Amigos protectores de Letras-Uruguay

 
 
 

Un libro “viejo”.

 Muy viejo…

Las experiencias transicionales socialistas europeas.[I]

por Dolores Vilá Blanco.[II]

 

A MI PADRE, PORQUE SE LO DEBÍA.

Eterna gratitud a mis amigos sinceros:

La Dra. Blanca Melchor y el Dr. Ángel Pérez Herreros, por su ayuda leal, verdadera y  enjundiosa.

 
 

ÍNDICE.

                                                                                                                                    

                                                                                                                   Página.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

 

-INTRODUCCIÓN............................................................................................ 6                                                                                     

 

-PRIMERA PARTE: EL DISEÑO SU GÉNESIS........................................................32                                                                

 

- Acápite I – Del Socialismo de los Soviets al Socialismo De Estado...................36

  

-SEGUNDA PARTE: EL DISEÑO SU EVALUACIÓN................................................ 85                                        

 

-Acápite I – La esfera política......................................................................104                                                                 

 

- Acápite II – La esfera económica ............................................................. 114                                                        

 

- Acápite III – La esfera espiritual ...............................................................118     

 

- TERCERA PARTE: DEL DISEÑO A LA PRÁCTICA ............................................. 127                          

  

- CONCLUSIONES ...................................................................................... 163                                                                               

 

-  BIBLIOGRAFÍA........................................................................................174                                                                                          

 

- NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRAFIÍTAS ................................................. 193

- Notas y referencias bibliográficas de la introducción.................................. 193                             

- Notas y referencias bibliográficas de la primera parte ...............................  204                           

- Notas y referencias bibliográficas de la segunda parte ..............................  217                         

- Notas y referencias bibliográficas de la tercera parte ................................  222 

 

 

 

 

OCULOS HABENT ET NON VIDEBUNT.

OS HABENT ET NON LOQUENTUR.

MANUS HABENT ET NON PALPABUN.

AURES HABENT ET NON AUDIENT.[III]  

 

INTRODUCCIÓN.

 

LABOR OMNIA VINCIT IMPROBUS.[IV] 

 

La memoria histórica social es determinante para el desenvolvimiento civilizatorio de la humanidad, valorarla un lance imprescindible sí de seres sensi-pensantes hablamos. En tal sentido, la memoria histórica individual, y en especial la académica, aquella que resulta de una vida de investigación y producción científica puesta al servicio de la cultura, de la educación urge que nunca se pierda, aun y por sobre la agotadora marcha junto a nuestros congéneres que hasta pueden negarla. Es por ello, que a más de 14 años de defendido este estudio en forma de Tesis para el alcance del Grado Científico de Dra. en Ciencias Filosóficas, y por razones no de obstinación en el pasado –cosa que los años transcurridos y mi silencio ante su imposibilidad de publicación en Cuba la destierran por sí misma-, sino porque se ha hecho preciso que homologue dicho título fuera de las fronteras de mi tierra natal y tal vuelta al pasado, la remembranzas de lo vivido en aquellos tiempos, y el valor que le reconozco por el compromiso y responsabilidad con que fuese elaborada es que decido por fin ponerla tal cual fuera pensada en su momento ahora con mayor visibilidad que la que ofrece la vitrina donde yace. Literal se les presenta, aunque en muchos de sus pasajes argumentaría otras cuestiones que constantemente he aprendido y aprendo. Respeto pues la convicción con que fuese defendida la disertación en 1997, a saber: “Si dejamos perder nuestra historia, es porque no la hemos vivido”. [V]

 

La experiencia histórica socialista del pasado siglo es una problemática a la que prestan especial atención estudiosos de diferentes latitudes y especialidades del área de las Ciencias Sociales y fuera de ellas, buscando desentrañar los antecedentes del colapso de la misma en la ex-Unión Soviética y la Europa Oriental y Central, así como las consecuencias derivadas de éste para la variedad de movimientos progresistas actuales.

 

Todo examen de la experiencia transicional socialista en cuestión demanda del investigador para su correcta ponderación de una diferenciación sustancial entre el ideal y las formas concretas para su materialización, al atender para ello a las especificidades en que ha de transcurrir la misma acorde a la realidad histórica de la evolución de dicho escenario social. Se coloca énfasis en este aspecto del estudio a saber: la distinción entre el proyecto de sociedad Marxista – el socialista – y el inevitable enriquecimiento que las diferentes épocas históricas imponen, así como, las condiciones concretas que introducen desviaciones lógicas e inevitables a la hora de su concreción real en el proceso de la actividad revolucionaria cotidiana.

 

Se insiste en este aspecto medular, porque si de Marxismo consecuente hablamos, tenemos que tener en cuenta que nos encontramos, tal y como sus propios creadores lo definieran, ante un nuevo sistema filosófico, donde la dialéctica materialista abre paso a una nueva concepción de la historia y de la sociedad no lineal ni predeterminada, por el contrario compleja atiéndase por ejemplo la introducción hecha por Carlos Marx en sus Grundises (1857-1858). Y en tal sentido, una cosa es la asincronía natural entre ideal y realidad nacida de las contingencias de la actividad social, y otras muy distintas son las deformaciones del ideal y de la realidad socialista, las cuales abren paso a la aparición de un fenómeno que forzadamente o intencionalmente se le da un nombre, y que cada vez menos se parece a la intención de los que iniciaron el enriquecimiento de su contenido, ya sea desde el punto de vista teórico o práctico, o ambos al unísono. Esas deformaciones que anticipan o retardan la transición socialista constituyen el principal aliado para que el mismo siga siendo, tal y como en época de Marx, un fantasma al que todos le temen y nadie conoce; una utopía a la que se aspira y a la que no nos aproximamos, una posibilidad que con el tiempo y la costumbre olvidamos o desdeñamos, dejándola en manos de quienes la utilizan y la desmoronan.

 

El socialismo en el siglo pasado y presente ha sido – y es –, una alternativa por la que han optado diferentes países en la búsqueda urgente para la solución de los acuciantes problemas de sus realidades sociales; los resultados de su práctica arrojan, a finales de la centuria pasada, un cuadro dramático para las esperanzas del advenimiento de un mundo mejor y verdaderamente humano, capaz de rescatar a la sociedad del primitivismo expoliador a las individualidades y a lo humano en general para la civilización. Elucidar tanto las causas de la pérdida de dicha opción en unos pueblos, así como de las que condicionan su permanencia en otros, es un lance de honor para los investigadores sociales interesados en colaborar el mejoramiento de la vida en el planeta.

 

Estudiar las potencialidades del proyecto de sociedad Marxista como disyuntiva a la crisis actual en que se encuentra sumida la humanidad en tanto reorganización civilizatoria, es un reto inevitable para los que tienen discernimiento de su significado.

 

Resulta de vital importancia para los investigadores sociales, dirigir sus esfuerzos en lograr una evaluación íntegra de los procesos, que se apoyen multidisciplinariamente, no de una manera aislada. Este, es el camino esencial que se ha utilizado en el trabajo, y en todo el proceso de consultas y reflexiones con conocedores de diversas áreas que colaboran en el empeño. Ello ha exigido no sólo un dominio hechológico del problema, sino además de las diferentes teorías en torno al poder, muy en especial de las doctrinas socialistas desde Marx hasta los contemporáneos, para poder analizar críticamente las distintas interpretaciones típicas del proceso histórico socialista en general y de la Política Exterior de la ex –Unión Soviética entre 1945 -1960, en especial; partiendo del presupuesto de que esta historia es imposible que sea sujeto de experiencia, sino que esa experiencia histórica concreta, puede ser objeto de conocimiento científico siempre y cuando se aborde de manera íntegra.

 

No es posible ahondar en los aspectos teóricos sin realizar un examen profundo y concatenado de los hechos históricos, ellos siempre van a estar ahí, a mano de quien quiera conocerlos o ignorarlos, mientras que las elaboraciones teóricas y los intereses políticos pueden darles diferentes usos y enfoques con la consiguiente responsabilidad por los destinos de los procesos es decir, de la continuidad histórica.

 

Adentrarse en la teoría del poder y la naturaleza de la autoridad en estas experiencias escogidas, es algo que aún en Cuba no se ha logrado sistematizar y que con esta faena se aspira modestamente aproximarse, dado el significado de la corriente Marxista a lo largo de su historia.

 

Más allá de lo acertado del empeño, resulta imprescindible para una respuesta responsable y mesurada trasladar el objeto de estudio del momento en que se produce la desaparición del llamado Bloque Socialista[1]al proceso de su gestación, buscar bajo qué condiciones nace, qué mecanismos le tipificaron en su modo de acción y reproducción, y cuáles deformaciones le son congénitas a una reorganización social que sé auto denominó e inspiró en la alternativa socialista Marxista.

Reclamar que es impostergable una evaluación histórica del proceso de las experiencias socialistas escogidas no es un afán sin contenido, sino un lance para los que defienden el sentido de lo humano, al apoyarse para ello en los hechos reales, en las teorías y concepciones de las Ciencias Sociales Marxistas y de otros pensadores alentados en la búsqueda científica de una reorganización social que dignificara a la participación individual, y que rescatara al sujeto social en toda su universalidad y diversidad.

 

Este trabajo se dirige y constituye en el sentido de rescatar el enfoque Marxista de la totalidad y de la historia como movimiento unitario y diferenciado, aspecto este determinante para validar al Socialismo como alternativa en las condiciones actuales, cuestión que es imposible alcanzar sin un balance del pasado lejano y reciente.

 

Para los científicos sociales cubanos el estudio constante de estos problemas es imprescindible si deseamos colaborar en la solución de los terribles problemas sociales que atañen a toda la humanidad y a Cuba. Es por ello, que amén de las sabias conclusiones que puedan extraer nuestros colegas en todo el mundo, debemos sumergirnos en las polémicas actuales en torno a la transición al socialismo, arribar a nuestras propias conclusiones e involucrarnos, de manera activa, en el debate de los tiempos que corren; tiempos difíciles para cualquier investigador que asuma científicamente la responsabilidad de lo que produce, cómo lo produce y para quién lo produce.

 

Se enmarca, pues, este análisis en los años que median entre 1945 a 1960. Esto no es casual; precisamente en este período comienza a materializarse el intento de construir el socialismo desde un centro único y de una manera uniforme, a imagen semejanza de la experiencia soviética del período stalinista y bajo el presupuesto teórico de la posibilidad del triunfo del socialismo en una zona del mundo. Se considera que los propósitos a tal empeño comienzan antes de 1945[2], pero los pasos concretos como diseño de la alta política de la Burocracia Estatal Soviética encuentran posibilidades reales como resultado del nuevo reordenamiento del mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Se extiende el estudio hasta 1960, porque en el transcurso de los quince años abarcados en la investigación se produce el proceso acelerado de absorción de las sociedades de la Europa Oriental y Central por la ex

 

–Unión Soviética, más tarde afloran las naturales e inevitables contradicciones de un modo burocrático de extensión “socialista” y avanza a pasos agigantados la crisis de poder y autoridad soviética en el enclave europeo oriental y central.

 

Por sí mismos los objetivos propuestos encuentran su total concreción en este espacio de tiempo y permiten comenzar a dar respuestas a las causales de los sucesos de los últimos años en materia de experiencia socialista en el pasado siglo. Por otro lado, el enfoque integral utilizado, impuso la necesidad de delimitar el objeto de estudio para alcanzar conclusiones responsables, atendiendo a la búsqueda genética de la deformación del fenómeno estudiado. Por demás, se recalca que el espacio histórico recoge precisamente la concatenación del surgimiento, desarrollo, y decadencia del empeño de esta modalidad socialista que aspiraba al unicentrismo como modo de existencia.

 

Se dedica especial interés a la Política Exterior Soviética[3] y al nacimiento de lo que se dio en llamar Campo Socialista, atendiendo al proceso de deformación que sufrió el mismo en el proceso de su confirmación como régimen social. Por todo lo antes expuesto, los objetivos del presente examen son:

 

- Evaluar el proceso de deformación del Primer Estado de Obreros y Campesinos de la historia de la humanidad.

 

- Valorar la Política Exterior Soviética a la altura de 1945 desde el punto de vista de su diseño y su práctica hacia los pueblos de la Europa Central y Oriental.

 

- Evaluar las consecuencias históricas de una extensión socialista, basada en la exportación del modelo soviético para los pueblos centrales y orientales de Europa.

 

Enfrentar estos problemas obviamente exige del investigador la necesidad de desentrañar la naturaleza del poder[4] y de la autoridad[5] en dichas experiencias a partir de los fundamentos de la Teoría Política[6], para de esta forma adentrarse en los mecanismos y mediaciones que legitimaron su existencia a lo largo del período histórico en que dominaron las realidades políticas económicas y espirituales de estos países, de manera tal que como escuela de transformación social podamos aproximarnos a su conocimiento y evaluarlos en su justa dimensión.

 

Con relación a los problemas a resolver cabe señalar, en primer término, sí la evolución del Primer Estado de Obreros y Campesinos garantizaba el proceso de reproducción de auténticas relaciones socialistas o se deformó en el propio movimiento de búsqueda de su confirmación. Además, sí la naturaleza de la Política Exterior de la Burocracia Estatal Soviética[7] refrendaba los principios esgrimidos por el Primer Estado de Obreros y Campesinos[8] encabezado por V. I. Lenin, y sí su evolución evidencia un desarrollo de los mismos en las condiciones cambiantes o, un acomodo a intereses políticos específicos. También, sí la naturaleza del poder y la autoridad tanto a escala nacional como internacional, conducían a un desarrollo del socialismo como alternativa al alcance de la justicia social y garantizaban la unidad del Movimiento Obrero y Comunista Internacional sobre el reconocimiento de la diversidad de sus actores políticos[9], o la reproducción de una casta burocrática[10] de poder directamente vinculada a la propiedad estatal, que garantiza en su reproducción uniforme hacia el Movimiento Obrero y Comunista Internacional su propia supervivencia. Por último, sí los resultados de esta experiencia histórica significaron un desarrollo y aporte a la corriente

 

Marxista revolucionaria contemporánea en la solución de los problemas de las mayorías en los marcos de un análisis regional del fenómeno en la Europa Oriental y Central, o una deformación burocrática – estatista, administrativa y absolutista que abortó el intento iniciado en octubre de 1917.

 

El libro consta de tres capítulos titulados: “El diseño su génesis”. “El diseño su evaluación”. “Del diseño a la práctica”. En ellos se analizan el proyecto inicial, su deformación, así como las causas que lo originaron; el surgimiento de un nuevo proyecto representativo de los intereses de la Burocracia Estatista que dominó la puesta en escena de la primera experiencia transicional socialista; la evaluación del nuevo proyecto unicentrista que actúa ya a escala internacional como depositario de la construcción del socialismo y que, dadas las circunstancias de un nuevo reordenamiento del mundo impuesto durante el de cursar de la segunda contienda mundial, se abre paso a una extensión regional del socialismo y, por último, la puesta en práctica del mismo en el enclave oriental y central. Se tiene de esta manera la posibilidad de valorar la correlación entre proyecto y realidad en esta modalidad socialista en su proceso de internacionalización, bajo los imperativos que le tipificaron y las consecuencias históricas de su aplicación.

 

Las circunstancias en que devino el proceso al no coincidir el hecho con las aspiraciones que lo acompañaron, impulsa a los Marxistas revolucionarios a no negar el ideal socialista, sino a enriquecerlo en la medida en que se desentraña la esencia de la deformación y se alcanza a delinear un proyecto que evada esos desvíos en el cuerpo que se va conformando como socialista.

 

El primer capítulo asume la deformación del Primer Estado de Obreros y Campesinos; el segundo los objetivos, envoltura ideológica y medios de que se vale la Política Exterior Socialista deformada para poder reproducir ampliadamente su forma de dominio; y el tercero, la práctica concreta de esa Política Exterior que extiende la modalidad unicéntrica de socialismo y sus consecuencias históricas a la Europa Oriental y Central.

 

Como puede apreciarse el objetivo central del trabajo descansa en el Segundo y Tercer Capítulo. En ellos, se muestra el proceso de conformación de la modalidad de poder burocrático estatista para alcanzar un Comunismo Unicéntrico, pero éstos no lograrían la integralidad esperada sin la presencia del Primero, por cuanto muestra genéticamente los valores y causales de la deformación del Primer Estado de Obreros y Campesinos de la Historia de la Humanidad, dado que busca además, develar las raíces de las mismas en las condiciones de la evolución histórica anterior al Octubre de 1917, y en las concepciones y teorías en que se debatía el Movimiento Obrero Ruso bajo la influencia de todo el espectro internacional. Este capítulo, es un objetivo preliminar; es un  recurso imprescindible de todo análisis serio y fundamentado de la evolución social del período que se analiza.

 

Es por ello, que en su estructura interna, se realiza un examen, tanto del período Leninista, como Stalinista, atendiendo a las condiciones históricas que condujeron a la toma de decisiones en un modo específico para conducir al proceso social y dar soluciones acordes a la modalidad socialista optada. Se medita sobre los paradigmas a partir de los cuales erigieron sus teorías y concepciones en todos los ámbitos de actividad humana; su análisis acerca del papel del factor subjetivo; el modo de organizar y estructurar al partido y a la vanguardia; las formas concretas de movilización y trabajo con los actores políticos partiendo de las especificidades de subdesarrollo que lo caracterizaban; los fundamentos para el alcance de la unidad de acción tanto para la toma del poder como para conducir la transición; el Estado, las organizaciones políticas y de masas; las estrategias políticas en materia económica y sus resultados atendiendo a la problemática del socialismo adelantado[11]; el proceso de reforma del período leninista; la Política Exterior sus fundamentos, el problema nacional y los modos de enfrentarlo como antesala de un modo burocrático y unicentrista de construir el socialismo y el tratamiento al Movimiento Obrero y Comunista Internacional.

 

A lo largo del mismo, se evalúa la resultante del proceso y la deformación del mismo, allí y donde, la coincidencia entre ideal y realidad resultaba muy difícil de conjugar, no sólo por la ausencia de condiciones, sino por las propias determinaciones tomadas para asumirlo; se abre paso así, al análisis de la deformación burocrática - estatista del socialismo. Se demuestra además, como ya en el período leninista se crean las condiciones propicias para el tránsito del Socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado, y como la continuidad del poder stalinista agudiza e internacionaliza las mismas a toda opción socialista y a toda lucha por el socialismo en la Europa Oriental y Central.

 

Es importante recalcar en las diferencias sustanciales entre los costos inevitables que toda revolución trae consigo, y los que originan la contrarrevolución que le acompaña; las cuales pueden tener diferentes grados de agudización y complejización atendiendo a las complicaciones que puedan presentarse en el enfrentamiento a escala nacional e internacional; esto a manera de no aceptar la negación del verdadero impulso que resulta de una revolución auténtica y conducida por las masas, a modo de insistir en el factor progreso que acompaña a toda revolución que aspire y se proponga pasos certeros en la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

 

Cabe puntualizar con relación a este primer capítulo, titulado El diseño: su génesis, que tiene como acápite precisamente “Del socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado”, que su formulación responde obligatoriamente al análisis de la deformación del proyecto inicial que comienza a materializarse en octubre de 1917, tanto con los primeros decretos como con los principios constitutivos básicos del nuevo poder social, que toman como punto de referencia para el accionar social en materia política a los Soviets y a su experiencia de lucha anterior, a las responsabilidades que supo asumir en todo el período previo al asalto al poder y a la consolidación del mismo en los primeros momentos. Es decir, ante el término Socialismo de los Soviets, estamos en presencia del diseño, del ideal, del proyecto, pero de suyo en lo que se sumergen las reflexiones, es en el estudio primero de sus posibilidades prácticas, de los modos concretos en que asumieron o mejor se vieron obligados a asumir su solución y en el camino que se fue abriendo hacia un Socialismo de Estado[12] que absolutizaba el polo del centralismo en una correlación que debió ir abriendo paso a una democratización de la vida de la sociedad, sobre la base de un accionar consecuente con un principio centralista democrático declarado formalmente, y que no respondió ni por asomo, a una democracia expansiva, al decir de la Luxemburgo o de Antonio Gramsci. Ya sabemos que las condiciones eran en extremo difíciles, pero era imprescindible encontrar el camino para exorcizar a las inevitables deformaciones burocráticas que bajo el influjo de condiciones materiales y espirituales matizaron la necesaria lucha por la existencia cotidiana, por la supervivencia misma, como una de las compañeras ineludibles en la lucha contra la existencia de las clases sociales y sus diversas formas de explotación, lo cual, como se sabe devino sin lugar a dudas en violentas luchas políticas por el poder como el propio Lenin profetizara en su “Bajo Pabellón Ajeno”[13] .

 

La cuestión residía en que se imponía en toda la primera etapa de una jerarquía, pero totalmente opuesta a la tradicional; una jerarquía abierta y expansiva que permitiese un intercambio continuo entre el individuo, la masa y los diferentes escalones jerárquicos de los que todos son partícipes porque los tienen a la vista, bajo el necesario control social desde abajo, inclusiva y propositiva dando paso así a una unidad social que podía evitar la aparición de un orden de castas y grupos de poder con intereses particulares.

 

Este seguimiento condujo al análisis de la burocracia, de las condiciones que garantizan su florecimiento y omnipotencia como método de dominio en todas las esferas en la experiencia socialista por grupos de poder asociados a la propiedad estatal. La burocracia transicional socialista es fruto de las condiciones que imponen las realidades de que se parte, de los modos congéneres que se ven obligados a asumir para mantener el poder desde el subdesarrollo y del constante acoso a que se ven sometidos por las fuerzas opuestas al cambio; pero ella misma, una vez que existe, pulsa el ritmo del proceso a su favor, se reproduce por doquier, involucra en su método de gestión a toda la vida de la sociedad no dando cabida a nada que atenté contra su existencia y, acomoda y somete a los individuos a las migajas que le brinda para su existencia. La burocracia es un fenómeno del que no se encontrará libre durante mucho tiempo la humanidad, el problema radica en su consolidación como método de gestión social y de dominación en todas las esferas de la actividad humana.

 

De esta manera se arriba a una caracterización de su funcionamiento, de las bases que garantizan su reproducción ampliada, incluso a escala internacional, y que le abren el camino a una actuación con independencia de las masas y del pueblo en general. Tal situación les permite instrumentar estrategias nacionales e internacionales ajenas a un proyecto que se auto titule socialista y que, de suyo, muestra la deformación del socialismo de manera palpable. Para ello, se tiene en cuenta no sólo las condiciones que limitaban el ejercicio del control por las masas, sino la forma de organizarse para ejercer el poder y tomar decisiones; en especial, por su constitución histórica como grupo estrictamente centralizado[14]. Se pretende además, desde la óptica de la Teoría Política y muy en especial de la Marxista, desentrañar la naturaleza de la autoridad y de los mecanismos de que ésta se vale para legitimarse[15], al tener en cuenta las condiciones económicas, políticas, espirituales, sociológicas, tradicionales y psicológicas entre otras en que discurre el proceso.

 

Es por tal motivo que se sigue lo largo de la exposición como norte, los objetivos políticos, su envoltura ideológica, los medios y resultados tanto a escala nacional como internacional en el proceso de confirmación de los intereses en la distribución, conservación y traspaso del poder. Se cuida, con gran celo, el cotejo de la política doméstica y exterior, y de las  condicionantes internas y externas, pues sería un absurdo imperdonable y atentatorio contra la integralidad referirse a una en ausencia del análisis de la otra. La problemática en cuestión, exige un seguimiento y encuadre metodológico que permita explicar, con la seriedad requerida, el objeto de análisis en presencia de una cadena donde los eslabones tienen una soldadura especial de estrategias y acontecimientos que encajan en los dos niveles descritos al unísono, lo cual revela la dinámica de interconexiones de los procesos como peculiaridad de la época moderna.

 

Este seguimiento se apoya en la historia; sin ella sería imposible el análisis teórico, pero el trabajo no es esencialmente histórico, sino que la utiliza como instrumento de labor para determinar los actos políticos que definen el sentido y la posición de sus ejecutantes, a través de un enfoque que está presente a lo largo del mismo.

 

La investigación requirió como necesidad un estudio de la obra teórica de V. I. Lenin, y de su práctica dentro del marco de una polémica viva que dejó huellas imborrables en el pensamiento Marxista, por las múltiples interpretaciones dadas a la obra del destacado revolucionario, se recurre durante el acápite del dedicado a la transformación del Socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado, a una utilización minuciosa de las reflexiones leninistas en torno a la dinámica de los sucesos y las variantes lógicas que fueron imponiendo las circunstancias sociales, políticas, económicas y espirituales, así como una evolución consecuente de su período histórico, de sus aciertos y desaciertos, de los que reconoció y de los que la práctica misma nos permite ahora señalarle.

 

En el referido acápite del primer capítulo, también se hace un seguimiento similar de las concepciones de la Burocracia Stalinista, de la fuerte oposición que recibió por parte del bolchevismo militante, y de los fecundos aportes teóricos en las diferentes esferas de la construcción socialista por los continuadores del Leninismo en este período en que se fue gestando la brutal política que anuló la diversidad de criterios y de puntos de vista, de las figuras más descollantes de este movimiento histórico tan singularmente importante para el ideario Marxista.

 

La autora es del criterio de que el stalinismo es un fenómeno histórico, que encarna el poder y la autoridad de la Burocracia Estatal Soviética, que afianzó su poderío ya en vida de Lenin dadas las condiciones extraordinarias en que se verificó la Revolución de Octubre en ausencia de la Revolución Mundial tan esperada por el bolchevismo militante. Este como fenómeno histórico en cuestión abarca a todas las esferas de la sociedad, marcándola con modalidades específicas de control social, que en especial nada tiene de común con el socialismo primigenio y con los valores fundamentales esgrimidos por sus continuadores.

 

El stalinismo, para su estudio, hay que diferenciarlo en dos niveles, uno conceptual, en tanto modo de construcción socialista, y otro, en cuanto a épocas en la materialización de dicho objetivo. Si caracterizase el período de ejercicio del poder de Josif Vissarionovich Stalin, se puede afirmar, sin lugar a dudas, que es la represión el centro de su gestión, la utilizó al máximo en su afán de convertir a Rusia de país agrario en una potencia industrial y para destruir a todo el que se interpusiera en su camino, por ambas cosas, paradójicamente, se hizo temer y admirar por sus contemporáneos.

 

Un aspecto de singular importancia en el accionar de este poder deformado socialista y que evidencia su naturaleza, es la violación de la legalidad y de los postulados básicos del accionar partidista, tanto en las determinaciones nacionales como internacionales, lo que indica la responsabilidad del grupo reducido que toma las decisiones a espalda de los supuestos auténticos depositarios del poder. En este aspecto, es de destacar, por un lado, la desviación flagrante del orden socialista declarado, y por otro, la violación de ese mismo orden jurídicamente establecido. Es decir, sé esta en presencia de una doble informidad, la de la apoyatura socialista sobre la que se erige y, la de su propio fundamento estatista - burocrático.

 

El segundo capítulo se dedica por entero al análisis de la Política Exterior de la Burocracia Estatal Soviética y evalúa, además, el modelo político, económico y espiritual que experimentó primeramente en su suelo y luego exportó íntegramente a la Europa Oriental y Central en su proceso de absorción.

El examen se detiene en acápites específicos para una valoración de los elementos de su accionar político, económico y espiritual para profundizar independientemente en estos aspectos, establecer sus concatenaciones y constatar su compleja deformación de una auténtica senda socialista; sin este examen sería imposible orientarse tanto en la experiencia soviética, como en las de las llamadas Democracias Populares.

 

El capítulo evalúa los actos en Política Exterior, el modo en que se inserta la Burocracia Estatal Soviética en el marco de las relaciones internacionales matizadas por las luchas entre las diferentes potencias por la hegemonía mundial; los pasos dados con relación a las sujeciones establecidas respecto al Movimiento Obrero y Comunista como parte de su escalada unicéntrica en la reproducción de los futuros portadores de su modalidad de poder; los objetivos, la envoltura ideológica y los métodos concretos para su consolidación que, fundamentalmente descansaban en la extensión de su modelo[16].

 

Las justificaciones “teóricas” esgrimidas para las estrategias asumidas en el marco de las Relaciones Internacionales y para con el Movimiento Obrero Internacional son abordadas y valoradas en el espíritu de demostrar el profundo divorcio que existe en este rumbo burocrático y los fundamentos básicos constitutivos del Estado Soviético, puestas de manifiesto en las transgresiones de la legalidad que servía de soporte a su funcionamiento, lo que se repetía con los principios partidistas nacionales e internacionales y como las mismas influyeron en la desorganización y pérdida de la credibilidad de los partidos y organizaciones de izquierda en el período anterior y posterior a la Segunda Guerra Mundial. Se verifica, puntualmente el traslado a la Internacional Comunista de las luchas de las fracciones en pugna en la Unión Soviética. Los vaivenes y deslizamientos en la dirección de la internacional, fueron evidenciando la tendencia burocrática centrista que caracterizaba al stalinismo en su gestión política.

 

Este capítulo se mueve en la toma de decisiones práctico concretas avaladas por las propias contradicciones generadas por su modelo, el cual antes de la contienda bélica había mostrado rasgos de agotamiento y no sobreviviría sin el apoyo exterior de las sociedades hermanas, por lo que la solución sólo se alcanzaría en un bloque sólido hecho a imagen y semejanza de su progenitor, que permitiera una recirculación de medios de producción, materias primas y recursos laborales, garantes de su método extensivo de desarrollo. Por tanto, el reto estaba dirigido, como sistema, hacia la productividad y ahorro de recursos materiales y humanos pero bajo el control de Moscú. El potencial industrial alcanzado por la ex –Unión Soviética, devino en un desarrollo de las fuerzas productivas tal que escapaba de las estrechas y cerradas relaciones sociales de producción impuestas por sus gestores; se imponía pues, o la ruptura con el modelo económico, o su reproducción en gran escala. La reproducción ampliada del mismo fue la variante por la que se optó y, en ese sentido, se estructuró su Política Exterior.

 

En consecuencia, se aborda el diseño en política exterior tanto en su envoltura ideológica como en las recetas prácticas avaladas en el modelo que se exportó para garantizar su dominio; para armonizar el poder en las nuevas zonas alcanzadas como resultado de la contienda bélica. Es decir, se es consecuente con el análisis de los fines y medios y se sobrepasan los mismos en sus complejas interacciones históricas.

 

Por tanto, el capítulo “El diseño y su evaluación” recorre y evalúa todo el escenario internacional; las posturas específicas adoptadas por el stalinismo tanto para salvaguardar su integridad como para materializar sus aspiraciones de expansión dictadas fundamentalmente por sus propias necesidades internas a partir de las propias contradicciones que generaba su modelo en el proceso de su reproducción ampliada; para ello se valora la dimensión ideológica de su propuesta de posibilidad del triunfo del socialismo en una zona del mundo, depositaria directa de la posibilidad del triunfo del socialismo en un solo país atrasado y cercado, en el espíritu del viraje stalinista del otoño de 1924; y se estudia por esferas (política, económica y espiritual) el modelo a exportar como parte práctica que complementa los métodos de dominación a los que ya se ha  hecho referencia.

 

Es imposible dar paso a una explicación sino sé es consecuente con tal metodología para el análisis de la internacionalización de un fenómeno tan determinante para la humanidad como lo fuera la experiencia de transición socialista, sin desentrañar cómo aconteció este proceso como un segundo paso en la consolidación de esta modalidad de socialismo ahora, no ya en un país, sino en una zona del mundo. Se le da continuidad a las tensiones que Occidente precipita sobre este Estado, los rejuegos políticos a que es sometido, con lo cual la defensa de su soberanía se levanta como aspecto esencial a salvaguardar por encima de un enfrentamiento del pueblo a un poder que se asentaba en oposición a los valores que le dieron origen. Por tanto, el ajuste de cuentas teórico práctico a esta modalidad deformada tuvo que postergarse por tareas más urgentes, relacionadas con la supervivencia misma en un mundo que se organizaba aceleradamente en oposición a los individuos, a los pueblos, en fin, a la humanidad.

 

A modo de concreción, el primer capítulo valora el proceso de deformación de la experiencia socialista soviética; el segundo a este Estado deformado que esgrime una Política Exterior donde uno de sus principales objetivos es la extensión regional de su modelo, que se hace acompañar orgánicamente de una envoltura ideológica bien delimitada justificadora de su rumbo y de métodos concretos avalados en los mecanismos y mediaciones existentes en su modelo garantes de las bases de su poder y que, ahora, se articulan a un escenario regional.

 

El tercer capítulo resume la aspiración de la evaluación propuesta. Expone de una manera integral todos los ingredientes metodológicos antes expuestos y valora los resultados prácticos de tal experiencia para estos pueblos; se verá, por tanto, al modelo en su proceso de afianzamiento hacia el exterior por esferas y en su movimiento internacionalizador, recalcando que el objeto de análisis es el regional, aunque de suyo se realiza un estudio por países en las diferentes esferas de análisis que lo precisen.

 

La exportación y asimilación de un modelo de construcción socialista deformado sentó las bases, en ausencia de un mecanismo corrector del rumbo, al florecimiento de una modalidad socialista ajena a estas sociedades donde se experimentaba. Las nefastas consecuencias de su aplicación para el funcionamiento de las mismas de manera ascendente, originaron serias desproporciones económicas, dependencia, opresión nacional y serios problemas de identidad por citar algunos de los más importantes.

 

Por otro lado, no existen dudas de que el primer impulso brindado por esta modalidad transicional socialista a estas sociedades desgarradas por la guerra resultó un momento importante, y que la confiscación de los bienes a las clases pudientes es un paso de avance en la búsqueda de la justicia social. Pero la calidad de la estatalización depende esencialmente del cambio sustancial de actividad de los individuos inmersos en la experiencia; una actividad que los instituya como auténticos dueños en el proceso de desenajenación sucesiva de los individuos, y dicho proceso va más allá del aspecto cuantitativo de lo estatalizado, abarca a todas las esferas de la vida de la sociedad, donde los hombres actuarán de una manera nueva, en la medida en que lo nuevo se afiance desde el micro  al macro nivel social y viceversa, donde los ciudadanos son actores en papeles principales y no simples espectadores o marionetas, que ni siquiera conocen el guión.

 

La autora  de este estudio es del criterio, de que el socialismo podía ser una opción liberadora para estos pueblos, pero no un socialismo impuesto e importado, que no reconocía las especificidades del desarrollo de los mismos. Los éxitos alcanzados por la izquierda y el Movimiento Comunista en toda la Europa durante la guerra eran elementos importantes para el desarrollo paulatino natural de un socialismo policéntrico, no unicéntrico como de hecho se intentó implantar. La ayuda y la solidaridad internacional de la transición socialista es un aspecto vital para el nuevo régimen por lo que no puede ni debe confundirse con la dependencia y la obligatoriedad a asumir posturas e instrumentar estrategias que vayan en detrimento de la soberanía de los pueblos; volver siempre sobre los principios del internacionalismo y solidaridad del movimiento socialista, como rasgo que los ha de peculiarizar en su comportamiento internacional es una cuestión de principios imposible de soslayar en la búsqueda por materializar un ideal humanista.

 

En su estructura interna, este capítulo final valora el proceso de liberación del fascismo de estas naciones; el papel de sus diferentes actores políticos; la confrontación internacional entre las potencias vencedoras y la situación concreta de los mismos ante el nuevo reordenamiento del mundo. Considera en especial, el significado de la actividad de las resistencias y de los nuevos gobiernos de transición, la postura de la ex –Unión Soviética con relación a los mismos; presenta los primeros pasos dados para el establecimiento de las necesarias sujeciones de estos pueblos al sistema estatista burocrático soviético. En este sentido, se evidencia el modo en que la diplomacia soviética se las agenció para “resolver” los eternos problemas fronterizos, étnicos y nacionales latentes en este enclave europeo y que, de suyo, acumulan nuevas tensiones. Se analizan también los pasos dados en el sentido de una estrategia que se propone, en primer lugar atar económicamente y luego avanzar con paso más seguro a la eliminación de la oposición política existente; y se afirma esto, pues la dependencia material debía garantizarse mucho antes de la sujeción política para que esta pareciera mucho más natural, y los pasos seguidos por la diplomacia soviética en este proceso así lo refrendan.

 

De igual manera sucede con las relaciones entre los países de la región, pues el Kremlin opera como un mediador entre estos, matizando sus vínculos según sus propias necesidades. Esto arroja un cuadro general en que toda relación entre los integrantes de las llamadas Democracias Populares debía recibir el visto bueno de Moscú, y toda determinación individual a avanzar independientemente a este empeño fue fuertemente censurada.

 

Los movimientos que siguen al afianzamiento de las relaciones socialistas estatistas tienen que ver con el surgimiento de Organizaciones Internacionales intra - bloque; organizaciones que surgen, sin lugar a dudas, bajo el imperativo de intereses políticos para garantizar una unidad monolítica que cada vez se dificultaba más por las contradicciones y conflictos que afloran en el proceso de absorción de los mismos. En esto se debe considerar el papel desestabilizador de Occidente y los Estados Unidos en el proceso de avance del cordón sanitario levantado con la guerra fría y las aspiraciones de dominio que determinaban su activismo.

 

Las organizaciones Internacionales a que nos referimos son: El Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros (KOMINFORM); El Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y el Pacto de Varsovia. Las causales de su surgimiento responden a lógica de la reproducción de un socialismo que se extendía en una modalidad deformada y se asumen todos los aspectos que avalan esto desde el ángulo de los principios que regulaban su funcionamiento y de una práctica política que no los confirmaba en sus definiciones más preciadas. Sin embargo, vale señalar que como organizaciones unitarias de contención ante el poderío imperialista, desempeñaron un papel positivo para el movimiento de izquierda en todo el mundo. Esto no elude que, desde el punto de vista del valor desenajenador Marxista, las mismas no encauzaron su consolidación, sino por el contrario contribuyeron de modo indudable al afianzamiento del modelo soviético ahora internacionalizado actuando a escala de todas estas naciones, coordinando el modo de evolución social de las mismas a la usanza soviética stalinista; determinando los caminos políticos internos y externos aplicando esquemas similares a situaciones totalmente diferentes, y cortando todo intento de independencia de la tutela moscovita.

 

Las propias medidas tomadas en el transcurso de los quince años estudiados no modificaron los principios rectores de una soberanía cuestionable para estos pueblos, ya que estaban dirigidas a mantener al Kremlin en la determinación de los destinos de los mismos. La esencia de la dominación no varió por muchos retoques que se le dieron, de ahí los perennes conflictos que surgían en todo el enclave socialista europeo y los constantes sobresaltos por mantener una autoridad que se desmoronaba y desacreditaba por momentos. Se pueden referir por ejemplo los sucesos yugoslavos de 1948, los alemanes de 1953, los polacos y húngaros de 1956 y los rumanos y albaneses de la década del sesenta, por citar los que entran en el período que estudiamos y que conducen la tan ansiada unidad monolítica a un callejón sin salida al término del período estudiado.

 

El seguimiento se adentra además en el análisis por esferas del proceso de avance de esta modalidad socialista y su significado para estos pueblos, donde el principal aspecto que se destaca no es sólo el tratamiento uniforme de realidades diferentes, sino la dependencia y aplastamiento de los valores nacionales lo cual resulta de tan negativa incidencia en la validación de su memoria histórica, costumbres e idiosincrasia.

 

El movimiento de las ideas se propone simultanear las condiciones específicas regionales y las resultantes individuales por países. Recoge, por ejemplo, el conflicto Stalin - Tito, su significado y toda la época de terribles persecuciones y de agudización de la lucha de clases a escala de bloque que repetía la experiencia soviética desde finales de la década del veinte y mediados de treinta; valora la crisis de autoridad soviética en estos países y los sucesos alemanes, polacos húngaros de la década del cincuenta y las medidas tomadas para sobrellevar a la misma, así como los nuevos conflictos que afloran al inicio de la década del sesenta con Rumania y Albania.

 

En apretada síntesis se muestra el movimiento del nacimiento de un nuevo poder en estos países como resultado de la Segunda Guerra Mundial, que no devino en la total independencia de estos pueblos, sino en una nueva forma de supeditación que nada tenía que ver con los valores que acompañaron al ideal Marxista revolucionario en su advenimiento y evolución, el cual se identificó por la naturaleza de la exposición de sus fines con las aspiraciones sociales de redención, justicia social y humanismo.

 

El peor efecto en la conciencia de estos pueblos es identificar a la alternativa desalienadora Marxista con estas realidades distorsionadas que conocieron. Este terrible efecto sobre la conciencia popular y los movimientos progresistas ha sido el principal aliado en materia de subversión y descrédito político porque se contaba con un arsenal de hechos históricos que estaban ahí, dispuestos a servir de material de estudio a quien desease conocerlos, estudiarlos y asumir el desafío de la explicación y crítica consecuente capaz de sacar al sujeto social de su natural y ancestral esclavitud espiritual. Las esperanzas de un mundo mejor se encuentran en crisis, cabe a los investigadores mostrar sus causas, corregir los errores y luchar por una auténtica reorganización social.

 

La bibliografía utilizada responde al enfoque integral que prima en la obra y sin el cual sería imposible llegar a conclusiones concretas del proceso histórico que se aborda.

 

La utilización del pensamiento clásico Marxista es un elemento de principios que revitaliza su vigencia como método de análisis de la sociedad no como calco sino en su sentido analítico propositivo, aquello que indica que digo cuando digo soy Marxista o socialista deslindando similitudes y diferencias creadoras no reproductivas;  a lo cual se añaden los enfoques de otros pensadores de validez universal,

 

La crítica y la búsqueda de la superación a través de la subversión del orden imperante, implican un reto para articular formas concretas en la transformación de esas realidades deformadas del socialismo. De ahí el significado de la herencia del Marxismo; ser consecuente con ella no significa sólo conservar, sino reafirmar una memoria que trabaja activamente para el porvenir, un compromiso a actuar responsablemente en la elección y discriminación de la herencia, en lo imperecedero y en lo circunstancial; descifrar en los textos que, por ser valiosos, no se encuentran exentos de nuestra intelección cotidiana, y que demandan de una interpretación de lo necesario a la luz del mundo actual para entender el pasado y transformar y reorganizar a la humanidad.

 

Se ha de rescatar a la herencia de una manera consecuente; un legado que no sólo es de Marx y de lo que él significó en el pensamiento progresista, sino que se extiende a otros muchos pensadores sin los cuales el Marxismo sería un ente vacío y disperso, de existir el Marxismo o los Marxismos pues sabemos de la clara propuesta de Carlos Marx cuando afirmase: “sólo sé que no soy marxista” tan tempranamente como cuando comenzó la socialización de su pensar. El posible valor está –entre otros posibles- en la continuidad-discontinuidad como campo teórico de investigación y con ello de actividad. En la temática que ocupa a este estudio, tener claro estos aspectos impide tomar partido por uno u otro elemento de la evolución de este pensador para dar una conclusión terminante sobre lo que tratamos, es decir se precisa un seguimiento en la progresión de su pensamiento para establecer una crítica consecuente con sus posiciones y hacer un uso consecuente de la totalidad Marxista[17] que se aspira alcanzar con el presente examen.

 

La cuestión referida al Leninismo[18] y a la evolución de su pensamiento, coloca a los interesados ante un pensador que vive la práctica socialista en la época imperialista; que enfrenta y ajusta al organismo social que aspira a transformar; que reconoce y hace política en la evaluación y corrección del rumbo y que aporta en sus trabajos un manantial de experiencias considerable para el mundo subdesarrollado que aún se encuentra virgen en su procesamiento integral. A pesar de estos aspectos positivos señalados es importante apuntar que su labor no se encuentra libre de errores, precisamente entre1917-1924 comienza a gestarse la deformación del intento socialista liderado por él, por lo que estudiar el período también esclarece su responsabilidad ante las resultantes que se fueron verificando.

 

Las polémicas desarrolladas en la obra de Marx y Engels son recogidas también en el cuerpo de la exposición y reflejan las posiciones concretas de los clásicos ante las diferentes interpretaciones en torno al socialismo ya sea con Bakunin[19], El Movimiento Blanquista[20], el anarquismo[21], Proudhon[22], y Lassalle[23]; cuestiones que enriquecen y muestran sus posiciones ante problemas cardinales del movimiento obrero y de su ideal de sociedad lo cual la convierte en activa y progresiva como aproximación al futuro civilizatorio. Destacando como muchos de los “deslices” de esos teóricos penetraron en sus especificidades contemporáneas en las experiencias que se analizan.

 

El seguimiento de estos y otros trabajos conducen al esclarecimiento de que el Marxismo no es un dogma, que jamás elaboró fórmulas ni códigos fijos que a veces son los que más gustan a quienes lo utilizan en beneficio propio, porque se suponen los que más saben del asunto o aquellos que lo esgrimen para darle curso a sus bastardos ideales; muy por el contrario la diversidad abría paso al enriquecimiento mutuo y al reconocimiento de ésta dentro de la alternativa socialista partiendo de las diferentes condiciones concretas que generaba el capitalismo y de las que extrajeron sus conclusiones, aspecto posible sí de ciencia se habla y no de envoltura ideológicamente aberrante . La presencia en el movimiento ruso antes de la toma del poder y con posterioridad a esto de muchos de los criterios sustentados por estas figuras con las que polemizaran Marx y Engels en su tiempo, exige el necesario conocimiento de las mismas por el investigador para establecer los puntos comunes y diferenciantes que precisan de un estudio que esclarezca las causales que hacen que los mismos mantengan su vigencia en nuevas condiciones y de hecho asumir una crítica consecuente valida hasta hoy.

 

Las polémicas dentro del Leninismo son también muy amplias y diversas pues reflejan las complejidades del mundo de finales del siglo XIX e inicios del XX; recogen a su vez las diferentes posturas incluso dentro del bolchevismo[24]  militante antes de la toma del poder político, y abarca todas las esferas de organización de la nueva sociedad y su perfeccionamiento, así como la organización internacional del proletariado. Entre sus momentos más distintivos encontramos la lucha contra el Populismo[25], el marxismo legal[26], los mencheviques[27], en especial con Martov[28], Trotsky[29], Bujarin[30], Rosa Luxemburgo[31], Kautsky[32], por citar algunos ejemplos dentro y fuera del país.

 

El conocimiento de los diferentes puntos de vista frente a la alternativa socialista por esferas y problemas a resolver, matiza la riqueza de enfoques y búsquedas urgentes a que se vieron abocados estos hombres al filo de una crisis mundial generada por las contradicciones del capitalismo en su época imperialista. Los debates se ahondaron con posterioridad a la muerte de Lenin. Ellos mostraron o mejor, expresaron una lucha y búsqueda tenaz en un escenario social que se burocratizaba aceleradamente, extinguiendo brutalmente cualquier oposición por ligera que fuese. El seguimiento activo a la evolución y proyección Marxista nos colocó ante el examen detenido de las concepciones del Austro Marxismo; el Marxismo Occidental, en especial la Escuela de Francfort; el Marxismo en la Europa Oriental y Central; el Marxismo en el Tercer Mundo; el llamado Marxismo Soviético; así como la producción teórica de L. Althusser entre otras destacadas figuras[33]. Ello permitió constatar la diversidad necesaria de enfoques que ha caracterizado a esta corriente de pensamiento en su evolución enriqueciendo la crítica y propuesta de subversión de los órdenes sociales desformados y la forma concreta de percibir una reorganización social, así como los desafíos específicos que se presentan ante los hombres en realidades diferentes.

 

La utilización y estudio de la Politología y Sociología Occidental es un recurso importante para el investigador Marxista, si realmente desea orientarse y asumir una evaluación consciente de su significado, de su desenvolvimiento interno y funcionamiento. Para comprender su enfoque no sólo con relación al socialismo, sino en la contextualización de las especificidades del mundo capitalista con el que coexistió la experiencia del Socialismo de Estado del  siglo XX que obvió y negó a estos pensadores, retardando la compresión de la dinámica capitalista hacia el interior de sus sociedades y en las relaciones internacionales. Entre las obras reseñadas en la bibliografía resaltan las del pensamiento clásico, en especial las de: T. Hobbes, N. Maquiavelo, Montesquieu, J. J. Rosseau, J. Locke, entre otros muchos consultados. Se suman a ellas las de Max Weber, Emile Durkheim padres de la sociología moderna a la que el Marxismo clásico en la figura de C. Marx diera un importante y determinante estímulo, reconocido incluso en el Primer Congreso Internacional de Sociología celebrado en 1894.

 
Precisamente estos dos pensadores a lo largo de su obra, y sin negar la deuda con Marx, comenzaron a establecer, de diferentes maneras, los principios y el  ámbito de esta nueva disciplina hasta cierto punto en oposición crítica con el Marxismo pero de indiscutible y enjundiosa validez sociológica.

En ese mismo sentido se integra la obra de R. Michels; R. Aron, R. Darendorf, A. Touraine, T. Parson, N. Poulantzas; los cuales, sobre la base de un estudio sociológico permite adentrarse en las peculiaridades actuales acerca de la dominación, la hegemonía, la ideología, el poder, y las clases dentro del Estado Capitalista, en especial, sus consecuencias en la presente Era Tecnológica para el progreso.

 

De incalculable complemento en el balance de la problemática del Estado y Gobierno, la naturaleza del poder, la tecnocracia, la burocracia, los partidos políticos, las instituciones políticas, el derecho, la cultura y el totalitarismo entre otros aspectos resultaron los trabajos de: M. Duverger, J. Meynaund, Toccqueville, M. Foucault, D. Eanston, N. Bobbio, H. Heller. Muy vinculados a los aspectos anteriores pero en especial para las Relaciones Internacionales destacamos los trabajos de: M. Abertury, L. Tomassini, R. Russell, H. Morgenthauh, J. W. Burton,  L. Cefkinj, T. Columbist, L. Joachin, Hoffman, Stanley, S. Huntington, Karl W. Deustch, entre otros.

 

A la historiografía la hicimos acompañar de la literatura como complemento ilustrador necesario, y como utilidad dar enfoque dentro del primer grupo subrayamos las obras de: I. Deustcher, M. Croucent, A. Tombee, S. A. Steskebich, Bo Galeski, J. B. Condliffe, L. Nagy, Lichtheim, W. Benz, H. Granz, I. Herraiz, Zamiatin, A. Zinoviev; y dentro del segundo a: Solzenitzin, Marschall Bermang, O. Mandelstam, A. Biely, A. Ajmatova, M. Bulgakov, Chernichevski, Dostoievski, entre los más utilizados.

Este enfoque no es casual pues no perseguíamos una constatación de hechos históricos fríos, impersonales, sino por el contrario vivos latentes, y actuantes. Esto sólo es posible de alcanzar en el modo en que el literato, en su convivencia activa, los revela, los hace no sólo propio sino de la posteridad.

