Colabore para que Letras - Uruguay continúe siendo independiente

Manuscritos a contraluz
Cuba entre imaginario y realidad 
por Dolores Vilá Blanco

Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de la Universidad de la Habana
  CENDA REGISTRO 2625 -7 de Octubre 2008

 

A mis retoños:
Grisell, Greys y Armando.
Por el impulso, por las ideas. 

CONTENIDOS.

-Introito

-Dialogando con ustedes

-Lo único que sé es que no soy marxista

-El rumor de la colmena

-La fuga inútil

-Asnos con garras   

-Consejos de ausentes 

-¿El león dormido o leones que no duermen?

-¿Injertar el olmo o sembrar perales? 

-Referencias bibliográficas de los ensayos

“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. (…) El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón”.

La Edad de Oro.

José Martí.

Introito

Hace más de cuarenta años que el pensamiento martiano que encamina al libro me acompaña. Desde la primera ojeada nerviosa, bajo los efectos de un Concurso Nacional de Historia de Cuba quedé bajo su influjo bienhechor. “Conmover es moralizar”[1]. Tal estremecimiento llega hasta hoy, porque pensar en todo lo que se ve y lo que no se ve, golpea e impulsa y uno no puede quedarse paralizado. La inmovilidad no es típica de las “criaturas de islas” acostumbradas a bracear fuerte en el inconmensurable azul. Por eso prefiero “la flecha al cangrejo” y el mar bravío al pantano de la mediocridad.

Manuscritos a contraluz. Cuba entre imaginario y realidad, une madejas en sus contenidos, no teje, ni anuda a sus partes ya que no se propone aprisionarlas, tienen vida propia. Cada una de ellas muestra en sus primeros párrafos nortes, pero no descorren totalmente la cortina. A la puesta en escena se les invita como directores, guionistas y actores. Estos ensayos se juntan y espigan desde lo común que les puebla, la cubanía y la aspiración a contribuir a lo cubano. Escritos en claves recurrentes que religan e interdialogan con problemas y búsquedas de opciones dables, se presentan hoy, sin otra pretensión que hacerlas sentir humanamente liberadas -qué expresión tan extraña- después de la agotadora lid de llegar y retornar al mar.

Son tiempos, en que para unos sobra y para otros no alcanza el tiempo. “Abrir los ojos es romperse por el centro”[2]. Pero, no se puede “retroceder”. Es preciso interrogar constantemente a la realidad a lo que se dice de esa realidad, desmitificar senderos que acunan bribones, para que la alienación imperante deje de sernos indiferente. Por eso este libro, por eso las cuidadas –probablemente extensas- argumentaciones que fluyen y confluyen en sus páginas como un batir de olas, de alas. No puedo hablar del proceso en que vivo en síntesis, en blanco o negro, no puedo asistir a esos convites;  es preciso dotarlo de explicaciones, de entendimientos, de soluciones. “O se habla lo que está en el país, o se deja al país que hable”.[3]  

Dialogando con ustedes

Qué puede hacer alguien que ha ejercido el sacerdocio por más de 30 años cuando investiga y escribe sobre lo indagado. Qué ofrecerles, cuando sé es consciente que el resultado existe por las interacciones e interrogantes de un magisterio que se asume para aprender, -ya en los espacios de las aulas o en los que se encuentre- desde una visión cultural más profunda, más humana. Enseñar y aprender no pueden separarse, enclaustrarse, la incomunicación es ajena a la vida en gestación. Dialogar, -sobre todo lo dialógable y no dialógable- he ahí las claves con que se construye este libro. Los ensayos que le componen y sus extensas referencias socializan espacios de debate, argumentos, visiones puestas en función de pensarnos la vida con sensibilidad científica, con compromiso culto por el porvenir, por nuestro porvenir.

“La razón de ser” que nutre este empeño, pasa por acercarnos a entender la razón de ser de todos y de cada uno interconectadas en los actuales procesos en que existimos. Transita a su vez, por el recurrente dilema de los latinoamericanos en el proceso de asimilación de lo universal en sus jugos y desde las voces de nuestras tierras[4] sin subordinar una a la otra en el movimiento de sus asunciones e interpenetraciones. Todo lo cual permite abrir cauces en la comprensibilidad de “quién es, qué es, y qué papel habrá de desempeñar, en absoluta identificación consigo mismo”[5], en el inaplazable proceso de “trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres”, y serlo uno mismo; sin ínfulas de hondas huellas o moralismos discursivos, sólo con la satisfacción de servir. Porque “pensar, es servir”.

Meditar sobre la Cuba de hoy, es proponerse vivirla junto a cada cubano como propia. Cada idea enhebra fragmentos de la cotidianidad atravesados de herencias inconclusas, de probabilidades cual preguntas a flor de piel. No es este un libro “académicamente científico” –si bien se levanta desde y por la academia- como la aún conceptocracia existente reclama,[6] evadiéndose así de la enjundia humana, del conocimiento vivo versátil, del verbo que conecta lo cotidiano con lo preimaginado, lo autóctono con lo universal, lo inacabado como sentido e impulso.

Estas meditaciones exploran a partir el conocimiento que el proceso de los últimos cincuenta años propició en sus plurales y peculiares transcursos socialistas. Se piensa y se habla sin hipocresía desde ellos, comenzando con sus propias lógicas discursivas, culturales y argumentando posibles argumentos a lo acontecido y a lo por acontecer, pues “No hay error, todo acontece como respuesta a tiempos, espacios situaciones que reúnen y unen. (…) Es la memoria viva haciéndose a sí misma siempre igual y distinta. Eso somos, el mismo en sus diversas representaciones. (…) dinos alguna vez cómo y quién somos o seremos, está en tus ojos”.[7] Esas recurrentes interrogantes dispersas a lo largo del pensamiento, y de cada cubano dependen, “entre otras cosas, de las vagabundas y ambiciosas facultades imaginativas de los hijos de América, y de la falta de teoría para el ejercicio de la libertad. Somos libres, porque no podemos ser esclavos: nuestro continente es salvaje, y nuestra condición es el dominio propio; pero no sabemos ser libres todavía”.[8]

Cómo dotar de teoría al ejercicio de la libertad, he ahí una faena a contribuir abierta y perennemente porque “está en nuestros ojos”. Cómo aprender a ser libres, compromete a repensar y encauzar, comenzando en el estado en que vivimos, los problemas que nos son propios y las posibles tendencias para que no se retrotraiga lo alcanzado. “¿A dónde va Cuba? hállese el país incluso en circunstancias de ventura, es una pregunta sobre la que ha de indagarse perpetuamente como proceso de progresión verídica de la nación”.[9] Ya que no puede igualarse un imaginario futuro en fragua, con la realidad de cómo se está haciendo, siendo y las interacciones humanas que resultan en la cotidianidad, en cada participe del intento, en la soledad o acompañamiento que impone el vivir con todos sus símbolos y significados.

La crisis de credibilidad en lo que se dice y se hace, bajo los designios dicotómicos en que se ha interactuado más temprano que tarde ronda, y las similitudes en cuanto excluyentes, marcan itinerarios peculiares de extrañamientos humanos insospechados que se hacen ostensibles o imperceptiblemente reiterados en Cuba. Por lo que, ante la conceptualización inconceptualizable de los procesos sociales actuales, la duda de la Loynaz se levanta insinuando: “Cuando la ola viene impetuosa sobre la roca… ¿La acaricia o la golpea?” [10] Tensar el pensamiento con la práctica, he ahí la obra. De manera tal, que lo que se haga desbroce veredas que le son propias y se apegue a las enormes reconstrucciones y autoreconstrucciones del tejido individual y social tan palmariamente dañado en los anales civilizatorios; para aproximarse así, a la cualidad como novedad, en tránsito opuesto a lo finito, determinista o lineal de cómo se ha asumido. 

La entrada al libro –como él en su totalidad- pretende ser un dialogo, un canto por el mejoramiento, unas libertarias para el porvenir. Puesto que, jamás obsequiaré orquídeas negras para palomas blancas.

Lo único que sé es que no soy marxista[11]

“Crear es la palabra de pase de esta generación”.[12]

Cuando Marx sostenía: “Lo único que sé es que no soy marxista”, estaba aún y sin proponérselo, poniendo a prueba universal sus contribuciones teóricas sociales y a nosotros mismos. Ello nos coloca ante la constante disyuntiva de argumentar, y en la praxis demostrar a perpetuidad, por qué nos consideramos Marxistas. Cómo estamos siéndolo, o haciéndolo no como Marx, sino desde su método que interdialoga con la actualidad, lo que conlleva a sugerencia de Engels, “a tensar un poco más sus facultades de pensar por su propia cuenta...”.[13] Es decir, pensarse los procesos históricos como transcursos perpetuos de construcción y autoconstrucción múltiple y no desde linealidades, posibilismos y determinismos supuestamente asociados a una figura y/o corriente a la que tal postura le era impropia, ya que como el propio Marx destacaba, tales actitudes le honraban y le avergonzaban demasiado a su vez[14]14].

La amplitud y profundidad del título que acompaña a este meditar y replantear inquietudes, responde a que ellas forman parte de un estudio mayor del que hoy se somete a consideración, pero que apunta entre otros aspectos, a una revitalización del pensamiento marxista revolucionario, desde una propensión científico metodológica que levante su aprehensión cultural, como esencia de una reorganización civilizatoria alternativa a los problemas que enfrenta el mundo en la actualidad. En el cual, no basta la critica sin la reconstrucción de una posición propositiva activa que destierre entelequia y enciclopedismo de toda laya.

Desde tales motivaciones, resulta pertinente reflexionar sobre la enseñanza e investigación del Marxismo en la educación, en particular la superior, y la historia de algunas de sus persistentes incongruencias cardinales, por cuanto compone uno de los ejes esenciales del paradigma[15] cultural que se propone reorganizar la nación cubana en la actualidad, con todas las implicaciones que ello acarrea dentro de una transformación social que se inspira en dicha corriente de pensamiento y en sus raíces autóctonas. Por lo tanto, este no es un pensar más sobre los problemas en materia educativa, como simplistamente se le observa, es un meditar sobre la construcción cultural social en todas las aristas posibles, cognoscibles. Donde por añadidura, las ciencias sociales con los apremios que le son inherentes[16] ocupan un lugar en la intelección de dichos fenómenos y proyectos. Razón por la cual, nos encontramos ante asuntos que nos atañen a todos, y del que nadie puede sustraerse so pena de hipotecar el futuro del país.

Es por ello, que dada la crisis –en especial de valores- que experimenta la humanidad de la que Cuba no se encuentra excluida, dado que se halla inserta en una dinámica mundial que la penetra y en la que incide dentro del complejo entramado de conmociones que le ha caracterizado y caracteriza cronísticamente[17], es momento de repensar, desconstruir y construir las obsoletas, y enmohecidas formas de conducir la cultura, en especial la Marxista, que aún y despecho de lo alcanzado persiste, pues la nación conmina no a cosas nuevas, sino de una manera cualitativamente nueva, o lo que es lo mismo, crear como connatura de unas generaciones, donde al decir martiano, se labre un pueblo en que la libertad se afiance.

La aproximación -como búsqueda transformadora-, a los nuevos contenidos que han de poblar y/o acompañar a una opción emancipadora ante la avidez extrema imperialista en crecimiento perenne, fueron asumidos también por el Che en los inicios mismos de la transformación revolucionaria cubana. Desde una asunción del proceso libertario como un renquiciamiento cultural totalizador, activísimo por excelsitud, que penetrara la praxis teórica y de construcción socialista al unísono –cuestión ésta a la que apelamos desde las páginas de éste trabajo-.

Así confirmaba: “Nuestra posición cuando se nos pregunta: somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es “pasteuriano””.[18] Porque para él, la transformación revolucionaria que propugna el marxismo en las especificidades propias de las dolidas tierras latinoamericanas, se imbrica inexorablemente –no declaradamente- en todas las transiciones que fuesen pertinentes articular para reorganizar las interacciones entre el sujeto de la revolución y la sociedad toda. Es por ello, que el socialismo y el hombre en Cuba como proceso de creación de nueva vida, -según sus propias palabras- se ponía a prueba universal como proceso real, constantemente cambiante y verificable en la existencia particular: el individuo concreto, y general: el proceso social mismo en todos sus ambientes.

No podemos ahondar en la especificidad temática escogida, entre las muchas aristas que le articulan, sin posicionarnos desde una aproximación a la comprensión de que, cultura entre la multidimensionalidad que le identifica: Es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y deberes. Pero eso no puede ocurrir por evolución espontánea, (…) el hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, (…) Conocerse a sí mismos quiere decir ser lo que se es, quiere decir ser dueños de sí mismos, (…) Y eso no puede obtenerse si no se conoce a los demás, su historia, el decurso de los esfuerzos que han hecho los demás para ser lo que son, para crear la civilización que han creado y que queremos sustituir por la nuestra. Y aprenderlo todo sin perder de vista la finalidad última, que es conocerse mejor a sí mismos a través de los demás, y los demás a través de sí mismos”.[19]

La raigambre más íntima a reorganizar –y pocas veces observada, aunque constituya eje de la desenajenación que preconiza- como paradigma cultural, apunta desde el Marxismo también, al interior de los individuos insertos, interactuando multidimensionalmente en el sistema de relaciones en que se desenvuelven y viceversa. Propone lo interno y externo verídicamente proyectado, conscientemente asumido en la reorganización como aproximación cambiante y autocambiante. No es una propuesta macro social general, abstracta y despersonalizada. Es lo que existe, articuladamente con lo que se propone transformar desde la diversidad de sujetos históricos existentes, con lo cual deja margen en su proyección a lo eventual, es decir, no lo obvia, ni lo olvida por una rigidez objetivista fútil. Dado que las mediaciones operan -dentro de los transcursos transicionales que sean necesarios- desde una intervincularidad que permite abrir vías plurales fecundantes. Sin ese norte constatador la alternativa al progreso real[20] no concurre o se escapa como las palabras desde los altavoces. Desde tal postura definitoria de lo humano se construye este examen, en un recurrente y comprometido llamado por el porvenir.

Los avances alcanzados en la enseñanza, investigación y los disímiles niveles de gestión en los que se encuentran inmersos los profesionales del Marxismo[21], los colocan ante nuevos lances para mantener una posición a la altura del potencial con que se cuenta y de los indiscutibles impactos obtenidos. No obstante, existen asuntos enraizados por resolver ahora en condiciones donde la universalización de la educación impone mayores denuedos para dar curso a su cometido en circunstancias existenciales aún más complejas, y donde, la reversibilidad de los procesos sociales ya no constituye un tabú, sino una realidad que merita concurso cubano, de todos y para el bien de todos, como legara el cubano de todos los tiempos.

Esos problemas se encuentran arraigados, inclusive a nivel de consciencia y praxis social. Tal afirmación no es festinada sino latente, actúa y retroactúa metamorfoseando rumbo e intenciones, lo que por su significado, perspectiva y posible explicación nos hace recordar a Engels, cuando advertía respecto a la pluralidad de factores a considerar en el entramado social para el análisis de los procesos que van resultando, trátese de la experiencia que se trate, de que “(…) incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas-- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.[22]

En tal sentido, existe un problema en específico que se instituye –y ha instituido - en eje medular de todo su desenvolvimiento a saber: la integración real que persistentemente se declara, en oposición a la segmentación y parcelación en que realmente existimos y por adición, nos apropiamos del Marxismo.

El tránsito de la fragmentación en que efectiva e innegablemente interactuamos en el plano social, con todas las complejidades que acarrean los procesos en que nos encontramos inmersos, para una aproximación a la calidad de la integración a que conmina nuestro cometido, ha sido, es y será un reto que trasciende a la cultura Marxista y que se explaya por todo el enclave de las Ciencias Sociales - por acotar el ejemplo -, tanto nacional como internacionalmente,[23] lo cual invariablemente atenta contra la intelección de los procesos a los que se debe dar respuesta, en particular en el ámbito de la formación, aunque obviamente sobrepasa a la misma. Todo esto, impulsa a que se debe volver una y otra vez sobre las circunstancias que originan la permanencia de tal problema, así como de los aspectos para los cuales existen respuestas mancomunadas posibles, para acercarnos a solucionar nacional y contextualmente el mismo.

Un asunto central, vinculado al problema de la fragmentación y que matiza los aspectos antes enunciados, lo constituye el referido a las conexiones activas que deben presidir el desempeño del Marxismo en general, y como enseñanza e investigación en particular, que es nuestro objeto de reflexión, dada su condición articuladora y promotora de conocimientos científicos para el desarrollo social.[24]

Estas imprescindibles interrelaciones indican, que se debe fijar la mirada no sólo en el avance especializado[25] -aspecto este loable en una distinción metodológica orgánica como tal- sino conjuntamente, en la contribución que se insinúa como totalidad intercomunicadora en el perfeccionamiento de su proyección lo más integradora, compleja y diversificadamente posible, sin perder de vista la peculiaridad del problema que se presenta. Porque en la medida en que se religan orgánicamente los fenómenos desde el micro nivel de su incidencia y las plurales dimensiones en que concurre, se estará favoreciendo a una interrelación obrada desde un tejido concebido en conjunto como norte no solamente de método, sino en especial, desde las especificidades científicas que les sustentan y que muy comúnmente se pone en entredicho, de lo cual somos responsables obviamente nosotros mismos, aunque innegablemente existen otros gestores invisibilizados desde los compartimientos o parcelas en que actúan.

La propuesta no es sólo pensar y actuar desde y como disciplinas, cátedras, departamentos o grupos de investigación que son las formas en que cronísticamente nos han y hemos estructurado en el ejercicio de la profesión y sobre las que existe una amplia polémica. Por el contrario, es la de proponernos imprimir a los desempeños científicos de una dinámica que retroactúa activísima por excelsitud, que es lo que le tipifica desde sus cambiantes, interconstituyentes e interrelacionados objetos tejidos en su conjunto. Todo lo cual, puede contribuir a una práctica de organización capaz de producirse a sí misma y regenerarse, para dar curso al surgimiento de cualidades nuevas cual emergencias organizacionales que abonan en el mejoramiento del todo, por sobre las disposiciones organizativas que se imponen desde fuera de la ciencia, y contra las que es increíblemente más difícil transgredir, pues son resultado de unos anales de funcionamiento donde no siempre lo científico, lo objetivo es la causa de su preexistencia y permanencia.

Esos formatos parciales, “especializados”, fragmentados no sólo quebrantan lo que se enseña, en el modo en que incluso se propende a investigar, sino en la resultante de lo que se trasmite, que ahonda el aislamiento entre los educandos y los docentes, o simplemente para con los sujetos históricos de la actividad que se intenta explicar o sobre los que inclusive se supone que se teoriza, dado que los canales intervinculantes se han desdibujado o perdido, lo que conduce a que el sujeto continué atado irremisiblemente a las esencias que dicen negar. Aspectos que han conllevado a olvidar la internalidad e internalización de los individuos en el juego de acciones y reacciones recombinadas infinitamente y que nos aleja de las intenciones por las que iniciamos itinerarios emancipatorios desde la convicción y los estímulos que eran propios.[26] 

Respecto a algunos de los defectos que más han golpeado -y fustigan persistentemente- a la intelección del método Marxista, Engels destacaba: “El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error. Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente, sus tesis fundamentales. De este reproche no se hallan exentos muchos de los nuevos «marxistas» y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado (...) Por lo que, -con anterioridad en la misma misiva aconsejaba- me permito rogarle que estudie usted esta teoría en las fuentes originales y no en obras de segunda mano; es, verdaderamente, mucho más fácil”.[27]

La extrema segmentación de voluntades cognitivas y prácticas, no constituye un inconveniente privativo de Cuba como ya se ha explicado. Esta vertiente tiene hondas raíces en la conformación, colonización y asimilación sin procesamiento de las estructuras, organizaciones y funcionamientos vigentes internacionalmente,[28] los cuales se fueron reacomodando en diversas variantes desde las singularidades históricas que le dieron origen y que marcharon modificándose y favoreciendo esa dirección.[29] Orientación a su vez, proveniente de la misma fragmentación que le es consustancial a la reproducción ampliada de las interrelaciones sociales dominantes a escala planetaria. Lo cierto es, que en esos escenarios, en ocasiones en condiciones más difíciles, los debates, las búsquedas contextuales evidencian mayor activismo movilizativo e inclusivo que en el nuestro, desde los niveles de incidencia social en que impactamos, dado que la universalización es un desafío a la calidad y cualidad del magisterio y las ciencias en Cuba. Lo que convocaría por tanto, a concursos y aportaciones mayores desde las especificidades alternativas que el proyecto cubano posee y de conjunción con su propia construcción.

A todo lo anteriormente expuesto se adiciona, lo absurdo que resulta pretender realizar en la actualidad un análisis químicamente puro de los fenómenos, llámense económicos, filosóficos, políticos, históricos o sociales, entre otros, que tienen que encontrarse presentes sí de Marxismo -o mejor de ciencias sociales- se trata, sin ignorar con ello la pertinencia de la especialización, pero sin entender por esta la simplificación o reducción de los procesos, pues éstos siempre los desbordan, perdiéndose así, la posibilidad de acercarse a nuevas aristas que enriquecen lo específico y las posibles opciones.

Por lo que, el replanteo de los tradicionales modos de pensar y actuar, hijos de las costumbres, la inercia y otra gama de factores, tienen que aflorar desde los espacios de posibilidad interno y externo de los profesionales en el abordaje de las cuestiones constantemente cambiantes a desentrañar y que se desarrollan lo quieran o no, ya que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. En este punto, la simultaneidad de voces presentes en el enclave cubano en co-evolución multidimensional, debe dar cabida a flujos más enriquecedores en lugar de monólogos y tertulias -aisladas obligadas[30] o casuales-. Es momento dentro de la diversidad de hermanarse y espigarse por la obra común del futuro.

Pues sucede, con más frecuencia de la que debiera, y no por razones del azar -cuestión está que la ciencia no puede descartar para no dejar de ser ciencia- que las “sorpresas” que las realidades exhiben, no son más que ausencias flagrantes de los desempeños científicos, para las que no existen ni siquiera intentos autoexplicativos por sobre las disposiciones o autolimitaciones que imponen no sólo camisas de fuerza a los saberes, sino que propenden por su permanencia, a la conversión de una buena parte de la comunidad científica en un conglomerado que pudiendo, no alcanza a tener incidencia en el rumbo social. Dado que funcionan entre otras variantes, desde los ucases que estipulan qué se debe enseñar, investigar o cómo deben transcurrir dichos procesos a despecho del tiempo transcurrido y de lo muy “criticado” del asunto. Sin menospreciar por cierto, el acomodamiento mediocre a lo indispensable que también campea dentro de un ambiente donde el potencial científico no es potenciado, entre otras posibles explicaciones.[31] 

Tómese en cuenta, que en las valoraciones anteriores no se ha hecho referencia aún a las estrechas consultas bibliográficas reales que todavía rondan a los procesos educativos. Algo así, como la recurrente persistencia del “idílico romance” que se genera -ya de manera dirigida o espontánea-, entre el docente y el libro de texto como faro de su gestión, y entre el educando y el libro de texto como guía de su suicido intelectual. “No creo, ni he creído nunca, en la eficacia pedagógica del libro de texto. Sobrado me sé que el texto, en la enseñanza superior, está universalmente desacreditado. Casi siempre es una camisa de fuerza”.[32] 

Aspecto al cual, convendría agregar que los libros de texto básicos pueden demorar en actualizarse hasta cinco años, y entre su conformación y llegada a manos de su depositario hasta transcurren dos o tres años. Con lo cual, la información llega envejecida, en tanto la vida y la propias polémicas en el país marchan en rumbos diferentes. Por otra parte, no se puede obviar que el acuñamiento de “básico” certifica la exclusión “pedagógica” de otros criterios válidos que nunca llegan a ser conocidos. De esta manera, la diversidad se relega u olvida en ese “resolver el problema”, generando otros de mayor magnitud para el pensamiento.[33] Lo cierto es, que sí bien en algún momento de los transcursos revolucionadores en Cuba se hicieron necesarios los mismos, dadas las condiciones de que se partía en esos movimientos de instrucción masificada, las circunstancias posteriores y actuales demandan de otras acciones e intenciones culturales acordes a las dinámicas y alternativas del mundo de hoy.

Las metamorfosis sufridas por los acomodaticios vicios del manualismo –no desparecidos en las esencias estrechas que les pueblan- son de sorprendente textura, incluso llegan al ámbito tecnológico, relegando así las posibilidades de interacción múltiple que en el caso de poseerse pueden utilizarse con más eficacia. La transición del manual al texto, enmascara denominaciones en las que la diferencia a veces radica en que son elaborados por autores cubanos. En su generalidad, son concebidos por el educando -con independencia de su nivel incluso posgraduado- como vía para sacar la correspondiente asignatura.

En este ámbito, también es común que lo que bibliográficamente se oriente como de “obligada” consulta sea lo que el docente o conductor de la actividad conoce, en ocasiones ya descontextualizados; acuñando precisamente la prevalencia al desgaste y al acomodamiento intelectual de lo repetitivo en los anales de la formación de los profesionales, que en su facsímile educativa generan una migración total del sentido de la realidad, hasta para explicarse a sí mismos lo que son, lo que esta sucediendo en los procesos civilizatorios que le circundan.

Todo lo anteriormente expuesto, no desconoce las realidades materiales que acompañan a la magna labor que le asiste al proyecto de ser cultos como único modo de ser libres. Pero, la responsabilidad científica de formar seres humanos a la altura de su tiempo, demanda de un meditar perenne de a dónde vamos por las sendas que trazamos ya que, “La prueba de cada civilización humana está en la especie de hombre y de mujer que en ella se produce”.[34]

Y si los hombres y mujeres que se forman y autoforman, se les inician y conducen en los “conocimientos” simplemente desde la nefasta costumbre de los procesadores -sujetos interpretadores- de las obras de imprescindible consulta que son múltiples, sustituyendo el nexo vivo entre el autor y el lector, por alguien que desde fuera de esa relación les dice que sirve y que no sirve, o que se propone traducirle lo que un autor ha dicho, se les está castrando la capacidad de pensar por sí mismos, de aprender a comprender y se les capitanea en suma, a la condición de moldes ajena a su connatura, deformando justamente, la facultad para el despliegue de auténticas contribuciones críticas-transformadoras con sensibilidad humana.

En tal dirección, José Martí nos legaba desde su tiempo al nuestro: “La primera libertad, base de todas, es la mente: el profesor no ha de ser un molde donde los alumnos echan su inteligencia y el carácter, para salir con sus lobanillos y jorobas, sino un guía honrado, que enseñe de buena fe lo que hay que ver, y explique su pro lo mismo que el de sus enemigos.  Para que se le fortalezca el carácter de hombre al alumno. Que es la flor que no se ha de secar en el herbario de las universidades (...) En la que ninguna metafísica se ha de enseñar, ni de la de la ideología, ni la de la ciencia”.[35] 

A los extendidos problemas anteriores se añade, el que la cualidad tecnológica de la que nos preciamos, aún no guarda relación cercana con la magnitud y necesidades para su excelencia u optimización. Entre las dificultades más acuciantes para intentar establecer un dialogo entre interlocutores válidos en las actividades docentes e investigativas, se encuentra: el que  las polémicas actuales sobre las problemáticas desde el vació propositivo de años anteriores son cuantiosas, razón por la que se debe estar más atento. En tanto, las posibilidades de conocimiento de las mismas son estrechas, fruto de las dificultades para el acceso tecnológico presentes en nuestro enclave. Todo lo cual, origina fracturas cognitivas que pueden resultar enormes para la inter y auto conexión científica, puesto que las mismas discurren en soportes electrónicos, concurriéndoles así, una celeridad y variabilidad diaria frente a una accesibilidad a las mismas limitada o casi inexistente.  

Desde la especificidad de los avatares del Marxismo, pues ha tenido de lo explicado y mucho más, nos encontramos con que las obras clásicas comercializadas en nuestro país pueden aparecer en lugares totalmente inapropiados e imposibles de referir aquí. Aspecto éste, al que puede haber colaborado su condición de no primarias en las orientaciones reales que se les dan a los educandos, más que su agotamiento físico en las bibliotecas donde descansan cual bellas durmientes repletas de polvo, en las zonas donde menos movilidad existe, a la espera de los príncipes encantados que las liberen de su largo sueño.

Tal situación puede constatarse en las orientaciones bibliográficas que aparecen en los programas vigentes, donde los textos interpretadores ocupan un lugar más obligado que las obras clásicas y los estudiosos contemporáneos de los problemas objeto de reflexión.

Al hurgar en las causas de la no consulta en las fuentes directas y sintetizando el asunto viene en nuestro auxilio Engels, cuando afirmaba: “La concepción materialista de la historia también tiene ahora muchos amigos de ésos, para los cuales no es más que un pretexto para no estudiar la historia. (…) Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida (…) Pero, en vez de hacerlo así, hay demasiados (…) a quienes las frases sobre el materialismo histórico (todo puede ser convertido en frase) sólo le sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos (…) y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña”.[36] 

También, ante tal faena científica de precisar desde lo esencial del Marxismo su valor pasado, presente y perspectivo como método de cosmovisión condujo a Gramsci, en otras circunstancias en su “Nuestro Marx”, a explicar: “¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres. Marx no ha escrito un credillo, no es un Mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, (…)   no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía una original visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, consciencia.

(…) Marx -continuaba el comunista italiano- (…) es un historiador, un intérprete de los documentos del pasado, pero de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos”. (…) Este era el defecto intrínseco a las historias, a las investigaciones acerca de los acaecimientos humanos: el no examinar ni tener en cuenta más que una parte de los documentos”.[37]  

Gramsci puntualiza, que lo primordial en ese aproximarse a ser y hacer Marxista radica -entre otros aspectos-, en golpear lo fragmentario en esas investigaciones y exposiciones acerca de los acaecimientos humanos, esos que son objeto constante de evaluación desde el Marxismo. Nos impulsa por tanto, a irrumpir contra los imperativos categóricos, las normas de superioridad “indiscutibles” sin argumentos hijas oriundas de lo absoluto, incluso de aquellas que se arrastran en los anales formativos de los sujetos actuales de la educación e investigación del Marxismo en Cuba. Allí y donde, el verbo estudiar, investigar de Engels, o el de explicar y criticar desde las condiciones imperantes o reales –palabra que Marx agota hasta la saciedad- para objetivamente transformar, se han diluido o desdibujado en frases o construcciones no siempre apegadas a la cientificidad, a la credibilidad.

Pese a lo antes constatado, sé es del criterio, que aún e insertos en un mundo segmentado y fragmentado hasta la saturación como correlato de la reproducción ampliada de las interrelaciones del sistema capitalista, -donde en coincidencia con Marx: “no puede hacer –o hacerse- al individuo –o a los individuos- responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas”[38] - es posible articular gradualmente formas de acercamientos a la realidad, a los procesos acorde con la connatura de los mismos y en avenencia con nuestra propia ejecutoria, avanzar por tanto, hacia complexiones científicas superiores. Todo ello, obrado desde cosmovisiones que potencien la socialización y progreso científico provenientes de un debate de unidad múltiple, accesible, formativo y autoformativo en ascenso constante de sus implicados, que propenda a una manera compleja de intercomunicar  e interorganizar ideas y praxis.

Tal esperanzadora perspectiva desde los planteos explicativos que le anteceden -de no ser asumido este examen en su totalidad, de manera activa, desde un verbo con vida, esperemos que esto último no asombre-, puede parecer una idea salida de una varita mágica, un desliz del imaginario. Nada más ajeno al desempeño de lo que siempre se ha escrito -con mejor o peor suerte- por esta autora, que más que flagelación y autoflagelación respecto a las cuestiones que se analizan, lo que aspira es a evaluación desprejuiciada, sincera y comprometida, incluso cuando se equivoca. Es pertinente, por tanto, una pequeña digresión reflexiva aproximada e íntimamente vinculada al tema, respecto al modo común de aprehensión de los variados desempeños científicos, en especial, en la tendencia a su polarización extrema.

Es peculiar en los intercambios académicos o del tipo que se produzcan, que lo que se ha procurado comunicar se aprecie simultáneamente por los diversos interlocutores con que se interactúa, ya como ortodoxia –a la vieja usanza soviética- cuando se intenta revitalizar al marxismo, ya como disidencia cuando se indican problemas actuales en Cuba, o con relación a otras realidades. Ambas “clarividencias” u otras de colindante textura, son unigénitas de los modelos mentales imperantes en la civilización actual, aquellas que aún, usando nuevas túnicas que indican “cambios”, continúan demandando clericalismos intoxicados y militancias férreas en el pensar, asociadas a la crisis de las ciencias occidentales y sus sucedáneas en otras partes del mundo. Tales visionajes obvian lo mejor de la creación humana a saber: el reconocimiento de la diferencia que nunca se propone domesticar intelectos, que existe por y para pensarse lo propuesto y transformar. Ante esos talantes, se recuerda siempre aquello de: “Eché mi esperanza al mar: y aún fue en el mar, mi esperanza verde-mar…”[39] 

Pues lo afirmado en este contexto, en el sentido de posibilidad perspectiva desde lo realmente existente, aquí y ahora, desde la alienación y autoalienación montada ya sobre un dispositivo espacial, o cabalgando por las dolidas tierras de los pueblos históricamente excluidos reconoce la realidad interactiva de los sujetos y sus potencialidades para la recomposición de la intelección y praxis no divorciadas, sino actuando desde la crítica como arma y alternativa que se construye con un nuevo contenido hoy por hoy, en Cuba y en el mundo.

Todo lo cual retoma el espíritu de la inversión científica de Marx, cuando indicaba que la crítica del cielo se convertía en la crítica de la tierra –y los cielos y constelaciones son de diversa textura, pues inobjetablemente incluyen los imaginarios y praxis de las experiencias u opciones revolucionarias y socialistas-, por lo que el proceso mismo hunde raíces, se aferra a la tierra misma, al tejido social a reorganizar y autoreorganizarse incontrastablemente.

Todo esto sin perder de vista, ni por un momento, que para peor augurio nos encontramos viviendo y experimentando en carne propia el aislacionismo como forma de sometimiento característico de las civilizaciones de finales y principios de este milenio, las cuales han apostado los destinos de dominación a la incomunicación humana, a la invisibilización de lo diferente que se dice o se crea en todas las latitudes del planeta. Dado que se cuentan ya, con potentes resortes para el ejercicio de las omnipotencias puestas al servicio que ignora, desarticula y asfixia la inteligencia, el civismo y la dignidad humana.

Estas son contrariedades que por la propia experiencia acumulada, el estado real y perspectivo para la vida propulsan un abrir caminos a la comprensión de esos problemas y ha encontrar cauces a su solución. Dado que nunca han dejado ser inconvenientes que la inteligencia humana pueda solventar. Sólo que en la actualidad ya no simplemente tienden al estancamiento o parálisis, sino al aniquilamiento de la identidad plural humana, desde su connatura poly-identitaria. Razón de más, para erguirse en la salvaguarda de nuestros destinos, ya que igualan en lo presente y en lo porvenir al (…) que parece un hombre, el pobre rico, el puro miserable, el pobre pobre”.[40]

Sin lugar a equívocos, el posicionamiento de evaluación de los procesos desde la génesis y aproximándose a las totalidades cambiantes, interconectadas e infinitas son aspectos que favorecen para sentar pautas por sobre lo fragmentario. En nuestra realidad –preferiblemente realidades- transicional socialista, la fragmentación, a despecho del optimismo en la voluntad, al decir gramsciano, ha cobrado y cobra sus altos impuestos, ser conscientes de ello es un paso, pero no el único. 

