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El primer libro de Benedetti |
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“Labor improba, omnia vincit”. Virgilio. |
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Publicar la primera obra es un hecho decisivo en la vida de cualquier escritor: es un acto de fe, un nuevo nacimiento. Es la afirmación del artista, que sólo puede ser considerado tal si muestra su obra a los demás. Existir es ser percibido.“Labor improba, omnia vincit”. Virgilio.
En 1945, Mario Benedetti no era más que un oficinista de saco y corbata, peinado a la gomina, un joven de clase media-baja que debe ganarse la vida, como tantos, pero que, a diferencia de muchos, escribe. Poesía. El género con menos salida editorial, que siempre ha vendido menos que la novela o el cuento. ¡Ni pensar de vivir del arte!
Por eso, este desconocido autor de 25 años recurrió a su amigo (y precoz poeta también), el floridense Juan Cunha, quien tenía una imprenta en Ciudad Vieja.
Cunha era 10 años mayor que Benedetti, y ya había publicado algunos exquisitos poemarios: El pájaro que vino de la noche (1929); Guardían oscuro (1929) y Tres cuadernos de poesía (1937), que le habían valido reconocimiento en el ambiente literario de la Capital.
El joven Mario conocía la valía de su amigo y por eso confió en él para editar su primer libro. Su título fue “La víspera indeleble”, editado en 1945, y primer mojón de la prolífica carrera de quien llegara a convertirse en sinónimo de las letras uruguayas.
Y una vez que tuvo en sus manos, con enorme emoción, como sucede en estos casos, Benedetti se animó a preguntarle a Cunha su opinión sobre “La víspera…”.
Este comprendió la ansiedad del joven poeta por una crítica honesta. Reconoció la inseguridad de los principiantes que buscan una palabra de aliento para seguir adelante.
En la mesa del café donde conversaban los dos amigos, el diálogo discurrió más o menos así:
-Juan, quiero que me digas qué pensás de mi librito…
-Bueno, Mario, vos querés que yo te diga la verdad, ¿no?
-Claro, vos tenés más experiencia en esto.
-Bien: es un mal libro de un buen poeta…
El enorme poeta que llegó a ser Benedetti en los años (y décadas) siguientes, debe haber tenido resonando en sus oídos aquella certera frase de su amigo, a juzgar por la modestia y tenacidad exhibidas por quien naciera en Paso de los Toros, 1920.
Un escritor nace, pero también se hace. Y Benedetti escribía algo todos los días.
Incluso en poesía, donde contrariamente a lo que creían los románticos del Siglo XIX, la “inspiración” o “las musas” no bastan; a partir del chispazo, hay que escribir, corregir y reescribir cien veces hasta lograr un buen poema. |
Daniel Abelenda -
de "Vidas de novela"
abepolis@adinet.com.uy
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