 

El enfoque psicológico presente en las obras literarias enriquece aún más la imagen de los hombres que viven la experiencia histórica concreta. Muestran las formas en que el individuo internaliza las realidades en que vive, asume las mismas y se integra o se enajena del mundo en que desarrolla su actividad vital, encontrando maneras de supervivencias enmascaradoras de sus sentimientos más preciados, en lo que comúnmente se reconoce como doble moral, la cual es representativa de un sentimiento antiestatista y que, en muchos casos, es una forma de supervivencia ante un mundo que se organiza en oposición a los individuos, a la humanidad. La despersonalización de la propiedad, del poder, de sus potencialidades fundamentales son causas directas de estos modos de comportamiento humano muy vinculados a lo que los clásicos denominaran fetichismo del Estado, sin descartar a aquellos que, en pos de un bienestar individual, actúan miméticamente y se aprovechan de las circunstancias más diversas para alcanzar sus fines. Todos estos matices presentes en el cuerpo social de la experiencia estudiada, se reflejan y se busca encontrar las maneras precisas para encaminarlos a un actuar que redima las aspiraciones de una auténtica senda socialista. También se muestran diferentes enfoques actuales en torno al fenómeno del stalinismo aparecidos  en revistas, mesas redondas, simposios, etc.

 

En materia económica la obra resalta las diferentes polémicas surgidas en distintas épocas al calor de los reclamos y urgencias de la experiencia transicional socialista, tanto en la ex – Unión Soviética como en la Europa Oriental y Central, evidenciando las diferentes posturas por ejemplo entre Trotsky y Preobrazenski con las de N. Bujarin, así como, los planteos con relación a ésta y en forma evolutiva de W. Bazarov, S. Strumilin, L. Kristman, G. Krisanovski, G.  Sokolnikov, I. Smilga, W. Novozilov.

 

Se realizó también un seguimiento de la evolución de los planteamientos en materia económica, dado el necesario rescate de los mismos a partir de los olvidos imperdonables a que fueron sometidos durante años y del alto valor científico de los mismos. Su conocimiento refuerza la evaluación de las estrategias económicas asumidas en los diferentes momentos, tanto en la ex – Unión Soviética como las que posteriormente se verificaron en la Europa Oriental y Central y en la que se produjeron debates similares. Muy en especial se destaca la que se produce en los años veinte en el escenario soviético.        

 

A estos se unen los estudios posteriores de W. Brus, Selucky, Ota Sik, K. Kosik, R. Loebl, J. Glodmann, L. Kolakowski, F. Beherens, A. Benary, M. Kalecki, J. Kosta, J. Kornai, Lipinski, Kowalik. Se avanza en las consideraciones expuestas también por CH. Bettelhim, A. Gilly, A. Gorz, E. Mandel y C. Samary, entre muchos interesantes criterios consultados y que dan continuidad no sólo al problema del plan y mercado, o a las posibles formas de medición ya sea en valor o valor de uso, sino a un conjunto mayor de cuestiones que abarcan a todo el organismo social en su concatenación lógica de funcionamiento; de ahí la importancia de un estudio recurrente de este aspecto.

 

Se presta un especial interés a la producción teórico - política de Raúl Roa por la certeza de su enfoque en la correlación de ambos sistemas y en la dinámica de su funcionamiento interno. Se presenta así un rescate del pensamiento cubano en una figura que en su momento histórico asumió con gran valor y eficacia el balance del fenómeno que estudiamos, su significado para los pueblos subdesarrollados y en general de la América Latina. De igual forma, se utilizaron otras valoraciones de Marxistas cubanos en diferentes épocas respecto al objeto estudiado.

 

Fueron consultadas con un gran número de revistas, periódicos y otras publicaciones, pasadas y actuales que permitieron evaluar las posiciones y objetivos de sus autores en medio de circunstancias harto difíciles para la creación libre y clara. Es evidente que en la etapa actual en muchos autores se busca presentar un cuadro de análisis integral, rompiendo con el iceberg parcialista y triunfal del período anterior. A pesar del intento, se encuentra en muchas ocasiones argumentos poco sólidos, que acuñan un prototipo de formación intelectual de corte unidireccional en estos países ex –socialistas.

 

La motivación fundamental a este trabajo de tantos años puede resumirse en una sola frase: “Es una cruzada por el marxismo” dentro y fuera de mi país, ya por vulgarizado, ya por utilizado para fines ajenos a sus propias esencias. Cruzada donde sólo se vence con las armas integradas de las ciencias, y que confirma que, ante convicciones sólidas y ya sabemos que todo lo sólido se desvanece en el aire al decir de Marx, por lo que no existen argumentos por jerarquizados y autorizados que provengan que nos obligue a abandonar el empeño, pues saber por experiencia propia es poder para tomar decisiones , máxime cuando la necesidad de ello ha sido conscientizada e impulsada por el avance del proceso cubano y los inevitables vericuetos que tendrá que transitar para confirmarse si de confirmación humana hablamos. Por tal razón, los científicos sociales cubanos están abocados a brindar sus criterios y análisis, y  a convocar a una reflexión totalizadora y superadora en el análisis de lo que ha sucedido, en el sentido de cómo sortear los desafíos que impone la transnacionalización neoliberal del mundo actual y nuestros propios desvaríos de criaturas de islas inspiradas fuera de nuestra identidad a que decir otra cosa.

 

No es ocioso que, quien deba dar respuesta a los retos del siglo XXI, tenga necesariamente que partir de momentos históricos anteriores, buscando desarrollar un pensamiento histórico activo, mientras otros elaboren respuestas inmediatas no siempre sólidas muy sugerentes y sugestivas, pero generalmente liquidacionistas, que culminen por lo general en descalabros insalvables. Para cualquier elaboración teórica actual que pretenda tener fuertes raíces, ha de partirse de un examen crítico y de la revitalización de pensadores muy valiosos, que elaboraron sus concepciones en diferentes épocas y desde diferentes posiciones políticas, lo que refleja la acumulación de savia y experiencia de la humanidad. Ellos constituyen pensadores olvidados y desterrados durante decenios, mantenidos al margen del conocimiento de varias generaciones y sin los cuales es imposible la continuidad como respuestas certeras a la realidad y que son de imprescindible dominio para evitar repeticiones, aportes infundados, desarraigo, y avanzar creadoramente en lo que se precisa sobre un soporte universal verdadero.

 

La actualidad concreta de este examen se identifica con la necesidad de diferenciar el ideal Marxista con toda la riqueza de matices que brinda la evolución de esta propuesta de transformación revolucionaria de la sociedad, con la realidad de estas experiencias contemporáneas deformadas; lo que impide así una vulgar identificación entre estas y los objetivos que asisten a una verdadera opción humanista desenajenadora, la que por sí misma se encuentra en constante perfeccionamiento como resultado de la práctica transformadora. Es en este aspecto en el que constantemente insisten los enemigos jurados del socialismo cuando intentan demostrar que uno y otro es una misma cosa, tratando de eliminarlo del escenario de los debates cotidianos y de que mantenga su presencia fantasmagórica como alternativa a las condiciones del mundo cambiante tal y como lo fuese en la época de Carlos Marx. La evaluación histórica es una tarea de primer orden para los Marxistas convencidos ello mantendrá su vigencia en el proceso de crecimiento de la civilización humana.

 

Otra arista imposible de soslayar, es cómo se insertó el socialismo en la dinámica de las Relaciones Internacionales[34] y cuál fue la lógica de posiciones que adoptó ante los cambios y vaivenes de estas.

 

El balance de estos aspectos nos permite adelantar la idea de que la tardanza en la asimilación de las deformaciones del llamado Socialismo Real[35] por el Movimiento Revolucionario Internacional, tienen que ver, sin lugar a dudas, con medios específicos utilizados para legitimarse; pero también, y en gran medida, con las condiciones que genera el dominio imperialista mundial en todos los pueblos con su política de cerco a cualquier intento socialista o democrático, lo cual contribuye a facilitar florecimiento de la burocracia bajo el imperativo de un excesivo control al no poder llevar a vías de hecho su programa, lo que de suyo asfixia al movimiento progresista en cada pueblo, que sólo busca afanosamente la luz, en los que han llegado al poder después de una costosa lucha; que muchas veces potenciada consciente o inconscientemente impide ver con exactitud una realidad que se revela cegadoramente. Por lo que, el saber, el aprehender a veces procura una sensación que traducida al argot popular puede exclamar ¡vi la luz comenzó mi círculo infernal!

 

La validez del Octubre de 1917 es incuestionable, los principios sobre los que el bolchevismo revolucionario elaboró su estrategia y táctica de lucha refrendan la opción socialista en la época del imperialismo, a despecho de todas las eminentes conclusiones que niegan o enmascaran su significado. El capitalismo desarrollado cerraba y cierra sus puertas a una opción civilizadora para los pueblos subdesarrollados y estos, en lícito enfrentamiento quisieron buscar y buscan su propia opción, fuera de la lógica imperialista. Los grandes desafíos que hubo de enfrentar el nuevo poder sientan los presupuestos para el alcance de la aspiración que les asistían, corren así el riesgo de la deformación del Estado de los Soviets al Estado de la Burocracia, riesgo conscientizado y compartido en lucha abierta contra sus posibilidades de reproducción, atizadas en la etapa imperialista por las propias conmociones que le son intrínsecas y de las que según el propio Lenin opinaba, no están exentas las revoluciones socialistas[36]. Negar esto implica, caer en la desesperanza posmoderna[37] de que la civilización humana es incapaz de reorganizarse en beneficio propio, y no de una minoría como ha venido sucediendo históricamente. Desarmar al individuo, a las masas de sus potencialidades es la mejor forma de servir a la reacción y a los poderosos.

 

La autora de éstas reflexiones es partidaria de una propuesta Marxista, de una evaluación de la experiencia acontecida en aras de rescatar a la memoria histórica activa como la mejor aliada para una transformación revolucionaria de la sociedad en tiempos en que muchos ya no creen en ella y, o alzan los brazos y la cabeza al cielo, o bajan los brazos y la cabeza al suelo; para plegar el futuro a lo incierto, a la bota y a la fusta, se engalanen como se engalanen la bota y la fusta. El problema radica entonces en dotarnos de caminos flexibles para el conocimiento, asociados a la vida cotidiana con ética y sensibilidad científica.

 

La actual constatación del fracaso del socialismo es un símbolo clasista acentuado con fines ideológicos bien definidos; explotado indiscriminadamente por los que intentan afirmarlo o negarlo en ausencia de un método certero para analizar el mundo actual y la corriente Marxista que sobrevive a pesar de los devaneos que la circundan. Negar o afirmar en abstracto, es un recurso del que elude el compromiso y la acción. No es casual que a más de un decenio transcurrido desde la elaboración y defensa en Tesis Doctoral de éstas meditaciones, no ha sido publicada en mi país, aún y cuando estudiosos de otras latitudes, en particular latinoamericanos, han reconocido el valor de sus argumentos.

 

Por muy parecidos que pudieron presentársenos el socialismo en la ex Unión Soviética del socialismo en la Europa Oriental y Central, o en uno de sus países en cuestión, son diferentes, de ahí la necesidad de un examen, para descifrar lo específico y lo general. La exportación del modelo es un hecho real, los métodos para el ejercicio del poder también, pero las realidades de su aplicación impusieron variables circunstanciales objetivas y específicas que confirmaron una determinada hegemonía Burocrático - Estatista que forzaba a todas luces su objetivo unificador. A este intento el cuerpo social se rebelaba, se resistía y, en esa resistencia palpable, muda o abierta, aparecen las modificaciones, los cambios, las necesarias diferencias que establecen pautas impostergables a tener en cuenta a estudiar.

 

El poder estatista - burocrático buscaba la centralización, la homogeneidad para su propia existencia y en ese punto exacto se encontraba el germen de su descomposición, de sus urgentes modificaciones para mantener a toda costa y a todo costo una sincronía que armonizara su poder a escala de cada nación y de toda su zona de influencia, el alumbramiento de un prototipo de casta burocrática en estos países tan diferentes era imposible y al ser imposible de alcanzar su empeño, al desmoronarse por la resistencia civil activa en unas épocas más fuerte, en otras, más débil en dependencia de la capacidad de respuesta de que la omnipotencia centralista disponía, o de las resultantes económicas de las recetas aplicadas, aparecían las correcciones del rumbo optado, y con ello, las diferencias. Esas que tanto necesitamos esclarecer y que nos permiten conocer lo general y lo específico de cada intento.

 

La idea del cambio necesario rondaba de los actores políticos. Primeramente como herejía a la que ellos mismos temían; luego, como reflexión generalizada que se comentaba y discutía más tarde como un imprescindible hacer en el que les iba en juego la vida; la de ellos y la de sus continuadores. El movimiento del pensamiento a la actividad lleva consigo aparejado el tiempo de las necesarias determinaciones, pero se presenta como una cadena inacabable en la fuente de la creación humana, en la superación de las urgencias para la reproducción del organismo social.

 

Un buen número de las comparaciones entre Stalin y Hitler, entre los regímenes que los sustentaron, presentan un panorama de igualitarismo vulgar que no permite explicarse, de manera esclarecedora sus diferentes esencias y contenidos. Más allá de toda absolutización del significado de sus figuras, el fascismo y el stalinismo son fenómenos históricos asociados al sistema que le dio origen en su desenvolvimiento. La llamada “Teoría de los Dos Imperialismos” o del “Colectivismo Burocrático” nacidas con posterioridad a 1939 y tan retomadas en la literatura, incluso soviética pos pierestrioka, no hacen más que repetir viejos conceptos de la burguesía reaccionaria, liberal, de la Socialdemocracia dolida y aquejada por las secuelas del período bélico o de cualquier corriente política de las múltiples que existen; empeñadas en aislar al pensamiento revolucionario crítico de una valoración consecuente de esos sucesos históricos[38].

 

Ambas teorías presentan a Stalin y Hitler como hermanos gemelos, como fruto de regímenes similares. En tanto la primera se apoya en el expansionismo, teniendo por fundamento los desplazamientos geográficos en el dominio de los espacios vitales; la segunda lo hace en la sustitución del capitalismo por el llamado Colectivismo Burocrático en el que agrupan indiferenciadamente a cualquier país por ejemplo: Italia, La Unión Soviética, Alemania, Estados Unidos. Este punto de vista expone la burocratización del mundo, erige a la burocracia en una nueva clase que explota a la sociedad colectivamente en forma totalitaria. Coloca en un mismo plano para ello a la regulación de la economía por el Estado ya sea capitalista o socialista deformado. La centralización era un rasgo de la política de esos tiempos, pero ello no significaba que el stalinismo, el fascismo y el New Deal (nuevo trato) de Roosevelt resultase lo mismo.

 

La Burocracia Estatal Soviética descansaba sobre la propiedad estatalizada, aquella que se le expropió a la burguesía y los terratenientes en octubre de 1917 por las masas revolucionarias encabezadas por el Partido Bolchevique y que pasó a manos del Estado; el fascismo jamás  expropió totalmente a la burguesía, ellos sólo llegaron a coordinar los intereses de los propietarios en circunstancias especiales, regulando la  economía con fines bélicos, en pos de alcanzar una hegemonía mundial. Las tenazas totalitarias de la burocracia que convertirían al mundo en un Estado que no sería ni capitalista, ni obrero no pasaron de ser un desliz imperdonable, en especial, de la ultra izquierda socialdemócrata y socialista de aquellos tiempos, incluso de personalidades que se adscribieron a la IV Internacional[39] pasajeramente.

 

Las causas de la independencia que adquiere la burocracia y del poder que dispone, no la colocan en una situación favorecida respecto a una misión histórica determinada como para hacer descansar en sus manos el futuro de la humanidad, incluso en la era tecnológica. Las razones de su existencia en el caso que nos ocupa, han de buscarse en el régimen económico, político, social y espiritual en que devino el primer impulso socialista. Cómo, en él ¿quién vence a quién? Resultó la burocracia la vencedora, y no podía ser de otra manera en un régimen militarizado hasta la saciedad, hasta tuétano de hueso.

 

“El Comunismo Unicéntrico: Balance de una Experiencia Histórica”, expone las reflexiones de la autora en torno a la problemática socialista en el escenario europeo, en lo que se convirtió en los condominios de la Burocracia Estatista Socialista, que se reproducía por doquier como única garantía, a un comunismo homogéneo, dirigido y administrado desde un centro único, a imagen y semejanza de la corte stalinista, en oposición a la propuesta Marxista en sus fuentes clásicas y revolucionarias.

 

Sin ese ajuste de cuentas ponderado, no es posible avanzar, no se alcanzará jamás a conducir a  las masas, y a que ellas se auto conduzcan a la comprensión de la sociedad que se aspira a construir mancomunadamente sobre cimientos que realcen a la relacionalidad de la especie como su principal sentido. Dudemos pues, de los que han encontrado la verdad y la erigen como absoluta. Creamos en aquellos que la buscan afanosamente, la discuten, la socializan, en una palabra: la humanizan. Queda abierto el paréntesis de esta investigación para todo aquel que se empeñe en colaborar sinceramente a su desarrollo, y se encuentra presta la pluma para seguir enriqueciéndola con notas frescas de la creación colectiva.

 

La investigación libre en el tema que ocupa el espacio de este análisis, tiene que chocar y de hecho choca, con enemigos muy potentes; aquellos que son atizados por los intereses privados y por los motivos individuales. Esta advertencia no es inusual, desacertada, o presuntuosa; es real, palpable, y cotidiana; vinculada a la polémica intelectual dentro y fuera de Cuba, y engloba a todos aquellos que conscientes o inconscientes intentan borrar de un plumazo esa experiencia histórica concreta, como si en ese lapso de tiempo no hubiese sucedido nada necesario de investigar, o de incluir en los planes de estudio de pre y postgrado, argumentando para ello esencialmente el resultado de la misma en la ex –Unión Soviética y en la Europa Oriental y Central. El desprecio a lo histórico, a una subvaloración de la evaluación científica de la problemática socialista, y a una absoluta falta de continuidad e integralidad en su visión del mundo, ese es el sello distintivo de esta corriente, difusa, amorfa, e indeterminada, pero con la suficiente presencia como para hacer valer sus criterios allí y donde se está menos preparado culturalmente.

 

A tales posturas se opone la autora, que no se resume en esta obra sino que abarca todos los trabajos elaborados sobre esta temática.

 

“Yo no puedo hacer otra cosa que señalar de antemano este peligro y prevenir contra él a los lectores que buscan la verdad (HA DE DUDARSE DE TODO). En la ciencia no hay calzadas reales, y quién aspire a remontar sus luminosas cumbres tiene que estar dispuesto a escalar la montaña por senderos escabrosos”[40].

 

“¡SEGUI IL TUO CORSO, E LASCIA DIR LE GENTI!”. [VI]  

FELIX QUI POTUIT RERUM COGNOSCERE.[VII]  

 

PRIMERA PARTE.

EL DISEÑO: SU GENESIS.

Vox populi, vox Dei.[VIII]  

 

El estudio de un diseño de reorganización social exige una evaluación de las conflictuabilidades que acompañan a los procesos de gestación, conformación, y desarrollo, teniendo en cuenta los diferentes elementos que inciden en que precisamente sea ese el que triunfe dentro del marco de la confrontación política que se origina en torno al poder, a su consolidación, distribución y traspaso.

 

El análisis de este problema ha de tener en cuenta los propios factores intrínsecos al poder, y en especial, el referido a la autoridad política y a los mecanismos de que se vale para legitimarse; ha de considerar las condiciones económicas bajo las cuales discurre, así como elementos de índole cultural, psicológica y tradicional por citar, al menos, los más importantes. En este sentido se impone, con una fuerza determinante para la confirmación de los objetivos políticos, de su envoltura ideológica, y de los medios mediante los cuales se ejercerá el mismo, el problema de la modernidad[41] y de los desafíos, que a fin de cuentas, impone a gobernantes y a gobernados, dado que esto se encuentra condicionado por la dinámica mundial y el sentido de dependencia total que generó el capitalismo en su desarrollo ascendente y acelerado en el proceso de su confirmación como régimen social a escala mundial.

 

La lógica que asistió y asiste al capitalismo en su proceso de reproducción como régimen de explotación pisoteó los valores emancipadores que le abrieron las puertas a este sistema en sus inicios, barriendo con su propio sentido de superación y de carácter progresivo del proceso histórico, colocando al problema de la legitimación en nueva lógica, la de auto legitimación del poder y como pérdida de la legitimación del saber, y a fin de cuentas de la totalidad social, ello originó que la política y la economía se debatieran, como nunca antes, en un esfuerzo no siempre mancomunado para validar el sentido de dominación a escala internacional, colocando a la civilización humana a los pies de la estrecha visión monetaria burguesa de desarrollo y que, desde sus albores mismos, se encontraran constantemente en pugna alternativas políticas que propugnaban el sentido individualista o el sentido humano relacional.

 

Las hogueras de las luchas de clase entre oprimidos y opresores o entre las apetencias expansionistas de las potencias que trataban de confirmarse como tal en el cuadrilátero internacional alcanzaron, con este sistema el rango de guerras regionales y mundiales, en el transcurso y solución de los cuales se impuso, por línea general, la voluntad de aquel contaba con mejores y más sólidos cimientos no sólo en el sentido económico, sino en su organicidad como clase.

La problemática rusa se inserta en tal dinámica mundial; trata de probar suerte desde las posiciones de su desarrollo y posibilidades. Es por ello, que el enfoque a la hora de valorar la propuesta transicional socialista en específico, entendida está como una alternativa a las peculiaridades del mundo moderno, debe partir, genéticamente, de la experiencia histórica anterior, de la herencia ineludible que estaría presente en la misma, en tanto marca significativamente todo empeño de lograr un progreso social autentico para las grandes mayorías; sólo así podremos adentrarnos en los vericuetos por los que tuvieron que transitar sus actores políticos en medio de circunstancias muy difíciles a escala nacional e internacional y que, a fin de cuentas, condujeron al triunfo de la modalidad socialista de “Socialismo” de Estado, al decir de Federico Engels, en su evaluación del movimiento Blanquista en el siglo IXX.[42]

El Comunismo Unicéntrico que resultó de tal experiencia histórica, objetivo fundamental del trabajo es producto de la evolución política práctica de las concepciones del stalinismo, comprendido este como un fenómeno histórico que personifica a los intereses de la burocracia estatal soviética y no como un problema de figura histórica como común y simplistamente se presenta.

 

Se considera importante revisar, a manera de preámbulo esclarecedor, la totalidad de los actos políticos corporeizados en determinadas estrategias que tenían como finalidad acuñar el poder de esta casta burocrática[43] como efecto del aplastamiento brutal del bolchevismo y el Soviets militante de 1917. Se parte pues, del referente Marxista - Leninista y de la herencia revolucionaria más pura del de cursar de la civilización humana para su evolución, y para la validación del sentido humanista que asistió a la nueva propuesta de reorganización social en que se debatió el pensamiento más avanzado del pasado y presente siglo.

 

Esta experiencia puso al desnudo el problema del poder desde el subdesarrollo, a saber: al no existir una maduración para el poder de la clase que representaban y para las medidas que exigía el poder de dicha clase, lo que podía hacerse contradecía toda la postura política anterior y lo que debía hacerse no se podía llevar a cabo.

Es una suerte de confrontación abierta entre el ideal y las formas concretas para su materialización, que exigen creación viva en un proceso peculiarmente difícil y en el que las fórmulas preconcebidas, voluntaristas y autoritarias surten el peor efecto. Estudiar y profundizar en los mecanismos y mediaciones políticas, económicas y espirituales pre socialistas[44]; constituyen un desafío y una necesidad para proteger al hombre para un objetivo superior que, por superior, no es inalcanzable, siempre y cuando el socialismo no se anticipe[45] y se abra paso en una evolución histórico - natural.

 

El socialismo de sentimiento[46] es un hecho mental y no  real[47], que abre paso a una consolidación de la burocracia. Las deformaciones burocráticas naturales en todo el proceso social se agudizan cuando el mismo acontece en la miseria, la pobreza y la incultura casi total de los hombres, que se debaten constantemente en la lucha por su existencia individual[48] y para los cuales la reproducción cotidiana de su vida prioriza el sentido físico de la misma indiscutiblemente antes que el espiritual o el político, sin percatarse que todo converge en un mismo punto por su importancia, es decir la reproducción de la civilización humana y, de suyo, de la propia aspiración Marxista que sitúa en el centro de toda definición comunista al proceso de desenajenación sucesiva del individuo.

 

¿Cuánto del ideal Marxista en general en la actualidad puede rescatarse por el diseño político en la correlación proyecto - realidad, en el problema de la emancipación humana, de la interrelación racional y equitativa entre el hombre y la naturaleza y la corrección, en ese mismo sentido, sobre sus propias relaciones sociales, desterrando a la enajenación como un proceso paulatino, al retomar el carácter progresivo del proceso histórico y del sujeto social? ¿Cómo ha de instrumentarse? ¿Bajo qué condiciones se producirá el progreso de toda civilización humana y no de una parte de ella? Las respuestas a estas y otras posibles interrogantes poseen una profunda raigambre clasista marcada por los intereses, pero a su vez, se desborda más allá de las clases y se aferra a toda la diversidad estructural social existente. La problemática soviética en su evaluación integral y en su momento histórico, no dio respuestas a ellas y las causas de esta afirmación son objeto de análisis en el contenido de este trabajo en general.

 

El presente capítulo El Diseño su Génesis, presenta un análisis de la evolución del Socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado, en tanto realiza un seguimiento en el proceso de transformación de la naturaleza de la autoridad y de las causales de la transformación de la misma en el proceso de surgimiento y consolidación de la Burocracia Estatal Soviética[49], identificada plenamente con la práctica política stalinista, a quien erige como su representante. Se llama la atención sobre qué entender por  prácticas políticas; se subraya esto, porque Stalin no es un teórico político, sino un político práctico que conduce sus actos en política a partir de las urgencias que se generan para mantener y consolidar su poder y el de la burocracia estatal que le secunda.

 

Se quiere explicar, según la consideración de la autora, qué factores incidieron en ese proceso, qué desafíos hubo de enfrentar el nuevo Estado Socialista dentro de los marcos de un mundo de dominación imperialista y desde las condiciones del subdesarrollo; qué errores eran inevitables cuáles evitables, y de los que, a fin de cuentas, debemos sacar las conclusiones precisas para el enriquecimiento de la teoría Marxista mediante una valoración en la justa dimensión del proceso histórico y de la evolución del ideal emancipador del individuo y de la humanidad como proceso gradual pero efectivo.    

        

ACÁPITE I: DEL SOCIALISMO DE LOS SOVIETS AL SOCIALISMO DE ESTADO.

                                                              Quot Capita, Tot Sensus.[IX]  

 

El análisis de la evolución del Socialismo de los Soviets al  Socialismo de Estado en la experiencia soviética, iniciada en Octubre de 1917 y marcada por la autentica participación de las masas en el asalto y toma del poder, precisa de una pausa en el orden cognitivo, relacionada con el periodo anterior a la revolución, para ubicar correctamente las condiciones históricas que condujeron al movimiento revolucionario ruso a optar por la alternativa transicional socialista dentro de los marcos de la época imperialista y a luchar por su construcción.

Esto impone un estudio del periodo de dominio zarista y de los resultados de ese poder para la Rusia y su periferia en las condiciones del mundo moderno, destacando los inevitables deslizamientos en las correlaciones de clases a escala nacional e internacional y las consecuencias lógicas de los enfrentamientos clasistas.

 

La tradición autoritaria rusa en la época moderna encaja, sin que esto implique absolutización, en la modalidad Weberiana de tradicional, basada en el carácter sagrado del ejercicio del poder por el Zar; un poder absoluto e incuestionable sobre los individuos y hasta sobre el devenir histórico de los pueblos sometidos a su imperio.

 

El análisis de este problema debe partir del reconocimiento de la fuerza determinante que impone a gobernantes y a gobernados el problema de la modernidad. La Rusia, en su proceso histórico, debe verse dentro de la dinámica mundial, no extrapolada, ni vista de manera aislada, sino precisamente en las peculiaridades de la organicidad de ese mundo, bajo el movimiento y el cambio que impone el capitalismo como base de la reproducción ampliada de sus relaciones sociales, que originan la dependencia total y las pugnas internacionales por el dominio de los espacios vitales al que ningún gobernante podía sustraerse ya por multiplicar sus intereses de dominio, ya por no ser dominado y buscar un camino autóctono que permitiera ir vadeando acertadamente las corrientes y despeñaderos de un mundo que se ha venido organizando en oposición a los individuos, a los pueblos, en fin, a la humanidad.

La modernización en la época de los zares es muy controvertida, surge no por deleite de las castas gobernantes, ni por antojos de estas, sino como necesidad imperial, sólo que su intento es fallido, al dar paso a la organicidad de todo el movimiento de oposición a este orden imperante.

 

¿Cómo se caracteriza ese intento de abrir ventanas a Europa desde una tradición de autoridad peculiarmente rusa? ¿Cuáles son las consecuencias de su intento?

                                    

Caelo tonantem credidimus Jovem regnare.[X]     

 

El poder de que disponía el zarismo ruso no existía en ningún otro país de Occidente. No sólo tenía en sus manos la vida de sus súbditos, sino que dominaba sus almas, su espíritu, y creaba una suerte de dependencia entre el individuo y el Estado nunca antes vista. Naturalmente, todo ello se apoyaba en el bajísimo nivel cultural general del pueblo y en una persecución sin par a la intelectualidad que luchaba por confirmar un mundo espiritual más amplio y rico en matices influenciado por las ideas liberales que corrían y se nutrían de nuevos valores en la Europa Occidental y en todo el mundo moderno, sacudido por la nueva cualidad de actividad típica del capitalismo en su desenvolvimiento histórico.

 

La modernización en Rusia es impuesta desde arriba, no como resultado de la evolución de las fuerzas productivas, sino encaminada a potenciarlas en la medida que fortaleciera al poder medieval ruso al confirmarlo como absoluto en su pueblo y periferia. Es además, voluntarista pues intenta romper los moldes de su desarrollo bajo los dictados de las apetencias imperiales y no por la evolución general de su pueblo de un modo de vida patriarcal a otro superior avalado por nuevas relaciones económicas, políticas y espirituales. Es un movimiento que generó un alto costo y muy pocos resultados en el avance hacia un desarrollo económico integral, y no parcial, a la medida de las determinaciones en ocasiones muy arbitrarias de sus gestores que, en aras de satisfacer un propósito, olvidaban al resto de los sectores y ramas que precisaban modernizarse. Por cierto, debe recordarse bajo que imperativos y métodos se construye San Petersburgo, junto al olvido total del resto de la Rusia, que establecía, con solo echar una mirada, una suerte de desigualdades no únicamente urbanísticas sino generales. Es, a fin de cuentas, un movimiento que asfixia y genera nuevas modalidades de control social bajo el florecimiento de un Estado Policial (recordar el reinado de Nicolás I), que logra, por su brutalidad, internalizarse en el individuo al gestar un fuerte aparato burocrático de control que vive a costa del pueblo

 

Este movimiento se inicia con Pedro I, pasa por sus sucesores con una especial significación en Catalina la Grande y adopta un radical viraje a partir de Nicolás I. Los intentos modernizadores podían ser comprensibles si el desarrollo se hubiese extendido por el país de este modo con el florecimiento de la industria, el comercio, la agricultura, y la vida del pueblo se hubiese nutrido de un nuevo contenido y de una actividad creadora. Pero el capitalismo no logró abrirse paso tras “El Jinete de Bronce”, al decir de Pushkin en 1833, que sujetaba bien sus bridas y su sociedad de servidumbre y castas. Los contrastes entre los salones imperiales, los palacios, la ostentosa vestimenta que imitaba la moda europea con la indigencia y precariedades del pueblo, dejaban en pura ficción al desarrollo real que no contaba con los sólidos fundamentos de una economía autóctona y no importada, natural y no forzada, generalizada y no restringida. Las fantasías velaban a la realidad; una realidad que marcaba sus pasos en el reloj social en un ambiente de modernización falso.

 

La pugna entre la realidad y la ficción, va exigiendo ante las impertinencias de los súbditos, el fortalecimiento del aparato coercitivo del Estado, el desarrollo de un sistema de persecución sin par, de perseguidores que se multiplican hasta el interior de los individuos engendrando una sociedad de miedo y recelo, que es alimentada por las migajas que lanza el poder a sus funcionarios, dignatarios, y fieles servidores de bolsillo. La fortaleza de Pedro / Pablo es un símbolo persistente en la imagen que de la época podemos tener. La autoridad impuesta por el temor se ha instalado para siempre en el alma de los hombres, haciéndoles sentir una gran angustia ante la auto disciplina a la que se someten, o ante las ideas herejes que les agobian. El estado policial internalizado ofende y alimenta, amedrenta y disgusta; las dobleces y los conflictos internos están presentes como parte de la configuración humana.

 

Las clases pudientes rusas quisieron seguir disfrutando del bienestar sin aportar nada al desarrollo del país y, menos aún, en ceder o modificar un ápice su poder. Las castas siguen dominando después del 19 de febrero de 1860; pero la crisis de autoridad se ahonda y los desafíos del pueblo  son de cada vez mayores. Las ideas de la vieja Europa se esparcen sobre la intelectualidad rusa como las hojas se desprenden de los árboles en otoño y son arrastradas por los vientos en todas direcciones, asentándose e incorporándose a la madre tierra como nueva materia inorgánica profundamente nutritiva. Los movimientos sociales van en aumento y conducen al nacimiento, en octubre de 1905, de la forma más radical y democrática nunca antes experimentada por su dinamismo en el mundo: El Soviets de Trabajadores, un producto genuino de la actividad y autoridad del pueblo, probada desde 1905 y hasta 1917 como escenario preparatorio del cambio esperado, y con la suficiente capacidad para movilizar y controlar las empresas que se propone. El bolchevismo conquista a los Soviets y, apoyado en él, transforma en un crucial viraje la vida del pueblo ruso. Pero él desafió estaba claro, el proyecto no contaba con la base material y espiritual suficiente y la naturaleza de la autoridad podía variar significativamente de tradicional a carismática y con ello, no triunfaría el nuevo contenido ni a corto ni a mediano plazo; porque de suyo no daría margen al imprescindible control social desde abajo que ha de caracterizar al nuevo accionar social en materia política.

 

Los pasos dados por el nuevo poder soviético nacido en 1917, modificaron la faz de la vieja Rusia Zarista y   constituyeron uno de los cambios más profundos en pos de una autentica democracia de la mayoría. Pero, ¿estaba la mayoría en condiciones de ejercer el poder? ¿Se encontraba en capacidad de dar a luz una nueva forma de autoridad que barriera con la secular dependencia impuesta del individuo al Estado, con el voluntarismo y la autocracia?


 

                                                                VOX CLAMANTIS IN DESERTO.[XI]     

 

Las condiciones históricas en que V. I. Lenin desarrolla su alternativa transicional socialista y la lleva a la práctica, difieren totalmente de aquellas en que Marx y Engels elaboraron las suyas en el siglo anterior. No existe por eso un divorcio o ruptura entre el objetivo que les asiste, sólo que cada uno de ellos enfrenta los retos del mundo moderno y buscan soluciones acordes a las exigencias de sus respectivas realidades.

 

La época histórica escenario de la propuesta bolchevique es, al decir leninista: “La época del imperialismo y, además de las conmociones imperialistas derivadas del imperialismo”[50]. El nuevo estadio capitalista ha modificado y agudizado los conflictos a escala mundial, ha originado un desplazamiento del enfrentamiento capital – trabajo al nivel de las naciones ricas, civilizadas y de las naciones pobres, casi en estado de barbarie por las precariedades de su existencia cotidiana. Ha logrado como estrategia de dominación, subsidiar el trabajo en los centros de poder, minando así los intereses internacionales de la clase obrera. Todo esto, entre otros aspectos a tener en cuenta, hubo de originar la primera gran crisis del movimiento por el socialismo a escala mundial, al colocar en el orden del día el problema de la supervivencia del género humano y su hábitat.

 

El primer paso en la elaboración del proyecto emancipador de la Rusia de su época, parte de una evaluación  exacta del imperialismo como fase especial y superior del capitalismo[51]. El desarrollo desigual se había enseñoreado del mundo. El Capitalismo y su modo de reproducción determinaban la naturaleza de las Relaciones Internacionales y de todo el cuerpo social mundial, por lo que, los destinos de los pueblos subdesarrollados se encontraba en sus manos, con lo cual, la ruptura de tal lógica de relaciones enfrentaba serios peligros y de hecho era un imperativo de la humanidad.

 

Esto define la búsqueda y perfeccionamiento de una nueva opción, probar suerte desde el socialismo en la periferia capitalista para la reconstrucción de la humanidad. Pero dicho reordenamiento chocaba con serios problemas de orden estructural en primera instancia, y luego se extendía por todas las necesidades humanas acumuladas. Es decir, la posibilidad de unidad orgánica dentro de la heterogeneidad predominante constituía un reto, ya que sí bien el capital contribuía a la unión a lo cual se sumaba la propia crisis del sistema capitalista[52], este tributaba los medios en todos los ámbitos para que sus conmociones al decir leninista propendieran a las fracturas de cualquier movimiento. En tal sentido el líder bolchevique apuntaba: “... literalmente ninguno fue perdonado en esa época por la lucha entre las dos corrientes contradictorias internas de la democracia contemporánea”[53]. “Los hombres y los grupos pueden pasar de un campo a otro, cosa no sólo probable, sino hasta inevitable en toda gran conmoción social; el carácter de determinada tendencia no cambia por ello lo más mínimo; no cambia tampoco la ligazón ideológica de determinadas tendencias ni su significado de clases”[54]. Todo lo cual, condujo a Lenin a discernir con relación al patrioterismo y vulgar nacionalismo -convocado durante la Primera Guerra Mundial por los voceros burgueses y a los que por añadidura arrastraron el movimiento obrero en sus diferentes organizaciones a un enfrentamiento que nada tenía que ver con sus intereses-, de la siguiente forma: “No es el socialismo el que ha sufrido la bancarrota en la Bancarrota de la Internacional Europea actual, sino la falta de socialismo; es decir el oportunismo y el reformismo”[55].

 

La Primera Guerra Mundial rompió totalmente el frente obrero, y con ello, las alternativas inmediatas a las ulceras imperialistas se debilitaron grandemente[56]. Ante tal estado de destrucción, confusión y cambio en todo el espectro material que servia al proletariado en su lucha mancomunada, Lenin elabora su proyecto de reordenamiento proletario internacional y de Revolución Socialista, ahora desde el subdesarrollo. La alternativa socialista se presentaba como necesidad para el desarrollo como el único camino para resolver los problemas de las mayorías, por lo que los presupuestos Marxista típicos de las circunstancias anteriores a su tiempo, las cuales fundamentaban el alcance del socialismo como resultado del desarrollo y, por tanto, la posibilidad de su triunfo en los países altamente desarrollados sufre sustanciales transformaciones a la luz de las nuevas contradicciones.

 

La Teoría de la Revolución Socialista es insertada por Lenin dentro del marco de las conmociones imperialistas, desterrando con ello toda idea de asimilarla como un proceso uniforme y exento de contradicciones, sino por el contrario, inmersa en toda la dinámica de esta fase especial capitalista de la que era fruto.

 

Ella no podría encerrarse en si misma, sino universalizarse en lucha abierta y frontal. La revolución podría triunfar en el país que  constituyese el eslabón más débil de la cadena imperialista, pero ante ella se levantaban enormes  desafíos que difícilmente salvaría sin el apoyo de la Revolución Mundial. “Por otra parte las  revoluciones políticas son inevitables en el proceso de la revolución socialista, que no debe considerarse un acto único, sino una época de violentas conmociones políticas y económicas; de lucha de clases enconada hasta el extremo de guerra civil, de revolución y contrarrevolución[57]

 

El objetivo leninista era alcanzar una organización socialista de la sociedad rusa y esto solo seria factible con la victoria del socialismo en otros países más avanzados. En consecuencia, las especificidades rusas de desarrollo requerían un apoyo material que vendría del resto de los países europeos envueltos en el conflicto de la modernización a principios de siglo, y que enfrentaban los devastadores resultados de una forma de vida tan natural para el capital como era la guerra.

 

La debilidad de la burguesía rusa, su profunda dependencia de Occidente, hacía que los objetivos progresistas de eliminación de la monarquía, sus rezagos feudales y una autentica profunda y verdadera modernización descansaran en manos de otras clases y grupos sociales que barrieran con la insuficiencia y acomodo de la aristocracia nacional[58]. El reordenamiento imperialista de principios de siglo, lanzo a las masas a un estado de desesperación, muerte, hambre, emigración y abandono de todo matiz humano, a una nueva alternativa que restaurara los caminos sin salidas a que conducía la vorágine imperialista que se imponía, y esta, no se hizo esperar. La propuesta y proyecto Leninista para dar respuesta a sus realidades se organiza y diseña partiendo del paradigma: Al socialismo se llegara como necesidad para el desarrollo. Determinación fundamentada en todas las tesis que sostienen la lucha por el Octubre de 1917 y de las que se extrae el paradigma enunciado.

 

Las condiciones específicas rusas hicieron heredar a la Revolución de Octubre de 1917 tareas de orden democrático burgués, lo que impuso, de manera muy acertada, que al socialismo solo podía llegarse por la senda de la República Democrática[59].

 

Obviamente, el proyecto Leninista partía de tareas y propósitos que no significasen de inmediato el socialismo; la precipitación de los hechos trajo avances en la senda socialista modificando el proyecto inicial, aspecto este que más adelante será explicado con sus controversiales consecuencias.

 

Salus populi suprema lex est.[XII]     

 

Si a diferencia de las condiciones materiales y espirituales observadas por Marx, Lenin no contaba con ellas, ¿cómo esperaba organizar y articular su diseño y obtener por resultado el reino de la emancipación y de la justicia social? Él traslada el centro de los problemas al factor subjetivo, a las condiciones que generaría en este, para hacer saltar a la Rusia autocrática y patriarcal a un orden de cosas en que el ideal socialista se impusiera por la fuerza del ejemplo y el trabajo sistemático con las masas; para ello se apoyaría en el partido y en la vanguardia que lograría articular para tal empeño.

 

Lenin no estuvo ajeno a los peligros que acosaban al proceso, conoce de las experiencias anteriores y del convulso y precario mundo que trata de enfrentar junto al pueblo y, en este sentido, alerta y estimula: “... uno de los más grandes y serios peligros para un partido comunista numéricamente pequeño, que como vanguardia de la clase obrera dirige un enorme país que realiza (por ahora aún sin apoyo directo de los países mas avanzados) la transición al socialismo, es el  peligro de separarse de las masas, el peligro de que la vanguardia se adelante demasiado, sin “alinear el frente”, sin mantener un nexo sólido con todo él ejercito del trabajo, es decir con la inmensa mayoría de los obreros y de las masas campesinas” [60].

 

Ese partido y esa vanguardia debían nutrirse constantemente de la masa que encabezan si querían conducirla, de manera realista, al socialismo; aunque esas medidas políticas no eran suficientes bajo el fardo de miseria y carencias que se tenía que vencer y que lanzaban a los hombres a una lucha sin par por su existencia individual. Las condiciones rusas resucitaban el eterno dilema del poder, es especial desde el subdesarrollo como hemos afirmado antes ya que al no existir una maduración para el poder de la clase que representaban y para las medidas que exigía el poder de dicha clase: lo que puede hacerse contradice a toda su postura anterior y lo que debe hacerse no se puede llevar a cabo. En ese caso la disciplina férrea y el excesivo centralismo son una respuesta inevitable para repartir lo elemental; pero esa única alternativa entraña un terrible peligro: la burocracia y el autoritarismo.

 

¿Cómo se conformaba y estructuraba el partido que encabezaba la reorganización de la sociedad? Al decir leninista: “El carácter de la estructura de cualquier institución esta determinado, natural e inevitablemente, por el contenido de la actividad de dicha institución[61]. Y el contenido de la actividad partidista consistía, en medio de la más cruenta persecución policial zarista, en organizar un movimiento de masas de derrocase a la autocracia y a su autoridad tradicional; que moviese a la masa mayoritariamente campesina y con un capitalismo débil y dependiente al socialismo. Ello justificaba, sin dudas las características organizativas internas del bolchevismo antes de la toma del poder político. Esos métodos organización partidista son avalados por las peculiaridades del Movimiento Obrero Ruso y sus vacilaciones pequeño – burguesas; pero su perpetuación posterior, después de alcanzado el éxito, podía endeudar el proceso. Expliquemos esto:

 

- La organización partidista es selectiva, formada por cuadros profesionales dedicados por entero a la labor política: “una organización formada por revolucionarios profesionales y dirigida por verdaderos jefes políticos”[62] .

- La estabilidad de la dirección es una cuestión esencial para su éxito “una organización de dirigentes estables y que asegure la continuidad”[63] .

- Esos cuadros vivirán y obtendrán su sustento de su labor política  “... los militantes se acostumbrarían a vivir enteramente por cuenta del partido”[64].

- La organización seria única para todo el enorme país “... una organización de revolucionarios única destinada para toda Rusia”[65].

- La disciplina seria estricta y de corte militar “lo que necesitamos es una organización militar de agentes”[66].

- La unificación del partido seria sobre la base del criterio de la mayoría (centralismo democrático).

- “Un periódico único para toda Rusia en torno al cual se agrupe la organización, con un carácter concentrador y organizador”[67]. Un periódico único y directamente subordinado a la dirección política del partido, con un carácter aglutinador, que atrajese a las masas a ese accionar político.

- “Una institución central y permanente”[68]. Esta aseveración transcurre después del triunfo, y la organización y gestión interna no han variado.

- La unidad necesaria era entendida por Lenin mediante un accionar centralista democrático.[69]

 

Este criterio de la unidad leninista emerge literalmente libre de voluntarismo, pero tiene sus limitaciones dentro del marco de la sociedad civil rusa y de su peculiaridad de servilismo e inexperiencia política. Se llama la atención sobre su posible utilización posterior a la muerte de Lenin, cuando aún no existía una base económica que garantizara a la masa un actuar como auténticos dueños de los medios de producción y, de hecho, a la democratización política.

 

Esta organización partidaria, centralista y unitaria, que proclamaba: “¡Dadnos una organización de revolucionarios y removeremos a Rusia de sus cimientos!”[70]. Que perseguía como centro la voluntad política de servir de instrumento para la transformación socialista de la sociedad, lo que implicaba por tanto, tener plena conciencia de la finalidad, noción exacta de la potencia que tenía y los medios para expresarla en acción concreta, debía por tal razón, luego de la toma del poder político, no trasladar al nuevo Estado las formas de organización y gestión del reciente pasado, incluso de carácter estrictamente militar, a pesar de las extraordinarias condiciones en que se verifica y transcurre el Octubre de 1917, sino que, partiendo de una necesaria centralización inicial, debía realizar un estudio de su democratización y flexibilización interna que cualificase la nueva etapa emprendida; que colocase, en el orden del día, como serian las nuevas relaciones, los nuevos modos de ínter vincularse el Estado de la transición socialista y la sociedad civil que se buscaba transformar; como desarrollar la responsabilidad y la disciplina que, en esencia, es hacerse conscientes, independientes y libres, para que, de esta forma, esa sociedad civil en su masa heterogénea y ese individuo concreto alcanzaran su condición de ser político, meollo de todas las alienaciones anteriores del poder y la sociedad[71].

 

Ratificando tal aspecto central, Antonio Gramsci destacaba: “Hemos insistido frecuentemente en esta tesis general que, en el periodo histórico dominado por la clase burguesa, todas las formas de asociación (incluso las que ha formado la clase obrera para sostener la lucha), en cuanto nacen y se desarrollan en el terreno de la democracia liberal (o autocrática), no pueden menos que ser inherentes al sistema burgués y a la estructura capitalista; por tanto, tal como han nacido y se han desarrollado con el nacimiento y el desarrollo del capitalismo, así también decaen y se corrompen al decaer y corromperse el sistema al que se encuentran incorporadas.

 

Se hace posible prever la transformación del Partido Socialista de asociación nacida y desarrollada en el terreno de la democracia liberal, en un nuevo tipo de organización exclusivo de la civilización proletaria[72]. La cual crease, de manera natural y por acción directa de las masas, un nuevo modo de accionar político dirigido y bajo el propio control social, que fuese haciendo evolucionar a la política y a la economía a una racionalidad  sustancial humana.

 

Difícilmente en los primeros abruptos años del poder soviético, Lenin y la dirección política revolucionaria podían ocuparse por entero de esto; pero lo que no podía perderse de vista era que los esfuerzos emancipadores reales estaban en todos los sentidos, no solo en defensa de las conquistas inmediatas del Octubre del 17 ante el cerco capitalista y la guerra civil, sino ante los desafíos de las estructuras y la psicología del nuevo poder naciente. Solo podía confiarse enteramente en el hombre, si este se encontraba bajo control y dirección social; si aprendía a hacer política de una manera nueva aunque le resultase extraña por lo novedosa y profunda.

 

Non nova, sed nove.[XIII]  

 

El problema de la vanguardia fue tratado por Lenin con igual intensidad. Los actores políticos constituyen el elemento activo a considerar y, en la perspectiva rusa, el núcleo a desarrollar política, económica y espiritualmente desde las posiciones mas avanzadas de la ciencia y la técnica es la clase obrera. Clase obrera que en el enclave clasista, es minoritaria y que, dadas las circunstancias de los avatares del capitalismo ruso “la conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero mas que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera en que se puede encontrar estos conocimientos es en la de las relaciones de todas las clases  y capas con el Estado y el Gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí”.[73]

 

En el periodo previo a la revolución las luchas aún no habían alcanzado el rango de enfrentamiento general por el socialismo, sino que se movían en el plano esencialmente de las luchas económicas y la eliminación del poder zarista. Al mismo tiempo, el objetivo educativo de tipo ideológico partidista tropezaba con problemas de índole teórica al inculcarle a las masas el Marxismo con poco o ningún rigor, extirpándole su método y sus valores practico – transformadores más preciados.[74] La visión leninista del cambio al socialismo abarca espacios superiores de tareas inmediatas y a largo plazo como desafío al proceso inicial.

 

El campesinado y el resto de los sectores sociales, aguijoneados por la autocracia y la burguesía,  se encuentran en un nivel de desarrollo político inferior al del proletariado. Sin embargo, para unos y otros, las circunstancias en que transcurre su vida son terribles, juntos han protagonizado protestas de gran envergadura y encaminado movimientos armados masivos, donde la fuerza y la pujanza han estado de su lado. El problema se concentraba en la profundidad del empeño y en cómo articularlos a una nueva dinámica y actividad que, por su naturaleza, requería una unidad de acción de tipo económico como respaldo al político, de tipo espiritual como apoyo a la totalidad a transformar. La tarea de la reorganización social en Rusia implicaba a todos los sectores doblemente explotados y requería de una estrategia amplia para movilizar y encauzar un nuevo proceder que aun les resultaba lejano.

                                                                               

Abusus non tollit usum.[XIV]     

 

El Estado y la democracia se encuentran avalados en el proyecto Leninista como: “El Estado, es decir el proletariado organizado como clase dominante”.[75] La dictadura del proletariado, como forma de poder político, se condensa en la organización más avanzada del presente siglo: los Soviets; ellos habían mostrado sus enormes capacidades movilizativas, de control, y dirección colegiada mucho antes de la toma del poder político y habían desempeñado un papel determinante en el cuidado y mantenimiento de la industria y la producción existente; por lo que, pusieron en el orden del día, una nueva cualidad de autoridad, al menos a escala productiva y militar. Su organización precisaba modificaciones después de la toma del poder político, en especial para alcanzar mucho mayor peso en la legislación y dirección administrativa del país..

