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Encuentro Arlt – Onetti |
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Para reconocer el talento en otros, es imprescindible tener algo de talento propio. Y además, dejar de lado la envidia. Pues puede ocurrir, que nos demos cuenta que un colega ha producido una buena obra, pero no lo reconocemos públicamente. Todo escritor que haya sometido sus originales a otro “más importante”, y haya obtenido una respuesta tibia, o peor aun, ninguna respuesta, sabrá de esto. En 1941, el joven Juan Carlos Onetti (Villa Colón, 1909) había “cruzado el charco”, e iniciado su segunda etapa en Buenos Aires. En Montevideo, apenas había logrado publicar en diciembre de 1939, -en una imprenta y gracias a una colecta de sus amigos- un librito de 48 páginas: “El pozo”. Esta opera prima no tuvo la repercusión que Onetti esperaba. No es que tuviera mala crítica; simplemente no tuvo ninguna. Increíblemente, los intelectuales uruguayos no registraron este libro removedor y descarnado de un “hombre solo que fuma en la ciudad”, que rompía moldes e iniciaba una nueva forma de percibir el mundo. Cansado del ninguneo, Onetti decide probar suerte en la capital argentina. Ya tiene el borrador de lo que sería su segunda novela: “Tierra de nadie”; también un libro revolucionario en forma y formas literarias, un adelanto de la pos-modernidad; allí no hay un relato lineal de un protagonista con su dificultad, sino trozos de vidas truncas de varios personajes semi marginales de la urbe que no se pegan, proyectos de vida que no hacen pie en ningún momento – de allí el título del libro-. En Buenos Aires, Onetti se contacta con un amigo que lo lleva a la redacción de “El Mundo”, el diario porteño donde trabajaba un periodista que se había hecho conocido con sus “Aguafuertes” y crónicas de viaje: Roberto Arlt (además, había escrito obras de teatro y novelas que fueron reconocidas luego de su prematura muerte, el 26 julio de 1942, a causa de la tuberculosis). Arlt los recibe en su despacho, y el amigo presenta a Onetti como un “promisorio escritor uruguayo” que quiere publicar su segundo libro en Buenos Aires, un mercado más amplio que el provinciano Uruguay. Y sin más preámbulos, le entrega el manuscrito de “Tierra de nadie”. Para sorpresa de ambos, Arlt se pone a leer de inmediato el texto, pero lo hace en forma salteada: lee unos párrafos de una página y luego, salta al azar, varias páginas adelante, y así continúa por un rato más, ante la mirada atónita de los otros dos. En unos minutos, termina su “análisis”, cierra el libro y le pregunta a su amigo: - Decime: ¿yo publiqué este año? - No, todavía no, Roberto; me prometiste un original, pero… - Bueno, entonces este va a ser el mejor libro del año en la Argentina. - ¿En serio? - Sí, es muy bueno; lo felicito, Juan Carlos, se lo editaremos. Onetti ya admirada a Arlt por lo que había leído de él, pero seguramente luego de esta respuesta, su opinión sobre su persona también fue en ascenso. Para reconocer el talento hay que poseerlo. Y controlar la envidia, el peaje del éxito. |
Daniel Abelenda -
de "Vidas de novela"
abepolis@adinet.com.uy
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