tango, para tener una imagen correcta de lo que fueron esos años. En este mismo sentido, "Capitulo Oriental" y la "Enciclopedia Uruguaya", por su importancia como ejemplo de los escasos intentos historiográficos del Uruguay contemporáneo, merecería, quizás, una atención particular e independiente(13). |
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2.3. La diáspora o la recepción del discurso de afuera en el Uruguay. De 1973-1988. |
| Sobre las condiciones generales de producción del discurso crítico uruguayo en "la diáspora", en particular el plazo iniciado con la dictadura, me remito a lo sostenido en otra oportunidad
(14) pues en este trabajo me interesa más un aspecto que podría ser vinculable a la recepción en el país de su labor crítica. En cuanto a la crítica realizada fuera del Uruguay habría que mencionarlos nombres de Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal. Ida Vitale
(15), Roberta Echavarren, Jorge Ruflinelli, Mabel Moraña, Hugo J. Verani, Martha Canfield entre muchos otros y sin embargo, esta afirmación, no es suficiente. Con lo anterior quedaría fuera la labor de Mario Benedetti o la de los uruguayos radicados en Francia y en muchos países latinoamericanos. La labor de la diáspora no fue ni es orgánica, nunca existió (fuera del sueño particular de algún crítico) el proyecto de darle coherencia o de coordinar la labor en el extranjero. A diferencia de críticos y académicos de otras nacionalidades latinoamericanas, pienso en primer lugar en el caso chileno y en una segunda instancia en los argentinos, nunca existieron foros nacionales o redes sistemáticas de conjugación de la labor crítica uruguaya. Esto mismo asociado a las condiciones de producción propias de cada quien y del lugar en que se encontraron (o encuentran) favoreció la determinación hegemónica de su trabajo crítico por el lugar de trabajo. Es cierto además que quienes tenían diferencias teóricas, políticas y estéticas en el país de origen no iban a diluirlas en la diáspora. El trabajo crítico uruguayo de la diáspora fue básicamente individual, salvo las escasas conexiones de algunos que confirman el caso general. Por otra parte, el salir del país favoreció en la casi totalidad la fusión de la patria chica en la patria grande latinoamericana a la vez que en otros afirmó el proyecto y la voluntad de ver la práctica literaria y crítica como una labor que no tenía especificidades nacionales sino universales. Muchos de ellos, tanto de los nombrados como de aquellos críticos de la diáspora imposibles de mencionar en este articulo, pensarán y rechazarán el intento presente de asimilarlos a ese vago objeto de estudio "crítica uruguaya de la diáspora". En todo caso, ese mismo eventual malestar por parte de algunos es una muestra de las condiciones que se intenta describir como propias de ese sector de la labor intelectual uruguaya en el período examinado. Y el malestar es válido pues cabe preguntarse ¿hasta cuándo la labor de estos individuos en la diáspora es parte de la cultura uruguaya? Sobre todo si se tiene en cuenta que, en muchos casos, su objeto de estudio no es nacional o mucho más importante si su producción no circula en el país y su pensamiento no dialoga con el proceso de la cultura uruguaya dentro de fronteras. Por otra parte, en más de un caso el interlocutor real o supuesto de la labor crítica de estos individuos va dejando paulatinamente de ser el ciudadano del Uruguay y su diálogo real va estableciéndose, de modo creciente, con un ciudadano internacional o con un sujeto de conocimiento sin mayores marcas nacionales. Es en ese sentido, quizás, que, para tratar el tema de los críticos uruguayos en la diáspora, habría que considerar sólo a aquellos cuya obra circula en el país. Estos son, ya terminada la dictadura, fundamentalmente Mario Benedetti, Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal aunque últimamente, sobre todo en los últimos años, habría que agregar a Roberto Echavarren, a Jorge Ruffinelli, a Mabel Moraña y posiblemente, por cierta y ocasional labor periodística, a Martha L. Canfield y a Edmundo Gómez Mango. Los tres primeros por diversas razones, a saber: Echavarren publica en Buenos Aires un libro sobre Felisberto Hernández más un par de artículos en las revistas de la Escuela freudiana (lacanlana) de Montevideo y de la Biblioteca Nacional; Rufilnelli por su labor anterior en MARCHA, la presenta en "Nuevo texto crítico" y algunos artículos en semanarios y mensuarios montevideanos y Moraña por haber publicado su último libro en Montevideo en la editorial Monte Sexto. El modo de presencia de esta generación más joven, ya en su madurez, en la cultura