 

Lenin, correctamente, determina el lugar que ocupa o, mejor que debe ocupar la clase obrera por su conflicto directo con el capital, con la forma de propiedad que le tipifica, y por el vínculo directo con el papel civilizador de la gran industria; pero ni la gran industria, ni el proletariado son dominante en la realidad rusa, es más su desarrollo político se le debe inculcar desde fuera, ahí esta la tarea de los revolucionarios profesionales. ¿Cómo hacer entonces para vencer los obstáculos en un enorme país mayoritariamente campesino? ¿Dónde recaía la voluntad política?, Sí entendemos que la voluntad como deseo de lucha esta determinada: 1) por el precio de la lucha; 2) por el sentido de la fuerza; 3) por la fuerza verdadera”.[76]

 

La voluntad política recaía, sin lugar a dudas, en el grupo de revolucionarios profesionales y de ahí a las masas. La violencia, inevitablemente, tendría que desempeñar su papel en una magnitud impredecible por lo complejo del escenario histórico. “... un poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas”[77]. “El proletariado necesita el poder estatal, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios en la obra de poner en marcha la economía socialista”[78]. La violencia aplastaría a los explotadores, pero también serviría para implantar la nueva disciplina a falta de la base material que pudiese resolver los conflictos sin ella. Por tanto, el Estado centralizado aplicaría la fuerza en mayor o menor medida, y ella abarcaría a las diferentes clases y grupos sociales en la misma intensidad en que opusieran resistencia al proyecto social. Y lógicamente, el mediatizador de la intensidad de la violencia seria el Partido Comunista.[79]

 

La aspiración de poder político era la Comuna[80], pero, de hecho, las circunstancias no lo permitían; la violencia serviría incluso para mover a la masa a un objetivo que por lo superior les era aún ajeno. La violencia es un instrumento de poder al decir leninista; pero ese instrumento, que seria aplicado inevitablemente por la voluntad preclara de la minoría dirigente, contenía, en su propio seno, los gérmenes de la ulterior deformación burocrática del Estado si no lograba encauzarse correctamente y aplicarse en la justa medida, permitiendo abrir paso a un poder social que redujese el significado y magnitud del poder de la minoría. “Todos estamos de acuerdo en que el poder deben tenerlo los Soviets de diputados obreros y soldados. Pero,  ¿qué pueden y deben hacer estos cuando el poder pase a sus manos, es decir, cuando pase a manos de los proletarios y semiproletarios? Es una situación complicada y difícil. Y al hablar de la toma del Poder, surge un peligro que ya en revoluciones anteriores desempeño un gran papel: el peligro de que la clase revolucionaria se haga cargo del Poder y no sepa que hacer con él. En la historia de las revoluciones existen ejemplos de revoluciones que fracasaron precisamente por eso. Los Soviets de diputados obreros y soldados, que envuelven hoy como una red a toda Rusia, son actualmente, el eje de toda la revolución; sin embrago, me parece que no lo hemos comprendido y estudiado suficientemente” [81].

 

Obviamente, la modificación del Soviets posterior a 1917 no se debió hacer esperar; necesitaba readecuarse  a las tareas de administración y dirección del Estado y encontrar las mediaciones políticas para la ejecución y preparación de los hombres para acometer esa empresa. Había que determinar, entre otros aspectos, como el Soviets controlaría a su vanguardia, como corregiría sus errores, como penetraría cada vez más en el Estado, hasta alcanzar su ser político en la misma medida en que se liberaba.

 

La herencia autoritaria rusa cobra sus impuestos, sus altos impuestos psicológicos al hombre común situado ahora en otras condiciones. La falta de cultura política como hacedor del nuevo poder originó, con una profundidad insospechada, el fetichismo del Estado, la fe excesiva en su liderazgo, el cumplimiento disciplinado de las disposiciones que siempre debían ser, al menos en su conciencia, las mejores. Era cierto que su dirección  política había mostrado sus capacidades en la liberación, pero eso no expedía a título perpetuo, un crédito abierto al ejercicio del poder político. Al menos esto, no es posible en la transición al socialismo, donde el hombre protagoniza el proceso y debe de ser capaz de discutir sin contemplaciones con el guionista y con el director. Al ruso medio esto le era ajeno, ahora cubría de aureolas y fantasías a sus representantes, les glorificaba sin remedio aún cuando Lenin en persona se oponía a ello. Esos hombres tenían, primero, que comer, vestirse, garantizar, al menos, la reproducción de su vida y, para la inmensa mayoría, después del triunfo la política era tarea de otros; por supuesto, de otros en quienes confiaban y, por ello, ejecutaban sin reservas las medidas tomadas por su gobierno. Pero la nueva sociedad que se gestaba no era sólo ejecución, sino participación en la dirección hecha conciencia, hecha necesidad; ese era el reto para hombres históricamente alienados de la política y para quienes la democracia transicional socialista no era otra cosa que lo que estaban conociendo.

 

Otra enorme dificultad radicaba en que, para el socialismo, la destrucción total de la vieja maquinaria estatal era cuestión de vida o muerte. El poder soviético tuvo que sortear ese peligro y utilizar parte de la vieja escuela de funcionarios administrativos de gobierno, los resultados fueron funestos[82].

 

Pero el problema de la Burocracia su génesis y desarrollo va más allá de la destrucción de la vieja maquinaria administrativa gubernamental burguesa, sino que tiene potentes raíces en las condiciones económicas que gestan ese modo de gestión política, que las reproducen por doquier y las confirman como modalidad de hacer política en las condiciones especificas del socialismo desde el subdesarrollo.[83]

 

Y esas tendencias burguesas en la distribución originan, por las inevitables normas del derecho burgués en lo que tanto Marx insistía en la primera etapa del poder proletario, que tanto en el primer momento de reparto de lo precario con que se cuenta, como en el crecimiento inicial del poder material derivado del esfuerzo del pueblo no logran ponerse en función inmediata del socialismo, pues el trabajador no se encuentra aún en condiciones de dirigir el proceso, y por ello se mantiene la necesidad de sostener al grupo de funcionarios públicos y políticos para que realicen esa función de administración y reparto mientras no sea posible asegurar por la estabilidad política, productividad, cultura y democratización que alcance el sistema, el florecimiento de verdaderas relaciones socialistas en formación.

 

El eje del supuesto problema puramente político se traslada por su propio peso a la esfera económica, se verifica así entonces una lucha abierta y frontal en el Estado y gobierno entre las tendencias burocráticas y estrechas, y las socialistas, abiertas y justas.      

 

Es por ello, que las medidas políticas: elegibilidad y revocabilidad, por citar algunas, no son suficientes si no se hacen acompañar de un cambio radical en el poder económico, en cuanto a la autoridad individual concreta ante la propiedad, lo que comúnmente se conoce como sentimiento y realidad de dueño, y la capacidad productiva y distributiva del régimen económico. Son demasiadas las madejas con que ha de tejerse el nuevo traje que cubra y proteja a la justicia y a la libertad, entendida esta no como un hecho mental sino histórico; donde la liquidación de las diferencias sociales y de clase signifique progreso, tenga consistencia y no traiga consigo el estancamiento y, por supuesto, la deformación y dominación burocráticas.

 

El proyecto leninista acuña las medidas de salario obrero para el funcionario; de responsabilidad, revocabilidad y elegibilidad. Pero una cosa es abrazarlas, incluso legislarlas, y que, de hecho, no funcionen como se diseñen, no exista base económica y espiritual que las respalde y las convierta en carne y sangre de la dinámica social. Por sí mismas, las condiciones extraordinarias condujeron a que las designaciones a dedo y por confiabilidad sustituyeran a los principios enunciados los cuales se mantuvieron a lo largo de la experiencia transicional soviética.

 

La cuestión del equilibrio y al mismo tiempo de deformación a escala de Estado, gobierno, partido e, incluso, organizaciones sociales, llega a ser de tal magnitud que, en marzo de 1922, hace a Lenin afirmar en el XI Congreso del Partido Bolchevique: “Más de una vez ha sucedido en la historia, que el vencedor haya adoptado la civilización del vencido, si esta era superior. La cultura de la burguesía y de la burocracia rusa era miserable, sin duda. Pero ¡ay! Las nuevas capas dirigentes les son inferiores, 4700 comunistas responsables dirigen hoy a Moscú en la maquina gubernamental. ¿Quién dirige y quién es dirigido? Dudo mucho que pueda decirse que son los comunistas quienes dirigen”[84].

 

Es por ello, que cuando nos referimos a Burocracia Estatal Socialista, no sólo consideramos que la burocratización se encuentra presente en la administración del Estado, sino que, dada la total fusión del mismo con el partido y la dirección de las organizaciones políticas y de masas, se extienda por todo el organismo social socialista en transición. Se parte del presupuesto, de que es un modo de gestión social que se ha generalizado en todo el cuerpo de la experiencia socialista. El mal no es privativo solamente del Estado, sino de todo el sistema de gerencia y de reproducción de la actividad en la sociedad soviética del período que se estudia.

 

La alerta leninista es significativa, y su temor y lucha contra esta escara para el socialismo se ponen de manifiesto en su proyecto de Reforma, enderezado a curar y disminuir las secuelas de este mal para el naciente poder. Las organizaciones sociales y de masas fueron consideradas poleas transmisoras de la voluntad central aún y cuando, avanzado el proceso, Lenin trata de revitalizar el papel de estas organizaciones ampliando su participación en el funcionamiento social, pero sin variar la concepción inicial, lo que de suyo, las coloca incluso en el período de reformas en una situación de dependencia en la toma de decisiones. Así, el 4 de Enero de 1922, en su “Proyecto de Tesis sobre el Papel y las Tareas de los Sindicatos en las Condiciones de la Nueva Política Económica (NEP)” [85] puede constatarse dicha concepción errada con relación a esta organización social tan determinante para encaminar una participación activa en una esfera particularmente  importante en el socialismo.

 

En esas mismas tesis, se esboza el funcionamiento sindical, su estructura interna, y Lenin confirma la idea de un movimiento que exista bajo la égida de una soldadura muy fuerte con las masas obreras e incluso no obreras que reconozca los intereses y motivos reales de los actores políticos; que se mueva de “abajo hacia arriba” y que movilice hacia acciones prácticas. Pero las mediaciones políticas con el partido y con el Estado siguen matizándose con el principio de las poleas transmisoras entre el motor (Partido) y la maquina (sociedad), que ese motor ha de mover para que produzca un determinado fruto. Sin embrago, el hecho comprobado por la experiencia posterior demostró que, dada entre otras cuestiones la inevitable deformación burocrática del Estado socialista, se precisaba que el sindicato, aún y después  del triunfo siguiese defendiendo los intereses de las clases trabajadoras de tales deformaciones e incidiese en el control de ese partido y ese Estado, instrumento y administrador del proceso socialista. Es decir, a través de que mediaciones políticas se establecería el control social desde abajo del nuevo poder social a todos los niveles.

 

Con relación a todo el orden político en la Unión Soviética, Rosa Luxemburgo evaluaba tempranamente las consecuencias de la ausencia de un control social mediante una participación activísima en la transición por parte de las masas[86]. La escuela de la vida publica, al decir de Rosa Luxemburgo, elevaría al hombre  a alcanzar su ser político, a garantizar con su control la ejecutividad y justeza de la vanguardia, desterrando las prohibiciones, censuras y enclaustramientos que generaba el viejo poder con su secuela de persecuciones y amputaciones de la conciencia y la libertad popular. La nueva política, para abrirse paso a su extinción, debía contar con la masa de pueblo que respondería sin la necesidad de la violencia ante su poder justo, mesurado y responsable garantizado en todas las esferas de la creación y participación.

 

Natura non facit saltus.[XV]   

 

La política económica leninista  apuntaba; antes de la toma del poder político y hasta a medidos de 1918, como su elemento esencial, al Capitalismo de Estado, partiendo de los tipos de propiedad que caracterizaban el escenario ruso, “... pero no se les ha ocurrido pensar, que el Capitalismo de Estado seria un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética... y la socialización se distingue precisamente de la simple confiscación en que se puede confiscar con la sola decisión, sin saber contar y distribuir acertadamente; pero es imposible socializar sin saber hacerlo [87]. La política del Capitalismo de Estado contemplaba la utilización de la economía campesina como uno de sus pilares fundamentales, contaba para ello con el interés personal y el cálculo, la contabilidad  y el estricto control socialista, preparando así a las masas en un nuevo accionar productivo y de dirección económica. Lenin en ningún momento absolutizó las formas económicas de la transición, sino que afirmaba  que “la idoneidad de una u otra forma de transición hay que buscarla en la estructura económica y socio clasista del país”[88], lo que de suyo, implicaba una diversidad de estrategias políticas para desarrollar las economías con las experiencias socialistas, cuestión a la que no se le prestó ninguna atención después, cuando se intentó uniformar la manera de enfrentar la economía por la política. Otro elemento esencial es el tiempo en que puede transcurrir la transición sin ser forzada, “... la transición al socialismo (se prolonga tanto más) cuanto menos desarrollada esta la sociedad capitalista”[89].

 

Es decir, depende de la evolución natural de los tipos económicos a partir del desarrollo científico – técnico que se fuese verificando. El socialismo no sería impuesto, sino se predicaría y se instauraría paulatinamente.[90]

 

Las tareas se encaminaban pues a la estatalización mediante la nacionalización, el control obrero y el Capitalismo de Estado. Se llevó a cabo en dicho movimiento la confiscación de la tierra  a los terratenientes y su reparto a los campesinos quienes, mediante el perfeccionamiento de los medios de trabajo pasarían poco a poco al sistema cooperativo; se produjo además, la conversión de los consorcios (fabricantes de azúcar, carbón, metalúrgicos, entre los más significativos) en propiedad del Estado; se logró el control sobre todos los bancos y la fusión de los mismos en un Banco Central Único; y el control Estatal sobre el comercio exterior, como otras de las medidas inmediatas y efectivas del poder bolchevique. El diseño, bien medido y sopesado, correspondía al objetivo trazado.

 

Las condiciones  extraordinarias que sustituyeron a la esperanza leninista de un período relativamente pacífico de construcción socialista por profundas conmociones militares tales como la sublevación del cuerpo del ejército checoslovaco, la guerra civil, el cerco capitalista y la tardanza de la Revolución Socialista en otros países del enclave europeo, condujeron sin lugar a dudas, a un distanciamiento inicial y, luego, a un abandono del diseño inicial en materia económica. Las circunstancias obligaron a la política del Comunismo de Guerra, y su práctica continuada a la creencia de que ese era el modo de acercarse al comunismo.

 

El Comunismo de Guerra es la Política Económica del Estado Soviético aplicada entre mediados  de 1918 – 1920, donde la economía nacional se organizó a tono con las exigencias y basándose en la dirección militar y estricta del proceso económico. Entre sus medidas, además de la nacionalización anterior de la gran industria, fueron la nacionalización de las empresas medianas y una parte considerable de las pequeñas; se prohibió el comercio y de suyo las relaciones monetario – mercantiles; se implanto el sistema de contingentación (la entrega obligatoria al Estado por los campesinos de los víveres a precio de tasa); y se impuso el trabajo obligatorio y la tarjeta de racionamiento como contrapartida a lo aportado y al núcleo familiar. Como consecuencia de estas circunstancias, se produce una desclasificación considerable de la minoritaria clase obrera, que también, junto al grueso de comunistas dirigentes, parten al frente.

 

En medio de esta situación de guerra y cerco imperialista, y de los nuevos métodos de gestión económica, comienza a considerarse a esta manera inmediata socialista la forma de aproximarse al comunismo eludiendo el inevitable periodo mixto transicional, “Hasta cierto punto, presuponía – podemos decir que presuponía, sin hacer cálculos – que se produciría una transición directa de la vieja economía rusa a la producción y a la distribución estatales, basadas en los principios comunistas. 

Creímos que con el sistema de contingentación, los campesinos proporcionarían la cantidad necesaria de cereales que nosotros podríamos distribuir por fábricas y talleres y, de esa manera, tendríamos una producción y distribución comunista” [91]... entonces adoptábamos cada día con el mayor apresuramiento excesivo diversas medidas económicas nuevas, que no podían calificarse más que de medidas socialistas”[92] .  

 

Eso originó la primera gran crisis de 1921, producida como consecuencia de “que las altas esferas de nuestra política económica perdieron el contacto con la base y en que no lograron elevar las fuerzas productivas, lo que se tenía por tarea fundamental e impostergable en el programa de nuestro partido... el sistema de contingencia en el campo, esta manera comunista de abordar directamente las tareas de organización de la economía en la ciudad, entorpecía el ascenso de las fuerzas productivas y fue la causa principal de la profunda crisis económica y política”[93].

 

Esta profunda crisis, al decir Leninista, no es sólo el resultado de la situación extraordinaria, sino además, de falta de vínculos de la vanguardia con la masa, con la realidad, y realmente no son simples vínculos, son métodos de gestión política y económica que exigían mayor peso del pueblo en la toma de decisiones, de transformar la manera en que se incluía al individuo  concreto en ese accionar del poder; no es casual que, precisamente en el marco de dichas circunstancias Lenin pase a estudiar y a divulgar su teoría acerca de las reformas y de su lugar en la transición al socialismo como corrector estratégico táctico del proceso, pasando así, a una lucha consecuente por su materialización práctica. La experiencia histórica exigía un balance realista e integral que comienza precisamente a materializarse en 1922, pero que abarca un período preparatorio teórico anterior durante 1921. Lenin, el político, se desnuda sin timidez  en un balance del período anterior y elabora materiales de profundo basamento científico como resultado de la experiencia práctica de la construcción del socialismo en las condiciones específicas soviéticas.

 

Ad augusta per angusta.[XVI] 

 

La teoría leninista acerca de las reformas es un abordaje integral de las exigencias reales de perfeccionamiento, buscando salvar al socialismo como alternativa a la modernidad desde las posiciones del subdesarrollo. Su concepción precisamente parte de la evaluación de los errores cometidos, de cómo incluir al hombre en el proyecto reformador, y de un paquete de medidas concretas que abarcan todas las esferas.

 

Según el líder bolchevique la aplicación de las reformas ha de considerar para su implementación:

 

- El grado de agudización de las contradicciones de clase a escala nacional e internacional.

-  La estructura económica y social, así como el nivel cultural alcanzado, en especial en la cultura política.

- El estado real del país a partir de las medidas revolucionarias aplicadas y su efectividad.

- Los  errores de la vanguardia al aplicar el proyecto social de transición y las raíces de su ineficiencia.

 

Estas reformas han de lograr un equilibrio entre los métodos y los objetivos socialistas,  y el centro de las mismas ha de estar dirigido hacia el hombre, a su inserción en dichos sistema; en eso reside la formula leninista de reformar “en la justa medida”.

 

La reforma rusa de la década del 20 presenta, como su núcleo económico, a la NEP (Nueva Política Económica), y en el balance de su necesidad histórica se encuentra la valoración acerca del socialismo anticipado que conduce directamente al descontento justo, corolario de un socialismo que intenta confirmarse a través de lo que él definiese como socialismo de sentimiento basado en el entusiasmo. Véase como se refleja esto en sus obras póstumas.[94]

 

El balance leninista es certero, alerta contra el deseo imperioso y acuciante que puede llevarnos a una avalancha “socializante” sin tener fundamentos sólidos para ello, y para garantizar un progreso autentico y no forzado ni ficticio; en ello influyen miles de factores, desde el estado de la producción material, la posibilidad de dirigir ejecutivamente, y el hombre mismo por citar al menos los determinantes.

 

La NEP fue aprobada por el X Congreso del Partido Bolchevique en 1921, sus aspectos esenciales son: el restablecimiento del comercio, la revitalización de las relaciones monetario mercantiles reguladas de manera acertada por el Estado apoyándose en el sistema de impuestos, lo cual permite que el campesinado comercie con los excedentes agrícolas que le queden después de pagar los impuestos; el arriendo de empresas al capital extranjero, en una palabra, darle paso al capitalismo bajo el control del Estado que al desarrollar la gran industria, desarrollará al proletariado en esos momentos casi inexistente. El principio básico que moverá al nuevo accionar económico es el del interés y la responsabilidad personal, sobre la base de la discusión colectiva[95]; era determinante la discusión movilizativa, más el trabajo efectivo que elevara - y eso era decisivo – las condiciones de vida del pueblo, que aumentara su cultura, en especial, la económica, pues para ser dueño hace falta saber serlo. En una palabra, Lenin perseguía un capitalismo que se subordinara al Estado proletario y lo sirviera; ese era el nuevo planteo del ¿quién vence a quien? en las nuevas cuestiones que el poder proletario debía asumir.

 

El resultado no se hizo esperar en los primeros momentos y, aún en vida de Lenin, las riendas del capitalismo estuvieron bien sujetas; los saldos positivos cambiaron la posición del pueblo superando el estado de crisis[96].

 

La propuesta de reforma política acompaña y complementa a la económica, cumpliendo el propio principio Leninista de que deben aplicarse de manera sincrónica para no abortar el principio perfeccionador y corrector del empeño. Las causales de la misma se encuentran:

 

- En los errores de la vanguardia política en su estrategia para alcanzar un desarrollo continuado y en los métodos de gestión utilizados, lo que de suyo genera  estancamiento primero y, luego, una crisis social, derivada del descontento justo. [97].

 

¿De qué  naturaleza podían ser los errores de la vanguardia? ¿Cuáles podrían ser sus enemigos fundamentales para actuar verdaderamente a lo socialista? Lenin responde esas interrogantes y alerta a los comunistas contra ellas: “A mi juicio, hoy se alzan ante el hombre, independientemente de las funciones que ejerza y de las tareas que tenga planteadas como instructor político, si es comunista, y la mayoría lo son, tres enemigos  principales, y son los siguientes: primero, la altanería comunista; segundo, el analfabetismo; y el tercero, el soborno”[98].

 

La altanería comunista se identifica con el funcionario político o administrativo para el cual la modestia, el ejemplo y la persuasión son verdades de palabras y no de hechos, es el tipo de hombre que se mide a sí mismo y a los demás por el rango que ocupan en la sociedad, que inculcan en sus subordinados ese sentimiento de manera inconsciente o consciente según el caso. Que pretende dirigir mediante disposiciones frías y verticalistas presuponiendo que el papel de las masas en el socialismo es el de ejecución simplemente. Es aquel que sólo vincula a la política con la propaganda, sin realizar balances realistas y objetivos de los procesos en que participa. Que absolutiza la cantidad y no la cualidad. Es el que se preocupa porque todo resulte aparentemente bien en su mandato, sin resolver nada, utilizando comúnmente medidas coactivas para que las cosas se cumplan formalmente. Es el que identifica a la democracia con la falsa unanimidad, desarrollando una crítica y autocrítica acomodaticia a sus funciones. Es el que educa en la discusión de lo superfluo. Es el que es incapaz de digerir la experiencia política y perfeccionar el trabajo. Y es el que, a fin de cuentas, estandariza y minimiza la vida de los hombres a un cuadrilátero infernal.

 

El analfabetismo o el déficit cultural son, sin lugar a dudas, el segundo enemigo, pues los hombres pueden, a partir de ese fardo, acostumbrarse a tal comportamiento; pueden asimilarlo por sus limitaciones, incluso, como justo, y no estar en condiciones de luchar contra ello, o dejarse manipular por otros. Lenin reconocía este peligro y alertaba ante la tradición autoritaria y patriarcal rusa que entorpecía cualquier intento democratizador, máxime cuando él mismo daba a conocer como muchos individuos, con muy pocos o ningún escrúpulo, se sumaban al proceso. El problema espiritual estaba al orden del día y la cultura era una tarea para que el hombre no se encontrara al margen de la política y de la vida de la sociedad. “Por ultimo, si existe un fenómeno como el soborno, si eso es posible, no puede hablarse de política. En esta cuestión no hay siquiera proximidad a la política, no se puede hacer política, porque todas las medidas quedaran en suspenso y no conducirán absolutamente a ningún resultado. La ley tendrá peor efecto si se aplica en un ambiente de tolerancia y propagación del soborno”[99].

 

La corrupción y la política socialista son opuestas y esto se vincula directamente con el problema de la burocracia que, con el fin de consolidarse y confirmarse definitivamente en el poder echa mano al recurso más usual de las anteriores clases explotadoras: la corrupción, convirtiendo a la democracia en una fachada, en un desfile de mascaras que desacredita al socialismo en  su esencia. Y si ese mal no se logra extirpar de raíz, la ley se convertirá en un escudo al amparo del cual nuevas castas seguirán viviendo sobre las espaldas del pueblo  y la liberación seguirá siendo un anhelo.

 

Las medidas políticas propuestas por Lenin aparecen en sus últimos artículos y cartas, escritos entre el 23 de diciembre de 1922 – al 2 de marzo de 1923, muchas de las cuales se esbozan de manera nítida en su “Carta al Congreso”, que fuese publicada en 1956, treinta cuatro años después de haberla elaborado V. I. Lenin. Los años transcurridos hablan por sí mismos respecto a la historia anterior y posterior a su publicación. Es por eso que la Reforma Política y, en general, sus criterios en torno a las reformas, son totalmente olvidados y no se les da el suficiente valor que encierran; es más, se tendía a observar el periodo entre 1921 y la muerte de Lenin, como un período donde se destacaba solamente la N. E. P. y esta sin la suficiente profundidad en lo que significó. La primera propuesta va dirigida a una ampliación del Comité Central a varias decenas e incluso un centenar de nuevos miembros, con el objetivo de alcanzar una estabilidad en su seno, a partir de las pequeñas facciones en pugna que amenazaban con la escisión, consecuencia de las discrepancias internas, fundamentalmente concentradas entre Stalin y Trotsky. No es casual que Lenin se detenga en la caracterización de estas dos figuras en especial. [100]

 

Otra medida es la referida a dar carácter legislativo a las decisiones del GOSPLAN, buscando la descentralización presente en la esfera económica; se propone además un perfeccionamiento del Sistema de Administración del Estado, ya que la Inspección Obrera y Campesina no han logrado una administración eficiente a la altura de las circunstancias en que desempeño sus funciones. Llama la atención el hecho de que Lenin plantee que el personal que asumirá estas funciones, así como las de la ampliación del CC (Comité Central) y que además  asistirían a las reuniones del Buró Político, no debían haber trabajado antes (él señala el periodo de 5 años) en las estructuras del poder soviético, pues estos habían adquirido viejos prejuicios y deformaciones que había que combatir.

 

“Nuestro Comité Central se constituyó como grupo estrictamente centralizado y de sumo prestigio pero su labor no se ha colocado en las condiciones que corresponden a su prestigio. A ello debe coadyuvar la reforma que propongo, y los miembros de la Comisión Central de Control que deben asistir, en determinado número, a todas las reuniones del Buró Político, tienen  que formar un grupo cohesionado, el cual deberá cuidar de que ninguna autoridad, trátese de quien se trate, tanto del Secretario General como de cualquier otro miembro del Comité Central, pueda impedirle, interpretar, controlar documentos y, en general, ponerse absolutamente al corriente de todos los asuntos y lograr que sus trámites lleven al curso mas normal”. [101].

 

Lenin trata, con tal medida, de exorcizar al autoritarismo que ya se venía poniendo de relieve no solo en el modo de ejercer el poder sino en su concentración en manos de un individuo: Stalin, bien visto y asimilado por la Burocracia Soviética existente. Es por esto, que él sugiere que la Nueva Comisión de Control, compuesta por hombres del pueblo, estén libres de ataduras y fetiches para ir introduciendo el Control Social desde Abajo, un control social que, por su ausencia continuada, amenazaba con echar por tierra todo lo alcanzado. También se propone reorganizar la Inspección Obrera.[102]

 

Plantea además, fundir los organismos del Estado con los del partido, cuestión que en la práctica, demostró una total sustitución del Estado por el partido, impidiendo todo control social sobre el mismo. Esta medida, en medio de la deformación burocrática y autoritaria, abrió paso al poder absoluto de Stalin y la Burocracia Estatal Soviética [103](69), avanzado el proceso y con posterioridad a la muerte de Lenin.

 

Obviamente, el estudio de la actividad teórico – practica leninista debe seguir muy cerca las circunstancias históricas en que  se desarrolla la experiencia; debe, además, considerar la postura Marxista de Lenin en su balance de la experiencia vivida y las conclusiones que extrae de ellas y su validez para la construcción socialista; debe colocarnos en condiciones realistas a la altura de nuestro momento porque, precisamente, contamos con una experiencia histórica acumulada superior a la que él vivió, de analizar como precisamente entre 1918 – 1924 se fue gestando, a pesar de su intensa labor contra ella, la Burocracia Estatal que después de su muerte, encabezó y utilizó Stalin de acuerdo a sus fines y objetivos.

 

To be or not to be. [XVII] 

 

El problema relacionado con la Política Exterior y el Movimiento Obrero Internacional ocupa un lugar importante en el proyecto de construcción socialista leninista, ya que este se encuentra vinculado a una reestructuración de las Relaciones Internacionales como alternativa universal a la política imperialista de saqueo y reparto del mundo; abarca también el análisis de los problemas nacionales y étnicos, así como su posible solución, defendiendo por igual el derecho de cada parte, eliminando el chovinismo, el racismo y todas las secuelas deshumanizante que aquejaban a los hombres de su tiempo.

 

El problema nacional se instituye como uno de los aspectos esenciales que podía reproducir imperfecciones similares a las del periodo zarista y, con ello, las bases para un funcionamiento socialista para el nuevo Estado multinacional no se alcanzarían. La problemática en cuestión se presenta, incluso, en la polémica de Lenin y Rosa Luxemburgo, donde el líder soviético plantea la posibilidad de abandono de la unión, partiendo del reconocimiento de este derecho lícito de sus participantes, aclarando que se defiende la unidad sobre la base del reconocimiento de la misma por los solicitantes no a una obligatoriedad impuesta por cuestiones de índole geográfica o históricas no debiendo mantenerse ninguna nación en los marcos de un Estado por la fuerza, ni imponérsele, de suyo que asimile formas estatales ajenas a sus aspiraciones de emancipación.

 

En esta línea se inscribe la crítica Leninista a la autonomización, idea en que se basaba el proyecto Stalinista de entrada de las diferentes repúblicas que integrarían la unión, destacando como el principio de unidad de administración propuesta por Stalin como base del funcionamiento del multinacional Estado no hace más que repetir un concepto vació, pues la administración a que hace referencia Stalin no existe aún en el transcurso de los cinco años transcurridos de poder revolucionario

 

Así aparecen otras dificultades con la segregación de los comisariados del pueblo que tiene que ver con la psicología de las naciones y con su instrucción que agudizan los rencores sobre los que intentan, mediante una administración burocrática, separar a los pueblos de sus raíces y sus valores. Otro aspecto señalado es el terrible efecto que tiene la existencia de administraciones nacionales  que no cuenten con personal propio sino ruso, y alerta sobre la necesidad de incorporar la mayor cantidad de personal autóctono para el cumplimiento de la transformación de sus realidades por muy atrasados que se encuentren los pueblos. Por otra parte, era necesario acabar con el peligro del chovinismo ruso latente aún en la experiencia socialista tan nociva para el proceso[104].

 

La completa igualdad de derechos decretada por la constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas el 30 de diciembre de 1922, no logró despojarse de las deformaciones de dependencia de estos pueblos a Rusia, de las prácticas burocráticas de toma de decisiones desde Moscú que dejaba poco margen a las administraciones nacionales dirigidas por un personal donde la presencia rusa era muy marcada. Ello evidenciaba la persistencia de criterios administrativistas burocráticos como modo de armonizar los territorios que se encontraban bajo su dirección y, de suyo, el germen de un comunismo unicéntrico como forma de garantizar su existencia y el control sobre los territorios donde transcurre la experiencia.

 

El proyecto bolchevique, abanderado de la paz, de una paz sin indemnizaciones ni remuneraciones, propone la coexistencia pacífica, la emulación en la las diferentes esferas, en especial la económica y se opone, por principio, a componendas con el imperialismo que puedan afectar al Movimiento Obrero Internacional o en algún país en cuestión; promueve y confirma en su actuar político la igualdad y el derecho a la autodeterminación de las naciones.

 

Los problemas que aquejaban al Movimiento Comunista Internacional, agudizados con su primera gran crisis, la cual se produce en el periodo de la Primera Guerra Mundial con la traición del liderazgo de la II Segunda Internacional en el deslinde entre revolución socialista y defensa de los intereses nacionales, sienta como tareas de primer orden, la creación y desarrollo de una nueva organización capaz de alcanzar la necesaria unidad garante de la Revolución Mundial como condición imprescindible al triunfo del socialismo.

 

En el I Congreso de la Internacional Comunista, celebrado entre el 2 – 6 de marzo de 1919 Lenin brinda las Tesis y el Informe Central acerca de la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, delineando las tareas fundamentales de la nueva y aún pequeña organización internacional, sus posiciones sobre la situación internacional, la política de la Entente sobre los socialistas y la Conferencia de Berna, entre otros aspectos.

 

El II Congreso celebrado del 19 de julio al 7 de agosto de 1920, avanza más allá de la situación internacional y las tareas fundamentales, al adentrarse en el esclarecimiento de los problemas agrarios y nacionales, así como establece las condiciones de ingreso en la Internacional Comunista y los principios básicos que regirían su funcionamiento, partiendo de la compleja situación que enfrenta el movimiento obrero en su lucha internacional y nacional. Es importante revisar estos principios, que se establecieron a la luz de las condiciones históricas en que se confirmaron, y la utilización posterior que de ellos hace el gobierno stalinista a la muerte de Lenin y el gran peligro que ello encarnaba para el socialismo como ideal y como práctica.

 

Una revisión de los artículos que definen los principios de ingreso a la Internacional Comunista evidencian, sin lugar a dudas, que la experiencia de organización en la lucha para la toma del poder en Rusia y sus resultados positivos induce a Lenin a internacionalizarlos e instituirlos en la nueva organización. Debe verse por ejemplo las condiciones para el ingreso en la organización internacional  12, 13, 14, 17. [105]

 

El III Congreso se celebro en junio de 1921, y trajo consigo un cambio sustancial en los presupuestos básicos esgrimidos en los dos congresos anteriores. Tras el fracaso alemán, ocurrido en marzo de ese año, de la idea de que los comunistas debían centrar sus esfuerzos en la toma del poder a corto plazo en los países europeos, se pasa a la imprescindible valoración de readecuación de la estrategia, constatando el fenómeno de una estabilización de los regímenes burgueses y una relativa recuperación de la Socialdemocracia. En función de ello, los objetivos de las secciones de la Internacional Comunista debieron centrarse en ganar a las masas y ello mediante dos instrumentos esenciales: la táctica de frente único con la Socialdemocracia y la recuperación de las consignas inmediatas a un proceso de acumulación de fuerzas en espera  de una ocasión más propicia para el asalto al poder. Es de señalar que al nuevo rumbo argumentado por Lenin y Trotsky se opusieron los llamados ultra izquierdistas, que seguían considerando que la situación seguía siendo tan revolucionaria como en los primeros años posteriores a la guerra y se oponían al frente único y al trabajo en los sindicatos y otras organizaciones de los trabajadores.[106]

 

El IV Congreso de la Internacional Comunista se celebró en noviembre de 1922. Este fue una continuación de las nuevas ideas adelantadas en el II Congreso que no encontraron una aceptación total en el enclave comunista. Se avanza en problemas concretos estratégicos y tácticos, en el trabajo con los sindicatos, las organizaciones femeninas, la juventud, la Socialdemocracia y la actualización de los problemas internacionales así como el trabajo de las secciones en los países Europeos y en el Oriente. Siendo consecuentes con el trabajo dedicado a la Internacional Comunista por Lenin y el resto de los comunistas asociados al nuevo organismo internacional podemos plantear, que, a pesar de las difíciles circunstancias en que se debatía el Movimiento Comunista y la propia URSS, el trabajo desplegado fue intenso y respondía a una lógica natural de la política exterior del nuevo Estado de Obreros y Campesinos, que situaba entre sus tareas de primer orden la estrategia internacional del Movimiento Comunista en el balance de la situación internacional y las posibilidades de reorganización socialista de la civilización humana, teniendo en cuenta las especificidades nacionales y las complejas contradicciones de clases que las acompañaban.[107]

 

La Teoría de la Construcción Socialista Leninista se elabora en condiciones específicas, pero alcanza un carácter internacional en la medida en que revitaliza los principios humanistas y el método Marxista de análisis, así como enfrenta problemas típicos de los pueblos subdesarrollados. La alternativa prueba suerte en el escenario ruso, y genera un manantial inagotable de experiencia a considerar y tener en cuenta para enfrentar los vericuetos del mundo actual sin perder de vista el centro de su empeño: el hombre en su dimensión universal.

Es obvio que la práctica socialista en condiciones  en extremo difíciles y el proceso natural de acumulación de experiencias en como hacer socialismo desde el subdesarrollo, sentaron las bases a pesar de los esfuerzos de los mejores representantes del bolchevismo para una deformación profunda de la aspiración socialista, las cuales condujeron, paulatinamente, al tránsito del Socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado. Así lo evidencian todos los aspectos tratados hasta el momento en el transcurso del presente examen.

 

Noc Voto. Sic Jubeo. Sit Pro Ratione Voluntas.[XVIII]  

 

El stalinismo más que ser representativo de una figura histórica, es un fenómeno social, político, económico y espiritual. Cuando evaluamos las concepciones del stalinismo, nos estamos refiriendo a las concepciones de la Burocracia Estatal Soviética, que se apoderó del poder definitivamente y como un proceso gradual, posterior a 1924, que arrancó las conquistas democráticas de octubre de 1917. La génesis de ese poder burocrático y estatista, que alcanza su triunfo total en la década del 30, se encuentra en el período anterior, y sus causales  fueron valoradas por Lenin en sus últimos trabajos, a través de los cuales intentó corregir tales deformaciones en la experiencia socialista.

 

A manera de resumen podemos plantear que el problema radicó en las condiciones y medidas extraordinarias que tuvo que enfrentar el bolchevismo en su alternativa socialista en ausencia de la esperada Revolución Mundial; los desafíos inevitables de un empeño superior desde el subdesarrollo, que no siempre pudo sortear las inevitables deformaciones burocráticas a partir de sus realidades concretas, y de la cruenta lucha por la existencia individual en la que Marx insistió tanto como aspecto vital de un nuevo accionar social el cual no debía perderse de vista bajo ninguna circunstancia en que  transcurriera la transición.[108]

 

Por añadidura, debe considerarse el peligro inminente de la escisión que se agudizo en el Buró Político tras la muerte de Lenin, partiendo de la tradicional lucha de facciones que caracterizo la polémica dentro del bolchevismo desde sus inicios en como desarrollar la revolución socialista y la transición al socialismo en las condiciones especificas soviéticas[109]. Un ingrediente psicológico de gran peso para la militancia comunista soviética, que intenta salvar a toda costa las conquistas alcanzadas y lograr la estabilidad, lo constituyó el juramento de Stalin de  mantener la línea leninista de construcción socialista en el II Congreso de los Soviets de la URSS con motivo de la muerte de Lenin el 26 de Enero de 1924; también y en ese mismo orden, se encuentra el manejo dado a la famosa “Carta al Congreso”, que, según Stalin “... fue leída en el Congreso, el cual decidió por “unanimidad” no publicarla, porque, entre otras cosas, el propio Lenin no lo quiso ni lo pidió así”.[110] El temor a la perdida de la unidad, a pesar de las diferencias de posiciones que en el período anterior enriquecieron a la conciencia colectiva de la dirección política del liderazgo comunista[111], fue lo que inclinó la balanza hacia la figura de Stalin el cual, para ese entonces, había logrado un gran ascendente de autoridad y poder desde su cargo de Secretario General y que, a través de sus propio manejos, había logrado transformar de un cargo puramente organizativo en el más importante y determinante en la toma y legitimación de las decisiones.

 

La burocracia estatal, que se había conformado entre 1917–1923 como correlato de las circunstancias en que nace el nuevo Estado y que originaron que este tuviese que asumir funciones de censo y control, fue lo que originó el nacimiento de la casta de especialistas del reparto, la cual se identifica plenamente con los métodos de gestión de Stalin y le apoya como la figura  fundamental para sus aspiraciones e intereses; máxime cuando Stalin desdeña las propuestas de Reforma Política de Lenin y sólo asume la reforma económica  NEP, a la cual, posteriormente, y bajo las concepciones que enarbola, las hace abortar y convertirse en su antítesis, problema al que más delante se hará referencia en el análisis.

 

Otro aspecto significativo es el aumento considerable del aparato de funcionarios, que se ve acelerado con la desmovilización del Ejercito Rojo y la incorporación de este personal a los cargos administrativos y estatales, viéndose pautado el proceso por la psicología y la efervescencia revolucionaria que peculiarizó la actividad política. Estos hombres, formados y acostumbrados a la disciplina militar, confiables y probados en la lucha, con poco desarrollo cultural y, muy en especial, cultural político, pasan a ocupar cargos importantes en todas las esferas de la vida social aún sin tener suficientes conocimientos y, menos aún, capacidad de dirección para los puestos que asumen, pero en condiciones de saber ejecutar órdenes precisas. Ellos trasladan a su medio de acción el régimen y el reglamento que les había hecho ganar la guerra civil; es decir, traspasan a la vida pública el accionar militar de que, las órdenes se cumplen y no se discuten. Esto, naturalmente, acabó por extirpar toda aspiración de vida creativa y democrática. El mecanismo natural de delegación de poder, fue sustituyéndose por el desmantelamiento del poder de las masas y el seguimiento acrítico y la fe ciega en el liderazgo político, que abrió paso a un culto abierto y descarnado de la personalidad, y a la aparición de nuevos símbolos que rescataban temiblemente el nacionalismo ruso.

 

El mecanismo de delegación de poder se da en esta experiencia de manera natural y casi espontánea, aún y cuando representaba precisamente una de las arterias esenciales que se bloquearían en  la experiencia  socialista. La delegación de poder se produce, entre otras causales, por la falta de cultura en general y política en especial; por la psicología del hombre medio ruso acostumbrado a la obediencia, ahora hacia un poder que, supuestamente, es suyo, pero que no llega a ejercer asociado a lo que Engels llamó Fe Supersticiosa en el Estado; por las condiciones de precariedad material y por las condiciones internacionales. Esto hace que bajo el imperativo de la confianza en el liderazgo (de indiscutible valor histórico), pero que precisaba  el bajo control social, y la necesaria  centralización, el individuo concreto comience a delegar el poder que le compete en la experiencia socialista y vaya siendo sustituido a todos los niveles por hombres designados  muchas veces no por  sus capacidades reales para ejercer el poder político, en esto inciden los mecanismos gestados para el ejercicio del mismo por los ciudadanos.

 

En el proceso de fortalecimiento de la burocracia, incidió la recuperación económica en los primeros momentos de la NEP[112], recuperación que propició la aparición del excedente económico y del que comienza a apoderarse discretamente la burocracia en formas de ventajas importantes en la que se apropia la minoría mejor ubicada en los puestos de mando. Esto refuerza los rasgos pequeño burgueses en el Estado, cuestión a la que prestaron gran atención Marx y Lenin en el momento de la transición, cuando se produce de manera mas literalmente clara la lucha entre el Estado y la sociedad civil en el socialismo[113], y que, precisamente, es la fuente, el motor que permite que el Estado se extinga en la medida en que todos los ciudadanos alcanzan su ser político, y con ello debe desaparecer la propia política y surgir la sociedad humana, al decir Marxista.

 

En síntesis, la historia resolvió la discusión y corroboró las predicciones Leninista[114]. En la figura de Stalin como Secretario General estaba para Lenin el peligro a la escisión, y era un problema de importancia decisiva. Stalin conserva y fortalece sus posiciones. ¿A través de que métodos logra sus fines? ¿Cuál es la nueva envoltura ideológica que acompaña a su Socialismo de Estado? (83) ¿Cómo del peligro a la escisión presente en su figura mantiene íntegro, aunque no ya socialista, su período histórico de gobierno? Pasemos a evaluar su período histórico y los resultados que de él se derivan.

 

                                                              Qui nescit dissimulare nescit regnare.[XIX]   

 

Los elementos que integran la nueva “concepción” de transición socialista y que se aplica íntegramente en la URSS y luego a la Europa Oriental y Central en su proceso de absorción por la Unión Soviética con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial se encuentran íntimamente vinculados, sucediéndose al unísono; unos y otros determinan la política doméstica y exterior y responden a una lógica de poder determinada, que dicta imperativos de una manera unilateral y deshumanizada de intentar construir “el socialismo”, al menos como justificación histórica de su poder, o porque simplemente estaba convencido de ello, al igual que los zares se consideraban los elegidos para determinar los destinos de los pueblos bajo su dominio durante siglos.

 

Los aspectos que la componen son:

 

- La llamada “teoría” acerca de la edificación o el triunfo del socialismo en un solo país.

- El papel directivo y administrativo del partido. La unidad a toda costa y a todo costo.

- El fortalecimiento del Estado (no se extingue) y de su carácter altamente centralizado.

- La agudización de la lucha de clases.

- La llamada “teoría” de los cuadros de mando.

- La mal llamada “cultura proletaria”.

- El cerco capitalista y la “teoría” de los dos mundos.

- El Comunismo Unicéntrico.

 

La conocida “Teoría” acerca de la edificación o triunfo del socialismo en un sólo país, abarca toda una época histórica desde su declaración hasta la conformación definitiva de su diseño, dentro de la cual se distinguen claramente dos etapas: de 1924 – finales de 1927 y de 1928 – 1936. La periodización, responde a las estrategias políticas en materia económica y a las repercusiones que tuvieron en el resto de las esferas y presentan una absoluta organicidad con la lógica de la reproducción burocrática stalinista.

 

Si seguimos los pasos de su evolución, podemos constatar virajes profundos en la proyección Stalinista ante lo que debió ser un proyecto socialista bien meditado, profundo y científicamente argumentado. En abril de 1924, a sólo tres meses de muerto V. I. Lenin, Stalin escribía en su compilación Las Bases del Leninismo: “Bastan los esfuerzos de un país para derribar a la burguesía; la historia de nuestra revolución lo demuestra. La victoria definitiva del socialismo para la organización de la producción socialista, los esfuerzos en un solo país, sobre todo si es campesino como él nuestro son ya insuficientes: se necesitan los esfuerzos reunidos del proletariado de varios países adelantados”.[115] .

 

La edición en que aparecía tal posición fue retirada de la circulación meses más tarde. Pero, de hecho, Stalin era partidario del apoyo de los proletarios de otros países para llevar a cabo la construcción socialista en un país predominante campesino y subdesarrollado. La esperanza de la Revolución Socialista en el escenario europeo se había ido extinguiendo; la ayuda del exterior de sociedades hermanas también, se imponía una realidad aplastante. ¿Cómo hacer, bajo las nuevas condiciones, para resolver los que hacia 7 años había comenzado y movilizado a cientos de millones de personas? ¿Qué camino seguir? ¿Existía realmente una opción? Lenin, con mayor anticipación, se había cuestionado esto y había optado por un nuevo sendero proponiendo su Reforma Integral en espera de una reactivación del Movimiento Obrero Internacional.

 

Stalin se replantea el problema, pero su esquema no se aviene a la reforma leninista integral, pues tocaba al aparato político y, apoyándose en los primeros y medianos éxitos de la NEP, propone y declara el viraje, en tanto asume inteligentemente la propuesta de Bujarin y sus partidarios, utilizando esta primera alianza para aislar y destruir a la facción trotskista.

 

Divide ut regnes.[XX]   

 

En el otoño de 1924, seis meses después de su anterior declaración, se encuentra Stalin argumentando como ni las diferencias de clases en Rusia, ni la técnica atrasada conducirán a la perdida del socialismo en la URSS; que el mismo podría construirse en el escenario de precariedades y miseria, contando con el apoyo, el altruismo y la abstinencia de las generaciones que soportarían los sacrificios más increíbles para lograr la meta anhelada, el crecimiento será muy lento, “a paso de tortuga”, pero se construirá el socialismo apoyándose en el Kulak, en su asimilación. Pasemos a estudiar dichos argumentos en su proceso de materialización.

La primera estrategia, que media entre otoño de 1924 y finales de 1927, obtiene el apoyo absoluto de la Burocracia Estatal y la tarea histórica de la misma, era construir un socialismo de estado, administrativo y nacional, contando con los inmensos recursos materiales y humanos que poseía el país, sobre la base de lo que pudiéramos llamar, sin temor a dudas, neo NEP.

 

La creencia bujarinista de que el establecimiento del poder proletario como resultado de la destrucción del viejo Estado era suficiente para garantizar el socialismo y, en especial el poderío de la industria socialista en su competencia con el  sector privado y que, al socialismo se llegaría por la cooperación y el intercambio, lo condujo por el errado camino de promover una política, que en un primer y casi absoluto plano, se orientaba al campo y, en especial, al kulak (campesino rico), bajo la consigna ¡enriqueceos! pensando así, asimilar al kulak.

 

Otro ingrediente que la Burocracia Estatal agregaba a este diseño, era el retardo de la industrialización. Todavía en abril de 1927, a las puertas de una crisis que se venía desencadenando, en sesión plenaria del Comité Central, Stalin ridiculizaba a los llamados “industrialistas”, afirmando que la construcción de la Gran Central Eléctrica del Dnieper sería para los soviéticos, así como para los campesinos, como comprarse un gramófono en lugar de una vaca.[116] A esto le acompañaba un desprecio por la planificación; se prefería corregir los planes constantemente, planes que, por demás, eran parciales e inexactos, incapaces de reflejar las estadísticas, ni el estado real del país. Es interesante destacar como esa política orientada al campesino rico, originó un estimulo a la pequeña burguesía de las ciudades y del campo a penetrar y apoderarse de muchos Soviets locales y organizaciones partidistas.

 

Tal diseño político en materia económica consideraba a la colectivización como una utopía, por lo que se le aplazaba. En el Quince Congreso del Partido, el Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Molotov, expresó que no era el momento de dejarse engañar con las ilusiones de los campesinos pobres sobre la colectivización y el inevitable subsidio que el Estado tendría que aportar para materializar tal sueño, eso era “imposible”. Lo cierto, es que en las condiciones que reinaban, la situación de la masa mayoritaria del campesino pobre era terrible, sin el apoyo del “Estado de Obreros y Campesinos” y bajo el dictado de un mercado regido por las mejores condiciones de producción en el agro, y una industria deficitaria y con precios altísimos, impuestos a productos de muy baja calidad la crisis por la precariedad se avecinaba.

 

Esta estrategia se impuso a pesar de la oposición de izquierda[117] encabezada por L. Trotsky, que realizaba una crítica contundente a la misma. En fecha tan temprana como 1923, Trotsky alertaba ante la evidente contradicción que se daba entre la forma de propiedad y el desarrollo insuficiente de las fuerzas productivas, lo que a partir de las estrategias políticas que se adoptasen podría resolverse o agudizarse. El camino adoptado por Stalin, inspirado en la propuesta bujarinista, agudizaba violentamente la situación económica y social del país.