Es apropiado, dada la propia historia de la enseñanza,  investigación y cultura desde el Marxismo, comenzar indefectiblemente por: “Criticar la concepción propia del mundo (…) -lo cual significa, de conformidad con Gramsci-, (…) hacerla unitaria y coherente y elevarla hasta el punto al cual ha llegado el pensamiento mundial más adelantado. Significa, por tanto, también criticar toda filosofía habida hasta ahora, en cuanto ha dejado estratificaciones consolidadas en la filosofía popular. El comienzo de la elaboración crítica es la consciencia de lo que realmente se es, o sea, un “conócete a ti mismo” como producto del proceso histórico desarrollado hasta ahora, el cual ha dejado en ti mismo una infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario. Hay que empezar por hacer ese inventario”.[41]  

El inventario que permite el progreso de la cultura Marxista –dentro de la pluralidad cultural existente-, esta por hacerse, urge forjarlo aunadamente, las explicaciones dadas a los problemas, a las deformaciones, debacles y las salidas optadas para contemporaneizar al Marxismo no son suficientes, y en muchos casos no alcanzan el realismo pertinente, o pudieran complicar el futuro hasta gravarlo. Ello asociado entre otros aspectos, a las “estratificaciones consolidadas en la filosofía popular” – al decir de Gramsci-, donde debemos incluirnos nosotros mismos, sin eludir tampoco, acuñamientos hechos por las direcciones políticas que se alejan de un examen exhaustivo del sistema de relaciones humanas que resultó o esta resultando de la praxis. Este en particular, no es asunto que deba obviarse para mantener la unidad en medio de un acoso brutal imperialista, por el contrario, es una condición de vigor para un movimiento que se supone anule y supere el estado de cosas imperantes.

La infinidad de huellas que ha recibido el hombre concreto, los docentes e investigadores respecto al Marxismo, en primera instancia y a su enseñanza e investigación por adición, necesitan ser desdibujadas en su formato de análisis construido desde el imaginario y la linealidad –aspecto este que le castra al Marxismo su condición de subversión de la realidad, incluso de una realidad socialista a perfeccionar-, por el de una explicación, critica, interacción y transformación dialéctica desplegada desde la génesis de los procesos, que integre en lugar de fragmentar y que articule perspectivas desde lo que realmente sé es, sé esta haciendo, cómo se esta haciendo, siendo y propendiendo. De otra manera no se estará contribuyendo a la terrenalidad de los procesos que se someten a examen.

Otro problema asociado a la ausencia de nortes en el análisis científico social en nuestro país, es el coligado al seguimiento acrítico, no sólo de la herencia que el vulgo marxismo generó ante las ausencias formacionales creadas durante el período de preeminencia de la modalidad  de “marxismo” de la exURSS (momento en que aumentan los profesionales del marxismo generalizándose a toda la nación); sino conjuntamente de otras corrientes teórico sociales no conocidas por la mayoría de la comunidad científica, con sus clásicos –porque son clásicos- o los seguidores de éstos, ya en sus negaciones absolutas o relativas de la multivariada producción marxista, o de otro tipo. Las cuales comienzan a entrar, o a retornar su presencia en los enclaves culturales desde el deslumbramiento como emanación al que la negación de períodos anteriores las condenó.

Por lo que, las transiciones que se hacen acompañar de impostergables aperturas de saberes, se van produciendo sin operar cambios en la tradición de intelección científica que continua persistentemente operando desde la inmediatez en su desenvolvimiento macro –lo cual no excluye la gestación de posturas diferentes en microescenarios científicos concretos- desde el negro y el blanco, el conmigo o contra mí que sólo reproduce lo conveniente y no gesta la flexibilidad de análisis que incluye y piensa, critica y crea. Por lo que, lo “nuevo” por lo nuevo operando en cauces viejos, no permite o no alcanza a potenciar el ejercitarse en pensárselos, desentrañarlos –digerirlos- científica y metodológicamente entre otras causales.

Así las cosas, aparecieron nuevos iconos. En tanto en el mundo dichas figuras se les cuestionaba - y se autocuestionaban ellos mismos - en sus contribuciones reales, ya en la continuidad de sus obras o debates para aproximarse a los dinámicos procesos para los que no existía insinuación explicativa alguna. Se observa como en el terreno cotidiano cubano, en el día a día, en las aulas o en los centros de investigación y en una multiplicidad de ámbitos de intercambio teórico social, aún siguen aferrándose a una u otra tendencia tratando de ajustar la realidad a sus exposiciones. Es como si la universalización cultural, en su concreción extensiva reprodujera en buena medida obsolescencia desde un deslumbramiento repetitivo, irreflexivo, en lugar de fecundar pensamiento activo, analítico, cuestionador, que active los recursos de un pensamiento que verdaderamente relacione o al menos se lo proponga y lo autoentienda como necesidad. “¡Amado sea el que tiene hambre o sed, pero no tiene hambre con que saciar toda su sed, ni sed con qué saciar todas sus hambres!”.[42]

La sentencia leninista en su ¿Qué hacer?, sigue rondando a la historia y el despegue cultural Marxista respecto a esa ineludible herencia práctica de donde partimos y de la que todos somos hijos pretendámoslo o no: “(...) Quien conozca por poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento, verá forzosamente que la vasta difusión del Marxismo ha ido acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico –esto es correlativo también a otras tendencias-. Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos”.[43]   

A lo que añadía en páginas subsiguientes: “Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de algún admirador de “lo absoluto” por la labor práctica, sino precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la teoría. (…) El socialismo científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en una mezcolanza”.[44] La mezcolanza y los desvíos siguen afectando el rumbo que correlaciona los micros espacios sociales con los macros a todos los niveles incluyendo la vida cotidiana que a veces se olvida.

Hasta que punto entonces, nuestra vasta difusión del Marxismo no se encuentra aún discernida no sólo desde el menosprecio teórico, sino además del practicismo mezquino que la convierte en una mezcolanza indiscriminada, donde las viejas formas se metamorfosean con otras supuestamente nuevas. Al olvidar de esta manera, que las luchas entre lo nuevo y lo viejo han de ser contiendas de esencias, que no dejen margen para que lo haya caducado se restaure bajo una túnica rediseñada ilusoriamente nueva.

Cabría además preguntarnos, ¿sí lo que existe lo tenemos orgánicamente imbricado o nos lo han permitido imbricar? Sí al menos hemos alcanzado una vincularidad, ahondemos intervincularidad analítica como concepción genérica de la enseñanza e investigación, no sólo a nivel nacional, sino al micro nivel de los Centros de Educación Superior o de investigación, que nos desbloquee más allá de las invariantes o líneas de investigación establecidas –cuestionables o no-, identificar el norte de labor con que se interactúa, a partir de las potencialidades con que se cuenta. Son problemas complejos, incluso inexplicables, hasta ciertos puntos herméticos. Pero, hasta dónde serán propulsores de un nuevo quehacer y no anuladores de la voluntad, no asfixiadores de la inteligencia comprometida que pugna por hacer de aquiescencia y progresión con todos el renquiciamiento apremiante. Ya que de esta manera, pudiera generarse del mismo modo “un poco de luz en la frente”.

Los acercamientos que exponemos propenden al mejoramiento -y porque no-, espigamiento asociado de la comunidad científica, buscando un andar con resplandeces que desentrañen múltiples accesos interactivos en el repartimiento de la obra del perfeccionamiento cultural de la nación. Para ello, propugna contar verazmente con el influjo de cada átomo humano presente en el proceso, desde aquello que conoce mejor, pero propiciando un resultado de saberes interconectados, que sólo trascienden de un trabajo común que se apegue a una autointegración fruto de una integración que cuente con todos, en el discernimiento diáfano del levantamiento simultáneo de las partes, para alzar el conjunto- desde la perspectiva martiana-.

Sin lugar a equívocos, una infinidad de aristas inciden en la efectividad del desempeño educacional e investigativo del Marxismo en Cuba, pero perseguir la identificación de lo que lo cualifica ha de constituir un eje impostergable a dirimir en ese perenne abrir caminos. No es casual, por tanto, que Carlos Marx, en sus prólogos al tomo I del Capital indicara metodológicamente: “(…) la investigación ha de tender a asimilar en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y si sabe hacerlo y consigue reflejar idealmente en la exposición la vida material, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una construcción a priori”.[45] Por lo que, la dinámica civilizatoria marca su teorización y viceversa, y de suyo la enseñanza e investigación. Cuándo se sustituirán entonces, los imperativos categóricos por los de aproximaciones e insinuaciones científicas.

Es decir, según el propio Marx, aún y cuando se establezcan con pericia los nexos internos, se determinen adecuadamente los movimientos reales pasados y concomitantes, dada la dinámica que asiste a los fenómenos que sometemos a examen desde la multiplicidad y variabilidad de aristas que le conforman, cabe la posibilidad de que estemos ante construcciones apriorísticas –no puede ser de otra manera-, no sólo en cuanto a apariencia y/o impresión según Marx, sino porque nos detengamos por infinidad de razones, ante verdades supuestamente acabadas –e incluso en movimiento- pero fragmentadas. Las cuales, en muchos casos, provienen de una asunción de la educación e investigación, más desde el interior de las asignaturas o de los colectivos docentes o investigativos o hasta promotores culturales que la conforman, es decir, desde la especialización estrecha -la cual puede incluso hasta diluir e imprecisar a los objetos que las componen-, que desde los hilos que la integran a ella como enseñanza  y a los objetos de reflexión, exposición y labor cultural científica.

“Y no es simplemente por razones de hilación e integridad”,[46] como Marx descifrase, en el Prologo a la Primera Edición de El Capital, sino parafraseándolo, para intentar conseguir por lo menos un modo aproximado de analizar formas mucho más complicadas y preñadas de contenido, en esencia mucho más complejas[47] en interactividad constante. La integración que postula –porque de requerimientos científicos se trata- la condición de docentes e investigadores, entre otros del Marxismo, proviene principalmente, de la capacidad científica con que operemos para la dilucidación, crítica y progresión de esas complejas realidades constituidas de contenidos diversos, mediante y por las múltiples mediaciones, transiciones e hipervínculos que propenden a una dinámica totalizadora en perpetuidad cambiante y autocambiante, las cuales la atraviesan, religan  y conforman.

Porque más allá de ser profesores e investigadores en filosofía, economía política, teoría política o problemas sociales de la ciencia y la tecnología, historia, ética, estética entre otras, tenemos un apellido que nos cualifica y que al mismo tiempo por su connatura nos imbrica con toda la praxis y producción teórica con que interactuemos, a las que no podemos amordazar porque no alcanzamos ni científica ni tecnológicamente a ello. Por cuanto, la veracidad en las ciencias no se impone, se aproxima a demostración continuadamente con los ejercicios de comprensión, creación y transformación que se desplieguen en la construcción y desconstrucción verídica de la existencia. Algo así, como, no un te voy a dar, pero sí un estás teniendo aquí, porque lo están haciendo como efecto de la completud e incompletud necesaria, desde el enlace de implicación mutua que une y distingue. 

Cuando Raúl Roa discernía acerca de la responsabilidad de ser un docente Marxista, explicaba: “(…) El espíritu se nutre y enraíza en la libertad de investigación y crítica. La intolerancia - <<esa extensión hacia fuera del dominio exclusivo ejercido dentro de nosotros mismos por la fe dogmática>> - intoxica la inteligencia, deforma la sensibilidad y frustra la actividad científica, que es impulso libérrimo hacia la conquista y posesión de la verdad. El más alto deber de la inteligencia (…) es ser inquebrantablemente fiel a esta misión, que es raíz y ala de todo progreso cultural y humano.”[48]  

El progreso cultural y humano que emana de la perspectiva Marxista y autóctona, tiene más de un desafío a dirimir para integrarse en el presente y en el futuro, pero aquel que se concentra en el sujeto, en la posibilidad vital de zafarse de sus propias ataduras, contenidas entre otras, en la internalización de que la transformación emancipatoria cognitiva o práctica que expone en sus exámenes, ya como docente o investigador también debe operar en su interior, en adhesión con Roa, en la lid contra “esa extensión hacia fuera del dominio exclusivo ejercido dentro de nosotros mismos por la fe dogmática”, resultado de una diversidad de factores de las que sé es consecuencia y causa, pero sobre la que es dable e invariablemente forzoso librarse.  

Esto significa, que el despliegue hacia la integración no es un problema de declaración o simple formulación de programas que pueden llegar a recorrer el abecedario entero,[49] no puede asumirse tampoco como un asunto de puertas afuera para cuando existan condiciones para su materialización, o de encontrarnos satisfechos o justificativamente conformes con lo alcanzado –en correspondencia con la dirección administrativa del momento, la cual termina por administrar la “ciencia” igual que un dependiente lo hace en su bodega o establecimiento de servicio-.

En contraste, enfrascados en los acaecimientos, sus propias dinámicas y el desempeño científico que van obteniéndose de la práctica común es que se debe dar cuerpo a la resultante que se aspira perfeccionar perennemente, y que sólo será rebasada de la voluntad, conocimiento, continuidad y sabia socializadora que caracterice al trabajo, ya que como nos enseñará el apóstol en un sentido amplio de comunidad humana interactiva: “Es más la cátedra que una tribuna de peroraciones: es una fusión sencilla, un mutuo afecto dulce, una íntima comunicación muy provechosa, una identificación fructífera entre la inteligencia cultivada y las que se abren a la esperanza, a las vías anchas, a los preceptos luminosos, al crecimiento y al cultivo,- unión bella de afectos, nunca olvidada cuando se ha gozado, nunca bien sentida cuando se ha perdido ya”.[50]  

Se encuentra en la cátedra o en esos micro escenarios, en analogía con Martí, los ambientes elementales para la fusión de saberes diversos, la comunicación útil que colma y autocomplementa a los efectos de sus integrantes y de la ciencia, así como para  la identificación valiosa de problemas y alternativas en el conocimiento y la práctica educativa, la cual abre vías anchas múltiples al crecimiento, a la búsqueda incesante como obra de la totalidad de sus integrantes y con ello, facilitar el cauce a un micro espacio básico para la generación de interacciones que desborden las exigencias de las necesidades contextuales supliéndolas con recursos humanos propios, así como para dar curso a imbricaciones de mayor envergadura para solventar las propias, las nacionales e incidir en el rumbo genérico y específico.

Se instituyen de tal manera, los dispositivos generadores internos y externos donde todo puede ser modificado, alternado, siempre y cuando en  la toma de decisiones de su quehacer  involucre con igual peso a todos sus componentes en todas las direcciones y se constituya a su vez, desde la condición intervinculante que debe asistirle.

La cuestión sería recapacitar hasta dónde esas potencialidades contenidas en “las bases”, en las microinterconexiones humanas que le son connaturales desde épocas pretéritas a las cátedras o grupos investigativos, o de trabajo cultural, son puestas en activismo pluridimensional al servicio de una transición gradual pero incontrastable de la fragmentación que hoy matiza su desenvolvimiento, hacia una integración en su desempeño, en una hibridación de ámbitos cognitivos como tendencia a desarrollar.

 Con lo cual, se clarificaría su condición de núcleo perspectivo real -desde abajo- en la combinación armónica y sincrónica de los intereses diversos por excelencia de sus integrantes, ya que al pensar, tenemos que hacernos acompañar de la contradicción que nos invita al pensamiento, al progreso cognitivo y práctico controversial por excelencia. Lo cual redundaría al mismo tiempo, en una fuerza adicional que dotaría al trabajo colectivo de cohesión de religación para la defensa y socialización de su cometido frente a disposiciones irracionales que se formulan desde arriba, desde dentro de nosotros mismos y fuera de la praxis cotidiana científica.

Crear es el eje que traspasa al progreso en teoría y praxis Marxista y martiana, lo cual debe elevarse en la actualidad hasta en el modo de revitalizar, oxigenar y dar lozanía al método de investigación y de exposición de las cuestiones que se aborden, otra cosa no tendría razón de ser, so pena de dejar de ser no sólo lo que declaramos, sino hasta en como actuamos, por la responsabilidad humana que entraña la ciencia que desarrollamos en los escenarios cada vez mayores donde transcurren las actividades por las que se debe responder mancomunadamente, ya que “ab uno disce omnes”,[51] o lo que es lo equivalente, “por uno solo conoce a los demás”, según la expresión de Virgilio en su Eneida, II, 65. Y es que cada uno, cada conjunto y cada estructura mediante de la enseñanza e investigación del Marxismo son responsables en su nivel de incidencia por los resultados individuales y sociales de su cometido. 

Todo lo cual incide, entre otros muchos aspectos, a una inserción en una vida académica polémica por excelencia a la altura de la dinámica de los tiempos de ahora y para lo venidero, donde las plurales identidades universitarias necesitan dibujarse con peculiar esmero, rompiendo de tal suerte con toda propensión al agotamiento intelectual en el sentido perspectivo e incluso selectivo del asunto.

Desde otro ángulo, no puede seguirse estimulando la labor científica desarticuladamente aisladamente y pautadamente y esto no debe asumirse sólo como un problema de estructura aunque pueda serlo, ya que la solución radica en asumir el reordenamiento del paradigma cultural desde el reto de aproximarnos a rupturas con la fragmentación a pico y pala, o a golpe de máquina pero desde el debate constante de cada enfoque, de cada problema, de cada arista ya que: “(…) Allí donde –en coherencia con Engels- las cosas y sus mutuas relaciones no se conciben como algo fijo e inmutable, sino como algo sujeto a mudanza, es lógico que también sus imágenes mentales, los conceptos, se hallen expuestos a cambios y transformaciones, que no se las enmarque en definiciones rígidas, sino que se desarrolle en su proceso histórico o lógico de formación”.[52] 

A lo que se complementa, de crecimiento, de rupturas con modelos mentales heredados y de los que no nos hemos desembarazado a pesar del tiempo y las nuevas búsquedas. Se trata, entre otros aspectos, de redimensionar los énfasis religativos interactivos reales, de ponerlos en el centro del activismo científico en lo porvenir. Con lo cual, un intercambio verídico de los especialistas a la vez que insinúa científicamente, actualiza complementa y socializa sentando pautas mutuas para un abordaje complejo de los problemas.

Demasiados ovillos se encuentran sueltos y precisan ser entretejidos con peculiar pericia e inteligencia, ya que ante todo, se debe entablar el conflicto con la fragmentación, dado que tal cuestión puede asumir la fisonomía o devenir hasta en modelo mental de coto de caza cerradísimo, parcialista -avanzado o retardado-, exclusivista por excelencia, pero que ha perdido inconscientemente el sentido de pertenencia más totalizador que debe presidirnos como científicos. En especial, en estos azarosos años donde también la lucha por la existencia cotidiana, al decir Marx, ha tomado cuerpo en una voracidad extrema aislacionista cosificando al Marxismo y a sus portadores.

La integración no podrá abrirse paso sin internalizar que todas las formas que se asuman deben partir y retornar al sujeto transfigurándolo y respaldando su auto progresión, no de manera declarada como proverbialmente sucede - entre otras razones - por la atomización de la vida cotidiana, en contraste con el alcance de acciones prácticas que propendan a su activismo, que conviertan al individuo en portador real del intento. La historia del fenómeno cultural demuestra que intención sin praxis real es un ente vacío, que declaración de objetivos sin inclusión verídica es exclusión consciente o inconsciente de los hombres y que consiguientemente, no se quitarán las piedras para que los individuos piensen, sino que se levantarán murallas insalvables que los reducirán.

Por eso, ante la magnitud del desempeño que tenemos por delante como científicos sociales responsables, es imposible seguir escuchando impasiblemente en eventos u otras actividades, afirmaciones que intentan coartar todo análisis que promueva a cambios de manera diferente a las atávicas formas -retocadas o sin retocar-, en que esos procesos han discurrido en Cuba. En consecuencia, el supuesto aplanador planteo -entre otros- de que, en nuestro país “el “Marxismo” no tiene problemas, sino sus profesores, investigadores, promotores o algunos de ellos” sólo puede alcanzar eco dentro de escasísimos círculos de “enseñadores rutinarios, que llegan a llamarse a sí mismos cuerdos y prudentes”.[53]   

Semejantes “complacientes” afirmaciones, incluso ante un conocimiento elemental, o primitivo del Marxismo se caen por su propio peso, pues la supuesta divisoria ciencia –sujetos de la actividad y construcción científica, ya de una sociedad alternativa al capitalismo, o del tipo que sea, no puede producirse más que en sus esclerosadas y afiebradas cabezas. Pues, “La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar a la ignorancia. El fanatismo contribuye al enervamiento, y es preciso extinguir el fanatismo. La creencia ciega en verdades no probadas, y que no tienen medio humano de probarse, destruye la dignidad de la inteligencia y la del carácter. Es preciso fomentar el estudio de las ciencias como vía única para el conocimiento de las verdades”.[54] 

La respuesta a las interrogantes de cómo salvar las distancias para una enseñanza e investigación del Marxismo, que de suyo se ha intentado erróneamente marcesibilizar, se encuentra en nosotros. De su socialización y solución depende también la alternativa social y el reordenamiento del paradigma cultural que se ha de fundar con la sabia colectiva, pues como legara el apóstol, crear desde las raíces martianas y marxistas que nos distinguen, ha de ser la palabra y praxis de éstas generaciones.   

El rumor de la colmena [55] 

 “El maestro es letra viva”.[56]     

El rumor de la colmena, da continuidad a los estudios sobre los alejamientos y posibles soluciones al desempeño del magisterio en la Cuba de hoy. Para ello, se adentra en los orígenes, en las esencias perdidas, potenciables desde las nuevas cualidades que emergen y que son pertinentes atender si queremos que las ciencias, al decir martiano, sean puestas “en lengua diaria”[57]. Imbricar este ejercicio reflexivo para el progreso educativo en lo porvenir con el desempeño de una figura que en su momento supo sintetizar y regenerar desde la herencia su desempeño, es un retorno decodificado de lo que nos puebla y dignifica.

Confesar que escribir por primario que sea sobre Raúl Roa[58], intimida y a la vez convoca. Es un estado en el cual, pueden encontrarse muchos de los que han sido acunados al amparo del influjo de su imperecedera presencia. Achica, por la intensa impresión de sus huellas en todos los ámbitos, los íntimos, los sociales. Por lo que, toda teorización sobre lo que se medita en estos espacios de su impronta universal pasa por los surcos siempre reverdecidos de la consciencia. La impresión viva, fugaz y recurrente ilustra, moraliza, y se teme siempre no poder aproximarse a reflejar las luces que perpetúa en la frente de cada cubano digno. Emplaza, por las honduras de sus sempiternas enseñanzas, por las ausencias continuadas de su legado en términos de aprehensión e internalización individual en el alcance del paradigma científico del magisterio del que, sin proponérselo, es un veraz dechado de irradiaciones, aquellas que son pertinentes reavivar diariamente para enrumbar a Cuba “hacia la estrella de su destino”.[59]

El Roa de hoy, no puede ser el de la remembranza, el de la veneración fortuita por una fecha sugestiva; tal postura sería contraria a su connatura, pues sólo alcanzaríamos “a evocar la historia y no hacerla”,[60] en oposición flagrante a su vivir en pie. El hombre de las Peras al Cuarto”,[61] aquel que rebosa de viril consciencia respecto a lo que significa una revolución social profunda, no podría justipreciarse jamás de que se justifique el presente desde el pasado glorioso, donde por supuesto, se encuentra él, con  palabra enérgica y mirada que escruta. “¿A dónde va Cuba?”,[62] hállese el país incluso en circunstancias de ventura, es una pregunta sobre la que ha de indagarse perpetuamente como proceso de progresión verídica de la nación a la que con su praxis le avivo el fuego de la identidad.

Por eso, la inteligencia ha de coadyuvar a erigir el presente constantemente a golpes de responsabilidad y deberes para con cada átomo humano y la civilización toda, pues “El primer deber del intelectual – aseveraba persuadido - es decir la verdad, sin para mientes en las consecuencias. El intelectual que la mixtifica o ignora, se traiciona a sí mismo y a la sociedad”.[63] O acaba pensando “por boca de ganso o al dictado de consignas petrificadas”.[64] La intelectualidad no se hace orgánica automática o declaradamente, por el contrario, se pone a prueba en ese proceso perdurable de desconstruir lo enmohecido -por muy enraizado- que se encuentre y construir lo nuevo a partir de la cualidad multifactorial que demanden las épocas, desde una probidad real y un civismo inmune. Ya que, “no hay patria sin virtud”.[65]

Roa hizo historia, la forjó desde sus disímiles saberes, y el impar modo de fructificarle tributo, es hacer que su legado trascienda a su centenario con la misma impronta y deleite con que bajo la égida de su faena alcanzó su cincuentenario: “He tenido la dicha de arribar a la cincuentena con el corazón sin canas, la mente sin arrugas y el carácter sin papada. Y tengo la absoluta certeza de que nunca me sentiré viejo. No en balde he preferido siempre la aurora al crepúsculo y la flecha al cangrejo”.[66]  

El hombre que asumió la vida y por añadidura la cultura con el corazón, la mente y el carácter febriles de compromiso, latiendo al compás o por sobre los apremios de su tiempo, precisa ser desdibujado de la simple impronta de una herencia que se examina de vez en vez, y ser incorporado vitalmente desde ella, cual saeta refulgente a la existencia cierta que se requiere, donde muchas de sus alertas siguen rondando los espacios de una práctica aún incompleta fragmentada, pues “el futuro será de los que pugnen por cambiar el presente sin complicidades con el pasado”.[67] Es decir, desde una asimilación activa de sus memorias que se encuentran vigentes y grávidas de un pasado, que de no ser conectado creadoramente a la actualidad para el cambio que es menester, dejaríamos de ser lo que hemos sido desde el espíritu nacional y universal que nos es propio.

Estas reflexiones, tienen por objeto revitalizar la obra de Raúl Roa desde una arista esencial de su quehacer, a saber: el magisterio. Aquel que asumió desde la responsabilidad y complejidad que le eran inherentes y que nos legara como labor renovada para la cotidianidad de las acciones humanas. Parafraseando a José Antonio Saco, tengamos el magisterio y Cuba será nuestra. En Cuba, aún y por sobre lo alcanzado, no tenemos el magisterio desde una conexión intervinculativa capaz de regenerarse en complexiones mas amplia como cultura o culturas pluryidentitarias, propensión esta que proviene del legado de las figuras más prominentes del sacerdocio cubano y que apremian ser enriquecidas desde el presente.

Es imposible denotar a Roa sólo como profesor universitario, sus enseñanzas sobrepasaron con creces los muros de su bicentenaria pues se adentraron en la realeza y maleza de la Cuba que ayudo a fraguar desde el yunque, el martillo y la esperanza en cierne. Retoño legitimo de la herencia fundacional universal de su tierra, dio continuidad a un desempeño universitario colocado -según sus propias palabras- como “(…) el órgano más genuino de expresión de la conciencia nacional y su más firme baluarte”.[68]  

Tal rango no era un agasajo concedido por obra y gracia de una idea preñada de optimismo en el deber ser, donde la “realidad” se diluye en golpes de pecho desde la grandilocuencia y liturgia oficial, o en lemas que pululan por doquier y los vientos se pavonean en ellos. En contraste con tal habitual postura -o impostura-, con la que riñó enérgicamente desde su peculiar modo de haber nacido “para las actitudes claras y lisas”,[69] esta era corolario de una praxis continuada en el saber, el verbo y el hacer. Razón por la cual, este profesor universitario ganó la condición de Maestro.

Es por ello, que desde Roa y para el presente, desde los lances impuestos por las circunstancias y los denuedos que nos emplazan en el cómo hacer, es que se adentran estas arduas exploraciones –que sienten dejar tantas cosas por decir- acerca de lo que significa ser un educador legítimo, aquel que le toma el pulso al planeta, al terruño y concurre a su salvaguarda. “El profesor genuino –aquel que logra alcanzar el timbre y la jerarquía del maestro- ni se inhibe ni se embosca: da la cara. Predica con el ejemplo y concibe la historia como “hazaña de la libertad”. (…) La Universidad de la Habana puede sentirse orgullosa de haber contado, antaño y hogaño con numerosos profesores de este linaje. (…) yo también he sabido cumplir con mis responsabilidades sociales y morales como profesor”. [70] 

La estirpe de evangelio vivo, no es una suerte de bendecidos por fuerzas milagrosas, ni de elegidos o auto nominados, y menos aún una apelación inalcanzable, pues, parafraseándolo el mejor sermón es la vida.[71] Ser maestro es semilla y vocación humana, dar la cara y abrir el camino para que todos la den, es el gesto elemental en la epopeya de la libertad desde el deber moral individual y social, pues cada hombre o mujer se encuentran aptos para hacerlo, falta sólo que se aproximen a erigir mancomunadamente el hábitat humano que hace falta para tal magna empresa. Asumir este atributo como aquiescencia, es el primer paso para compenetrarse y acoplarse en pos de la verídica emancipación, aquella sobre la que se ha argüido cronísticamente, por la que se ha luchado –y lucha- y que es pertinente encauzar o aproximarse a enderezar.

Para el apóstol, “cada alumno que progresa es un maestro”[72] un creador, porque supone que porta transmite ideas y valores, adquiridos no sólo en las aulas donde estos se acrecientan. Tal progresión en el ámbito educacional incontestablemente emplazan otros requerimientos, ya que no son la simple suma de “conocimientos”, la repetición de “nociones limpiecitas” avaladas por una “pedagogía impecable”, de “excelencia” o en boga. Modalidades éstas, que sin formulárselo o formulándoselo, se engolosinan en asfixiar a la “funesta manía de pensar”[73] que daña tanto al intelecto, pues suscitan el empleo fútil de la mente en lo baldío, la angustiosa pérdida del tiempo, en fin el narcótico de los intelectuales incapaces de evaluar o valorar, que sólo acumulan –lo que les emplazan que acumulen- sin servir de guía para la solución a las incertidumbres, zozobras y sueños de cada individuo y de la civilización toda.

Estas arcaicas rutinas, modelos mentales cuantitativistas iterativos, crónicos de asumir el desarrollo cultural fragmentadamente se encuentran asentados pretendámoslo o no en todo el sistema educacional cubano, y sin dar la espalda al desarrollo científico tecnológico, se ha de hacer y rehacer infinitamente el cuerpo espiritual que se ha de potenciar desde la realidad de la existencia y no desde el mito que se fabrica desde fuera y a contrapelo de lo humano, por muy “humanista” o preocupado con que se nos engalane. La preocupación pertinaz por estos y otros problemas, son asuntos a tener en la mira si de fundar cultura se trata. Los micros escenarios, el cada alumno, el cada maestro, el cada hombre o mujer en íntimo correlato o hipervínculos multidimensionales con lo macro social, es donde se dirimen sin componendas los destinos formativos de los individuos, pueblos y la humanidad.

“La Universidad –explicaba- no es un conjunto de compartimentos estancos, ni un conglomerado de edificios. Suele olvidarse, a veces, que lo que la caracteriza y define es ser un corpus espiritual. (…) La Universidad es un ayuntamiento de profesores, estudiantes y graduados con efectiva unidad orgánica y nítida conciencia de su quehacer, misión y destino. Existe como un todo y, únicamente como un todo, ha de concebirse y funcionar. (…) A la Universidad le compete algo más que formar profesores cualificados, fomentar la investigación científica, difundir el saber y cultivar los valores estéticos, éticos y sociales. Su más empinada misión es elaborar y componer una clara y coherente imagen de su tiempo, exponer y discutir los temas fundamentales de la cultura y plantear y aprontar soluciones a los grandes problemas que afectan al hombre, individual y colectivamente. (…) no sólo necesita contacto permanente con la ciencia, so pena de anquilosarse; necesita también contacto con la existencia pública, con la realidad histórica, con el presente, que es siempre un integrum  y sólo puede tomar en totalidad y sin amputaciones. La Universidad ha de ser, (…) si no quiere adulterar y falsificar su vida <un principio promotor de historia>”.[74]  

Pero la Universidad enhiesta, generadora del cuerpo espiritual se encuentra inserta en el complejo integrum nacional, y, en la especificidad de su inserción en nuestra realidad, no puede dar curso a su misión -sin mutilaciones- de no concebírsele desde la articulación veraz de la connatura de lo que debe ser su funcionamiento, el cual sólo se construye desde su dinámico, diverso e integrador tributo a lo social. El contenido del “renquiciamiento y remolde” de la sociedad cubana y de la cultura, trasciende épocas y permanece emplazando cualidades.

Este posicionamiento científico, evita, entre otras posibles digresiones, ante el nuevo contenido que le concurre, el que no se proscriba -consciente o inconscientemente- la elaboración de pensamientos dándosele garrafales rangos a los sucesos, para que no se les pauten rumbos intrusos en franca oposición a su cometido, para que no se la conduzca desde fuera, -y a contra pelo- al teoricismo abstracto o al practicismo ramplón o a una mezcolanza indiscriminada de ambos, según los aires que soplen o las urgencias esotéricas justificativas de la dirección de los procesos sociales, pues se termina administrando la ciencia según las necesidades del mercado ideológico particular o global, olvidando así, la infinita gama de colores del arco iris y la variedad de texturas que enaltecen lo cubano, al asumirse, por supuesto, que patria es humanidad.

“No basta –aleccionaba- con que un establecimiento dedicado a la enseñanza otorgue títulos y se denomine Universidad para que efectivamente lo sea. En este caso, como en ningún otro, el nombre hace a la cosa si la cosa hace responde al nombre. Existir no es ser. Ser es conciencia de existir. La Universidad existe, y es, cuando esencia y forma, espíritu y cuerpo, contenido y continente, son elementos constitutivos de una realidad viva que funde cosa y nombre y le imprime sentido y misión a sus manifestaciones”.[75]   

La universidad, para que sea en cuanto a “realidad viva”, ha de estar siéndolo, haciéndolo y rehaciéndolo no desde el imaginario sino desde la realidad. El ancestral apego humano a lo ideal, diluye despersonaliza a la práctica, y con ello, la capacidad para subvertir transformar los procesos sociales desde sus significados concretos. "Y sin duda nuestro tiempo (...) prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser (...) lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado."[76]   

Este recurrente movimiento al predominio en teoría y praxis de lo apócrifo, aflora por doquier entorpeciendo los empeños, más allá, o en auxilio incluso, de los intereses de supremacía de castas y/o grupos. Motivos por los cuales, éstos entran al ruedo de la dominación desde los capilares mismos de la civilización. No es casual, entonces, que la reflexión sobre esta primaria trama humana, florezca en Dulce María Loynaz, en ese legado filosófico concentradísimo en su Poemario “Juegos de Agua”. Cuando, desde su Poema “Rebeldía” nos emplaza:

“¿A qué amar la estrella en el lago? ¿A qué tender la mano hacia la frágil mentira del agua? Mendigo de bellezas, buceador de esperanzas, mira que sólo la Verdad es digna de tus sueños: sé fuerte alguna vez y apedrea la estrella que no existe en el agua falaz y brilladora”.[77]      

Tales lances penetran con hondura sin par en la faena educativa, -no puede ser de otra manera- adoptando diferentes ropajes según las épocas y trascendiendo en el pensamiento libertario apuntando hacia los diversos y cambiantes elementos en pugna. Por eso, apedrear la estrella que no existe en el agua falaz y brilladora, sigue retando persiguiendo –y porque no atormentando- a la inteligencia que “no ha suscrito pactos expresos ni tácitos con la mentira, el silencio culpable o la verdad a media voz”.[78]     

Relegar tales supuestos primordiales de lo humano en sus cronísticos “olvidos”, de lo que ha de ser la Universidad desde la invariable atomización de la vida, -cosa que sucede con más frecuencia de la que debiera- acarrearía entonces la imposibilidad de promover historia, ya que ni la Academia, ni su claustro alcanzarían los matices propios de “preparar a sus alumnos mediante el libre examen crítico de los problemas políticos, económicos, sociales y culturales de nuestro tiempo, a fin de asegurar la intervención de sus graduados en la vida pública en forma tal que sus actividades se desenvuelvan con la serenidad, ponderación y conocimiento que sólo pueden obtenerse por un proceso metódico de formación cultural”.[79]       

La libertad, es voz recurrente en todo lo analizado –y en lo que no alcanzamos a evocar- es eje, enigma e indefinición, por más que se quiera probar lo contrario. La cuestión esta, en proponernos al menos, golpearle desde la indicación martiana de “Conmover es moralizar”.[80]     

La libertad no como gran relato, palabra pomposa, huera, vocinglera; es el atributo inacabado e inalcanzado -porque es búsqueda perenne- del insigne magisterio cubano, aquella que se ha reiterado, argüido y prosperado a lo largo de los anales de su conformación, la cual compone por adición, la base de toda conexión humana. Libertad sin cortapisas, libertad sin subordinación o parcelación en esas absurdas fatigosas y afligidas disquisiciones que llegan a derivar incluso, entre qué es lo primario el individuo o la sociedad, quién se ha de subordinar primero para el futuro edulcorante, todo lo cual anula de manera prosaica toda perspectiva de convivencia social integradora y autointegradora. No siempre en esas y otras indagaciones se “puso a prueba la calidad de los espinazos, la hondura de las convicciones y el temple de los espíritus”.[81]  

Qué mediaciones son pertinentes articular y dirimir hoy, en la labor cultural que nos asiste, desde esa reclamante misión emancipatoria que cualifica el desempeño del magisterio, para que la vincularidad orgánica que lo instituye tome cuerpo, a despecho de todos los vericuetos en que la impronta educacional cubana de los últimos años se ha visto envuelta. Esas son preguntas inaplazables desde las raíces hasta el fruto que se va obteniendo.