nacional es, sin embargo, diferente: su voz aunque atendida, valorada y respetada es la de quien está en condiciones privilegiadas de producción y ha "logrado zafar" del país. El caso de Rama y Rodríguez Monegal es sustancialmente diferente. Son las voces de los viejos maestros, a esta altura muertos, orgullo de producción nacional a nivel internacional. Sus textos se leen con atención y hasta devoción, en algún caso, merecen ediciones de homenaje del Ministerio de Cultura (Rodríguez Monegal) y despegaron de la problemática parroquiana que las disputas de los sesenta los pudo contener. Un caso aún más particular es el de Mario Benedetti no sólo por ser la voz sobreviviente de la generación del 45 con mayor difusión sino por compartir su tiempo entre España y Uruguay, así como por el hecho de que su labor crítica está íntimamente ligada a su producción como poeta y narrador. La presencia cultural de Benedetti en Uruguay es, sigue siendo, fundamental y sus artículos son recurrentes en distintas publicaciones aunque de un modo particular en el semanario "Brecha". La presencia de Benedetti se da más en lo cultural general que en lo estrictamente académico, mientras que la de Rama y Rodríguez Monegal se hace sentir, quizás, más en lo académico. En el caso de estos últimos su presencia cultural fue, por lo que señalamos al comienzo del artículo, fundamental. El hecho de que la obra póstuma de Ángel Rama, tanto o más importante que la anterior, haya empezado a circular en el último lustro durante la etapa post-dictatorial hace que su peso en la labor nacional haya venido creciendo. El peso del discurso critico más joven de la diáspora está no sólo en su seriedad y en su fundamento teórico sino también en una productividad casi imposible en la crítica realizada dentro del Uruguay. Los aportes, entre otros, de Jorge Ruffinelli, Roberto Echavarren, Mabel Moraña y Martha Canfield, en sus respectivas y diversas líneas de trabajo, son sólidos. Los cuatro críticos mencionados representan modos diferentes de acercamiento al texto y al fenómeno literario: la crítica histórico-cultural de Ruffinelli; la textualista (cuasi formalista por momentos) y lacaniana de Echavarren; la ideológica y neo-marxista de Moraña y la textualista y estructurallsta de Canfield. Lamentablemente, insistimos, salvo algún que otro articulo, algún que otro libro, la labor de estos críticos no tiene una mayor divulgación en el país. Algo similar ocurre con el trabajo de Verani de quien han circulado solamente su estudio de Onetti y su Investigación sobre Maria Eugenia Vaz Ferreira o con la producción crítica de los muchos otros uruguayos que tanto en Europa (particularmente en Francia) y en Estados Unidos vienen desarrollando trabajos, en general, de cierto interés. |
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2.4.1.El discurso de adentro. De 1975 a 1985. |
| Del afianzamiento de la dictadura hacia 1975 pasando por el plebiscito de 1980, -primera derrota política de los militares-, hasta las elecciones de 1984 y la vuelta a la democracia, la crítica literaria uruguaya no produjo trabajos decisivos. Entre 1975 y el plebiscito de 1980 la labor crítica sufrió una transformación sustancial debido no sólo al silenciamiento, emigración y detención y a la destitución de sus lugares de trabajo de muchos críticos y docentes sino también al aislamiento informativo que caracterizó el plazo. El trabajo critico durante la dictadura no permitió una labor generalizada de
importancia(16). Las publicaciones oficiales recogieron los trabajos de algunos intelectuales estrechamente vinculados al "proceso", en muchos casos artículos anteriores a la década del sesenta como los de José E. Etcheverry, en otros los docentes de la Universidad intervenida lograron la publicación de investigaciones, básicamente positivistas o textualistas, realizadas desde sus cargos. El mismo origen oficial de dichas publicaciones relativizó su circulación y fue escasamente tenida en
cuenta(17) por el país cultural. La labor más interesante dentro de este tipo de trabajos críticos, fue, sin lugar a dudas, la de Arturo Sergio Visca. Su crítica erudita y paciente sobre la narrativa uruguaya logró ordenar una serie de informaciones de interés y últimamente, al frente de la Academia de Letras, ha organizado una labor específica. Todo ese sector así como el de la mayoría de la labor crítica durante la dictadura estuvo, voluntaria o involuntariamente, distanciada de la evolución del pensamiento crítico y cultural operado durante los setenta en el resto del mundo