 

A esta crisis en evolución se le conoce como la Crisis de las Tijeras; ella se vinculaba al retardo de la industria y al desbalance entre los precios del agro y la industria estatalizada. Los precios impuestos a los productos de la industria eran muy altos y no correspondían con la calidad de lo ofertado por esta. Por otro lado, los precios preferenciales que podía imponer el campesino rico, partiendo de sus mejores condiciones de producción, originaban dos fuertes tenazas que estrangulaban a los obreros y campesinos pobres, colocándolos en una situación casi de total desamparo. La oposición de izquierda exponía, como medida paliativa, una colectivización paulatina para el campesino pobre con ayuda del Estado, para sacarle de su situación depauperada  “... Volvernos hacia el campo no quiere decir que debamos volver la espalda a la industria; quiere decir que orientemos la industria hacia el campo, pues los campesinos no tienen ninguna necesidad de contemplar el rostro de un Estado desprovisto de industria”.[118] La oposición de izquierda lo que proponía era que, después de aprovecharse los medios de producción heredados de la burguesía al máximo y se verificase el agotamiento de sus posibilidades, gracias a un proceso de acumulación sostenido, la industria socialista fuese superando al capitalismo y elevando los niveles de vida del pueblo; esto debía acompañarse de un sistema de precios balanceados, y con un apoyo irrestricto al campesino pobre mediante la colectivización y un subsidio temporal  para sacarlo de su estado de pobreza.

 

En la misma dirección de Trotsky se presenta la propuesta de Preobrazhenky, que propone restaurar el equilibrio a través de un impuesto progresivo sobre el campesino rico y de una extensión gradual de los alcances de la planificación; eso constituía la tasa optima de crecimiento. Preobrazhensky también se pronuncia con relación a las leyes económicas de la transición. En oposición a Bujarin, que sólo reconocía a la ley del valor como regulador único, él plantea que las leyes antagónicas con que se encuentra la transición pos – capitalista y que se han de saber encauzar son:

 

- El carácter histórico de la ley del valor (reforzada además por el mercado mundial del que no puede desentenderse el proceso).  

- La ley socialista de acumulación primitiva, que necesariamente se debe verificar en la transición.[119]

 

El principal elemento que sostenía a estas dos leyes para encauzarlas correctamente era la democratización o socialización efectiva del proceso de producción como un factor de primer orden. La lógica adoptada por la administración burocrática no se avenía a tal propuesta, por el contrario, las reformas de mercado neo NEP auto tituladas “pro autogestionarias”, conducían a la supresión de una autentica autogestión obrera y, con ello, a un fortalecimiento y preeminencia de la burocracia y la tecnocracia de corte stalinista.

 

Esta polémica deriva en oposición franca y abierta ante los inminentes destinos del proceso, ella sirve de justificación política a Stalin para la eliminación total de la facción de izquierda hacia 1927, pues se les acusa de haber sembrado el pánico hacia el espectro del campesino rico y de intentar disminuir la autoridad y prestigio del liderazgo. Un estudio detallado del problema que nos esclarezca la toma de posiciones de Stalin en materia económica, nos conduce a una revisión de la rica polémica acontecida en la URSS en la década de los veinte e inicios de los treinta.

 

Este es un período donde amén de la acritud política, existe aún gran originalidad de opiniones y utilización de sólidos argumentos, nacidos de la experiencia política. Es obvio que este ambiente todavía era propicio para la creatividad, dado que el poder absoluto del stalinismo se encontraba en proceso de gestación; con posterioridad el más leve planteo con relación al rumbo económico o la línea política oficial, se convertiría de hecho en una prueba de culpabilidad política.

 

La práctica económica soviética posterior al triunfo y al establecimiento del Comunismo de Guerra, se encontró dominado por toda una serie de prejuicios en materia de mercado, entre ellos podemos citar:

 

- El criterio de que existía una contradicción insalvable entre el socialismo y la economía de mercado, y entre el Plan y cualquier forma de regulación mercantil. El socialismo debía ser totalmente opuesto o diferente al capitalismo las medidas transitorias de la vieja economía a la nueva no contemplaban la imperiosa necesidad de utilizar al mercado bajo control ahora del Estado Socialista.

 

La construcción del socialismo se encontraba ligada al desarrollo de un sistema de distribución “natural”, en el que el plan detallaba todo el proceso de  reproducción de las relaciones económicas.

 

- El tratamiento dado a la superinflación durante la Guerra Civil, y con posterioridad a ella, tendente a eliminar la moneda, acentuaba las deformaciones y confirmaba la idea de avance hacia el comunismo sin mediaciones ni paradas intermedias como Lenin le denominara a las medidas transitorias propias de un socialismo nacido en la periferia capitalista e inmersa en un mundo donde el capital y sus relaciones eran dominantes.

 

La Nueva Política Económica y el análisis Leninista en torno al problema económico imprimen un nuevo aliento al desarrollo teórico y político. Así encontramos valiosas consideraciones en el libro de G. Sokolnikov, Comisario del pueblo para las finanzas, donde entre otras planteaba: Pienso que sí. Intentar llevar el grado de organización de la economía hasta la reglamentación obligatoria  del consumo de cada individuo, significa atribuirse un deber injusto en el fondo  e imposible en la época actual”.[120] El economista I. Smilga adelanta ideas muy concretas respecto a la necesidad de la Ley del valor en el socialismo y de cómo encauzarla.[121] Paralelamente a estas ideas acerca de la utilidad de la ley del valor en el socialismo, también existían otras figuras que se oponían a ella, por ejemplo L. Kritsman[122] y Krizanovski presidente del GOSPLAN.[123] En líneas generales sus promotores y opositores coincidían en un punto: la ley del valor era utilizable sólo como resultado de las condiciones en que se desarrollaba la URSS, y no en tanto recurso del socialismo  como sistema social en su primera etapa.

 

Hacia los finales del 20 los opuestos al mercado prevalecieron decisivamente, condenaron como desviación toda posibilidad de su uso; se identificó economía planificada con los métodos de gestión administrativa, como fueron los criterios muy generalizados de S. Strumilin.[124]

 

En el centro de toda esta polémica entre mercado y Plan se encuentra el libro de E. Preobrazenski La Nueva Economía. Intento de análisis teórico de la Economía Soviética[125], con el que Bujarin polemizara arduamente[126]. Ambos eran los dos principales teóricos de la economía socialista de entonces, y en torno a ellos se movían, agrupaban y reagrupaban los pensadores soviéticos y del exterior; al mismo tiempo estos se erigían como las dos tendencias económicas contrapuestas dentro del Partido Comunista de la URSS. El primero pertenecía a la oposición de izquierda, y el segundo al filo del 1927 encarna la oposición de derecha.

 

Resultan de vital importancia los estudios de Preobrazenski y sus continuadores (Salntsev, Kogan y otros de menor envergadura), dirigidos a diferenciar los mercados desde el punto de vista de los sujetos activos en ellos y de la influencia del Estado en los procesos de intercambio. Tengamos en cuenta las distinciones esenciales que realiza[127]. Estos criterios expresan la posición del autor ante el carácter mercantil de las transacciones sobre la base a las relaciones de producción socialista[128]. Por su parte N. Bujarin se opone a las dos leyes de regulación de la economía socialista de Preobazenski; para él la socialización de los medios de producción crea las condiciones para sustituir la espontaneidad del mercado por el mecanismo del plan. [129]

 

La polémica dejó páginas imborrables y de una profundidad absoluta para el futuro  de  los modelos  económicos  socialistas, este análisis  retoma los puntos más  interesantes de las mismas, y la suerte posterior de ellas en el de cursar del mandato Bonapartista Stalinista.[130] Los principios de dirección soviéticos se establecieron el 5 de diciembre de 1929 en Reunión del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética dirigidos, fundamentalmente, al  funcionamiento de la empresa, la reorganización de la industria y el mecanismo de gestión. De suyo este modelo diseñado por la Burocracia Estatal se adecuaba a sus necesidades de mando y eliminaba toda la oposición o polémica en torno a él. El sistema Administrativista iniciaba su época de prueba y su reinado absoluto.

 

Entre las medidas tomadas se eliminaron los Trust, los cuales había erigido Lenin como  el  eslabón fundamental del sistema  de organización de  la  industria, el que operaba, dentro de determinados límites, sobre la base de la rentabilidad del plan. Se otorgó a la empresa  la  autonomía  jurídica - formal. Las  administraciones superiores  de  las empresas fueron llamadas consorcios las que al asumir más tarde las funciones y atribuciones de los  ex - Sindicatos, evolucionaron vertiginosamente al sistema administrativo. En 1934 se eliminan  los consorcios y  sus atribuciones pasan a los Ministerios, cerrando así la evolución a una planificación burocráticamente centralizada.  La  actividad  de  la  empresa   se  redujo  a  una subordinación  absoluta al sistema de órdenes del plan elaborado desde arriba, lo  que originó el crecimiento de los órganos administrativos dirigentes.

 

En 1932  el Consejo Supremo de la Economía Nacional, fue dividido en  cuatros  comisariados. En  vísperas  de  la  guerra se alcanzó la cifra de 21 comisariados. En correspondencia con estos cambios, se verificaron similares  modificaciones en el sistema financiero, la unificación del sistema fiscal y la reforma del crédito se produjeron entre 1930 y 1931.

 

Como continuación del análisis en la esfera de las prácticas políticas asumidas por el stalinismo en las estrategias optadas encontramos que, en  Enero de 1928, la crisis de las tijeras llega a su clímax y se declara el  hambre como un fenómeno generalizado; el campesino rico ocultaba su cosecha, en especial el trigo y las razones para tal actitud eran profundamente económicas y no políticas como después se presentaron. El hecho es, que la venta de sus productos, en las condiciones originadas, le resultaba desventajosa para la mantención de su status e incluso, de prolongarse la situación se vería afectada la reproducción de su vida y la de su familia. La Burocracia Estatal coqueteó con el  campesino medio y rico, y cuando ya no le convino como opción a partir de su política económica errada, le propinó un punta pie a esta clase y la eliminó de un plumazo, bajo el pesado fardo ideológico de explotadores y enemigos del pueblo. La burocracia siempre se presentó como la salvadora; lo que nunca confesó era que fue la principal causante de tales descalabros.

 

El panorama económico y social dicta un viraje ante la bancarrota sufrida por el primer diseño de construcción socialista  de manera administrativa  y nacional. En el año de 1928, se impone a la nación el cumplimiento del plan quinquenal en cuatro años y las directrices fundamentales del mismo eran: maximalización del plan, industrialización  acelerada y colectivización forzosa bajo la consigna de “alcanzar y sobrepasar en el más breve plazo al capitalismo”. Estos tres ingredientes (Planificación, Industrialización  y Colectivización) fueron los que dieron  y conformaron la fisonomía final de lo que se entendería por construcción y triunfo del socialismo, al decir de  la experiencia de la eslava mayor para los siguientes experimentos de “Socialismo” de Estado. Así venció la visión centralizada y  administrativa del proceso.

 

El nuevo plan cuatrienal ahora era excesivamente inflexible; exigía su cumplimiento de manera violenta y bajo un régimen de terror. Perdiendo de vista la interdependencia ramal y el estado de la estructura productiva, proponía  un crecimiento anual del 20% al 30%; las relaciones monetarias - mercantiles fueron negadas; el sistema financiero se quebrantó después de la recuperación alcanzada  en vida de Lenin con la NEP como efecto de la emisión indiscriminada de  moneda sin respaldo productivo; comenzó una persecución implacable al campesino medio y  rico, que incluso ya ocupaban cargos en el Soviets y el partido; se tomó la medida extraordinaria de expropiación de las reservas  a  los campesinos  en  especial (medios y ricos). En noviembre de 1939, se anunció el fin de la  agricultura  parcelaria, al decir de Stalin, "por  aldeas enteras, por cantones, aún por cuarteles, los campesinos entran en los koljoces”. Si observamos como se comporta el proceso, veremos la celeridad voluntarista con que se llevó a cabo: en el propio año de 1929 pasa de 1,7% a 3,9%; 1930 asciende a 23,6%; 1931 alcanza la cifra de 52,7 %  y en 1932  llega  hasta  61,5%, manteniéndose  en  ascenso constante  el ritmo  de colectivización.[131]

 

El enfoque al problema de lo forzosa de la colectivización, digamos para no parecer tan severos, que no es por la situación a que son lanzados los campesinos, ni siquiera cuestionémonos los métodos, sino, y fundamentalmente, por los recursos que iban a servir de base para esa nueva forma de producción, ahora colectiva. Sencillamente lo forzoso era que se ponía a producir a estos hombres con el mismo utillaje que se utilizaba para producir en  condiciones de parcela. No había base material, ni medios técnicos, ni conocimiento en general y, menos aún, administrativos y, por último, una ayuda real del gobierno para facilitar el proceso. El partido es movilizado militarmente para cumplir las medidas dictadas desde arriba y para su observancia rigurosa. De manera poco ética, Stalin, con relación a la coacción que propugnaba, a la hora de encauzar su discurso político criticaba a los ejecutores de su voluntad, acuñando el divorcio entre la palabra y los hechos[132]. Los campesinos que comenzaron a  abandonar los  koljoces y  a  revelarse, fueron a dar con sus huesos a los campos de trabajo forzado, o perdieron su vida según las circunstancias.

 

Respecto a la industrialización acelerada, esta chocaba con una falta de armonización de los elementos que tipificaban a la economía en general y al ramal en especial; los hombres se encontraban más atrasados que la  técnica  e, inclusive, los nuevos proletarios provenían del campo mediante  la  movilización  forzada  de esa mano de obra. Esto originó un aumento considerable de los costos  que  recayó sobre la utilización indiscriminada de la mano de obra, con una disminución de la calidad, y  un  aumento de las roturas que no cubría los gastos. El  propio presidente  del  Consejo  de  Comisario  del  Pueblo, Molotov, reconoció en  Pravda, en Enero de 1934 que, en 1931, se había verificado una disminución del  rendimiento medio del trabajo en un 11,7% y  que, en 1933, la producción industrial solo había aumentado en un 8,5% [133]. Es muy importante por la solidez de sus argumentos revisar como valoraba L. Trotsky esta nueva estrategia.[134]

 

La propuesta leninista de NEP, primero se convierte en neo NEP, y luego en un abandono total de cualquier determinación que pudiera definirse socialista. Las medidas iniciadas por Stalin, a partir de 1928, encuentran  una  fuerte  oposición en  N. Bujarin, quien advierte que los métodos violentos  pueden llevar a un régimen de terror. Esta ruptura y más aún este desafío de la facción bujarinista es aprovechada por Stalin para destruirlos acusándolos  de “enemigos del pueblo” y de “desviaciones pequeño burguesas”. [135]                   

 

 El triunfo del socialismo en un solo país, no paso de ser una justificación política de la Burocracia Estatal soviética. Los cambios bruscos en sus estrategias no muestran una concepción coherente, que significará, al  menos, un beneficio general, una mejor calidad de la vida para el pueblo, para el hombre. La política stalinista no constituía  un proyecto predeterminado, estudiado, como resultado de un debate serio, sino una respuesta burocrática a la  acumulación de problemas y tensiones con que tropezaba el afianzamiento de su  poder y el de la Burocracia  Estatal Soviética. Los radicales virajes así lo demuestran, amen de que los utiliza para destruir toda la oposición a su  persona y a su sistema.

 

Velis nolis.[XXI]  

 

 Bajo el nuevo manto de construcción “socialista”, el partido cambia su condición instrumental para asumir un papel  directivo y administrativo del proceso. Lenin y el bolchevismo militante siempre cuidaron de preservar a las filas del partido de  las inevitables deformaciones burocráticas del  Estado. La  polémica, las  propias  facciones con sus diferentes plataformas políticas, caracterizaban una vida partidista activa y creadora.[136] La fusión y conexión total acaecida en  los  primeros  años del partido con el Estado incidieron perjudicialmente en la vida interna del partido y del propio Soviets, al tenerse que inclinar la balanza hacia el centralismo en la correlación entre los dos  polos  del  principio funcional, centralismo democrático. Para legitimar su dictadura, la burocracia soviética explota  los principios Leninistas del centralismo bolchevique, el cual en su momento, fue un factor progresista que aseguró el triunfo. Esta nueva casta utiliza al mismo para sus fines propios, convirtiéndolos así en algo diametralmente opuesto a su accionar inicial. Se apoya ahora para su existencia en la policía secreta, el ejército, sus tribunales, y cuerpos represivos en general, y se declara a bombo y platillo como depositaria del centralismo democrático leninista.

Un momento determinante que ahondo la problemática partidista lo constituyó en marzo de 1921, la Insurrección de Kronstadt, la cual obligó al X Congreso del Partido Bolchevique a prohibir las facciones  y a aplicar el régimen político del Estado al partido.[137] Esta situación que se declaró era circunstancial bajo el influjo de  las  condiciones  históricas  del  momento. Sin  embargo, la  práctica  posterior mantuvo tal prohibición como algo ya  incorporado  al  funcionamiento  interno  del cuerpo político socialista.

 

¿Cómo encajaba la pieza partidista en el nuevo rompecabezas  de  la  Construcción socialista en un solo país,  de manera administrativa y de corte nacional? Ya hemos afirmado antes que sus moldes respondían a ser el  administrador y el director del proceso ¿Cómo el stalinismo lograría convertir a  un  partido  comunista de tradición altamente polémica y creativa en un disciplinado ejecutor de la  voluntad central? El primer paso era alcanzar la estabilidad en el Comité Central, pero, ¿qué era la estabilidad para Stalin? Sin lugar a dudas la estabilidad  era  la  eliminación de la oposición política, de la polémica y la creatividad de un pensamiento que se presentaba libremente, bajo el influjo de la búsqueda  de  la  mejor  alternativa  al  socialismo;  y  la  supresión  de  todo  esto  era  posible  prohibiendo las facciones y al viejo bolchevismo que se le opusiera. Esta afirmación queda refrendada, por los pasos seguidos para quitar de en medio lo más preciado de la militancia comunista como el único camino llano  para el reinado de una voluntad única.

 

¿Qué  pasos  concretos  sigue en  función de  su  objetivo? El primero, es abrir las puertas del partido, tan celosamente cuidadas por Lenin, a una entrada masiva de individuos sin conocimientos, ni sólida formación Marxista – Leninista e incluso sin tradición de lucha, pero dóciles y disciplinados, dentro de los marcos de lo que dio en llamarse “La  promoción  Leninista”.[138] Este incremento numérico del  partido sirvió de base para un proceso de renovación de los servicios del partido, aislando discretamente a los viejos bolcheviques de los puestos claves, primero al nivel municipal y regional, y luego central. La principal virtud de estos nuevos y recién  empaquetados comunistas eran los de la obediencia. Reinando sobre esta  considerable  masa de nuevos afiliados, inició Stalin su lucha cabal contra las  facciones y  toda  oposición surgiera contra su voluntarismo y absolutismo.

 

En el transcurso de las dos estrategias políticas en materia económica que abarcan el periodo que va desde 1924  a 1936 se elimina, primero, a  la  izquierda  encabezada por Trotsky  mediante el  fuego cerrado que le  propinó  la  troica[139] encabezada entonces por Stalin – Zinoviev[140] – Kamenev[141] y, unos años después, a la  derecha, compuesta por Bujarin, Rykov[142] y Tomski[143], bajo  diferentes  acusaciones, todas ellas avaladas por la sentencia: "Enemigos del Pueblo”. Siendo consecuentes con los movimientos estratégicos de Stalin y sus fieles asociados, podemos afirmar que él se mueve en un centrismo oportunista aliándose temporalmente con cada una de las facciones en pugna dentro del  bolchevismo militante. Utiliza a unos y a otros para consolidarse en el poder e irles eliminando paulatinamente con justificaciones sacadas de fetiches poco convincentes a la luz de la  historia,  pero convenientes en su momento.

 

Estamos en presencia pues, de lo que Trotsky llamó centrismo burocrático.[144] Stalin pone en práctica durante  este proceso lo que se dio en llamar pocos años después, durante el  período  de  asimilación  de  la Europa Oriental y Central, la Táctica de Salami, que consistía en  mantener celosamente bajo su tutela los órganos de seguridad, en especial  la  policía política, el sistema judicial y el ejército, para poder fabricar así, bajo una  envoltura política e ideológica, acusaciones falsas y juicios sumario contra sus opositores, colocando como centro del proceso la alianza temporal con una  facción  para  destruir la otra, y luego hacer lo mismo, después de logrado su objetivo, con su ya  inútil  e inconveniente aliado.

 

Si revisamos las estadísticas necrológicas del bolchevismo militante, podemos observar cómo del Buró Político, integrado por siete miembros, después de la  muerte de Lenin, sólo Stalin muere de muerte natural el resto fueron acusados de enemigos del pueblo y procesados como espías del capitalismo mundial. En 1923 el máximo órgano del partido estaba compuesto por diez  personas, ocho  de ellas corrieron la misma suerte de los anteriores. Entre 1918-1923 hubo 31 miembros del Comité Central, 18 de ellos fueron acusados, procesados y ultimados.[145] Las represiones en masas fueron puestas a la orden del día; el terror y el miedo paralizaron la actividad de los hombres y con ello desapareció lo más preciado de la herencia física e intelectual del bolchevismo militante. La consigna unidad a toda costa y a todo costo dio riendas sueltas a un  engranaje infernal, a una espiral de dudas, temores y expectativas de las más diversas; el hombre corriente, para sobrevivir, echó mano al único  recurso  posible, el  mimetismo, y  con ello nacen los dobleces, lo que hoy en día se conoce como  doble  moral, pero que no es más que un sentimiento antiestatista  ante un orden social que se organiza en oposición y opresión a lo individual.

 

El informe al XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) refleja a esta época de  la  siguiente  forma: “Fue precisamente durante este período (1935-1938) cuando nació la  práctica  de la represión en masa a través del aparato gubernamental... fue Stalin quien engendró el concepto de “enemigo del pueblo “... la única prueba de culpabilidad empleada, contrariando las normas de las  ciencias legales corrientes, fue la  confesión del propio acusado; y conforme lo demostraron indagaciones obtenidas a  través del apremio físico del imputado... La conducta arbitraria de una persona incitaba y permitía la comisión de arbitrariedades en los demás. Los  arrestos  en  masas y las deportaciones de muchos de miles de personas, las ejecuciones sin procesos previos y sin una investigación normal, crearon condiciones de  inseguridad, temor y aún de desesperación”.[146]  

 

La estructura interna partidista es eminentemente  jerárquica  y  cualquier decisión tenía que consultarse, por elemental que fuese, con Stalin, so pena de perder la vida si algo no resultaba de su agrado. Stalin explota indiscriminadamente el factor psicológico de sus subordinados y de la masa militante; por un lado les aguijonea, y por otro les glorifica despertando e incitando para ello al  nacionalismo ruso; les denomina hombres de “Textura especial”, “Hechos de un material especial”, y superiores por su llamada “tarea histórica”. En la selección de aparato de cuadros del partido es en extremo cuidadoso para dar curso a sus fines dominación en dicho enclave medular para el ejercicio del mando a su manera. Se produce un fenómeno clásico que cualifica a la rusificación  de  los cargos partidistas y del aparato del poder en todas las regiones del país, al colocar en puestos claves a personas provenientes de Rusia, lo que, como antes se expuso, acentúa el chovinismo ruso. La obediencia como  característica  fundamental del militante comunista soviético, sienta las bases de una disciplina militar, que extirpa todo intento de cambio fuera de la lógica imperante mediante una combinación sui géneris de terror y beneficios.

 

Las masas extenuadas, experimentan una indiferencia casi total ante la impotencia que genera el nuevo reordenamiento político; la llamada razón de clase paraliza todo intento de lucha y justifica los desmanes y crímenes del poder político.

 

Durante todo su período de gobierno, Stalin se preocupa en desarrollar toda la envoltura  ideológica garante de su triunfo político. Su obra “Teórica” es un instrumento que justifica a posteriori las medidas ya establecidas, es  decir, se  mueve en el plano político - práctico a diferencia de Marx, Engels y Lenin. Stalin no polemizó, no tuvo necesidad de ello, su obra fue asimilada a partir de su  posición  política, es más, exigió a sus cancerberos que fuese elevada al rango de “geniales” conclusiones acerca del socialismo moderno, que constituyeran obligatoria su lectura y el conocimiento de sus ideas fundamentales, repetidas y coreadas en todos los medios de difusión masiva. En su estilo “literario” muy peculiar, como no tenía quien se le opusiera, al menos de manera pública, se preguntaba a sí mismo y se respondía en forma de frases simples dogmáticas y cansonas. La autocomplacencia y el voluntarismo que caracterizaba su discurso político, donde lo más llamativo era el divorcio entre las palabras y los hechos, condujo a que muchos escritores desde diferentes posiciones políticas e ideológicas lo denominasen: “ingeniero de almas”,”absolutista  tiránico” y  “padre del  Socialismo de Estado o Cuartel”, indistintamente. Su total dominación llegó  a  ponerse en evidencia cuando durante 14 años no se convocó a Congresos del Partido, incluso, después de la Segunda Guerra Mundial el Comité Central dejó de funcionar en la práctica como un organismo colectivo de dirección partidista. Muchos problemas  de  importancia determinante para el partido eran  resueltos personalmente por Stalin sin contar con nadie, infringiendo en la democracia partidista y en los estatutos que lo regían. Nada tenía valor, ni respeto para este Zar Rojo, solo tenía  sentido sus ideas y sólo meritaban escucharse las alabanzas a su genio. El reino del totalitarismo y del arribismo se impuso y el costo fue a para sobre las espaldas de un pueblo  humilde y confiado. Esta dictadura totalitaria[147] sólo puede mantenerse en base de la violencia cruda y descarnada, apoyada en su policía política y ejército. Las reiteradas purgas, los campos de trabajo forzado y el absolutismo imperante, reflejan la debilidad intrínseca de su poder su incapacidad de perpetuarse de manera natural y evitar las crisis políticas, económicas y espirituales que se gestaban y que todavía marcan - y marcarán- por siempre a sus gobernados, y por ende, a todo lo que fue su esfera de influencia. Por tanto, ni es un régimen de  poder estable, ni  capaz de perpetuarse sin disimular una y otra vez su naturaleza cruel.

 

 Per fase et nefas.[XXII]  

 

La tesis acerca del fortalecimiento del Estado (no se extingue) y de su carácter altamente centralizado, comienza a introducirse teóricamente ya desde 1926, cuando Stalin se atreve a declarar que la “vieja fórmula de Engels acerca del Estado, ha quedado sin vigencia y que precisa una reformulación a partir de una nueva concepción nacida de la experiencia de la construcción del socialismo en un solo país. Nótese que se refirió a Engels y no a Marx, aunque ambos sustentan la misma idea”.[148] Era obvio, que la crítica a Marx de manera abierta, no le resultaba tan conveniente de asumir sobre todo, por la ausencia de rigor científico para argumentarla, y porque su propaganda oficial seguía declarándose partidaria del Marxismo - Leninismo, por lo que, resultaba más conveniente bordear el camino que seguirlo de frente.

 

Esa concepción, punto de partida del triunfo del socialismo en un solo  país aislado, pobre  y  cercado, argumenta  la “ nueva  teoría  sobre  el  Estado”, sobre  sus tareas y funciones. El Socialismo que se construye de manera administrativa y  directa exige un Estado centralizado, vale aclarar hipercentralizado, una toma  de  decisiones en mano de un grupo reducido de personas que expresan de manera directa “la voluntad popular”, un sistema de dominación asentado en la violencia  y una suerte de conjura política contra los fantasmas que atentan contra  el  proyecto,  y, que ellos mismos se fabrican para mantener atomizada y tensa a la sociedad  civil, proscrita en sus más elementales derechos. Expliquemos esto.

 

Al degenerar el funcionamiento y la democracia en el partido, esto incide en el Estado, ya de por sí deformado; los Soviets de diputados han delegado su poder en funcionarios escrupulosamente elegidos por el aparato burocrático y su funcionamiento es eminentemente jerárquico; la fusión Partido - Estado alcanza rasgos insospechados en todo su funcionamiento; es más la disciplina militar que adoptó el partido se pasa al Estado  cuyo efecto no es otra cosa que lo que comúnmente se conoce como Socialismo de Cuartel, al decir del propio Federico Engels. La apropiación del excedente por la Burocracia Estatal,[149] acentúa  los  rasgos  pequeños  burgueses  del Estado mediante la violencia; y el apartamento del ideal Marxista de igualdad. El concepto stalinista de lucha contra el “igualitarismo” justifica las privaciones del pueblo y los privilegios de la capa burocrática, pues para éste  las desigualdades seguirían presentes aún y cuando desaparecieran las clases. Demagogo por excelencia, Stalin  argumentaba o desargumentaba a su antojo; imprimía ideas y suprimía hasta sus propias publicaciones, o las modificaba según el objetivo de turno.

 

Si el Estado no se extingue sino que se fortalece, obviamente la lucha de clases tampoco; según la práctica stalinista: se agudiza en la construcción y en el triunfo del socialismo. Esta justificación política legitima, la coacción y la violencia, así como la construcción del socialismo unidireccional. La fuerza seria ejercida contra todo lo que se opusiera a la “razón de clases[150], y de suyo, a su persona.

 

Cuando, en 1936, Stalin anuncia el triunfo del socialismo en la URSS, declara que el socialismo ha de caracterizarse por su unidad monolítica política, moral e ideológica, bajo el papel directivo del partido[151], y bajo este lema arrecian las purgas y asesinatos  fundamentalmente contra lo que quedaba de los jefes de la Revolución de Octubre. Acusados de enemigos del pueblo y bajo los epítetos de agentes, asesinos, lacayos, fascistas, hez de la humanidad, entre otros de muy variada especie; fueron fusilados en 1936 Zinovev y Kamenev; Tomsky se suicida en la cárcel de Lubianka ese mismo año. Entre diciembre de 1936 y enero de 1937 corre la misma suerte Serebriacov,  Sokolmikov [152] y Radek[153] y, en 1938, junto a otros distinguidos 18 comunistas, es fusilado N. Bujarin.

 

De los quince miembros del primer gobierno soviético de 1917, Rykov[154], quien fuera nombrado sucesor de Lenin a su muerte, fue encarcelado en febrero de 1937 y fusilado en marzo de 1938; otros 8 comisarios del pueblo del primer gobierno de Lenin en 1917, Miliutin (agricultura), Shliapnikov  (trabajo), Oppokov – Lomov (justicia), Theodorovich (alimentación ), Glebov (correos) , Antonov – Ovseinko, Krylenko  y Dubenko (ejercito y marina ) fueron encarcelados en 1936 y murieron en los campos de trabajo forzado ya para 1939.

 

“Se pudo establecer que, de los 39 miembros y candidatos del  Comité Central del Partido que fueron  electos en 1934 en el XVII Congreso, 98 personas, esto es, el 70 %, fueron arrestados y fusilados (en su mayoría entre 1937-1938). Igual suerte corrió no sólo los miembros del Comité Central, sino también la mayoría de los delegados al XVII Congreso partidario. De 1966 delegados con derecho al voto o con funciones meramente consultivas, 1108 –un número muy superior a la mayoría – fueron arrestados y acusados de crímenes antirrevolucionarios “.[155] Supuestamente este Congreso era llamado “Congreso de los vencedores”, es decir, de puros partidarios Stalinistas, escogidos por él en estos momentos históricos, y que luego resultaron supuestamente sus enemigos.

 

El funcionamiento judicial y político que sancionaba tales medidas operaba a espaldas de los propios decretos constitutivos de la URSS[156].

 

Las violaciones flagrantes y sin límites alcanzaron a los propios estatutos del partido según el X Congreso del Partido Bolchevique para expulsar a los miembros del Comité Central o a los del Comité Central o, incluso, a los de la Comisión de Control del Partido se debía citar a Sesión Plenaria a todos los miembros de ambos niveles indicados. Esto jamás se hizo y no sólo se les expulsaba abiertamente, sino se les enjuiciaba y asesinaba. Las acusaciones no fueron exclusivamente hacia individuos, o grupos, sino que abarcaron a nacionalidades. Al término de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial fueron deportados en masa, acusados de traición, por ejemplo, los Tártaros de Crimea y los Ingush-chechens, como antes los alemanes de Volga, quienes fueron a parar a los desiertos de Siberia, pues fueron obligados a abandonar sus tierras originales y a ocultar sus costumbres, aparentando una asimilación de la rusa. De igual forma los campos de trabajo forzado volvieron a llenarse ahora de militares y civiles que cayeron en manos de alemanes. La tragedia humana alcanzó y totalizó a toda la sociedad soviética de aquellos momentos, la historia aún tiene un saldo que pagar a estas víctimas en la evaluación y enjuiciamiento de sus ejecutores.

 

Ab uno disce omnes.[XXIII]    

 

En la lógica stalinista del socialismo creado de manera administrativa, la dosis de tutela, y con ello de “socialismo”, seria realizada por los cuadros de mando, los llamados hacedores de la voluntad central. Si en época de Lenin los rangos y grados militares típicos del zarismo son abolidos, en la etapa stalinista son restituidos. Mariscales, generales, etc., se renuevan con su hálito de superioridad y jerarquía, volviendo al escenario social. Esta reforma restaura un fin puramente político al darles solidez y un peso social a los oficiales. Pero la explosión de los cuadros y su significado va más allá de la esfera militar, establece pedestales a la burocracia civil, siempre y cuando el pedestal de la figura central se mantenga inamovible, en lo más alto y brillante de poder; ese ejército de cuadros formado en escuelas especiales y adoctrinados con la demagogia stalinista, se encargaron de cultivar por todos los medios posibles el amor al gran jefe.

 

“La famosa palabra de orden: “Los cuadros deciden todo”[157], caracterizaba mucho más francamente de lo que quisiera Stalin a la sociedad soviética. Por definición, los cuadros están llamados a ejercer la autoridad. El culto de los cuadros significa, ante todo, el de la burocracia, de la administración, de la aristocracia técnica. En la formación y en la educación de los cuadros, como en otros dominios, el régimen soviético realiza una labor que la burguesía había terminado hacía ya largo tiempo. Pero como los cuadros soviéticos aparecen bajo el estandarte socialista, exigen honores casi divinos y emolumentos cada vez más elevados. De manera la formación de los cuadros socialistas va acompañada por un renacimiento de las desigualdades burguesas.[158] 

 

El lugar otorgado a los cuadros determinó el poderío alcanzado por la burocracia en la experiencia socialista soviética, que mucho antes de asumir definitivamente el poder de Stalin, había comenzado a minar la autoridad proletaria hipotecando de esta suerte el futuro socialista en ese país. La llamada cultura proletaria desde la óptica de este poder absoluto ha adoptado la modalidad de cultura oficial, acomodada a las exigencias de la autoridad burocrática y concebida como resultado de un laboratorio que pauta, dosifica y reglamenta la vida espiritual en general. Ellos determinan qué arte necesita el pueblo, qué no debe saber del pasado y del presente, y cuál es el reflejo de vida nacional que debe darse hacia dentro y hacia  afuera como resultado de una “creación  socialista”. Esta concepción se puso definitivamente de moda bajo el cuño peculiar stalinista hacia 1931  y se oficializó en 1934 con el Primer Congreso de Escritores, cuando se levanta como “doctrina socialista” en su diseño espiritual.

 

Las concepciones referidas al Cerco Capitalista, la “Teoría “de los Dos Mundos y el Comunismo Unicéntrico, son expuestas en la II y III parte del presente examen referidas a: ”El Diseño y su Evaluación “, y, “Del Diseño a la Práctica”, objeto central de esta aproximación a las experiencias socialistas del enclave europeo, las cuales asumen la modalidad de lo que su autora ha dado en llamar “El  Comunismo Unicéntrico” y que son evaluadas para mostrar un balance lo más cercano posible de esas experiencias históricas; ejercicio de intelección que a su vez refleja la interdependencia de estos tres ingredientes de las concepciones y prácticas socialistas del stalinismo, tanto en materia de Política Exterior como doméstica.

Ab imo pectore.[XXIV]   

 

La determinación de que el fenómeno del Socialismo de Estado experimentado en la URSS es un producto directo de un Estado Obrero deformado, permite esclarecer la naturaleza del mismo, y mostrar lo más cercanamente posible lo que debe ser este, desde el eje de la desenajenación humana que caracteriza al Marxismo primigenio y revolucionario, en aras de eliminar así, toda posibilidad de su negación como común y simplistamente sucede. Se precisa hoy más que nunca de esa memoria histórica que dignifique la actividad consciente del hombre y enderece sus pasos a un mundo acorde con el humanismo. 

 

Puntualizar acerca del Estado Obrero deformado, implica correr el velo en torno a una autoridad ejercida por una minoría parásita que usurpó el poder y que no es, bajo ningún concepto, una clase, sino una funesta enfermedad que aprovechó condiciones propicias para fortalecerse y reinar en un cuerpo que no le correspondía; que carecía de misión histórica, pues entraba en contradicción insalvable con las necesidades del desarrollo, viviendo a expensas de una propiedad que ni siquiera gestó. Aprovechándose para ello, del retraso y del cerco imperialista que limita la iniciativa creadora de las masas y de las modificaciones que tuvo que sufrir el proyecto inicial, así como de los errores que se cometieron en el transcurso del mismo.

 

La dirección burocrática no refleja los intereses de ninguna clase, pues ella existe artificialmente sobre un tinglado de legitimidad falso, el cual se apoya en la policía política, el ejército y en la violencia. Vive por añadidura para sí, y su séquito de controladores, vigilantes al acecho de todo lo que atenté contra su independencia. No obstante, la problemática de la legitimidad debe enfocarse también desde las posiciones de los actores políticos presentes en la experiencia. Sabemos de la fuerte resistencia a que se vio sometido este poder burocrático por las fuerzas vivas tanto del bolchevismo militante, como de una buena parte del pueblo, sin embargo, no es menos cierto que existía un consenso popular al poder existente. ¿Cabría preguntarse por la naturaleza del mismo, por los aspectos que lo sustentaron y que sirvieron de marco propicio a su permanencia, más allá de los métodos violentos que caracterizaron la gestión política de este controvertido período histórico que estudiamos?

 

La autora vincula al mismo con los indiscutibles resultados de la modernización para esta sociedad que heredó en 1917 una situación de subdesarrollo general. La industrialización verificada; el proceso de alfabetización primero, y luego de elevación considerable de la instrucción popular; el desarrollo urbanístico y rural; los aportes en plano científico - técnico entre otros, nos presentan un cuadro paulatino de aceptación y porque no de confianza en esa manera de construcción socialista, a pesar de sus altibajos en el mejoramiento de la vida de la población. Sociedad que por demás, se ha encontrado inmersa en una auténtica odisea por la supervivencia tanto por razones internas como externas. En otro orden de aspectos, se sentía también una urgente necesidad de fundar, de crear, de tener paz, y ello creaba un clima de creencia en el modo de alcanzarlo de alguna manera inmediata, de esperar en que se avanzaba hacia ese objetivo; por tanto la entrada acelerada a la modernización como resultado del necesario proceso de acumulación para vencer los desafíos de un nuevo orden social, arrojan una resultante de las que estos hombres se sienten orgullosos, con independencia de los métodos utilizados para ello y de las resultantes individuales y colectivas del mismo.

 

Una caracterización elemental de esta casta stalinista nos permitiría apuntar que presentan un absoluto desprecio por la teoría y un apasionamiento risible por la fraseología altisonante. Son mentirosos por naturaleza; no respetan  la tradición de la organización de la que nacieron, padecen de una fascinación por la fanfarria, los fetiches y los símbolos traídos por los pelos. Mantienen una preocupación enfermiza por la independencia custodiada del grupo dominante y un oscurantismo en torno a la verdad objetiva. Un nerviosismo, inconstancia y movilización perenne, es como si viviesen en constante estado de vigilia. Son hostiles a todo lo nuevo, dudosos de lo diferente; destacados en consolidar lazos personales y vínculos de camarilla, prestos a realizar un paternalismo sin par calzado con la bota y la fusta. Capaces de sacrificarlo todo en aras de su seguridad personal, incluso la de sus propios secuaces. Enamorados de las charreteras y las medallas. Deslumbrados y temerosos de su poder; altivos a la luz del día y descarriados en la noche oscura, o lo que es lo mismo, en los momentos en que violaban toda la constitucionalidad del país con sus actos. Convencidos por demás, de que el absolutismo es el mejor reino para la democracia. Son  una suerte de perfectos aliados del imperialismo y la barbarie ancestral que enlutan el espíritu y la dignidad de sus contemporáneos en la medida que impiden el desarrollo de auténticas relaciones socialistas. 

 

Esta  caracterización  coincide con la dada por Carlos Marx en su tiempo acerca de la  burocracia “La  burocracia tiene la esencia del Estado, la vida espiritual de la sociedad como posesión  suya, como propiedad privada suya. La vocación universal de la burocracia es el secreto, el misterio que augura internamente a través de la jerarquía, y  contra  los  grupos externos mediante su carácter de cuerpo cerrado”. [159]

 

El socialismo que se deriva de tales concepciones y prácticas  políticas es un socialismo intermitente, que en la confirmación de su triunfo en un sólo país cambia de estrategia como de casaca en respuesta a las constantes situaciones de crisis, por ejemplo: del desarrollo a paso de tortuga (otoño de 1924-1927), al desarrollo acelerado, aumentando las desproporciones económicas y su costo sobre  el pueblo en cada intento. Ello nos permite afirmar que la acumulación socialista no puede abrirse caminos por tales medios.

 

Es un Socialismo de Estado, administrativo y nacionalista, ejecutado por los cuadros de mando, los llamados hacedores  de  la  voluntad  central; donde  el partido asume el papel directivo del proceso después de haber forjado su estabilidad a lo stalinista, o lo que es lo mismo: la muerte; las estadísticas necrológicas del bolchevismo revolucionario así lo refrendan. Este partido que queda, es  el partido de los glorificados y aguijoneados mediante la propaganda que los ensalza o enloda, y es el partido de las purgas interminables. Es un socialismo de persecución dentro  de los marcos de una  lucha de clases que no se extingue y que es garante de la “unidad monolítica” de la sociedad soviética. Un socialismo que precisa de un partido hipercentralizado, que expresa la voluntad de la minoría parásita en lugar de la popular, en un sistema de dominación asentado en la violencia y una suerte de conjura política contra los fantasmas que ellos mismos se fabrican  para  mantener atomizada, tensa y controlada a la sociedad civil, proscrita en sus más elementales derechos. Un socialismo que le vuela los genitales al socialismo   impidiendo una reproducción sana a cualquier alternativa fecundante correctora del rumbo. Una tumoración en lugar de socialismo, una  degeneración  en  lugar de  regeneración, una claudicación pequeño burguesa en lugar de Revolución Proletaria.

 

El socialismo, es socialismo en la medida que confirma el movimiento de la autoridad de los desposeídos a la desaparición de todo fundamento para la existencia de la propia autoridad y dominación como un proceso paulatino, que habrá paso a la participación individual que la reivindique como esencia de una nueva actividad.

 

La burocracia que asumió este papel histórico de subversión socialista no es comparable con la burguesa. Esta última desempeño su papel en el desarrollo de una Formación Económico Social en sus inicios y afianzamiento aunque en los momentos actuales su rol sea destructivo incluso para el planeta. La socialista carece de fundamento y misión histórica; su existencia se debe a la usurpación de un poder  alcanzado en épicas batallas por otros. Vivió a expensas de éste, asfixiándolo y deformándolo, por lo que consideramos que es sólo un pasaje transitorio en la confirmación de una alternativa humanista que debía enfrentar múltiples desafíos para llevar a vías de hecho su proyecto.

 

El tránsito del Socialismo de los Soviets al Socialismo de Estado, marca en un estudio detallado y una evaluación constante de aquellos métodos y medios por los que hay que luchar para que el socialismo deje de ser una utopía y gane su espacio como alternativa civilizadora.

 

El stalinismo, entendido como fenómeno histórico que evalúa a la Burocracia Estatal actuando en sus condominios de corte “socialista”, desnuda de un zarpazo el alma y la integridad del empeño humanista que asistió a la doctrina Marxista del “socialismo moderno”, considerada como el resultado directo de un nuevo sistema filosófico y de una nueva práctica social. El reordenamiento de una sociedad que abandonaba el reino animal para alcanzar el reino humano, no se verificó; su resultante directa y clara: el reino animal con trazos bien marcados de canibalismo como patología congénita de la que difícilmente pudieron librarse las generaciones posteriores, ese es el drama moderno de los desposeídos. Porque las secuelas siguen rondando en un mundo en que el capitalismo se hace más voraz, y el  socialismo busca y retoma sus huellas más preciadas del pasado reciente  después  de un largo olvido.

 

No hay dudas que bajo el Socialismo de Estado la URSS alcanzó un desarrollo que difícilmente hubiese logrado bajo el anterior  régimen  político; sin  embargo, desarrollo en algunos sectores o ramas no significa progreso. Y el  progreso socialista, entendido como eliminación progresiva de la enajenación  y no como un hecho mental, no tiene nada que ver con esta experiencia histórica. La  reproducción ampliada de las relaciones socialistas, consideradas en la cantidad y calidad necesaria para la liberación,  encontraron su antítesis en este proceso. Evaluarlo es un deber de primer orden, y replantearnos el socialismo desde una perspectiva humana, es una tarea urgente de la humanidad. [160]

 

 

ERITIS SICUT DII.[XXV] 

 

 

SEGUNDA PARTE.

EL DISEÑO Y SU EVALUACIÓN.

                                                                                   

                                                                                    ABYSSUS ABYSSUM INVOCAT.[XXVI]   

 

El presente capítulo evalúa el diseño de la Política Exterior enarbolada por el Socialismo de Estado Soviético con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, en el período que media entre 1945-1960. Es decir, se adentra ya en la problemática del Comunismo Unicéntrico objetivo central del estudio en que nos adentramos.

 

A lo largo del mismo, se analiza la naturaleza de la autoridad esgrimida por la Política Exterior de la   Burocracia Estatal Soviética en el escenario de un nuevo reordenamiento del mundo, y de las propias exigencias para su perpetuación como casta dominante. Se evalúa; además, el modelo de construcción  socialista que va a exportar hacia la Europa Oriental y Central para garantizar su dominio en estos territorios y sus significados tanto  para la URSS, como para el propio Movimiento Obrero Internacional.

 

Desentrañar la naturaleza y valorar la  Política Exterior que enarbola cualquier Estado en un momento histórico determinado, exige, ante todo, analizar el objetivo que persigue, los aspectos ideológicos que lo sustentan, y los medios de que se vale para alcanzarlos.[161] Y se enfatiza en el aspecto de los medios, porque es lo que esencialmente define a lo político desde cualquier ángulo que lo enfoquemos, “el criterio de lo político son los medios y no los resultados”[162], aunque en el caso que nos proponemos analizar importan los resultados, ya que vamos más allá del simple concepto de lo político; se pretende evaluar los medios que legitiman un determinado régimen político, cuya función primordial es la de regular y reproducir un sistema social determinado a escala internacional, por lo que el significado general es más abarcador y dinámico.

 

El propósito de la Política Exterior de la Burocracia Estatal Soviética hacia la Europa Oriental y Central era extender su dominio hacia esta zona del mundo con el objetivo de una reproducción ampliada de su modelo, garantizando así armonizar los métodos de control y dirección en toda su esfera de influencia. La aspiración era el dominio político regional y el alcance de su condición de superpotencia mundial lo cual resumía, a fin de cuentas, las aspiraciones del “socialismo” soviético, para lo que restaba del siglo XX.  

 

Estas afirmaciones descansan en los pasos concretos dados por el poder estatista soviético con anterioridad a la contienda bélica, mediante el análisis del tratamiento a los supuestos portadores del futuro poder, es decir, los Partidos Comunistas y Obreros, los movimientos políticos y de todo tipo para lograr delimitar su esfera de influencia en la Europa Oriental y Central en el transcurso de la guerra; con la elaboración además, de las justificaciones ideológicas para el desempeño de sus fines, a lo que se añade la construcción de las recetas prácticas para garantizar su dominio.

 

Su reproducción ampliada como régimen  internacional colocaba, en el orden del día y como primer paso, el de la supervivencia. El modelo socialista diseñado había mostrado antes de la guerra rasgos inminentes de agotamiento y no sobreviviría sin apoyo exterior de “sociedades hermanas”, por lo que la solución sólo podría alcanzarse en un bloque sólido, hecho a imagen y semejanza de su progenitor, que permitiera una recirculación de medios de producción, materia prima y recursos laborales, garantes de su método extensivo de desarrollo. El reto estaba dirigido, como sistema, hacia la productividad y ahorro de recursos materiales y humanos.

 

El potencial industrial alcanzado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como consecuencia de la situación extraordinaria desarrollada por su liderazgo y a costa del sufrimiento y el abnegado esfuerzo de su pueblo, devino en un desarrollo asincrónico de las fuerzas productivas tal, que escapaba a las estrechas y cerradas relaciones sociales de producción impuestas por sus gestores. Esto suponía o la ruptura con el modelo económico, o su reproducción en gran escala, al menos en sociedades más o menos medianamente desarrolladas que, a la postre y vencido el primer período, condenarían inevitablemente al mismo por las secuelas que le depararía el traslado de experiencias ajenas a sus realidades, aún y cuando fuesen impuestas.

 

La Burocracia Soviética, buscando tiempo para sobrevivir a toda costa, optó por la segunda variante que además satisfacía política e ideológica su ego de gran potencia civilizadora. A estos elementos se suman otros imposibles de soslayar: la Segunda Guerra Mundial había asolado sus territorios y la reconstrucción no podía absolutizar los métodos violentos en su recuperación; su pueblo, desgastado por las tensiones de anteguerra y por la guerra misma, no tendría la misma paciencia de antaño para alcanzar una vida mejor, esperaba resultados inmediatos y sus políticos tenían que brindárselo, para eso debían recurrir a recursos económicos de otras regiones.

 

La presencia de las tropas soviéticas en el escenario europeo, el contacto con otras realidades y con otros hombres, le permitió a la oficialidad y al soldado simple contactar, que más allá de las condiciones de guerra, estos pueblos tenían un mejor nivel de vida. Comprobaron que la propaganda soviética les había mentido; más allá de la cortina de hierro stalinista existía un mundo que, sin ser un paraíso humano, había obtenido resultados. Por otro lado el nivel de libertad y expresión individuales eran superiores a los del pueblo soviético. El regreso de parte de este ejército a casa significó una socialización de estas experiencias vividas y, a partir de ese momento, lenta pero inevitablemente, comenzó el proceso, al decir de I. Deutscher, de “transvaloración de valores”. [163]

 

El análisis de los aspectos ideológicos, envoltura en la que se contienen los objetivos de la Política Exterior, no pueden separarse en el criterio de la autora de este examen de las condiciones que permitieron la permanencia de la presencia soviética en la vida de estos pueblo más allá de la contienda militar. El enfoque de este problema por los especialistas contemporáneos se mueve en la absolutización de dos elementos de manera aislada, a saber: la violencia o el atractivo del ideal socialista[164]. Si se es consecuente con la historia, los dos se dan de manera entremezclada, aunque un estudio de caso permitiría una determinación  más específica que el objetivo de análisis que asiste a este estudio a saber: el regional. Entre los factores que facilitaron él encauce de dicha Política Exterior tenemos:

 

- Las Fuerzas Armadas Soviéticas habían sido determinantes en la derrota del fascismo Alemán.

- El ideal socialista de justicia social que asistía a sus fundamentos ideológicos, resumía aspiraciones libertarias y  redentoras en la tradición de los mismos.

 - El desconocimiento de las deformaciones del Socialismo Estatista  Soviético no permitía aún evaluar el costo de su aplicación para estos pueblos.