El eje del enfoque en Roa, respecto a la condición de maestro desde una cosmovisión de su desempeño totalizador como hazaña de la libertad, proviene nítidamente al estudiar su obra, de aquella edificante propuesta martiana de que: “La primera libertad, base de todas, es la mente: el profesor no ha de ser un molde donde los alumnos echan su inteligencia y el carácter, para salir con sus lobanillos y jorobas, sino un guía honrado, que enseñe de buena fe lo que hay que ver, y explique su pro lo mismo que el de sus enemigos.  Para que se le fortalezca el carácter de hombre al alumno. Que es la flor que no se ha de secar en el herbario de las universidades... En la que ninguna metafísica se ha de enseñar, ni de la de la ideología, ni la de la ciencia”.[82]     

Su “exponer, y no imponer o proponer”, entronca directamente con el “guía honrado” martiano, con las sabias convicciones varelianas cuando este sostenía: “Estoy persuadido de que el gran arte de enseñar, consiste en saber fingir que no se enseña”.[83] Pues enseñar, significa también aprender por muy docto que se sea. Los lauros provienen de una autoridad ejercida desde el conocimiento que se abre que aprende, que se vigoriza en el respeto a la independencia de la conciencia, en la aptitud promotora de nuevas experiencias en el gesto de amor, pues, “el índice pedagógico se aprecia por lo que el alumno aprende y no por lo que el profesor sabe. (…) Más sabe un burro preguntando que un sabio contestando”.[84]   

Es decir, el maestro en la intimidad de su intercambio con los educandos abre espacios de intelección, de derivación, de composición y descomposición de los asuntos que se someten a examen. Se cultiva asciende, pues se imbrican conjuntamente nuevos horizontes de conocimientos y afanes, auténticas aproximaciones a una progresión humana abierta al devenir donde cada idea, postura y criterio gozan de valor, pues a cada uno se le confiere el derecho a ser respetado, a hacerse respetar. “Háganse respetables los maestros y serán respetados”, alertaba Luz y Caballero, ante la magna tarea de fomentar el magisterio que permitiría que Cuba fuese nuestra. A lo cual adicionaba abriendo caminos, “para aprender todo lo aprendible, sino muy singularmente para aprender a estudiar y para aprender a enseñar”.[85]           

Resultan vitales entonces, para todos, las ideas diferentes o coincidentes fertilizadas de formas y contenidos inéditos porque son individuales construidos desde el manantial común que hermana, lo cual hace sentir la calidad de las aportaciones por elementales que sean. Lo que propulsa de esta manera varificada, las inagotables dudas debates e inquietudes obtenidas aunadamente sin otra autoridad que no sea la del intercambio de saberes, maneras de enfocar y acercarse a los asuntos que a todos conciernen. Abonando e irrigando así, el herbario que no se ha de secar en las universidades; de ahí “lo interesante que debe ser para vosotros – discernía Varela- enseñar al hombre a pensar desde su primeros años, o mejor dicho, quitarle los obstáculos de que piense”.[86]     

Roa también practicó ese acervo esencial asiento de la cultura, cuando excitaba en pensar para actuar, como condición cardinal que fragua espíritus y caracteres sólidos, librevolentes -según sus propias palabras- al impregnarle a su clase “el rumor de la colmena”,[87] el aleteo inefable de la faena diversa pero encaminada a un fin común de realización, en un ambiente identificado como propio para todos. Por ello, provocaba en los estudiantes con quienes interactuaba la necesidad interna de la indagación invariable de conocimientos, la circulación independiente de ideas, la polémica dinámica, la exigencia de ahondar en las circunstancias concretas de la convivencia social y más aún, cuando sostenía, ya en ejercicio de su condición de decano al darle la bienvenida a los graduados, que se encontraban “en pleno rumor de la colmena” a lo que agregaba “a nuevo continente nuevo contenido”.[88] Lo cual le hacia rebosar de júbilo y orgullo, porque los contenidos transformadores se socializaban, tomaban cuerpo por la gestión que conducía junto a su claustro, en acontecimientos en extremo difíciles pero a su vez enjundiosos, donde el énfasis formativo tributaba a potenciar cardinalmente el valor de la justicia social.

La colmena del micro contexto docente, se transformó en espacios más totalizadores del quehacer profesional universitario. Corroborando asimismo, desde la herencia preclara de la cubanía, que “Antes quisiera yo ver desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo moral”. [89]   

Dotar conciencia desde la ciencia, como atributo de ésta en interconexión orgánica con la realidad, es excelsa tarea de una cultura que se reproduce ampliadamente al porvenir desde las circunstancias que las refuerzan y no por pautas que se establecen desde fuera de las funciones que le son consustanciales, y por encima de todo intento ajeno a su esencia, si de contribución a la civilización se habla. “¿Estoy propugnando acaso, al sustentar este punto de vista, -defendía, desde su tiempo al nuestro- que el profesor debe ser primero político y después profesor, o que la Universidad debe adscribirse a determinado credo y tomar posición en la política de partido?

En modo alguno. Ni palenque de actividades sectarias ha de ser la universidad, ni el profesor utilizarla como trampolín de sus ideas o aspiraciones. La Universidad es, primariamente, un órgano generador de cultura, un centro de capacitación profesional y una fragua de conciencias; pero, justamente por serlo, su más alta incumbencia es <formar hombres cada vez más aptos para realizar la plena vida humana y más capaces de asegurar a su país condiciones favorables al desarrollo armónico y continuado de sus elementos de bienestar, cultura y moralidad superior; debe, ser en suma, preparar ciudadanos con la firme resolución de resistir el mal y la injusticia y el carácter templado para ese arduo empeño, con el corazón encendido en el amor a la patria y el anhelo del bien de la humanidad>. (…) El profesor ha de ser, también, evangelio vivo, y norma para la vida y guía para la acción, la educación universitaria. … La ciencia sin conciencia es la más peligrosa de las aberraciones de la civilización industrial”.[90]   

Mas la conciencia pre fabricada para producir “ciencia o sociedad”, es uno de los resquicios más temibles para abrir plaza a la barbarie, pues los individuos se desentienden de los dictados ajenos a sus realidades y comienzan a engendrar territorios segmentados de sobrevivencia, donde cada cual actúa desde su fortaleza como se le antoja o conviene, burlando lo impuesto y aplicando en el ámbito relacional humano la ley de la selva, donde las exclusiones son más salvajes y abominables, pues torturan el espíritu, nublan la inteligencia, cierran los caminos para subvertir los órdenes abusivos. Impera en suma, la mediocridad del pantano. Explicaciones, críticas y acercamientos al mejoramiento se convierten pues, encuéntrese donde se encuentre el devenir de la nación, en faena contributiva de las universidades y sus actores cardinales para realizar la vida plena, la convivencia cívica no virtual sino actuante. Sin ello, no hay ascenso, ni utopía humana posible.

Cuando en Cartas a Elpidio, Varela elucidaba sobre tales asuntos cuestionaba e inquiría “… ¿Qué quiere decir obediencia pasiva? ¿Obedecer sin pensar? ¿Y qué derecho tiene la política para manejar los pensamientos?”.[91] Y qué derecho, añadiríamos, en el plano cultural tiene nadie para atribuirse la corona acerca de qué se debe pensar, conocer y cambiar. Qué estrecho horizonte le deparan a lo humano tales extendidas y absorbentes posturas. Aquellas, que se reproducen como hiedras modulando infinitas sujeciones hasta en el interior de los individuos impidiéndoles toda visión, algo así como: Tienen ojos y no verán. Tienen boca y no hablaran. Tienen manos y no tocaran. Tienen oídos y no oirán”.[92] Porque se va perdiendo el activismo promotor de lo diverso del impulso osado, de la fiebre que renueva, del entusiasmo que hurga, de la ensoñación por lo nuevo.

Al sol, -para que no nos enceguezca un proyecto por extraordinario que se bosqueje, y no siempre desde las alturas sino desde las medianías- se le deben estudiar sus manchas, pues éstas, así como los eclipse parciales o totales se los provocan las propias estructuras, organizaciones y funcionamiento de las relaciones humanas, sean del tipo que sean, pues ninguna ha logrado aún reconocer la gama de colores que conforman al universo del cual formamos parte constitutiva esencial. Y esa, inexcusablemente esa, ha sido la lid histórica del pensamiento social más avanzado, a saber: quitarle las cinchas al espíritu.

La crítica, como cultura en progreso, no es ni constructiva, ni destructiva esos son deslices del leguaje que acepta lo que le conviene y reniega de un pensar y discurrir desde lo plural que lo incrementa, que omite los intereses, motivos y prácticas diversas por excelsitud y que reduce la existencia a un mínimo preconcebido a un estándar definido fuera de la esencia de la especie, al decir de Carlos Marx. “No se olvide –subrayaba Roa- que la cultura es la más peraltada dimensión de la libertad y que en consecuencia, es la antípoda de la barbarie y el despotismo. Y téngase, asimismo, presente, que sólo a través de la educación – riego de luces y abono de conciencias – las redenciones, como ansiaba José Martí, dejarán de ser teóricas y formales para ser efectivas y esenciales”.[93]    

La efectividad y esencialidad de la libertad, asumida esta como gesta de la cultura, -promovida en especial desde lo universal- es el soporte determinante de la condición humana, pensar en cómo se ha de potenciar y auto potenciar ese sujeto que demandan no los vientos de cuaresma, sino los redentores, no menos complejos que las épocas del ideario que nos socorre, donde ya no quedan intersticios ni estoicismos para redenciones teóricas y formales, esto sólo puede enderezarse si se asume que, “La libertad de la cultura no sólo supone la libertad de la comunicación con los demás hombres y pueblos: afecta asimismo, la integridad de la persona humana, y todos sus juicios de valor, ya sean políticos, económicos, morales, estéticos o religiosos”.[94] La pluralidad de aristas que han de considerarse aflora por doquier acumuladas y desoídas cronísticamente, en un mundo, donde todos los elementos constitutivos antes alertados por Roa, se encuentran en flagrante crisis, de la que Cuba no se encuentra exenta.

Es por ello, que la diversidad de mediaciones activas a desplegar desde una memoria histórica consecuente, desde una crítica reorganizadora desde sus cimientos mismos a de encaminarse -y no manosearse- ya que la “Libertad, es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”[95], se ha de “trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres”[96], y para ello debe serse “un hombre honrado”, se ha de laborar para que la civilización promueva y auto engendre individuos honestos no como fábulas, sino como aproximaciones sopesadas de sus implicaciones reales y no paradisíacas como ha venido sucediendo a despecho de lo declarado y/o alcanzado, lo cual no es suficiente ante la crisis existencial que se experimenta, donde los valores han tocado fondo – no podía resultar de otro talante- y continúan adentrándose en abismos insondables.

Cuando Raúl Roa discernía acerca de la responsabilidad de ser un profesor, en particular de las Ciencias Sociales, explicaba: “En la historia de las doctrinas sociales hay que penetrar con ademán sereno y pupila limpia de prejuicios y su exposición académica debe estar presidida por la más pulcra objetividad. En ningún terreno, como en el de nuestra ciencia, son múltiples y variados los criterios, las perspectivas y las soluciones propuestas. (…) Ni Se Propone Ni Se Impone: Se Expone. El espíritu científico y la intolerancia son incompatibles. El espíritu se nutre y enraíza en la libertad de investigación y crítica. La intolerancia - <<esa extensión hacia fuera del dominio exclusivo ejercido dentro de nosotros mismos por la fe dogmática>> - intoxica la inteligencia, deforma la sensibilidad y frustra la actividad científica, que es impulso libérrimo hacia la conquista y posesión de la verdad. El más alto deber de la inteligencia (…) es ser inquebrantablemente fiel a esta misión, que es raíz y ala de todo progreso cultural y humano.” [97]

Las Ciencias Sociales, hoy más urgidas que nunca de pulcra objetividad y pluralidad, han de desmitificarse de la infalibilidad adjudicada desde fuera y dentro del sujeto de la enseñanza, donde las exclusividades, cotos de caza, ocultamientos de saberes y predominios clericales desmoronan todo sentido de cultura, por el del estancamiento y aislacionismo desintegrador de toda perspectiva. Pues la veda del conocimiento es la veda del espíritu. De ahí, el inconfundible llamado de “Yunques sonad, enmudeced campanas”.[98]    

Nada de campanas tocando al vuelo para celebrar el imaginario cumplido, que entre otras cosas propende a lo acabado, aquel que en su insidiosa persistencia anula y usurpa el sueño, las potencialidades para el cambio. “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionarias es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejes venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva esencia de la historia universal”.[99]   

Que suenen los yunques, que la herencia alerte porque sea conocida y aprehendida, no como opresora del cerebro de los vivos –pues eso es cosa de la “dinastía de los Pachecos”- , sino para que el nuevo contenido tenga raíces, identidad en crecimiento. Roa es letra viva,  Maestro,  ya que no pudo vivir sin dar curso consuetudinario a su esencia en cualquier escenario de convivencia humana, porque con su “sermón” abonó saberes, valores, significado reorganizador. A su vera la pasión se trastocó en esperanza cierta, entusiasmo emoción. Y tomando su propia voz –pues no se acierta a otra a su altura-, “A honrarlo van estas palabras, trémula y encendida ofrenda quien por maestro de letras y conducta le tiene y comparte hoy”.[100]  

La fuga inútil

“El agua del río va huyendo de sí misma.

Tiene miedo de su eternidad”.[101] 

Pretender adentrarse en las dinámicas de las corrientes políticas hoy, es uno de los ejercicios de intelección científica más difíciles, y al mismo tiempo más apremiante de ir reconstruyendo. Ello asociado, entre otras razones, a que para muchos es un saber, muy sabido, liso, obvio, del que se puede hablar literalmente sin muchas complicaciones. En tanto, para otros, es una cuestión implícita, hasta cierto punto subordinada dentro de los ámbitos de las ciencias que se ocupan de la política; por lo que en ocasiones, se les refiere desde un invisibilizar sus vínculos dinámico-orgánicos más profundos.

Ambas posturas, u otras que aparecen por doquier, simplificando o complicando sin norte ni sosiego hasta hacer ininteligible el asunto, no hacen otra cosa que gravar la comprensión de un problema base de bases para la civilización, la política y lo político, entre los múltiples ámbitos esenciales de interacción social en que se encuentran, actúan y retroactúan. Por lo que, ante las fugas inútiles –conscientes o inconscientes-, porque la trama humana con sus activísimas dinámicas siempre la sobrepasará, es que apelamos con extrema cautela, al alcance de acercamientos científico metodológicos plurales, cual interrogadores de métodos y objetos de ciencias declarados, como eslabones primarios de futuras y mayores complexiones sobre el tema.

Toda propuesta de aproximación científico metodológica asume riesgos insondables, toda vez que la misma se levanta desde la experiencia personal de quien la despliega. Resulta en cuestión muy difícil sustraerse de esa mirada intima que medita, propone y hasta corre el riesgo de no encontrar las formas de comunicación idóneas a las complejas realidades que muestra en un intento por aprehender sus interconexiones diversas, activas. Por lo que en éste, y en cualquier estudio es un aspecto a tener en cuenta.[102]   

No es casual, en tal sentido la indicación de Carlos Marx, en sus prólogos al Capital, donde aleccionase: “En la ciencia no hay calzadas reales, y quien aspire a remontar sus luminosas cumbres tiene que estar dispuesto a escalar la montaña por senderos escabrosos.”[103] Caminos abruptos, que en gran medida se encuentran en nosotros mismos, en la herencia de la que somos hijos y en las circunstancias en que interexistimos. Asociadas ellas, entre otras causales de mayor profundidad, a “la forma universidad” como marco institucional en el cual se llevan a cabo las tareas de enseñanza, aprendizaje e investigación en las ciencias sociales”.[104]  Por lo que, todo saber, todo posicionamiento político en el ininteligible ámbito práctico hunde sus raíces en esa peliaguda escena en la que han de fraguarse conocimientos, valores y cultura. Razón por la cual, nos incumbe preguntarnos siempre, cómo se están promoviendo esos procesos en su recursividad, cómo transcurren en su connatural regeneración.

No obstante a tales lances a tener en cuenta en toda exposición, sé es de la consideración de que incluirse en los debates de las épocas por las que transitamos, más que un deber es una necesidad para todo aquel que bracee fuerte contra el aislacionismo, el enmohecimiento, y la soledad que a veces implica el tener criterios en un mundo en el que los modelos mentales se han construido cronísticamente desde la linealidad, unidireccionalidad, unidimensionalidad y la estática. En donde, por demás, la gestación del pensar y actuar preñados e interconectados de nuevos contenidos reales de intelección de la vida, aún no cuajan en ese andar y desandar de las Ciencias en general y de las Ciencias Sociales, en especial.[105] 

Adentrarse en la comprensión de las dinámicas de las corrientes políticas hoy, también requiere de gran cuidado, no sólo por los universos que intentan denotarse con sus análisis extremadamente difíciles de aprehender, si no conjuntamente, por las múltiples valoraciones históricas que les acompañan, las cuales no siempre abrieron espacios al conocimiento plural de sus significados y por ende, a una progresión científico metodológica en crecimiento acorde a las realidades que intentaban y pretenden explicar y/o justificar, según sea el caso, a lo que pudiera adicionarse, las maneras separadas, excesivamente especializadas o desconectadas en que se despliegan sus estudios.[106]  Corolarios a su vez de los desvíos, deslices y hasta negaciones florecen en todas partes,[107] sin norte para insinuaciones científico políticas prácticas de mayor o menor alcance. Nos movemos pues, en un ambiente polémico por excelsitud, donde es imposible que sean suficientes las valoraciones políticas en abstracto.

Tal ámbito conflictual y versátil, conmina a proximidades objetivas que las expliquen -entre otros análisis que se asuman- desde el tejido unitas multiplex de interconexiones humanas reales que las obran y retroactúan, dado que no puede prevenirse el que: “Los hombres y los grupos pueden pasar de un campo a otro, cosa no sólo probable, sino hasta inevitable en toda gran conmoción social; el carácter de determinada tendencia no cambia por ello lo más mínimo; no cambia tampoco la ligazón ideológica de determinadas tendencias ni su significado de clases”.[108]  Por lo que, las fracturas dentro de las corrientes políticas y movimientos sociales de cualquier tipo, son aspectos intrínsecos a las interrelaciones sociales, en particular las dominantes a escala planetaria y a sus interdependencias no absolutas, sino como resultado e inicio de conmociones intervinculantes con toda la gama de variabilidad teórico práctica que generan. 

En tal sentido, como punto de partida, se insiste en la centralidad de intentar  eludir desde este estudio de lo político toda propensión a cosmovisiones finitas, acabadas, y cerradas. Proponernos, por tanto operar, -lo más cercanamente posible- desde un apoyo científico metodológico en constante confrontación con la realidad, en crecimiento, es decir, pensarse los problemas desde conceptos abiertos, cambiantes, múltiples, conexos, interconstituidos, transformadores a perpetuidad. En que por añadidura, no se derive en indeterminaciones o absolutizaciones, dando cabida así, a propósitos científicos políticos que fructifiquen en una comprensión de las disímiles teorizaciones y procesos en los que se encuentra inmersa la civilización contemporánea. Capaces a su vez, de estimular, desbrozar caminos de conocimiento de lo político y de la política desde los interenlaces reales entre los diversos sujetos políticos interactuántes, como transcursos que se enriquecen desde el sustrato social en constante cambio, creación, conformación y autoconstitución.

 Aspectos de este tipo proveedores de esclarecimientos metodológicos, respecto a la concreción de los análisis dentro de la complejidad que les es consustancial, -no de índole declarada-[109]  fueron señalados por Marx en más de una ocasión, en particular en su “Introducción de 1857” a los Grundrisse, donde exponía que lo concreto es lo concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto unidad de lo diverso. Efectivamente, existen determinaciones sociales, -al decir de Marx- conectores, componentes que operan como ejes en las diferentes conformaciones sociales los cuales son aprehensibles en sus múltiples tendencias, por lo que no pueden ser ignorados, desapercibidos dentro de la variabilidad histórica, y menos aún excluidos porque se desenvuelven, porque les son inherentes esencialmente en su devenir.

Por tanto, observamos en Marx, un intento –no siempre comprendido- que cuidaba la inestabilidad, diversidad de los fenómenos o procesos, pero que indicaba la necesidad de aproximación objetiva clarificadora de los posibles rumbos, desde un proponerse encontrar los puntos interrelacionadores con la totalidad, para permitir orientarse, reconstruir los movimientos históricos y por complemento políticos, sin rigidez, simplificación pero con previsión articulativa, gestadora de mediaciones diferenciadas. Una totalidad en resumen, como no-verdad, en el espíritu de novedad, incompletud e incertidumbre y por ende de búsqueda perenne.

Todo lo cual indicaría dentro de los marcos que se examinan, que enfocar por ejemplo la corriente fundamentalista[110] hoy, con una focalidad extrema, perdería de vista rasgos que le son consustanciales y que se presentan en mayor o menor medida en otras tendencias políticas concomitantes ligando -hasta en las más aparentemente alejadas de esas posiciones- rumbos teóricos y prácticos con sus concebidas implicaciones a lo humano, ya que tienen orígenes culturales universales más aprehensores.

La intención de esta propuesta científico metodológica, que coincide a su vez con otras afines –asumidas como de punto de partida-, inscribe entre otras aspiraciones el comenzar a articular formas validas para el entendimiento de lo múltiple que nos puebla, y desde ahí, generar un tipo de contribución política acorde a las demandas civilizatorias actuales. “¿Qué clase de contribución? Una que nos permita estimular  la búsqueda de nuevos mundos posibles y alimentar la imaginación utópica, para de este modo contrarrestar el fatalismo mortificante de la resignación “posibilista” y el “pensamiento único”. Una contribución, en suma, que promueva la crítica radical de todo lo existente y el reconocimiento de la transitoriedad de todas las formas sociales, y que ofrezca parámetros morales para juzgar las realidades económicas, sociales y políticas de nuestro tiempo. Una perspectiva, en síntesis, que nos recuerde la permanente necesidad de valorar, de preguntarnos acerca de si ésta u otra política o forma social son conducentes o no hacia la buena sociedad. De ahí que en este libro hayamos intentado examinar algunos de los aportes más directamente vinculados con estas preocupaciones”.[111]  

A lo que se adjunta, que los tributos a lo social, nacidos desde preocupaciones coincidentes de estudiosos de la política[112]  -que es el caso que nos ocupa-, no son los aislados, los que se promueven desde éste o aquel pensador, político o tendencia por muy ilustre o significativa que nos parezca, sino desde el debate que erige, que contiene a lo diverso como conocimiento de lo universal, que socializa problematizando, ejerce el criterio respetando, analiza, tolera y asimila sin sacralizar e imponer derroteros ajenos a la creación múltiple, varificada y autopensada.

Cuando se insiste en lo científico metodológico desde la política, se habla de construcción perenne de dichos procedimientos de análisis y transformación, lo cual abre espacios reales a la desmitificación de todas las modalidades que insisten ya en su inaprehensión o determinación absorbente, en especial la posmoderna,[113] que no llega a absorber la posibilidad de la comprensión, reorganización mancomunada, y transformación revolucionaria, no de género lineal sino multilíneas.

Con lo cual se deja sentado, que el estudio de las corrientes políticas contemporáneas que se expone, destaca primariamente, como todas existen intervinculadamente en todos los ámbitos de lo político, en los conocidos y en los que nos compete develar. Las imbricaciones orgánicas que les acompañan en sus desenvolvimientos, fraccionamientos, metamorfosis, transitoriedades entre una infinita movilidad existencial no registrable, asociadas entre otros, a los intereses políticos que les asisten, complejiza en sumo grado la aprehensión cambiante que les propia. Por lo que, el desafío fundamental en materia política, no es sólo elaborar o encontrar “respuestas únicas” a los problemas, sino ser capaces de prevenirlos mediante un proceso constante de construcción múltiple de fuerzas políticas reales desde un cimiento de fuerzas sociales pensantes, actuantes y librevolentes.

Todos los esclarecimientos, cuidados científicos que se exponen en cuanto al tratamiento de la interactividad que caracteriza a la política[114] pudieran conducir a la idea que ya no queda nada por hacer, o lo que se puede hacer se encuentra en manos de otros más capaces y experimentados dado lo agotador del intento, ideas éstas que no son fortuitas sino palpables reiteradas. Por lo que, bajo este signo de desesperanza o de delegación de poder -originaria entre otras causales por déficit en la cultura de la política-  lo político y la acción política toman cuerpo en una naturaleza ajena a su soporte social real.  Lo cierto es, que en materia política por el carácter inclusivo de todos en sus contenidos reales, decisorios respecto a los destinos de la vida individual, colectiva y mundial -ya que la estructura de toma de decisiones se ha mantenido incólume, más allá de los retoques de cosméticos que se han verificado-, reclaman como nunca antes, de un tomar con-ciencia de a dónde se marcha, desandar el camino y reorganizar responsablemente[115] las formas cronísticas de su ejercicio excluyente en todas sus arterial vitales.

Las ideas anteriormente recreadas intentan esclarecer sobre la heterogeneidad conceptual que inevitablemente acompaña a la política como práctica humana que actúa universal, contextual e históricamente. A lo que se añade, la pertinencia de un enfoque integrador, interdisciplinario, transdisciplinario -en un sentido perspectivo- de las diversas Ciencias que se ocupan de ella, para aproximarse así, a su comprensión compleja, a su asimilación real, a una contribución objetiva, que desborde los límites impuestos y autoimpuestos.

Cuestión ésta, que aún se debate, y para la que el tiempo apremia con la carga ética de un planeta que se autodestruye y de una civilización heterogénea, que no ha cultivado el  dar cabida a lo diverso que la caracteriza desde investigaciones, teorizaciones y prácticas políticas integrativas autoconstitutivas, concurrentes. Una propensión científica de la política en suma, que se privilegie como Ciencias Políticas. Coincidiendo en ese construir nortes, con puntos de vista que sostienen que: “Aunque algunos especialistas no aceptan el término Ciencias Políticas y prefieren decir que esas disciplinas que hemos mencionado son subcampos de la Ciencia Política, seguimos pensando que, en realidad, constituyen disciplinas autónomas, relativamente independientes, constitutivas de ese concepto más amplio denominado Ciencias Políticas”,[116] las cuales han de propender -y propenden en la práctica ya espontánea, esporádica o consensuadamente - a autocomplexiones más amplias.

Esta polémica científica, posee ya una larga historia[117] –y parece que continuará derramando tinta por un prolongado tiempo- incidiendo con ello meridianamente en el presente propósito científico metodológico; dado que apunta no sólo a la Ciencia Política, sino a otras disciplinas tradicionales y nuevas que se ocupan de ella. Es recurrente el hecho, de que en cada uno de los balances que se presentan por separados o unidos según sea el caso, el fenómeno del vaciamiento respecto a la contribución a la teoría, experiencia y praxis política articulativa real –desde la formulación de Atilio Boron y otros analistas- aflora por doquier, sin encontrar cauces a los emergencias a que nos hemos referido y por tanto, penetrando también en este posible acercamiento a las corrientes políticas que nos formulamos.

En una publicación, de la Revista Metapolítica, titulada “Adiós a la Ciencia Política – Crónica de una muerte anunciada”, se expresaba: “En un ensayo reciente (…); el politólogo más famoso del mundo Giovanni Sartori, estableció de manera tajante que la disciplina que él contribuyó a crear y desarrollar, la Ciencia política, perdió el rumbo, hoy camina con pies de barro, y al abrazar con rigor los métodos cuantitativos y lógico – deductivos para demostrar hipótesis cada vez más irrelevantes para entender lo político, terminó alejándose del pensamiento y la reflexión, hasta hacer de esta ciencia un elefante blanco gigantesco, repleto de datos, pero sin ideas, ni sustancia, atrapada en saberes inútiles para aproximarse a la complejidad del mundo. (…) El diagnóstico de Sartori es en ese sentido impecable. (…) Esa Ciencia Política le ha dado la espalda a la vida, es decir a la experiencia política. (…) mi convicción personal es que el pensamiento político, la sabiduría política, hay que buscarla en otra parte. ¡Adiós a la Ciencia Política!”.[118]   

Balances de este tipo resultan significativos. Pero, en qué partes buscarla, cuántos realmente la indagan o se ocupan de inquirirla abandonando verídicamente los senderos por los que se extravió. Y esto, precisamente este punto, es un problema central de responsabilidad científica plural, pues los extravíos teóricos y prácticos en política son de muy variada textura, ya que no basta con decirle adiós –por muy metafórica que resulte la intención- pues incluso la despedida, ha de ser construida desde la diversidad, en la continuidad, pues sería una negación de lo acontecido y o aportado para el porvenir, sin negar la pertinencia del adiós cuando los interenlaces del viento indican partida.

A lo que se complementa, desde qué confluencias y divergencias científico metodológicas se articulan la multiplicidad de transiciones que propician progresiones teórico - prácticas complejas en el ámbito de la política. Cómo transformar el elefante blanco sobre el que tanto se ha teorizado, sin que sólo signifique un cambio de color en la piel. Cómo propiciar imbricaciones constructivas abiertas de mayor alcance en el sentido práctico del entendimiento múltiple de lo humano, de su experiencia y en concordancia con ello, de su sabiduría parafraseando a Cesar Cansino.

Con matices similares, pero desde la especificidad de la Filosofía política, Fernando Vallespín en una entrevista que se le realizaba declaraba: “Actualmente se escribe tanto en esta materia y salen tantos libros que vuelven una y otra vez sobre las mismas cuestiones, que a uno se le hace muy cuesta arriba el participar de esta conversación tan académica sin nada auténticamente relevante que añadir. (…) Considero, sin embargo, que hace ya tiempo que se ha perdido en discusiones filosóficas que pierden de vista lo que debería ser su objeto real: la política. (…) O sea, que lo ideal es penetrar en el estudio de los problemas políticos desde la propia realidad empírica, pero con sensibilidad teórica.”[119]   

Ese agotamiento en el decir, en el sentir que ya no hay nada que “añadir”, que lo que acontece en los intercambios no alcanza a insinuarse como propuesta reorganizadora en la práctica real por el curso academicista, no objetivo o empirista de los debates, cuando en la realidad existe un mundo por reorganizar, por transformar y autotransformarse. Éste en particular, es un síntoma más alarmante implícitamente que todos los cánticos que le precedieron respecto al “fin de la historia” con toda la estela que por dondequiera desató.

La cuestión referida al vaciamiento por uno u otros orígenes,[120] tanto en lo teórico como en lo práctico, -y por ende en el tributo científico metodológico que tanto compromete al estudio de la política-, se encuentra presente en el firmamento político actual, él no es en sí mismo un problema consustancial a la llamada izquierda en corrientes políticas como muchos teóricos de dentro y fuera de ella apuntan –en muchos casos por apuntar, sin aportar-, perdiéndose de vista con ello, que nadie se encuentra científicamente libre de tal malhadado signo en materia científica sobre la política. Éste es un problema global de la política y de los científicos políticos contemporáneos, se ha convertido casi en un atributo de ausencias permanente, de devaneos sin aproximaciones ciertas, a partir de las cuales, cualquiera, en cualquier lugar del mundo por pequeño o aislado que parezca, y desde las esencias fragmentarias que nos pueblan, puede intentar erigirse en olímpicos salvadores o salvadoras de los análisis en las disciplinas que se ocupan directamente de la política, ya que obviamente ninguna ciencia se encuentra “emancipada” de ella.

No se niegan con las presentes preocupaciones los intentos aislados, grupales e incluso regionales de la comunidad científica que han tenido y tendrán impactos en ese despertar y repensar; de lo contrario es probable que no habitaran en está autora, ni se escribieran estás ideas. A lo que se alude, es a buscar avances mancomunados y coligados, organizativos y autoorganizativos de dichos propósitos hacia complexiones de incidencia y autoincidencia en el imprescindible y difícil proceso de reorganizar el pensamiento, en el modo de reaprehender desde el plural estado de entendimiento actual de los procesos formas más inteligentemente deliberadas de abrir caminos contributivos a los estudios y praxis sociales, atisbos que avizoran métodos válidos como la sugerencia de Edgar Morin, entre otros que han madurado el asunto desde diversas posiciones de que:  "Tenemos que comprender que la revolución se juega hoy no tanto en el terreno de las ideas buenas o verdaderas, opuestas en una lucha a vida o muerte a las ideas malas y falsas, sino en el terreno de la complejidad del modo de organización de las ideas",[121] a lo que adicionaríamos para organizar una práctica de vida más coherente con nuestra connatura humana.

Desde tal posicionamiento, se asumen, los riesgos que avizorará Carlos Marx hace ya mucho tiempo -y que penetran puntualmente los exámenes en corrientes políticas- ante el complejo y avasallador empuje de las relaciones mundiales capitalistas; donde, como proceso y resultante de su ininteligible desarrollo Ya no se trataba de si tal o cual teorema era o no verdadero, sino de si resultaba beneficioso o perjudicial, cómodo o molesto, de si infringía las ordenanzas de policía. Los investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo y los estudios científicos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las intensiones de la apologética”.[122]  

Años más tarde Gyorg Lukács, desde su Historia y Conciencia de Clases hasta el final de sus obras describió las implicaciones de la cosificación de la vida, particularmente en los procesos intelectuales y como la fragmentación connatural del capitalismo, desmembraba las aproximaciones científicas en las ciencias sociales, en especial las políticas. Pues éstos profesionales[123] están involucrados en un entramado de relaciones dentro de la sociedad y para consigo mismos dinámicas, dialécticas; donde se producen y reproducen ampliada y ramificadamente procesos, que hoy pudiéramos llamar de desprofesionalización por extrema profesionalización o especialización. En los que no falta, por cierto, el acomodamiento mediocre a lo imprescindible para subsistir, disipándose gradualmente con ello, la identidad que como científicos les asiste.