occidental(18). Esto mismo llevó a un general anquilosamiento del pensamiento y de la investigación crítica en el Uruguaya nivel institucional o académico(19). Posiblemente la más notoria excepción la constituyó el trabajo de Lisa Block de Bejar, quien, desde su cátedra del Instituto de Profesores "Artigas" y en contacto personal con otros centros académicos extranjeros, desarrolló una labor de aggiornamento del pensamiento crítico uruguayo en una línea de trabajo que se caracterizó por lo tecnológico y deshistorizado (primero en la narratología, luego atendiendo a la des-construcción ya cierta línea de pensamiento dentro de la literatura comparada). La valiosa labor de Bejar, sin embargo, ha estado escasamente vinculada con lo nacional; lo cual no impide que su línea de trabajo (independientemente de la valoración que a cada quien le merezca) aunque polémica sea de cierta importancia. Por otra parte, la labor de investigación bibliográfica tuvo y tiene un representante en Walter Rela. En otro ámbito, el de la crítica cultural periodística, ha habido un especial desarrollo durante la dictadura y en el último plazo de redemocratización: Graciela Mántaras, Jorge Albistur, Wllfredo Penco, entre otros, realizaron una labor persistente en semanarios y suplementos culturales. No obstante lo anterior, es posible señalar la labor de otros críticos quienes, aún separados de sus cargos docentes, continuaron una labor ensayística. Entre otros cabe recordar el trabajo de José Pedro Díaz, Idea Vilarliño, Jorge Medina Vidal y Jorge Arbeleche. La labor del primero, no sólo la periodística sino la ensayística, lo llevó a una relectura de la literatura nacional desde una óptica vinculada a la crítica francesa, en especial al pensamiento de Gastón Bachelard. Idea Vilariño, por su parte, preparó una lectura interesante de Julio Herrera y Reisslg para Biblioteca Ayacucho y otra de Rubén Darlo publicada por Arca tardíamente ya en la etapa democrática. En todo caso las características generales del período se mantuvieron y no hubo mayor investigación, predominando el trabajo interpretativo básicamente textual y en general deshistorizado. |
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2.4.2. El discurso de adentro: de la transición democrática al pluralismo postdictadura. |
| Desde marzo de 1985 al presente, es decir en plena transición democrática, el discurso crítico entró en una fase
peculiar(20). A la recepción del discurso de la diáspora se le suma el desplazamiento de la Universidad de aquellos intelectuales vinculados a la dictadura y una reordenación de las publicaciones periódicas culturales así como la aparición de nuevas editoriales. El entusiasmo de los años finales de la dictadura dura apenas un poco tiempo más y ya para 1987 el panorama critico de la nueva democracia empieza a mostrar que las expectativas acerca del nuevo período no serán plenamente satisfechas. Los hechos más relevantes de la etapa, aun en sus escasos cuatro años, muestran el surgimiento o la presencia intelectual de la "nueva derecha", un creciente malestar por algunos jóvenes con respecto a la generación del 45, la continuación de trabajos críticos a nivel periodístico y la conciencia de que los efectos de la dictadura son más fuertes de lo que en un principio se creyó así como la comprobación de que la labor crítica o de investigación requerirá de un plazo mayor para dar sus frutos. La llegada de la democracia permitió comprobar que si bien había habido obra de creación que no había podido ser publicada durante el proceso, la labor crítica almacenada en espera de tiempos mejores no era ni tanta ni tan importante. Los trabajos no periodísticos más destacados aparecidos después de la nueva democracia pertenecen a gente que venía de la generación del 45 (caso de José Pedro Díaz o Idea Vilariño) o de generaciones más recientes (caso de Uruguay Cortazzo y el avance de su investigación sobre Zum Felde; o Fernando Andacht y sus muy sugestivos análisis semióticos), que habla estado en el exilio (caso de Rómulo Cosse o Barros Lémez) y en menor grado a aquellos que habían permanecido en el país (caso Lisa Block de Behar). La incorporación de nuevas corrientes críticas, -en particular, Bajtin, el desconstruccionismo, la Estética de la Recepción, los nuevos planteos neo-marxistas y el aporte semiótico más reciente-, apenas ha comenzado y lo ha hecho básicamente a través de algunas de las cátedras universitarias sin que todavía se hayan publicado trabajos que muestren el impacto de dichas líneas de pensamiento. Algunos trabajos de corte psicoanalítico o psicológico (sobre Rulfo y Onetti) o de investigación histórico-cultural (el de Julio Bayce sobre la institución "Arte y Cultura Popular") han provenido desde estudiosos