 - El apoyo soviético a las medidas populares de los gobiernos de coalición y el funcionamiento de los mismos, despertó  grandes simpatías en sectores radicales en el poder.

  - Los terribles resultados de la nazificación de las estructuras económicas, políticas, sociales y espirituales exigían un cambio inmediato.

  - La debilidad de sus actores políticos y sociales para determinar un proyecto de desarrollo autóctono e independiente.

  - La imperiosa necesidad de estabilidad que precisaban estos pueblos después de las dos conmociones mundiales en que habían vivido estas generaciones.

 - La mantención de la ocupación militar en la mayoría de estos países.

 

El aspecto ideológico, su “asimilación”, se encuentra avalada por estas circunstancias históricas. Pero una cuestión es la  ideología en cuanto a su condición de sistema de creencias y doctrinas, y otra muy distinta el  carácter utilitario y por demás vulgarizado que hacen de ella los políticos quienes en su afán de mantener, consolidar el poder, y legitimarse con mayor eficacia establecen  mecanismos de  control,  gestión,  participación  e  incluso  manipulación  afines a una consensualidad falsa. En el caso que nos ocupa, los aspectos ideológicos, si de justeza se habla, vienen deformados y responden a un imperativo de supervivencia elemental que no podría ser garante de un nuevo tipo de relaciones internacionales, las cuales, en un sentido amplio, van más allá de las relaciones entre Gobiernos y Estados.

La Política Exterior Soviética, solo basó sus fundamentos en las relaciones con los gobiernos y con los partidos comunistas de estos países y no con los pueblos de manera abierta, natural y democrática, donde primara la voluntad, el deseo de desarrollar y multiplicar los vínculos. Porque de una manera poco ética utilizaba a los nuevos gobiernos como puente para garantizar sus aspiraciones, lo que precipitó y anticipó, en gran medida, el nacimiento  de  estructuras  internacionales “socialistas”, poco sólidas y seguras a las que se referirá la exposición en otro momento.

 

El sistema Estatista - Burocrático Soviético perseguía la evolución uniforme de estos países al socialismo; la formación, a corto plazo, de un bloque monolítico ideológicamente capaz de fortalecer y consolidar las bases del  modelo socialista imperante en la URSS, con los métodos que le eran afines. Pretendía apoyarse en la nueva extensión regional socialista para hacer frente a la nada despreciable reacción imperialista y propagar por todo el mundo subdesarrollado, escenario de la cruenta lucha de clases en la nueva época imperialista, esta manera  unidireccional de construir el socialismo, convirtiéndose así en el depositario de la justicia y la igualdad de los pueblos.

 

El  ingrediente ideológico y su justificación vienen avalados por “La Teoría de los Dos Mundos”, expuesta por  primera vez por Zdánov, en Septiembre de 1947, en Schreiberhan (Slarska Poreba) Montes de Silesia, en la reunión constitutiva de la Kominform (Buró de Información de los Partidos Comunistas)[165] Su antecedente histórico es el discurso electoral de Stalin del 9 de Febrero de1946, donde se da a conocer que la discontinuidad  del  proceso revolucionario en los marcos de la “época histórica” impone a ambos sistemas opuestos, a fin de eliminar el choque bélico, una tregua pacífica, que asume el carácter de rivalidad pacífica. El contenido operativo de la “rivalidad pacífica” presupone la existencia de acuerdos y transacciones entre los Estados Socialistas y Capitalistas que abarca la creación de zonas de influencias y el respeto mutuo por las mismas, mediante lo cual el Estado Socialista puede fortalecerse y extenderse por el mundo en la misma proporción que el Capitalista, siempre  y cuando no se den choques de intereses, aspecto este muy difícil de evitar.

 

                                               De omni re scibili, et quibusdan aliis.[XXVII]    

 

Estas componendas, hechas públicas desde 1946, tienen sus  antecedentes históricos mucho antes del curso de la confrontación mundial. Es valido recordar el Pacto Soviético – Alemán De No Agresión de 1939, y su Protocolo  Secreto, las Conferencias Cumbres de los “Tres Grandes” de Teherán a Postdam, esto por citar los más  significativos. Por lo  que, a  la  altura de 1946_1947,  la  dirección soviética  sólo trata de justificar y legitimar sus  prácticas políticas de manera “teórica” y dar un  impulso ideológico al Movimiento Comunista  Internacional  que refrende su posición de Comunismo Unicéntrico.

 

Estos accidentes teóricos no son casuales, y por supuesto, responden a elementos de orden objetivo mundial referidos directamente a la tradición de búsqueda de dominio y equilibrio de la diplomacia europea con posterioridad a la Primera Guerra Mundial. El reajuste de poder dentro de los marcos de potencias que, inevitablemente, sucumbirían sin “sociedades hermanas y subordinadas” dictaba los presupuestos básicos de un actuar en Política Exterior. Lo terrible de esta realidad era acuñar el socialismo naciente con un comportamiento imperial  que le era ajeno en sus más puros ideales.

 

Estos accidentes teóricos tienen que ver también con las justificaciones y vaivenes en las estrategias políticas acontecidas en la Internacional Comunista luego de la muerte de Lenin, las cuales reflejaban el tránsito de dicha organización del Partido Obrero Internacional Revolucionario a instrumento de la casta burocrática soviética en materia de Política Exterior, al mostrar el comportamiento político práctico de un Estado Socialista Deformado y cercado por el imperialismo. La burocratización del sistema soviético aumentó las distancias hasta romper los vínculos entre la dirección política y las perspectivas históricas del proletariado mundial.

 

A la muerte de Lenin, las luchas faccionarias acontecidas en el seno del partido y el Estado Soviético se trasladan puntualmente al organismo internacional obrero. El Quinto Congreso de la Internacional Comunista, celebrado entre junio y julio de 1924, tiene como figura central a Zinoviev,  representante de la Troica en el poder, que extiende hasta la misma su lucha descarnada contra la oposición de izquierda encabezada por L. Trotsky. La  nueva dirección del organismo internacional obrero es responsable, sin temor a equívocos, de los errores cometidos en 1923 en la crisis alemana[166], al faltar apoyo y valoración certera de la Unión Soviética y del Comité Ejecutivo  de la Internacional Comunista al Partido Comunista Alemán, donde, a diferencia de lo ocurrido en 1921, cuando la dirección se adelantó al ritmo del desarrollo de la revolución, en 1923 la situación estuvo madura y la dirección se retrasó, poniéndose de relieve la crisis de la dirección revolucionaria en vísperas del paso a la insurrección armada. En este episodio van de la mano particularidades nacionales y  responsabilidades de la Internacional Comunista, al permitir al Partido Comunista Alemán mantenerse en condiciones diferentes bajo la consigna de la táctica de resistencia pasiva. Es de considerar, que dada la costumbre de funcionamiento unicentrista de la organización partidista  internacional en cuanto a subordinación total a los dictados de Moscú, se produce realmente una tardanza en la toma de decisiones y, la demora en la orientación esperada agudizó la crisis para el joven partido alemán.

 

La dirección política de la Internacional Comunista, en aras de mantener su infalibilidad y no de reconocer su error como primera divisa, opta por sustituir al Comité Central encabezado por Brandler[167], con lo que lo convirtió así, en chivo expiatorio de las culpas colectivas. Esta práctica nociva de destronar a las direcciones nacionales ante los errores cometidos, en vez de someter a la dirección en general a una autocrítica Leninista, marca el comportamiento político del Consejo Ejecutivo de la Internacional Comunista subordinado a Moscú.

 

Lo más peligroso en el período zinovieista es el rumbo aventurero al que somete al  movimiento; su incapacidad de reconocer un cambio brusco en las condiciones del desarrollo del  movimiento en general avaladas por: una  consolidación económica de la burguesía, una estabilización del capitalismo, un desarrollo de la  Socialdemocracia dominando el escenario obrero, y la necesidad de preparar a la organización obrera para este proceso inevitable y armarla con los métodos necesarios para sobrellevar su lucha en las nuevas condiciones hasta el próximo cambio de situación. Si revisan las declaraciones del V Congreso de la Internacional Comunista, es apreciable la ausencia de realismo político, por ejemplo: “La situación contiene en sí misma a la revolución. Están de nuevo en curso nuevas batallas de  clases, se desarrolla una gigantesca lucha” etc.[168]

 

“No existen perspectivas de saneamiento del capitalismo”.[169] “La desaparición de la perspectiva de la revolución mundial, la ausencia de fe en la proximidad de la revolución alemana y europea es lo que debemos  combatir”.[170]

 

El curso aventurero se estrelló contra el período de estabilización capitalista de1924-1925, el cual cobró sus saldos en el proceso de Bulgaria[171] y Estonia[172]. Se buscaba a toda costa el triunfo que justificara el rumbo ultra izquierdista tomado.

 

Durante el  mandato zinovieista; se dejaron de realizar los imprescindibles Congresos, que en época de Lenin y  a pesar de las dificultades no faltaron como necesidad de organización del movimiento obrero, por lo que las  cuestiones que, por reglamento debía resolver el congreso en pleno eran  realizadas, en el mejor de los casos, por su Comité Ejecutivo, y en la mayoría de las circunstancias, por el Buró Político del Partido Comunista de la Unión  Soviética. Los miembros del Comité Ejecutivo fueron cambiados o sustituidos a gusto de la Burocracia Soviética y su rumbo de moda, incurriendo así, en serias violaciones [173] de los estatutos del organismo obrero.

 

Los cambios acaecidos en el seno del Partido Comunista Soviético incidieron en todas las filiales nacionales comunistas. La Internacional Comunista, había subordinado a todas sus secciones sin proponérselo, en dependencias del Buró  Político del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El régimen de aparato que  preside  el funcionamiento político en la cuna de la revolución socialista se ha trasladado al organismo internacional, reafirmando la omnipotencia de la burocracia dentro del mismo, confirmando así a los métodos burocráticos en el accionar obrero internacional; se administra el proceso revolucionario a instancias de la voluntad suprema de la oligarquía stalinista.

 

Con la ruptura de la Troica, Zinoviev es sustituido por Bujarin efecto de la nueva alianza de Stalin con la  derecha del Buró Político, por lo que la estrategia de derecha entra a desempeñar su papel a escala internacional en  el seno del movimiento obrero.

 

La política bujarinista partía del reconocimiento de la estabilidad del capitalismo; la llega incluso a hiperbolizar desarrollando una estrategia internacional de centro derecha. Comienza el despliegue propagandístico en torno a  no saltar etapas y establecer alianzas conciliatorias con la burguesía nacional, la democracia pequeña - burguesa y la  aristocracia sindical en aras de un apoyo a la política doméstica soviética que ya levantaba su bandera con el nuevo sello de la posibilidad del triunfo del socialismo en un solo país. [174]

 

¿Qué significaba esto a los efectos del Movimiento Obrero? Representaba la subordinación irrestricta del mismo a la defensa del socialismo en la Unión Soviética, sacrificando los intereses y necesidades nacionales en aras de un interés supra - partido, eliminando así la diversidad de circunstancias en que transcurre la lucha de clases. Esto garantizaba una coexistencia circunstancial con el ala más moderada de la burguesía en los países en que esta  dominaba, alcanzándose el visto bueno burgués, que a fin de cuentas, no le venía tan mal tal alianza.[175]

 

Este es el período en que vence la búsqueda del equilibrio y la coexistencia pacífica, adaptándose la política del proletariado al rumbo reformista. Los ejemplos más palpables fueron, por el grado de afectación al movimiento  revolucionario: El Comité Anglo-Ruso en 1925[176], y el caso chino en 1926-1927. [177]

 

El conflicto surgido entre Stalin y Bujarin conduce a la sustitución de este último de la presidencia de la Internacional Comunista, la cual sería presidida primero por Molotov, y más tarde, por Manuilsky[178], y a que dicho organismo iniciara una “nueva política obrera internacional”, acorde a como soplaron los nuevos vientos bonapartistas.

El nuevo diseño se aplica desde 1929 hasta 1933; el mismo establece como norma de comportamiento a partir del reconocimiento de una nueva oleada explosiva del capitalismo, que el fascismo y la Socialdemocracia es la  misma cosa, por lo cual, ahora el enfrentamiento sería de clase contra clase. Este viraje izquierdista, ahonda las discrepancias entre los comunistas y los socialdemócratas y sienta las bases de una ruptura abismal dentro del  movimiento obrero, lo que ante la ofensiva fascista paraliza toda posibilidad de acción conjunta para conjurar a las fuerzas más feroces y voraces de la época imperialista.

 

El de cursar de los hechos en torno a la brutal oposición y lucha dentro del movimiento obrero, niega los principios Leninistas acerca del trabajo de los comunistas con otros partidos, e incluso, con organizaciones sindicales reaccionarios,  buscando no el sacrificio de principios, sino la unión  obrera  sobre  plataformas  realistas[179].

 

El fascismo ascendía y los obreros retrocedían indefectiblemente. El Ejecutivo de la Internacional Comunista  repetía, sin cesar, los vaticinios aprendidos de memoria: “el nacionalsocialismo fracasará y llegará la hora de los comunistas”. Lo que jamás pudieron explicar era cómo sucedería esto y de qué forma conducirían a lucha contra el terrible rival. Las  realidades ridiculizaban al organismo Internacional Comunista, confundían a los obreros y a sus direcciones comunistas nacionales. Se evidencia, por tanto, una adaptación de la Internacional Comunista a las prácticas del aparato burocrático soviético desprovisto de todo fundamento teórico de continuidad en la tradición de comportamiento del bolchevismo, así como de conocimientos acerca de las peculiaridades nacionales de cada una de sus  secciones.  El movimiento era dirigido a lo stalinista, como un avaro ciego, sordo, pero muy mandón, que se hace obedecer de mil maneras y subterfugios, pero con la presencia indiscutible del bastón presto a golpes efectivos de mano.

 

El futuro, así como el comportamiento de sus cuadros, se elaboraban en el laboratorio “Lux”.[180] Para ello, se utilizan a individuos de la talla histórica de Martinov[181], Vargas[182], Kuusinen[183], Kolarov[184], Walestky[185], Lozovshy[186], y otros que se deslizaban con facilidad a la izquierda, al centro, o la derecha según el objetivo de turno. No estamos en presencia de movimientos y tácticas circunstanciales, fruto del flujo y reflujo del moviendo obrero en sus inevitables repliegues y avances, sino de una política oportunista que desmoviliza a la acción revolucionaria cediendo su lugar al conformismo o al  liquidacionismo. El problema del  partido y  su organicidad  para emancipación real sigue estando a la orden del día ante estos procesos.

 

El curso seguido entre 1929-1933, se encuentra pautado por los documentos del VI Congreso celebrado en  1928. Cuatro años demoró la Organización Internacional Comunista para determinar el curso de su comportamiento  político, de manera “natural”; a lo que se adiciona, que el  estudio de los documentos acordados en el mismo, denotan una ausencia total de análisis realista con relación al cambio de la correlación de fuerzas acontecido en el mundo capitalista, relacionado con los vínculos entre los Estados Unidos de Norteamérica y la vieja Europa[187].

 

El desarrollo del capitalismo estadounidense conduce a una expansión y predominio de este en detrimento del capitalismo europeo lo que se evidencia en una inevitable reducción de su espacio en la Economía Mundial, en el dominio de los mercados y, de suyo, en la creciente intervención norteamericana en los asuntos europeos. Por lo que, nuevos conflictos entre las potencias imperialistas generarían nuevas formas de lucha y desafíos para el proletariado y el mundo subdesarrollado.

 

La reducción de las esferas de influencias en el enclave de capitalismo europeo, condujeron a que aumentaran sus luchas regionales, y, a la postre, mundiales. El capitalismo tardío no conocía hasta entonces -y hasta ahora- otra forma de mantener su poder. La unidad que se requería en este período en que el militarismo probaría suerte para un nuevo reparto del mundo no se alcanza, por el contrario, se queda acéfala y la humanidad a expensas de una forma tan natural de vida para la reproducción capitalista como era la guerra.

 

En 1934 se inicia un nuevo período gestión política de la  Internacional Comunista patrocinado por la Burocracia Estatal Soviética, avalado por los llamados “Frentes Populares”[188]. Estos consistían en una alianza con los gobiernos burgueses que se oponen al rumbo belicista y que llaman a la estabilidad de Europa, no era en aras del bienestar de los trabajadores, sino del gran capital, al que ahora el proletariado debe defender, aunque con la justificación de que es una alianza temporal, aún y cuando sea en detrimento de sus intereses de clase. El Marxismo y el Leninismo, establecieron con gran nitidez en sus enfoques acerca de la época en que elaboraron  sus estrategias políticas, los límites dentro de los cuales se deben establecer alianzas temporales con la burguesía, al  acuñar para ello, el carácter progresista del ala burguesa con quienes compartían su suerte en el momento histórico concreto en que se produciría la alianza. Debe recordarse a estos efectos, la obra de Lenin “Bajo Pabellón Ajeno”, donde se ilustra el modo asociado a las diferentes circunstancias en que se debatía el movimiento obrero.

 

El año de 1939 marca un viraje radical que muestra el grado de deformación del Estado Soviético y de su servil  instrumento: la Internacional Comunista.  La justificación dada al Pacto Soviético Alemán y a su protocolo secreto (sobre  el que después se volverá desde otro ángulo del análisis), no hace más que  abandonar a su suerte a millones de personas de las zonas ocupadas, reforzada además por la nueva extensión de la ocupación Soviética y de los  métodos que utilizó en la misma. El oportunismo y las variaciones que lo peculiarizan se manifiestan ahora a escala de Estado Obrero Decadente.

 

Las conciliaciones, por tanto, no sólo fueron con el ala moderada del imperialismo internacional, sino con su variante más  inhumana y  feroz. Los objetivos que les asistían para tales contubernios eran totalmente alejados de  cualquier semejanza con el socialismo. Constituían por su magnitud una ausencia total de raíces que superó con creces la traición del liderazgo socialista de la época de la II Internacional.

 

La Internacional Comunista fue disuelta en 1943 desde Moscú. El 7mo Congreso demoró 7 años para realizarse. El objetivo que la hizo surgir hacía tiempo ya se había olvidado en la práctica concreta de su labor cotidiana. El programa internacional de los comunistas había quedado como los viejos papeles amarillos olvidados a los que nadie apetece leer. Stalin mantuvo formalmente al organismo internacional mientras le convino a su mandato; cuando encontró nuevos métodos  para hacerlo  prevalecer sin  la presencia del mismo, lanzó al olvido el lastre de la Internacional Comunista que ya le pesaba.

 

Pareciera como si los 30 años de existencia de la Internacional Comunista transcurridos  con  posterioridad  a   la   muerte de Lenin, hubiesen borrado las razones y los principios para la que fuese constituida. “El desarrollo del  movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha hecho que la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras forcejeen convulsivamente con el fin de hallar argumentos ideológicos y políticos, para defender la dominación de los explotadores.

 

Entre esos argumentos se esgrimen particularmente la condenación de la dictadura y la defensa de la democracia “…Ese planteamiento de la cuestión al margen de las clases o por encima de ellas, ese planteamiento de la cuestión  desde el punto de vista –como dicen falsamente- de todo el pueblo, es una descarada mofa de la teoría principal del  socialismo, a saber de la teoría de clases, que los socialistas que se han pasado al  lado de la burguesía reconocen de palabra y olvidan en la práctica”. [189]

 

                                                                     Contraria contrariís curantur.[XXVIII]  

 

 Las relaciones internacionales en la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial se movían en dos sentidos dentro de un tablero ajedrez muy peculiar: la primera, la política reaccionaria - Revisión de Berlín, búsqueda de un equilibrio, la segunda, de seguridad sin arriesgar conquistas, proveniente de París. Por tanto, el marco estrecho de confrontación no auguraba la anhelada paz duradera que buscaba la Sociedad de las Naciones, ni  un juego limpio y reconfortante.

 

Francia buscando aislar al Reich alemán y creando su cinturón de seguridad y hegemonía logró, en 1920, la Pequeña  Entente, compuesta  por Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumania, tres pequeños peones de las piezas  blancas. Más tarde firma en 1921 con Polonia, y en 1924 con Checoslovaquia, pactos  supuestamente más sólidos de seguridad. La culminación de las aspiraciones francesas con sus ocho peones de defensa cierra, con la Entente  Báltica, el  llamado Tratado de Amistad con Polonia, Letonia, Estonia y, por último, Finlandia, países que temían al oso ruso y al ogro alemán, pero muy débiles en cualquier intento de defensa. Ante la ofensiva diplomática francesa, Alemania firma con la URSS el Tratado de Rapallo, no del todo sorprendente pero inesperado.[190] Inglaterra se mantenía al tanto, pero no se inmiscuía decisivamente en esta activa política francesa en el continente y tampoco se  inmutó ante el rearme alemán. Confiaba en que Alemania, una vez fuerte, la emprendería contra la periferia rusa primero y contra la Rusia después.

 

Esa misma esperanza la mantuvieron en1938, sólo que ahora con el temor de ser atacados por lo que permitieron a Alemania anexarse, en marzo de 1938 a Austria; en octubre de 1938 los sudetes y, en 1939 el resto de Checoslovaquia tras la llamada traición de Occidente en Munich. Las traiciones a los pequeños países europeos se refrendo algo antes en el Tratado de Locarno de 1925 y en el Pacto de los cuatros de 1933, por lo que muchos de ellos, ante la voracidad alemana, se rindieron pacíficamente. Los colores de las piezas cambiaban inexorablemente, había comenzado un nuevo juego. [191]

 

El tablero de ajedrez europeo favorecía a Alemania y colocaba a Rusia en una situación harto difícil; el temor a Alemania y la coalición soterrada anti-rusa de Francia e Inglaterra con el visto bueno norteamericano.

 

La Política Exterior Soviética tenia, al menos, tres posibilidades: buscar, a pesar de la frialdad de Francia e Inglaterra, una alianza para contener al inminente agresor; lograr un acercamiento con los Estados vecinos en peligro, y evitar la guerra con Alemania, al menos, en Occidente y el Extremo Oriente. En estos tres sentidos, lícitos ante su situación discurrió el movimiento diplomático soviético.[192]

 

La primera variante se evidencia desde marzo - abril de 1939 con Francia e Inglaterra, que el 11 de junio de ese año la rechazaban a la manera inglesa, “dando largas al asunto sin desentenderse”; la segunda en abril - mayo de 1939 con Turquía y Polonia y, un poco antes, en marzo de ese mismo año, con Letonia y Estonia, pero esas acciones políticas son muy débiles a los efectos reales de agresión.

 

La tercera se materializa y tiene su preámbulo entre 1938 y 1939, con el acercamiento encubierto de Alemania a Rusia. La diplomacia soviética fue muy cuidadosa con la tercera variante, ponía en juego demasiadas cosas incluso, si no era atenta y decidida, su soberanía, cosa a la que Stalin no renunciaría, y que, por tanto, dilataba con toda intención esperando sacar algún resultado beneficioso.

 

Este no se hizo esperar, entre el 23 de julio y el 3 de agosto de 1939, los intercambios consulares Moscú- Berlín en el plano protocolar hablaban en términos de esferas de influencias, lenguaje tan esperado por Stalin y que Hitler, inteligentemente, le susurró. En resumen el 15 de Agosto de 1939 se reunieron en Moscú, Molotov y Shulemburg dando comienzo las negociaciones refrendadas definitiva y oficialmente, entre finales de Agosto y Septiembre. Este pacto pudo haber pasado a la historia como uno más, como parte de una estrategia política, pero el protocolo secreto que lo acompañó marcó el significado histórico del mismo. Las esferas de influencias y la nueva reestructuración territorial contenidas en el protocolo secreto satisfacían a la Burocracia Soviética; la cuarta repartición de Polonia y la conversión de Estonia, Letonia y Lituania en Repúblicas Soviéticas eran un buen regalo a la altura de 1939 y mientras durara, pero la implicación política y la violación de las leyes internas vigentes en la URSS merecen que concordemos con la evaluación dada por los propios soviéticos en 1989, con el Documento al Segundo Congreso de Diputados Populares de la URSS. Los Cinco elementos aportados por la comisión resumen son los siguientes:

“Que el protocolo es fidedigno  y  que los acontecimientos  posteriores así lo ratifican.

 

El mismo fue redactado por Alemania y aceptado por Stalin y Molotov con pocas Enmiendas con el olvido de sus anteriores compromisos con los países Cisbálticos, con relación a garantías para su independencia (Marzo de 1939).

 

El hecho de que se redactara un protocolo que no se puso en conocimiento de las instancias políticas y estatales  de la URSS es una violación flagrante. La legalidad soviética no le daba facultades a Molotov para firmar estos documentos. El protocolo fue exceptuado del  procedimiento de ratificación y no fue sometido a aprobación de los  órganos legislativos o ejecutivos del país.

 

Se firma por añadidura, en violación de las leyes internas y los compromisos de la URSS, que emanaban de los acuerdos concertados con terceros países. El protocolo en sentido jurídico, desde el  principio, era un documento  ilegal; en realidad una colusión que expresaba los propósitos de las personas físicas que los firmaban.

El método de redactar el protocolo y las categorías y nociones empleadas en este (“reestructuración  política - territorial y otras) fueron un abandono a los principios leninistas de la Política Exterior Soviética”[193].

 

Los soviéticos reconocieron como fidedigno el protocolo, pero, jamás ha sido mostrado al mundo junto con el resto de la documentación que debe acompañar al mismo; por tanto, a la altura de este trabajo se evalúan los hechos que han sido reconocidos, a la luz de los presupuestos básicos de la legalidad socialista enarbolada por V.I. Lenin a partir de 1917. En su libro “Mi verdad”, Vorotniko plantea la existencia de dicho documento y el marcado interés de conservarlo oculto por las autoridades soviéticas del periodo de Gorbachov dada la magnitud del alcance antihumano del mismo, a los efectos de la condición de país socialista que tenia la ex-Unión Soviética en el momento de su firma. 

 

Stalin, con su cinismo y autoritarismo acostumbrados, se expresaba con relación al pacto ante N. Jruschov de la siguiente manera: “Esto es un juego, y consiste en ser más astuto que la otra parte; yo les engañe”. Según Dimitrov el 7 de septiembre de 1939, a modo de justificación quejosa con las potencias occidentales decía:”Nosotros preferíamos un acuerdo con los países democráticos, y por eso negociamos. Pero los ingleses y franceses querían convertirnos en peones suyos y, además, ¡sin pagar nada! No íbamos a acceder, claro esta, a convertirnos en peones y, menos aún, gratis”. [194]

 

El Pacto soviético – alemán tuvo vigencia hasta 1941, en que Alemania inicia su conquista sobre la URSS; pero en el período que le antecede y durante el reparto del botín, Stalin actuó de manera brutal con sus esferas de influencias. Lo caracterizó un lenguaje de ultimátum y utilizó la fuerza contra ellos. La guerra con Finlandia[195], la entrada en Polonia[196], la anexión de Besarabia y la absorción de las Repúblicas de Báltico[197] demostraron una vez más que a los fines injustos le acompañaban medios injustos. La Política Exterior Leninista, de una paz sin recompensa, ni reparaciones fue totalmente pisoteada. Al nuevo poder no se le avenía tal lógica, aunque siguiese llamándose socialista.

 

La Política Exterior de la Burocracia Estatal Soviética en este período histórico de alianzas con el fascismo alemán, es una política oportunista y traicionera; en primer lugar, a las bases del Estado Proletario de donde surgió y, en segundo, a todo el Movimiento Obrero y Comunista Internacional al que trató de subordinar a sus inmoralidades políticas, con justificaciones sin fundamentos acerca de la defensa del Estado Socialista que manipula entre dos corrientes imperialistas intentando presentar este acto, como un movimiento estratégico similar a la Paz de Brest-Litovsk.

 

El Tratado de Brest-Litovsk dio término a la guerra  con Berlín en marzo de 1918. Esta decisión tomada por el nuevo poder soviético, a pesar de los términos enormemente desfavorables con relación a la independencia nacional de Ucrania impuesta por los capitalistas alemanes, significó la única posibilidad para salvar la alianza obrero - campesina sobre la que descansaba el Estado Soviético y su capacidad de auto defenderse.

 

La paz fortaleció al imperialismo alemán en detrimento de Francia e Inglaterra. El Estado Obrero supo maniobrar entre dos campos imperialistas hostiles, es decir, apoyar a uno en detrimento de otro y lograr que Estado Obrero se mantuviese en medio de un cerco que casi lo aniquila[198], todo esto sin abandonar su apoyo al movimiento obrero alemán e internacional y sin obligarles a tomar medidas de subordinación a una u otra fracción de la burguesía a los que se enfrentaba.

 

Sin embargo La Política Exterior que acompaña al pacto de 1939, es una idealización del imperialismo amigo y, por ende, justifica al saqueo de Europa, la ocupación de Polonia. Las medidas avanzadas de expropiación no justifican los métodos burocráticos - militares de exportación de las transformaciones sociales mediante la violencia. Estamos en presencia de una Política Exterior expansionista de un Estado de Obreros Deformado. La aceptación de una política imperialista de corte socialista a los efectos de lo que se somete a intelección no es nada exacta, pues no refleja el régimen en general que lo determina. Ni siguiera la política expansionista del Kremlin coincide con la del capital financiero, en la forma que se propaga y ajusta su poder en los nuevos territorios; la expropiación de terratenientes y capitalistas delineada por el stalinismo no hace más que sentar las bases de su régimen político asociado a la propiedad estatal usurpada a los que debían ser sus auténticos dueños. Los argumentos históricos geográficos no siempre ilustran la naturaleza de clases que sustenta el poder. Hitler y Stalin se asemejan sólo en el sentido brutal y bárbaro con que abren paso a sus aspiraciones, no en la naturaleza sobre la que se asienta su dominio. [199]

 

El fascismo surge en una sociedad burguesa que intenta superar las contradicciones entre la propiedad privada, el desarrollo técnico - científico, y la lucha por los espacios vitales cada vez más reducidos, buscando regular “planificadamente” a la propiedad privada. Es un intento de imponer por la fuerza (vía militar) los conflictos nacionales e internacionales del imperialismo. Por su parte, el stalinismo es una alternativa de la burocracia desde el subdesarrollo y mediante el Socialismo de Estado, después de asfixiar el movimiento de clases que le dio origen, vive a expensas de la propiedad estatal y del Movimiento Obrero Internacional. Es un régimen burocrático que actúa con gran independencia jugando para ello con las propias condiciones que genera el imperialismo hacia este proceso o hacia cualquier movimiento progresista que abogue por la independencia. Es una política contra revolucionaria, que vive para sí y sobre las espaldas de los oprimidos; que nubla y retarda el desarrollo de un movimiento que rescate al Marxismo en beneficio de las mayorías.

 

El transcurso de la guerra, después de la recuperación del primer embate devastador, colocó a la Unión Soviética en materia de Política Exterior en una posición privilegiada ante Occidente y Norteamérica. Aunque a disgusto de estos últimos en la mesa de negociaciones, iban de igual a igual en un ambiente de desconfianza y suspicacias presentes en todo momento, Alemania retrocedía y con ella todo su imperio; un nuevo juego funcionada cuando aún no se había dado mate al “Rey fascista“.

 

En la Cumbre de los “Tres Grandes” en noviembre de 1934, en Teherán, se le concede al Kremlin la llamada “Línea Curzón”, es decir La Polonia Oriental, mientras se compensa a Polonia con los territorios alemanes del oeste. A inicios de 1944 la división de Alemania concedía a los tres grandes las zonas ocupadas[200].

 

Estas negociaciones marcarían nuevos conflictos al terminar la guerra, sobre todo con los movimientos autónomos de liberación de esos países a los que se les excluía  y ocultaba los intereses de los llamados aliados. La Conferencia de Yalta, de 1945, refrendó la posición soviética y las potencias occidentales ratificando sus tratados, apoyaron a la Unión Soviética en la implantación de un gobierno afín al protectorado soviético en Polonia; recuérdese como se obvio al  gobierno polaco en el exilio por el apoyo al Comité de  Dublín. La Conferencia de  Postdam de julio - agosto de 1945 no aportó nada nuevo al reparto hecho antes; sin embargo afloraron los conflictos en relación con las ex - colonias italianas y el reparto de la Alemania vencida y su futuro.

 

Europa avanzaba después del triunfo sobre el fascismo a la formación de bloques. Un nuevo sistema internacional se erigía sobre esos fundamentos donde Norteamérica aparecía como un rey y una reina en un juego  de ajedrez donde los alfiles, caballos y torres reclamaban su derecho a actuar independientemente, siempre y cuando sé viabilizara una estrategia que favoreciera al conjunto. Stalin debía reorganizar sus piezas según las nuevas reglas del juego; pero era seguro que el futuro de Europa dependía ahora de Moscú y Norteamérica  y de la astucia y poderío que fuesen capaces de desarrollar.

 

La Política Exterior Soviética hacia Europa Oriental y Central era consecuente con su política  doméstica, y  con  el nuevo ordenamiento del mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. De ahí que su pugna con los nuevos centros de poder que se estructuraron, colocaran  como  prioridad  en  su  agenda  la  extensión  y reproducción  de  la  naturaleza de su poder a estas nuevas naciones a toda costa, ... “Política significa para nosotros la lucha por compartir el poder, ya entre Estados o entre grupos dentro del Estado. Cuando se dice que una cuestión es política, lo que quiere decirse siempre es que el criterio decisivo para resolverla son los intereses en la distribución, conservación y traspaso del poder”[201]. Y mientras existan cuestiones que administrar, existirá la política; el  problema es saber determinar la distribución del poder cuando nos auto titulamos “socialistas” y nos convertimos  en ejemplos de “democracia  participativa”. Por eso cuando evaluamos los medios que se utilizan en Política  Exterior tenemos que analizar ¿qué se va a exportar a través de la misma? ¿Cuál es el sustento de autoridad o de relaciones de autoridad que le van a ser consustanciales a estas Relaciones Internacionales de “nuevo tipo?” ¿Cómo  legitimarlas  en  sociedades tan distintas del “país modelo?” ¿Mediante qué medios se va a ejercer el tan anhelado poder político?

 

A estas interrogantes se enfrenta la Burocracia Estatal Soviética, y a ellas da respuesta de una manera pragmática y fría; combinando un aparato doctrinal y recetas prácticas no del todo fáciles pero factibles de hacer. Desde el punto de vista “teórico” se argumenta la posibilidad o viabilidad del socialismo en una zona del mundo, que, por la fuerza del ejemplo, se iría imponiendo en cruenta lucha ideológica contra el capitalismo, era por tanto depositario directo de la herencia del triunfo del socialismo en un solo país, acuñada por Stalin y sus teóricos a mediados de la década del 20, y desde el punto de vista práctico, es la exportación del modelo soviético de construcción del socialismo, aceptado en “líneas generales” por el Movimiento Comunista Internacional en los años que median entre ambas guerras mundiales como efecto de la dependencia de los partidos comunistas respecto al partido bolchevique;  dependencia de la que no sólo son responsables los dirigentes comunistas de dichos países, sino además, la histeria y reacción imperialista a escala internacional, que proscribía y perseguía a su labor política dentro de esos países y les empujaba a desarrollar sus actividades partidarias en el extranjero, fundamentalmente en Moscú.

 

¿En qué consiste el modelo que va a exportarse a la Europa Oriental y Central? ¿Qué mediaciones políticas y económicas le son intrínsecas y capaces de resolver el problema del poder?  Los alquimistas del socialismo del 1945 obsequiaron a la Europa Oriental y Central con el denominado “Modelo Stalinista”, que sobrevivió y se mantuvo más allá de la muerte de Stalin, como única alternativa de la Burocracia Estatal en materia de estrategia política para el desarrollo nacional e internacional del socialismo.

 

Este modelo, en política, es el Estatismo Burocrático; en economía, es la Planificación Burocráticamente Centralizada; y en el plano espiritual, es el dominio absoluto de la ideología “Marxista-Leninista” por encima de toda creencia, tradición o doctrina que coexistan en tiempo y espacio con la experiencia socialista, el absolutismo espiritual del Medioevo vuelve a reinar en estos pueblos ahora con un nuevo manto.

 

En todo el proceso de examen del tema objeto del presente estudio, resultaron de gran valor los planteamientos expresados en su muy personal estilo por el insigne pensador cubano Raúl Roa. Estos comportamientos y realidades le hacen afirmar a Roa que el alejamiento del ideal socialista por esta burocracia es tal, que Marx y los principios que asistieron a su doctrina fueron olvidados, relegándose a un segundo plano los principios humanistas que les asistían. [202]

 

A continuación se pasa al análisis y evaluación de cada uno de los elementos que integran el modelo, de manera que la evaluación de los mismos se realice antes de mostrar la dinámica de su aplicación a la Europa Oriental y Central. Para las elaboraciones teóricas que aparecen en los acápites siguientes, se toman por base los aspectos evaluados en el primer capítulo en que se describe el proceso de deformación de la primera experiencia socialista, en particular el período stalinista.

 

 

AMICUS PLATO, SED MAGIS AMICA VERITAS.[XXIX]   

 

 

ACÁPITE I: LA ESFERA POLÍTICA.

                                                                                             CAVE NE CADAS.[XXX]  

 

En política, dadas las características que presenta el modelo es: El Estatismo Burocrático. El Estatismo en teoría política, es la doctrina que considera al Estado como única fuente de derecho. En sentido genérico, toda dirección política que atribuya al Estado funciones o poderes preponderantes en cualquier campo de actividad humana. Vistas así las cosas, el Estatismo es la modalidad de poder que no concibe, o mejor dicho, no permite actividad política fuera del Estado y de las organizaciones e institutos políticos creados y mantenidos por él. [203]

 

Cabría cuestionar ¿por qué la modalidad estatista? Ella descansa en al propia historia de interpretación de la concepción transicional socialista de evolución de la propiedad de privada a social. ¿Cómo explicar esto? El ideal de construcción socialista parte del supuesto de que la expropiación capitalista debe pasar inevitablemente por la Estatalización, es decir, el paso de una buena parte de la propiedad privada mediante la nacionalización a manos del Estado, y que este, una vez dueño de toda ella, debe socializarla, o lo que es lo mismo, pasarla a manos de sus llamados auténticos poseedores: el pueblo, a los que el Estado representa, lo que se entiende, en definitiva, por democratización efectiva de la vida en esa esfera por las masas; la incidencia directa de ellas en qué se produce, cómo y para quién.

 

Por lo que en el tránsito de propiedad privada – Estado - socialización efectiva (propiedad social), se da una ruptura que da margen allí donde no se han experimentado ni creado formas sólidas y efectivas de control social sobre el Estado, a que este mantenga el control sobre la propiedad expropiada más allá de los términos permisibles en un proceso que se denomine socialista. En esto inciden miles de factores objetivos y subjetivos, internos y externos en el momento histórico en que se experimenta pero que, de hecho, amputan la esencia del objetivo fijado: control social, posesión social, realización de la sociedad como actor y no como simple espectador del proceso. Otro elemento que no debe escapar al análisis es que, según el ideal Marxista, la nueva cualidad social de la propiedad no descansaba en la posesión o la simple declaración cuantitativa de la posesión, sino como dijese Marx, en la anulación positiva de la propiedad privada, que consistía en el cambio consustancial de la actividad de los hombres y sus relaciones humanas en lo que antes era de una minoría y ahora ha de propender a ser de todos[204].

 

Es importante por las diferentes interpretaciones que se le dan al problema de la propiedad y del estatismo ahondar en los criterios al respecto en Marx y Engels. En noviembre de 1851, Engels, en una carta a C. Marx, le propone presentar al Socialismo Científico en forma resumida en 4 tomos a manera de dar una visión más clara y concentrada de su proyecto social. Esto, desgraciadamente, no pudo hacerse. Enfrascados en múltiples tareas y proyectos, los clásicos dejaron sus criterios expuestos de manera muy dispersa, de ahí que un intento para explicar esto nos exija una búsqueda muy intensa, que de no realizarse haría el enfoque unidireccional o tendiente al equívoco. Otra razón por la cual Marx no realizó lo propuesto por su colega y amigo, pudo ser, porque jamás se propuso escribir recetas de cocina para el bodegón de la historia como deja explícito en uno de sus prefacios al Tomo I del Capital.

 

En el capítulo XXIV del Tomo I de “El Capital”, en su sección 7 “Tendencia histórica de la acumulación capitalista”, Marx afirma: “El modo capitalista de apropiación que brota del modo capitalista de producción, y, por tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual basada en el trabajo propio. Pero la producción capitalista engendra, con la fuerza inexorable de un proceso de la naturaleza, su propia negación. Es la negación de la negación. Esta no restaura la propiedad privada, sino la propiedad individual, basada en los progresos de la era capitalista, en la cooperación y en la posesión de la tierra y de los medios de producción creados por el propio trabajo”.[205]

 

La propiedad comunista es una propiedad individual cuyos derechos se ejercen colectivamente. Es una propiedad que se le tiene que escapar de las manos a la burguesía por su alto grado de concentración, desarrollo tecnológico e interés social. Después del triunfo de la revolución socialista los grandes medios de producción capitalistas, ya socializados, (altamente desarrollados), se transforman en propiedad común. Estos medios se entregan como propiedad individual, y sobre la base de la asociación, a los obreros que la operan, teniendo en cuenta el control social. Al analizar Marx los sucesos de la Comuna de París explicaba: “La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción, la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el “irrealizable comunismo!”[206]. En resumen para Marx el comunismo en materia de propiedad significa:

 

- Que los expropiadores sean expropiados, esto como un proceso;

- Que se alcance la propiedad individual, motivo e interés del funcionamiento necesario bajo un alto grado de desarrollo, y

- Que el carácter del trabajo sea libre y asociado. Todo ello como un proceso paulatino pero con continuidad y mediaciones que propendan a dicho objetivo.

 

Marx y Engels sabían que las condiciones de alta concentración y desarrollo mundial coexistían con formas inferiores de producción social con las que tenían que contar en su proyecto. De ahí nace el significado socialista de la propiedad del Estado. Esta no sería una simple estatalización, recurso utilizado ya por el capitalismo, sino una estatalización que condujera a la aspiración desenajenadora.

 

Aquí radicaba el desafío a cualquier proyecto de esta índole. Marx no temía por el desarrollo económico, político y social en que él preveía su revolución social, pero para otras condiciones existían demasiados riesgos y así lo refleja en más de una ocasión.

 

Es pertinente analizar cómo enfoca la cuestión de la estatalización F. Engels, en “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico”, en esta obra  afirmaba: “La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es la solución del conflicto pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a su solución”[207] y más adelante continuaba desarrollando la idea: “...y al forzar cada vez más la conversión en propiedad del Estado de los grandes medios socializados de producción, señala por sí mismo el camino por el que esa revolución ha de producirse. El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado”.[208] Es bueno apuntar, que el Partido y el Estado a los que se referían Marx y Engels, no eran ni un partido ni un Estado de cuadros como en Lenin en otras condiciones específicas. Marx y Engels, en obras tales como el “Manifiesto del Partido Comunista”, en la parte referida a las medidas a tomar hacen alusión claramente a la estatalización y al carácter circunstancial y específico de tal medida al igual que el resto de las que allí se enuncian, las cuales no constituyen por tanto, un patrón rígido de aplicación. En “La Ideología Alemana” y otros trabajos refrendan absolutamente la idea de que la propiedad estatal de las fuerzas productivas no es la solución al conflicto, pero encierra en sí el medio formal, el camino a su solución. En estas mismas obras aparecen el tratamiento al campesino, a la pequeña y mediana burguesía como clases y como formas de propiedad y cuál sería la vía idónea para conducirlas gradualmente al comunismo sin violencia, apoyándose en la ciencia, la tecnología y la organización más eficiente del trabajo. La estatalización era un recurso en la etapa de transición, jamás un fin para alcanzar el comunismo.

 

Lo que el modelo que estudiamos heredó prácticamente del ideal socialista no fue precisamente su esencia: cambio de actividad y relaciones humanas, sino el mecanismo economicista de tipo cuantitativo que confirma: a más propiedad estatalizada, más socialismo. La influencia de tal comprensión está presente en  más de un teórico soviético, por ejemplo, N. Bujarin por citar uno presente en la experiencia práctica.

 

En las condiciones rusas de subdesarrollo, inevitablemente se confiaba en la conducción de la vanguardia comunista de manera absoluta, y la fe desmedida como factor psicológico natural en los hombres no permitió la creación de un mecanismo de control sobre los hacederos de la voluntad popular, máxime cuando la teoría socialista no había avanzado en cómo lograr la socialización económica en sociedades con poco o mediano desarrollo y bajo el acoso del imperialismo.

 

El estatismo, que en Lenin se veía como un momento necesario y circunstancial, por la fuerza del tiempo y de los intereses que acompañaron a la burocracia stalinista se convirtió en regularidad y fundamento de la modalidad Estatista Burocrática que prevaleció y se impuso en esta experiencia histórica, lo que condujo a una absolutización del polo centralismo en la correlación que debió ser dialéctica entre centralismo y democracia.

 

¿Por qué se da este desbalance? ¿Cuál es la naturaleza de tal deformación? En la consideración de la autora, esto descansa en el cambio del ideal socialista sustentado por Marx en el siglo pasado y las urgencias sociales que tiene que enfrentar en el presente Lenin. El estudio de los trabajos de ambos teóricos permite inferir que, para el primero, “al socialismo se llegará producto del desarrollo” y para el segundo, “al socialismo se llegará como necesidad del desarrollo”. Situados ambos en un estudio de época lo sustentan y en el caso de Lenin pasa a su construcción; pero en ambos está presente la esperanza en la Revolución Mundial como garantía universal del paso al comunismo. Para Lenin la piedra angular para alcanzar el socialismo desde el subdesarrollo es el factor subjetivo: la vanguardia, y dentro de ella, el Partido Comunista en su condición instrumental. De ahí la vital atención que presta a la consecución de una organización comunista, capaz de conducir el proceso. El nexo Leninista entre centralismo y democracia es la vanguardia, y muy en especial, el Partido Comunista como un instrumento y no como un fin en el proceso. ¿Cuáles son las fallas en ese accionar de poder y de autoridad? Cabe preguntarse, por los resultados obtenidos, si estaba preparado el Partido Comunista para llevar a término tan delicada tarea, o si se precisaban otros instrumentos políticos para tal objetivo. En consideración de la que desarrolla el presente análisis, sí; y piensa además, que en torno a tales valoraciones se ha movido y se mueve la polémica socialista contemporánea.

 

En 1918 Rosa Luxemburgo señalaba: “Una cosa es segura, incontestable, sin una prensa libre y sin trabas, sin libertad de reunión y asociación, la dominación de las amplias capas populares es imposible (...) La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido - por numerosos que estos sean – no es la libertad. La libertad es siempre la libertad para el que piensa de manera distinta (...) La práctica del socialismo exige un cambio completo en el espíritu de las masas aplastadas por siglos de dominación de la clase burguesa. Instintos sociales en lugar de instintos egoístas, iniciativa de las masas en lugar de inercia, idealismo capaz de superar todos los sufrimientos. El único camino que conduce a ese renacimiento es la escuela de la vida pública de una amplia democracia (...) Sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión ilimitada, sin una lucha de opiniones libre, la vida se mengua en todas las instituciones públicas, vegeta, y la burocracia queda como el único elemento activo (...) La tarea histórica del proletariado cuando toma el poder es la de sustituir la democracia burguesa por la socialista, y no la de suprimir toda la democracia. La democracia socialista no empieza en la Tierra Prometida, cuando la infraestructura de la economía socialista esté ya creada (...) La democracia socialista empieza con la destrucción de la hegemonía (burguesa) y la construcción del socialismo. Ella empieza con la toma del poder del Partido Socialista. Ella no es otra cosa que la dictadura del proletariado (...) “Pero esa dictadura consiste en el modo de aplicación de la democracia y no en su supresión, consiste en intervenir con energía y resolución en los derechos de propiedad y en las relaciones económicas de la sociedad burguesa; sin eso no puede realizarse la transformación socialista. Pero esa dictadura tiene que ser obra de la clase y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase, es decir ella debe ser la expresión leal y progresiva de la participación activa de las masas, ella debe sufrir constantemente su influencia directa, estar bajo control de la opinión pública en su conjunto, manifestar la educación política consciente de las masas populares”[209].

 

El problema de la democracia socialista radica, precisamente, en articular verdaderos mecanismos de gestión popular que propicien un activismo político de las masas, las cuales deberán dirigir, controlar y ejecutar el proceso de afianzamiento de las relaciones socialistas. Más que la histórica polémica entre el uní partidismo y el pluripartidismo como forma ideal para el funcionamiento político socialista; se considera que la cuestión principal radica en tener en cuenta las peculiaridades históricas de los pueblos y, la búsqueda urgente de mecanismos y mediaciones políticas, para lograr que el poder proletario sea obra de la clase trabajadora en unión de toda la masa de pueblo que se intenta redimir. Control social desde abajo alcanzando a todos los niveles de gestión política, es la tarea de primer orden para avanzar en un proceso socialista.

 

La herencia teórica no especifica ni podía esclarecer el modo de una nueva cualidad democrática, pero lo que sí pone en claro es que es un pueblo entero como sujeto, un pueblo con el poder y ello implicaba articular un organismo capaz de garantizar el ejercicio político a cada ciudadano, encontrar una variedad y multiplicidad de formas de participación social. Cuando Marx polemizaba con Bakunin y realizaba sus comentarios al margen de “El Estado y la Anarquía”, a la afirmación de Bakunin: “Por administración popular, entendemos la administración del pueblo por medio de un número de representantes elegidos por el pueblo”. A esto Marx responde: ¡Mierda! ¡Esto es un absurdo de la democracia, es basura política! El carácter de las elecciones no depende de esas designaciones, sino de la base económica, de los lazos económicos entre el electorado y, desde el momento en que esas funciones dejan de ser políticas, 1- ya no existen funciones gubernamentales algunas; 2) la distribución de funciones generales adquiere un carácter empresarial y no implica dominación; 3) las elecciones pierden su actual carácter político”[210].

 

Para Marx el período político de transición debía crear todas las condiciones para la abolición de las clases y para la subversión de las ideas y apetencias políticas que brotan de tales relaciones sociales; es decir, el poder público debía perder su carácter político. Sin embargo, el esclarecimiento de tal proyecto social democrático, si bien puntualizaba aspectos medulares de orden humanista, deja aún muchos cabos por atar, eslabones que por demás, fueron utilizados en muchos momentos de acuerdo a conveniencias políticas y que en el caso que nos ocupa, fueron adaptados a la teoría de la “razón de clase” y a una reducción casi risible de la democracia pero de terribles consecuencias. De lo que sí se puede estar seguro es que el hombre no actuará en política a lo socialista hasta que no sienta que esa apolítica es parte de su actuación cotidiana; hasta que no se cambien la actividad y las relaciones en esa esfera al igual que en el resto de las esferas sociales.

 

Principiis obsta.[XXXI]    

 

La modalidad socialista de Estatismo Burocrático se caracteriza por un poder exclusivo ejercido por el Partido Comunista. No es sólo hegemonía, sino un poder único no compartido y que asume la responsabilidad política de gobierno y por tanto, administrativa de todo el proceso, lo que elimina toda posibilidad de control social sobre sus decisiones. Pero se debe puntualizar, que no es un poder ejercido por toda la militancia comunista, sino, un poder de su alta jerarquía que ni siquiera comparte con sus militantes de fila a los que sólo utiliza para materialización de sus directivas. Los Soviets son organizados en forma de pirámide, y su funcionamiento es esencialmente verticalista; de hecho su función política, gubernamental y social es sustituida por el partido. Incluso ya en vida de Lenin, comenzó a materializarse ese accionar político, que no es, por sí mismo, socialista.