La lid científica entonces, no es sólo de pensamiento por pensamiento, de ideas por ideas, sino de cómo se interorganizan, intercomplementan, interdialogan desde un modo complejo que cierre espacios a todo lo que cercena el conocimiento y la práctica desde los ancestrales estándares intelectuales monolíticos de toda horma.

Más allá de esos ingredientes que no se pueden desdeñar, pues operan consciente o inconscientemente como modelos mentales depredadores de cualquier intento, dado que se imbrican con los conectores esenciales de la reproducción ampliada de las relaciones sociales dominantes; se encuentran conjuntamente con ellos, los lances epistemológicos, las enormes grietas sociales, el desmantelamiento de la interrelacionalidad en términos de la cotidianidad, de la convivencia como humanos, traspasando a la civilización toda a cada individuo.[124]   

Es por eso, que en éstas meditaciones, ya no vale la simple geometría de los de abajo y los de arriba –aún y cuando permanezca en términos lineales e inobjetables mundialmente- los laberintos de las alienaciones, extrañamientos, fragmentaciones, inseguridades y soledades a que han conducido los modos capitalistas de interconectarse golpean pluralmente a todos, y las perspectivas de reconstrucción no sólo política de tales procesos, abarcan también a todo el tejido civilizatorio conduciéndolo a senderos insospechados de enfrentamientos.

De aquí, lo extremadamente arduo de vencer ante la resistencia que ofrecen los intereses, las experiencias y los temores que circundan dentro de la conexión interna capitalista que promueve, la lucha por la existencia cotidiana -al decir de Marx- o por la conservación personal. Por lo que, las tendencias políticas existentes se encuentran atravesadas heridas por todas éstas contrariedades y conflictualidades, que de no percibirse su gama de colores quedaría reducida a lo de siempre: el blanco y el negro, las luces y las sombras y todo intento de análisis sería parcial y tan excluyente como la realidad capitalista enseñoreada hoy de nuestros destinos.

Desde esta perspectiva, las universidades entre otros ámbitos de producción científica enfrentan profundos lances.[125] Inmersas en las complejidades del mundo de hoy antes explicadas y de otras que le son consustanciales, se produce sobre ellas y desde ellas una nefasta influencia que incide medularmente en su condición de esfera articuladora esencial para el desarrollo político[126] plural a que conmina la actualidad, -y no los que pautan los especialista diseñados desde vitrinas intocables- atentándose de esta manera contra su perspectiva histórica de ser “(…) el órgano más genuino de expresión de la conciencia nacional y su más firme baluarte”.[127] Con lo que, su configuración gestadora, imbricadora de fuerzas políticas, sufre grandes embates desde la colonización y/o extirpación de sus sentidos críticos, analíticos y emancipadores.

Es por ello, que Educación Superior,[128] teorías y prácticas políticas se interconectan multidimensionalmente en los procesos de progresión estancamiento, decadencia social o del tipo que sean. Cabría entonces preguntarnos, como problematizaciones ejes del asunto, qué factores orgánicos, estructurales y funcionales despliegan, entre otros, de muy variada textura la política y los científicos de la política, y cuál es la capacidad de respuesta, de pertinencia, a partir de la comprensión de ellos por los sujetos actuantes en las universidades. En especial, ante el vaciamiento y la apremiante contribución real a los problemas cruciales civilizatorios de hoy.

Los cuestionamientos anteriores, imponen efectivamente, un deslinde científico que pasa entre otros, por los defectos en el caso del ámbito de las Ciencias que se ocupan de la política, dadas sus desarticulaciones con la realidad, su excesivo empirismo, o la mezcla indiscriminada de teoría y praxis política que las llegan a alejar incluso de los “objetos científicos” declarados como cánones de su existencia.[129] Tales aspectos genéricos que obviamente tienen sus especificidades contextuales, también han incidido en el Marxismo o en los ejes de Marx y sus “ismos” históricos que no son evadibles en un renquiciamiento científico político efectivo.[130] A lo que se suma, que sin la articulación de aportes y experiencias, no se puede acceder al desarrollo político que se necesita para defender y cohesionar las identidades[131]  y los valores en general, en particular los políticos. Los cuales en la actualidad, han de ser capaces de partir del escenario plural que ha de propender a integrar desde la diversidad para emanciparse.  

En tal sentido, no basta denotar que existen problemas en una u otra área de la vida, y que en consecuencia, ello se frena el desarrollo, por la implementación de uno u otro proyecto proveniente ya de la socialdemocracia[132] o de la democracia cristiana[133] o de cualquier corriente que haya accedido o se perpetué en el poder metamorfoseando sus contenidos e incidiendo en todas las existentes, incluyendo las en tránsito o en conformación. Por el contrario, de lo que se trata es de integrar las causales combinadas que desbordan los límites geográficos e impactan expansivamente en el mundo, gestando nuevos movimientos de re, inter, y pluri composición -entre una gama de deslizamientos y corrimientos infinita- la cual auxilie en el tomar posturas desde una comprensibilidad más amplia respecto a los orígenes, imbricaciones y perspectivas civilizatorias ante lo incierto de esos desenlaces. 

Por lo que, es impostergable labrar mancomunadamente nuevos senderos de discernimiento científico, desde los saberes disímiles, universales y particulares, y desde una praxis que abra espacios a esas especificidades en el presente y porvenir político, que surque ciencia desde los sujetos que la promueven a despecho de quienes incluso la ignoran. Por lo tanto, se coloca en tela de juicio y como ámbito de análisis los llamados paradigmas de la modernidad y posmodernidad con sus vastas modalidades para las realidades de los pueblos, de la civilización en su conjunto, desde los presupuestos tradicionales que le han acompañado y acompañan.

Priorizar consiguientemente, una educación que incluya y no excluya, que promueva a pensar y no a indicar cauces estrechos, predeterminados al pensamiento en especial en la superior, significa dotar un eje primordial para la calidad del funcionamiento democrático, pues construir y gestionar conocimientos pluraliza visiones heterogéneas y perspectivas políticas múltiples.

“Muchos autores apuntan hacia el hecho de que la universidad atraviesa una crisis de identidad a su interior. Ampliando este aspecto de la cuestión, nos encontramos que, en un primer nivel de análisis, la copia de los modelos europeos de estructura y funcionamientos universitarios (esencialmente los de Alemania y Francia) llevan a las universidades latinoamericanas a oscilar en un péndulo que va desde el aglutinar en el departamento docente (modelo alemán) a profesores que imparten las materias propias del departamento y de las investigaciones que llevan a cabo los mismos profesores, hasta separar (modelo francés) las investigaciones de la docencia propiamente dicha, al crear, en unos casos dentro de las estructuras universitarias y fuera de ellas en otros, institutos o centros de investigaciones”.[134]  

Con lo cual, los problemas estructurales, orgánicos y funcionales mundiales en la educación superior, extendidas a otros centros de producción científica, despliegan fisionomías de intelección de la varificada realidad muy similares que hipotecan no sólo el sentido de lo diverso sino de lo universal de sus contingencias propias. Todo lo cual quebranta, entre otras incidencias posibles, en la capacidad valorativa respecto a las corrientes políticas existentes desde los macro y micro escenarios plurales en que se desenvuelven y desde las articulaciones interconstitutivas que les son inherentes.

Cuestiones de este tipo, presuponen por tanto, la capacidad de evaluar la génesis de los problemas actuales, toda vez que el hoy, hunde sus raíces en procesos políticos precedentes que abren brechas profundas a partir de problemas no resueltos, acumulados y atomizados por los nuevos que han surgido como correlato de la hegemonía política mundial neoconservadora y sus enlaces misceláneos locales, regionales y mundiales. Por lo que, no pueden aislárseles para conocérseles. A lo que se anexan, los propios trances que ha enfrentado -y enfrenta- la izquierda[135] y otras corrientes políticas -penetradas por realidades que las superan-, para su propia recomposición y en consecuencia, para encontrar salidas alternativas viables, sostenibles y reales, incluso desde sus propias indefiniciones teóricas y práctica en política, que tienen que asumirse desde nuevos reenquiciamientos teóricos y prácticos.

Un ejemplo que ilustra aspectos de esa naturaleza, lo constituyen algunos análisis de las políticas neoconservadoras en el enclave latinoamericano y caribeño, las cuales no pueden perder el norte de exploración desde un panorama global interconectivo. Muchos errores de concepción han sido resultado de asumirlos en un sentido bilateral simplista, es decir, entre EEUU con la región objeto de estudio, sin demeritar las agendas específicas que le acompañan. Lo innegable es, que lo que debe enfocarse y precisarse es la articulación de dichas políticas contextuales con una estrategia hegemónica mundial de más alto alcance, sin que se pierdan las especificidades propias. De tal suerte que la crítica, explicación y alternativa han de pasar desde nuestros pueblos y sus izquierdas, por esa matriz universal que porta valores, en particular políticos, porque integra y cohesiona desde la diversidad esclareciendo senderos de comprensibilidad y perspectivas prácticas para poder abandonar asimismo, las arenas movedizas de comportamientos políticos improvisados por el del meditados.

En consecuencia, nos encontramos abocados a deslindar mancomunadamente –no puede ser de otra manera- qué es posible hacer, desde un entender cómo se ha llegado hasta aquí y cómo han de articularse los rumbos desiguales por excelsitud, fundando reflexiones, saberes desemejantes, y praxis responsables en escenarios políticos donde los sujetos históricos necesitan auto potenciarse ante las realidades que los desbordan y que no siempre alcanzan a explicarse, incluso inmersos en transformaciones políticas de gran envergadura social. Por lo que, es perentorio atender a los procesos de conformación de los actores políticos desde su condición de sujetos sociales, históricos y políticos, así como la capacidad para potenciar o no opciones políticas.

Es por ello, que insistir en la articulación de sujetos políticos, clases y movimientos desde una perspectiva interconstituyente integrativa desde lo discrepante, capaz de establecer conexiones activas entre actor, poder y proyecto, fomentando de esta manera, una nueva cultura y práctica política entre sus componentes que los aleje de los fatalismos y posibilismos que han persistido en los últimos tiempos, los cuales intentan paralizar toda transformación sociopolítica, es una cuestión que merita gestarse con-ciencia. A lo que se completaría, que lo que se alcance ya esta cambiando, por lo que urge continuidad reflexiva, regenerativa.  

Los estudios de las Corrientes Políticas,  -desde el espíritu de éstas aproximaciones científico metodológicas- han de asumirse construyendo proximidades a su conceptualización, las cuales intenten conducir hacia sus especificidades, particularismos, en íntima vinculación con lo universal; de manera tal, que se asimilen las imbricaciones en teoría y práctica política desde la génesis de los fenómenos y procesos políticos que hoy se enfrentan en la actualidad.

Las corrientes políticas se procuran evidenciar las principales ideas políticas que se debaten y generan en la actualidad, al intervincular la base teórico política que se gesta pluralmente con las opciones por las que los actores políticos interactúan, tanto contextual como mundialmente, a lo que se agrega, el sostén cosmovisional e ideológico que cohesiona y distingue sus significados políticos cambiantes.

Una proximidad a la conceptualización de Corrientes Políticas debe conducir a  análisis científico metodológicos que abran espacios a su variado y multiforme enriquecimiento, a la conocimiento de las existentes y al alcance de nuevos ejes que potencien y esclarezcan en lo perspectivo su connotación. Para ello, han de meditarse las propias definiciones que se ofrecen de cada una de ellas por los autores que las sistematizan[136] buscando nexos, así como los elementos de contenidos que las religan desde los tejidos sociales en que interactúan, para un repensar activo gestor de cambios.

De esta manera, se ponen en consideración algunos elementos significativos para poder deliberar de conjunto sobre estas controversiales problemáticas:

-La dimensión teórica y la praxis política que les ha caracterizado y/o caracteriza en el momento en que se estudian. Es decir, el desarrollo de la Teoría Política y sus conexiones activas con la práctica política, las que pueden ser en sus dinámicas aproximadamente simétricas o asimétricas. 

-Que la distinción de posiciones políticas que se asuman desde el eje clasista[137] que les acompaña, no debe perder de vista que el entramado relacional social es de mayor amplitud y heterogeneidad en cuanto a actores políticos, pluralidad de intereses, motivos de acción y ubicación dentro de las interrelaciones políticas existentes. Por lo que, no se puede aspirar a determinar una identidad política única, o lo que es lo mismo, un programa político establecido, con un contenido fijo, e inamovible.

-La capacidad que puedan poseer y/o alcanzar para poder articular proyectos políticos presentes y perspectivos, lo que condiciona además, la tendencia a configurarse como fuerzas políticas orientada a su realización. Puntualicemos, fuerzas actuantes en diversos contextos históricos, ya sea para producir adaptaciones, cambios que abarquen mayores o menores espacios dentro del orden político establecido o para transformarlo.

En éstas áreas, vale la alerta de Marx hoy potenciada hasta la saciedad, de que las interconexiones relacionales capitalistas dominantes refuerzan el aislacionismo, y por ende, la posibilidad de penetrar con claridad en los fragmentos multidimensionales que resultan de la praxis en lo teórico y práctico, las cuales son socavadas incesantemente por esas circunstancias que mutan constantemente desde su propia inmanencia que integra y parcela lesionando el pensamiento y cualquier opción, en particular la revolucionaria.[138]  

Por lo que, desde una mirada que se propone intentar presentar proximidades  científico metodológicas para la comprensión actual de las corrientes políticas de manera diferente a las tradicionales formas en que han sido asumidas, donde más que conceptuar, se ha optado por abrir espacios cognitivos, es de esperar que los lances de comprensibilidad del empeño resulten mayores, pues se parte del punto de un procesamiento crítico, incluso de nuestro propio desempeño autoral, que es a fin de cuentas, lo que abre caminos a un mejor ejercicio en el pensar y en el contribuir.

En tal sentido, los estudios respecto a vitalidad o no de la distinción política entre derecha e izquierda[139] como términos correlativos al universo político actual, han de pasar por su arraigo explicativo en términos usuales y académicos, aún y desde su cuestionamiento en el orden de la linealidad que le asiste. Al atender en tal dirección, los referentes que avalan tanto teórica como prácticamente los comportamientos políticos, donde los valores no pueden encontrarse ausentes. Es decir, esclarecer y encaminar las críticas que se realicen y las alternativas que se proyecten, tanto al lado instrumental de la política, como axiológico, entre otros aspectos que han de tenerse en cuenta al penetrar en su naturaleza y en la presencia y/o ausencia de concordancia acorde a las circunstancias y sujetos reales de la actividad política. Aspectos sin los cuales, no es posible avanzar en la comprensión de las diferentes posiciones ante los problemas actuales y perspectivos que genera el neoconservadurismo,[140]  así como las opciones de las izquierdas.

La dicotomía izquierda – derecha en corrientes políticas, posee un carácter histórico, esto no puede olvidarse, pues desde esa geometría, se han abierto surcos explicativos o asociativos en el tiempo. Los contenidos que les peculiarizan, han ido variando de acuerdo a los cambios que se han producido en la civilización y a las relaciones inherentes a ambos términos en cuanto a espacio y posiciones políticas contrastantes. Por lo que, el seguimiento y sistematización de las polémicas en torno al mismo, enriquecen el análisis y la puntualización de qué entender por ellas, desde una comparación y ubicación que abre aristas, se lo propongan o no los científicos de la política a las diferentes posturas valorativas que se contemplan al intentar explicarlas, incluso a un planteo más complejo desde esa misma geometría, lo cual indica caminos transicionales e interconfluyentes.  

Los plurales escenarios políticos actuales, los cuales a su vez coexisten en múltiples dimensiones –de las que apuntamos, las espacio-temporales por ser más asequibles en su comprensibilidad - demandan de un repensar que abandone la “objetividad cuantitativa” que prima en la mente y la praxis de la civilización contemporánea. Toda vez, que desde un espacio-tiempo que es común a escala mundial y del que es imposible sisarse, la diversidad contextual de los mismos debe conllevar a complementariedad más que a armonización, la cual puede incluso, devenir en forzosa para las muchas realidades existentes. Por lo que, las corrientes políticas y los estudios sobre ellas, han de regenerarse constantemente desde esos multisentidos que le son inherentes.

A lo que se completa, que los análisis sobre corrientes políticas, no deben concentrarse únicamente en las corrientes dominantes, si no que han de abrir además, plazas cognitivas a la variedad de contracorrientes en constante movimiento y cambio las cuales pueden llegar a ejercer fuertes influencias en los hipervínculos y alteridades que generan entre sí en sus interrelaciones diversas con la totalidad política, y que no siempre son atendidas en los lineales análisis que se asumen.[141]  

Por lo que, el hoy sobre el que se piensa y se intenta construir, se encuentra preñado del ayer, de ser asumido desde las causas –ahondemos, sistema causal- y no simplemente de las sintomatologías o las representaciones que se tengan desconectadas de las raigambres múltiples que las originan, pues, “Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve.”[142]  

Desmitificar “lo que no se ve” en política, en la multiplicidad y variabilidad de ámbitos de incidencia, abre espacios a un entender el presente desde una visión perspectiva que genere márgenes previsión como norte actuante en el mediano y largo plazo del devenir.  

Asnos con garras

“Los reyes, que se sienten sacudidos en sus tronos viejos, necesitan acercarse para defenderse: la época mitológica vió los combates de los dioses y los hombres: ésta está viendo el combate de los reyes y los pueblos”.[143]   

“Un asno con garras”,[144] o los asnos con garras han intentado -e intentan- poner a danzar al mundo al ritmo de sus cánticos “democráticos”.[145] Los nuevos transcursos políticos en lo que va del 2008 y sus arduos rejuegos electorales en la cuna del imperio de los imperialismos de hoy, no evidencian cambios sustanciales en el ordenamiento de poder mundial. La competencia geopolítica por el liderazgo se mantiene incólume dentro del complejo entramado de relaciones sociales imperantes para la civilización contemporánea. Todo lo cual, abre cauces a un convite científico plural que replantee ¿nuevo orden mundial o metamorfosis de los centros de mandos planetarios, regionales y nacionales? En íntimo correlato, con el restablecimiento desde nuevos contenidos, de la denotación de imperialismo[146]. 

Por sobre los cambios de forma verificados, la combinación de métodos modulados la visión histórica mundial de los Estados Unidos[147] respecto a su papel para el planeta no ha variado, y ello pautará todo su comportamiento y toma de decisiones presente y futura. A lo que se adiciona, el de las propias vertientes de sus competidores dentro de la tradición principista del pensamiento y praxis geopolítica, los cuales se aprestan a readecuar sus acciones como resultado objetivo de la pugna de la ideología pragmática[148] del hegemón, aquella a la que por sobre su lógica interna y “objetividad” se le han escapado y escapan variables multidimensionales que se mueven desde la propia alteridad de sus prácticas y, por ende, la incapacidad para decidir linealmente el curso de los acontecimientos previstos.

En íntimo correlato con tal postura histórica de dominación mundial a despecho de las consecuencias universales y como imbricación orgánica, estructural y funcional mundial desde los ejes inherentes al capitalismo, otros asnos desde la aceptación u oposición a los dictados “hegemónicos” se aprestan a partir sus diferentes pirámides a reorganizar sus esferas de mando acorde a la reestructuración global -política en especial-, en que se encuentran interconectados, desde la “sublime” aspiración de mantenerse a toda costa y a todo costo en el disfrute de sus falaces placeres y en la satisfacción de sus filibusteros intereses políticos bien determinados, estructurados y organizados con una “novedosa” envoltura ideológica para el funcionamiento eficaz de la dominación o hegemonía, según sea el caso.

En tanto, la auténtica reorganización de la civilización desde principios verdaderamente humanos sigue a la espera de que la alienación –denotación más profunda que la de “bienestar ciudadano” u otra- deje de ser un problema de puertas afuera para convertirse en realidad. Es por ello, que resulta impostergable ahondar lo más cercanamente posible, mostrar las diversas visiones respecto a los modos cronísticos en que se han gestado “los órdenes políticos mundiales”, sus metamorfosis y de cómo se ramifican e imbrican a todos los niveles. La diversidad de puntos de vista respecto al asunto evidencia la pluralidad de intelección cultural del mismo.[149]           

Pero lo que no puede perderse de vista desde la variedad de posicionamiento político existente, es la permanencia de ejes definitorios, inherentes, conectivos internos del capitalismo mundial en los que hemos insistido, los cuales desechan las llamadas nuevas esencias enmascaradoras de su realidad. Así, las precisiones  objetivas colocan en tela de juicio el que “… los colores nacionales distintivos del mapa imperialista del mundo se han fusionado y mezclado en el arco iris global imperial”,[150] pues según estos entusiastas “antiglobalizadores” la nueva época presupone una desterritorialización capitalista, que deja de lado las viejas pugnas entre los intereses de los diversos bloques económico-político-militares y comienza a generar un aparato descentralizado que maneja identidades híbridas, a través de redes adaptables de mando diluyendo y despersonalizando no sólo al poder político real sino, además, a los sujetos que se pierden en multitudes no identificables, tesis esta extremadamente discutible, pero que ronda de mil maneras al pensamiento contemporáneo.

La variedad de realidades que pueden apreciarse en el universo político actual, no eliminan la continuidad de dominación, por el contrario, complejizan multidimensionalmente las formas y métodos concretos de su ejercicio, hasta incluso ser imperceptibles. Por lo que, los tiempos que corren y las interacciones civilizatorias que lo peculiarizan topan con un aparente callejón sin salida, con una coyuntura histórica en que, sí no se reorganizan las mismas, se corre el riesgo,[151] el terrible lance de que el planeta azul y todos sus moradores fenezcan bajo la bota de un asno y/o asnos que pisan fuerte y exigen loas a sus desgarradoras patadas. Máxime en circunstancias en que se acrecientan la fragmentación, el aislacionismo, la exclusión y hasta la muerte como principal bastión en un divide y vencerás considerablemente pernicioso hasta para la propia supervivencia de aquellos que no sólo imponen la supremacía, sino que negocian la reproducción ampliada de la existencia, atentando así contra la conservación personal de cada individuo y de la especie misma. “La cuestión en la vida está reducida a una simple frase: O hacer víctimas o serlo”.[152]

No es momento de soluciones parciales, de iniciar o declarar el inicio de procesos sin continuidades reales a los que nos hemos acostumbrado; es hora de labrar disquisiciones contributivas universales y contextuales que son las que tanto apremian. Aquellas que brotan de la relacionalidad que tipifica a lo humano y a lo universal. De colocar al macro y micro mundo, así como a las interrelaciones que le son consustanciales en el mismo lugar de la balanza del quehacer de la humanidad, de rescatar con el mismo celo los derechos de cada hombre, sociedad y toda la civilización al unísono, al contar para ello con una obra que nazca de la masa y se haga realidad por el influjo plural de toda ella, por su inclusión en la construcción de los destinos.

La autora del presente examen no expone sus optimistas ideas asentadas en una nube de idílicas esperanzas, por el contrario, insta, ante todo, a soluciones integrales, integrables, articulables, incluyentes, provenientes de un análisis genético de la herencia y del presente. Que se construya varificada y mancomunadamente desde la raíz de los problemas, hasta el fruto que ha resultado de las históricas conexiones activas antihumanas excluyentes por excelsitud, que es lo que ha caracterizado el desenvolvimiento de la civilización para consigo y para con el orbe del cual formamos parte constitutiva esencial. Por lo que, los diversos criterios en torno a la realidad circundante resultan esclarecedores.      

El unicentrismo civilizatorio y por añadidura humano, ha pautado relaciones basadas en el egoísmo, el arribismo y el exclusivismo en materia de correlaciones mundiales y a todos los niveles de interacción social. Por lo que, dadas las circunstancias, no basta sólo la crítica consecuente que se realice al estado de situaciones en que existimos, al nivel de activismo que despleguemos contra el absolutismo que se nos impone desde los centros de poder neoconservadores en especial, o de la variada tipología histórica que ha resultado de las interacciones globales, regionales o locales. Los cuales se abren paso en la consumación de sus intereses por la fuerza y el desasosiego que despliegan, para el ejercicio de una “autoridad política” que si no fuera tan dramática en su acabamiento, provocaría la burla a toda mente que se respete y no permita que le ofendan la inteligencia.

Es perentorio, por tanto, evaluar el pasado y sus alternativas, los derroteros recorridos y las causas que condujeron a los fracasos en materia de humanización, al aletargamiento en el proceso de subversión de los órdenes societarios expoliadores, que no resolvieron sino prolongaron las soluciones universales a través de mediaciones objetivas imbricadoras acorde a las condiciones de que se partía en cualquier lugar del planeta. O lo que es lo mismo, alcanzar explicaciones, críticas, evaluaciones y transformaciones dialécticas en concordancia con la conflictualidad y complejidad que caracteriza la relacionalidad  de la especie y su historia, desde una inclusión verídica de sus actores políticos en la edificación de sus destinos. De otro modo, el intento alternativo absorberá las lacras fundamentalistas que le precedieron y las modalidades concomitantes que le son inseparables.

Es por ello, que si la crítica no la hacemos acompañar de una opción viable y realista, unitaria desde la esencia de lo humano y distinta acorde a las situaciones concretas de cada pueblo, todo intento libertario quedará en suspenso, en la sociedad imaginaria, en el deber ser por el cual tanta sangre, tanto empeño y tanta voluntad política basada en el optimismo, -al decir gramsciano- ha fracasado o, al menos, intenta sobrevivir de espaldas o de frente a las aplastantes realidades que le circundan. El progreso no podrá confirmarse como posible, si no parte de las masas, las penetra y sale de ellas fortalecido por la creación mancomunada de los que intentan redimirse, para lo cual, deben tener muy claro el tipo de organicidad que caracterizará a la actividad antes y después de logrado un triunfo -en la cadena de triunfos que afianzan desde condiciones muy disímiles la libertad-, a las mediaciones que irán resultando de las interrelaciones que se gesten, aspecto central muy olvidado en el largo bregar independentista de la civilización.

Por tanto, crítica consecuente y proyecto realista han de marchar al unísono y recursivamente, si no queremos reproducir conciente o inconscientemente el estado aislacionista con que los anales civilizatorios han acuñado todo el pasado y presente de la humanidad. Prever, es la palabra precisa, la urgencia; lo demás, con respeto del linaje de quien proponga lo contrario, es pura fraseología y vanilocuencia. Es un imperativo reorganizar gradual y efectivamente todo el entramado de relaciones sociales tan palmariamente dañadas, al partir para ello, del estado objetivo de cada hombre, país, región y civilización en general, al contar para tal proyecto con el todo y las partes interconectadas, al no desdeñar uno en detrimento del otro, aunque el movimiento de desarrollo deba levantar inevitablemente poco a poco cada eslabón de la inmensa cadena que nos nutre y nos hace humanos, que nos hermana más que nos enfrenta; hombrear y avanzar, he ahí un recurso imprescindible para dar paso a nuestros justísimos derechos, ya que el divide y vencerás ha sido –y será- el objetivo básico de la política asentada en bastardos ideales.[153] 

Es muy común escuchar en discursos, disímiles foros, actividades académicas, o de todo tipo la frase de que un nuevo orden mundial se está instaurando o se ha instaurado.[154] Tal afirmación es completamente inexacta o, al menos, ha de especificarse la causa de uno u otro posicionamiento. Baste recordar, que la idea de capacidad misionaria del ordenamiento mundial “para la transformación del mundo a imagen de los valores relevantes libertarios con que fue creada la nación” norteamericana -parafraseando a Henry Kissinger- y, en consecuencia con ello, que el supuesto nuevo orden mundial es fundado desde su visión misionaria, es promovida inexcusablemente desde ellos mismos, acompañando acciones concretas para “convencer” desde diferentes vías. Entonces, los ejes científico-metodológicos para analizar el asunto tienen que cambiar, deben ser construidos, debatidos, creados desde fuera de esa lógica y se están construyendo.

“La Conferencia convoca a discutir el sujeto de la revolución ante el nuevo orden mundial –explicaba Helio Gallardo ante similares planteos con los que en este estudio se polemiza-. Conviene precisar los términos de este llamado. Por supuesto, desde el punto de vista popular no estamos ante un nuevo orden. No es nuevo porque continúa destruyendo, cosificando y pauperizando a los trabajadores y a la Naturaleza como fuentes de las cuales brota toda riqueza. Tampoco es nuevo porque el Estado y las alianzas de Estados combinan su acción política y geopolítica de clase buscando configurar, incluso mediante el terror, un sistema planetario a la medida de la acumulación transnacionalizada y monopólica u oligopólica de capital, acción a la que acompaña con principios de dominación etnocéntricos, racistas, patriarcales, adultocéntricos e idolátricos. Se trata de un sistema, por consiguiente, que exige una resistencia liberadora social y humana o, lo que es lo mismo, una ruptura revolucionaria, o si se lo prefiere, varias.[155] 

La autora de estos puntos de vista considera con todo el respeto a quiénes opinen de manera diferente, que Orden Mundial no ha existido nunca, y que “orden mundial” para una exclusivísima parte de la civilización, con una representativísima explicación de sus fundamentos, ya sea de derecha, centro o izquierda o desde la mutabilidad infinita del posicionamiento político que abunda, mezclando y solapando métodos, incluso buenas intenciones sin encontrar transcursos revolucionarios, eso sí ha coexistido por siempre. Y parece que tiende a perpetuarse. “(…) el ‘nuevo orden’ perpetuaba, como si fuera natural, la polarización global. No se trataría, pues, ni de algo nuevo ni de un orden, sino de renovadas y perpetuadas formas de conflicto inherentes a esta fase de la integración/destructiva o universalización capitalista del planeta”.[156] 

En un intento explicativo y comprometido también, se especificaba: “De hecho, Estados Unidos jamás participó de un orden multilateral. Ha dividido la cena con la Unión Soviética  durante la guerra fría, en un mundo donde era imposible atropellar sin ceremonia. (…) Con el colapso del socialismo real y el fin de la Unión Soviética se delinea un nuevo mundo. El fin del bipolarismo lleva a dos opciones: la barbarie o la construcción de una paz cuya consolidación depende de cómo se construirá el nuevo orden internacional”.  La posibilidad de alcanzar la paz implica contar con un sistema económico internacional más justo, distinto al actual, y la construcción de un sistema de seguridad internacional ya no centrado en el potencial militar sino en la asociación y cooperación de distintos países en una red de garantías mutuas, medidas de confianza, controles eficaces y diálogo”.[157] 

Las justas apreciaciones de la autora, indican más la tendencia a metamorfosis y reenquiciamientos como resultante de colisiones de las más heterogéneas texturas, donde los ejes cualitativos se mantienen invariablemente. A lo que se añade, que las posibilidades que avizora para alcanzar, entre otros, la cooperación y asociación de los distintos países, pasa por alternativas de mayor hondura en el plano de la reorganización de las relaciones humanas, que obviamente dependen de la forma cómo se construirá tal proceso -no sólo desde las relaciones internacionales-, y donde ese transcurso perspectivo y necesario sigue presentándose inconcluso aún.

No utilizamos para los esclarecimientos que exponemos, los empolvados afeites de una Ciencia con tradición académica “reconocida” que reclama asunción integra de sus postulados lineales, unidireccionales, cerrados, construidos desde la “firmeza” de los métodos cuantitativos y lógico – deductivos entre otros, para demostrar conjeturas cada vez menos importantes atiborradas de datos, pero sin pensamientos, sensibilidad y compromiso real para entender transformar lo político y sus impactos mundiales y locales, con lo que se cumple para tales posturas aquello de que “se domina mucho mejor si el dominado no tiene conciencia de ello”.[158] Así las cosas, también en el ámbito de la especialización científica se libran contiendas respecto a la limpieza de sangre en cuanto a las contribuciones o a libertad en el pensar y el decir. Pero no hay duda, por las realidades que se presentan, de que se impone un cambio de comprensibilidad del asunto para avanzar en esencias que transformen, sin que con ello se desdeñe todo lo producido en materia teórica sobre la política desde occidente o desde cualquier otro lugar del planeta.

Por lo que, intentando argumentar desde esta aparentemente “escandalosa o no científica” posición sobre el asunto, sostenemos que Orden Mundial no ha existido. En tanto, Desorden mundial con ciertos períodos de un status quo determinado por intereses en “relativa” calma, sí. Metamorfosis de los métodos y medios en el ejercicio de la hegemonía local y mundial, sí. Preeminencia en la toma de decisiones de los que contaban -y cuentan- con mejores recursos y organicidad interna para hacer valer sus intereses por encima de los de cada partícula humana o pueblo, sí. Conflictos entre los distintos centros de mando y los bloques políticos-militares cuando ya se conformaron, producto del perfeccionamiento de su quehacer imperialista, sí. Guerras locales en los diferentes enclaves geopolíticos y/o esferas de influencia, al arrastrar de esta manera a países o zonas enteras a la devastación y al avivamiento de odios innecesarios, ya fuese por ideologías o religión según sea el caso, sí. Incapacidad de las Naciones Unidas[159] para detener dichos enfrentamientos que en muchos casos colocaron al planeta al borde del holocausto sí. “Orden” injusto y expoliador de lo mejor del género humano, sin olvidar por cierto, los múltiples intentos e iniciativas de la Comunidad Mundial por aliviar el desangramiento, las enfermedades e incluso cooperar por la cultura, sí.

Pero orden mundial, entendiendo por ello, que si es orden, y por demás, mundial implica justicia, equidad, respeto al derecho de cada hombre y pueblo a su autodeterminación, a una progresión cultural[160] que acate y honre lo autóctono y lo universal, a una ética relacional que atienda con igual esmero lo intimo, lo social, al planeta y al orbe mismo, eso sin enumerar otros elementos constitutivos de carácter universal, no ha existido jamás.

Los resurgimientos, los renacimientos, las modernizaciones, post modernizaciones y todo lo que al amparo del lenguaje se ha erigido como novedoso no han constituido más que cambios de forma y no de contenido, solo rangos de movimiento que aparentemente cambiaban la fisonomía del viejo y gastado rostro del absolutismo, sin que con ello neguemos las progresiones que sin lugar a dudas significaron momentos importantes del patrimonio cultural y emancipatorio de la civilización, sólo que estos se produjeron desde la estrecha óptica de civilización para una parte de la humanidad y no para toda ella. Destacándose con ello, continuidad estratégico política de dominación, más allá de las renovaciones que disfrazan las raíces reales. En tal sentido esclarecedor, Condoleezza Rice declaraba: “(…) y las tácticas que empleamos para alcanzar esos objetivos importantes –permítanme que insista, esos objetivos no han cambiado desde 1991- y los diferentes medios que empleamos para alcanzarlos, los estamos estudiando a fondo, en un esfuerzo de intentar recuperar la iniciativa y asegurarnos de que funcione lo que estamos haciendo”.[161]  

Los llamados órdenes mundiales de post-guerra[162] o a los que se quieran referir no han resultado más que equilibrios precarios preñados de disputas de puertas afuera y/o adentro, conciliábulos inescrupulosos en muchos casos que permitieron el saqueo mutuo en las diferentes zonas que consideraban como propias ya fuesen en la época de Las Cruzadas, o de los grandes imperios mercantiles por el latrocinio de sus colonias a las cuales intentaron privar de lo mejor de su memoria histórica y valores naturales; o las alianzas y repartos durante la Primera Guerra Mundial y el intento de asfixiar al recién nacido poder socialista; o El Pacto Soviético-Alemán, que traicionaba los principios básicos de la política exterior leninista.