no ligados ni a la Universidad ni a la prensa cultural, pero se trata de casos excepcionales. La crítica periodística ejercida desde suplementos y semanarios tiene como principales representantes a Ana Inés Larre Borges y Alicia Migdal, directoras respectivamente de las páginas culturales de "Brecha" y "La Semana de El Día". Así como a otros creadores-críticos como Mario Delgado Aparaín, Hugo Fontana y Luis Bravo. En este caso se trata más de una crítica cultural y pretende tener una articulación con el proceso creativo o reflexivo general de la sociedad uruguaya. En el mismo campo de la reflexión cultural general habría que anotar la producción crítica vinculada a grupos editoriales mediante prólogos y antologías. En este ámbito se destaca la labor de Graciela Mántaras (con una polémica antología de poesía uruguaya); la de Washington Benavídez y Heber Raviolo en las Ediciones de Banda Oriental; la de Rómulo Cosse y sus readers sobre Borges y Onetti (aunque su labor esté encuadrada dentro lo académico a diferencia de la de los anteriores) y la del grupo de Ediciones de Uno, grupo de creadores que ha intentado modos de distribución alternativos pero que al mismo tiempo ha intentado una difusión (práctica y crítica) de su peculiar visión literaria. El mayor hecho de importancia en este plazo lo constituyó la publicación en 1987 del valioso Diccionario de literatura uruguaya en dos tomos, y uno más por venir coordinada por Wilfredo Penco. En cierto sentido, la publicación del mencionado diccionario es un símbolo de la historia de la crítica uruguaya en las últimas dos décadas. El proyecto fue iniciado hacia fines de la década del sesenta por Marlo Benedetti, -contó además con la participación de José Pedro Díaz y Milton Fornaro-, y terminó siendo publicado veinte años después por Wilfredo Penco. En el mismo colaboraron tanto críticos de la generación del 45, como de la del 60 y del 69 y también críticos más jóvenes de las últimas promociones. Fruto del impulso critico del 45 necesitó la colaboración de otros muchos para su ejecución. Accidentado, con enmiendas e intentos de puesta al día (aunque no en todos los casos), el Diccionario llegó a las confusas y equivocas aguas del presente cargado de la historia de la sociedad y de la cultura uruguaya. Empresa grupal e intergeneracional que evidencia la lentitud de producción de la cultura uruguaya a la vez que falta de organicidad, o para decirlo de una manera menos fuerte, su problemática organicidad. La importancia de publicaciones periódicas a nivel crítico o cultural como "Brecha", y en un primer momento de "Jaque" , y en otro nivel de "Punto y aparte" y Cuadernos de Marcha así como de algunas revistas "subte" o under" es por si mismo una descripción de lo que ocurre en el país en los últimos años(21). Por otra parte, algunos escritores han salido a "denunciar" la inexistencia de la crítica en el país demostrando que la situación es relativamente caótica pues para la conciencia letrada, de algunos al menos, que proceden a dar cauce a sus impresiones sin investigación previa, el Uruguay carecería de pensamiento crítico. La vida intelectual y el trabajo crítico del presente evidencia en todo caso una fragmentación y un desconocimiento total sobre lo que ocurre y ha ocurrido en el país en su historia reciente y no tan reciente. Todo ello explica y en parte favorece el reclamo de algunos jóvenes que se yerguen contra el "orden establecido" a nivel cultural sin que hayan ofrecido hasta el momento una relectura de la crítica o de la cultura nacional de modo sistemático, lo que hace que muchos de sus acertados e intuitivos juicios queden sin respaldo. |
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2.5. Algunos libros. |
| La tentación de elegir algunos libros que pauten estos veinte años de crítica uruguaya; es decir, la tentación de constituir el diseño de una especie de canon de la crítica uruguaya en este período es grande y casi imposible de resistir. En especial, por la segura disconformidad y la también segura enemistad que ello habrá de generar entre mis colegas, tanto los beneficiados como, según el grado de su vanidad, los aparentemente damnificados. En ese sentido, la mención de apenas algunos libros apunta sólo a un corpus, ineludible por su representatividad, de la crítica literaria uruguaya dentro del periodo considerado. Algunos de esos libros son Transculturación narrativa en América Latina (1982), La ciudad letrada (1984), Las máscaras democráticas del modernismo (1985) de Ángel Rama; Borges: una biografía literaria (1978 y 1987) de Emir Rodríguez Monegal; alguno de los múltiples libros de ensayos de Mario