 

Los enemigos del socialismo asocian tendenciosamente tales deformaciones al uní partidismo que caracterizó a la experiencia soviética, la autora de esta aproximación es de la consideración de que el uní partidismo no es el causante de las mismas. Teóricamente el mismo es una modalidad factible de instrumentar teniendo en cuenta las peculiaridades de la lucha de clases y la tradición de desarrollo democrático del país en que se produce la experiencia socialista. La cuestión, se insiste en ello, radica en el sistema de gestión política que se articule para el ejercicio del poder por las mayorías. El carácter exclusivo adoptado para el ejercicio del mismo por el Partido Comunista en la Unión Soviética del período stalinista en cuestión, deformó la posibilidad de su utilización mediante una canalización de los intereses de las masas en un auténtico flujo y control entre base y superestructura y viceversa. El gobierno unipersonal y monopólico desarrollado por Stalin y la casta burocrática que le acompañaba abortó tal experimento en las condiciones específicas soviéticas. Las organizaciones sociales y de masas son consideradas poleas transmisoras de la voluntad central, perdiendo toda su importancia de garante social y de balance con una oposición justa a las determinaciones del gobierno y al encauce de una auténtica multiplicidad de formas de participación individual que socializasen la actividad política y cambiasen, por primera vez en la historia, el lugar de las mayorías en el poder. Los sindicatos sustituyen su tarea de defensa de los intereses de los trabajadores por las administrativas - económicas de apoyo a las disposiciones del partido; esto se produce dada la nociva idea que predominó en el Movimiento Comunista Internacional de que después de establecido el nuevo poder político desaparecería la necesidad de defender los intereses de los trabajadores y se pasaría a dar apoyo incondicional al Partido Comunista y al Estado Socialista, olvidando así, cómo es imposible, incluso en el socialismo, por su prematura existencia, sustraerse de las deformaciones burocráticas y de la pugna de intereses en las esferas económica y política fundamentalmente.

 

El centralismo democrático, como esencia del funcionamiento del sistema político es entendida como unanimidad, y esta se institucionaliza para legitimar todos los actos del poder; se genera así un fuerte aparato de funcionarios, no elegidos democráticamente sino a dedo y bajo la égida de su fidelidad incondicional y no de su ejecutividad, lo que consolida una elite burocrática que es capaz de mantener el poder y la autoridad más allá de la muerte de las figuras carismáticas que le dieron origen y que son utilizadas como símbolos para legalizar el poder. Se produce una duplicidad y triplicidad de cargos y funciones y, en el caso del poder central, una Santísima Trinidad: el jefe, el Partido y el Estado es uno y una misma persona y (…) “Donde los poderes se confunden discrecionalmente en una persona, en una oligarquía, en una clase, o en un partido. La persona humana se halla a merced de la persecución, la cárcel, la tortura, el destierro o la muerte. El derecho dimana de la fuerza y la fuerza se trueca en derecho. Impera en suma lo que Montesquieu llamó despotismo”[211]. El problema de esa excesiva centralización en la figura fundamental del gobierno radica, esencialmente, en el uso que dicha figura da al poder, a su ejercicio, a su consolidación en función de los intereses personales y no colectivos.

 

Es exclusivo del liderazgo del partido en el ejercicio de la información y en general de los medios masivos de comunicación, permiten la manipulación la opinión pública con toda una serie de eslogan y clichés según el momento, acuñando de esta manera el divorcio de la palabra con los hechos como esencia de su funcionamiento, preocupándose adicional e intencionalmente de promover el ideal mesiánico de abstinencia en el presente para el manantial futuro de riqueza, a lo que añaden el de fidelidad incondicional al líder por encima de los intereses personales. Ello elimina toda diversidad de aspiraciones e intereses que debían ser considerados para mover el sistema más por resultados que por emociones. Se produce así,  la sustitución, como dijese Lenin, del socialismo de productividad y de rendimiento por el socialismo de sentimiento. Los medios de comunicación deben ser atributos del pueblo para conocer el estado real del país y del mundo, así, el problema del conocimiento se resuelve y el activismo de las masas se alcanza en toda su dimensión sobre la base de su pertenencia constante a la dinámica social nacional y mundial.

 

La naturaleza de la autoridad en este modelo es, sin duda, al decir de Max Weber, la carismática, la cual “descansa sobre la devoción infrecuente y extraordinaria al carácter sagrado de la fuerza heroica o la ejemplaridad de un individuo y al orden revelado o creado por él”[212]. En estos sistemas se da una fusión muy peligrosa de la fuente y el agente de la autoridad lo que, avanzado el proceso, por la debilidad de esos fundamentos, deviene, mediante la llamada rutinización  weberiana, en autoridad racional - legal o tradicional sin que con ello pierda su soporte carismático, guardándose con mucho celo el valor de la personalidad que le dio origen y que representa el ideal socialista para objeto de opinión y movilizaciones públicas. Resulta significativo destacar a los efectos del problema que se analiza, cómo a lo largo de su mandato J. V. Stalin reformó la historia a su antojo, para presentarse como el heredero legítimo de V. I. Lenin; para ello no sólo ocultó documentos de gran valor elaborados por el líder bolchevique, sino que manualizó la enseñanza de su legado, descontextualizó en gran medida muchos de los análisis realizados por él mismo, extirpándole así el carácter revolucionario y transformador de sus propuestas, sustituyéndolas por la repetición memorística de aquellos aspectos que servían a las urgencias de su mandato, masificando de esta manera errada al “Marxismo” que profesaba.

 

Es explicable, a partir de tal naturaleza de autoridad, que toda crítica o cuestionamiento a la figura central o a los designados por éste atentara contra el sistema creado por él y viceversa; de ahí la debilidad del modelo, que se ve precisado al ejercicio de la violencia permanentemente, ya física o mental, económica o extraeconómica, silenciosa o alarmista. En este contexto los designados también corren sus riesgos, ello asociado a los vaivenes y cambios bruscos de estrategias a que se ve obligado a recurrir la máxima figura, lo que origina que los aliados de un momento sufran con igual crudeza las purgas que garantizan la limpieza del liderazgo en relación con los descalabros que se presentan, lo que los convierte en chivos  expiatorios de sus culpas. Ocurrió así con Zinoviev, Kamenev, Bujarin, y muchas otras figuras de la alta política soviética; esto también se repite en los niveles intermedios y de base del poder, recuérdese el destino de los 1108 delegados arrestados y fusilados, los cuales fueron electos en el llamado “Congreso de los Vencedores” de 1934 y que eran verdaderos stalinistas. El mismo proceso se produce con los miembros del organismo internacional obrero, por lo que la práctica continuada de estos saneamientos temporales genera en los ejecutores de la voluntad central gran recelo y desconfianza, lo que los mantiene constantemente inseguros y serviles.

 

Este modelo es bien aceptado mientras existen resultados, pero se derrumba con gran facilidad dado que “las acciones del jefe y sus agentes son todo aquello sobre lo que descansa la legitimidad del sistema” [213], y no hablamos de un derrumbe físico, de la desaparición del mismo, sino ante todo, de lo muy lastimoso que resulta: el derrumbe general de credibilidad que mina las bases de consensualidad social a esa práctica política y que de hecho, se convierte en el momento histórico de mayor reacción y persecución policial a toda manifestación de crítica o disidencia por elemental que ésta sea.

 

El culto a la personalidad es un ingrediente imprescindible al modelo. Ello se explica por la propia fuente de autoridad a saber: el jefe. Se despliega en íntimo correlato con tal base psicológico movilizativa, la veneración y admiración extremas a su persona, la sobre valoración de las capacidades e inteligencia que posee, el mito a su historia personal y la reproducción de cuadros, esfinges y fragmentos de discursos que decoran el tinglado del constante homenaje religioso al que se somete a la figura central, tratando de reafirmar en la psicología social su valor supremo. Existen muchos ejemplos en el caso del culto a Stalin, pero la autora recomendaría buscar, por ejemplo, el libro que contiene la Constitución de 1936, publicada en 1938, donde, en su primera página, encontramos los rostros superpuestos de Stalin y Lenin, en el mismo apenas sólo pueden observarse pequeños rasgos de Lenin, ya que el de Stalin prácticamente cubre toda la imagen por lo que su rostro sobresale nítidamente y no así el de Lenin. Téngase en cuenta que, para ese momento, ya Lenin ha muerto, y Stalin preside el proceso que se encuentra para ese entonces en el momento más álgido de las represiones de la década del treinta.

 

Los mecanismos de delegación del poder de los supuestos actores políticos se van acentuando hasta su total desaparición, acuñando la existencia de un “poder social” que nunca llega a ser auténticamente social. Estos mecanismos de delegación de poder, que en un inicio tienen una justificación histórica, se convierten en regularidad y paralizan todo activismo o actividad política del pueblo, por lo que el protagonismo popular, que define la esencia democrática de cualquier experiencia  auto titulada socialista, pasa a ser, en el mejor de los casos, una ficción de puertas a dentro del sistema Estatista – Burocrático. Por tanto, es preciso conocer tales mecanismos, así como las condiciones que le abrieron puertas a tal deformación para evitar repeticiones, defender y validar al ideal Marxista en medio de cualquier circunstancia por adversa que sea; saber enfrentar a fin de cuentas, los desafíos de un mundo hostil al desarrollo de toda la civilización humana y que sólo da cabida en su dinámica egoísta a una parte de ella, esa la principal enseñanza que deben extraer los revolucionarios y Marxistas contemporáneos.

 

ACÁPITE II – LA ESFERA ECONÓMICA.

                                                                                          SUSTINE ET ABSTINE.[XXXII]     

 

El modelo en economía es: la Planificación Burocráticamente Centralizada. La Planificación Burocráticamente Centralizada o Administrativista se ajusta perfectamente a la modalidad de poder Estatista - Burocrático, y garantiza la base de las relaciones económicas que le son consustanciales. Este modelo se caracteriza por una despersonalización de la propiedad, la cual se diluye en un concepto poco representativo de la responsabilidad productiva y distributiva real: el social. Es una propiedad de todos, cuyo representante, hacedor y realizador es el Estado, el gran mediador entre el viejo carácter privado y el futuro socialista; es un gran propietario público que debe sentar las bases de la justeza económica a escala de toda la sociedad, pero que es incapaz de penetrar en todos los tejidos productivos de esa sociedad, garantizar los vínculos naturales entre todos ellos y la inclusión orgánica de nuevos tejidos significativos del desarrollo y que, en particular, no instrumenta la estatalización propuesta por el Marxismo, él cual insiste en que la misma, no es la solución del conflicto pero abarca ya el medio mediante el cual ha de resolverse el problema histórico de la socialización efectiva. La estatalización, al decir del propio Federico Engels, es un recurso utilizado ya por el capitalismo bajo su propia lógica productivista; la estatalización socialista, debe cambiar la situación del productor directo ante los medios de producción y de las relaciones sociales que le acompañan; en esencia, es el cambio de actividad de los individuos, actividad que, en las formaciones anteriores, se ha mantenido invariable a partir de la base de propiedad que acompañaba a las mismas.

 

Es obvio que la estatalización es un momento inevitable, pero no eterno. El Estado debe encaminar formas cada vez más sociales y responsables de lo qué se produce, cómo se produce y para quién se produce. Esto es, sin lugar a dudas, la continuidad histórica de la Estatalización a la Socialización; el gran problema no resuelto por el Socialismo Europeo: los medios para cambiar la vieja actividad productiva humana, por una nueva que no resucite viejos ni generen nuevos vicios de explotación. En este modelo la moneda desempeña un papel pasivo; los planificadores determinan los volúmenes de producción y precios, que impiden medir los gastos reales, dado que prima la medición en valores de uso (unidades físicas) y no en valores, por lo que el imperativo de la calidad se pierde y los incentivos para alcanzarla se diluyen en precios arbitrarios y reconocimientos morales que no siempre ejemplifican justicia social, ya por los resultados o por las formas como los crean. El modelo niega, por tanto, las relaciones monetarias - mercantiles; les son ajenas por su “naturaleza de clase” y sustituye al mercado como regulador general por la planificación administrativista.

 

El muy polémico problema del mercado en el socialismo, generó múltiples variantes de análisis que, en la mayoría de los casos negaron su posible utilización al condenarlas como “herejía oportunista”. Un estudio objetivo de las sociedades donde se desarrollaban las experiencias nos llevarían a la conclusión de que a estas les era muy difícil sustraerse de las “llamadas deformaciones de mercado” por sus niveles de desarrollo, y que la cuestión radicaba en comprender que el mercado, su ampliación y la propiedad privada pueden ser utilizados. La cuestión es resolver el control consciente del mismo por toda la sociedad, para prevenir las consecuencias de su utilización y encauzarlas en el objetivo propuesto. Por ello, resulta tan determinante seguir muy de cerca los fundamentos propuestos por Lenin en el periodo de la Nueva Política Económica.

 

El plan, en este modelo - a diferencia de la propuesta del líder bolchevique - se elabora de manera centralizada y su ejecución es poco flexible. La economía es dirigida por órdenes directas y por una relación indirecta entre el centro y las unidades de producción, nunca es el resultado de un debate interno de los trabajadores que les permita determinar las grandes opciones socioeconómicas del plan pues el mismo es impuesto de manera jerárquica, ya que responde, en la gran mayoría de los casos, a criterios políticos que legitiman el poder por encima de criterios puramente económicos. Recordemos las estrategias enarboladas por el stalinismo en el período en que se decreta la construcción del socialismo en un solo país y que condujeron, por sus errados principios, a la hambruna generalizadas en todo el territorio soviético e, inclusive, a la práctica en algunos lugares del canibalismo. La política nunca alcanza en este modelo el rango de expresión concentrada de la Economía. En tal sentido alertaba Federico Engels: “La reacción consciente del poder del Estado sobre el desarrollo económico, puede ejecutarse de tres maneras: puede proyectarse en la misma dirección, en cuyo caso éste discurre más deprisa; puede ir en contra de él (...), o puede finalmente, cerrar al desarrollo económico ciertos derroteros y trazarles, imperativamente, otros (...) Pero es evidente que en el segundo y tercer casos el poder político pueden causar grandes daños al desarrollo económico y originar un derroche en masa de fuerza y materia [214].

 

El logro de la coincidencia de la racionalidad económica con la racionalidad social le es ajeno al modelo. La política se comporta como la segunda y tercera manera esbozada por Engels y tiende a fortalecer esta última, dada la supremacía de los criterios políticos, que ante todo, tienen que legitimarse de manera continua lo que origina en la economía una discontinuidad y una serie de bandazos en las decisiones que nada tiene que ver con una racionalidad económica y social. Las diferentes esferas de la sociedad quedan como siervas de los designios del poder y deben, por demás, ayudar a este. El culto a la planificación, su maximalización, es comprensible en tanto que es utilizada para mantener la estabilidad socio - política, para la legitimación y el control de las tensiones sociales. De ahí, que el plan elaborado por el centro sea muy detallado y con poca flexibilidad, lo que impide la incidencia creativa del productor que se convierte en un simple ejecutor, con la consiguiente deformación de sus esferas de valores.

 

El método de desarrollo que se generaliza es el extensivo, es decir, la explotación de los recursos existentes de manera indiscriminada, se relega a la ciencia y a la tecnología con sus patrones de calidad a ciertas esferas priorizadas a los intereses del poder. Tal método, agota los recursos naturales nacionales y malgasta el que le prestan en una suerte de despilfarro, en una economía que, por excesiva centralización, es incontrolable e ingobernable, máxime cuando los índices de medición macro y micro económicos no se ajustan a la realidad y su proceso inversionista es desmesurado, basado en la estrategia del “gigantismo”, expresado en las plantas o industrias de enormes dimensiones, incosteables e improductivas, que en muchas ocasiones no se terminaban de construir en el plazo de 10 a 15 años.

 

El pleno empleo uno de los grandes eslóganes del socialismo europeo, dentro de los marcos de este modelo tal presupuesto origina serias distorsiones en el accionar económico que se evidencian en el plano estructural - laboral donde se emplea una mano de obra adicional que es ociosa desde el punto de vista productivo y que el Estado tiene que subsidiar en forma de salarios sin respaldo en valores.

 

Paralelamente a esto, se produce una escasez de fuerza de trabajo sin desempleo y sobre empleo que es difícil de reorientar, incluso en aquellas esferas que son de interés para el Estado. En este sentido coincidimos con Catherine Samary cuando afirma: “Pleno empleo no significa mejor empleo, ni por lo que hace a la correcta adecuación entre las tareas necesarias y la capacidad para realizarlas, ni por lo que corresponde al justo equilibrio en el reparto del trabajo social entre el conjunto de las ramas de producción.” [215]

 

Esta política ocupacional que no es racional, atenta contra el principio de distribución según el trabajo aportado, dado que prima una tendencia a la homogeneidad en la distribución como evidencia de altos índices de justicia social y no de acuerdo al trabajo. De hecho, la injusticia se extiende hasta las gratuidades, ya que el que sí trabaja, costea con su sudor al que no aporta nada y disfruta de tales privilegios, porque la distribución es macro social y no individual; una distribución que no distingue lo aportado.

 

El hombre no se acostumbra a ser un factor de producción y a trabajar en consecuencia con ello. El proceso de producción se le presenta al individuo como algo ajeno en el mejor de los casos, y en el peor, e íntimamente vinculado a lo anteriormente apuntado, se dedica a sustraer recursos para el mercado negro y obtener ganancias adicionales a su salario que no suple sus necesidades. Y cuando esta conducta se generaliza, los valores han tocado fondo y es muy difícil recuperarlos, entre ellos el de una disciplina consciente respecto al proceso de producción, tan determinante para el fortalecimiento de una sociedad. El hombre nuevo, envuelto en papel de celofán, tal y como lo predestinaba el stalinismo, se convirtió en el Homo Economicus individualista y no le interesaba el destino de su sociedad, sólo su bienestar general. Ni siquiera llega a comprender que ese bienestar general es totalmente superfluo e inconstante.

 

Por otra parte, la política económica mantiene una constante evaluación ética y política del funcionamiento económico que distorsiona el análisis realista del nivel real de las fuerzas productivas y dificulta la elaboración de una política económica que potencie su desarrollo, por lo que prevalecen criterios de exigencia por los resultados productivos independientemente de su costo y organización más eficiente del trabajo. En la dirección económica además, se impone un estilo burocrático, y las funciones son realizadas por burócratas, que en muchos casos, desconocen la realidad de lo que intentan planificar. Esta desnaturalización burocrática del proceso no garantiza el tránsito de la estatalización a la propiedad social, a un control efectivo por parte de toda la sociedad, sino que propende al dominio del todo por parte de una minoría especializada. Lo que origina, el que la toma de decisiones sea siempre un producto de esa minoría, y por tanto, esto es uno de los aspectos que más atrofia a este intento socialista entre otros muchos vinculados a él que inciden en tal estado de cosas.

 

Este modelo obtiene ciertos resultados al inicio del proceso de reconstrucción, pero a la larga no garantiza la reproducción ampliada de las relaciones económicas socialistas, sino que genera, a largo plazo, la disminución de la tasa de crecimiento de la Renta Nacional y la productividad del trabajo más un aumento de los costos. La actividad que desarrollan los hombres en la esfera económica no ha eliminado la enajenación y se hace acompañar de otros vicios y prácticas que no resuelven el conflicto histórico hombre - naturaleza y hombre - hombre. Al menos esta experiencia histórica no lo logra, con lo cual se aborta el proceso iniciado en 1917.

 

ACÁPITE III – LA ESFERA ESPIRITUAL.

                                              PARTURIUNT MONTES, NASCETUR RIDICULIS MUS.[XXXIII]  

 

El diseño espiritual del modelo Stalinista, es el  Absolutismo Ideológico “Marxista - Leninista”, que tiene como objetivo uniformar el pensamiento, la actividad humana y legitimar el poder, dado que no existe valor supremo o verdad que disienta de la enarbolada por el sistema y en especial de la de sus representantes. En esencia, le castra al Marxismo su condición de subversión de la realidad, incluso de una realidad “socialista” deformada o pujante, que exige creatividad e incidencia del hombre concreto, que debe ser hacedor natural, y no la de un Estado que se sitúa por encima y por fuera de su alcance. Esto vuelve a situar a la sociedad con mayúscula, bajo los designios de un Estado máximo subordinando y esclavizando al individuo, único en su diversidad, a una homogeneidad que pisotea su dignidad y lo reduce a la nada, “(...) a un mínimo preconcebido, (...) un estándar definido, limitado”.[216]  

 

El stalinismo no permitió oposición a sus designios en ninguno de los campos de la actividad humana; los campos de trabajo forzados que se diseminaron por el país fueron un fiel reflejo de una condena a toda creatividad del hombre. Pero a esos lugares de penitencia no sólo iban a parar aquellos que se oponían abierta o discretamente al orden imperante, sino también, hombres simples que por desconocimiento rompían los medios de trabajo o no aceptaban un cambio radical en su modo de vida como lo significó la colectivización forzada. Una mirada a la literatura escrita sobre la época ilustraría con muchos más ejemplos la magnitud del atentado stalinista contra la sociedad desde el punto de vista del desarrollo del individuo en especial, y de la sociedad en general; pensemos en “El Maestro y Margarita”, “El Archipiélago GULAG”, “El Doctor Zhivago”, la poesía de Ana Ajmatova o, la obra del propio Mijail Bulgakov entre otras que recrean el impacto a corto y largo plazo en la sociedad que experimentó tal transición.

 

El absolutismo “Marxista - Leninista”, ese que se divorcia del verdadero Marxismo e intenta utilizarlo para sus fines, no libera al hombre de su histórica esclavitud, sino que lo somete a una nueva dependencia. “Todo lo que eres se lo debes al sistema” y, por inferencia directa, al liderazgo político, lo que origina en el individuo un sentimiento de frustración con relación a sus capacidades y a su esfuerzo personal, una suerte de culpa y auto condena cuando disiente de los postulados oficiales, y una confusión total hasta que no logra zafar sus cadenas, defender su libertad y vivir sin hipocresía. El Absolutismo “Marxista – Leninista” no consulta con su pueblo la toma de decisiones más elemental e insignificante, por el contrario presume de la ausencia de ese aspecto tan fundamental para legitimarse, y se considera en condiciones de determinar la orientación y el sentido de la vida de los hombres bajo su mandato. La omnipotencia de su poder lo sitúa a mucha distancia de aquellos a quienes gobierna. Recuérdese como durante 14 años, Stalin no convocó a Congresos del Partido; incluso después de la guerra el Comité Central dejó de funcionar como un organismo colectivo de dirección. Muchos problemas de importancia determinante eran resueltos personalmente por Stalin sin contar con nadie, desdeñando así, la democracia socialista y los estatutos que la regían. Desde luego, no podemos aceptar el criterio de que las circunstancias de guerra eran las causales de tales prácticas opuestas a la disciplina y a las normas partidistas. Lenin, en su momento histórico, supo enfrentar desafíos de gran envergadura, ante todo, sobre la base del respeto irrestricto a los postulados que regían el funcionamiento del Soviets y el Partido, así como, el funcionamiento de la organización proletaria mundial que puntualmente se reunía cada año a pesar de las difíciles situaciones en que desempeñaba su labor.

 

Es por ello, que la aseveración de Carlos Marx en sus “Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 sirven de marco propicio para la comprensión de los destinos de tal experiencia histórica de corte socialista: “...Un ser sólo se considera independiente cuando se para sobre sus propios pies, y solo se yergue sobre sus propios pies cuando debe su existencia a sí mismo. El hombre que vive gracias a otro se considera a sí mismo como ser dependiente. Pero yo vivo por entero gracias a otro si le debo no sólo el sustento de mi vida, sino, que además, él ha creado mi vida; si él es la fuente de mi vida; y si no es de mi propia creación, mi vida tiene necesariamente una fuente de esta especie fuera de ella”. [217]

Este tipo de diseño espiritual, enraíza la dependencia, trastorna las emociones, los conocimientos, las valoraciones, las orientaciones, las normas, las convicciones y por ende, la posición ante la vida, la actividad que ese hombre concreto realiza y que no es suya, es de otro u otros, ya que él que no participa en la creación del proyecto de vida difícilmente puede comprometerse con él, y si lo hace, es por que no piensa o ha dejado de pensar. A lo que nos referimos es a la pérdida de identidad total que el modelo genera y que tiene un fondo gnoseológico. No son simples deformaciones, es un tipo de mal congénito que se aviene al diseño político y económico y que, dado sus objetivos, no tiene otra forma de existir.

El modelo acuña el deber y excluye el derecho o sólo lo considera formalmente, por lo que el hombre pierde el equilibrio entre lo que debe aportar y lo que debe recibir en la cantidad y la calidad que le corresponde; se convierte en un siervo del deber y en un infeliz sin derechos individuales. Y se afirma esto, porque las grandes soluciones de problemas macro sociales, no puede ser indicadores de su solución a nivel micro social; esto exige una atención especial y un planteamiento del problema en los términos que se precisan: los humanos, sólo así se pueden rescatar la herencia Marxista en toda su dimensión.

 

La conversión del Marxismo-Leninismo en ideología oficial, en doctrina que justifica los actos del poder político, determinó y determina su crisis en el pasado y presente siglo. La ciencia se convirtió en la cenicienta del proceso y jamás apareció el hada madrina para salvarla de su suerte, de su empobrecimiento, de su amordazamiento y de su condición de fregona, la cual debía eliminar con ahínco y con la fuerza de “la razón de clase” los errores y los tiznes que disminuían el brillo del poder. Diseñada la ideología para justificar y legitimar los actos en política, era imposible su desarrollo libre en oposición a un desarrollo pautado y vulgarizado, por lo que era incapaz de dar respuesta a los retos de un mundo cambiante y a las realidades nacionales, que muchas veces desbordaba por sorpresa las expectativas esperadas, y a las que se veían obligados a responder muchas veces a manera de bomberos: hoy apagando un fuego aquí, mañana allá, pero nunca logrando prevenir la magnitud del incendio que se gestaba. La ciencia fue olvidada y su función de pronóstico sobre la base a estudios reales y verdaderos se desarticuló, dando paso así, a un sistema que sólo elabora presupuestos teóricos a una práctica determinada. Es por eso, que a la burocracia stalinista es considerada en este estudio como una práctica política en ausencia total de teoría política. Son concepciones elaboradas para salir del paso, y sobre todo, justificar el poder como se ha apuntado antes.

 

En este reino de lo absoluto, sólo algunos elementos de la intelectualidad y los artistas se convierten en eco y voz de la sociedad civil reprimida espiritualmente y proscrita totalmente. Es por ello, que estos sectores sociales reciben un trato especial en el seguimiento de sus conductas y son excomulgados al más mínimo desliz o desobediencia; el exilio, la prisión, o el ostracismo son las únicas alternativas a la disidencia o a la práctica de una crítica consecuente.

 

La perniciosa droga de “la razón de clase” se convierte en la base del absoluto reinante y en “legítima” lógica del poder, que propone una vida cenobítica y de abstinencia, avalando la mesiánica idea del sacrificio constante para un futuro luminoso, que se prolonga y aleja de década en década, pero que se alimenta constantemente con la propaganda directa acerca de las potencialidades sobrenaturales del liderazgo para resolverlas. La solución siempre está fuera de las masas, y la mejor solución sólo pueden darla los que están “capacitados y dotados” para ello. El secreto de Estado, la fiebre del secretismo, constituye un mecanismo de exclusión social de las mayorías; las masas sólo cuentan en la formal falacia democrática, la que por demás, está predestinada a santificar la decisión vertical tomada a priori.

 

Los medios de comunicación masiva son propiedad del Estado y se instituyen como apéndices del Partido Comunista, operan bajo sus directivas y consignas, a la vez que relegan paulatinamente la importancia de las ideas y su polémica, en tanto optan por la difusión de sucesos. Así la función crítica discurre de manera lineal y simplemente al antojo del objetivo de turno, y la continuidad de un pensamiento polémico se extingue. La pérdida de la libertad de prensa, potencia la pérdida de toda libertad, y la libertad en el ejercicio de la comunicación influye no sólo en el orden individual y nacional, sino en la comunicación con otros pueblos para los que aquella realidad socialista era una cortina impenetrable que protegía su “integridad”, quedando como extranjeros y ajenos a la dinámica del mundo. Sólo se “comprendían” a sí mismos y sólo tenía sentido quien los ensalzaba, sólo tenía valor quien los veneraba. La dinámica mundial y la interna no eran consideradas por la prensa. La realidad era sustituida por la publicación de atentados sorprendentes, por el desenmascaramiento de agentes del imperialismo internacional, enemigos del pueblo y por los éxitos alcanzados en todas las esferas; también por cifras muchas veces alteradas o incorrectamente medidas por los resortes económicos con que se contaba; pero los problemas concretos que el pueblo necesitaba conocer para participar activamente en la vida del multinacional Estado no se conocían ni se convocaba a una reflexión colectiva en torno a ellos.

 

Con relación a esta problemática de la comunicación y los medios para hacerla efectiva, planteaba Raúl Roa en su intervención en la Conferencia Interamericana por la Libertad de la Cultura: “Las instituciones culturales son casi apéndices de partidos totalitarios, o del régimen imperante, y laboran generalmente, bajo su directiva y consignas, (...) en los gobiernos dictatoriales, las actividades que denominan culturales son dirigidas, controladas y usufructuadas al estilo nazi, falangista o soviético.

 

Cuando los canales de la expresión de la cultura no están siempre abiertos a la libertad, pueden fácilmente pervertirse y transformarse en medios de dominación psicológica, política y social. En Rusia, fuera del Politburó, todo el mundo es diente de rueda y, en Estados Unidos, no puede trabajarse en física nuclear, a menos que se preste absoluta adhesión a la política del gobierno”. [218]

 

Roa enfrenta las consecuencias nefastas de la manipulación y ocultamiento de la información en ambos sistemas destacando, ante todo, el aislamiento a que es sometido el individuo en los mismos, lo que deriva en una imposibilidad de organizarse para poder enfrentar esa realidad que atenta contra su propia naturaleza humana.

 

La educación y formación profesional se encuentra totalmente ideologizada, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y Exactas no tienen independencia propia. En ellas debe aparecer de mil maneras, el valor ideológico, que puede hasta tomar cuerpo en un problema de Matemática o en una clase de Biología; su existencia y logro se debe a algo fuera y extraterrena de la Ciencia, sin contar que las Ciencias Sociales en general son las más afectadas, y estancadas en un credo doctrinal que abruma para su comprensión y posible desarrollo. Los métodos de educación son esencialmente memorísticos, aún y cuando por doquier se llama a la creatividad. Priman criterios cuantitativos por encima de los cualitativos; el síndrome de la justicia social nubla toda posibilidad de análisis realistas al micro nivel, y la especialización y la atención diferenciada son verdades de puertas afuera, por lo que los índices generales dan resultados poco confiables.

 

El problema de la calidad se deja sólo a sectores priorizados que, de suyo, se convierten en privilegiados a los efectos de las mayorías. Esto no excluye el avance alcanzado por la sociedad soviética en la esfera educacional atendiendo para tal afirmación a las circunstancias que existían antes del triunfo de 1917, pero, si somos consecuentes con las propias tareas culturales propuestas por V. I. Lenin, la cuestión no sólo radicaba en alfabetizar, en instruir; el socialismo precisaba de un hombre culto, conocedor de la herencia anterior, de la tecnología moderna y en condiciones de hacer balance realista de los procesos sociales, lo que implicaba, por tanto, una participación activa en todo el proceso, no sólo en la ejecución de las tareas, sino en la dirección del proceso desde las posiciones más avanzadas y en condiciones de decidir sobre la base de la ejecutividad y responsabilidad ante los diferentes asuntos que exigían su atención, y con una constante creatividad como motivo interno.

 

Y ya es conocido cuantas cuestiones fueron consideradas por el liderazgo político como innecesarias de saber por las masas, inclusive de la propia historia de construcción socialista; cuán descontextualizada fue la obra de su máximo líder; cuán absurdo era el enclaustramiento a que se sometía la sociedad impidiendo entender lo que sucedía en el mundo de su época, y no olvidamos el cerco imperialista, pero existían muchas formas de aislar al hombre soviético psicológicamente del entorno mundial dentro del marco de la llamada agudización de la lucha de clases en el socialismo, recuérdese cuántas personas fueron acusadas de cosmopolitismo y de desviaciones pequeño burguesas por intentar penetrar en los cambios que se sucedían en el mundo. Se producía, pues, una cortina y auto cortina de hierro, la primera generada por Occidente con el objetivo de asfixiar al país y la segunda por el propio sistema que impedía todo contacto con el exterior, en particular, para impedir comparaciones molestas al poder stalinista en relación con el mundo que se organizaba dentro de la Unión Soviética y fuera de ella.

 

Otro problema que no puede perderse de vista son los privilegios. Estos constituyen un factor de explotación y exclusión social y, aunque se trate de explicar “científicamente” su existencia, son catalizadores de conflictos, odios y enfrentamientos sociales. Así, mientras pueden mantenerse en silencio, se mantienen, y cuando empiezan a aparecer las ronchas en la epidermis social, se les enmascara. Es una suerte de confabulación entre el poder y los sectores privilegiados, y una defensa de intereses mutuos que nada tiene de diferente del que se ha conocido en otros movimientos históricos, pero que a los efectos del socialismo, que al decir Marxista persigue la eliminación de la desenajenación sucesiva de los individuos, es en extremo perjudicial para dicho proceso.

 

A lo largo de su confirmación, el diseño espiritual va generando, inevitablemente, un sentimiento antiestatista que deviene en convicción antiestatista y que, generalmente, se presenta como apatía, neutralidad política o doble moral. Todas las manifestaciones antiestatistas no son más que un acomodo para sobrevivir ante un mundo que se organiza en evidente oposición a lo individual, a lo diferente y a lo universal.  Lo dramático de éstas dobleces y abandono de lo auténtico es cuando, por la fuerza de la costumbre, se imponen y dominan en todos los aspectos de la vida del individuo, calando a sus relaciones interpersonales privadas o públicas lo que conduce a que la vida de estos ciudadanos sea un verdadero infierno al no poder determinar él yo, y él sin rostros.

 

Los hombres sin rostro se multiplican en la medida en que el rasero de lo individual es valorado por la fidelidad incondicional y la entrega en la defensa del sistema. Los mecanismos de delegación de poder que se presentaron primero de manera natural en la experiencia soviética, por la fuerza de la costumbre y del ejercicio de la modalidad stalinista, culminaron con el desmantelamiento del poder social que intentó abrirse paso luego del octubre de 1917. Esto condujo paulatinamente a la apatía política primero, y a la indiferencia acerca de lo que en materia de participación acontecía como segundo momento de su evolución. Así, el individuo concreto enmascaró sus verdaderas opiniones y la posibilidad de hacerse sentir como verdadero actor; con ello el proceso de aprendizaje político, la escuela de la vida política que se presuponía aconteciese en la transición al socialismo desaparece, dando paso a la consolidación del dominio de la burocracia de corte stalinista.

 

Todas estas situaciones se convierten, a los efectos de los individuos vinculados al poder, en un elemento utilitario para formarse, desarrollarse, ocupar cargos o viajar al extranjero avanzada la experiencia -pudiéramos decir sobre los años sesenta-, por lo que la base social sobre la que se asienta el poder nunca es representativo de cimientos firmes capaces de garantizar una edificación sólida. El mimetismo es la respuesta humana a la organización espiritual de esta sociedad, y el mimetismo es su peor enemigo, ya que incuba, en el mejor de los casos, la fuente de cambio; y en el peor, la risa, el acomodo, y la utilización del sistema para fines propios bien preconcebidos. Esto es natural en un accionar político administrativista donde se crean cargos para hombres y no hombres para cargos, con lo cual se pierde en todo sentido la ejecutividad y capacidad para desempeñarlos. Esto, sin olvidar los riesgos que corren los miembros del gobierno a los diferentes niveles, pautado generalmente por los vaivenes que se verifican en el ejercicio estratégico político.

La familia y el colectivo son subordinados a la sociedad, empobreciendo su desarrollo autónomo y originando, en muchos casos, discrepancias políticas que se resuelven, generalmente, sacrificando el aspecto filial, en aras de símbolos e ideas que nada tienen en común con lo universal. No tiende a respetarse por demás, el criterio en minoría, ni aceptarse una discusión franca; lo absoluto es incuestionable y nada es comparable con su significado. El amor deja de estar de moda y la bondad en desuso; el sueño es una modalidad burguesa y las aspiraciones individuales son un abuso.

 

El arte en sus diferentes modalidades ha de reflejar las bases ideológicas del poder para divulgarse. La tradición, la herencia cultural y la memoria histórica, se colocan en función de los objetivos inmediatos; como consecuencia, se estanca y se deforma el significado histórico, justificándose el presente con el pasado histórico, cuando no-queda nada que validar, nada que ofrecer.

 

Uno de los más terribles golpes asestados a la condición humana fueron los campos de concentración o de trabajo forzado, las deportaciones masivas en el proceso de rusificación de la periferia, los asesinatos en nombre de una justicia falsa y de una voluntad de hiena trascienden su momento histórico e instan a un esclarecimiento perenne de sus causas. Las miserias y precariedades, las bajezas y las muertes por hambre, sed y frío; las humillaciones y las indignidades calaron y marcaron a los seres que vivieron esta experiencia, víctimas directas para bien del poder, de la falta de comunicación y de conocimiento incluso local, que impedía explicarse por sí mismos la naturaleza de tanta vileza y orfandad. Sólo simples murmuraciones podían dar vuelo a la imaginación, pero la magnitud del dolor individual ante cada golpe asestado por un poder ciego y sin “nombre”, era desconocida por él todo y por la individualidad social. Es como si las arterias que intervinculan a toda sociedad en su auto conocimiento hubiesen dejado de existir o se encontrasen bloqueadas, para ser sustituidas por el flujo unidireccional de una fuente que les es ajena y que les aísla de su propia naturaleza social. El martirio del absoluto cobró vida y trastornó el espíritu convirtiéndolo en mendigo de su propia existencia; seres sin voluntad con una absoluta vaguedad de ideas y alternativas fue el resultado del desarme total de la condición humana y el pasto propicio para que otros les utilizaran con vagas y absurdas promesas.

 

El absoluto como divisa del poder volvió a imponerse, originando una sociedad cerrada, cuya estructura se articula de manera tribal sobre la base de la creencia en tabúes mágicos, que primitivizan todo contacto social. Las consecuencias en sociedades con una herencia de precariedades para las mayorías y de relativos y cuestionables resultados cuantitativos en el plano de la instrucción popular, ahondó aún más las desigualdades y no condujo al alcance de una nueva cualidad y calidad de la vida, a saber: la humana.

 

VITAM IMPENDERE VERO.[XXXIV]  

 

El capítulo, “El Diseño y su Evaluación”, muestran la deformación del Primer Estado de Obreros y Campesinos tanto en política doméstica como exterior, y las terribles consecuencias para al Movimiento Obrero y Comunista Internacional dividido y confundido por oportunistas de toda laya.

 

La total oposición entre la Política Exterior Leninista y la Stalinista son claramente constatables cuando repasamos un pasaje del decreto de Paz expuesto por Lenin en el Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia cuando expresaba: “El gobierno pone fin la diplomacia secreta, manifestando su firme resolución de llevar todas las negociaciones a la luz del día, ante el pueblo entero, procediendo inmediatamente a la publicación íntegra de los tratados secretos, ratificados o concertados por el gobierno de los terratenientes y capitalistas, desde febrero hasta el 25 de octubre de 1917. Declara absoluta e inmediatamente anuladas todas las cláusulas de esos tratados secretos, puesto que en la mayoría de los casos tienden a proporcionar ventajas y privilegios a los terratenientes y a los capitalistas rusos y a mantener o aumentar las anexiones de los rusos. (...) nosotros estamos en contra de la diplomacia secreta y actuaremos a la luz del día, ante todo el pueblo”. [219]

 

El stalinismo sustituyó la política exterior limpia, transparente y de principios del bolchevismo por su antítesis, y de ahí su imposibilidad de un actuar socialista consecuente. Las masas, ajenas a los manejos internacionales de sus gobernantes, eran utilizadas como telón de fondo de sus decisiones, como si participasen activamente en unos rejuegos políticos que le eran ajenos por su propia naturaleza. Más cruel aún se nos presenta el stalinismo que comprometía a su pueblo, al menos en el supuesto consenso de su toma de decisiones a escala internacional. No estamos en presencia de un simple problema de manipulación política por parte del Estado, sino de comprometer a toda una opción social con un proyecto que le era desconocido y que dicha dirección de gobierno lo acuñaba abiertamente como de todos. La confusión fue su primer síntoma de respuesta y la condena resuelta su más importante significado para el mundo progresista que se debate entre el necesario balance y la protesta justa.

 

 

 FINIS CORONAT OPUS.[XXXV]    

 

 

TERCERA PARTE.

“DEL DISEÑO A LA PRÁCTICA”.

Lasciate ogni speranza, voi ch’ entrate.[XXXVI]   

 

El desarrollo histórico alcanzado por los disímiles países que conforman la Europa Oriental y Central hasta la altura de 1945, no muestra ningún fundamento económico, político, social y espiritual, para un desarrollo o intento socialista rápido después de la contienda bélica. La autora de este examen es de la consideración que las posibilidades descansaban en instrumentar un período democrático popular con una duración marcada por las especificidades propias del desarrollo de cada país, y en el caso que fuese posible y por la solidez alcanzada en el proceso democrático se avanzase a una senda socialista, la cual no sería posible sin un camino bien andado en la restauración de los derechos y los valores patrios, libre de la injerencia foránea y como resultado de una evolución histórica en que se rescatase al individuo, al sujeto, de su alineación histórica.

   

Es del criterio además, de que el socialismo podía ser una alternativa para estos pueblos, pero no inmediato, ni importado por la presencia de fuerzas externas y, menos aún, en su versión deformada. Estas son  cuestiones muy concretas que la propia experiencia confirmó. Por un lado, por el apoyo con que los comunistas contaban de manera palpable no sólo en algunos de estos países sino también en Europa como resultado de su actuación consecuente en el transcurso de la guerra y, por otro, porque los métodos específicos adoptados para adelantar una transición socialista en estos países reprodujo las mismas imperfecciones del stalinista, el cual estableció una suerte de dependencia que afectaba la soberanía y la independencia de los mismos.

 

Predominaba en la región un bajo desarrollo económico, político y espiritual; las secuelas de formas precapitalistas de producción acentuaba las precarias condiciones de vida; la difusión del Marxismo se había visto afectada por la deformación stalinista y su influencia en el Movimiento Obrero y Comunista en la región y hacia el interior de los Partidos Comunistas y Socialistas existentes, era palpable además, una falta de unidad de acción en las cuestiones políticas e ideológicas del movimiento en general y dentro de cada pueblo en particular.

 

Las terribles secuelas que las confrontaciones mundiales habían dejado en esta región demandaban de una nueva reorganización de sus sociedades, la cual potenciara su reconstrucción y garantizara su desarrollo. Las posibilidades para alcanzar este empeño, exigían una participación activa de todas sus clases y grupos sociales y nacionalidades. La debilidad congénita y dependiente de sus actores políticos para articular un proyecto social y nacional autóctono[220], sentaban las bases para que las redes imperiales de los aliados que ya se tendían sobre estos pueblos, les aprisionasen e impusiesen derroteros ajenos a la naturaleza social de los mismos.

 

La participación soviética en la liberación de estos pueblos había sido decisiva aunque diferente en su magnitud y significado. Para Yugoslavia, la participación del movimiento político-militar encabezado por J. B. Tito determinó un triunfo independiente sobre el fascismo y con poca participación de las tropas soviéticas. Esto opera de igual manera en Albania, para la cual el movimiento yugoslavo fue determinante, al sentar las bases de la dependencia albanesa respecto a Yugoslavia, al menos en los primeros años.

 

En el caso de Bulgaria, el movimiento encabezado por J. Dimitrov, determinó una victoria militar independiente, con cierta ayuda de las tropas soviéticas, aunque los estrechos vínculos históricos gestados en la III Internacional condicionaron una dependencia político-ideológica hacia la URSS desde su emancipación misma.

 

Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y los territorios que más tarde conformaron la RDA (República Democrática Alemana), fueron liberados y ocupados por las tropas soviéticas. Esto no significa que las resistencias en dichos países en mayor o menor medida no desempeñasen un papel activo en los respectivos pueblos; de hecho existieron y fueron un factor de oposición importante. Sin embargo, en la cuestión militar y política, destrucción del poder alemán, los soviéticos determinaron el éxito.[221]

 

Estas cuestiones estratégico-militares establecieron definiciones a priori en cuanto a las relaciones Unión Soviética - Europa Oriental y Central, pero si se dirige una mirada retrospectiva en cuanto a las relaciones históricas de la Rusia Zarista y después del Poder Soviético en el período stalinista con estos pueblos antes de 1945, podemos afirmar que, de hecho, eran poco favorables para los vínculos estrechos que la Burocracia Estatal Soviética pretendía establecer en esta zona del mundo.[222]

 

Los pasos dados por la URSS en la antesala y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, sentaron las bases para una oposición psicológica - social de gran magnitud ante las componendas de Stalin – Hitler, o de Stalin – Churchil - Roossvelt, en detrimento de su condición de pueblos libres. Entre los hechos más significativos se encuentra, el Pacto germano – soviético, con su protocolo secreto en 1939, que abrió la ofensiva alemana sobre Europa Central y los Balcanes, así como el cuarto reparto de Polonia. Unido a esto, la política stalinista contra la Socialdemocracia, su comportamiento nada ético con la indiscutible autoridad de las resistencias de estos pueblos a las que Stalin intentó, y de hecho casi logró, poner en función de sus objetivos estratégicos militares y políticos; la masacre de Katin en 1943 y los problemas originados en torno a su esclarecimiento; y por el reparto de esta zona del mundo concebido en el acuerdo secreto Churchill - Stalin de octubre de 1944, al que muchos historiadores hacen referencia, y que proponía la siguiente distribución:

 

Rumania – (90 % a la URSS, 10 % Inglaterra)

Grecia – (90 % Inglaterra, 10 % URSS)

Yugoslavia – (50 % URSS, 50 % Inglaterra)

Hungría – (50 % URSS, 50 % Inglaterra)

Bulgaria – (75 % URSS, 25 % Inglaterra) [223]

 

El mapa político era modificado según las apetencias y correlación de fuerzas presentes en los conflictos; la resultante: la subordinación y absorción de estos países por el vencedor en medio de una cruda oposición y fuerte lucha entre ocupantes y ocupados.

 

La resistencia a la permanencia soviética en el enclave europeo oriental y central se presenta de manera heterogénea, atendiendo a las relaciones históricas anteriormente descritas antes de la guerra y en el transcurso de la misma. A pesar de  ello, el resultado de las acciones armadas determinó la legitimación para el poder stalinista, que ahora se presenta como el emancipador de dichos pueblos del fascismo.

 

Es importante volver sobre este asunto de la legitimación que, en el caso sobre el que se reflexiona, se presenta de manera ambigua, ya que aún existiendo cuestiones que limitaron la soberanía de los pueblos de esta zona del mundo con relación a la URSS, existen elementos objetivos, asociados entre otros aspectos, a la inestabilidad política de estos territorios producto de las históricas pugnas por la dominación de los mismos por distintas potencias europeas y entre ellos mismos y las alianzas que se concebían desde el poder en el de cursar de su desarrollo; a lo que se unen elementos de orden psicológico asociados a las urgentes necesidades de una paz sólida y duradera que garantizase la vida de los actores políticos presentes en la experiencia y que han experimentado las angustias y consecuencias de dos guerras mundiales, la fatiga y el cansancio, demandan de una nueva actividad que creara y fundara una vida libre de tensiones y conflictos, máxime cuando aún la dominación stalinista y sus modos peculiares no eran totalmente conocidos para oponerse a priori a los mismos; y no podemos olvidar por último, a las propias capacidades del poder burocrático soviético para mostrar una imagen cualitativamente nueva de hegemonía que vela por la seguridad y se hace depositaria de la misma, y esto hace que el poder se presente como fundado, puesto que brinda a esas naciones la posibilidad de construir un espacio custodiado por el Kremlin para las poblaciones existentes, ya que son protegidas sus fronteras frente a Occidente, lo que nos devela así, una especie de dominación consentida. Se recalca que esto no se presenta de igual manera para todos los países, muchos de ellos ofrecieron una gran resistencia a la sovietización que se intentaba imponer; pero este fenómeno se evidencia como un proceso paulatino en el transcurso del período que se analiza.

 

Timeo Danaos et dona ferentes.[XXXVII]    

 

La Política Exterior Stalinista para esta parte del mundo y los pasos dados para garantizarla, se justificaban teóricamente con la “Posibilidad del Triunfo del Socialismo en una Zona del Mundo”, articulando un diseño nada usual de “revolución y conquista” al decir de I. Deutscher, una revolución desde fuera y desde arriba, con su consiguiente auto cortina de hierro como método absolutista de dominación, garantizada sin lugar a dudas, por la presencia militar y civil de los soviéticos (conquista y asentamiento), una suerte de revitalización de los consejos de Maquiavelo a los gobernantes en su obra “El Príncipe”.

 

Esta Política Exterior sentaba, como primeros pasos, resolver los problemas territoriales dentro de su esfera de influencias; atar económicamente en un principio a las naciones aliadas del fascismo (Bulgaria, Hungría, Rumania y la Alemania ocupada) mediante los pesados fardos de las remuneraciones y la manutención del ejército rojo; subordinar al resto de los países mediante la famosa ayuda solidaria, y desarticular a toda oposición política contra los soviéticos y sus partidarios en estos pueblos. La solución de los eternos problemas fronterizos originó a la diplomacia soviética serias dificultades ya que cada uno de los “nuevos aliados” en Europa Oriental y Central reclamaban atención sobre esta histórica situación en el que todos se veían envueltos, por las determinaciones en muchos casos ajenas a los intereses de los pueblos.

 

Desde el punto de vista territorial, Polonia se reduce en un 20 %; Checoslovaquia pierde la Rutenia subcarpática y más de 3 000 000 de habitantes; Hungría se queda cono un territorio igual al de 1937; Rumania pierde un quinto de su superficie y el 22 % de su población; Bulgaria se incrementa con Dobrudja meridional; Yugoslavia se incrementa con la Venecia Julia, con Fiume y las islas del Adriático; y la RDA surge como un nuevo producto geográfico de la pugna de las potencias vencedoras. Algunas de estas determinaciones variaron ligeramente con el de cursar del tiempo pero al término de la guerra quedaron así. [224]

 

El mosaico de complicaciones territoriales, étnicas y nacionales es “resuelto” de acuerdo a las negociaciones sucesivas que se van dando entre los gobiernos que van surgiendo y la diplomacia soviética, donde, de vez en cuando, la decisión se decretó como ultimátum. Estos problemas históricos, jamás solucionados, se recrudecen aún más con las nuevas formas de control social discriminatorio que los nacientes Estados estipulan para el dominio de las minorías.