A los que pueden añadirse, en ese interminable inventario argumentativo las Cumbres de los Tres Grandes durante la Segunda Guerra Mundial, donde el debate sobre las regiones de influencia se mantuvieron sobre el tapete, junto a las inadmisibles remuneraciones e indemnizaciones por daños de guerra las cuales no fueron excluidas ni debatidas por el entonces poder soviético, cuestión esta que Lenin criticará y dejará en claro como fundamentos de las relaciones internacionales del joven poder de los soviets en su tiempo.[163] Las cuales a su vez y desde otras ópticas son analizadas como válidas por especialistas de las relaciones internacionales dadas sus implicaciones[164]  generales y particulares.

Resultan igualmente convincentes en el orden explicativo, el lanzamiento de la bomba atómica por los norteamericanos en dos ciudades indefensas para poner en claro quién mandaba “efectivamente” al término de la contienda mundial; o también en Viet Nam, por los propios Estados Unidos, situación esta criticada por el Che Guevara cuando sentenciaba que tan culpables eran los que arrojaban bombas al humilde pueblo que defendía su soberanía, como aquellos que observaban impasiblemente tal devastación sin hacer nada para impedirlo. A lo que se sumó después el episodio imperial de la China socialista contra este propio país en 1978; o el de la ex -URSS en Afganistán; o las Malvinas por Inglaterra; o Chile, Granada, Panamá, Nicaragua y el bloqueo y la agresión a Cuba perpetuados por el supuesto amo de nuestras dolidas y rebeldes tierras de América, por citar al menos algunos ejemplos que tanto reclaman quienes no siempre comparten los puntos de vista de esta autora so pena de pecar con la  historia que conocen.

Lo que actualmente combatimos –porque de combate se trata-,  ya sean los derechos de los pueblos subdesarrollados, o de los pobres de la tierra en cualquier parte del mundo, o las barbaries que se han cometido, cometen -y pueden seguir cometiéndose- ya  sea en los territorios de la ex-Yugoslavia (que no nació como nación con el socialismo), o contra los palestinos, o en Afganistán, o en Irak, o las que ya vaticinan los supuestos dueños del universo, son el resultado de un “orden” antihumano que ha ido tomando fuerzas, que se ha potenciado como nunca antes en los anales de la humanidad. Todo lo cual precisa de una nueva organicidad interna, activismo e interconexión de todos los actores políticos que se oponen a tales destinos y que luchan para dar paso a una solidaridad universal que tenga por divisa la reorganización civilizatoria desde sus cimientos mismos en la consolidación de la obra redimensionadora y libertaria de la especie, por ella y para ella.

Conste, dado que esto es importante, por la naturaleza en que se ha desenvuelto siempre la droga del engaño, que ya estos brutales episodios y otros muchos de variada tipología son considerados en pasado. Aspecto este muy común para esa dolorosa y hierática dama que es la política y los potentísimos medios con que cuenta ya para descorrer el velo y mostrar sin remilgos su cadavérico rostro, dado que una vez culminada su “obra civilizadora” se aprestan raudos a seguir esparciendo por el mundo las eternas cruzadas contra “el mal” en cualquier oscuro rincón del planeta donde se consideren necesarios.

Tales circunstancias, son el resultado del unicentrismo civilizatorio de una organización, estructura y funcionamiento social dirigido desde un centro único o desde micro centros, que han intentado por siempre uniformar ya sean dentro de los Estados en su época de más nítido predominio, como en la actualidad cuando los mismos han variado sus protagonismos bajo la universalización del capital, el cual se ha venido reproduciendo ampliada y vorazmente como necesidad de su existencia cosificadora de lo humano, mucho antes de que Carlos Marx escribiera y previera en “El Capital” el destino de dicho sistema de relaciones. [165]  

Es decir, no ha podido, ni puede existir orden a lo humano ni en las naciones, ni en la arena internacional cuando la toma de decisiones se encuentra cada vez más en manos de una poderosísima casta de poder político, cuando se trata de hablar o presentar los problemas en nombre de todos y no es más que en nombre propio, ya que “el en nombre de todos”, es en el nombre de espectros, fantasmas despersonalizados y generalizados para sacralizar los subterfugios políticos, ideológicos, económicos, o del tipo que sea de la generación de mando imperante a cualquier nivel del supuesto “orden” al que quieran referirse los propios representantes del poder político o sus cicerones de bolsillo, entre ellos hoy, los que despliegan las avalanchas mediáticas de toda laya.

Es un en nombre de todos que no escucha ni acata la voz de todos, máxime cuando de paz, amor, derechos y libertad se trata. Se prioriza el mal llamado “deber patrio” –a la usanza de los tiranos- por sobre los deberes de una patria que es en sí misma humanidad, tal y como nos enseñará  Martí. Dado que la antítesis cultural trabajo – capital continua, siendo una antítesis de indiferencia teórica y práctica, incapaz de alzarse a la intelección en su conexión activa, en “su relación interna: antitesis aún no aprehendida como contradicción” en desarrollo en la que todos estamos consciente o inconscientemente  insertos. Por eso, “Estas palabras conciencia y deber van pareciendo ya tan huecas de sentidos y desusadas – que yo mismo, que lo sacrifico todo al divino espíritu que encierran – las digo con temor, y vacilo al emplearlas, como quien no quiere deslucir su pensamiento con palabras vacías de significación. – Entra por mucho en este miedo el abuso que se ha hecho de ellas-“[166].

La hipercentralización de la “autoridad política”, o lo que es lo mismo, la cúspide de la ilegitimidad,[167] en la actualidad protegida esta por la utilización para sus propios fines de la ciencia y la tecnología más novedosa, custodiada como privativa del sistema por los cancerberos a sueldo o la burocracia parásita de que se vale de ella campea por su respeto por el mundo en sus variadas modalidades. Los Estados Unidos de Norteamérica intentando sujetar las bridas de las posibilidades económicas cabalga por el planeta liderando un ilegitimo ejército “moral”, lo cual  evidencia la caducidad de esa “ingeniosa” burocracia trasnacional que le fecunda y secunda. No es casual que José Martí, en 1888  nos alertara: “Qué ha de ser un hombre ignorante en el gobierno, sino la presa natural de los que conocen y halagan sus defectos”.[168] 

En esta ocasión, la adicción a la mentira y los villancicos a su “alabada democracia” han quedado resonando dentro de una raída y gastada carpa de circo, donde los bufones no dan risa y los coros de quienes voluntaria e involuntariamente le secundan apenas alcanzan a ser escuchados por las masas que se han levantado –y levantan- con un valor inusitado por el rescate de sus más sagrados derechos. La violencia directa e indirecta ha sido y continuará siendo su único recurso, de ahí el peligro mortal que se cierne sobre todos, en especial, sobre los pueblos más desvalidos, aún y cuando paradójicamente en muchos casos sean los más ricos en recursos naturales.

Por obra y gracia de una práctica continuada para dar curso a objetivos políticos concretos, se ha universalizado y transformado el ser o no ser de Shakespeare (to be or not to be), en un estar con nosotros o contra nosotros; lo justo y lo injusto, el bien y el mal han caído en un manoseo inseguro, pueril y licencioso que responde a los vaivenes y/o coyunturas políticas acorde a los caprichos e intereses corruptos y deshonestos de sus “bienhechores” y los caudales que le acompañan, los cuales han lanzado a individuos y pueblos enteros a un patinaje peligroso, donde un descuido en el planteo verídico de sus convicciones les puede conducir a una caída  estrepitosa de su seguridad personal y/o nacional según sea el caso, el fundamentalismo intoxica y nubla la convicción en el hacer política.[169] 

La diversidad de criterios, ideologías, religiones y principios intenta transformarse en una militancia férrea, homogenizante e irracional y por derecho ilegal.  El uniformar el pensamiento con clericalismos intoxicados, ha conducido a una crisis de credibilidad que atenta contra lo mejor del ser humano, es decir, su capacidad para subvertir los ordenes codificadores y enajenadores de las potencias vitales que le son connaturales. Precisamente este aspecto es la herida mortal que ha recibido –y reciben- hoy día con una potencia insólita los hombres y mujeres del planeta en circunstancias donde la lucha por la existencia cotidiana se ha convertido en una batalla infernal para acceder a lo elemental y mantenerse con vida, para no morir del hambre, de enfermedades y de invalidez, ante lo que no logran cambiar, amén de sus magistrales luchas.

El continuo homicidio contra lo humano, la legendaria supremacía que ha atentado contra su imprescindible –y por qué no – inmaculada dependencia relacional, ha trastocado y dislocado las conexiones activas de crecimiento que han debido acompañarle siempre en un perpetuo preludio para el sano desenvolvimiento de la especie y sus interacciones con  el universo. De esta forma, no sólo se perpetúa el genocidio social, sino, conjuntamente con ello el ecocidio, por cuanto se destruye indiscriminadamente el patrimonio cultural de la humanidad en cada operación de conquista y asentamiento.[170] 

A lo que hoy nos enfrentamos –ya que de enfrentarnos se trata –, es al resultado histórico de deformaciones congénitas, hoy día totalmente desarmadoras de sus valores sociales más preciados, a saber: la variedad y unidad que debe caracterizarles y presidirles en todo su desenvolvimiento. No es hora de verdades absolutas, abstractas y antihistóricas, es momento de activismo, de rescate de lo mejor de la herencia diversa con que contamos para poder destronar a los enanos de la libertad, al decir de José Martí, y reorganizar un mundo acorde, en consonancia y cadencia con su esencia. Es tiempo de evaluación y de proyección sobre la base de la valoración de la experiencia acumulada, de un pensarse la vida desde una historia activa para labrar el porvenir.

No puede seguirse hipotecando el futuro, o no habrá futuro. Es pertinente la crítica objetiva, la lucha emancipadora, pero acompañada siempre de una mesurada alternativa, de un verídico proyecto que nazca en avenencia con la realidad de la existencia en cada lugar que se geste, que no anticipe transformaciones para las que las masas no se encuentren aptas, que les presida la gradualidad objetiva, que cuente con todos y para el bien de todos.

O se alcanza la libertad, o nos adentramos a una era oscura donde la inseguridad y la muerte nos rondarán por siempre. O se logra un discernimiento y praxis reorganizadoras de las relaciones en general y del mundo interior de cada individuo, o los intereses egoístas, esos actuales amos del universo acuñarán al hombre bajo el estándar definido y limitado que otros les impongan, pues: “Un ser sólo se considera independiente cuando se para sobre sus propios pies; y sólo se yergue sobre sus propios pies cuando debe su existencia a sí mismo. El hombre que vive gracias a otro se considera a sí mismo como ser dependiente. Pero yo vivo por entero gracias a otro si le debo no sólo el sustento de mi vida sino que, además, él ha creado mi vida: si él es la fuente de mi vida; si no es de mi propia creación, mi vida tiene necesariamente una fuente de esta especie fuera de ella".[171] 

No pueden repetirse eternamente los errores de las revoluciones por las que ha atravesado la humanidad, aquellas que contemplaban solo cambios de forma, retoques de cosméticos y no de contenido de la actividad humana. Las que movilizaron a los pueblos bajo los lemas de igualdad, fraternidad, solidaridad, entre otros muchos y vivían –y viven- invocando el legado democrático e independentista de sus sagrados muertos ya que no tenían  -ni tienen-  nada que ofrecer para dar curso a una creación nueva producto del ejercicio pleno de las capacidades de cada individuo que participa en ellas.

Con lo cual, son convertidos en fantoches volubles de los designios de autoridades políticas fuera del alcance del siempre ausente control social y por tanto, fuera de la naturaleza humana, o lo que es lo mismo, un movimiento histórico ajeno, desligado y enajenante de la inmanencia de la especie, de acuerdo a los balances realizados por Carlos Marx en su celebre Dieciocho Brumario de Luís Bonaparte, donde criticaba a las revoluciones burguesas de su tiempo y a las proletarias concomitantes, para poner en claro la naturaleza de su Revolución Comunista y las negaciones y creaciones que debían acompañarle.

En tal dirección aleccionaba: “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, si no solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí la frase desbordaba el contenido, aquí el contenido desborda a la frase.

(…) En cambio, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que este saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse mas gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: demuestra con hechos lo que eres capaz de hacer.”[172]  

La cuestión referida al embate proveniente de los centros de poder político mundial, no puede resolverse sólo desde la tenaz resistencia, sino desde la construcción del porvenir comenzando en el mismo momento en que se lucha, en su sentido perspectivo de por qué y para qué, en la construcción diversa de la cualidad de relaciones humanas a que se aspira, los por quiénes, para quiénes y desde quiénes. No son sólo los culpables los que adelantan las guerras, las opresiones, sino además, quienes construimos el porvenir diferente, sin que la diferencia cualitativa tome cuerpo, convenza y en adhesión con ello se cultive la libertad real, plural, posible.

La herencia que recibe cada pueblo y la humanidad toda de sus revolucionarios y/o pensadores, no es un manjar que se consume recalentado y vuelto a recalentar según las coyunturas históricas para movilizar a las masas. El legado de ideales y prácticas es preciso asimilarlas como memoria que impulsa que da continuidad y supera los procesos transformadores, que  cualifican a cada época a partir de la cual se debe crear y crear infinitamente para las nuevas y más perfectas calidades de vida que se produzcan por la obra mancomunada de todos en la creación de una verdadera humanidad socializada por excelencia.

“La prueba de cada civilización humana está en la especie de hombre y de mujer que en ella se produce”,[173]  afirmó José Martí el 15 de diciembre de 1894. La prueba de nuestra civilización se encuentra en crisis. O reorganizamos el mundo sobre auténticas relaciones humanas y se producen hombres y mujeres a la altura de su  tiempo, que es la garantía del porvenir, o pereceremos bajo la bota, las espuelas y la fusta de cada asno local o mundial que intente reproducir moldes en lugar de humanos, “ordenes mundiales” en lugar de Orden Mundial.

Consejos de ausentes [174]

“Es además un arte de la política tener a los pueblos como distraídos y aturdidos; y obligar sus ojos a espectáculos variados y nuevos para que teniendo siempre qué mirar, no les quede espacios de mirar en sí, y se vean míseros y bravos y se rebelen”.[175]  

Proponerse un acercamiento al estudio de las direcciones políticas revolucionarias en la actualidad, es posicionarse en un ámbito reflexivo no siempre atendido desde la naturaleza de sus significantes en cuanto a construcción de alternativas emancipatorias de cualidades diferentes. Subrayamos pues, la necesidad de colocar en la mesa del trabajo científico y práctico-político –exentos de dicotomías artificiales- a la pluralidad de ejes presentes en las transformaciones revolucionarias. Razón por la cual, los puntos de vista que se presentan bracean espacios a un mirarnos en sí a perpetuidad, a una asunción de la creación como sinónimo de rebelión en el pensar y en el hacer.

Pudiera parecer por las primeras ideas formuladas, que se construye primero la dirección política revolucionaria para luego dar curso al proyecto alternativo. A tal posible presuposición respondemos que no. Que ambos son procesos simultáneos interconectados e interdependientes. La experiencia histórica recoge una variedad de ejemplos en torno a esas concepciones lineales, deterministas de los procesos históricos, de las cuales, dados los resultados que se produjeron –y producen-, habría que preguntarse qué direcciones políticas resultaron y, en consonancia con ello, qué proyectos se edificaron desde esos presupuestos, y, por tanto, cuál o cuáles eran los que realmente se requerían o requieren en sus variabilidades enjundiosas.

Tal visión artesanal obviaba que la construcción de ambos componentes –dirección y proyecto político alternativo- han de ser transcursos interactivos que se imbrican y enriquecen desde un interactuar plural multiforme, capaz de concentrar lo más cercanamente posible los constantes cambios que se producen en el entramado social de donde surgen. A lo que se añade, que tal enfoque unidireccional del movimiento social no potencia a los sujetos políticos reales interesados en la reorganización. No distingue, además, la diversidad de intereses que los aúna desde articulaciones verídicas cambiantes donde, realmente, y desde la experiencia práctica[176] de la que parten con todos los lastres que le acompañan actúen como directores, guionistas y actores políticos de sus destinos.

El presente estudio pudo titularse también “Consejos de un ausente”, tal y como Lenin rotulase al contenido de su meditar en 1917, sólo que ahora los consejos provendrían de él. Mas el posicionamiento marxista revolucionario que le concurre a la exploración que se realiza, pretende enhebrar los ejes esenciales que atraviesan medularmente la visión política alternativa al capitalismo ya en Marx, Engels, Lenin, Gramsci o el Che Guevara, entre otras insignes figuras que se inscriben en esa tradición teórico-práctica transformadora. Los cuales indican claves y continuidades –salvando las distancias objetivas de los períodos en que vivieron sus autores- sobre un asunto medular, a saber: la desenajenación. Pues no puede hablarse de dirección política revolucionaria, de proyecto político alternativo emancipador, si no se tocan los cimientos que cosifican la vida bajo las relaciones capitalistas, si no son construidas constante y heterogéneamente las mediaciones articuladoras del rumbo propuesto, desde las múltiples transiciones y progresiones que sean ineludibles, las cuales tocan en sus gérmenes mismos, a las interacciones que se han de ir entretejiendo en cuanto a dirección y autodirección política.  

Se enfatiza de esta manera, más en lo que une que lo que separa el pensar y hacer de los representantes de esta corriente política –en lo que más se ha insistido es en la diferencia, a veces indiscriminadamente-. Este trabajo, se construye por tanto, desde Lenin, religando e interdialogando con todo el ambiente marxista revolucionario. ¿Casualidad, capricho o empecinamiento de la autora? ¡No!. En el asunto que nos ocupa, las aportaciones del líder bolchevique son vitales, y son justamente muchos de esos ámbitos los más “llevados y traídos” para legitimar o justificar procesos que no siempre abren espacios verdaderamente revolucionarios, ya que son primero penetrados y luego secuestrados por las recurrentes modalidades de interacción precedentes, dando lugar a injertos nuevos subdesarrollantes, con sus consecuentes fardos de retroceso para los seres humanos sumergidos en la experiencia. Olvidando así, que “(…) de la esclavitud brotan los héroes; pero de la infructífera libertad brotan solamente los inútiles”.[177] A lo que se pudiera añadir, las negaciones propias de los que se oponen al alcance de una humanidad socializada, al decir de Carlos Marx.

Es por ello, que a este examen le asiste como objetivo central revitalizar el pensamiento leninista imbricado desde complexiones más amplias con el Marxismo de transformaciones esenciales. Intenta rescatar a todas luces, la herencia que necesitamos y que muchas veces es negada, ignorada o mal valorada. Lo incuestionable es que los aportes están ahí, incluso en los errores que se cometieron bajo su dirección política, en los que reconoció y para los que buscó alternativas correctoras, y en los que, a la distancia de la experiencia revolucionaria, hoy podemos evaluar para no errar en el mismo sentido, ni plegarnos a los dictados imperialistas, los de sus acólitos y los de advenedizos en materia de pensamiento y praxis marxista revolucionaria.

Uno de los rasgos más categóricos de la victoria ideológica del neoliberalismo ha sido su capacidad para influenciar decisivamente la agenda teórica y práctica de las fuerzas sociales, las organizaciones de masas y los intelectuales opuestos a su hegemonía. Si bien este atributo parecería haber comenzado ahora a recorrer el camino de su declinación, reflejando de este modo la creciente intensidad de las resistencias que a lo largo y a lo ancho del planeta se erigen en contra a su predominio, las secuelas de su triunfo en la batalla de las ideas están llamadas a sentirse todavía por bastante tiempo.”[178] 

Ante la pervivencia de tales secuelas en el pensamiento y praxis de las izquierdas, de los revolucionarios es inexcusable no volver sobre las huellas del pensamiento reorganizador universal y marxista transformador en especial, con mirada que escudriña y crea desde las diversos escenarios que emplazan cambios reales, para abrir caminos heterogéneos, pero sorteando desvíos que puedan enmascarar las metamorfosis de dominación que se imponen en el planeta.[179]  

Las fases por las que transitamos, y el accionar expoliador que caracteriza a las interconexiones sociales asentadas en la rentabilidad del capital y de las haciendas que les acompañan a sus tutores y cicerones de bolsillo, demandan como nunca antes de la presencia del marxismo.[180] Pero no de un marxismo de comparecencias, sino de esencias, de crítica al sistema global imperante pasando por su propia historia, capaz de proponer alternativas en íntimo correlato con el resto de los movimientos progresistas actuales, y que contemple, a su vez, las imprescindibles mediaciones que propendan a una liberación asentada en una totalidad compleja, multiforme y variada del macro y micro mundo de interrelaciones humanas que se propone redimir, con la anuencia de todos los sujetos sociales inmersos gradual y activamente en dicha reorganización de los cimientos de la civilización. Se levanta pues, de tal suerte, el marxismo de la diversidad en la unidad de acción y transformación y no de la exclusividad de liderazgo, aquel que revitaliza sus fuentes no de forma enmohecida, sino vital, contribuyendo con ello no sólo a legitimidad de su herencia, sino a los apremios de la humanidad.

La cuestión de la dirección política en las luchas sociales ocupa un lugar central para cualquier movimiento emancipador, dado que ella está referida al problema de la necesaria heterogeneidad que le acompaña y, por tanto, de la variedad de intereses presentes en cualquier proceso de lucha, aspectos éstos que de no tenerse en cuenta en el encauce de los motivos de acción social pueden abortar el intento. Es oportuno, por tanto, tener muy en cuenta que la unidad sólo puede lograrse desde la pluralidad, inclusividad y la participación real de las masas en la toma de decisiones políticas, es decir, el control social desde abajo sobre la gestión de dicha dirección política, la cual ha de ser construida como un poder político de amplia base social, a lo que se adiciona el respeto integral a las convicciones de los sujetos políticos. La ventaja personal –al  decir leninista - es el principio activo de la libertad.

Es imposible avanzar en el estudio de las experiencias transicionales socialistas o de cualquier alternativa de progreso social, si no se tiene en cuenta el lugar de la vanguardia[181] y/o dirección política revolucionaria –denótese como se denote- en su implementación. Hay que esclarecer que de su responsabilidad compartida movilizativa dependen los destinos de la transformación social, en la medida en que el proyecto político se realice desde su génesis misma, atendiendo con igual destreza el macro y micro mundo que intenta reestructurar, es decir, desde el individuo hasta todo el pueblo en su conjunto[182], que se aproxime y proponga atender fidedignamente el todo y sus partes constitutivas, articulativas, mediante conexiones humanas activas y efectivas, o sea, que se aproxime a dar curso a una alternativa emancipatoria real, porque es cualitativamente diferente.

El problema de la dirección y organización de las diversas clases, grupos sociales e individuos inmersos en la experiencia libertaria es uno de los aspectos más debatidos y a los que mayor atención ha prestado todo el pensamiento avanzado, en especial el marxista revolucionario. Puesto que, de los modos concretos en que la conducción política asumiera la dirección de los procesos acorde a las realidades y conflictos que se desarrollan en el escenario nacional e internacional dependía – y depende –todo el movimiento de redención social; en particular hoy, dadas las condiciones de integración y segmentación en que se desenvuelve el mundo como correlato de una humanidad que se globaliza en un hábitat hegemónico neoconservador, del que ningún pueblo se encuentra exento y al que en múltiples experiencias no se le analiza desde la variedad de problemas que origina, y en consecuencia con ello, de opciones posibles a encaminar.

El contenido del término vanguardia ha sufrido múltiples desviaciones del que los pensadores marxistas, en particular V.I. Lenin, le asignara en su momento histórico. Es por ello que, en aras de reavivar sus contenidos y colaborar a una memoria histórica activa en cuanto a la construcción de alternativas libertarias, es que asumimos el estudio del mismo al destacar en todo momento que no es el nombre que asuma la dirección política del proceso revolucionario lo determinante, sino la naturaleza de su significado científico –aglutinador, participativo real- para el alcance de una organicidad interna que dé solidez, textura y, por ende, unidad real de motivos de acción y defensa de las conquistas que se van alcanzando, así como de las perspectivas en reproducción ampliada de los objetivos socializantes propuestos. Pero este proceso debe comenzar mucho antes de acceder al poder político; debe ser conducta cotidiana internalizada como necesidad de una nueva existencia individual y social mejor. Cierto es que las condiciones de lucha no siempre facilitan tal empeño; lo que sucede es que los propósitos no deben quedarse en eso, han de materializarse siempre como diseño estratégico que actúa y no sólo se declara, gradual como marcha de ascenso, pero verídico.

Por tanto, llámese vanguardia o del modo que se le designe, el norte aproximado que se debe seguir para el accionar político es el examen, por un lado, de la experiencia acumulada y, por otro, el crecimiento activo del pensamiento sobre la base de la dinámica social en la participación y control social a todos los niveles de gestión, aunando de esta manera voluntades e intereses, pues así se logra responder diversificadamente a las necesidades variadas por excelsitud y, por ende, al surgimiento de un tipo nuevo de autoridad política no experimentada por la civilización en sus anales.

En tal dirección Lenin explicaba: “...implica enseñar al pueblo a conseguir eso y a dar los demás ejemplos de este tipo, no como miembro de un comité ejecutivo, sino como simples ciudadanos que, por tener mayor instrucción política que otros, saben no sólo regañar (...) sino mostrar cómo se vence al mal en la práctica”.[183]  La condición de ciudadanos desde una nueva organicidad social acorde a las cualidades distintivas de las denotaciones conocidas y valores que la sustentan comenzaba a ser reconstruida, aspecto este aún inconcluso, pero colocado en el escenario de reflexiones pasado y presente.

Con gran insistencia los pensadores marxistas velaron por el problema de los ineludibles e impostergables cambios de la organicidad y principios de gestión política acorde a las metamorfosis que se generaban en el entorno planetario donde se verificaba el conflicto, así como, del ineluctable apremio en el perfeccionamiento de las formas de gestión y las bases unitarias del proceso en concordancia con las tareas inmediatas y ulteriores.[184] 

Recordemos, a propósito de este aspecto, cuando Lenin evaluaba las causas del fracaso del socialismo en su primera gran crisis de principios del siglo XX, cómo se avizoraban ya elementos que retardaban o abortaban las potencialidades de las masas; en tal sentido apuntaba: “La causa fundamental de su bancarrota consiste en que “han fijado la mirada” en una forma  determinada de crecimiento del movimiento obrero y del socialismo, olvidando el carácter unilateral de esa forma; en que les ha dado miedo ver la brusca ruptura inevitable por las condiciones objetivas, y han seguido repitiendo las verdades simples, aprendidas de memoria y a primera vista indiscutibles: tres son más que dos.

(...) En realidad, todas las formas antiguas del movimiento socialista se han llenado de un nuevo contenido, por lo cual ha aparecido delante de las cifras un signo nuevo, el signo de “menos”. Pero nuestros sabios seguían (y siguen) tratando con tozudez de convencerse a sí mismos y convencer a los demás de que “menos tres” es más que “menos dos”.[185]    

Un adiestramiento esencial que podemos extraer los marxistas contemporáneos y los luchadores contra la hegemonía neoconservadora con relación a la experiencia leninista, es que el vivo organismo social –material determinante del empeño transformador –, experimenta cambios acelerados y exige, en adhesión con ello, modificaciones activas, múltiples transiciones acorde a las variaciones que el movimiento civilizatorio experimenta. Con lo cual, tanto los modos específicos de interactuar con la sociedad, la estructura, organización, funcionamiento y proyectos que elabore el cuerpo unificador de las tendencias fundamentales del momento en cuestión, deben poseer como peculiaridad sustantiva de su existencia los principios activos de la complejidad, al atender a las imprescindibles mediaciones que en todos los órdenes las rigen, eludiendo de esta manera  los determinismos, certidumbres  y automaticismos.

Lenin, al referirse al impostergable cambio de las formas y modos de dirección política social que pueden hacerse obsoletas cuando no les preside la dialéctica, el activismo, la complejidad y la relacionalidad que tipifican las interrelaciones humanas y las mismas se mantienen atentando contra la veracidad del propio proceso desenajenador, precisaba: “El tránsito a la organización revolucionaria es una necesidad, lo exige el cambio de la situación histórica, lo reclama la época de las acciones revolucionarias del proletariado; pero este tránsito sólo es posible si se salta por encima de los antiguos líderes, estranguladores de la energía revolucionaria, si se salta por encima del viejo partido, destruyéndolo”.[186]   

De gran valía resulta en la actualidad la reflexión del líder bolchevique. Ello asociado, de una parte, a la crisis de credibilidad que presentaron -y presentan- un buen número de organizaciones y/o partidos políticos que en su accionar cronístico llegaron incluso a traicionar las fuentes y herencias de las que partían, ocasionando en gran medida los éxitos y arribismo del capitalismo transnacionalizado y sus testaferros nacionales. De otra, por la dinámica propia que no puede faltarle a los profundos procesos que hoy encaminan senderos de redención, y que han de tener muy presentes los errores cometidos para no errar reiteradamente en lo ya conocido, aunque desde nuevas modalidades excluyentes. Pues los transcursos pueden ser nuevos por muchas razones, pero las mediaciones interconstitutivas e interconstituyentes pueden encontrarse penetradas y/o dominadas por imperativos cosmovisionales del  pasado.[187]   

Por lo que las organizaciones, movimientos y todas las asociaciones progresistas han de encontrarse en condiciones de superar conscientemente los hipervínculos que se producen entre las crisis internas derivadas de los propios errores y las que impone la propia crisis imperialista en el momento situacional en que se presenta, so pena de perder sus propias garantías para la lucha. La experiencia acumulada certifica la previsión leninista: sin dinámica e interacción real se abortan los proyectos libertarios. La práctica revolucionaria, en el desarrollo y resultado de los movimientos sociales de grandes o pequeñas envergaduras demostraron que, por mucha fuerza que se desplegase en torno a un objetivo, por muy numerosa que fuese la participación popular, si no se establecía una certera dirección de masas, que orgánica y sistemáticamente condujera el movimiento contando con la masas, enseñándola a que se tiene que contar con ella en todo el proceso de toma de decisiones, el objetivo estaba perdido, aún y cuando palpitase emocional y conscientemente en el pueblo.[188]  

Los estallidos espontáneos fracasan si las masas son acéfalas. Y la dirección política puede fracasar también, si no tiene en cuenta los cambios inmanentes de la estructura social y espiritual de toda la civilización en su conjunto, si no imbrica al pueblo en la dirección, en un compromiso razonado, fruto de un debate general en cómo hacer, en qué medidas tomar, ya que son ellos los que mantienen el pulso de las realidades existenciales y de los modos concretos para superarlas en íntimo correlato con el liderazgo que ellos mismos construyen. Se presenta, por tanto, un proceso de acciones y reacciones mutuas imposible de prever si sólo analizamos un aspecto del problema y no al todo activo articulado organizado y autoorganizado, constituyéndose y  autoconstituyéndose en su conjunto.

El asunto referido a la organicidad social –al que no se le presta la suficiente atención- vuelve a levantarse una y otra vez ante los estudiosos de las Ciencias Sociales, en particular de las Ciencias de la Política, penetrados hasta tuétano de hueso de las doctrinas que les han subdesarrollado y tullido la originalidad de sus fecundaciones. Es apremiante en este momento y para lo porvenir, conocer y procesar con sentido activo, cuestionador lo acumulado en saber y praxis por la humanidad, pero la reconstrucción como creación de novedad diferente tiene que reconvertir todos los andamiajes ancestrales y ajenos que se les filtran por las nuevas y viejas techumbres. Pues, se “(…) usará de lo antiguo cuando sea bueno, y creará lo nuevo cuando sea necesario: no hay por qué invalidar vocablos útiles, ni por qué cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas”.[189]

Las construcciones científicas propias que contribuya a labrar el porvenir, en particular americano y caribeño, tienen que ser pensadas en el proceso mismo de redención, los diseños previos en sus generalidades imitan, niegan la invención de lo futuro. No pueden existir en éstas tierras vírgenes de libertad, modelos que ajusten el zapato al pie descalzo, es preciso inventar la forma de calzar y autocalzarse a los hombres y mujeres americanos y caribeños con los atributos cosmovisionales e identitarios que les son diversificadamente propios. “La vida debe ser diaria, movible, útil; (…) No aplicar teorías ajenas, sino descubrir las propias. No estorbar a su país con abstracciones, sino inquirir la manera de hacer prácticas las útiles”.[190]

Esa genuina aspiración, que en sí misma es de redescubrimiento, ha de gestarse desde sus raíces patrimoniales, en ruptura articulativa con las modalidades que les son ajenas, y que siguen colonizando sus perspectivas de no desembarazarnos de ellas y autentificar las herencias y realidades que nos son consustanciales. De las tendencias al Arielismo[191] cuesta mucho desprenderse, ellas penetran por doquier, pues corren por las arterias conectivas civilizatorias. Es perentorio cortar esos flujos, emanaciones y reconstruir el tejido propio palmariamente dañado por el colonizaje perpetuo a que hemos sido sometidos y nos sometemos consciente e inconscientemente

El término vanguardia, por ejemplo, y su contenido social, clasista, político e ideológico, comúnmente se confundió o identificó absolutamente con el de partido u organización revolucionaria específica, convirtiéndose este en un problema de principio que desarticulaba la praxis revolucionaria en nuestras realidades, a lo que se suma la vulgarización de la materialidad del propio concepto, el cual se identificó, además, con un funcionamiento verticalista, voluntarista y repetitivo, con lo cual se desvirtuó la posibilidad de aproximarse a la naturaleza de su funcionamiento.[192] La imitación, aceptación y ajuste estricto a lo que “se decía era” sufrió una doble desvirtuación, y en consonancia con ello, perdida de posibles significantes. 

El desarrollo desigual -acentuado en la actualidad-, la heterogeneidad social y clasista que acarreaba, los diversos intereses e ideologías que las sustentaban, exigían que “…para ser vanguardia sea necesario precisamente atraer a otras clases”,[193] y no era, ni es simplemente atraerlas, sino saber colocarse a la cabeza de todo el movimiento revolucionario, al representar cabalmente sus intereses, al construirse constantemente en avenencia con la identidad plural que les conforma. La dirección política del movimiento hacia una alternativa transitoria a la emancipación hoy, no es sólo representante de los trabajadores, de los desposeídos de propiedad, sino de todos los sectores expoliados por el imperialismo transnacional y sus colaboradores, y este es un precepto enunciado ya por Marx, cuando destacaba que el movimiento comunista defendía los intereses de las más bastas y plebeyas masas. La magnitud del movimiento de oposición a la capitalización coercitiva y totalitaria de la existencia, trasciende cualquier frontera social que se establezca, dado el carácter artificial de dicha postura, exclusivista por naturaleza, por muy de pueblo que intenten presentarla sus sustentadores. La resistencia múltiple debe construirse y cambiar su contenido a perpetuidad.