Benedetti; Literatura e Ideología: el primer Mariano Azuela(1896-1918) (1980) y Poesía y descolonización. La poesía de Nicolás Guillén (1985) por solo citar un par de títulos de los muchos de Jorge Ruffinelli; el Borges de Lisa Block de Behar; Literatura y Cultura Nacional en Hispanoamérica (1910-1940) (1984) y la reciente colección de ensayos sobre literatura uruguaya de Mabel Moraña; El espacio de la verdad. Práctica del texto en Felisberto Hernández (1981), entre otros, de Roberto Echavarren; El espectáculo imaginarlo Iº (1986) y el IIº (1989) de José Pedro Díaz. Por otra parte, dicho corpus, por el mismo criterio de representatividad, debería incluir algunos de los prólogos y articulos, -entre muchos otros nombres y sin considerar a los más jóvenes-, de Jorge Albistur, Washington Benavídez, Ana Inés Larre Borges, Graciela Mántaras, Alicia Migdal e Ida Vitale. Quedarme con los libros e ignorar la crítica periodística o cultural y viceversa sería distorsionar la imagen del plazo considerado. La proyección final de este corpus sólo será posible en unos años más cuando sepamos quienes, de todos los mencionados en estos primeros apuntes, han realmente conformado el discurso critico nacional de la segunda mitad del siglo XX. Tributario de dos tipos de crítica: la académica y la otra que trabaja en la emergencia de las obras, este corpus da testimonio del trabajo intelectual de los uruguayos durante las últimas décadas. Ángel Rama propuso una crítica culturalista atenta al proceso social de producción de la escritura latinoamericana, -el texto en la serie histórico-cultural-, y alcanzó nivel de pensador continental al modo de Henríquez Ureña. Emir Rodríguez Monegal en una lectura textualista, que no desdeñó lo sicologista y lo biográfico, tuvo un amplio registro cultural de particular importancia para quienes se resisten al análisis histórico-social. Mario Benedetti apostó a un ensayismo, -articulado con su trabajo poético y narrativo-, donde pesa más lo ideológico que lo académico, propio de la atmósfera de la década del sesenta y que rechaza los intentos estructuralístas o semióticos. José Pedro Díaz se afincó en una propuesta que se nutre del pensamiento crítico francés pre-estructuralista y que tiene que ver básicamente con lectura del imaginario poético a lo Bachelard. Lisa Block de Bejar por su parte, tanto en Una retórica del silencio (1984) como en su Borges, apuesta con profesionalismo a lecturas deshistorizadas y derivativas de teóricos franceses estructuralistas y post- estructuralistas. Entre los libros de los más jóvenes habría que señalar la apuesta de los numerosos trabajos de Ruffinelli, los ensayos de Moraña sobre literatura hispanoamericana y sobre literatura uruguaya y el estudio de Echavarren sobre Felisberto Hernández. El resto del discurso critico, ese que trabaja en la emergencia y en la reflexión o en el espesor de la cultura, no suele alcanzar el libro en nuestro país. Algún día, cuando los hipotéticos historiadores e investigadores de la cultura y del pensamiento uruguayo se decidan, será posible la recolección y la selección de este discurso que, en general, se consume con la propia materia perecedera que lo acoge. Ese eventual libro o antología del discurso crítico uruguayo en diarios, semanarios y mensuarios deberá necesariamente integrar el canon de los libros de este plazo. Estos apuntes deberían haber sido más críticos o más descriptivos de la labor individual de muchos de los citados, no lo fue. La reflexión crítica sobre el trabajo critico, -eso que tiene el horrible nombre de la criticología-, puede apuntar hacia otros modos y métodos, el hecho de haber privilegiado el panorama histórico y la caracterización general intenta señalar una ausencia: el análisis del discurso individual de los críticos uruguayos. Hemos preferido este modo, tratando de evitar la celebración de aquello que nos parece lo mejor. Pues de esta manera, aún a riesgo de caer en la enumeración fastidiosa, hemos podido presentar más que un panorama, las condiciones problemáticas de enunciación de un discurso problemático. De haber realizado la celebración de aquello que consideramos lo mejor, hubiéramos escrito otros artículos. Un articulo sobre la obra fundamental de Ángel Rama, figura señera y maestra de la cultura uruguaya contemporánea y otro sobre la obra de Carlos Real de Azúa, lamentablemente, parcialmente inédita y casi desconocida fuera de fronteras. Ambos articulos quedan para el futuro. |
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III. Epilogo o entre los andamios de la actualidad. |