 

La paz Leninista sin “anexiones ni indemnizaciones”, fue totalmente olvidada en la mesa de negociaciones posbélica. Se les impuso a estos pueblos desangrados pesadas y onerosas remuneraciones; Bulgaria, Hungría y Rumania tuvieron que pagar por concepto de reparaciones de guerra 300 millones de dólares cada una, entregar además a los soviéticos todos los bienes alemanes existentes en cada país y mantener al Ejército Rojo de ocupación. Alemania tuvo que pagar 10 mil millones de dólares a sus ocupantes a título de reparaciones más 1/3  de su capacidad industrial que fue asumida por los soviéticos en la administración de las llamadas sociedades anónimas en su zona de influencia. Estas abarcaban las siguientes esferas: metalurgia, construcciones mecánicas, minas, electricidad, industria, óptica y química entre otras.[225]

 

El sistema de empresas mixtas y sociedades anónimas se extendió también a Bulgaria, Hungría y Rumania, aunque el principio de su funcionamiento estuvo presente en todos los países del área.  Estas sociedades se encontraban libres de impuestos, de derechos de aduana; tenían disposiciones especiales que las protegían del déficit; prioridad para conseguir divisas fuertes y ser servidas a tiempo y en forma. Eran dirigidas y organizadas por los propios soviéticos que, poco a poco, se fueron asentando en las localidades de producción. La apropiación por concepto de sociedad mixta abarca, además de los valores, los créditos de las antiguas sociedades alemanas, así como las deudas que eran de gran valor. El caso de Rumania exige una mayor atención, dada la explotación indiscriminada del petróleo, la madera y la de prácticamente todas sus esferas incluyendo la marítima y la aérea. Casi se asumió la dirección económica del país, incluso antes de lograr y garantizar el dominio político. En el caso polaco, también encontramos ejemplos similares al ser obligados a vender su carbón obligatoriamente a la URSS a un precio 10 veces menores que el mundial lo cual originó serios déficit a este sector productivo. Los resultados no se hacen esperar. Hungría y Rumania son las más afectadas y la inflación fue la mayor en la historia mundial hasta ese  momento. En 1946 Hungría llega a entregar a la URSS el 65% de su producción total, por lo que su situación económica es muy precaria.[226]

 

Los resultados de esta política desenfrenada de ocupación y dominio económico no eran casuales; la URSS necesitaba tener bien sujetas las riendas de la base económica, para que los objetivos políticos se consolidasen sobre un fundamento de relaciones económicas esperado. Es por eso que se avanza mucho más rápido en la dependencia material, para que la sujeción política y espiritual pareciera mucho más natural, como el resultado de una “ayuda fraterna y solidaria” a las naciones recién liberadas del fascismo. La realidad de la nueva dependencia se “disfraza” tras un manto poco convincente, pero la dirección económica en manos de los nuevos ocupantes tuvo que ser tolerada por todos, excluyendo a Yugoslavia que solo aceptó especialistas civiles y no militares. El supuesto del paso de las propiedades alemanas y de sus aliados al pueblo mediante el Estado (el infalible mediador), no fue más que el paso de manos alemanas a soviéticas, o a fieles servidores de los libertadores. La supuesta propiedad social sufría una doble enajenación, la del individuo respecto al Estado y la de él Estado respecto a otra nación.

 

La eliminación de la oposición política, como último aspecto de lo que pudiéramos llamar, pasos preliminares de la estrategia política general, transcurrió en medio de fuertes y enconados combates de clases de los que no estuvo exento todo el proceso en general; por lo que la oposición a la absorción soviética es una condición latente que jamás abandonó estos pueblos, pero que presentó matices más fuertes o más débiles según se daba la experiencia. Nosotros podemos considerar que este primer paso elimina la oposición política de partidos y grupos sociales dentro de los gobiernos elegidos “democráticamente”. Se logra, sin lugar a dudas, ya para la altura de finales de 1947 en todos estos pueblos, lo que prepara el terreno al gran viraje general de 1948.

 

El ideal socialista era bastante popular en Yugoslavia, Bulgaria y Checoslovaquia que habían mantenido siempre relaciones cordiales con el poder soviético, pero en el resto de los países o era desconocido o era odiado, por lo que la violencia debía desempeñar su papel y estudiar bien de que medios podían valerse para aplicarla integralmente contando con la efervescencia de participación política que se verificó después del triunfo.

 

Los rasgos de los gobiernos de coalición entre 1945 – 1946 tienen como características fundamentales:

 

1- Los partidos que integraban los gobiernos diferían por sus bases sociales, sus proyectos, objetivos e ideología.

2- Los procesos electorales en muchos de estos países arrojan un saldo favorable a los partidos burgueses y pequeño burgueses, por ejemplo: Hungría y Checoslovaquia.

3- Todos coincidían en un programa inmediato que consistía en:

   -   Depuración y castigo de los elementos fascistas y sus colaboradores.

   - Reformas sociales consistentes en la redistribución de las tierras pertenecientes a los alemanes, a los colaboradores y a los propietarios que habían abandonado el territorio nacional, y control, mediante la nacionalización, de la industria (estatalización). [227]

 

Dentro de los gobiernos de coalición los comunistas eran partidarios de una profundización de las medidas imitando los pasos de la experiencia soviética (avanzar en nacionalización de toda la burguesía y el clero). Esto animaba a algunos sectores, en especial al campesinado, al que los comunistas apoyaban en la entrega de la tierra. En países como Yugoslavia, Albania y Bulgaria las medidas de corte socialista soviético se desarrollaron rápidamente; esto por supuesto garantizado por el indiscutible liderazgo comunista en el ejército de liberación de estos pueblos. Si observamos las primeras estructuras de poder y las figuras que las representaban, se comprueba, cómo líderes y métodos de gestión, de la etapa de guerra pasan a la reconstrucción sobre todo en el sentido de la administración y gestión de Estado, lo que complejiza los vínculos sociales con las direcciones e instituciones que no tenían experiencia en el funcionamiento democrático e institucional, ni incluso de corte burgués. A excepción de Checoslovaquia.

 

Resulta interesante observar como entre los años 1945 – 1947 los Partidos Comunistas de esta área determinan una apertura en cuanto a  la militancia dentro de sus filas cuando permiten la entrada a ella de cuanto simpatizante lo solicitara. Esto recuerda un proceso similar desarrollado por Stalin a partir de 1925, tras el lema de “Promoción Leninista” para que el bolchevismo de tradición y militante quedara en minoría; el crecimiento no se hizo esperar y se comportó así:

 

PAÍS                                   1945                                      1947

CHECOSLOVAQUIA               500 000                               1. 300 000.

POLONIA                             30 000                                   800 000.

RUMANÍA                           Se incrementa hasta                  700 000.

HUNGRÍA                           Se incrementa hasta                  750 000.  [228]

 

Este incremento cuantitativo no fue la consecuencia de una evolución ideológica a las posiciones del “Marxismo - Leninismo”, más bien se encontró influenciado por el entusiasmo, el prestigio ganado por estas organizaciones durante la Guerra, las medidas revolucionarias y el activismo político que caracterizó a las masas en esta etapa, sin descartar a los oportunistas que aprovechaban los éxitos parciales y que estaban a la caza de puestos y posiciones en el momento del reordenamiento político naciente; teniendo en cuenta la poca y mala difusión de la teoría socialista revolucionaria.

 

Las contradicciones presentadas entre las fuerzas antifascistas durante el período bélico se siguen agudizando hasta desembocar en francos enfrentamientos civiles. Debe recordarse el caso de Hungría y Polonia, donde entre 1945 – 1947 fueron lanzados la 15 y 17 divisiones del ejército y la policía en acciones antiguerrilleras con un saldo de varias decenas de miles de muertos.[229]

 

El deterioro interno en los Partidos Burgueses y Pequeño Burgueses se agudiza incluso allí y donde resultaron vencedores en las elecciones, por ejemplo Checoslovaquia y Hungría, los cuales ante el imperativo de las medidas radicales que el pueblo esperaba y que les hacía vacilar en su posición clasista comienzan a retardar su consolidación e incluso tratan de revertir las medidas ya tomadas. Esto les hace perder parte considerable de su base social que pierde la fe en su capacidad de gestión y solución económica sin que el apoyo que la Europa Occidental les prestara tuviese significativo peso y beneficio.

 

La política liberal burguesa pretendía afianzar los postulados de conformación de los gobiernos de coalición ya antes del triunfo eleccionario y la médula de las contradicciones del ala derecha de la burguesía en los parlamentos giraba en torno a la Reforma Agraria, ya que pretendían no materializar la entrega de las tierras a los campesinos y reconvertir el proceso de entrega ya efectuado. En cuanto a la Nacionalización y Estatalización de las industrias de los alemanes y colaboradores que se había logrado intentaban reprivatizarlas y entregarlas a la clase burguesa nacional e incentivar la inversión del capital extranjero (norteamericano, inglés y francés fundamentalmente) para burlar las intenciones soviéticas ya manifiestas, e incorporarse por último a la estrategia del Plan Marshall que ya se delineaba y que les era muy sugestivo. La historia vuelve a demostrar como en la época imperialista la burguesía de la periferia es incapaz de alcanzar el desarrollo capitalista por sí misma, sorteando la dependencia y sin que sus intereses signifiquen un retardo al desarrollo nacional, en especial. El camino al desarrollo con el socialismo que predominaba era incierto, el unicentrismo los colocaba en una posición subordinada con relación a sus posibilidades.

 

La Unión Soviética no era ajena a los manejos políticos y económicos de los gobiernos de coalición con mayoría burguesa y desde los inicios mismos determinó su estrategia de eliminación de la oposición antisoviética, en primer lugar mediante la llamada “Táctica de Salami”, que fue conocida en un documento publicado, en 1952, en la Revista Teórica del Partido Comunista Húngaro en Budapest, “La táctica de salami consiste en separarse de una fracción de la oposición apoyándose sobre otra fracción, la que a su vez, no tarda en correr la misma suerte, la clave del período de frentes patrióticos cuando los comunistas representábamos una pequeña minoría se logra dado el control absoluto de la policía política amparada en el ministerio del interior, ejército y el propio partido (…) era la única institución en la que nos reservábamos la dirección absoluta, rechazando categóricamente compartirla con los otros partidos de la coalición según la proporción  de nuestras fuerzas respectivas [230]. La táctica de salami era un añejo recurso político stalinista, que se utilizó en la etapa de destrucción de la vieja guardia bolchevique, lo que aún no sabemos es si ese era su nombre entonces, sólo podemos constatar que su contenido es el mismo.

 

Sin lugar a dudas, el frente burgués defendía sus intereses y el “socialista” también y en abierto enfrentamiento desarrollaban sus estrategias generales. La táctica de salami, es sólo un momento frío y bien calculado a partir de las pugnas entre las bancas de los parlamentos recién nacidos, donde mediante alianzas circunstanciales se destruían uno a uno los planes delineados por la burguesía, aprovechando sus flancos débiles; las campañas de descrédito a figuras políticas, las presiones y traiciones estuvieron al orden del día, a lo que se sumaron las alianzas temporales en los períodos electorales de mediados de 1946 y 1947 y que llegaron a determinar la desintegración de partidos y su vinculación orgánica a los Partidos Comunistas, o a partidos no opuestos totalmente a él; la emigración, el destierro, el suicidio o la prisión eran las alternativas individuales a las figuras más eminentes de la oposición, y la aparición de un cuadro político favorable a Moscú fue el resultado. Observemos como quedan las direcciones de mando en dichos países:

 

Checoslovaquia – Klement Gottvvald

Hungría –             Matyas Rakosy

Yugoslavia –        J. Broz Tito

Bulgaria –            Valko Chepenko (sustituye a Dimitrov a su muerte)

Polonia –              Bierút

Rumania –           Gheorghiu Dej

Albania –             H. Hoxha

                   

                                                      Ave Caesar (o Imperator) morituri te salutant.[XXXVIII]     

 

El monopolio del poder en la nueva configuración política era el del Partido Comunista y, en especial, la fracción afín a Moscú. La estructura de los Sistemas Políticos de las llamadas “Democracias Populares” era una copia fiel del modelo soviético “Estatismo Burocrático”. La llamada vanguardia y el Partido Comunista constituían el núcleo central y los hacedores naturales e indiscutibles del “socialismo” con una absoluta centralización de las actividades en todas las esferas. Centralización que no concluía a escala nacional sino en Moscú. Las consultas bilaterales Stalin – Jefes de Estado condujeron, como práctica gubernamental, a que no se tomara ninguna decisión sin previa consulta a Stalin; los embajadores soviéticos tenían plenos poderes en cuanto a las relaciones directas con los diferentes ministros, autoridades públicas y políticas; el sistema de asesores soviéticos penetró a todos los niveles del funcionamiento social, ello a través del sistema de ayuda técnico – científico internacionalista.

 

Los parlamentos y toda la gestión gubernamental funcionaban de manera vertical y sólo de arriba hacia abajo, mediante disposiciones frías y con poco vínculo con la realidad de esos pueblos; se estructura el sistema político de acuerdo al modelo soviético imperante, incluso en el tratamiento de los problemas étnicos y de las nacionalidades; así las Repúblicas Yugoslavas se agrupan en la República Popular de Yugoslavia; en Checoslovaquia y Polonia existe un presidente de la República que dispone de ambos poderes, en el resto de los países se elige un Presidium de la Asamblea Nacional, que ejerce sus funciones “colectivamente”. Cada República tiene su Asamblea legislativa elegida por sufragio “universal” y sólo Yugoslavia, que es un estado federal, posee dos.

 

Las constituciones refrendan los mismos principios formales que la soviética; los poderes administrativos locales se organizan en forma de consejos y el sistema judicial importa las normas de la cuna de construcción “socialista”; las organizaciones sociales y de masas son consideradas poleas transmisoras de la voluntad central; los sindicatos sólo realizan funciones administrativas – económicas y las estructuras sindicales tradicionales desaparecen o se funden a los nuevos creados por los “Comunistas”; se da una duplicidad de cargos avalados por la militancia política; los partidos políticos que se mantienen, provienen del ala moderada o partidaria de la presencia soviética y no tienen peso importante en los parlamentos y, menos aún, en la toma de decisiones. Se desarrolla un sistema de poder único, con funcionamiento formal de las instituciones “democráticas” que certifican la dependencia como garantía de su “triunfo” y existencia, los medios de comunicación masiva son centralizados y muy controlados por las autoridades comunistas, deificando la ayuda soviética y el objetivo socialista.[231]

 

La estrategia política había vencido sus primeros objetivos, se había alcanzado a “legitimar” el poder político de corte stalinista a escala nacional, restaba consolidarlo en el ámbito de bloque; pero este nuevo peldaño en la absorción de la Europa Oriental y Central llevaba aparejado nuevas complicaciones en materia de la tan ansiada unidad monolítica.

 

Hannibal ad portas.[XXXIX]    

 

La Burocracia Estatal Soviética había cuidado que los convenios con las nuevas democracias fueran bilaterales lo que impedía una organicidad entre ellas, esto, al menos, en los primeros momentos en que la hegemonía soviética aún no tenía garantías sólidas. Así los pactos de “colaboración y ayuda mutua” (los más generales e importantes) incluían cláusulas claras con relación a la primacía de los convenios con Moscú y puntualizaban alianzas militares automáticas en caso de ataques que permitían la permanencia por cuestiones de “operatividad” del ejército soviético como amigo.[232]

 

A estos pasos diplomáticos de consolidación en la dependencia respecto a Moscú se les comenzaron a oponer dos elementos esenciales que aceleraron la sovietización de estos pueblos; por un lado el Plan Marshall[233] y por otro las aspiraciones de J. B. Tito en los Balcanes. Es importante aclarar que la posición de la autora con relación a la sovietización de esta zona del mundo viene avalada por el objetivo específico de reproducción de su poder como garantía a su existencia, que el avance en la materialización del mismo estuvo condicionado por las dificultades que tuvo que sortear para alcanzarlo.

 

Los avances en el verano de 1947 del Plan Marshall desconcertaron y alarmaron a la administración soviética que, en un principio, trató de averiguar meticulosamente los objetivos y posibilidades estadounidenses de dichas propuestas; incluso Stalin llega a enviar a Molotov a averiguar a París los beneficios del plan. Cuando conoció que la primera condición era presentar estadísticas reales de la economía del país renunció a la posibilidad de utilizarla para la URSS y menos aún en su esfera de influencia. [234]

 

A Estados Unidos le preocupaba considerablemente el despliegue de fuerzas soviéticas en la zona oriental y central para lograr materializar sus aspiraciones en la vieja Europa (búsqueda de socios comerciales potentes y autónomos mediante una recuperación económica, garantizada por Estados Unidos que sentara las bases de una dependencia estructural económica en gran escala); esto debía alcanzarse en un clima relativamente estable, que aún estaba muy lejos de ser el ideal, pero que él trataba de consolidar y que Stalin, con la sola existencia de su poderío regional, le boicoteaba.

 

La posición de las potencias Occidentales era la de asegurar su dominio, sus espacios vitales producto de la reestructuración que la contienda bélica había facilitado. La Europa Oriental y Central ocupaban un lugar importante en su  escalada política y económica, de ahí que su postura no fuese blanda ante los pasos seguidos por el Kremlin, sino por el contrario, fuerte y determinada a dar fin a los experimentos socialistas que la Unión Soviética comenzaba a practicar en este escenario específico, con lo cual las medidas coactivas y las posturas de fuerza asumidas en las conversaciones que sobrevinieron al triunfo fueron agudizando el histórico conflicto de intereses vitales entre los ex - aliados, al punto de avizorarse tensiones bélicas en determinados enclaves como consecuencia del conjunto de acciones y reacciones que se fueron presentando.

 

No es casual constatar en muchos autores posiciones diversas ante dicho proceso. Encontramos los que plantean que el avance soviético, su endurecimiento, responde a la escalada occidental y viceversa. La autora es del criterio que no deben absolutizarse las posturas, ambas partes tenían objetivos bien delimitados acordes a las necesidades de su reproducción como regímenes económicos, sociales, ideológicos, políticos, espirituales y, en concordancia con ello, asumieron sus posturas dentro del el marco de la confrontación por sus intereses. Pueden analizarse por separado unos u otros actos que agilizaron las estrategias concebidas por la actuación del contrario, pero de suyo el rumbo estaba claro y la historia lo atestigua en su constante desenvolvimiento y contradicciones.

 

El imperialismo contaba con más sólidos y potentes recursos; la magnitud de su gestión siempre resultó más cómoda para sus ejecutantes. Las medidas económicas restrictivas, el chantaje político, la diplomacia sucia, el apoyo a los focos de oposición, entre otras, fueron las formas concretas de sabotear al socialismo regional naciente al generar serias dificultades a los pueblos recién liberados. El poder estatista socialista debió echar mano a todas sus fuerzas y al atractivo del ideal socialista, así como a las contradicciones internas de los actores políticos en estas sociedades. Las circunstancias internacionales en que discurrió el movimiento histórico fueron harto difíciles y aleccionadoras en el sentido de los impulsos que generan los intereses políticos sobre los pueblos en él encauce de sus destinos. 

 

En algunos países y sectores de la Europa Oriental y Central fue muy bien recibido el Plan Marshall, en particular por los residuos de la burguesía checoslovaca, polaca, húngara y germano oriental; se dieron algunos pasos en el sentido de aproximación a las diferentes variantes que brindaba. Sin embargo, Stalin fue muy categórico y puso fin a tales “coqueteos” con Occidente, al no dejar alternativas a la “obediente” Checoslovaquia por ejemplo.[235]

 

Las aspiraciones de J. Broz Tito en los Balcanes son muy antiguas y los primeros pasos claros en ese sentido comienzan a darse en 1943 en Bled, donde J. Dimitrov y Tito elaboraron un Plan de Confederación Balcánica que abriera paso a la integración soviética ampliada en todo el escenario oriental y central europeo. Después de la Victoria esta idea vuelve a tomar cuerpo, y en enero de 1945, el proyecto vuelve a detenerse tras una protesta del Gobierno Inglés que temía el resurgimiento de otra fuerza adicional a la de Moscú y que éstos no lograran controlar.

 

En el verano de 1947 vuelven a reunirse en Bled Dimitrov y Tito para avanzar en el diseño y dar pasos prácticos en una Confederación más amplia; en esta cita se pusieron de manifiesto desavenencias en cuanto al poder que la regiría. Dimitrov era partidario de una Federación y de mantener íntegra la autodeterminación nacional de los participantes, J. B. Tito quería una Confederación cuyo centro fuese Yugoslavia y que el resto de los miembros tuviesen el mismo rango de los pueblos que integraban a su país; para paliar el excesivo centralismo de su colega yugoslavo, Dimitrov trató de incluir en la discusión legal y constitutiva a Rumania y a Hungría, táctica que no obtuvo éxito. [236]

 

Stalin, maestro de intrigas y diplomacia sucia lanzó, en el otoño de 1947, su propuesta de conformación del Buró de Información de Partidos Comunistas y Obreros (Kominform). Tal y como son esbozados en el documento constitutivo sus objetivos eran:

 

1- Lograr la coordinación de la política de los Partidos Comunistas y Obreros a escala de todo el bloque, es decir, imponer una política única, una disciplina única, “universalizar” el modelo soviético de construcción socialista y alcanzar el poder absoluto sobre éstos países.

2- Cerrar definitivamente las puertas a Occidente en esta zona del mundo.

3- Acabar con todas las aspiraciones de hegemonía intrabloque que no fuese la soviética e institucionalizar la total dependencia de éstos pueblos.

 

Los yugoslavos, al inicio fueron muy entusiastas con la Kominform y la apoyaron absolutamente, pues Tito previó la posibilidad de sustituir a Stalin en el lugar que ocupaba en el Movimiento Comunista Internacional sin tener que pasar por crear su propia Confederación. Stalin lo dejó confiar, abrigar esperanzas y, sobre todo, cooperar. Así el propio Stalin pidió que la sede del órgano comunista internacional fuese en Belgrado, Yugoslavia, con la idea de controlarlos mejor desde dentro, con las fuerzas políticas y de seguridad  que adicionaría a este país con el pretexto del nuevo organismo. En este momento constitutivo Stalin utilizó a parte del liderazgo yugoslavo,  por ejemplo Djilas, para acusar a los comunistas italianos y franceses de no hacerse con el poder en sus países, y delinear el nuevo proyecto de su actuación en las nuevas condiciones posbélicas; en una palabra colocarlos moral y psicológicamente a las órdenes de Moscú.

 

La inauguración de la Kominform a finales de septiembre d e1947 en Polonia (Sklarska Poreba, Montes de Silesia) dio a conocer al mundo el nuevo ingrediente de la “Teoría Política Stalinista” establecida como práctica a escala del Movimiento Comunista Internacional:

“La Teoría de los Dos Mundos”, donde todos los “auténticos” comunistas tenían el deber de enfrentarse al imperialismo y salvaguardar a la U.R.S.S. como baluarte del “nuevo mundo que se gestaba”. La búsqueda del Comunismo Unicéntrico adelantaba un primer nivel, el político y, de hecho, el más importante, el de garante de la voluntad política desde arriba y desde Moscú. [237]

 

El poder soviético había visto con muy buenos ojos la tutela de Albania por Yugoslavia; su dirección y manutención, lo que le había facilitado el trabajo con ese país con el que apenas había tenido vínculos antes de la Guerra Stalin, en conversaciones con Djilas, en 1946, manifestó: “Estamos de acuerdo en que Yugoslavia absorba a Albania” [238] y, siguiendo tales consejos, la dirección política yugoslava se comportó con Albania como la U.R.S.S. con el resto de la Europa Oriental y Central. La confianza y el visto bueno con relación a Albania entusiasmaron a los yugoslavos por lo que no es casual entonces que, amén de los dictados centralistas moscovitas, iniciaron un proceso de firma de pactos de amistad con Rumania y Hungría, visitas múltiples y declaraciones de amistad y colaboración. Bulgaria, representada por J. Dimitrov, también firmó un pacto similar con Rumania y declaró a la prensa su intención de consolidar alianzas similares con Polonia y Checoslovaquia; al parecer los satélites querían independizarse y autodirigirse y esto no podía tolerarlo Stalin, el cual,  en declaraciones a la prensa el 22 de Enero afirmó: “Las democracias populares, deben impulsar el desarrollo de sus países como Estados soberanos conforme a lo acordado en la Conferencia de Schereiber, han de preocuparse por su consolidación interna en lugar de discutir acerca de su Confederación, o Federación, o Unión aduanera artificial y problemática”.[239]

 

Inmediatamente a esta advertencia hizo venir a Moscú a los  dirigentes de Yugoslavia (Kardelj y Bakaric) y de Bulgaria (J. Dimitrov). En esta reunión Stalin precisó: “Las relaciones entre las Democracias Populares por encima de los intereses de la Unión Soviética y sin contar con su aprobación no serían toleradas”[240]. Los yugoslavos sienten perdidas sus esperanzas dentro de la tolerancia stalinista y se deciden a romper el cerco y desafiar el poder soviético; comienzan a acantonar fuerzas militares yugoslavas en Albania ante el levantamiento de los comunistas en Grecia y su deseo explícito de ayudarles; este paso hace peligrar el equilibrio de la U.R.S.S. con sus aliados, Grecia no entraba en la esfera de influencia soviética y había que detenerlos a toda costa.

 

Moscú condena el acuerdo tomado entre Belgrado y Tirana y, ante la imposibilidad de doblegarlos por medios pacíficos, retira sus asesores militares y económicos, asestando una estocada mortal a Yugoslavia que debe ocuparse de sus deteriorados asuntos domésticos antes de lanzarse a un conflicto bélico o ampliar sus fronteras.

 

Así, la U.R.S.S. inicia una escalada de actos hostiles contra Yugoslavia apoyándose el Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros. El 28 de Junio llega a su clímax el enfrentamiento cuando este organismo elabora una resolución de condena llamada “Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia” en el cual enuncia un número de fallas que hacen reprochable la conducta de los mismos. Al decir de dicho documento, existe un alejamiento del “Marxismo - Leninismo”; presentan una tendencia pequeña – burguesa y reformista refrenda en su política agraria y en la tolerancia a los vestigios del capitalismo, su actitud evidentemente antisoviética y su alejamiento por sí “solos” del resto de los países socialistas a la vez que convoca a las fuerzas sanas del partido a derrocar a sus dirigentes traidores.[241]

 

El organismo cumplía sin escrúpulos su primera tarea, excomulgar a la primera disidencia en el poder, a la primera oposición política organizada y al primer país que se oponía al excesivo tutelaje soviético, a su total sovietización. Los argumentos internos yugoslavos a su conducta (nos referimos a los no declarados) eran muy parecidos a los soviéticos, extender su poder más allá de los Balcanes cuanto fuese posible; sus argumentos externos, su justificación política (oponerse a la absorción soviética), constituyen un hito importante, una fuente a la conducta militante antisoviética que ya se extendía y prendía  por toda la Europa Oriental y, desde este ángulo del problema, como resistencia a la política imperial que caracterizó al Socialismo de Estado Soviético es válida.

                                                        

¡Vae victis![XL]     

 

El gran viraje político que enfrenta la escalada soviética en este período, a fin de consolidar definitivamente el poder y eliminar el más mínimo vestigio de oposición a su lugar “histórico” en el comunismo europeo oriental y central, se apoya en el conflicto Stalin – Tito y abarca toda una época de violentas conmociones en todos estos países incluyendo la propia casa matriz.

 

Inspirados en este conflicto son purgados (encarcelados o muertos), todos los oponentes políticos bajo el concepto de lucha abierta contra el “socialismo nacional” y la restauración de la vía soviética de construcción socialista como base de estas experiencias; así se impulsó la fusión orgánica de partidos políticos que aún quedaban vigentes en estos países, el 23 de febrero en Rumania, el 27 de junio en Checoslovaquia, Hungría el 4 de Julio, Bulgaria el 11 de agosto y Polonia el 15 de diciembre del año de 1948. [242]

 

La centralización y obediencia partidista fueron puestas a la orden del día dentro del mismo marco de la aplicación de la teoría de la agudización de la lucha de clases en la transición socialista. La  lucha contra las “desviaciones de izquierda y derecha”  se tradujo en una lucha a muerte  contra el nacionalismo (búsqueda de la vía nacional al socialismo), contra el cosmopolitismo (oponente al absolutismo ideológico stalinista) y el sionismo, versiones fieles del concepto soviético de “enemigo del pueblo”.

 

“Las depuraciones de estos años recuerdan las vividas por la U.R.S.S. entre 1935 – 1938, cuando nacieron las prácticas de las represiones en masa como política de Estado. La magnitud de las represiones a la altura de 1953 fueron las siguientes:

 

- Checoslovaquia – 500 000 personas.

- Polonia – más de 370 000 personas.

- R.D.A. – más de 300 000 personas.

- Bulgaria – más de 90 000 personas.

- En Albania, que logran desgajar temporalmente los soviéticos a Yugoslavia, de los 31 miembros del Comité Central del período 45 – 48, sólo seguían en funciones en 1953, 9 militantes (los directores del proceso).

- En Hungría son purgadas personalidades incluso de la guerra española como Laszlo Rajk, Janos Kadar y Traitcho Kostov.

- En Polonia fueron depurados todos los comunistas que proponían el camino polaco al socialismo entre ellos V. Gomulka.

- En Checoslovaquia las purgas fueron de gran crueldad y abarcaron tres etapas: a) Los llamados peces chicos; b) Los jefes nacionalistas y Titoístas; c) La caza de los judíos. Este proceso tenía sus raíces en Moscú dirigido por Stalin y conocido como “el complot de los asesinos de bata blanca”.

- En Rumania la depuración fue algo más clemente y se movió entre los jefes de segunda fila; no obstante la policía política dirigida por los soviéticos mantenía un estricto control sobre los miembros del partido y la población”. [243]

 

Es válido aclarar que la magnitud de las víctimas de este proceso aún se encuentra siendo revisada y que se observó en la bibliografía estudiada y reseñada diferentes cifras con relación al número de personas involucradas en los mismos, pero de suyo su existencia y esclarecimiento es una tarea perenne aún en estas sociedades, que hoy de muchas formas enfrentan la evaluación histórica de estos sucesos.

 

Los procesos de purgas abarcaron a comunistas y no comunistas; las únicas pruebas fueron las confesiones de las víctimas, presionadas y acosadas; asentaron así como medio fundamental del poder la violencia, institucionalizaron los mecanismos de delación y desarrollaron un miedo congénito en la población que paralizó todo su activismo y permitió el desmantelamiento del incipiente poder social de pos – guerra mediante mecanismos de delegación de poder antihumano.

 

Magister dixit.[XLI]   

 

Las riendas del bloque en materia política estaban bien sujetas, el modelo político funcionaba como en la U.R.S.S. y el modelo económico, después de las profundas convulsiones sociales, comenzaba a dar ciertos resultados. Observemos el proceso de gestación, de su desarrollo y evaluemos sus resultados. El modelo económico: “La Planificación Burocráticamente Centralizada”, es aplicado en forma ortodoxa hasta aproximadamente finales de la década del cincuenta; éste garantiza plenamente los objetivos estatistas burocráticos de las castas comunistas afines a Moscú y a la propia burocracia soviética que evolucionó, a partir de 1946, de una explotación desconsiderada, a un aprovechamiento duradero de los recursos naturales existentes en ellos, tratando de aproximar las economías nacionales a la soviética y vincularlas orgánicamente.

 

Para los países menos desarrollados que el país modelo, fue muy difícil su adaptación al ritmo de aplicación, a las esferas priorizadas y a los métodos de gestión económica; para los países más desarrollados, y para los que poseían un desarrollo relativamente mayor que la U.R.S.S., significaba dirigirlos con métodos y objetivos subdesarrollados; lo que atrofiaba sus estructuras productivas y retardaba su desarrollo.

 

A continuación se analiza el modelo de manera detallada a través de: Planificación, Nacionalización, Reforma Agraria y Colectivización. La Planificación es aplicada al estilo soviético de 1929, aunque con algunas variantes, producidas por la inestabilidad de la moneda, la imperiosa necesidad de reconstrucción y las necesidades del pueblo que tenían condiciones muy precarias de vida. En los primeros momentos no podemos hablar propiamente de planes económicos, sino más bien de programas, ya que las dificultades cotidianas les hacían modificarlos constantemente. Es por ello que, hasta 1948, tenemos un actuar independiente de cada país en materia planificadora y una primacía de los convenios bilaterales con la U.R.S.S. Los “planes” eran elaborados a corto plazo, por ejemplo:

 

- Checoslovaquia y Bulgaria (planes para dos años).

- Polonia y Hungría (planes para tres años).

- Alemania Oriental (plan anual o semestral puramente técnico hasta 1948).

- Yugoslavia (logra ya en 1947 articular un plan para 5 años).

 

Estos planes tienden a priorizar las inversiones en la industria y reconstrucción de viviendas, dejando al agro realmente olvidado, aún y cuando dependían fundamentalmente de él.

 

                                       CUADRO DE INVERSIONES.[244]

PAIS-------------------INDUSTRIA--------------CONSTRUCCION-------------AGRO.

 

CHECOSLOVAQUIA.           36%                               35%                             7%.

POLONIA.                        39%                               18%                            13%.

HUNGRÍA.                        32%                               22%                              9%.

BULGARIA.                       45%                               28%                              6%.

 

Los planes eran elaborados sobre un fundamento ideal, lo que los hacía especialmente tensos para estas débiles economías. En todos ellos se preveía un incremento del nivel de vida de la población del 50% al 150% lo que era posible sólo en la propaganda de la época. Se proponían, además, un crecimiento de la industria de un 11.9% al 13% en general y por países se comportaba así:

 

Checoslovaquia – 14.6%

Polonia y Rumania – 17%

Bulgaria – 21%

Hungría – 26%.[245]

 

En cuanto al crecimiento de la Renta Nacional en un inicio se propuso un aumento del 8% al 15%, luego elevaron los compromisos de un 12% a un  18%, cifras éstas totalmente inalcanzables no sólo por el estado de sus economías sino por la estrategia que se proponía para alcanzarlo. Por ejemplo, se esperaba aumentar las inversiones provenientes de la Renta Anual del 17% al 30%, inversiones que por la esfera a que se destinaban  la (industria pesada) exigían años para lograrlo; se esperaba un aumento de la mano de obra que  provenía del campo y por la incorporación femenina fundamentalmente.[246] Los planificadores de tal milagro esperaban alcanzar esto mediante una maximización del cumplimiento del plan en detalle, y apoyados en el entusiasmo comunista que esperaban desplegar en la población. El viejo y único recurso del idealismo socialista condenado por Lenin entre 1921 y  1922 como  socialismo de sentimiento, basado en la abstinencia de hoy para el futuro luminoso del mañana,  el esfuerzo cotidiano para un despilfarro irracional de recursos materiales y humanos que desconoce la realidad y vive en un “sueño” impuesto. Ello demuestra un total desconocimiento de que, para aumentar el rendimiento del trabajo, hay que hacerlo asimilando la técnica avanzada y la mejor utilización de la mano de obra. Estos “creadores” no contemplan, en sus excesivas regulaciones, los intereses, motivos y prioridades de los hombres que han de ejecutar sin objeciones su propuesta, y menos aún, tienen en cuenta la realidad de una potente y dominante pequeña producción en el enclave de los tipos económicos que caracterizan a la economía de estos pueblos.

 

El análisis de la planificación no puede hacer  olvidar que su necesidad se abre paso también a través del prisma internacional condicionado por la guerra fría y las medidas económicas restrictivas en cuanto a recursos, incluso, comercio con otros países fuera del área de influencia soviética; no se puede obviar su importancia a los efectos de países que recién han salido de una contienda mundial y que su reestructuración demanda un control estricto sobre lo existente. La cuestión que se valora es su efectividad a los efectos de las especificidades de estos países y de los modos concretos para ejecutarla.

 

La nacionalización se desarrolla fundamentalmente sin indemnización ya que pasan a manos del Estado todas las propiedades ocupadas a los alemanes y sus colaboradores; cuéntese con que la propiedad privada jamás desaparece en éstos países, ya que sólo son expropiados aquellos que integran el bloque de oposición al stalinismo y murieron, fueron a cárceles o emigraron. No obstante, la estatalización es profunda y significativa, debe tenerse en cuenta que no siempre se expropia en condiciones de alto o mediano nivel de desarrollo de la producción, y donde la técnica y la ciencia en función de la producción apenas es un sueño.

 

La nacionalización a la altura de 1950 alcanza en:

 

- Yugoslavia         100%       

- Bulgaria              97%

- Albania               97.2%

- Polonia               96.3%

- Checoslovaquia 96.3%

- Rumania            92.4%

- Hungría             91.5%

- RDA                  74.8%   [247].

 

En el caso alemán, donde los soviéticos se ocuparon por más tiempo de la dirección económica del país, las nacionalizaciones se realizaron más tardíamente y progresivamente desde el punto de vista jurídico, dado que ellos asumieron íntegramente los procesos productivos y distributivos.

 

Ya para finales de 1948, se ha nacionalizado la industria, la banca y el comercio. El comercio al detalle va cediendo lugar al comercio al por mayor en los almacenes estatales o en las cooperativas. Esto origina, por la celeridad del proceso, problemas marcados en el sistema de distribución de la población y a las empresas productivas, hasta frenar, en muchos casos, ambos procesos y crear distorsiones en el ámbito nacional; a esto se suman los precios fijos, impuestos arbitrariamente por el gobierno, la incorrecta política con el sector privado, que nunca desaparece y que se beneficia con los descalabros del gobierno, lo que agrava aún más la situación del consumidor directo.

 

La Reforma Agraria y colectivización es pertinente analizarlas juntas por el breve plazo que media entre ellas. Ambos procesos revisten profundas complejidades de acuerdo a las condiciones naturales del desarrollo económico de cada país. En líneas generales siguió el mismo principio y celeridad de la U.R.S.S. Comenzó con la distribución de la tierra a los campesinos como base del consenso necesario de este sector mayoritario; luego se aplicó hasta el alcance de un sistema centralizado de intercambio mediante la tasación, una etapa corta donde se aplicaron métodos mercantiles, mas tarde se establecieron almacenes cooperativos estatales con una cantidad asignada para la entrega de productos; a continuación se pasó a un proceso acelerado de eliminación del campesino rico y finalmente a la colectivización forzosa de 1950 que a la altura de 1953 alcanzaron los siguientes niveles:

 

- Bulgaria                    62% de la tierra.

- Checoslovaquia          48% de la tierra.

- Hungría                     37% de la tierra.

- Rumania                    21% de la tierra.

- Polonia                      17% de la tierra.

- RDA                        aún no había comenzado.

-Yugoslavia                  24% (ya para esta fecha había abandonado su condición avanzada del proceso).[248]

 

La política agraria y la situación del campesino en estas experiencias, es muy controvertida; ello asociado por un lado a la justa aspiración de este masivo sector a una auténtica reforma agraria, cuestión no resuelta por las revoluciones burguesas anteriores y, por otro lado, la no claridad por parte de la “vanguardia”, de cómo incluir este programa en el “objetivo socialista”, es decir  qué relaciones sociales se aspiraba a reproducir ampliadamente en cada caso concreto entre los hombres del campo en primer lugar, y entre los del campo y la ciudad en segundo lugar; o sea, cómo lograr que la circulación de mercancías fuera la soldadura entre el campesinado y la industria nacionalizada.

 

Bajo la dirección de esta política agraria se produce la aparición de fincas muy pequeñas de hasta 5 hectáreas económicas y técnicamente no rentables, que impedían la modernización, la eficiencia, el control, y suplir las demandas nacionales. Por otra parte el estado de pobreza, depauperación e incultura de los campesinos más pobres, imposible de solventar plenamente y en breve plazo por el Estado, y que les condujo a una dependencia de una parte del campesino acomodado aún existente que en cierta medida comenzó a utilizar a estos campesinos más pobres.

 

Tales pasos condujeron a un proceso acelerado de colectivización, no meditado, ni instrumentado correctamente. Se afirma esto porque los medios de producción para las nuevas cooperativas es el mismo que utilizaba la parcela individual, la nueva forma de producción no contaba con una base material para su funcionamiento efectivo por lo que la cooperativización no es más que una expropiación sin fundamento y voluntarista; por eso el Estado tiene que subsidiar  constantemente la nueva forma de producción común. Se suma a ello la gran resistencia que opusieron los campesinos a la colectivización, que no consideró las tradiciones individuales de producción. En los casos de diversos tipos de cooperativas, sucedió que la tierra, de hecho, no perdió su carácter privado, asociado a que los que se sumaban encontrándose en mejores condiciones productivas colocaban al resto en una situación de dependencia tal, que prevalecía una estructura de castas incontrolable dentro de ellos. La inexperiencia en la conformación de un trabajo cooperativo auténtico no aconteció, son formas de producción formalmente “sociales” y obligatorias. Esto condujo a que, a partir de 1953, los gobiernos se vieran obligados a detener el proceso de cooperativización y buscar nuevas fórmulas.[249]

 

La ejecución del modelo a escala nacional durante los primeros momentos (fase recuperativa) arrojó algunos resultados parciales, pero si evaluamos la magnitud económica y social de su aplicación podemos afirmar que en la correlación industria pesada producción de bienes de consumo y agro existe serias desproporciones, que se revierten en un aumento de la Industria pesada entre 1948 – 1953 que duplica los niveles de 1947 y un agro que solo supera de un 10% a un 30% la producción de 1940; se produce una disminución de la población agrícola de un 10%, lo que origina un serio problema de hacinamiento en las ciudades[250], con un crecimiento del problema de la vivienda. El aumento  de la demanda de bienes de consumo, sobre todo el agro, originó profundas fricciones en las relaciones obreros – campesinos, al crear un ambiente de críticas mutuas y de no esclarecimiento de las causas reales. El fenómeno de la desclasificación profesional se hizo latente; florece el mercado negro y se disparan los precios; se produce un fuerte proceso inflacionario como efecto de la escasez y falta de productividad que las reformas monetarias de 1950 – 1953 no logran resolver sino agravar; se agudiza el problema del salario real y la calidad de la alimentación que los subsidios soviéticos no solventan y, por ultimo la no existencia de capitales disponibles, al no haberse producido la necesaria e imprescindible acumulación socialista lo cual deja sin opciones a estas experiencias que dependen de Moscú para resolver sus necesidades y prioridades.

 

El proyecto de nacionalización intensiva y cooperativización forzosa, reproducía el peligro del “socialismo adelantado” que Lenin rectificó  dentro del marco de la Nueva Política Económica. Este consiste en el avance hacia una estatalización más allá de lo que las economías de estos pueblos podían soportar, para asumir procesos productivos eficientes y capaces de suplir las necesidades de las masas. La política del socialismo adelantado y sus resultados, derivan en la aparición del descontento justo en las masas provocado por las precarias condiciones de vida, lo que origina un apartamiento acelerado del proceso “…La causa consistía – explicó Lenin en su momento- en que habíamos avanzado demasiado en nuestra ofensiva económica, en que no nos habíamos asegurado una base  suficiente, en que las masas sentían lo que nosotros aún no supimos entonces formular de manera consciente; pero que muy pronto, unas semanas después, reconocimos: que el paso directo a formas puramente socialistas, a la distribución puramente socialista, era superior a las fuerzas que teníamos y que si no estábamos en condiciones de replegarnos, para limitarnos a tareas más fáciles, nos amenazaría la derrota”. [251]

 

Esta avalancha de estatalización cuando no existían fuerzas para enfrentarlas, fue la causa directa de la situación de asfixia económica en la Europa Oriental y Central en los primeros momentos de su absorción por la URSS y de la importación del “socialismo” de corte Stalinista. “Todo marchaba hacia la abstracción: Merleau Ponty ha tenido razón de señalar, en este sentido, el fracaso de la planificación “voluntarista” que llevaba a objetivos “irreales” (…)En las democracias populares los planes elaborados por expertos rusos, no tenían en cuenta las condiciones reales de producción; una vez terminados, nadie podía discutirlos. Y estos planes no eran más que sueños: evidentemente exigían demasiado y demasiado pronto; pero sobre todo,  pedían otra cosa, que la que se les podía dar. Imponían al país una economía artificial, que la encomia real no podía soportar  (…). El sistema se sostenía en pié porque nadie conocía toda la verdad: los trabajadores y los técnicos veían en sus sectores la  gravedad de los errores cometidos, pero no podían concebir que ocurriera lo mismo en los otros. Los dirigentes no median la extensión de los desastres: se les mentía y ellos mentían a Stalin. Stalin y la oficina política insistían en el error”. [252].

 

Entre 1948 – 1949 la política stalinista en materia económica había logrado consolidar sus posiciones directivas en cada nación del oriente y centro de Europa, se imponía pues, avanzar en el diseño y precipitar artificialmente una “integración” que asentase definitivamente la dependencia. El hilo rector de la política de internacionalización del modelo que había iniciado el Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros, ahora demandaba y exigía como garantía del poder “internacionalizado”, el mismo proceso en la esfera económica. El 5 de enero de 1949 surge el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica). Ahora ya no sólo  se acomodaría el desarrollo económico de cada pueblo a los objetivos económicos de la URSS mediante la Planificación, sino se coordinaría su desarrollo mediante un plan económico general, donde  las economías nacionales se complementasen entre sí, se pudiera prescindir totalmente de Occidente, se evitase la competencia y se pudiera dirigir centralizadamente desde Moscú[253]. El CAME le otorga a la Planificación Burocráticamente Centralizada el rango de Política Económica Internacional del Socialismo. Esta abolía las especificidades nacionales y sus tipos económicos, lo heterogéneo se convertía en “homogéneo”, y lo particular en “universal” por obra y gracia de una voluntad suprema y de una irracionalidad absoluta; el fin justificaba los medios, pero la historia no perdonaría al voluntarismo, ni a corto, ni a largo plazo.

 

La instancia suprema del organismo económico radicaría en Moscú, que poseía un fondo de reserva de 100 millones de rublos, de los cuales la URSS aportaba el 50% y cada uno de los miembros un 10%. El funcionamiento del Consejo de Ayuda Mutua Económica en vida de Stalin, no avanzó en la integración entre países, sino que se mantuvo la centralización sobre la base de acuerdos bilaterales que concentraba la toma de decisiones en la URSS, en los que este era el mediador absoluto. En la Tercera Reunión del Organismo, celebrada entre el 24 y 25 de noviembre de 1950, la URSS impone, como unidad de compensación, el rublo transferible, que determinaba las paridades monetarias y el cambio; de esta forma alcanzó un medio más para consolidar su dominio, ahora en la esfera financiera,  circulatoria y de intercambio. Si observamos las prácticas soviéticas en materia de fijación de precios, se hace evidente que rebajaba los precios a los productos de las Democracias Populares y encarecía los propios, resultando muy exigente en  asuntos referidos a la calidad de lo producido por  estos pueblos y no así con sus producciones. El volumen del comercio de la Europa Oriental y Central era prácticamente controlado y regido por la Unión Soviética, la cual asumía constantemente apoyada en el resto del bloque el déficit y dificultades que se presentaban dentro de la “comunidad” por la eslava mayor creada.

 

Qui aures audiendi, audiat.[XLII] 

 

El diseño espiritual del modelo El Absolutismo Ideológico “Marxista - Leninista”, se había impuesto total y automáticamente en la medida que se afianzaba el poder político y económico a escala nacional y de bloque. Se intentó “uniformar” el pensamiento y la actividad  de los hombres sobre la base de una violencia cruda y descarnada, que permitía la existencia de un poder “legítimo” del que era muy difícil desobedecer o disentir. La esclavitud espiritual consolidó a dependencia al “socialismo” impuesto desde fuera y al servilismo inconsecuente a la URSS.

 

El Estado se colocó por encima de la sociedad civil y del individuo, doblegándolos y proscribiéndolos; colocándolos a su servicio y a sus dictados. Era un poder ajeno, antinatural y odiado, que acentuaba la pérdida de la identidad nacional y humana. Los valores tradicionales, la memoria histórica y las costumbres, sufrieron embates terribles en la formación de las nuevas generaciones, que se veían obligadas a aprender el idioma ruso, glorificar la historia reescrita por los baluartes del poder y a negar, incluso, el arraigo de la conciencia religiosa en sus pueblos.

 

Se cambiaron los nombres autóctonos de lugares, avenidas y calles, que fueron sustituidos por símbolos soviéticos o asociados al Nuevo Régimen[254]. Se impuso una disciplina y “moral” única que transformaba a los ciudadanos simples, en hombres sin historia, como gestados por una fuerza extraña, sin derechos y agobiados de deberes incomprensibles y ajenos. Los niveles de entrega absoluta que proponía el régimen al ciudadano simple pueden constatarse en el artículo de Antón Smut en el semanario eslovaco “Novo Slovo”: “Debemos aplicar los principios bolcheviques, hacer caso omiso de las relaciones familiares y personales y no tener en cuenta más que los intereses del partido, de la clase obrera” [255]. Los índices macrosociales que reflejan la alfabetización y educación general alcanzados, hiperboliza la cantidad y no la calidad, que generalmente se alcanza de manera autodidacta, sin que por ello olvidemos que, dadas las circunstancias de que partieron estos países los niveles alcanzados significan un paso de avance con relación a la situación que caracterizaba a la región antes  de la experiencia socialistas. La conversión del “marxismo - leninismo” de corte soviético en ideología oficial garantizó no sólo la justificación de la “razón de clase”, sino además, la “razón de Estado” dependiente y limitado; todos los esfuerzos patrios debían encaminarse a garantizar el poderío de la URSS como salvoconducto para su propia existencia, la igualdad proclamada era la carencia de todo derecho como nación a la autodeterminación.

 

El arte, la literatura y todas las formas de desarrollo cultural se ponen en función del “realismo socialista”. La administración de los procesos sociales de corte extra nacional, el reino formal de lo absoluto, impuesto por la eslava mayor desarrolló el arte de las mascaras y los dobleces en los individuos, dejándolos a merced de las influencias externas, que no les permitían conocer y a las que se aproximaban de manera silenciosa actitudes estas que eran censuradas como cosmopolitismo y espíritu pequeño – burgués; tales manejos no forman en el hombre valores imperecederos, normas de conducta humana y conciencia de su ser, como el resultado de un desarrollo histórico nacional y universal, como un producto de su propia actividad y la de todos; el mimetismo como forma de supervivencia es la peor lacra para la sociedad y para el individuo.

 

Los privilegios, la corrupción y el arribismo, acabaron por desvirtuar toda esperanza o capacidad de trabajar colectiva y mancomunadamente en el empeño. Los límites tolerables de la desigualdad social se perdieron y dieron paso a una casta de privilegios incontrolable.

 

La falta de credibilidad del estándar de vida propuesto, los recelos hacia un poder que se debatía en el enfrentamiento entre stalinistas y reformadores, y la crudeza de la vida cotidiana, generaron en los pueblos y en sus individuos un individualismo y una violencia como respuesta a una realidad impuesta, que fingía benevolencia y que les asfixiaba; de ahí la naturaleza de todos los enfrentamientos sangrientos que se verifican en la década de los  cincuenta, y que no son más que continuación de una oposición natural a la sovietización como divisa de la Política Exterior de la URSS, después de la Segunda Guerra Mundial.