Es por ello que, identificar a la vanguardia o dirección revolucionaria con un sólo partido, con la defensa de los intereses de una clase, es tergiversar la esencia de su contenido, es demeritar su funcionamiento y su estrategia de lucha, es frustrar prematuramente un proceso por muy justo que sea “…Pues, no basta con titularse “vanguardia”, destacamento de avanzado:  es preciso además, - aseguraba Lenin - actuar de modo que todos los destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza  (...) es que los componentes de los demás destacamentos “son tan estúpidos que van a creernos de palabra que somos la “vanguardia” .[194]  

La vanguardia o dirección política revolucionaria debe constituir el liderazgo indiscutible –porque se construye desde abajo y multidimensionalmente- en la dirección de la lucha política desde una óptica totalizadora, que atienda la diversidad inmersa en la revolución; debe, además, demostrar en la práctica cotidiana su valor como fuerza política, sobre la base de un estudio consecuente, constante y dinámico de la correlaciones sociales y de los intereses políticos e ideológicos que se mueven en la sociedad, e imbricar al pueblo en tal dinámica reorganizadora. Por tal razón, el autotitularse vanguardia o dirección política, o el considerarse así, a título perpetuo, origina tantos descalabros e incompetencias, y en el peor de los casos, burlas. “En consecuencia, no existen vanguardias preestablecidas ni predestinadas”,[195] ni santificada por una fe divina o superior. Existe  vanguardia o dirección política genuina cuando ella resume, -porque incluye- los intereses, motivos y práctica en el quehacer transformador revolucionario.

La dirección política revolucionaria precisa como instrumento de gran valor una genuina teoría, no sacada de cualquier “ilustre cabeza” o cátedra universitaria, enmohecida por el tiempo y el manoseo indeciso y/o intencional que cada vez más se aleja del movimiento real revolucionario y de sus exigencias De tal suerte, Lenin nos legaba: “...Quien conozca por poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento, verá forzosamente que la vasta difusión del Marxismo ha ido acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico. Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos”.[196] El crecimiento numérico indiscriminado sin claridad política y el desdeño a la teoría han afectado grandemente cada condición de vanguardia o dirección política auténtica.

Esta necesidad constante de enriquecer la teoría con las fuentes autóctonas y universales para perfeccionar el programa revolucionario es una condición sine qua-non para rubricar tal posición. La teoría corrientemente se hecha a un lado y se siguen aplicando esquemas conocidos y más cómodos. Mientras que el burocratismo, los tecnicismos, los apresuramientos o adormecimientos, la intención de resolverlo todo a espaldas de un pensamiento revolucionario, científico, de continuidad esencial capaz de distinguir y no de rupturas “novedosas” y negaciones absolutas, va calando en todas las estructuras organizativas y de poder revolucionario, lo que conduce a una pérdida del vínculo con la realidad, a que los acontecimientos sorprendan y a que la práctica se convierta en un apaga fuegos, por lo que, el ideal se transforma en un movimiento imposible de asimilar por las masas que se pretenden conducir sin incluir.

Es muy común en el movimiento obrero, en la construcción del socialismo y cualquier movimiento social, absolutizar la lucha económica, colocarla a la altura de algo casi divino, e identificar todo el movimiento con las demandas de este tipo y con las transformaciones en ese sentido. Sin lugar a dudas, las cuestiones de la lucha por la existencia cotidiana –tal y como apuntase Carlos Marx en sus “Manuscritos económicos y filosóficos de 1844” y en otras muchas obras-, constituyen aspectos esenciales de la redención humana, pero éstos, asumidos solos sin el resto de aspectos que concretizan la actividad en sociedad, conducen a un mecanicismo cuantitativista poco objetivo y desvirtuante de la alienación de los individuos.

La dirección política debe velar conveniente y convincentemente por este aspecto del debate, debe estimularlo pero, al mismo tiempo, debe encauzar la lucha económica en los rieles de la lucha política, cultural y de todos los acometimientos en general que urgen librarse para reorganizar al mundo acorde a la libertad en toda su complejidad y diversidad. Esto, de suyo, permitirá eludir todas las torceduras al espontaneísmo en las masas, y a todas las desviaciones de sus dirigentes, al demandar para ello el control social a todos los niveles por las masas, que aprenden y se auto transforman cuando las progresiones sociales dan cauce a una autointegración y autorreflexión individual y colectiva, la cual es fruto de una comunicación sin fronteras fomentada por una praxis ínter vinculante en oposición al aislacionismo al que conducen las ancianas, raquíticas, pero actuantes relaciones capitalistas enseñoreadas desde tiempos pretéritos del planeta. Las luchas entre lo nuevo y lo viejo han de ser contiendas de esencias que no dejen margen para que lo caduco se restaure bajo un manto retocado aparentemente nuevo.

Este enfoque permite además, fortalecer la organización y dirección política, dado que: “El carácter de la estructura de cualquier institución –precisaba Lenin - está determinado natural e inevitablemente por el contenido de la actividad de dicha institución”.[197] Esto exige, por tanto, una correcta atención al factor organizativo sin hiperbolizar su significación ni calcar la estructura interna de otros partidos y organizaciones hermanas, sino tener como norte la actividad concreta, sus cambios cualitativos y el activismo que dimanan de las nuevas circunstancias y momentos transicionales por los que atraviesa la actividad encaminada a la desalienación gradual civilizatoria.

Debe en tal sentido la organización en general, prestar atención a cualidad de sus dirigentes, los cuales no pueden ser preconcebidos, sino provenir de líderes indiscutibles del pueblo, aún y cuando no posean una filiación partidista o de las organizaciones que encabecen la hegemonía en ese momento. La calidad de las personas que conforman a la dirección política, no se logra con la creación de cargos para hombres, sino en lograr hombres para cargos necesarios, de acuerdo a las características de las luchas y tareas sociales, al mantener viva la capacidad de aglutinar voluntades en torno al programa de transformación y a la continuidad del proceso.

Por mucho que se insiste en este asunto, por muy claro que aparezcan estas cuestiones hasta en el discurso político y en el del pueblo, elementos asociados a inexperiencia, tradiciones, costumbres, hábitos, psicología, entre otros, originan comportamientos políticos no de verídica elección, sino de designación a dedo –al decir de Ernesto Guevara-; tales prácticas poseen implicaciones nefastas para el movimiento emancipador.[198] De suyo, en el transcurso del proceso llegan a poner en tela de juicio la credibilidad y legitimidad que les asiste hipotecando así el futuro. La magnitud de la crisis que se va gestando bajo tales interacciones coloca en evidencia mecanismos de delegación del poder político de las masas, los cuales se abren paso de mil maneras al penetrar la praxis y desvirtuar hasta los objetivos declarados, aquellos que se van trastocando en clericalismos intoxicados de confiabilidad, fe y otros dogmas ajenos a la praxis real que es lo que se precisa, con lo cual se transita a desmantelamientos del poder político de aquellos a quienes les compete por ser sus hacedores. Experiencias de este tipo se han encontrado presentes en más de una alternativa libertaria a lo largo de la historia de la humanidad; procesarlas, asimilarlas y aprehenderlas creadoramente en la contemporaneidad es una tarea primordial para eludir lo más cercanamente posible cualquier desviación del sentido emancipatorio propuesto.

El valor preventivo de las reflexiones leninistas posee trascendencia universal, en tanto un estudio con detenimiento de su obra pone en claro la multiplicidad de imbricaciones presentes a considerar en una reorganización de las relaciones humanas desde la óptica de una memoria histórica activa, que atienda e investigue todos los ejes que dieron lugar a tales manifestaciones en las experiencias socialistas conocidas, cuestión esta aún no agotada y que, dadas las condiciones en que se producen las luchas frontales contra el neoconservadurismo desde un subdesarrollo depredador, pueden generar espacios a errores ya cometidos con anterioridad e incluso procesados como experiencia política en su momento.

La dirección política revolucionaria es un arte muy complejo, pero indispensable a considerar en toda su magnitud, al elaborar conscientemente una estrategia que se vaya modificando y perfeccionando en concordancia con la evolución social que provenga de ella misma. La dirección no puede situarse por encima ni retardarse a la realidad social. Su existencia como tal depende de su capacidad de accionar, prever el desarrollo histórico y vincular a las masas a la toma de decisiones de manera real y gradual de acuerdo a las condiciones específicas de cada país.

Las tareas, la exposición de los fines que le acompañan, tienen que armonizarse y entronizarse eficazmente. Los métodos anticuados son eso, métodos que fenecieron y que de prolongarse dejan de tener sentido para el individuo y para toda la sociedad. La frescura y lozanía de los procesos demandan realidad y, de conformidad con ello, debe pasarse a una actividad que redunde en activismo consecuente como principal resorte contra el estancamiento y la decadencia. De lo contrario, la crisis siempre rondará al movimiento que en la medida en que postergue o retarde la praxis dejará de ser una alternativa emancipadora real, así como la dirección política que le acompañaba se esfumará como por encanto o permanecerá viviendo de las loas que ellos mismos se fabriquen.

En tal sentido, alertaba Lenin: “Esas declaraciones y proclamas, esos manifiestos y decretos fueron necesarios en su día. De eso ha habido bastante. Antes todo eso era necesario para mostrar al pueblo qué queríamos construir y cómo, que cosas nuevas e inauditas queríamos hacer. Pero, ¿acaso se puede seguir mostrando al pueblo qué se quiere construir? ¡No se puede! En ese caso, el obrero más sencillo se burlará de nosotros y dirá: “¿Qué me vienes mostrando sin cesar cómo quieres construir? Muestra con hechos cómo sabes construir. Y si no sabes, ¡vete a la porra!, que yo llevo otro camino”. Y tendrá razón”.[199]        

El modo de encauzar la lucha contra el imperialismo en las condiciones actuales exige un análisis pormenorizado de la herencia marxista revolucionaria y universal con relación a la dirección política revolucionaria y a una reevaluación integral de las condiciones actuales en que transcurre la vida del planeta para poder asumir la complejidad que preside a las corrientes políticas[200] ínter actuantes. Todo ello, en aras de encontrar las formas organizativas eficaces de una marcha reorganizadora de la civilización, conducida por ella y para toda ella. La crisis general que experimenta el género humano en el presente siglo es superior a cualquiera de las que sufrió a lo largo de su evolución y desarrollo, dado que tiene que ver con las propias bases de su existencia como especie.

Toca a los seres humanos inmersos dentro del inmenso torrente de fuerzas que se oponen a una atávica existencia, encontrar los modos eficientes que demandan los tiempos y demostrar fehacientemente la fuerza de sus alternativas civilizatorias.

Las organizaciones que agrupen a los hombres actuales y futuros no pueden ser cenobios, sino por el contrario, verdadero artífice del hontanar de la creación humana. Y como norte clave para el quehacer presente y ulterior se recomiendan las siguientes reflexiones de José Martí: “Consejo, examen tranquilo, indicación desapasionada: todo esto, y no odio, debe constituir la oposición”.[201] “No debe haber oposición constante; debe hacer constante, concienzudo examen y consejo”.[202] Por tanto, las direcciones revolucionarias han de contar fehacientemente con la herencia pasada  y presente sobrepasándolas. Han de saber asimilar además, las experiencias revolucionarias concomitantes, y han de contar con las masas siempre como modo de conducirlas y autoconducirse a propósitos libertarios humanos. Para de esta forma, aproximarse a romper el unicentrismo civilizatorio histórico y reconstruir a la humanidad sedienta de un nuevo activismo y realidad existencial. La alternativa está en nosotros, nos toca pues, saber encauzarla para bien del planeta azul.  

¿El león dormido o leones que no duermen?

"Toda reforma origina un cambio, y todo cambio lastima intereses.  Excepto en los grandes momentos históricos, en que se revela en el fondo del alma el león dormido, o en los grandes caracteres, que son leones que no duermen, los intereses se oponen siempre tenazmente a las reformas. Hay que esperar, pues, para que las reformas triunfen, ya a que su necesidad se haga tan visible que aquellos que se negaron a aceptarlas acudan espantados a decidirlas, ya a que los intereses de los que hayan de decidirlas vengan a estar del lado de las reformas".[203] 

“¿El león dormido o leones que no duermen?” incita una vez más a meditar sobre los procesos de reformas que probaron suerte, y que se despliegan hoy las experiencias transicionales socialistas, en especial en Cuba. Los tradicionales modos de asumir las reformas –en el momento que se plantean y se toman como opción-, cual movimientos nuevos desconectados de sus similares en el mundo y sus antecedentes en el país en cuestión, marcan senderos extremadamente trillados para que florezca verdaderamente una alternativa de cualidad diferente desde sus entresijos. La ausencia de continuidad, de memoria histórica activa que religa y sobrepasa impulsando al progreso, no es sólo un atributo de las “memorias del subdesarrollo”, es praxis civilizatoria de todos los tiempos. Ahondar en las esencias que nos apartan del mejoramiento humano, a partir todas las opciones posibles donde se incluyen los procesos de reformas, eso es lo que urge forjarse. “Y eso es lo que hay que hacer; a las entrañas”.[204]

Este repensar al presente, en materia de reformas -desde dentro de las diversas transiciones al socialismo en la transición al socialismo- se asume sin perder elementos a los que con anterioridad se han hecho referencias, incluso antes de que en Cuba tales transcursos fuesen escogidos, y cuando aún los debates sobre el mismo eran tan exiguos, que casi se les consideraba innecesarios o herejías ajenas a una realidad transicional de esa naturaleza –socialista-. Con lo cual se denota, que las reflexiones que contiene[205], retoman conectores válidos en el sentido de continuidad y perenne punto de partida que necesita nutrirse de los acelerados cambios que se producen en el tejido social y su consiguiente análisis interrogativo, propositivo, asumidos en el espíritu de alternativo y de insinuación científica inacabada, inconclusa pero aproximativa.

Atender un tema como el que versa este trabajo desde finales de la década de los ochenta del pasado siglo, no significa encontrarse elaborando -ni por asomo- una teoría sobre el mismo, sino más bien una preocupación constante en forma de discernimiento proyectivo respecto a problemas que nos conciernen a todos, en particular a los científicos sociales. Porque éste, como cualquier otro asunto relacionado con la convivencia y los destinos de la civilización, meritan ser tratados con-ciencia y por añadidura responsabilidad, sensibilidad y pluralidad de opiniones. Por lo que, en lo concerniente a lo “nuevo” o “viejo” a lo que podamos referirnos dentro de los marcos de este examen, valen más la memoria histórica activa que religa, que se regenera; que las afirmaciones cerradas de última hora o de todas las horas, para las cuales el dialogo es un asunto de puertas afuera según marche la partida de ajedrez que se juegue.

Vale también poner en claro –en medio de una oscuridad de distinción científica del asunto-, que el proceso de aproximación realizado por esta autora a las cualidades de reformas en las transiciones al socialismo, se fue gestando en momentos en que las reformas adoptaron también la condición alternativa dentro de una lógica mundial que propendía igualmente al ajuste de la dominación del capital. Por lo que, los primarios estudios presentados en diversos enclaves, chocaron con la incomprensión de muchos, que con razón se empeñaban en demostrar, más el carácter espoliador de las mismas en general, con sus improntas para el mundo subdesarrollado, que la viabilidad de su implementación en el abrir caminos al socialismo desde un construir sus propios senderos. Es decir, criticaban dichos procesos aspecto este meritorio, pero olvidaban conjuntamente analizar, que él mismo poseía una historia de construcción científica -igualmente crítica-, pero posible de concebirse desde otra lógica esclarecedora de lo alternativo al capitalismo. Esclarezcamos, existió una ausencia de comprensión, ponderación diferenciante, pluridiferenciante en crecimiento desde la crítica, en su continuo a opción de construcción social perspectiva.

De esta manera, los aportes críticos a la propuesta de reformas elaboradas desde el capital para más capital, desde la exclusión para más exclusión dejaron huellas esclarecedoras a posteriori hasta para nuestros enfoques desde la transición al socialismo, aún y cuando, ese no era el sentido de entonces: “La década de los ochentas dió inicio a una verdadera oleada reformista en nuestra región. Antes de presentar sus contornos más sobresalientes conviene, empero, detenerse brevemente para despejar una cuestión semántica nada intrascendente. Resulta que se ha convertido en un lugar común hablar de “reformas” para referirse a lo que, en la tradición del pensamiento político occidental responde mejor a la expresión “contra-reforma.” (…) Bástenos con decir que, en realidad, las políticas llevadas a cabo en nuestra región lejos de haber introducido “reformas” –esto es, cambios graduales en una dirección tendiente hacia una mayor igualdad, bienestar social, y libertad para el conjunto de la población - lo que hicieron fue potenciar una serie de transformaciones que recortaron antiguos derechos ciudadanos, redujeron dramáticamente las prestaciones sociales del estado y consolidaron una sociedad mucho más injusta y desigual que la que existía al comienzo de la etapa “reformista”. Lo que ocurre es que la victoria ideológica del neoliberalismo se expresa, entre otras cosas, por un singular deslizamiento semántico que hace que las palabras pierdan su antiguo significado y adopten otro nuevo. En ese sentido, las “reformas” padecidas por nuestras sociedades en las últimas décadas son, en realidad, acentuados procesos de involución social”.[206]   

Atiéndase, como Atilio Boron hace hincapié en la cuestión semántica de enorme trascendencia para el curso de un proceso reformador y a las tendencias que le acompañan, así como sus destinos constatados -o en constatación- en las praxis sociales. Por lo que, los esclarecimientos científico metodológicos desde los cuales se construyen los acercamientos de investigación y aplicación de dichos procesos resultan indispensables para las contribuciones objetivas que demanda la humanidad. Es decir, levantar el aspecto semántico, orgánico diferenciante, es una arista científica que debe acompañar siempre tales análisis, lo cual posee impronta también argumentativa para el caso de la construcción de análisis desde otras perspectivas como a las que convocamos con éste u otros estudios, sobre las transiciones al socialismo. En suma, en aquel periodo –como en otros, y con otros problemas a dirimir- dejamos que se colonizara por los Prósperos y sus connotados Arieles de turno[207], la perspectiva científica de reformas, e inclusive la pericia de llamar por su nombre a lo que ellos practicaban: “contra-reforma”.

Por otra parte, es importante delimitar que las transiciones al socialismo sobre las que se ocupan los apretados espacios de éstas líneas, son aquellas que se han desplegado desde el marxismo-leninismo, y que con el decurso del tiempo en su materialización se propusieron incorporar elementos autóctonos en igual grado de significado que el legado en evolución de lo que se ha dado en llamar “marxismo-leninismo”, cuya propia denotación implica múltiples lecturas –incluyéndonos en ellas- en esa pluralidad de asimilación de significantes validos para la exploración de dichos procesos sociales, y políticos en particular. Es por ello, que no se presentan definiciones cerradas sobre el asunto, esto es imposible para cualquier científico social que se estime, por el contrario se establecen ejes o conectores que existen y se hacen recurrentes en las mismas, como experiencias a tener encuentra en ese evaluar con cautela científico metodológica sobre asuntos inconclusos hasta en su examen histórico[208] y sus implicaciones futuras.

Las condiciones de existencia de la civilización del actual milenio, conminan como nunca antes, a la búsqueda de opciones que den solución a la diversidad y complejidad de problemas que le son consustanciales como resultado de un ordenamiento y funcionamiento social excluyente, antihumano. Es por ello, que todo lo relativo a las relaciones humanas y de ellas para con el orbe del cual forma parte constitutiva esencial, deban encontrarse soluciones mediantes y automediantes para encausar el progreso real de forma paulatina, al atender a la herencia de la cual se parte e instrumentar mediaciones propicias, articulativas a un interactuar que destierre a la alienación del trono en que cronísticamente se le ha situado.

Las experiencias transicionales socialistas que ha experimentado la humanidad no se han encontrado exentas de fuertes contradicciones, negaciones y por demás, ya sea por el enfrentamiento global a su empeño liberador o por errores en la construcción de las mismas, o por ambas razones interconectadas (al no atender con la pericia necesaria el problema de la cimentación del control social desde abajo y de una toma de decisiones que involucrará realmente a los sujetos presentes-entre dos inobjetables causas-), lo cierto es que el avance perspectivo sigue exhibiendo innumerables escollos en los órdenes imbricadores teóricos y prácticos para una progresión real como alternativa de cualidad diferente al capitalismo, la cual se construye gradual, plural, imbricada, inédita y verídicamente, incluso antes de acceder al poder. Desde un concebir lo alternativo como lo que es y/o está siendo y haciéndose distinto e interconectado para la emancipación humana, que es a fin de cuentas lo que se encuentra en el tapete. Una emancipación, donde se labren condiciones para su afianzamiento y no a la inversa.

A lo que se añade, que aún el proceso de desenajenación sucesiva que debe presidirles como connatura de su calidad relacional se encuentra en ciernes. Con lo cual, las medidas concretas para darle curso necesitan de mayor claridad e influencia de los hombres y mujeres inmersos en ellas. A esto se agregan, las terribles consecuencias que trajo para todo el movimiento emancipador la pérdida de la opción transicional socialista en muchos enclaves donde se dio curso a las reformas –sin evaluaciones ciertas de sus desempeños-, y con la persistente ausencia de una verídica valoración integral de las múltiples y interactivas causas -apropiadas recursivamente- que originaron tales destinos para el socialismo y su condición de disyuntiva emancipadora. Lo que es inseparable a su vez, en la dirección de incidencias en el avance reformador desde una base genética esclarecedora de esas especificidades transicionales socialistas, instrumentadas  desde el llamado marxismo-leninismo.

En otro orden de contigüidades, el problema de las reformas en general,[209] y de ellas en la transición al socialismo, -de donde se espera vaya naciendo una nueva interacción social en construcción perpetua-, requiere de creaciones reales científicas desde las Ciencias sociales, y en especial de las que se ocupan de la política, puntualicemos científico metodológicas interactuántes, capaces de aproximarse a las dinámicas heterogéneas de los pluritejidos sociales que intentan analizar, mejorar, cambiar e incluso explicarse. Por cuanto, la mezcolanza indiscriminada de entendimientos y prácticas desde excesos o ausencias de cosmovisiones reales de los sujetos aflora por doquier, aplicando lo inaplicable a circunstancias distintas, -entre otras variantes- por lo que resulta ininteligible o absurdo lo que se dice, hace o aplica. En síntesis, ningún proceso de reformas es igual a otros, pero el norte o conector que diferencia e imbrica a aquellas que se asumen desde una transición al socialismo –la especificada como desenajenadora- en sus contextos concretos, debe mostrar aquello que le peculiariza como distintivo de las relaciones sociales que se propone transformar y/o reorganizar.

Es imposible, que lo que se entiende por reformas para relaciones sociales capitalistas o en transición dentro de su lógica, pueda ser igual para realidades en transición que se suponen nieguen paulatina y contextualmente ese tipo de interconexiones humanas, las que a su vez también son diferentes pero con conectores imbricadores propios, lo cual no niega los puentes o mediaciones que deben tenderse entre una y u otra cualidad.

De ahí que apelemos a vencer los vacíos científicos propositivos en ese sentido, pues hasta originan posiciones extremas, polarizantes por ejemplo entre reforma y revolución, según la postura de quien las asuma. A lo que se adiciona, la asunción sin procesamiento de pautas de intelección de las reformas en tipos de sociedades que se deben ir desigualando y donde se intenta aplicar lo mismo, sin clarificar ni organizar ideas y prácticas sociales, que se suyo son pautadas por la política, desde el conocimiento que poseen no sólo los políticos, sino además los científicos sociales que les acompañan, los cuales entran en susto ante aquellos que tienen la “funesta manía de pensar” e insinuar posibles deslices, aunque no sean a veces tan diferentes o “disidentes” como se pregona, siempre y cuando las interrelaciones humanas dialoguen[210] desde la pluryidentidad que las acrecienta.

Por lo que, a las puertas de los científicos sociales revolucionarios –sin abandonar el espíritu de lo que eso realmente puede personificar en su diversidad asimiladora- en materia de reformas en la transición al socialismo, se encuentran al menos dos tareas cardinales para insertarse en la dinámica actual y contribuir en dicho escenario a una conducción de su proyecto en concordancia y coherencia con las realidades actuantes en las que se desenvuelven, que acentúe en qué consiste lo alternativo, dónde se encuentran las novedades de los proyectos u opciones. Esclarezcamos, no cosas nuevas, por “nuevas”, sino de una manera cualitativamente nueva, donde aún y preñadas de “viejas” formas, comiencen a imbricarse, a robustecerse nuevos contenidos, y donde al menos, la sensibilidad humana no falte.[211]  

En primer lugar, apremia una evaluación desprejuiciada, multiforme que atienda lo más fidedignamente a las conexiones activas de lo acontecido en los diversos contextos transicionales, so pena de pecar una y otra vez con los mismos errores de no ser evaluados científicamente los mismos. Aspecto éste, en que ya se ha incurrido en más de una ocasión, aún y ante las alertas que muchos estudiosos y políticos, donde se incluye al propio Lenin, cuando criticaba con razón sobre el comportamiento errático de los liderazgos comunistas de su época, que contenía también al soviético. Todo lo cual dilucida, que el problema respecto al modo en que se toman las decisiones, al proceso cultural en general y político en especial, de cómo se construye de manera realmente nueva la sociedad a que se aspira a modo de negación positiva del capitalismo -de conformidad con la indicación diferenciante de Marx-, sigue estando sin solución aparente.

En segundo lugar, la reconstrucción del proyecto político desde la raíz hasta el fruto. Proceso éste último que necesitará de tiempo y concreción, ya que se encuentra intervinculado con la posibilidad de construir perennemente las herramientas científicas y prácticas –sin dicotomizarlas- loables para corregir a tiempo cualquier inevitable desviación del organismo social que transforman, desde lo sujetos históricos que gestan y se autogestan insertos en múltiples y entretejidas dinámicas del mundo que les desbordan más allá de sus enclaves concretos. Todo ello, asociado entre otros factores, a las tradicionales construcciones mentales lineales, deterministas y estáticas en que nos hemos acostumbrado a interactuar y de las que tanto cuesta desprenderse.

Sobre la importancia e incidencia de éstos aspectos se han aportado ideas múltiples por los científicos sociales, que recrean perspectivas dables en la contemporaneidad[212]. En publicaciones anteriores, la autora de la actual indagación propuso un examen de las reformas y del lugar que ellas podían ocupar en la transición al socialismo.[213] Hoy, ante los monstruosos episodios que vive la civilización a diario, y como acercamiento a una respuesta óptima -si se asumen objetivamente- considera a las mismas como una alternativa peculiar de este movimiento histórico social para resolver dilemas presentes en esas transiciones, tanto a escala nacional, como frente al lance global que impone la reproducción ampliada de las relaciones capitalistas mundiales y sus centros hegemónicos. Es decir, despertar una mirada reorganizadora, renquiciadora desde las situaciones existentes en dichas experiencias, antes que claudicar ante pabellones ajenos de los más variados colores, ropajes, e insinuaciones “humanistas” frente a los que podemos mostrarnos desnudos sin los conocimientos plurales en progresión pensante y actuante.

Profundicemos, el rango de importancia que ellas asumen, adquiere una nueva y superior connotación a la luz de las circunstancias actuales y como opción reconstructora del organismo transicional socialista en sus dimensiones y complejidades nacionales e internacionales, no como negación absoluta del reciente pasado sino propositiva distintiva e intervinculante.

Esto no indica, que a la opción reforma, se les confiera dones fuera de la inmanencia relacional societaria, ni que se las coloque a la altura de algo casi divino; por el contrario, su raigambre científica descansa en el proyecto marxista –que no se edificó en soledad, sino en perenne evaluación y confrontación con las realidades de los diferentes tiempos y problemas que atendieron-, y las raíces autóctonas en su natural concreción y en la capacidad real para acercamientos de mayor hondura y complexión, al atender a todos los tejidos que la conforman y que han sido enriquecidos por la praxis, en particular la propia transicional socialista.

El presente estudio se propone, entre otros aspectos primordiales, promover e incitar al pensamiento acerca de un problema vital de las experiencias socialistas, a saber: la necesidad perenne de balance histórico, teórico y práctico del proceso, en aras de corregir a tiempo y lo más cercanamente los inevitables desvíos y, en particular, la adecuación del proyecto transicional[214] sobre el que se erige la nueva civilización que se intenta fundar. Sin caer con ello, en negaciones absolutas o afirmaciones banales y vocingleras que enmascaran la realidad y sólo se mueven en el plano del imaginario y/o ideario, por lo que resulta imposible transformar y subvertir los órdenes imperantes, quedando en suspenso la tarea histórica de de aproximarse a concluir con la cosificación de la vida de los individuos. Pues siempre, hay “leones que no duermen”.

Cosificación que se puede deslizar, y de suyo se ha deslizado, en dichos procesos culturales y políticos, con modalidades diversas pero pertinentes a sus ensamblajes históricos peculiares. Ya que, “No es que todo sea bueno, ni que haya de disimularse lo malo que se ve, porque con cosméticos no se crían a las naciones, ni con recrearse contemplando en la frente inmóvil su hermosura; pero todo se ha de tratar con equidad, y junto al mal ver la excusa, y estudiar las cosas en su raíz y significación, no en su mera apariencia. (…) como aquél cuento indio, que porque tenía asido al elefante por una pata sostenía que todo era pata”.[215]

Resulta conveniente a la luz de los diferentes enfoques dados al problema de las reformas, en particular en la transición al socialismo, el poner en claro qué entendemos por ello, comenzando con esa necesaria distinción esclarecedora de: “de qué herencia partimos a cuál renunciamos” a partir de tender redes heterogéneas, para acercarnos a dotar a dicho proceso de un contenido diferente del que se le imprime y adjudica en el capitalismo, e incluso de errores en su cosmovisión e implementación en experiencias socialistas pasadas y presentes.

Desentrañemos esto, prestando atención una de las aristas del asunto: "No basta con titularse "vanguardia", destacamento de avanzada: es preciso además, actuar de modo que todos los destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza (...) es que los componentes de los demás destacamentos "son tan estúpidos" que van a creernos de palabras que somos la "vanguardia".[216]  Por lo que, no sé será más de avanzada en el pensar y hacer por lo declarado, sino por lo asimilado, procesado y actuado desde las esencias que pueblan la condición de vanguardia, parafraseando Lenin; incluso en el ejercicio de comprensibilidad de llegara tiempo a las reformas, arribo que en la peculiaridad marxista - leninista originaria significa no sólo desde arriba. Ya que el desde arriba, es propensión consustancial del león o leones que no se adormecen.

Reformar encarna modificación de lo que se propone, proyecta y ejecuta imbricadamente. Nos encontramos, pues, ante tres niveles que han de concebirse y conformarse simultáneamente en la medida en que se retroalimenten en su acción concreta entre ellos y otros aspectos. La acción de reformar proviene del latín “reformarse”, cuyo sinónimo es corregir y autocorregirse –macros y micros ámbitos de práctica interrelacionados-. Por tanto, el ejercicio de deliberar sobre el problema comienza con la determinación lo más precisa de qué se encuentra fuera o refuta en la práctica el objetivo social propuesto. Esto presupone un examen tanto al macro como micro mundo de las interrelaciones existentes y no el simple ejercicio de detectar fallas de lo que se presupone debe ser, por ser, de conformidad con la buena voluntad del promotor o promotores del intento. Y de los intereses que le acompañan, inclusive el de un mejoramiento existencial pautado desde las consideraciones o visiones que les asisten -por muy humanistas que sean-, pero no desplegadas y/o construidas desde las interrelacionalidad social.

Es llegar a dilucidar a fin de cuentas, qué se está siendo como resultado de una actividad o actividades que niegan la esencia plural desenajenadora[217] del proyecto y que existen a despecho de lo esperado y como resultado de una organización, estructura y funcionamiento real que no se encuentra en muchos casos ni siquiera constitucionalmente aceptado, pero que opera y se extiende en acciones concretas consuetudinarias que los individuos asumen conscientes o inconscientemente, las cuales tienen que ver con la inevitable “lucha por la existencia cotidiana”, al decir de Carlos Marx en los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, o con otras sucedáneas a ellas.

Por lo que se insiste, en que no se habla de desenajenar ya –como dado o fin en sí mismo, que tampoco lo es- desde linealidades o posibilismos impropios de las relaciones sociales, pues esto es un proceso y precisa ser pensado y actuado como tal.[218] Lo importante y evaluable en ese sentido, son las mediaciones graduales en sus formatos de medidas que abran camino e indiquen que se esta caminando hacia allá, en medio de riesgos e incertidumbres propias de los acaecimientos humanos. Tal aspecto, es refrendado también por L. Trotsky, en una experiencia transicional concreta, cuando distinguiera las causales de la deformación burocrática soviética.[219]  

Es adecuado puntualizar, que cuando se hace referencia a las reformas en la transición al socialismo desde la experiencia del marxismo –leninismo que es desde el espíritu en que se construyeron las mismas –al menos declaradamente- y que es nuestro aproximado objeto de estudio, se está constatando modificaciones sustanciales y necesarias, que en el orden de la acción concreta, aluden a corrección del proyecto social con relación a las necesidades de la dinámica social, las cuales reparen, restauren y supriman lo perjudicial que pueda haberse presentado en el transcurso de la experiencia transicional.

Esta actividad imbricadora e incluyente, permite al organismo socialista en formación salvar lo más cercanamente posible los inevitables errores, deformaciones, y avanzar a un perfeccionamiento ulterior en aras de una marcha sana y en constante crecimiento de valores y realidades, al profundizar en un diagnóstico más real del estado del país.

La vitalidad que se le imprime a una transición socialista, con una búsqueda constante para la correcta utilización del recurso de las reformas y autoreformas como movimientos inherentes a su condición alternativa, es esencial. Pues no sólo en el proceso se corrigen cuestiones generales, sino además individuales, permitiendo una flexibilidad correctora perenne, una articulación constante entre el objetivo genérico propuesto acorde a las peculiaridades de los pueblos y de los sujetos reorganizadores, lo cual da organicidad a los activismos humanos que van resultando como propios; ya que los hombres y mujeres presentes pueden convertirse en fuente constante de mejoramiento real, siempre y cuando el mismo logre discurrir de manera natural y acorde a los propósitos humanistas del socialismo desde el marxismo, lo cual implica infinitud y multidimensionalidad en su intelección y praxis.

Es por ello, que rescatar la teoría leninista acerca de las reformas[220] en los momentos actuales –con sus aciertos y desaciertos-, como el primer intento de sistematizar el recurso de las reformas en la transición política al socialismo, constituye para los marxistas una de las tareas más imperiosas e importantes, dados los resultados tan funestos acaecidos en la ex-Unión Soviética, en Europa Oriental y Central, y los desvaríos en otras experiencias actuales. Alcanzar cercanías a un discernimiento que desembarace, en qué medida una incorrecta valoración de este aspecto transicional contribuyó -y socorre- a tales consecuencias, es una reflexión válida para darle textura propia a la opción socialista como resultado de un balance científico de la experiencia acontecida en el siglo XX y lo que va del presente. Es decir, no es Lenin por Lenin, en el sentido de homenaje por homenaje, desde el “Marxismo” de comparecencias y no de esencias que ha acompañado al intento transicional socialista en sus anales, es por el contrario un intento científico de religar, dialogar y superar superándonos para el presente y lo porvenir, dado que fue precisamente él, quien coloco el asunto dentro de la concepción transicional socialista.

Ya que, se llamarán como se les llamarán en cada momento a los que proponían reformas o cambios –hasta enemigos del pueblo-, los análisis con relación a las reformas han persistido con debates reveladores, que van desde las sustanciosas y olvidadas polémicas de los años veinte, latentes y acalladas en toda la experiencia soviética y sus enclaves posteriores a Lenin. Continuadas también, dentro de los diversos encuadres de los reformadores de la Europa Oriental y Central, no sólo en los momentos del abandono de la opción socialista, sino que permanecieron durante décadas -visibles e invisibilizadas- hasta con documentos de unificación regional de dichos proyectos reformadores desde los años 1948-1949 en la ex Yugoslavia. Pasando igualmente con su impronta por Cuba, en la década de los sesenta y en otros recurrentes momentos ulteriores. Sin dejar de lado, los variados procesos en Asia que se encuentran en constate cambio con relación a la dinámica propia de las reformas en sus ambientes contextuales.

