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El boom: Mario Vargas Llosa |
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“…Yo soy el Perú.” M. V. LL. -¿Recuerda que sintió al ver representada su primer obra? (Se refiere a “La huida del Inca”, una pequeña pieza teatral que Vargas Llosas escribió en 1952, cuando cursaba el colegio La Salle en Lima y fuera representada en ese teatro. -¡Por supuesto! Yo tenía 16 años, estaba en el secundario…y fue una gran emoción ver y escuchar a los actores representando mi obrita. -Esas cosas no se olvidan… -agrega el periodista que entrevista a un escritor que ya ha cumplido 70 años, está consagrado y es candidato al Premio Nobel. -Claro que no, dice “Varguitas”, enfático, como es su estilo- Todavía conservo lo que queda del programa de esa función, dice, y muestra un trozo de un amarillento papel que ha guardado en su billetera como un amuleto. Esta anécdota reciente, resume en gran parte, la vida y la personalidad del escritor más famoso del Perú, actor principal del Boom Latinoamericano de los 60. En efecto: las novelas que hicieron conocido a Vargas Llosa fueron publicadas en esos años, primero por Carlos Barral (de Seix Barral) y luego por la mítica editora de Barcelona, Carmen Balcells (editora de Neruda y García Marquez, entre otros), quien lo apoyó económicamente para que se dedicara exclusivamente a la literatura. Así, “La ciudad y los perros”, se editó en 1962, merced a un primer premio de Biblioteca Breve, le siguió “La casa verde”, 1965 con Barral y luego la consagratoria “Conversación en la Catedral”, ya con el sello de Balcells, salió en 1969. De allí en adelante, su carrera de novelista fue en constante ascenso y Vargas fue acumulando premios y distinciones hasta conseguir el mismísimo Nobel en 2010, “por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota.” – consigna en el fallo la Academia Sueca.
Como una premonición, su vida tuvo, especialmente en las tres primeras décadas, ribetes novelescos. Mario Vargas Llosa, nació en 1936, en Arequipa, ciudad del sur de Perú; es descendiente de una familia noble (su abuelo era Marqués), muy culta, con conexiones con el poder político, aunque con poco dinero. Sus padres se separaron antes que él naciera, y la familia se trasladó a Chuquisaca, Bolivia, de donde era oriunda su madre. Luego se abuelo es nombrado ministro por el gobierno peruano y se mudan a Lima, donde Mario estudia en un colegio católico. Su familia le oculta el divorcio y le dice que su padre ha muerto, pero el niño lo conocerá recién a los 10 años, iniciando una conflictiva relación de amor-odio que marcó la vida del futuro escritor. Terminado el secundario, donde el joven Vargas ya descolla en letras, su padre le envía como cadete al colegio militar Leoncio Prado de la capital limeña. Allí padecerá dos años como interno, experiencias que nutrirán “La ciudad y los perros” (así eran llamados los cadetes de primer año); a quienes los mayores sometían a crueles pruebas de iniciación machista. El relato de estas vivencias militares, se convierte, además en un retrato social y político, al introducir personajes provenientes de distintas clases sociales y regiones del país – “el serrano”, “el indio”- más los oficiales, con sus ideologías y prejuicios. En 1953, logra salir de aquel infierno y se va a vivir a la casa de su tio “Lucho”, quien lo apoya con el pretexto que estudie una “carrera útil”. Así se inscribe en Derecho en la prestigiosa Universidad de San Marcos, pero no rinde exámenes de esa carrera; se involucra en la militancia estudiantil (contra la dictadura del General Odría), estudia Letras y consigue varios trabajos para lograr independizarse económicamente – llega a tener hasta 7 empleos; desde catalogador de lápidas para el cementerio, cronista de policiales, administrativo de un club deportivo, locutor de radio Panamericana, etc. En esos años frenéticos, se enamora de su tía política, Julia Urquidi, con quien se casará en 1955, contra todas la opiniones – ¡él tenía 19 años, ella 36, era viuda de un tío de Mario, y tampoco tenía profesión! Hay un escape cinematográfico para la luna de miel y luego la pareja se instala en un pobre apartamento de Lima. Estas vivencias alimentarán el argumento de “La tia Julia y el escribidor”, uno de sus novelas más populares. Pero “Varguitas” no se rinde; está decidido a vivir de su pluma. Y así gana una beca en la Universidad Complutense de Madrid por ser el mejor alumno de letras en San Marcos (se gradúa con una tesis sobre Ruben Darío y el Modernismo). En 1958 cruzan el Atlántico y se instalan en la capital española, donde él completa su doctorado y gestiona otra beca en París; no lo consigue, pero el matrimonio ya se ha instalada en la Ciudad Luz donde el joven Vargas frecuenta los círculos intelectuales. Ha comenzado la década de los 60, y la literatura, como todas las artes, la política, las costumbres están sufriendo un cataclismo. Y París será el epicentro de esa revolución. Allí conoce a García Márquez, con quien entabla cierta amistad que después terminará en una violenta y púbica pelea, aparentemente por diferencias ideológicas (Vargas adhirió a la Revolución Cubana en sus comienzos para luego convertirse en un ácido crítico de Fidel y del comunismo). Otros dicen que la política no tuvo nada que ver y que fue un “lío de polleras” lo que ocasionó la ruptura entre estos dos latin lovers… En 1964 se separa de su primera esposa y se casa ahora con su prima, Patricia Llosa. Desde entonces, Vargas siempre ha opinado sobre política en columnas de diarios, e incluso llegó a ser candidato a la presidencia del Perú en 1990. Vargas da clases y escribe febrilmente “La ciudad y los perros”, su primera novela importante; gana el premio Biblioteca Breve y los críticos empiezan a fijarse en él. Junto con su ex amigo García Márquez, los mejicanos Carlos Fuentes y Juan Rulfo, el cubano Alejo Carpentier, el argentino Julio Cortázar, el chileno José Donoso, el uruguayo J. C. Onetti, entre otros, están produciendo una literatura de color local y valor universal de calidad, que venderá en Europa y en América como nunca antes. Ha estallado “El Boom” latinoamericano, y Vargas Llosa será un actor principal e insoslayable, con sus intervenciones públicas, un estilo apasionado y su lengua filosa. ¿Se escribe como se vive o se vive como se escribe? Porque para un escritor profesional, vida y escritura parecen ser dos hemisferios del mismo cerebro, “Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias”, dijo una vez el peruano más famoso. |
Daniel Abelenda -
de "Vidas de novela"
abepolis@adinet.com.uy
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