| El pequeño escándalo de polvo, pica y pala que parece sonar en el discurso cultural uruguayo a fines de la década del 80 ¿viene de los escombros de la ruina o es que la construcción está en pleno desarrollo y el asordinado estruendo presagia una obra mayor y duradera? La respuesta vendrá, seguramente, ya en pleno siglo XXI cuando se haga el balance del siglo presente, -es decir, se haya realizado el análisis de la obra fundamental de algunas individualidades y períodos-, y se tenga la perspectiva que la cercanía de hoy nos impide. La obra de la dictadura, primero y fundamentalmente, es responsable de este presente. Y el mismo cuestionamiento de los jóvenes a la labor de la llamada "generación del 45 e incluso el menosprecio o el no tomar en cuenta de la labor de las generaciones posteriores se refieren más al aspecto creativo tradicional que al discurso critico en si mismo. En todo caso, la fractura del período de la dictadura y el deprimido presente no han permitido ni que el Uruguay de hoy ni sus jóvenes conozcan la producción crítica de la diáspora ni que ellos hayan realizado todavía la labor paciente y acumulativa de la crítica. Por otra parte, los críticos de la diáspora tampoco se han ocupado (o no han terminado de hacerlo) de analizar, en su totalidad, el discurso cultural, creativo y critico, durante la dictadura. Es posible, sin embargo, que el futuro traiga una visión nueva a la crítica uruguaya. La novedad, o la aparición de críticos jóvenes, apenas es rastreable en la prensa periódica a través de la labor de la reseña y en algún ocasional prólogo. El desmontaje ideológico, cultural y sobre todo educativo operado durante la dictadura no hace presagiar, sin embargo, la irrupción dentro del país de un grupo de críticos de relativa importancia en lo inmediato aunque si existen individualidades con talento y capacidad más que suficiente. El aislamiento y el desconocimiento de lo realizado en el resto de Latinoamérica y también de lo hecho por uruguayos fuera del país no facilita las cosas y puede encauzar la futura crítica uruguaya por caminos aislacionistas o dependientes de lo que las multinacionales y las distribuidoras de libros decidan vender en el mercado uruguayo estimulando discursos críticos colonizados. En otro orden, la muerte de Ángel Rama, Carlos Real de Azúa y Emir Rodríguez Monegal, - las tres "R" de la cultura uruguaya y los críticos más importantes de la generación crítica-, así como el hecho de que los inmediatos posteriores, aquellos que habrían tenido que ocupar el papel rector o las posiciones hegemónicas propias a su edad y tiempo histórico, estén en su mayoría fuera del país complica el panorama. Los pocos sobrevivientes de la generación crítica y los más jóvenes que quedaron se debaten entre la sobrevivencia económica y la labor docente dejando (o quedándole) poco margen a la investigación y a la reflexión; con lo que su labor, casi heroica, se vuelve no sólo más difícil sino que además complica su proyección cultural pues su dispersión es muy alta. El futuro de la crítica uruguaya sólo puede ser (debería ser) de construcción y para la construcción muchas veces es imprescindible la demolición pero también la investigación. La necesaria demolición de lo obsoleto puede conllevar, sin embargo, la innecesaria destrucción de los aportes de una tradición crítica propia al país. La investigación, a su vez, está dificultada por la realidad económica y por la facilidad y el atractivo de la importante y cortoplacista labor periodística. El próximo fin de siglo será quizá la oportunidad de ver qué queda del edificio critico uruguayo y si este polvo de hoy, finales de 1989, presagia la construcción de un discurso crítico estimulante y creativo. |
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Notas |
| 1 - Por supuesto que hubo otros pero la distancia histórica permite, aunque no necesariamente justifica, el silencio de los muchos otros. A comienzos del siglo XX, por ejemplo, vale la pena recordar a Alberto Nin y Frías y más tarde a Gustavo Gallinal y a Crispo Acosta (Lauxar). 