Por lo que, eludir científicamente una praxis histórica y presentar como nuevas y limpiecitas a las reformas ahora -o en los últimos decenios-, como invitación a aplicar o analizar, es amputar procesos científicos que poseen una tradición evaluable, no copiable, ni desdeñable. Dado que, por una ausencia analítica recurrente de la continuidad propia, por los apremios ante la magnitud de las dificultades que se presentan, se ha terminado por echar mano a lo que circunda y que no siempre propende a lo que se declara se va a reformar, entre otras posibles causales que han atentado contra las reformas en su especificidad transicional socialista.

Sin lugar a equívocos, las reformas, han constituido y constituyen uno de los problemas teóricos y prácticos más candentes en la construcción de una nueva sociedad. Resulta evidente que para muchos dentro y fuera de las propias corrientes marxistas, durante mucho tiempo la palabra reforma significó absolutamente regreso al capitalismo, abandono de posiciones, en fin, un sacrilegio –y no fuimos pocos a los que intentaron exorcizarnos cuando sólo comenzábamos a observar el asunto y sus varificadas historias, sin dejar entre renglones otras prácticas más violentas en múltiples regiones-. Esto se encuentra condicionado, entre otros aspectos, por la falta de conocimiento del verdadero enfoque de los clásicos al respecto como continuidad regenerativa, por ausencia de pensamiento interrogador de la realidad, o por una intencionada distorsión del mismo.

A lo que se adiciona, que ningún momento propositivo con relación a una concepción de reformas puede obviar la autoreforma de los sujetos presentes en la misma; y es precisamente sobre este aspecto, justamente él, el que menos ha movido a la meditación, se ha propiciado la teorización o mejor interiorización del mismo. Todo lo cual apunta, a que ni siquiera aquel paradigma de que: "El libre desenvolvimiento de cada uno será la condición para el libre  desenvolvimiento de todos", ha sido más o menos comprendido en toda su magnitud desenajenadora cambiante diversificadora, en fin humana.

Por tanto, el cuestionamiento de cómo se sienten -o se van sintiendo- en la intimidad de los intercambios o autointercambios los seres que experimentan las transiciones y transiciones que se producen en el entramado mundial societario, entre una infinita variedad de preguntas y preocupaciones existentes, desde lo pluralmente interno como aproximación comprensiva de entendimiento no se ha evidenciado. Ya que ni siquiera toman cuerpo en un discurso teórico verídico más allá de los desatinos del deber ser -desde el edulcorante imaginario-, que jamás está siendo, ya que no enderezan la mirada transparente al hombre o mujer en la totalidad y soledad de sus extrañamientos incluso compartidos, aunque no los confiesen.

Por “deslices teóricos” reflexivos de este tipo, ideas que he propuesto o pinceladas cautelosas con relación al individuo desde fuera y dentro interconexo -si eso es aprehensible- en ciertas dinámicas explicativas de procesos que incluso han devenido en opresivos por excluyentes, he sido censurada en otros intentos de publicaciones, en todos los casos por no “científicas o argumentadamente objetivas”, o por tener demasiada poesía”, desde la escala de valores de mis censores, que más parecen regentes de granjas –con o sin rebelión- que potenciadores de ciencia con sensibilidad científica.  

Sostengo entonces, con honda energía, que en tanto lo que se dice alternativo al capitalismo no se proponga penetrar también lo más limpia, abierta y cercanamente posible en los capilares individuales presentes en las redes de interacción humana, en contemplar lo contemplable para su veraz discernimiento y praxis como emancipación y autoemancipación conexa, no nos encontraremos en presencia de opciones desde y hacia la humanidad socializada. Donde lo macro y lo micro –si la expresión no nos traiciona el espíritu- tenido en cuenta, considerado en la partícula social en su internalidad y extrenalidad religante con el resto de la totalidad a reorganizar y por ende, de revolución gradual pero ininterrumpida pueda conducir a la construcción múltiple de una nueva cualidad en progresión civilizatoria, humana.

Por tales razones, continuaré insistiendo -con mejor suerte para su entendimiento en lo porvenir- desde aquello que nos legará Dulce María Loynaz, cuando desde la suavidad de su amor a lo humano aseverará como impulso y meta: “Yo seré como el río, que se despeña y choca, y salta y se retuerce… ¡Pero llega al mar!”.[221] Ya que, convencida del valor de tales ejes desenajenadores continuaré aprendiendo, avanzando sin precipitar la llegada al mar, pues en ese bregar, muchos me acompañan desde la soledad que implica el tener y expresar criterios, pero enriqueciéndolos en ese socializarlos, equivocarnos, volver sobre lo aparentemente aprendido y tensar al máximo la capacidad de pensar entre todos para el provecho de cada uno. “Criticar es el ejercicio del criterio. Destruye los ídolos falsos, pero conserva en todo su fulgor a los dioses verdaderos. Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella. Criticar es amar”.[222] 

Cuando Lenin enfrentó las dificultades para comprender, motivar e invitar al acercamiento de las masas para la reforma del proceso transicional que creaban por primera vez en la historia decía: "Un problema teórico: ¿Cómo explicarse que, después de una serie de acciones de lo más revolucionarias, se pase, sobre el mismo terreno, a acciones extraordinariamente "reformistas", pese a la marcha victoriosa general de toda la revolución en su conjunto? (...) "¿No será una "entrega de posiciones", un "reconocimiento de la bancarrota" o algo por el estilo? Como es natural, los enemigos (...) responden que así es. Pero están en su papel de enemigos al hacer, con cualquier motivo o sin motivo alguno, declaraciones de esta índole".[223] “(...) Pero también entre los amigos hay cierta (...) "incomprensión".[224]  

Es decir, el líder bolchevique conocía perfectamente el modelo mental de los enemigos y de los propios revolucionarios, a saber: crear un estado opinático adverso, liquidacionista respecto a cualquier medida en el caso de los primeros, y la rigidez doctrinal fruto de la ausencia de un dominio de la teoría, en especial de la dialéctica marxista en los segundos, entre otras ausencias propias de sus especificidades históricas.[225]  

Volver sobre éstas valoraciones de Lenin sobre los retos de las reformas en el momento actual parece que exceden, que ya han sido vistas, que hoy nadie piensa así respecto a ellas, con lo cual olvidan que sí fueron vistas así, y se comportaron con respecto a ellas con extremas negaciones y recelos. El error de continuidad o memoria histórica activa e intervinculativa, siempre es error de cosmovisión. Proveídos de tales posturas de intelección sobre la totalidad a transformar perspectiva e interactivamente, la misma queda desarticulada y segmentada hasta paralizar a los sujetos que se quedan sin asideros para entender los procesos y concebirse a sí mismos dentro de las múltiples dinámicas en que existen.

Por consiguiente, puesto que en sus inicios las reformas en la transición al socialismo encontraron frenos como los señalados por Lenin, -inclusive en el proceso cubano- es que no logran aproximarse a la corrección necesaria. Por lo que, un buen número de asuntos se acumularon, en tanto otros no siempre atinaron una salida óptima, entrelazándose las erradas soluciones con lo acumulado, entre una variada gama de engarces retroactivos.

De ahí, que las subsiguientes miradas correctivas no pudieron penetrar en la profundidad requerida, y ante los apremios propios que enfrentaban los proyectos no abrieron espacios de reconversión desde la génesis de los problemas, todo lo cual hace que hoy las complejidades que acompañan a dichos procesos sean más profundas. Por esas limitaciones y otras muchas, los intentos iniciales de darle curso dejaron de lado muchos ámbitos humanos en que dichos aspectos eran y siguen siendo válidos, articulables, ya que a veces el individuo sabe de reformas, por la prensa sí se les llama así, pero de su valor en lo que se supone construyen alternativamente, no es solamente que no lo sabe, es que ni se lo imagina.

Los primeros pasos para adentrarse en las reformas como alternativa desde la transición política al socialismo corresponden a Lenin, a las enseñanzas de esa práctica política específica, para la cual no existían aproximaciones científicas anteriores. Las que por tanto, y desde su propia visión, necesitaban por la cualidad que les distinguiría de ser pluralmente construidas, ya que jamás tal reorganización en el movimiento de reformas fue entendida por él como un 24 por segundos, linealmente, en un sólo sentido, a saber: como el triunfo, o la cadena de triunfos. Asomarse a su obra, a la crítica de su gestión en la dirección política de la revolución soviética, bastaría para que las afirmaciones anteriores no queden en suspenso.

Uno de los grandes lastres hasta hoy, con relación a la revolución y proceso transicional al socialismo, es la común y vulgar identificación de revolucionario con la de exterminador total de la vieja sociedad, lo que condujo en muchas ocasiones a perder el Norte en la utilización de los ineludibles puentes entre lo viejo y lo nuevo. Puentes que objetivamente permiten una continuidad no sólo en el sentido de movimiento histórico del fenómeno, sino existencial mismo, dado que brindan la posibilidad de utilizar correctamente por los nuevos sujetos sociales que van surgiendo los fundamentos materiales y espirituales que se heredan, e ir paulatinamente introduciendo nuevas cualidades de funcionalidad social sin saltos abruptos que descompongan los tejidos de actividad en los órdenes económico, político, social, espiritual, tradicional y psicológico, por citar al menos algunos de los más importantes.

Cuando Martí discernía sobre los complejos procesos humanos, con relación a los radicalismo sin basamento explicaba: “(…) Definir es salvar. (…) esos analizadores del cuerpo social, (…) reveladores de la naturaleza complicada de los pueblos, verdades que surgen de la marcha simultánea de sus elementos diversos, y necesidad de ajustar a ellas –para que no mueran, como feto sacado del cuerpo materno- las reformas más urgentes; revelar, en suma, la ley ineludible, la razón triunfante, el porvenir seguro, la esterilidad de la precipitación, la reacción que acarrea la rebelión inculta, el triunfo definitivo de la calma activa, -es ser caballero de los hombres, obrero del mundo futuro, cantor de alba, y sacerdote de iglesia nueva”. [226]

A lo que pudiéramos añadir desde la herencia marxista, que Marx también había aleccionado sobre el defecto básico de las variantes de comunismo grosero y vulgar de su época, las cuales descansaban precisamente en cuestiones de esta índole, asociadas a la condición de mortífero como sinónimo de comunista o revolución socialista; cuya tarea histórica era entendida por dichos pregoneros del comunismo como la de despojar para apropiarse de forma simplista, aquella forma que al decir del Marx, ni siquiera sobrepasaba al capitalismo como sistema o lógica sistémica, pues se concentraba en motivar a la extrema posesión por grupos concretos que encabezaban los llamados movimientos al socialismo[227i].

No es casual entonces, que tales absolutizaciones volvieran a revitalizarse en otras circunstancias, y que el recurso de la reforma venga en auxilio, desde un sentido de corrección no sólo del rumbo, sino además de ausencia de discernimiento sobre el rumbo de una revolución que da curso a un nuevo tipo de transición en las relaciones humanas en general y políticas en especial, las cuales actuaron más desde el optimismo en la voluntad –aspecto motivador necesario, pero no ciego- que de lo real y articulablemente posible; y por ende más desde proyectos políticos prácticos utópicos, que desde la utopía en general.[228i]  

En tal sentido puntualizaba Lenin: "No basta con ser revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general. (...) Es necesario saber encontrar en cada momento peculiar el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente".[229] Queda nítida la intención de utilización de mediaciones concretas que tributen a la totalidad que se abre paso de forma gradual, que demanda consecución en la medida en que se enlaza y desenlaza con la situación anterior buscando cimiento para la progresión esperada, al corregir en la misma magnitud que se corrige su quehacer, como vocación objetiva desde la ignoto que se va construyendo hacia lo conocido, desde articulaciones plurales que penetran y son penetradas constantemente por los sujetos del cambio propuesto.

Mayor hondura denota cuando embiste contra una de las aristas más vulnerables de su tiempo –y por qué no de los tiempos que corren -, en cuanto a la dicotomía optimismo en la voluntad y realidad transformadora, la cual ha teñido a muchos proyectos y estrategias transicionales de idealistas al originar profundas distorsiones en las relaciones sociales a todos los niveles, derroche, desgaste en fuerza y materia al punto de hipotecar los procesos, dado que no se han atendido las posibilidades objetivas acorde a los niveles de desarrollo, intentando saltar etapas para las que no se encontraban aptos -entre otras razones-, es decir exceso de utopía política en su formato de proyecto político alternativo actuante.

En tal sentido alertaba: "(...) uno de los más grandes y serios peligros para un Partido Comunista numéricamente pequeño, que como vanguardia de la clase obrera dirige un enorme país que realiza (por ahora aún sin apoyo directo de los países más avanzados) la transición al socialismo, es el peligro de separarse de las masas, el peligro de que la vanguardia se adelante demasiado, sin "alinear el frente, sin mantener un nexo sólido con todo el ejército del trabajo". [230]  

¿Por qué podía, y de hecho pudieron producirse esas rupturas conectoras en cuanto a consecución perspectivas transicionales socialistas? ¿Cuántas veces se ha repetido el mismo desafuero en cuanto a cosmovisión cambiante, diferenciante de abrirnos a la historia de esos procesos, donde sucedió y sucede por funesta adicción, que ni se conozca lo que sus propios inspiradores evaluaron al respecto en sus momentos, hasta a nivel académico, por sus “propios estudiosos”?. La organizabilidad social, al decir gramsciano, que debe surgir desde lo incierto, pero con intención conectora diferenciante desde su condición de proyecto alternativo acorde a las peculiaridades pero como desarrollo de eso propuesto y auto propuesto, tales esencias como que no logran abrirse cauces.[231]  

Con relación a cómo dar curso a una opción alternativa al capitalismo desde el marxismo-leninismo en su conexión conocimiento – praxis desde lo inédito pero articulante, Fidel Castro explicaba: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo. Parecía ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico concebido por algunos que se consideraban expertos en sistemas eléctricos. (…) tenía ideas espontáneas, como tantos utopistas hubo en el mundo. Después, cuando supe lo que era el comunismo utópico, descubrí que yo era un comunista utópico, porque todas mis ideas partían de: “Esto no es bueno, esto es malo, esto es un disparate”.[232]  

Por lo que, no bastaría nunca el juicio –o  enjuiciamientos comunes- de bueno o malo. El proceso de gestación socioplural alternativa a la cosificación y aniquilación de la vida pasa por complexiones de intelección y prácticas humanas de mayor complejidad, profundidad y continuidad para no desembocar en proyectos mastodónticos, triunfalistas e infalibles, mientras las brechas multilíneas falibles de los sujetos actuantes reales no los reviertan inexorablemente.

En tal itinerario, pero desde otro ámbito interconexo, Lenin sentencia: "No nos dejaremos dominar por el "socialismo de sentimiento". (...) Es admisible aprovechar toda clase de formas económicas de transición y hay que saber aprovecharlas, dada la necesidad de ello, para fortalecer la ligazón del campesinado con el proletariado, para reanimar sin tardanza la economía nacional en un país arruinado y extenuado, para impulsar la industria, para facilitar las medidas posteriores, más amplias y más profundas.[233]  

El socialismo de sentimiento, se ha encontrado presente en todo el movimiento al socialismo desde sus heterogéneas variantes, al olvidar que: “No se restablece la igualdad entre las clases, halagando la soberbia de los que, por lo que fueron oprimidos, están siempre dispuestos a ser exagerados en la petición de sus justísimos derechos”.[234]

En el caso que nos ocupa, su preeminencia se encuentra incluso antes del acceso al poder político, es más persiste y se metamorfosea por etapas, sin tener la misma esencia a la que Lenin apunta en su experiencia concreta. El sentimiento por lo alcanzado –socialista en gestación-, no puede generar temor, rigidez, ocultamiento de realidades discordantes con la cualidad que se declara se está construyendo ante la voracidad del habitad imperialista en que existen, dado que a la larga puede ser devorado ante sus propias inconsecuencias por ese ambiente hostil en el que incluso se escudó excluyendo a sus verdaderos artífices, ya por no encontrar alternativas imbricantes con la sociedad en coherencia con sus contenidos, ya por no proponérselo o por infinitas razones que se desdibujan de analizarse fuera de sus contextos.

Estos tipos de praxis reiterativa de socialismo de sentimiento, imbricadas a otras aristas que le son comunes como pueden ser socialismo anticipado, de entusiasmo, al decir leninista; generan respuestas sociales diversas a esos instintos emocionales y/o envolturas ideológicas justificativas de los rumbos políticos en curso, ya que no penetran en las esencias de lo que se proponen transformar y en lo que se transforma objetivamente, al adoptar inclusive formas de interacción humana ya superadas hasta por lo que se proponen fundar como nuevo. "Más de una vez ha sucedido en la historia, que el vencedor haya adoptado la civilización del vencido, si ésta era superior. La cultura de la burguesía y de la burocracia rusa era miserable, sin duda. Pero ¡ay! las nuevas capas dirigentes les son aún inferiores, 4700 comunistas responsables dirigen hoy a Moscú en la máquina gubernamental. ¿Quién dirige y quién es dirigido? Dudo mucho que pueda decirse que son los comunistas quienes dirigen".[235]  

El aparente callejón sin salidas al que la experiencia soviética se vio abocada por el socialismo de sentimiento y otras causales a las que luego nos referiremos, también se repitió en las condiciones cubanas, adoptando diferentes matices en sus momentos de balance. Por lo que, dadas las experiencias acumuladas y lo que se encuentra en juego que son los destinos de los pueblos en su agotadora marcha emancipadora, en especial el nuestro, urge revitalizarlo y repensar los senderos desandados para nuevas emergencias organizacionales en práctica y pensamiento: “(…) en los primeros años de la Revolución habíamos cometido errores de idealismo, porque hubo momentos en que queríamos saltar etapas, casi queríamos construir el comunismo. Caímos en un nivel de distribución igualitaria bastante grande, negativa, llegó a ser negativo realmente; no se puede construir el comunismo sin comunistas, y el comunista no nace, no surge por generación espontánea de un día para otro. (…) estábamos hablando de que casi queríamos saltar la etapa socialista y llegar al comunismo (…) Eran errores serios, eran graves; pero yo creo que son un poco más graves los errores que cometimos después, porque de todas formas en aquel período se desarrolló bastante el trabajo voluntario, la conciencia revolucionaria, el espíritu internacionalista”.[236]  

Obsérvense como los errores iniciales, comparados con los que aparecen como resultantes de las medidas aplicadas para corregirlos, en toda la variabilidad de interacciones que despliegan en sus causas-efectos -asumidas recursivamente- van conllevando a mayor gravedad y comprometimiento del proceso. Es por eso, por el recurrente riesgo a que conducen los tradicionales modos de encauzar las salidas a los errores -por más novedosos que parezcan cuando se toman-, el peligro al agotamiento los ronda y nos ronda. Es importante subrayar, -con independencia de la diversidad de elementos a considerar y realizando una abstracción orgánica- como el problema del socialismo de sentimiento a modo identificador de identidad política, sigue marcando y desvirtuando el rumbo y conllevando a mayores solapamientos de dificultades que no se solventan. Aspecto este medular a tener en cuenta por las nuevas experiencias que se gestan en el mundo, en particular en América Latina y su propia plural y conexa historia de luchas por la emancipación desde una vocación alternativa al capitalismo.

Proponerse rescatar el pensamiento activo en materia de reformas transicionales socialistas, intentando imbricar experiencias partiendo de Lenin, que por demás, experimentó el socialismo desde el subdesarrollo y comprobó sus potencialidades en un quehacer consecuente con su época, no es ocioso, por el contrario, prudentemente necesario a la luz de una continuidad histórica y de las necesidades de una práctica socialista que supere los defectos que la enfermaron y la hicieron fenecer, allí donde es más dolorosa y trágica su pérdida dado su significado para el movimiento revolucionario mundial, que ni siquiera pudo darse cuenta de lo que estaba sucediendo, pues las censuras de todo tipo nublaron “sentimentalmente” hasta el entendimiento. O, ¿acaso existen otras razones para no darse cuenta en las transiciones socialistas de lo que esta sucediendo?, ¿qué falta orgánica, estructural y funcionalmente -utilizando un lenguaje lineal más menos comprensible- para eliminar tales aspectos?

“Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que ustedes no la olviden nunca, pero es la pregunta que dejo ahí ante las experiencias históricas que se han conocido, y les pido a todos, sin excepción, que reflexionen: ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario? Cuando los que fueron de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo hacerlo? Si nosotros, al fin y al cabo, hemos sido testigos de muchos errores, y ni cuenta nos dimos.

Es tremendo el poder que tiene un dirigente cuando goza de la confianza de las masas, cuando confían en su capacidad. Son terribles las consecuencias de un error de los que más autoridad tienen, y eso ha pasado más de una vez en los procesos revolucionarios.

Son cosas que uno medita. Estudia la historia, qué pasó aquí, qué pasó allí, qué pasó allá, medita lo que ocurrió hoy y lo que ocurrirá mañana, hacia dónde conducen los procesos de cada país, por dónde marchará el nuestro, cómo marchará, qué papel jugará Cuba en ese proceso”.[237]  

Las ideas expuestas en noviembre del 2005, en el Aula Magna de la Universidad de la Habana por Fidel Castro, aproximan ejes a socializar con el resto de las experiencias transicionales, la nuestra y su historia de manera activa, pero aún no pueden responder en profundidad las interrogantes que anteriormente bosquejamos, dado que esas respuestas han de producirse conjuntamente, desde la diversidad que entreteje preguntas. Un síntoma común con tales áreas problémicas –tocables o no según los tiempos o los vientos que pueden ser de cuaresma- es que cuando se asumen críticamente desde el discurso político, sin realizar un seguimiento y análisis de posturas de la figura en cuestión, aparecen lecturas tan polarizadas, que cuando uno se sumerge en ellas, puede sentir hasta la sensación de una sociedad pensante paralizada desde el plano de reconversión articulativa de los problemas.

Así no encontramos hoy, a partir el discurso de Raúl Castro del 24 de Febrero del 2008, quienes esperan que el liderazgo se suba “la manga al codo”, o “vuelva a sacudir la mata” -según el refranero popular- para resolver las dificultades. Por tanto, el polo de la solución queda fuera de ellos, suspendido en posibilismos agotados por la praxis social que de ésta manera no está transitando a socialista. Otros, simplemente refieren o citan lo enunciado por la figura para no quedar mal parados en los ambientes en que despliegan su labor, mostrándose así “analíticamente flexibles”, sin argumentar objetivamente lo que se les pregunta que realmente desborda el discurso o discursos; es decir la alocución se convierte en escudo para no analizar socializadamente lo posible a examinar.

Asimismo sucede, que los que han señalado el asunto o asuntos se sienten salvados y confirmados por la historia, sin aportar nada más, exclamando reiteradamente “menos mal que Fidel lo dijo y Raúl lo retomó”. Aunque obviamente se encuentran los que siguen dando continuidad a sus plurales miradas, apostando por continuidad y análisis genético para poder avanzar el proyecto. Por otro lado, están los eternos acuñadores de la sospecha, que sonríen y dicen, “vamos a ver cuantos caen en esta apertura o redada”, sin tensar el pensamiento con las épocas y sus apremios. De alguna manera, en cada postura o en todas ellas conviviendo se evidencia como la mentalidad de colonia pervive, al decir martiano. Aquella que se afinca en la inercia, que no sacude la modorra y crea, pues la comprensión y soluciones quedan siempre fuera del entramado social y de cada individuo de donde surgen.

El arco iris de posiciones es infinito, pero posturas como algunas de las descritas evidencian rupturas tradicionales que pueden ser profundas en el pensar y en el hacer, en la comunicación e interacción cotidiana de la sociedad, que amputan o pueden impedir una llegada a tiempo a la solución de las contrariedades persistentes, retardando procesos que urgen ser encaminados, indudablemente, sí lo que construimos ahora son reformas dentro de lo transicional socialista como alternativa que supera las aproximaciones transicionales anteriores y el capitalismo mismo. 

Por lo que sé es del criterio, de que las reformas, en su especificidad alternativa transicional socialista de construcción múltiple no han encontrado tampoco los cauces óptimos a su potenciación. Una revolución puede y debe utilizar el recurso de las reformas, que también velará por el defecto de socialismo de sentimiento en la pluralidad de sus conocidas o posibles apariciones. La idoneidad de ellas depende de las condiciones históricas concretas que se conformen en el país en cuestión y que demanden los mal llamados métodos "reformistas" –que ya no se llaman así hoy; ya que, “los molinos Sancho no eran de viento, sino de tiempo”- como modo de corregir y perfeccionar el rumbo del socialismo; o la comprensión de qué encarna, desde la actividad humana a transformar en su totalidad transición al socialismo y no snobismo, y menos aún “reformas” para lo mismo.

Lo imperdonable para lo revolucionario, es obviarlas allí y donde por regla se impongan, permitiendo la acumulación de problemas, la precariedad en la vida de los sujetos, el retardo en el desarrollo científico-tecnológico, el divorcio de las consignas y la práctica, el florecimiento de la doble moral, la mediocridad y la inercia actuante. Apasionarse con una transición puramente comunista, o mezclarlas indiscriminadamente con otras esencias ajenas a las articulaciones desenajenadoras pudiéndose articular y tender puentes inteligentes, es vivir de espalda al mundo en que vivimos, es condenar el proceso a accesos de tos prolongados y a una asfixia total. Pero peor aún, es declarar que se va a reformar a lo transicional socialista desde las fuentes plurales que le conforman, es decir rescatar la identidad autóctona que pudo perderse por el camino, y que no se evidencien ni en lo teórico ni en lo práctico esas cosmovisiones que se deben considerar regenerativamente y no autoritariamente, porque para eso hace falta movilización real, contribución objetiva que revierta lo agotado

El movimiento civilizatorio -en particular en la época imperialista- no transcurre de manera lineal; las convulsiones sociales propias de la era en que vivimos serán las eternas compañeras a tener en cuenta en un mundo internacionalizado, donde todos dependemos de todos y en el que, por tanto, las diversas alternativas que se gestan sufrirán las conmociones que sacudan a todo el planeta, serán penetradas y penetrarán con su impronta –sea cual sea- en el entramado universal en el que existen.

Las inconsecuencias estratégicas y tácticas en la correlación reforma-revolución y viceversa, sirven de caldo de cultivo a la labor de las fuerzas hostiles a la transición al  socialismo, así como para las que levantan banderas en su favor sin analizarlas o evaluarlas, lanzándose a proyectos para los que no existen condiciones aproximadas para su encauce o viviendo de ellos, de lo que fue preciso hacer para mantener la independencia en un planeta donde prima la injerencia desbocada. De ahí, la importancia apreciar qué hacemos en cada momento, por qué se hace, cómo se potencia y autopotencia la construcción de la participación de los sujetos desde ellos mismos, no únicamente para que comprendan, sino para que se conviertan en parte activa en la elaboración del proyecto reformador, no exclusivamente para “legitimarlo” sino para articularlo. Entre otras razones, para que dejen de ser reformas impulsadas desde arriba, y se conviertan en dinámicas simultáneas imbricantes interdependiente y autogestantes, donde “el abajo y el arriba” desista de ser objeto de mofa –hasta se les atribuye la condición de cachumbambé- cuando no se asumen científicamente los procesos sociales.

Las mediaciones interactivas para la reorganización civilizatoria hoy desde sus complexiones epócales, entroncan con valoraciones científicas dispersas por el propio pensamiento Marxista sobre la transición al socialismo, donde los de abajo[238] y los de arriba, obviamente persistirán hasta como explicación, pero en construcción gradual sin presuponer uno o varios cómo arquitectónicamente modelados hasta la saciedad –eso es un absurdo pedirlo o proponerlo ahora, ya que nunca existió en el propio marxismo-, las aproximaciones para un nuevo continente según los nuevos contenidos que se gesten deben ir encauzándose develándose. Con lo cual, la experiencia acumulada  se convierte en un eje imbricador de los estudios desenajenadores de todos los tiempos, en sus condicionantes temporales características. Aspecto que siendo tan vital como contribución de praxis se propende a desestimar, ya por lo “muy conocido” sin conocerlo, por lo último que se conoce o la moda en eterno litigio con lo necesario, lo urgente.

Si observamos el pensamiento clásico, podemos apreciar que las reformas en materia de estrategia y táctica ocupan un lugar importante, tanto en la etapa de la lucha revolucionaria por el poder político, como en la transición, al adoptar en cada una de ellas un contenido específico acorde con el desarrollo del proceso revolucionario. Con relación a sus conflictualidades, Martí adicionaba ideas importantes a no dejar de lado, en cuanto a las peculiaridades de las interacciones humanas y sus significados para los procesos de reformas: “Las reformas, como el hombre mismo, tienen entrañas de justicia y veleidades de fiera. Lo justo, a veces, por el modo de defenderlo, parece injusto; y en lo social y político acontece, como en las querellas de gente de mar y de suburbio, que el puñal de ancha hoja con que dirimen sus contiendas de honra, da a éstas semejanza de delito”.[239]

Por lo que, dadas las incongruentes y excluyentes formas históricas de aprehenderlas, sus asunciones sin cambio de contenido real lo que ha acumulado problemas y perdidas de sus significantes posibles para el socialismo. Todo el reordenamiento de su concepción y viabilidad pasa también por complejos factores de asimilación, que incluso pueden implicar una mirada a las mismas como “delitos o atentados contra la integridad y seguridad personal o de grupos” a todos los niveles de interrelaciones, asentadas por y para la supervivencia en un ambiente deformado. De ahí que empiecen los desvíos y acomodamiento de sus lecturas a las circunstancias de aquellos que “acuden espantados a decidirlas”, o de los que aún no toman decisiones reales y “dicen que participan en esas decisiones”.

Algunos ejes que la experiencia en materia de reformas acuna indican la necesidad de meditar para su implementación son entre otros posibles:

-Grado de agudización e interrelación de las contradicciones sociales y de clases a escala nacional e internacional.

-Estructuras, organización y funcionamiento económico y social, así como el nivel cultural heredado, y al que se le ha dado curso en la experiencia transicional socialista.

-Cultura y socialización política alcanzadas imbricadas e interconectada con el resto de las esferas de actividad humana.

-El estado real del país a partir de las medidas revolucionarias aplicadas y su efectividad y eficacia.

-Los inevitables errores de la dirección política al aplicar su proyecto social de transición. (Sobre estos dos últimos elementos volveremos a referirnos más adelante).

Desde otro ángulo, las reformas en la transición socialista deben proponerse inmediaciones que equilibren imbricadamente los métodos y los objetivos socialistas, como acercamientos heterogéneos, versátiles, pero actuantes. El problema central se encuentra referido, por tanto, a la inserción del sujeto de la actividad transformadora -a lo transicional socialista- en dicho sistema, al permitirle una mayor participación en la toma de decisiones, al elevar su nivel de vida y, con ello, el interés individual, articulando, estableciendo mediaciones aproximadamente idóneas y cambiantes, no dormitantes una vez que se elaboren las medidas para un tiempo que no es estático, ni unidimensional, por el contrario pluridimensional.[240]   

Otro aspecto importante a considerar en la experiencia es la aplicación de las reformas en la justa medida. ¿Qué entender por esto?, que no siempre es esto: "(...) no demoler la vieja estructura social, económica, el comercio, la pequeña hacienda, la pequeña empresa, el capitalismo; sino reanimar el comercio, la pequeña empresa, el capitalismo, dominándolos con precaución y de modo gradual y obteniendo la posibilidad de someterlos a una regulación estatal sólo en la medida que se vaya reanimando".[241]   

Esa "justa medida" expuesta por Lenin fue la línea que caracterizó la reforma en la URSS con todas sus secuelas zaristas, autocráticas y capitalistas deformadas: ¿Pero puede acaso ser la justa medida para toda transición? No, la justa medida sólo se refiere al socialismo=desenajenación como objetivo presente en las medidas de corte "reformista". La dirección política en íntimo correlato con el individuo y el pueblo debe sopesar qué formas transitorias incluso presocialistas corresponden a su nivel, exigencia y riesgos, cómo ponerlas en función de un repliegue circunstancial –en el caso que sea lo que se demande- que reanime al país y permita pasar después a formas superiores que evidencien progreso real. A lo que puede añadirse, que no siempre tienen que significar retroceso a formas anteriores, pueden y de suyo deben considerar formas de gestión que no han sido atendidas o han sido subvaloradas por el camino y que son típicas de las relaciones capitalistas, incluso novedosas en cuanto a control u otro particular referido a la reproducción de las relaciones humanas que han de ser asumidas de manera ampliada, las cuales se irán armonizando bajo una nueva cualidad de actividad y de gestión de corte transicional socialista.

El aparente retroceso al capitalismo que en todas ellas se ha presentado durante el transcurso de la elaboración del diseño e instrumentación de las reformas, se encuentra condicionado por el hecho real, de que todas las experiencias socialistas del siglo XX  y de las que transcurren en el XXI, han avanzado en el proceso de estatalización y de declaración de socialización socialista más allá de sus posibilidades reales y de la realidad de lo que ha sucedido o esta sucediendo, y es precisamente por ello que se han visto obligadas, para corregir el rumbo anticipado del “socialismo”, a restaurar relaciones sociales supuestamente superadas, para poder restablecer los tejidos que la voracidad del socialismo grosero -según Marx- podía o había roto en su afán de creer o parecer ser más socialista que la propia teoría que había que enriquecer o praxis objetiva.

No es menos cierto, conjuntamente, que las condiciones en que se ha desarrollado el enfrentamiento a la nueva reorganización social tanto en el plano nacional, como internacional, han acelerado la radicalización del proceso, pero ello no descarta, como el propio liderazgo socialista ha reconocido -en especial V. I. Lenin- que era posible haber aprovechado otras formas transicionales asociadas a sujetos sociales no totalmente comprometidos con el enfrentamiento clasista, en favor de abrir el camino al propio socialismo, o cómo pueden ser puestas al servicio de la transición formas típicas de las relaciones capitalistas, capaces de optimizar el rendimiento social bajo la dirección  y supervisión de las masas, de los sujetos en autoemancipación, mediante y por las múltiples mediaciones que son ineludibles.

¿Cómo instrumentar las reformas? Esa la pregunta precisa y el reto de las revoluciones como creaciones porque, además de sus propias complejidades intrínsecas, chocan con ingredientes de tipo psicológico-social de gran envergadura en la praxis propia de la sociedad que trascienden más allá de la problemática cognitiva y tienen que ver, entre otros, con hábitos, costumbres de interconexiones no ya característicos de la dinámica anterior sino de la deformada que el propio socialismo ha practicado y se ha legitimado lo queramos o no.

Es pertinente destacar cómo uno de los aspectos metodológicos centrales de este examen, es que no pretendemos con el mismo proponer un calco de la experiencia reformadora soviética del período que estudiamos o de cualquier caso que se someta a examen, ni de ninguna otra que las haya aplicado antes o en la actualidad, pues cada proceso ha de ser original y por ende inédito, pero ha de discurrir no desde la nada, sino levantando el conocimiento y evaluación de lo acontecido y lo que acontece, religando siempre la construcción múltiple que le acompaña, en la que raras veces nos detenemos para organizar las ideas y las prácticas.