 

                                                                               Vade retro, ¡Satana![XLIII]   

 

Durante todo este proceso convulso, Occidente no ha estado tranquilo, ni ajeno; en la medida en que Moscú avanza sobre Europa Oriental y Central, ellos van levantando el “cordón sanitario” que va aislando a este bloque del mundo como inicio de la escalada de la Guerra Fría desde 1946; el colofón del aislamiento preventivo acontece el 4 de abril de 1949 con el surgimiento de la OTAN (Organización del Tratado de Atlántico Norte) firmada por Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Portugal, a los que en 1952, se le incorporan Grecia y Turquía y, en 1955, la República Federal Alemana para completar el cuadro de alianza político militar de Occidente contra el “Nuevo Mundo Comunista” que Moscú gestaba. Con este paso, el sistema de equilibrio mediante la política de bloques quedaba cerrado y, con ello, “garantizada” la hegemonía norteamericana y soviética en estos enclaves; su consolidación como potencias mundiales podía realizarse sin reservas y con una sólida base económica, política y militar. La primera explosión atómica en la URSS en agosto de 1949 vino a consolidar la justificación de la OTAN como balance y protección a sus miembros. Paralelamente a esto, E.E.U.U. y sus nuevos aliados mantienen un apoyo irrestricto a toda la oposición que emigra desde el bloque socialista. Esta aceptación no establece distinciones de valores entre los emigrados, incentiva a los más reaccionarios en sus planes subversivos; se llega, incluso, a crear campos de entrenamiento en Munich y otros lugares, y se utiliza a Austria como puente para incursiones fronterizas.

 

La estabilidad y el equilibrio de Europa, como consecuencia de la Política de Bloques, son una ficción y una mentira para saciar las apetencias de las nuevas potencias mundiales con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial; las contradicciones y fricciones ínter bloques es una constante que mantiene asfixiado al poder y que lo lanza a novedosos y aventureros conflictos regionales como alternativas a un sometimiento esperado y jamás alcanzado.

 

El Pacto de Varsovia[256] es el momento político culminante de la internacionalización del modelo desde el punto de vista de la centralización y la dirección única desde Moscú ahora de las fuerzas militares de estos países, aunque su justificación declarada sea una respuesta al surgimiento de la OTAN. La utilización dada el organismo internacional socialista para garantizar el poder intra bloque de los países, que consecutivamente se insubordinaron a la injerencia soviética con profundas explosiones sociales, y que no siempre fueron violentas (Checoslovaquia 1968), demostraron su contenido real. La completa permanencia de tropas, asesores y especialistas de las fuerzas armadas, policía y seguridad del Estado soviéticas, la coordinación desde un centro único de cómo operar y mantener el orden, y la preparación de los cuadros nacionales entrenados en la URSS así lo refrendan.

 

La problemática del Pacto de Varsovia exige precisión no solo desde el ángulo de garante del poder intra bloque, sino desde su posición a escala mundial, ello asociado al propio carácter brutal e intervencionista del imperialismo con relación a los ineludibles reclamos de sus intereses. Es por ello, que la organización de la defensa regional socialista se viese precisada a él para salvaguardar su integridad, independientemente de la valoración que podamos realizar en cuanto a su condición de custodio del unicentrismo socialista de Moscú. Obviamente el Pacto se erigió en muro de contención considerable ante el impulso imperialista de Occidente.

 

                                                         Exegi monumentum aere perennius.[XLIV]    

 

Sin lugar a dudas el 5 de marzo de 1953 ha pasado a la historia como el día en que se inicia el ajuste de cuentas al stalinismo, y a su significado para el  Movimiento Obrero y Comunista Internacional; la muerte de Stalin abrió la brecha ansiada y largamente aguardada que, aunque se hizo esperar por muchos decenios y aún se espera, es obvio que ese día comenzó lenta pero indefectiblemente su caída. Todos los símbolos asociados a su poder, que durante décadas expoliaron a los hombres de las experiencias socialistas de su período histórico, habían comenzado a desmoronarse, solo que su fuerza, potencia y arraigo es tal que aún ni la psicología de los pueblos, ni la de sus gobernantes han logrado despojarse de él. A pesar de ello, la sociedad civil había logrado hacer correr el velo del miedo a su figura que parecía inmortal, y con ello, a su forma de dominación política que tampoco lo fue. La dictadura unipersonal, despótica y brutal que se imponía más allá de las fronteras de la ex-Unión Soviética, había cavado su propia tumba, que descansa en la memoria histórica, como la tragedia del “Socialismo de Estado del siglo XX”.

 

En su artículo “El Padrecito Rojo”, Raúl Roa apuntaba: “No cabe llamarse engaño. Stalin ha muerto; pero su política está viva, el Estado Soviético en pie, los países satélites en un puño, los Partidos Comunistas a la orden y firmes y enraizados en la conciencia de millones de gentes los dogmas fluidos en que se sustenta la dominación del Kremlin y su proceso de desplazamiento geográfico y económico. Stalin puso en marcha el imperio soviético hacia su apocalíptico destino. Malenkov seguirá, inflexiblemente, la línea de Stalin, ni las ofertas de paz, ni los rejuegos tácticos, ni las circunstanciales blanduras alterarán la estrategia concebida a raíz de la muerte de Lenin y desarrollada después de la expulsión y destierro de L. Trostki. Desde entonces, no fue posible en la U.R.S.S. el disentimiento sin riesgo de vida. Cuantos se han atrevido a controvertir “la línea” han pagado la osadía con la horca o con el campo de concentración. Las periódicas purgas no han tenido otra finalidad que limpiar el camino de herejes”. [257]

 

                                                                                      ¡Caveant cónsules![XLV]       

 

La tríada que sucede a Stalin[258] en la conservación del sacrosanto poder “socialista”, hereda un bloque con profundos problemas económicos difíciles de solventar a corto plazo y que son preámbulo de eminentes desafíos sociales. El primer movimiento de fuerza se da el 17 de junio de 1953 en la recién estrenada RDA, (República Democrática Alemana), donde se suceden amotinamientos de obreros producidos por la crisis de alimentos, el aumento de las normas de trabajo, y la esperanza a impulsar la reunificación alemana tan esperada. La solución al conflicto es violenta, pero avalada con un paquete de medidas para “sanear” y “reorganizar” la economía.

 

Estas medidas paliativas se hacen extensivas a todo el bloque (exceptuando a Yugoslavia) entre 1953 y 1954, ellas consistieron en:

 

- El retorno a los mecanismos de Mercado

- Se detiene el proceso de colectivización forzosa.

- Comienzan a destinar más recursos a la esfera del consumo sin abandonar la prioridad de la industria pesada.

- Aumentan los salarios y estímulos al agro.

- Atenúa la discriminación entre cooperativistas y productores individuales.

- Aumentan las primas en la esfera productiva y se reducen los impuestos y las entregas obligatorias.

- Se producen reformas en el sistema judicial y en la policía (se detienen los procesos de purgas mediante juicios sumarios y la violación de la legalidad relacionada con este aspecto concreto).

- Simplifican los trámites administrativos, intentándose combatir la burocracia.

- Suavizan el dogmatismo en la esfera intelectual, promoviéndose nuevos enfoques prácticos en la esfera económica.

 

Todo esto, dentro de la concepción oficial de la Planificación Burocráticamente Centralizada. Estas medidas no dan el resultado esperado y en los países donde el poder era más ajeno, inusual y odiado, así como mayores las desproporciones económicas como efecto de lo irracional del modelo, se producen las explosiones más violentas.

 

Hungría y Polonia, en 1956, experimentan las sacudidas de una profunda convulsión social, acelerada con las esperanzas de un deshielo total que el XX Congreso del PCUS incentivó. El deterioro político – moral del liderazgo en Polonia y en Hungría, unido a la precaria situación de vida de las masas y a los funestos manejos de la vida espiritual, en particular la ofensiva contra la religión, originan una polarización de fuerzas y actores políticos del proceso muy peculiar y diferente en cada caso, lo que matizó el carácter más sangriento en Hungría[259] que en Polonia. La correlación de fuerzas en Polonia obedecía a un enfrentamiento del pueblo y parte de la fracción del Partido Comunista - ala reformadora proscrita - contra los soviéticos y los partidarios de Moscú dentro del mismo partido que se encontraban en el poder. En Hungría era el pueblo contra los soviéticos y el débil y servil partido comunista húngaro que desaparece en medio de la crisis. La solución al conflicto polaco se le dio con la subida al poder de V. Gomulka, representante del ala reformadora del Partido Comunista Polaco – no por ello sin la presencia militar de la eslava mayor -, y al húngaro, con la entrada de las tropas soviéticas que, después de cruentos combates, impone la dirección política de Janos Kadar, quien había fundado en la clandestinidad un nuevo Partido Comunista de corte aparentemente más “liberal”.

 

La evaluación de estos hechos por la prensa y los intelectuales en todo el mundo no se hizo esperar, con relación a estos sucesos apuntaba Raúl Roa: ”Si los brutales métodos empleados por el ejército soviético para reprimir la patriótica sublevación del pueblo húngaro han suscitado la más severa repulsa de la conciencia libre del mundo, sus repercusiones en las zonas intelectuales sometidas o afectas al Kremlin están resquebrajando, gravemente la dogmática unidad del Movimiento Comunista en el plano de la cultura. Los crímenes, desmanes y ultrajes perpetrados por los invasores han promovido enérgicas censuras y numerosas deserciones entre las focas amaestradas y los lacayos parlantes de Moscú.

El implacable lavado de cerebro y el sistemático encallecimiento de la sensibilidad a que suelen ser sometidos los heraldos y palafreneros del cesaropapismo marxista falló, a lo que parece, en estos casos. Este aspecto de la abominación desatada contra los campesinos de los pueblos coloniales, dependientes y subdesarrollados, ha sido omitido, no obstante su significación humana y su trascendencia política, por las agencias cablegráficas en sus informaciones.

 

(…) Si al valor no siempre acompaña la fortuna, nunca se pierden,  sin embargo, las batallas que se libran por la libertad y la cultura contra el despotismo y la barbarie. El ejemplo de Hungría corrobora, una vez más, la plena validez  del acertó”. [260]

 

En igual sentido se proyectó J. P. Sartre: “Pero fue todavía más lejos el enfant terrible de los bolcheviques de salón, es una mentira abyecta pretender que los obreros están luchando al lado de las tropas soviéticas. El ejército rojo dispara contra el pueblo entero y no contra un puñado de mercenarios introducidos clandestinamente por las potencias imperialistas de Occidente. Yo condeno enérgicamente y sin reservas la agresión  soviética”. [261]

Nil novi sub sole.[XLVI]   

 

Al término de la crisis Moscú incentiva en estos países medidas similares:

 

- Abandona la política de colectivización y se promueve la venta de tierras a los campesinos produciéndose una profunda parcelación incluso de hasta 2.85 ha en Hungría.

- Le distribuyen a los campesinos un mayor número de maquinarias y material de construcción.

- Suspenden la entrega obligatoria al Estado de los productos del sector individual.

- Modernización del sector industrial existente.

- Comienzan a introducir el sistema de autogestión.

- Resuelven formalmente el problema con la iglesia. [262]

 

La nueva administración soviética del bloque sabe que es imposible mantener sus riendas sino tolera, al menos de palabra, el movimiento reformista, sino logra hacerlo entrar al riel de su juego y de su sistema de gestión, permitiendo cierta “liberalización” de la vida de estos pueblos, sin que ello significase la pérdida de su tutelaje también “fundamentado” a escala nacional e internacional.

 

La “liberalización” es tolerada siempre y cuando no toque al régimen político, y no se afecten los convenios económicos concertados por el Consejo de Ayuda Mutua Económica. La salida de la crisis está marcada, en gran medida, por un discurso político del liderazgo socialista de estos pueblos, referido a encontrar su “camino autóctono al Socialismo”, con la propuesta concreta de sustituir el modelo de “Planificación Burocráticamente Centralizada” por el de “Utilización de los Mecanismos de Mercado por el Plan”, en el caso específico de Hungría, Checoslovaquia y Polonia que se inspiraban en la propuesta Yugoslava aplicada entre 1955 – 1964, y en el resto de los países se introducen en el viejo modelo, los mecanismos de autogestión al estilo de las nuevas propuestas soviéticas para su propio funcionamiento económico en la década de los 60.

 

Las llamadas “reformas” de este período no tocan al Sistema Político, ni los mecanismos de participación social. Se tiene la imagen de que con “reformar” el sistema de gestión económica, disminuye el nivel de injerencia del Estado en la producción, donde se consideraba se encontraba la base de los problemas del socialismo, es decir, no se tocan los fundamentos burocráticos – estatistas del sistema de poder.

 

Es obvio, que la dirigencia socialista realiza un análisis muy unilateral y ”conveniente” del problema al no tener en cuenta para nada las relaciones socialistas en toda su magnitud y, más aún, los mecanismos y mediaciones necesarias para insertar al hombre en la dirección social. Por supuesto,  si lo que se quería perfeccionar era un camino hacia el socialismo, es decir,  el cotejo entre el  objetivo socialista y los métodos y medios para lograr este fin. Por tanto, el momento exigía una reforma total, que abarcara a todo el organismo social y no a parte de él. Las reformas así consideradas no son más que un recurso del poder para mantenerse, darse un respiro, recuperar fuerzas y espacio y tratar de acomodar en lo posible la realidad a sus fines: El poder a toda costa y a todo costo.

 

La crisis de autoridad, la más funesta de todas, había que resolverla y para ello, era necesario distraer a las fuerzas de oposición en esfuerzos temporales factibles de controlar; las medidas económicas se hicieron acompañar de otros retoques de cosmético para el viejo y odiado rostro del absolutismo: La eliminación de la clasificación obligatoria de los ciudadanos según su origen; amnistía a los presos políticos; reivindicación de las víctimas del stalinismo; restauración de los vínculos con la iglesia e incluso con el Vaticano; se permite viajar al extranjero; se sustituye el viejo lema de “fidelidad de clase” por el de “competencia”; se aumentan los vínculos con Occidente y promueven una relativa liberalización de la esfera intelectual. De esta forma son “resueltas” temporalmente las exigencias de los pueblos centrales y orientales de Europa. Se les hace creer que ahora son más libres, más independientes y que respiran oxígeno auténtico. Todo fue arreglado sin tocar el fondo ideológico y moral que les ataba irremisiblemente a la URSS y que le otorgaba otro cheque en blanco a la “restaurada” burocracia estatal de estos pueblos para volver a probar suerte a lo “socialista”,  la cual sólo excluyó de sus métodos el terror en masa y directo.

 

La responsabilidad por los destinos de esta experiencia socialista no sólo es exclusiva de la ex - Unión Soviética sino también de los partidos comunistas de los respectivos países que conforman a la Europa Oriental y Central, que en medio de las circunstancias en que transcurría la experiencia se acomodaron a la versión socialista stalinista, y la utilización en su beneficio y en el de la casta de funcionarios que le acompañaban en el ejercicio del poder.

 

                                                          Quandoque bonus dormitat Homerus.[XLVII]   

 

La Política Exterior Kruchovista levantó el significado de la distensión parejo a la “desestalinización”, tratando de buscar un marco más propicio a los fines e imagen pública de la URSS y su administración política lo que, lógicamente, implicaba la búsqueda de nuevos métodos más sutiles para profundizar la dependencia de estos pueblos en condiciones de “apertura” con Occidente. Así se comenzó a delinear un nuevo  fundamento económico para el Consejo de Ayuda Mutua Económica, y traspasaron al Pacto de Varsovia los atributos coordinadores y centralizadores del fenecido Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros. [263]

 

Entre 1958 – 1960 la URSS diseñó la propuesta de “La División Internacional Socialista del Trabajo y de Integración Económica”, la que se desarrollaría sobre la base de una especialización de las economías de estos países; se esperaba, como resultado del trabajo “mancomunado”, altos niveles de desarrollo técnico – científico de la producción de lo que permitiría según, Kruchov, alcanzar a Occidente en breve plazo. Esto significaba que no era imprescindible la industrialización total o integral del país, sino que se debía poner énfasis en el desarrollo de lo que cada país por separado aportaría a resto de la comunidad. Unido a este proyecto se adelanta la idea que sólo  llega a materializarse hacia 1962 de que el CAME ya no fuese sólo una organización Inter – Estatal, sino, además, complementada con un Consejo Inter partidos, lo que significaba que la disciplina del partido y el interés supranacional del campo socialista, prevalecerían sobre los  intereses de los países miembros. [264]

 

Colocar a los países socialistas en el mismo plano para el establecimiento de la emulación con Occidente condujo a una errada política que tensaba las posibilidades de los mismos para cumplir la nueva tarea a que N. Kruchev les convocaba acentuando el cuantitativismo, el método extensivo, entre otras recetas como modo de vencer y  sobrepasar a los países desarrollados en breve plazo, cuestión que sirvió, sin proponérselo, a servir en bandeja de plata a estos pueblos sometidos ahora a tensiones superiores a que, irremisiblemente, fuesen a parar a las manos de Occidente con las enormes deudas que contraerían para poder resolver los problemas de consumo de sus ciudadanos que eran olvidados en aras de resolver una industrialización que les condujese a una garantía como superpotencias mundiales. Miopía política e infantilismo total fue lo que conllevó a que el enclave regional socialista fuese arrastrado a una vorágine productivista para la que no se encontraba preparado, sin olvidar que el progreso a que el socialismo aspira tiene que ver con otros factores asociados a la cualidad en la actividad que los hombres realizan en oposición al cuantitativismo vulgar de lo producido, que no considera los costos, ni el valor real de lo aportado en concordancia con los problemas estructurales que originaba el sistema de balances de la economía vigente en aquel entonces como modo de control de la economía conllevaba.

 

Este nuevo diseño en Política Exterior – desestalinización – distensión -  relativa apertura a Occidente – nuevas sujeciones en la esfera económica, originó que los conflictos Kremlin – Bloque Socialista se trasladaran a los Balcanes. Ni Albania[265], ni Rumania[266] vieron con buenosía (62) vieron con buenos a los Balcanes. ni ue no considera los costos, ni el valor real de lo aportado.pira tiene que ver con  ojos ni acataron el “moderno liberalismo” Kruchovista; tal política no garantizaría su autoridad individual interna y, menos aún, sus secretas e inconfesas aspiraciones de independencia sobre la base de un desarrollo industrial ligero. Estos dos países, con mucho menor desarrollo que el resto, sólo tendrían, como oportunidad, el convertirse en eternos proveedores de materias primas a la comunidad y esto no estaban dispuestos a tolerarlo ni Gheorgiu Dej, ni el Sultán Rojo H.Hoxha. El rompimiento total se produciría en los inicios de la década de los sesenta cuando cada uno avanzó por separado, por su propia senda; Rumania (neo nacionalismo socialista) y Albania se convertirían en  los “Chinos de los Balcanes”.

 

Al filo de los sesenta se hacía evidente que la quimera socialista de Stalin: el Socialismo Unicéntrico y la supremacía soviética en materia “socialista”, era imposible y menos aún un “socialismo” que había perdido todos sus fundamentos, al menos en el sentido marxista. Los desafíos del socialismo local, al que tanto temía Marx, volvían a imponerse, y los riesgos del socialismo adelantado, que tanto había criticado Lenin, saldaban sus cuentas a estas experiencias. La crisis del poder absoluto se mantuvo latente durante toda la vida del extinto “campo socialista”, pues la oposición y las luchas intestinas no desaparecieron jamás.

 

No hay duda que el desarrollo alcanzado en todas las esferas por estos pueblos resulta significativo, partiendo de la propia herencia histórica de los regímenes políticos anteriores, y que el sustrato material e intelectual del cambio y el perfeccionamiento social, se gestó bajo el ensayo político del Socialismo de Estado de este siglo. Sin embargo, el objetivo humano del socialismo de reproducción ampliada de relaciones sociales socialistas o lo que es lo mismo la eliminación de la lucha por la existencia individual y la dominación de clases, que es precisamente el objetivo que evaluamos, no se logra, y no se podía alcanzar, porque no se contaba con la base material necesaria para cambiar la posición de los individuos ante los medios de producción; no existía una cultura general y una cultura política en especial lo suficientemente desarrollada para encausar un autogobierno real sobre la base de un auténtico colectivismo; y porque el socialismo como objetivo futuro exigía un proyecto de sociedad realista, que les hiciera avanzar desde sus puntos de partida históricos pasando por una serie de estadios de desarrollo intermedios que fuese propiciando una calidad de vida superior a las grandes mayorías, un equilibrio de deberes y derechos auspiciados por una auténtica conducción revolucionaria done funcionase un control social desde abajo. Por otro lado, la exportación del “socialismo” y menos aún, una exportación premeditada y sin fundamento era imposible que obtuviese otro resultado que la negación del “socialismo” como objetivo general.

 

Las organizaciones internacionales, dirigidas bajo el imperativo de criterios políticos, jamás consideraron las especificidades de cada uno de sus integrantes, ni los intereses, ni su memoria histórica; por ello no respondían a los cambios realistas que demandaban sus sociedades, convirtiéndose en freno para su desarrollo. Se presuponía la internacionalización de relaciones que ni siquiera se habían creado en esos países y, de ahí, su incapacidad para funcionar como un sistema, máxime cuando el rumbo encauzado no tenía nada que ver con el socialismo. Las constantes convulsiones y revoluciones sociales que se sucedían, demostraban absolutamente la debilidad del empeño socialista en cada país y acusaban abiertamente el autoritarismo y voluntarismo a escala del “Socialismo Internacional”.

 

Una ilustración detallada de la situación en ese escenario “socialista internacional”, lo describe Raúl Roa en su artículo “Aliados por Conveniencia”: “El despotismo político se ha enseñoreado incluso de pueblos otrora ejemplares por el respeto de sus conductores  a las instituciones democráticas y su culto a la dignidad humana. Millones de hombres y mujeres están “viviendo” sometidos, por una parte, a un sistema depauperante de subconsumo, y a merced, por otra parte, de autócratas, camarillas u oligarquías, que, habiéndose adueñado del poder por la violencia, el soborno o el fraude, detentan sus destinos mediante expedientes y métodos que muy poco difieren de los empleados por los fascistas, los nazis y los falangistas y se asemejan bastante a los usados por los comunistas en Rusia, China, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Albania, y Hungría, teatro esta última de atrocidades que mantiene aún conturbada la conciencia civilizada”.[267]

 

El férreo control de la etapa stalinista sobre estos países, fue sustituido invariablemente por una gran tolerancia, en particular con los vínculos con Occidente, aspecto inevitable si se deseaba tener un “Bloque” que ya no podía ser a imagen y semejanza de su progenitor. Los hijos se parecían cada vez menos a sus padres, es como si la negación del acto de nacimiento, quisiese borrarse con cortes de pelo, masajes faciales y maquillaje que los diferenciase lo suficiente como para estar satisfechos de su  reconquistada “imagen individual”.

La fuerza solo se utilizó cuando las reformas y medidas emprendidas por algún país, apuntaban contra la “solidez” del mismo, como es el caso Checoslovaco (1968). La invariable estructura de poder político estatista – burocrático, garantizaba el retorno al rumbo centralista económico, cuando la experiencia de Mercado hubiese expirado, al igual que un tinte oscuro, en un pelo totalmente cano. Los nexos embrionarios de dependencia sólo podían romperse cuando la propia casa matriz atentara contra ellos en su propio terreno. Las heladas y los deshielos se sucedieron consecutivamente, hasta que llegó el momento en que nada podía volverse atrás, ni recomponerse. El fin justifica a los medios en el “Socialismo Internacional” europeo y los pueblos negaron ese “socialismo” y condenaron los medios.

 

 

CONCLUSIONES.

                          

                                PULSATE ET APERIETUR VOBIS.[XLVIII]       

 

El abordaje  de la problemática socialista en su proceso de internacionalización, al partir para ello de la génesis y no de la debacle del mismo –como es común en la literatura consultada-, ha permitido analizar y explicar las causales genéticas del derrumbe de dicha experiencia en la ex – Unión Soviética y en la Europa Oriental y Central. Para tales efectos investigativos se ha penetrado con la profundidad que los documentos puestos en conocimientos del mundo han permitido, más el procesamiento de teorizaciones de diferentes posturas ideológicas que en constante contrapunteo han valorado parcialmente de acuerdo a los propios conocimientos que se tenían sobre el fenómeno, en particular ha sido vital la revitalización del Marxismo primigenio y sus continuadores más prolijos como reflexión que indica qué no debe hacerse o faltar si de desenajenación humana se trata en términos de negación de todas las formas de exclusión recurrentes y nuevas. A lo que se agregan las conexiones activas de una memoria histórica asumida dialéctica y complejamente, abierta y expansiva la cual ha permitido mediante una correlación de los actos políticos, de sus tomas de decisiones y de los costos que arrojó para dichas sociedades en coherencia con los cimientos sobre los que éstas experiencias se erigieron. Por tal motivo consideramos este trabajo, un primer paso en el esclarecimiento de un problema vital que concierne a todos, a saber: la reorganización de la civilización desde principios verdaderamente humanos. Donde el socialismo sigue siendo, en este sentido, una alternativa válida que exige estudio, atención evaluación de lo acontecido y desarrollo.

 

El que un proyecto no resultase exitoso por la pérdida de sus valores más preciados en el decurso de su camino, como consecuencia de que fuerzas nacidas de él lo colocasen a la altura de sus apetencias políticas, apoyándose para ello  en condiciones muy específicas en que se desenvolvió el proceso y en la toma de decisiones que no siempre garantizaban su reproducción ampliada a largo plazo, no debe conducirnos a la negación en su versión clásica con el merecido enriquecimiento que la experiencia histórica brinda. Muy por el contrario, el laboratorio de la creación humana mucho más rico, espacioso y creativo conducirá siempre a las fuerzas sanas y comprometidas a luchar y a subvertir los órdenes sociales deformados, decadentes, expoliadores de la libertad humana.

 

El enfoque integral y pluridimensional, basado en el método marxista de procesamiento de lo universal para entender lo regional y/o local en el rescate de la evaluación histórica, a demostrado su consistencia para el análisis científico, y ha sido el principal aliado e instrumento de trabajo para avanzar en el esclarecimiento de las interrogantes que acompañaban a este acercamiento a la realidad desde sus inicios mismos.

 

El cotejo entre los problemas nacionales e internacionales en su complejidad congénita, como principio que no genera abstracciones fijas y aisladas, condujo a una orientación certera ante las peculiaridades del mundo moderno y postmoderno y sus conflictos en la época del Capitalismo transnacionalizado. Esto para poder evaluar lo evitable e inevitable en la correlación entre lo que se proyectaba, cómo se delineaba, cómo se aplicaba, cómo se valoraba –cuestión esta que no siempre fue realista por parte de sus máximos responsables-, cómo se corregía y los destinos de dichas transiciones; ante los desafíos que el poder proletario y los excluidos de siempre debe asumir desde el subdesarrollo, el cual ha de saber sortear el dilema central que ha acompañado a los intentos socialistas desde esas condiciones. Es decir, al no existir una maduración para el poder de las clases y grupos sociales  que representan y para la ejecución de las medidas que demanda el poder de dichas clases y grupos, lo que podía hacerse contradice toda la postura política anterior y lo que debía hacerse no se puede llevar a cabo.

 

Se coloca así el problema del alcance de un nuevo tipo de autoridad en una situación harto difícil para realizarse, sin la presencia consecuente de un auténtico control social desde abajo -al decir de Rosa Luxemburgo-, y por ende de un proceso paulatino de socialización efectiva en todas las esferas. Muy vinculado a ello también, la labor constante del imperialismo y de las fuerzas opuestas al socialismo para que este no avance en la consolidación de su proyecto de manera natural y cuidando todas las aristas de las necesidades sociales y de las diversas tareas que demandan las diversas realidades nacionales.

 

El seguimiento de los objetivos políticos, de su envoltura ideológica, y de los medios de que se valió para legitimarse, demostró la naturaleza de clases que acompañó al régimen social gestado en octubre de 1917, permitiendo establecer que factores de índole política, económica, espiritual, psicológica, sociológica e histórica, entre otros, allanaron el camino a la deformación del Estado Obrero y a la consolidación de la burocracia en lugar del proletariado, y como esta se fortaleció y extendió por toda la Europa Oriental y Central internacionalizando su poder y sojuzgando a pueblos enteros.

 

El proceso de deformación del Primer Estado de Obreros y Campesinos de la historia de la humanidad, comienza a gestarse desde su propio nacimiento y bajo el imperativo de las circunstancias  que dieron origen a la toma de decisiones en la búsqueda urgente de su consolidación, en circunstancias muy difíciles para que en un intento humanizador se abriera paso de manera natural y a la vez resolviera los múltiples problemas acumulados que aquejaban a la sociedad que había conocido a uno de los poderes más retrógrados de Europa. Es decir, en el propio desafío del poder cuando se asume desde el subdesarrollo, en esa correlación tensa y escabrosa entre lo que se deseaba y lo que se puede hacer, afrontado por añadidura desde la inexperiencia y con un absoluto optimismo en la voluntad, precisamente en él se produce el doloroso aborto del intento, dado que las medidas transitorias, aquellas que tienden puentes no se alcanzaron puesto que se reprodujeron los viejos mecanismos de interacciones sociales excluyentes y no de construcción colectiva ahora bajo un “manto socialista” que dejaba mucho que desear en cuanto a desalienador.

 

Se aspiraba a consolidar el poder de los desposeídos, de los obreros y campesinos personificado en el Soviets, pero la experiencia corrió el riesgo de avanzar demasiado sin crear la base del sustento de dicha aspiración, basado en el conocimiento real y no en el imaginario que corre a cuenta y riesgo de sus tutores en muchas ocasiones poco escrupulosos, para ir preparando al hombre a ejercer la dominación que por derecho propio había conquistado.

 

En los primeros momentos comenzaron a delinearse en decretos constitutivos básicos los nuevos principios políticos, económicos, sociales y espirituales que refrendaban la búsqueda en el alcance de la soberanía individual y nacional, pero tanto el Soviets, como el partido y las organizaciones sociales garantes de la nueva autoridad que debió abrirse paso necesitaron una modificación sustancial de sus estructuras internas, del engranaje de funcionamiento sistémico y de su organización acorde a las nuevas tareas que demandaban la nueva realidad, cuestión ésta a las que no se le brindó la debida atención manteniéndose fiel a su situación anterior a la toma del poder político.

 

Nacidas en la vieja democracia, estructuradas acorde a la actividad que tipificó su lucha, repitieron imperfecciones de exclusión social en la toma de decisiones en general, aspecto este que limitó esencialmente el control imprescindible de las masas que debió presidirlas en ascenso continuado; muy en especial en el aparente inevitable centralismo que exige todo cambio para confirmar la voluntad de reestructuración de las relaciones sociales, elemento que precisaba de mucho seguimiento para lograr alcanzar paulatinamente la relación armónica entre centralismo y democracia que por demás presidía al intento en lugar de acuñar al polo del centralismo como el aspecto determinante en la correlación que debió ser dialéctica entre democracia y centralismo, al ser este último el mecanismo funcional por el que cómodamente que se optó. Por lo que se reprodujo afín de cuentas, la vieja maquinaria represiva envuelta en consignas poco creíbles, y que de no haber sido tan dramáticas para los seres humanos inmersos en dicha experiencia concluirían en risibles por el intento de ofensa a la inteligencia colectiva e individual que siempre se las agenció para burlarlas a toda costa y a todo costo.

 

El cerco capitalista, la guerra civil y la situación de miserias en que vivía el país, hicieron obviar primero y luego olvidar el necesario énfasis en estas cuestiones definitorias que, a la altura de la propuesta leninista de reforma integral, habían consolidado a otras fuerzas sociales encarnadas en una poderosa burocracia que escapaba a toda suerte de conjura contra su dominio. Ese poder que supuestamente era de los desposeídos y que condujo a Lenin en 1922 a cuestionar si verdaderamente existía o si sólo era una saludable creencia. Al poder accedieron entonces la mediocracia reproductiva de las consignas y procederes en moda lo cual lastro el ámbito espiritual de la sociedad en su conjunto retrotrayendo el pensamiento y en consecuencia el hacer.

 

La base económica con que contaba el proceso, aún más desgastada por la situación de guerra, no era suficiente. La aspiración al Capitalismo de Estado como puente entre la realidad de que se partía y el socialismo no pudo llevarse a cabo y en su lugar, se vio obligado al Comunismo de Guerra como garantía de la supervivencia, y, la práctica continuada del mismo, a la creencia de  que esa era la forma ideal de aproximarse al socialismo. Todo lo cual condujo  a la crisis de 1921.

 

La casta de especialistas del reparto se consolidó durante este período, lo cual sentó las bases del poder económico y de su preeminencia en los marcos de una sociedad que prescindía de lo elemental. Los modos en que la burocracia acuña su función  en medio  de circunstancias  de conflictos armados  hacen que éstos extiendan los métodos de control militar a otras esferas de la vida civil como modo de administración y control, lo que garantizaba su existencia en ausencia del conocimiento necesario para discutir las órdenes que venían desde arriba o de eslabones intermedios no siempre conocedores de la realidad y de sus demandas efectivas.

 

La cultura en general era más baja, lo que se agudizaba en la cultura política en especial, para dar fundamento a una autoridad carismática que se avenía perfectamente a la mentalidad del ruso medio en su atormentada existencia de precariedades. El fetichismo del Estado y de las figuras políticas dominó aún, y cuando parte del liderazgo representado en la figura de Lenin se oponían, la incapacidad de la masa para poder decidir en las cuestiones de Estado reforzó el criterio de los cuadros como hacedores de la transformación social, situación que con posterioridad a la muerte de Lenin se agudiza en extremo. Este fenómeno se encuentra incluso en la concepción acerca de la vanguardia leninista, recordemos su celebre frase en ¿Qué hacer?,” Dadme una organización de revolucionarios y removeré a Rusia de sus cimientos”. El concepto de profesionalización en la toma de decisiones va a sustituir al socialismo del protagonismo popular cuando éste se adelanta en circunstancias donde no existe base material y espiritual para el poder de clase que se intenta consolidar como una opción a la opresión social preconizada por el imperialismo y sus secuelas modernas en sociedades subdesarrolladas.

 

A las masas populares había primero que alfabetizarlas en general; levantarlas de su secular aislamiento y enclaustramiento para que pudieran asumir el papel que la transición al  socialismo les asignaba. Y en esas circunstancias en que el hombre no está preparado para comprender y ejecutar algo que, por muy hermoso, le es ajeno, surge el espacio vital de aquellos  que han de custodiar el poder  que les corresponde hasta que éstos estén en “condiciones de ejercerlo”.

 

La práctica confirmó que  las medidas de elegibilidad, revocabilidad, y salario obrero para los funcionarios entre otras, no eran suficientes en las condiciones del subdesarrollo para el alcance de un  poder social efectivo. Que la lógica de carencias y la ausencia de control social real impulsaba y consolidaba otro hegemonismo que tenía por base a la forma  de  ejercer el reparto de lo que el pueblo necesitaba, al control centralizado del poder y a la psicología  social; por lo que, ¿en el  quién vence a quién?, se precisaban de otras mediaciones y mecanismos políticos que garantizaran un control desde abajo y que se fuesen incluyendo de forma paulatina en el accionar social, los cuales eliminaran la secular paralización a que se vieron sometidos la multiplicidad de canales de participación individual como efectos derivados de las condiciones, las costumbres y la falta de conocimientos. Los mecanismos naturales de delegación de poder que acompañaron al proceso, devinieron en el desmantelamiento del mismo en la perspectiva soviética socialista. El proceso de reformas liderado por V. I. Lenin a partir de 1921, y concebido de manera integral y sincrónica, chocó con serios problemas en su asimilación y aprehensión real. La burocracia existente limitó y luego cerró las puertas de un golpe a su materialización fundamentalmente en la esfera política –aunque abarcó a todas las esferas de interacciones societarias- y, con ello, abortó su intento corrector del rumbo adelantado del socialismo, problema en el que el mismo Lenin viese una de las causas fundamentales de la deformación burocrática del socialismo soviético.

 

En resumen, la experiencia del Primer Estado de Obreros y Campesinos se deforma como consecuencia de las circunstancias excepcionales en que discurre; de los vericuetos que hubo de recorrer para sortear el dilema del poder desde el subdesarrollo al no contar con las condiciones suficientes e instrumentar a tiempo  alternativas viables; por los propios errores cometidos en el proceso de implementación de su diseño transicional al socialismo; por la ausencia de la tan esperada Revolución Mundial en las que el proyecto inicial sentaba las bases para su triunfo y por no encontrar formas eficaces para palear los desafíos que ello imponía; y además, por la propia labor subversiva del imperialismo que acosaba  a las fuerzas sanas en su lucha por desarrollar su diseño y combatir a las fuerzas ajenas que se gestaban en dramática lucha entre el ideal y las formas concretas para materializarlo. Por tanto, en vida de Lenin comenzó ese proceso, sentó sus raíces, para consolidarse después de su muerte. 

 

El stalinismo encarnó el movimiento de conformación y culminación de un modelo estatista y burocrático del socialismo que abarcó a todos los espacios de esta sociedad. Modelo que perduró, a pesar de los ligeros retoques de cosméticos a que fue sometido por la dirección política para sobrellevar las crisis de autoridad que se presentaron, en tanto estuvo en condiciones de legitimarse a toda costa y a todo costo armonizando constantemente para ello sus objetivos, envoltura ideológica para confirmarse y los medios específicos para materializarse.

 

El contexto de justificaciones para el llamado triunfo del socialismo en un solo país, repitió similares formulas para el nacimiento del socialismo en una zona del mundo. Así sería el depositario del “Comunismo” Unicentrico, es decir de un comunismo gestado a imagen y semejanza del modelo stalinista, dirigido y custodiado desde Moscú.

 

El diseño de la Política Exterior de la Burocracia Estatal Soviética a la altura de 1945 respondía a causales de orden interno y externo. Era una extensión de la política doméstica para afianzar el poderío de la casta político militar, como aspecto imprescindible para su reproducción ampliada.

 

El objetivo de unir a todas las fuerzas progresistas del planeta en un movimiento emancipador devino en su antítesis, en una subordinación de los intereses y potencialidades de ese movimiento en beneficio de la casta burocrática que comenzó a imitar en los medios de dominación, al propio imperialismo, en sus variantes más primitivas y bárbaras, llegando incluso a entendimientos con éste con tal de salvaguardar sus condominios y su hegemonía; no debe olvidarse el comportamiento posterior al pacto Soviético – Alemán de Moscú con los territorios que pasaron a su zona de influencia. Con ello se verificó un giro total de la Política Exterior preconizada por el Marxismo y puesta en práctica por Lenin, la cual colocaba a los pueblos en el lugar que les correspondía en las Relaciones Internacionales, pues defendía el derecho a la autodeterminación, la solidaridad y desterraba todo intento de supremacía de un gobierno y sus gendarmes de turno sobre cualquier pueblo y/o movimiento social.

 

El ideal y la práctica a partir de las condiciones concretas se encontraron en pugna, se adjudicaron –o mejor- impusieron más un imaginario anti histórico pues era irreal en sus esencias mismas, al custodiar como premisa celosamente obrada que no se develase la verdad, con lo cual se arrastró a miles de seres a senderos equivocados a lo que sé auto tituló liberación. La aspiración a la redención social anticipó al socialismo en sus inicios más allá de sus posibilidades y de una armonización de tareas presocialistas y transicional socialistas, que partieran del análisis micro social, al macro social y viceversa,  y no culminara absolutizando a lo macro en absracto, que diluye y despersonaliza a la responsabilidad individual y social en general al enajenar al individuo de una praxis que abriera gradualmente un activismo objetivo en la transición a una nueva cualidad de relaciones humanas construida colectivamente. Con todo lo acaecido el ideal se convirtió en envoltura ideológica de objetivos, medios y garante de fuerzas ajenas al mismo.

 

El Socialismo de Estado que sustituyó al Socialismo de los Soviets -que sólo existió en mínimos espacios antes y en los primeros momentos del acceso al poder bolchevique-, no podía sostenerse con posterioridad a la segunda contienda mundial so pena de desaparecer por sus propias deformaciones, de no incorporar a su método extensivo de desarrollo a otros países que le permitieran mantener las bases de su dominio absoluto,  atenuando de esta manera la miseria y escasez de sus ciudadanos. La “teoría del triunfo del socialismo en un solo país”, se acomodó a la “teoría del triunfo del socialismo en una zona del mundo”. La práctica política cumplimentaba sin lugar a dudas su papel de justificadora de los fines y los ideales altruistas del socialismo se combinaban con métodos y medios de violencia física y espiritual. La absorción y sovietización de las sociedades de Europa Oriental y Central era el objetivo fundamental a desarrollar, para ello era imprescindible una disciplina única, garante del florecimiento del “Comunismo” Unicéntrico, dirigido y orientado desde Moscú.

 

Los pasos dados en relación la Movimiento Obrero y Comunista Internacional, sujetaron la acción independiente y diferenciada de sus miembros, los cuales desplegaban estrategias y tácticas ajenas a sus realidades, pero que cubrían las necesarias expectativas del Kremlin para alcanzar sus objetivos específicos, tanto antes de la contienda bélica como después de ésta. Lo cual impuso una suerte de dependencia casi total para la toma de decisiones ante cuestiones cardinales y no cardinales, lo que originó serios descalabros en muchas de las acciones y luchas concretas que debieron afrontar y que condujo, en buena medida, a la perdida de  credibilidad de dichos movimientos ante las masas que lideraban.

 

La Política Exterior Soviética en el período estudiado responde a la de un Estado Obrero Deformado, a las necesidades internas de su reproducción y para la defensa interior y exterior de  sus intereses. Los contubernios con el imperialismo, incluso el Alemán, negaban sus principios constitutivos hasta en el modo de acuñarlos los cuales eran desconocidos por las propias autoridades investidas de poder para firmarlos y dar la necesaria solidez a los mismos; todo  esto sin olvidar el comportamiento nada ético con las zonas de influencia alcanzadas y con las cuales había firmado pactos de protección mutua con anterioridad.

 

El diseño ideológico y el modelo práctico exportado evidencian su alejamiento del socialismo marxista y de sus continuadores, pero además genera serias sujeciones a un poder que limita la soberanía de los pueblos en que va a implantarse y que no considera su memoria histórica, sus costumbres, e idiosincrasia. Las consecuencias de una extensión socialista hacia la Europa Oriental y Central basada en un modelo deformado del socialismo, condenaron a priori su destino.

 

La tarea de absorción de la Europa Oriental y Central no fue fácil; el stalinismo debió sortear serios  desafíos tanto de índole fronteriza así como, étnico y nacional. Apoyado en las leyes internacionales logró altas indemnizaciones y remuneraciones que se extendieron no sólo a la manutención del ejército rojo, sino a  un comercio preferencial y una presencia civil considerable en la dirección económica de estos pueblos, lo cual garantizó que se avanzara mucho más rápido en la dependencia material para que la sujeción política y espiritual pareciera mucho más natural.

 

La eliminación de la oposición política y la aplicación del modelo estatista - burocrático acusaron la total dependencia de  estos países a Moscú, que mediante el Buró de Información de los Partidos Comunistas y Obreros trataron de legitimar su poder a escala de bloque, apoyándose en el mismo para desatar no sólo dentro de los pueblos, sino del propio bloque la concepción de la agudización de la lucha de clases como justificación a la eliminación de la disidencia política; que fue capaz incluso de excomulgar a una ex –hermana: Yugoslavia, a través del espectro indeseable del Titoísmo, el cual resumía las  aspiraciones de una buena parte del movimiento reformador activado a partir de 1948, y que preconizaba la necesidad del reconocimiento de las especificidades de cada país, la independencia dentro del Movimiento Obrero y Comunista y el camino autóctono y nacional al socialismo.

 

El modelo económico avanza y se consolida internacionalmente con la aparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), éste si bien en el período de reconstrucción nacional ofrece resultados significativos, no es menos cierto que no es capaz de reproducir ampliadamente relaciones sociales socialistas, la socialización se define no por la cantidad, sino por la calidad por el cambio fundamental de la actividad de los individuos; la no consideración de las marcadas diferencias de los mismos, el divorcio entre los estatutos constitutivos del Consejo de Ayuda Mutua Económica y las prácticas económicas reales de dirección de los procesos, originaron serias desproporciones en un accionar homogéneo en la  esfera económica para enfrentar realidades distintas. Tal situación conducía a constantes subsidios que no sólo provenían de la ex –Unión Soviética sino de toda su esfera de influencia como forma de salvar las crisis  que se presentaban. Para estos países en cuestión el modelo significaba: para los más desarrollados, que sus economías fueran dirigidos con métodos subdesarrollados;  para los subdesarrollados, y los de  menos desarrollo que el país modelo, someterse a tensiones y estrategias imposibles de cumplimentar que atrofiaban su evolución natural.

 

Consideramos que el establecimiento de organizaciones económicas en países que aspiraban a mantener una soberanía del imperialismo en esta esfera, es un aspecto lícito de sus participantes, siempre y cuando la nueva organización no genere dependencias adicionales y se avance en un auténtico desarrollo. Porque el desarrollo debe considerarse integral, en oposición a una determinación cuantitativa por sectores o ramas aisladas, que adolece, por tanto, de una estrategia general que considere a todos los factores inmersos en el problema y signifique progreso.

 

El diseño espiritual enraizó la dependencia total, una dependencia del individuo al Estado y de una nación a otra, lo cual condujo a una crisis de identidad de funestas consecuencias en todos los órdenes, en especial el moral.

 

Las causales de orden externo que motivaron al despliegue de esta política por la Burocracia Estatal Soviética responden a la lógica en materia de Relaciones Internacionales que se había comenzado a estructurar en el mundo como resultado de la fase imperialista y que se acentuó con las guerras mundiales: expansión, esferas de influencias, seguridad nacional, eran términos afines a la dominación en los espacios vitales para alimentar la reproducción ampliada de los más potentes, que sólo sobrevivirían con la corte de súbditos que lograran a través de la teoría de la dependencia. Estos eran los objetivos afines a las apetencias políticas de los centros de poder, la racionalidad del poder era irracionalidad humana; sólo que aún no existía una alternativa válida que rompiera con tal lógica de dominio.

 

El Socialismo de los Soviets estableció el precedente para el cambio de tal lógica de poder en el escenario internacional. La burocracia de corte stalinista  se sumó  al expansionismo, a la política de ultimátum y a la exportación de su régimen como modo de armonizar  la dirección de los territorios ocupados desde un centro único, como garante de su reproducción. Las medidas tomadas  en el movimiento sovietizador relacionadas con la  nacionalización de los bienes a las anteriores clases explotadoras y la eliminación de estas del encuadre clasista, significaron sin duda, un paso de avance para las realidades  de estos pueblos. Sin embargo los métodos burocráticos que encabezaron y  viabilizaron las nuevas realidades asentaron la dependencia de estas naciones hacia la Unión Soviética y generaron nuevas y más brutales formas de dominación de las castas de mando que nacieron como auténticos embriones voraces, rapaces y dignos ejemplares de sus gestores.

 

La burocracia es un fenómeno que se acentúa en las realidades subdesarrolladas; debemos considerarlas pues, como un lance de primer orden para el nuevo poder y, en ese mismo sentido, evaluar en la justa dimensión su significado para estas experiencias socialistas que asumimos. Los resultados alcanzados bajo su dominio en estos pueblos nos llevan a considerar su costo económico, político, social, y espiritual desde el punto de vista  de que realmente no encauzaron las potencialidades reales de estos pueblos no alcanzándose así, una reorganización justa, y socialista de los mismos. En nuestra consideración, la burocracia estatista  nacida en estas experiencias socialistas carecía de misión histórica. Su poderío y  preeminencia se encontraron asentadas en la propiedad estatal, en un sistema político hecho a la medida de sus  apetencias y a un absolutismo que abortó el empeño socialista y acuñó la crisis  de valores presentes en la actualidad en el escenario donde se desarrollaron estos movimientos. El imperialismo y sus  testaferros nacionales coadyuvaron con su constante cerco e intimidaciones, a que no se realizara un balance justo y a tiempo en éstos y de éstos Estados Deformados, ya que fue necesario atender con prioridad los desafíos constantes a la  supervivencia y defensa de la integridad de los pueblos, impidiéndose así, que se restauraran regímenes sociales y políticos ya superados.

 

Los intentos reformadores iniciados muchas veces desde abajo y liderados por el pueblo concluyeron siempre en un desfile de mascaras que ocultaban la verdadera naturaleza del  empeño, la burocracia se las agenció para manipular a estos movimientos, para permitir ligeros cambios que no afectasen las bases de su dominio, auténticas reformas a lo leninista, vistas y concebidas integralmente jamás fueron  toleradas; sólo fueron un respiro a las urgencias y exigencias de las masas entusiasmadas siempre a la espera de  un cambio; la esperanza no abandonó a estos pueblos, sólo que de tanto dilatarse otras fuerzas tomaron la iniciativa, nublando de tanto  en tanto a la esperanza.

 

Las correas y los aguijones típicos del bonapartismo stalinista, tuvieron que ser sustituidos a finales de los cincuenta ante la aguda crisis de autoridad que sufría la  burocracia estatal soviética ante estos pueblos. El nuevo reacomodo de una política  que mantuviese a Moscú dentro de Europa  Oriental y Central, asumió una postura  más tolerante ante las impertinencias de sus súbditos que ya no lo soportaban, permitiéndoles ciertas libertades siempre y cuando no renunciaran al hegemonismo soviético.

 

La experiencia “socialista” en la Europa Oriental y Central, con tales “justificaciones históricas” para su existencia, nacía condenada al fracaso y a las más terribles consecuencias para su evolución natural en todas las esferas de la vida  humana, pero el peor efecto ha recaído en dejar a estos pueblos vacíos  de alternativas para resolver el problema de las grandes mayorías, el socialismo se ha convertido por obra y gracia  de la manipulación política  en su antítesis, y en un fantasma al que no se conoce pero al que se teme.

 

Por lo que, defender este estudio de más de 20 años a la altura de 1997 en Cuba, cuando en sus esencias mismas estuvo listo hace ya mucho tiempo para presentarse y contribuir modesta e intelectualmente a la experiencia socialista que se supone se construye en este país, dice mucho sobre vicios e importaciones –en el mejor de los casos- de dicha experiencia en esta praxis humana que vivimos hace más de medio siglo. De hecho, casi a esta Tesis pudiera ser titulada: Un libro “viejo”, muy viejo. Y es que Los acaecimientos “envejecen” aunque sean de hoy por al menos dos razones: una porque ya no hace falta tomarles en consideración –“se conocen de sobra”- y otra, porque son útiles para justificar lo injustificable aspecto este que ofende la inteligencia humana hasta sus raíces propositivas mismas. Así las cosas, la importancia de los sucesos puede ser tan circunstancial como utilitaria en avenencia con el conocimiento que de ellos se tenga y la voluntad o apetencia de sobrevivencia que les asista. De lo que sí se encuentra convencida la autora de este libro, porque es un libro pensado y obrado con ciencia y sensibilidad científica, es que: si dejamos perder nuestra historia, es porque no la hemos vivido.

 

Razón de más para cerrar estos espacios con la incluyente propuesta ética de Carlos Marx: “Dixit  et  salvavi  animan mean”. [XLIX]           

 

 

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