2 - Lista incompleta de casi cien críticos que publicaron libros, artículos o reseñas durante el periodo comprendido entre 1968 y 1988: Fernando Ainsa, Jorge Albistur, Mario Alvarez, Luis Víctor Anastasia, Femando Andacht, Rocío Antúnez, Roberto Apprato, Jorge Arbeleche, N. N. Argañaraz, Jorge Arias, Héctor Bardanca, Alvaro Barros Lemez, Julio Bayce, Washington Benavídez, Mario Benedetti, Raúl Blenglo Britto, Carina Blixen, Lisa Block de Behar, Sara Bollo, Domingo Bordoli, Oscar Brando, Luis Bravo, Fernando Buttazoni, Martha L Canfield, María E. Cantonnet, Margarita Carriquiry, Guido Castillo, Jorge Castro Vega, Vicente Cicalese, Uruguay Cortazzo, Rómulo Cosse, Rubén Cotelo, Beatriz de Bayce, Roberto de Espada, Olver de León, José Pedro Díaz, Roberto Echavarren, J. Enrique Etcheverry, Enrique Estrázulas, Rodolfo M. Fattoruso, Enrique Fierro, Gastón Figueira, Carmen Flores, Hugo Fontana, Elvio Gandolfo, Javier García Méndez, Hugo García Robles, Mario Genta, Norah Giraldi, Edmundo Gómez Mango, Saúl Ibargoyen, Roberto Ibañez, Silvia Lago, Ana Inés Larre Borges, Rubén Loza Aguerrebere, A. LLambías de Azevedo, Carlos Maggi, Graciela Mántaras, Lauro Marauda, Gustavo Martínez, Carlos Martínez Moreno, Jorge Medina Vidal, Alicia Migdal, Eduardo Milán, Alvaro Miranda, Roger Mirza, Juan O. Mondragón, Mabel Moraña, Rubinstein Moreira, Leopoldo Muller, Maria Rosa Olivera-Williams, Alberto Oreggioni, Laura Oreggioni, Alberto Paganini, Ricardo Pallares, Luis Paredes, Alejandro Paternain, Wilfredo Penco, José Pereira Rodríguez, Nicasio Perera San Martín, Rosario Peyrou, Omar Prego, Angel Rama, Mercedes Ramírez de Rossiello, Heber Ravlolo, Carlos Real de Azua, Walter Rela, Mercedes Rein, Julio Ricci, Emir Rodríguez Monegal, Ana Maria Rodríguez Villamil, Pablo Rocca, Leonardo Rosslello, Jorge Rufilnelli, Dora Isella Russell, Eneida Sansone, Antonio Seluja, Clara Silva, Norma Suiffet, Hugo J. Verani, H. G. Verzi, Arturo Sergio Visca, Idea Vilariño, Ida Vitale, etc, etc.,etc. 3 - Es evidente que hasta ahora hemos estado pensando y reflexionando sobre todo tipo de críticos. Desde el creador, crítico casual, hasta el crítico profesional, sea éste docente o periodista. Vale la pena recordar esto pues si ofrecimos una lista inicial de casi ochenta críticos, la misma incluía a todos o al menos a casi todos ellos. A la hora de evaluar las tendencias o mejor de intentar una descripción del discurso crítico uruguayo cabría distinguir entre los críticos profesionales y los esporádicos, así como entre las tendencias hegemónicas y las otras. Seguramente, en ese momento se debería hacer referencia a otros críticos ocasionales no incluidos en la lista inicial. 4 - Antes de 1968 el espacio de circulación de la crítica estaba más o menos acotado en lo institucional o formal, -libros, periódicos y revistas-ahora (es decir luego de 1985) existe además otro espacio ("alternativo" o "under") que si bien tiene la forma tradicional de la revista su estatuto o posición es, básicamente, de extramuros con respecto a lo institucionalizado. La importancia de este pensamiento y de este discurso critico puede ser distorsionado al ser objeto de estudio. En todo caso, su existencia es innegable y plantea una problemática mucho más amplia y compleja que no es del caso analizar en este artículo. 5 - En "El exilio uruguayo y la producción de conocimientos sobre el fenómeno literario" ya nos planteamos el problema de la crítica uruguaya fuera del país. Remitimos a dicho artículo para un análisis más detallado de este aspecto a la vez que a las implicaciones teóricas e ideológicas del problema. (Idedogies and Literatures, Vol IV, Second Cycle, Nº 16, Minnesota, May-june 1983, Specíal Issue: "Problemas para la crítica socio-histórica de la Literatura: Un estado de las Artes, pp.224-241). 6 - Dejo de lado el problema de la crítica extranjera que se ocupa de la literatura uruguaya por entender en este articulo "crítica uruguaya" como la producida por uruguayos o, en su defecto, por extranjeros asimilados a la cultura uruguaya. 7 - Una revisión cabal de la crítica uruguaya que además aspirara a ser una historia de dicha actividad es de por sí un proyecto todavía por realizar en nuestro país y que exige otra detención que la posible en esta oportunidad. Queda planteada como invitación para mis colegas el tal proyecto. 8 - El criterio es representatividad, importancia de la labor crítica y por supuesto es, como siempre, altamente arbitrario e injusto. Quedan ausentes trabajos de relevancia la y críticos de proyección cultural en distintos grupos ideológicos del país. Téngase lo planteado aquí como un primer esbozo, sin carácter antológico, de una eventual y futura "Historia de la crítica uruguaya", labor que necesariamente implicará un equipo y no la siempre injusta labor individual. 9 - En 1988 la publicación de algunos trabajos que empiezan a intentar la evaluación de lo ocurrido veinte años atrás muestra no tanto el tiempo transcurrido sino las diferentes visiones hoy vigentes acerca de nuestro pasado inmediato, dictadura incluida, como de nuestro presente y, sobre todo, la discusión acerca de los futuros deseados y posibles. Al respecto ver el libro de reportajes compilado por Ana Maria Araujo y los distintos artículos aparecidos en Cuadernos de Marcha durante 1968. 