Todo esta demolido

Daniel Abelenda Bonnet

"Andube (sic) viendo aquello, y para el concepto que yo tenía hecho, me pareció de una suma pobreza. Todo está demolido, menos las paredes de la Iglesia que son de cal y canto; en lo demás no hay nada..."

Del diario de viaje del Padre de la Compañía de Jesús, Juan María Pompeyo y el Hermano Silvestre González (de la misma Orden), a la vista de la Colonia del Sacramento, el 18 diciembre de 1705.

Esta era el lamentable aspecto que ofrecía la Colonia luego de la evacuación y destrucción que ordenó Veiga Cabral, ocurrida a mediados de marzo de 1705.

Como habíamos visto, la situación de los portugueses sitiados empeoraban día a día después del sitio formalizado por Valdés Inclán, Gobernador de Buenos Aires, en octubre de 1704.

Y más allá de algún alivio -como el de la milagrosa salida del "Capitán San Antonio"- las fuerzas lusas no podía sostenerse más. Comprendiendo la gravedad del momento, el Gobernador de Río envió cuatro naves de guerra con la intención de forzar a la flotilla española. Trabáronse así recios combates entre el 10 y el 14 de marzo, sin que los portugueses pudieran derrotar a los bonaerenses.

La suerte estaba echada: era necesario evacuar la plaza, salvaguardando la vida y los bienes de la guarnición y los civiles de la Colonia.

Pero como detrás venían los "castellanos" -como llamaban los portugueses a quienes estaban al servicio de España- Veiga Cabral decidió quemar cuanta casa, rancho y edificio pudiera; clavar los cañones en tierra, y aún, ¡minar y volar calles y murallas!

Y esta terrible destrucción de lo que los propios portugueses habían levantado o mandado levantar a sus esclavos- se concretó el día 15. Es que no había más tiempo: el 16 entró Valdés Inclán y sus tropas sitiadoras.

La Colonia otra vez en manos españolas. Y fue para peor: la devastación continuó hasta el 8 de abril -ahora por los castellanos- y fue prácticamente total.

Solamente quedaron en pie...¡los muros de piedra de las iglesias y las bases del puente fijo.!

Uno de los Jinete del Apocalipsis -la guerra- había arrasado una hermosa ciudad. Como en 1680, los españoles no querían que la Colonia lusa volviera a levantarse orgullosa y desafiante, en las narices mismas de Buenos Aires.

Los gobernantes locales, sabían que el ajedrez diplomático de Europa -del cual ellos eran meros espectadores- podía restituir la "Manzana de la Discordia" a sus enemigos.

Y no estaban tan errados los bonaerenses, una década después, Tratado de Utrecht de por medio- la Colonia es devuelta a Portugal.

Lo asombroso de la azarosa historia de esta ciudad es que se reiterarán los papeles: a los lusos, les tocará poblar, edificar y embellecer; a los españoles, atacar y arrasar.

Un siglo antes, en Inglaterra, un poeta y dramaturgo de nombre Shakespeare, había estampado: "La vida es un gran teatro y todos representamos un papel".

La manzana de la discordia - 1680 - 1778

Daniel Abelenda Bonnet

Ir a página inicio

Ir a índice de crónica

Ir a índice de Abelenda Bonnet, Daniel

Ir a mapa del sitio