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Rebelde, soñador y fugitivo (Osvaldo Soriano) |
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“Sin padres, sin infancia, sin pasado alguno, no nos queda otra posibilidad que afrontar lo que somos, el relato que llevamos para siempre”. Esta frase de Osvaldo “El gordo” Soriano, resume su filosofía de vida y su concepción del arte. Quien sería el último gran best-seller argentino, había nacido en Mar del Plata, en 1943, hijo de un padre inspector de Obras Sanitarias, a quien la familia debió seguir por varias ciudades de la pampa y el sur tras su modesto destino laboral. De este trajinar incesante, han dicho sus biógrafos, el joven seguramente incorporó una sensación de desarraigo y de fascinación por las “historias de carretera” que están presentes en la mayoría de sus obras. La familia se establece finalmente en Tandil, donde Osvaldo cursa, sin culminarlos, sus estudios secundarios y se gana sus primeros pesos como jugador de fútbol, una de sus grandes pasiones. En 1969, se traslada a Buenos Aires, sin contactos ni parientes, pero decidido a ganarse el pan con el oficio que lo acompañará el resto de su vida: el periodismo. Así, logra ingresar como cronista de fútbol en Primera Plana, El Cronista y La Opinión. En este último medio, dirigido por el polémico Jacobo Timmerman, Soriano tiene un lugar destacado, que le permitía “esconderse tras las mamparas y trabajar poco pero ganar muy bien”. En 1972, La Opinión no cubría policiales, pero estalla el caso de los hermanos Robledo-Puch (asesinos de sus padres y 11 personas más) y Timmerman le encarga una crónica a su periodista estrella. Soriano no lo defrauda y escribe un largo artículo donde se mezclan realidad y ficción en forma admirable – recibe las felicitaciones del jefe y un aumento de sueldo. Para entonces, 1973, ya ha escrito su primera novela: “Triste, solitario y final” que será un enorme éxito de ventas en Argentina y en 20 países más (está traducida a 15 idiomas). Militante peronista, el golpe de Estado de 1976 lo obliga a exiliarse en Bélgica, París y luego Italia, donde trabajará en varios periódicos de izquierda, rechazando ofertas más jugosas de otros medios cuya orientación política no compartía. Allí escribe una de sus mejores novelas: “No habrá más penas ni olvido” (1978), una terrible historia en el ambiente del sindicalismo, en cuya escena final, dos hombres armados se matan a tiros, vivando ambos el nombre de Perón…Llevada el cine por Héctor Olivera, el filme ganará el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Le siguen “Cuarteles de invierno” (1980), consagrada como mejor novela extranjera en Italia. En 1983, recuperada la democracia, regresa a Buenos Aires, donde escribirá las contratapas del novedoso diario “Página 12”, y otros medios. De hábitos sedentarios, gustaba de del buen comer y beber, trabajaba de noche y fumaba varios atados por día. Este estilo de vida le costará un cáncer de pulmón y su prematura muerte en 1997. Perdurará como quien rompió los compartimentos entre el periodismo y la ficción, con una concepción claramente pos-moderna, sin estilos ni temas predeterminados. Soriano quería desacralizar la literatura. “Quizás lo único que me propongo es quitarle a la literatura cierta solemnidad que tiene. Tengo poca relación con la crítica. Me importan los lectores, divertirme escribiendo y abrir un mundo que mezcle la aventura, con la política y el humor.” |
Daniel Abelenda -
de "Vidas de novela"
abepolis@adinet.com.uy
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