10 - En este sentido, según el país de residencia varían las condiciones de producción. Sobre este tema ver mi articulo de Ideologies and Literatures ya indicado. 11 - Para que se tenga una idea de la crítica uruguaya fuera del país en el período 1968-88 vale la pena repasar la siguiente lista de críticos y países: Rama (Venezuela y EEUU). Emir Rodríguez Monegal (EEUU), Jorge Rufinelli, IdaVitale, Enrique Fierro, Eduardo Milán, Danubio Torres Fierro, Saúl Ibargoyen Islas, Carmen Flores (México). Rómulo Cosse (México, EEUU). Mabel Moraña, Alvaro Barros Lemez (Venezuela, EEUU), Mario Benedetti (Cuba, España), Roberto Echavarren (Francia. EEUU), Hugo García Robles (Venezuela, España) Edmundo Gómez Mango, Omar Prego, Nicasio Perera San Martín, Gabriel Saad, Fernando Ainsa, Ana Maria Rodríguez Villamil, Norah Giraldi, Olver de León (Francia), Martha Canfield (Italia), Leonardo Rossiello (Suecia), María Rosa Olivera-WIlliams (EEUU), Fernando Buttazzoni, H.G. Verzi (Cuba), Isabel Llcandro (Venezuela, Nicaragua), Javier García Méndez (Canadá), etc. 12 - Capitulo Oriental (1968-1969) fue dirigida por Carlos Martínez Moreno, Carlos Real de Azúa y Carlos Maggi. "Capítulo" constituyó una historia de la literatura en fascículos a la que se sumaba la publicación de obras o antologías representativas de los períodos estudiados en cada fascículo. "Enciclopedia uruguaya" (1968-1969) fue dirigida por Ángel Rama aunque también tenía un carácter histórico era organizada más en función de temas que de períodos literarios o culturales. Una reedición con modificaciones parciales ha vuelto a circular en estos últimos días a cargo de Ediciones de la Banda Oriental. 13 - Valdría la pena aunque no lo haremos analizar lo hecho por Roberto Ibañez en el Instituto de Investigaciones de la Biblioteca Nacional. También seria interesante considerar la labor de filósofos como Arturo Ardao y Juan Fló cuya incidencia fue de especial importancia en el período. 14 - Ver mi artículo de Ideologies & Literatures ya indicado. 15 - El riguroso trabajo crítico de Ida Vitale desarrollado particularmente en México merece una mención especial pues su obra ensayística, -no nos referimos a los prólogos y antologías sino a los innumerables artículos en revistas de varios países-, no ha sido recogida en libro, según la información que manejamos, lo que dificulta su difusión. 16 - Ver lo recogido por Walter Rela en su Literatura uruguaya. Tablas cronológicas, 1835-1985. Índice de publicaciones periódicas, 1838-1988, listas que aunque incompletas, -el autor se refugia en el criterio de la selectividad-, muestran la escasez y pobreza de la producción de libros de ensayos durante la dictadura. 17 - En algunos casos, Seluja y Paganini, más allá de las discrepancias que con dichos trabajos tengo creo que tienen un mínimo de interés académico que no deberían hacerlas totalmente descartables. 18 - Un caso diferente podría ser el de Walter Rela quien durante el período tuvo contacto con la academia norteamericana pero la labor de este investigador tiene interés fundamentalmente como bibliógrafo y no como crítico. Algunos otros críticos uruguayos tuvieron oportunidad de salir del Uruguay durante la dictadura pero ello no significó que todos, las excepciones siempre logran confirmar la regla, aprovecharan la ocasión para actualizar sus conocimientos. 19 - Algunos intentos parciales desde centros de investigación privadas como el CLAEH , sobre todo por parte de Alejandro Paternain, no invalidan la afirmación anterior. 20 - Respecto del clima cultural y literario en el Uruguay en este período ver mi articulo, "Postmodernism and Fin du siecle in Uruguay", en la edición especial de Studies in 2Oth Century Literature a cargo de Jean Franco, Fall 1989. La versión española de dicho articulo, "Postmodernidad y postdictadura: fin de siglo en Uruguay", publicada en Cuadernos de Marcha Nº 48 presenta variantes de importancia. 21 - En la etapa final de la dictadura publicaciones como "El correo de los viernes", "Opinar", "La semana de El Día" y "Jaque" fueron fundamentales. Las dos últimas continúan hoy y su importancia es grande. En cierto momento "Jaque" logró concentrar la mayoría del pensamiento ilustrado democrático, luego de 1985 el semanario reunió básicamente a intelectuales democráticos de importancia que tomaron distancia con los partidos y sectores de la izquierda uruguaya. De particular interés en este semanario ha sido la colaboración, en distintos momentos y con responsabilidades diferentes, entre otros, de Eduardo Milán, Ida Vitale y Lisa Block de Bejar. |
Hugo Achugar
Cuadernos de Marcha Nº 56
Junio 1990
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