Por lo que, aspiramos a abocarnos cautelosamente a valorar las mismas en sus justas dimensiones, a revitalizar su estudio durante mucho tiempo olvidado -y que se continua subestimando, aún y cuando las reformas se están aplicando-, a estimar al mismo tiempo lo que pudo evitarse y lo que era inevitable dadas las complejidades de cada momento en que se desarrollaban las mismas, y evaluar lo utilizable y no utilizable en las condiciones actuales como alternativa fecundante para mantener y brindar una nueva cualidad al proyecto socialista. Ya que sé es del criterio, que las reformas en la transición al socialismo, no pueden utilizar presupuestos científicos metodológicos para ser analizadas, o sociales para ser aplicadas en los distintos niveles u ordenes como se realiza dentro del capitalismo, sentido este al que a veces se deslizan sin percibirlo. De tal suerte que, desde la óptica marxista, levantemos a su memoria histórica hasta el lugar que todo balance científico exige, en especial, porque el socialismo también tiene historia en materia de reformas y ciencia en sus apreciaciones.

El exergo que preside este análisis, evidencia como desde su tiempo, el Apóstol se alza en la intelección diáfana del significado de los intereses y de su condición de amos del universo, toda vez que ellos, orgánicamente estructurados y funcionando en cualquier entramado relacional, pueden -y de hecho ha sucedido- abortar una experiencia transicional del tipo que sea una vez que se acentúan como hegemónicos; al defender abiertamente los intereses de grupos específicos asentados en el poder, lo que limita o da curso tardío al recurso de la reforma sólo cuando el proceso se encuentra en crisis, o a punto de caer en crisis y ellas vienen como anillo al dedo de aquellos que las negaron, y ahora las impulsan para otros fines con medios cada vez más sofisticados. De ahí, entre otros, los desvaríos en materia de reforma, las mezclas de sus asunciones, una vez que la vida los plantea como imperativos

Por lo que, el asunto de las reformas posee una larga historia muy anterior a las transiciones socialistas, que no puede tampoco desentenderse de esa experiencia. Ya que en los anales de las reformas impulsadas desde arriba, existen más peligros que las construidas más allá de la geometría aplastante que proviene de las ciencias que se ocupan de la política -de desde abajo o desde arriba- y que reflejan las ausencias de métodos de distinción incluso orgánicos, al decir de Gramsci, para asumir los problemas civilizatorios de todos los tiempos.

La historia de las reformas en la transición al socialismo muestra innumerables ejemplos de negación de su necesidad, de tardía comprensión e implementación, y asincronía en su aplicación, todo ello marcado en gran medida por los intereses. ¿Qué intereses y compromisos establecidos se precisaban romper para salvar el sistema transicional socialista, sanear su funcionamiento y elaborar una concepción lo más integral posible de las reformas, al eliminar todo lo que al amparo social medraba y explotaba? Aspectos de esta índole estuvieron presentes en las ideas que con respecto a las reformas en el socialismo aparecieron en Europa Oriental y Central, así como en la URSS, o la propia Cuba por citar algunos casos.

Los aspectos relacionados con la negación, tardía comprensión e implementación, y asincronía en la aplicación de las reformas en las experiencias a que nos hemos referido, son fácilmente constatables. Tomemos por ejemplo la propuesta leninista de reformas de la década de los años veinte. Con relación a ella, primero se observó una fuerte resistencia a su aplicación, luego sólo se tuvo en cuenta el aspecto económico que proponía -entiéndase por ello la NEP- olvidando así la integralidad reformadora que Lenin había elaborado -con sus defectos, pero que había empezado a dar frutos-, la cual abarcaba a todas las esferas sociales, en particular la política, donde se habían presentado serios problemas de burocratización y corrupción. Por lo que, una reforma parcial -económica- condujo a una distorsión del sentido corrector del empeño, con lo cual, lo que quedó de ella -podemos llamarla neo-NEP- durante el período del llamado "desarrollo a paso de tortuga", liderado por Nicolás Bujarin y con el visto bueno de Stalin,[242] inexorablemente condujo genéticamente a todo lo que vino después.

En el caso de la Europa Oriental y Central, el calco impuesto por la experiencia socialista soviética a partir de su posición dominante en dicho enclave, llevó a reproducir fenómenos similares en el orden de la aplicación errada de las reformas. Pero si analizamos el decurso histórico de las mismas, allí y donde el movimiento reformador, supuestamente libre de la injerencia de Moscú aplicó su proyecto reformador, es apreciable cómo este originó serias desproporciones no sólo por causa de las asincronías relacionadas con la aplicación de reformas esencialmente económicas, sino además porque se apartó de una alternativa socialista en la medida en que la tecnocracia, emparentada con la burocracia existente, obvió el necesario control e inserción social desde abajo y, de hecho, el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad hipotecando su futuro, ya que hizo depender el mismo fehacientemente de los préstamos de Occidente entre otros errores que pudieran inventariarse.[243]   

Las reformas al chocar con los intereses, los hábitos y costumbres deformadas, así como con estructuras socio-económicas, políticas y espirituales en crisis o a punto de caer en crisis, originan en muchos casos situaciones de retroceso e incluso pérdida de la opción socialista.

Lo que queremos precisar es que, si no se vence a tiempo la incomprensión, entre otros factores, el destino de las reformas puede ser funesto. Su proceso natural de inserción en el proyecto socialista se pierde, y con ello su verdadero papel. Llegar a ellas a tiempo, es alcanzar un repliegue menos profundo y violento, que permita evolucionar desde el capitalismo a través de formas transitorias mixtas al socialismo, preparando el camino y la psicología social para usar en cada caso que se precise medidas reformistas, que abarquen espacios más o menos amplios del organismo social. Esto desde las condicionantes que le fueron propias a esas peculiares experiencias transicionales socialistas.

Todo lo cual permitirá, en primer lugar, que después de un balance de la experiencia acumulada, no se vuelvan a repetir errores similares a los que hemos analizado. Precisamente en este punto se encuentra una de las motivaciones fundamentales que nos asiste al revisar y valorar el arsenal atesorado en materia de transición al socialismo acontecida. Y, en segundo lugar, que en la medida en que se avance en la elaboración consecuentemente social de los diseños transicionales, las reformas poseerán otras peculiaridades distintivas al sello capitalista que hasta hoy día les ha acompañado. Por lo que recalcamos, en concordancia con lo expuesto, que los contenidos de las mismas dependen de los problemas concretos a resolver en cada país y en cada momento histórico en cuestión en que se precisen las modificaciones.

Queda por resolver en qué etapas de madurez y desarrollo de las relaciones sociales socialistas son viables las reformas. Si sé es consecuente con los aspectos tratados en este trabajo y con el criterio leninista, reformar no significa destrucción total de lo viejo (incluso cuando lo viejo pueda en un momento dado ser un modo socialista que ha agotado sus posibilidades y precise un cambio), "transformar cautelosa, lenta y gradualmente procurando demoler lo menos posible".[244] Por tanto, reformar el organismo social en la transición al comunismo –desde el espíritu de universalidad de Marx- es válido en cualquier etapa o estadio de desarrollo; por ello definir el contenido reformador es vital para el destino del proceso, incluyendo y no excluyendo al sujeto histórico en su construcción como praxis inherente, sino nunca se acercarán a ser lo que dicen estar siendo.

Entre los aspectos a tener en cuenta para la aplicación de las reformas, y que son además causales de ellas, apuntamos el estado real del país y los errores de la dirección política al aplicar su proyecto social de transición. Consideramos estos dos muy significativos y, al mismo tiempo, primarios en cualquier análisis referido a ellas.

Un error presente y recurrente hoy en la mayoría de los procesos de transición ha sido "el socialismo anticipado", el cual ha conducido en muchos casos a la aparición del descontento justo en amplios sectores populares, descontento que, al acumularse sin encontrar salidas oportunas, ha desembocado en múltiples ocasiones en estados generalizados de crisis. Tal circunstancia de apresuramiento en las medidas que se toman y a las que se le dan curso, también es característica de otras alternativas sociales, con lo cual la carga de subjetivismo toma cuerpo en hombres y mujeres no aptos para los objetivos que se le proponen ya por preparación cultural en general, como por las diferentes direcciones en que se desenvuelve la actividad humana. Todo lo que indica, que los problemas acumulados no pueden instituirse como justificación para tensionar más al organismo societario en aras de tributar a la “libertad”. Las reformas en la transición al socialismo es un proceso donde se entretejen múltiples ángulos que deben ser armonizados respetando al sujeto y su capacidad creadora.

Con relación a este aspecto medular, Lenin reflexionaba: "Esta crisis interna puso al desnudo el descontento no sólo de una parte considerable de los campesinos, sino también de los obreros. Fue la primera vez, y confío en que será la última en la historia de la Rusia Soviética, que grandes masas de campesinos estaban contra nosotros, no de modo consciente, sino instintivo, por su estado de ánimo. (...) La causa consistía en que no nos habíamos asegurado una base suficiente, en que las masas sentían lo que nosotros aún no pudimos entonces formular de manera consciente, pero que muy pronto, unas semanas después, reconocimos: que el paso directo a formas puramente socialistas, a la distribución puramente socialista, era superior a las fuerzas que teníamos y que no estábamos en condiciones de replegarnos, para limitarnos a tareas más fáciles, nos amenazaría la bancarrota.[245]  

Cuba en su revolución democrática, agraria y antiimperialista primero y transicional socialista después, sufrió también tal avalancha y precipitación en objetivos socializantes, sobre todo en el aspecto de la conciencia y de su evolución objetiva en formación. Como consecuencia de la asimilación de los errores cometidos, se iniciaron  hacia la década de los setenta procesos de rectificación de los objetivos programáticos y se determinaron las formas concretas para corregirlos, aunque la experiencia histórica ulterior demostró que no se solucionaron muchos de los asuntos entonces existentes, sino que se acumularon entremezclándose con nuevos problemas que persisten hasta hoy como se esbozó con anterioridad.

Tal circunstancia rectificadora, no ya en el sentido del "socialismo anticipado", vuelve a estar presente a mediados de los ochenta, en que se inicia un proceso para enmendar el rumbo y mantener la opción socialista, ante nuevos y superiores desafíos que ahondaron las diferencias sociales entonces existentes y que en la actualidad se entrelazan erráticamente. En esos momentos, algunas de las cuestiones que afloraron se asociaron directamente al mecanicismo de corte economicista[246], aunque los descuidos y errores fueron más totalizadores, más profundos que los balances realizados, ya que tocaron los cimientos culturales de la nación en todos los sentidos.    

Por lo que, la experiencia acumulada enseña que el proyecto transicional no puede conformarse con quimeras ni buenas intenciones, es importante sopesar el estado real, las posibilidades concretas de enfrentamiento con las relaciones sociales capitalistas, argumentando científicamente los pronósticos y preparando al hombre para la nueva cualidad. Dado que entonces aparece la tendencia a reformas en el sentido de economicismo, que como se ha planteado antes se verificó en la ex URSS y la Europa oriental y central avanzado el proceso y dentro de dicho movimiento corrector, a los que también se suman la propia experiencia China en los balances correctivos que han realizado en el movimiento de utilización de los mecanismos de mercado por el plan, a socialismo de mercado. Tales miradas también rondan las reformas hoy en Cuba, sobre sus significados reales se debe volver de forma más inteligente.

La gradualidad y aproximación colegiada, socializada de los rumbos apremia ser retomada por los cubanos, pues la experiencia enseña, que todo intento de salto como visión de más socialismo puede conducir a una encrucijada de la que es difícil recuperarse, pues la acumulación de problemas no encuentra salidas desde la cualidad de donde se dice se interactúa, ya que no se adentra en los capilares sociales, los cuales toman cursos insospechados de reproducción de la vida como opciones individualizadas.

Así se va generando la pérdida de credibilidad en el proyecto, y otras secuelas peores en el sujeto que participa en ellas, y puede dejar de creer en ellas cuando se nubla de tanto en tanto la esperanza, y la precariedad de la subsistencia se va haciendo más palmaria en ese ponerse en pie la vieja correlación muy popular en el refranero cubano del “vivo y el bobo”, ahora entendida como: “aquí no hay vida pá los mareaos” en todos los ámbitos de reproducción de la existencia. Por lo que, las relaciones de poder, venidas entre otras, de posibilidad de sujeción de variada tipología, toman cuerpo en una lucha frontal entre “iguales” donde las señales transitorias en su agudización pueden ir de: “lo mío primero”, a “defiéndete tu que yo me defiendo como pueda”, hasta “juégala tú si puedes, que yo ya la jugué”, aunque fuera de los escenarios donde reproducen su vida cotidiana puedan ser hombres y mujeres heroicos en esa controversialidad que matiza la vida.

La valoración de las posibilidades y perspectivas contenidas en un conocimiento minucioso de las variables económicas, políticas, culturales, tradicionales, entre otras muchas, que pueden ser obtenidas mediante la sociología, las estadísticas y otros recursos que permitan esclarecer el estado tanto al macro como micro nivel de la actividad social y sus interconexiones, son herramientas claves en un accionar revolucionario y reorganizador. Por lo que, las Ciencias sociales y toda la labor investigativa y contributiva de sus estudios debe ser tenida en consideración, integrarse a la progresión que se dice revolucionaria midiendo la eficacia del proyecto en todos los niveles de interconexión social, pues las formas de manifestación de lo que pasa por muy marginales que parezcan son expresiones abiertas en todos los escenarios incluso los más ilustrados que operan con otros barnices. Algo así, como lo que entonan en su último CD Catalejo, el grupo cubano Buena Fe: “De cada cual según su trabajo, a cada cual según su picardía”.

La alternativa no es en sí misma la alternativa, si no las alternativas. La pluralidad de aristas y enfoques debe primar para aproximarse lo más certeramente al progreso, a la armonización que legitime un propósito en avenencia con todas las urgencias sociales, que cuente con todos y para el bien de todos en una ruptura con una tendencia al segmento, a la fracción y a la ausencia de ponderación racional y relacional de manera perpetua como modelo mental de crecimiento que es dialéctico y no detenido y que puede, por la potencia que adquiere en su interior, utilizar todas las formas de interacciones que le permitan el ascenso a lo interno y en el enclave mundial. Las letras musicales universalmente compartidas en supuestas circunstancias de relaciones sociales diferentes, permitirían tomar el pulso al planeta y a contextos más estrechos que espiritualmente se entremezclan más allá del ritmo. Ya que como dice la letra de una canción de autoría cubana: “Esta es mi ciudad, y me sienta bien, el problema es internacional”.

"Dada nuestra incultura, - apuntaba Lenin - no podemos arrollar al capitalismo, atacándolo de frente. Si estuviésemos a otro nivel cultural, podríamos resolver el problema de un modo más directo, y tal vez lo resuelvan así otros países cuando llegue el momento de estructurar sus repúblicas comunistas. Pero nosotros no podemos hacerlo de un modo directo".[247]  

La advertencia leninista es válida, por cuanto los países civilizados han cerrado sus puertas a los que intentan civilizarse, es más, ni siquiera tienen la posibilidad de existir con toda su masa humana desangrada y desarraigada por siglos de exclusión. Por tanto, qué y cómo potenciar ese tejido históricamente dañado para transitar a una solución de sus precariedades, es un duelo que sólo se resuelve avanzando unidos y lentamente, ganando espacios efectivos y afectivos de reordenamiento y, por sobre todo, elevando a los pueblos a una cultura que tribute al desarrollo unánime y variado de sus necesidades en todos los órdenes.  El enfoque asumido no encasilla el estudio en los pueblos en circunstancias más alarmantes de supervivencia, por el contrario, los aspectos que se someten a valoración también son típicos de las conexiones activas de los hombres en sentido genérico, lo cual sienta pautas para un levantamiento de sus especificidades y adéntranos en soluciones que tributen a sus condiciones concretas.

El socialismo anticipado o la anticipación de medidas en diversas alternativas emancipadoras que se han experimentado frena el desarrollo de las fuerzas productivas, atrofia todo el proceso de intercambio en particular el que se produce entre la ciudad y el campo, desencadena una economía deficitaria en ascenso y crónica, que desemboca en muchos casos en el hambre entre algunas de sus secuelas. Lo terrible de estos procesos, es que su resultado: la crisis, sólo es tangible a largo plazo, presentándose la vaga idea, incluso, de un aparente desarrollo en el período de incubación del mal, lo que impedirá una reproducción amplia de las relaciones socialistas o de cualquier relación que intente abrirse paso en todas las esferas de la vida social sin contar con cimientos sólidos, articulados y bien madurados en su construcción múltiple como transcursos diferenciantes.

Otro mal común en las experiencias transicionales ha sido el “socialismo” retardado -cuestión ésta que sucede en otros proyectos sociales-, es decir, el freno a una efectiva socialización socialista o del tipo que se proyecte. Ello acontece cuando avanzada la experiencia no se dan los pasos pertinentes en todos los órdenes para entregar el poder a las colectividades y democratizar el proceso de gestión social, al mantenerse el mismo en manos del aparato de funcionarios que impide un verdadero fomento de la cultura del poder político en todas las esferas, lo que limita la iniciativa e independencia creadora, y fomenta la indolencia y falta de responsabilidad individual. El “socialismo” retardado siempre se escuda en el ejército burocrático y en las miles de madejas que tejen un interés común.

Cómo se incrementa la burocracia en la transición es un elemento a estudiar en el proceso de reformas. Este problema se presentó con una fuerza inusitada en las experiencias europeas socialistas, a las que no se le dio la atención y solución necesaria a tiempo, en la forma que se precisaba.[248] Y cubre amplios espacios también, en otras y en la cubana, por lo que no puede desatenderse ya que sus costos cualitativos en el sentido de transición alternativa son altos.

Continuando el examen de la opción reformadora en la transición al socialismo podemos coincidir que una u otra tendencia –“socialismo” anticipado o retardado- o la presencia de ambas, evidencia la tesis leninista de la prolongación del período de transición: "(...) se prolonga tanto más cuanto menos desarrollada está la sociedad capitalista",[249] cuanto menos madura para saltar los escollos de un reto social superior para el hombre al que, además de sus limitantes naturales, se la suman otros frenos de índole subjetiva que han crecido y se han arraigado en la mayoría de las experiencias contemporáneas como dolencias típicas y resultantes de ese accionar social en sus múltiples imbricaciones mundiales, razón por la cual no pasa de ser un intento.

Otro inventario primordial inicialmente planteado es el referido a los errores de la dirección política que inciden determinadamente en el problema que nos ocupa. Prestemos atención el criterio leninista al respecto: "A  mi juicio, hoy se alzan ante el hombre, independientemente de las funciones que ejerza y de las tareas que tenga planteadas como instructor político, si es comunista, y la mayoría lo son, tres enemigos principales, y son los siguientes: la altanería comunista, segundo, el analfabetismo, y tercero, el soborno".[250] La cadena antes enunciada por Lenin, posee un ensamblaje total de articulaciones por lo que su análisis por separado sólo se realizan en aras de ganar profundidad, pero de suyo permanecen orgánicamente imbricados.

La altanería comunista es en extremo compleja, comprende aspectos relacionados primero con toda la labor de las organizaciones sociales, el partido y el Estado para con las masas, y luego su propagación indiscriminada a todo escenario relacional humano. En esto es importante, según la visión de Lenin:

- No intentar gobernar mediante disposiciones frías inexplicables e irracionales, sino mediante la consulta popular, y el involucrar cada vez más a los individuos en la toma de decisiones, en la responsabilidad por los destinos individuales y sociales.

- Asimilar que la política no es sólo propaganda, sino aprender a hacer balances realistas que impliquen resultados prácticos: "implica enseñar al pueblo a conseguir eso y dar a los demás ejemplos de ese tipo, no como miembros de un comité ejecutivo, sino como simples ciudadanos". [251]   

- Tener en cuenta la experiencia acumulada por otras transiciones, no negarlas, "digerir la experiencia política que puede y debe ser llevada a la práctica".[252]    

- No creer que porque se es marxista-leninista se tienen todos los dones para resolver y entender los múltiples acontecimientos mundiales cotidianos; hay que saber coexistir con otras fuerzas y corrientes, cooperar en la medida de lo posible y no negar, consciente o inconscientemente, la capacidad de pensar y actuar de otros hombres y pueblos.

La altanería comunista, en su práctica continuada, puede y de hecho ha penetrado a toda la sociedad en su convivencia consuetudinaria. La superioridad, arrogancia e inmodestia aún desde la mediocridad o marginalidad –y no sólo se evidencia ahí- se hace eco y engrandece los espacios que extrañan al ser humano de su existencia, entremezclando opciones de enajenación concomitantes en ambientes humanos virtualmente diferentes. Todo lo cual robustece relaciones de poder insospechadas en la armazón social, que como cadena se entrelazan a todos los niveles autocomplementándose en sentido inverso a lo declarado como opción transicional; aumentando asimismo, brechas entre la delegación de poder inconsciente y el desmantelamiento objetivo del mismo fuera de lo constitucionalmente establecido, desde lo que se vive, y cómo se vive cual normas aceptadas de coexistencia y supervivencia necesarias, que se orquestan y actúan a despecho de lo propuesto y desde el modo en que se ha dado cauce al mismo.

El analfabetismo es otro elemento que detiene el proceso de participación y asimilación socialistas, sin embargo, puede no existir el analfabetismo y proliferar un déficit cultural que impida al hombre comprenderse a sí mismo y al proceso en que vive. Este fenómeno es más complejo que el analfabetismo, y es mucho más difícil de resolver –e inclusive-, de constatar en medio de un ambiente social acrítico.

El déficit cultural se encuentra asociado a fallas en el proceso de educación, muchas veces avalado por la cantidad y no la calidad, la proliferación indiscriminada de dicotomías en las ciencias, la fragmentación de los centros de educación e investigación y hacia el interior de los mismos, entre otras múltiples causales. "El analfabeto está al margen de la política, hay que enseñarle primero las letras. Sin eso no puede haber política, sin eso sólo hay rumores, chismes, cuentos y prejuicios, pero no política". [253]   

Evidentemente la tarea para hacer política en el socialismo va más allá del a, b, c alfabetizador; implica romper radicalmente con la tendencia al acomodamiento mediocre del saber, al conformismo insulso a lo que es suficiente para vivir desde la mediocracia que puebla espacios cada vez mayores. Debe fomentarse una sed constante de conocimientos profusos en polémica en crecimiento, si se quiere vivir con dignidad y decoro en la convicción y en la conducta y por supuesto reorganizar la sociedad a lo marxista, desde el método de Marx, pues su legado es inmarcesible, según Gramsci. “Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.[254]

El soborno y la corrupción proliferan en las condiciones del socialismo cuando sus propios mecanismos de gestión social se han deformado y no pueden responder fehacientemente a: ¿por quién?, o ¿quiénes?, y ¿cómo? se va a ejercer el control, por citar algunas interrogantes. Aunque en este plano de las mediaciones funcionales de un sistema político, inciden múltiples elementos aparte de los que tratamos.

En íntimo correlato con  este aspecto es conveniente agregar, de acuerdo con los puntos de vista de V. I. Lenin, que la ley aplicada en un ambiente corrupto tendrá un efecto catastrófico para el objetivo civilizador comunista, ya que engendrará una inconsciencia ante una actitud delictiva en el sentido ético socialista casi cotidiano. Por lo que, el derecho ha de sufrir también profundas modificaciones en concordancia con el rumbo reformador en la medida en que dicho movimiento penetre todas las arterias de actividad humana, en especial, la del ejercicio del poder político, al armonizar así la alternativa socialista dentro y fuera del país en que se produzca la misma.

Otro aspecto de vital importancia muy unido al análisis anterior lo constituye el vínculo explotación-corrupción en las experiencias socialistas; al respecto reflexionaba Fidel Castro: "(...) ¿cuáles son los únicos explotadores que nos quedan? ¿Quiénes nos pueden explotar hoy? Hoy nos pueden explotar los que pretenden tener privilegios sobre los demás. El privilegio puede ser un factor de explotación del pueblo trabajador. Contra toda manifestación de privilegios tenemos que luchar siempre enérgicamente".[255]   

Los privilegios asociados a grupos especiales que se gestan y funcionan al amparo de la propiedad estatalizada constituyen un azote en las transiciones socialistas. La despersonalización de la propiedad, la corrupción y el despilfarro que incentivan son consecuencia directa de la ausencia del control social desde abajo de la socialización efectiva y de déficit cultural de gran hondura, en especial la cosmovisiba. Los mecanismos de control resultan insuficientes sino se vinculan las masas a su ejercicio, razón por la cual la burocracia en todas sus disímiles y numerosas manifestaciones se abre paso con su tinglado de prebendas y reificación de la vida –al decir de Antonio Gramsci- ahora bajo un nuevo manto o envoltura ideológica, todo lo cual puede conducir, sino se corrige a tiempo, a la pérdida de la opción socialista definitiva, como correlato de pérdidas graduales no atendidas.

El curso de las reformas en Cuba ha sido harto cuestionado desde sus inicios mismos, tanto por los enemigos, como por los amigos e, inclusive, por los propios cubanos, acostumbrados estos últimos en particular, a una forma específica de transición socialista, más allá los cambios circunstanciales que se han entronizado. Es como si la historia fuese testigo e incapaz de resolver mediante una memoria histórica activa, las repeticiones y repeticiones de constantes incomprensiones y dobles lecturas acerca de las posibilidades reales del socialismo, pues aún y cuando se propusiesen cosas nuevas desde los resultados que se van verificando, perviven ejes viejos de articulación social que desbordan los intentos. Obsérvense con detenimiento los citados que se han realizado en esta aproximación comprometida del asunto, de no haber vivido en Cuba a lo largo de la experiencia transicional socialista.

Si nos movemos en el plano general del curso reformador cubano de los últimos tiempos, en sus diversos tiempos de reformulación o concreción, podemos observar cómo el proceso corrector se ha emprendido de manera gradual, básicamente, buscando demoler lo menos posible, dadas las escasas posibilidades de maniobra que el entorno internacional en que se encuentra inmersa su transición, y dadas también, y no con menor importancia, las circunstancias reales del país a partir del desarrollo transicional anterior a la segunda mitad de la década de los ochenta en que se emprendió el movimiento rectificador.

No obstante, los cambios consustanciales han abarcado a prácticamente todas las esferas de la sociedad, con lo cual el diseño integral ha comenzado a tomar cuerpo desde mediados de los noventa. El objetivo inmediato que se trazó la impronta reformadora en Cuba se ha logrado, él se encuentra vinculado a la supervivencia de la opción en medio de un mundo transnacionalizado en el espíritu de la voraz propuesta  imperialista de finales de siglo XX y el ineludible valor que reportan los cambios políticos en la región.

A pesar de ello, la reforma en Cuba debe continuar perfeccionando múltiples elementos de su gestión que reparen los problemas aún subyacentes e históricamente persistentes en la funcionalidad social, en especial individual no como problema de puertas afuera –lo que se dice- sino de adentro –en su realidad misma-. Máxime, cuando la acción de reformar despierta múltiples y diversas lecturas en los llamados actores sociales acorde a sus intereses y situados en la difícil tarea de la supervivencia o lucha cotidiana. Donde por demás, el proceso de reformas a lo transicional socialista aún no logra tomar cuerpo, no sólo desde la aspiración ideal, o teórica, si no como praxis que imbrique a todos los ámbitos que la complementan, inclusive en cómo son explicados los mismos desde la terminología que se utiliza oficial y académicamente.

Sé es del criterio de que muchas explicaciones conceptuales, por llamarle de algún modo, no responden a la dinámica transicional socialista, a sus diferencias en construcción como alternativa al capitalismo. Algo así, apenas como esbozo, sin más pretensión que para pensárnoslo colectiva y científicamente por las implicaciones que ha acarreado y acarreará en su denotación formal. Proponemos por tanto, volver a estudiar algunas denominaciones que no siempre clarifican contenidos.

Hacemos alusión por ejemplo, a que sí para los científicos que se ocupan de la política en general, la denotación de actor político les dice algo ante las realidades actuantes actuales –para las que ni siquiera se la considera válida desde las dolidas tierras de América Latina y el mundo-. Para una experiencia que se dice transicional socialista, o lo que es lo mismo pluritransicional a la desenajenación en sentido perspectivo; la denotación de actor político para esta experiencia en cuestión –acotando objeto-, no dice nada, al contrario enmascara, párese usted desde donde se pare para someterla a examen.

Dado que, en ese nuevo tipo de cualidad como novedad o no verdad; sí se supone que son actores los individuos, es porque repiten un guión que no escribieron y que alguien les dirige desde fuera de la naturaleza de lo que significa alternativo al estado de cosas imperantes. Por tanto, sé es de la consideración que en el proceso que transforma y autotransforma contextual, gradual y complejamente la cualidad desenajenadora,- “por la que todos apelan”- el ser humano ha de ser director, guionista y actor principal de esos destinos –siguiendo la lógica de los teóricos y sus repetidores y no porque crea sean esas denotaciones actualmente científicas-. No es necesario esperar a que un estudioso fuera de nuestros contextos apunte al fenómeno semántico para comenzar a entenderlo, difundirlo y/o socializarlo, desde esa acostumbrada postura que reverencia lo que viene desde las metrópolis, parafraseando a Fernández Retamar en Todo Caliban, donde desnuda la mentalidad de colonias culturales que pervive -lo queramos o no- en nuestras propensiones culturales.

Por lo que, en esa línea antes descrita las Ciencias se confabulan con los discursos políticos por no tensar el pensar, acabando como viejos liberales dando largas al asunto sin aparentemente desentenderse, pues han vivido y viven de dichas cómodas e ilustres pláticas diletantes, que no contribuyen entre otras ausencias contributivas, a pensar, a organizar las ideas y en consecuencia a aproximaciones prácticas cual emergencias organizacionales en progresión, que involucren a toda la civilización y no a una aparte de ella como recogen sus anales. El ser humano de la transición alternativa al capitalismo, si comienza a dar pasos –abrir caminos- en ese sentido no es un simple actor, como tampoco lo están siendo en los escenarios del capital, donde sí se aspira lo sea. Los deslices del lenguaje poseen implicaciones de comprensibilidad mayor, ahora con mucha más fuerza.

Cómo han de denominarse, eso ha de labrase científica y mancomunadamente. De alguna manera, la visión que insinúo marcha en el sentido propositivo y explicativo de Isabel Rauber, entre otros especialistas que subrayan la condición de sujetos sociales, históricos y políticos para aproximarse a los dañados tejidos civilizatorios de hoy, y a la capacidad de desarrollarlos de una manera cualitativamente distinta a la acostumbrada o acuñada desde otras cosmovisiones. Con ésta, como con cualquier otra denotación de las usuales con que operamos, es pertinente repensarlas, reelaborarlas para que al menos lo que se dice en el lenguaje comprensible a los seres humanos, evidencie contenidos reales potenciables y no sólo declarables.

En tal sentido, y desde la Cuba imperecedera, que siempre persevera, sé es del criterio que los dilemas que subyacen a inicios del presente milenio en las prácticas y en las teorías fragmentadas, segmentadas hasta la saciedad, hunden también sus raíces en nuestra transición socialista, en sus modos, en sus historias y en sus perspectivas para acercarnos a su conocimiento y solución factible; las cuales llegan a ser de tal envergadura y por ende honduras a meditar, que hicieron a Fidel Castro en el 2005 preguntar reiteradamente al auditorio con que interactuaba -y al que ya nos hemos referido desde otras aristas- sobre varias interrogantes respecto de los disyuntivas a que nos enfrentamos: “Como ustedes saben, estamos envueltos en una batalla contra vicios, contra desvíos de recursos, contra robos, y ahí está esa fuerza, con la que no contábamos antes de la batalla de ideas, diseñada para librar esa batalla.

(…) Pero no piensen que el robo de materiales y de recursos es de hoy, o del período especial; el período especial lo agudizó, porque el período especial creó mucha desigualdad y el período especial hizo posible que determinada gente tuviera mucho dinero”.[256]   

Controversialmente, ante un excesivo centralismo en la toma decisiones –cuestión ésta que ha caracterizado nuestro proceso-, el control real sobre los recursos y las potencialidades latentes para esos fines, han sido y son extremadamente deficitarias, las mediaciones que articulan senderos eficaces de control individual para alcanzar el ser real de transformación social, no se construyen realmente desde los déficit del tejido humano en que se existe, ciertas apelaciones como crítica y autocrítica aún sucumben en formalidades abismales,  “(…) Se habla de crítica y autocrítica, sí, pero nuestras críticas suelen ser casi de un grupito, nunca acudimos a la crítica más amplia, nunca acudimos a la crítica en un teatro”.[257] Aunque, los ámbitos para eso tienen que se más totalizadores, abarcadores e imbricadores como praxis formativa que transforma.

A lo que pudiéramos agregar, que cuando se crítica y se cambia el personal criticado –cuadro en su terminología clásica- por la magnitud del problema, no se sabe con exactitud dónde se va a dirimir o dirimió el asunto por la dimensión de la responsabilidad supuestamente compartida, o a dónde fue a parar esa figura o cuadro “responsable y constitucionalmente revocable”, pues como dicen los cubanos desde la sabia popular, que es bastante precisa en sus reflexiones “se cayó para arriba”. Porque a pesar de las reformas, las caídas no siempre respetan las leyes de la gravedad o de la sociedad en un transcurso socialista. Aspecto éste en el que hay que recapacitar con mayor precisión, pues el espejo en el que el individuo concreto y todo el pueblo se mira, al reflejar cuestiones como las antes explicadas, propenden al libre arbitrio, dado que “eso todo el mundo lo hace”, con las concebidas implicaciones que acarrean para otros, que sufren los arribismos de los mejor colocados en la pirámide social y no controlados objetivamente por quienes les compete por derecho propio, a saber: los sujetos que construyen la opción.

En tanto, la reforma desde su especificidad transicional, su imbricación como práctica social totalizadora como conducta cotidiana, como necesidad de un cuerpo social en transformación socialista, sigue a la saga de su comprensibilidad objetiva. Por lo que, “(…) Queríamos saber muchas cosas y no las sabíamos: cómo vivía la gente”.[258]   Este aspecto de cómo vive, cómo existe el individuo en los micros y macros escenarios misceláneos en que se encuentra imbricado, ni se conocen, -más allá de la encomiable labor de los trabajadores sociales pues es un asunto que los desborda- y por consiguiente, no pueden cambiarse incluso desde las posibilidades articulativas viables, ya que siguen colgados de posibilismos probablemente imposibles, aún y cuando Lenin, como primer teórico de las reformas dejase claramente sentado que su eje primordial era la inserción del hombre o mujer concreta en dicho proceso de manera nueva, en una práctica que se auto titula socialista.

Obviamente la sistematización en Cuba en el orden teórico y por añadidura práctico aún presenta serios problemas, dado que si la ciencia funcionara imbricándose a la política, como era –y es- aspiración del pensamiento revolucionario marxista y martiano, aspecto este del que todavía se adolece; es probable entonces, sí las cosas no fueran como han estado siendo, que los estudiantes reunidos en el aula magna de la Universidad de la Habana en noviembre del 2005, hubiesen tenido capacidad de respuesta individuales, a las preguntas que Fidel les formulaba en su discurso, aumentando así el dialogo y la posibilidad de aproximaciones a soluciones, y no a coro como evidencia el siguiente fragmento del discurso sobre el que trabajamos:

(…) ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: “¡No!”) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad? ¿Conocían todas estas desigualdades de las que estoy hablando? (…) ¿Conocían ciertos hábitos generalizados? ¿Cuántas formas de robo hay en este país? (…) El país ha tenido limitaciones de recursos, muchísimas; pero este país no ha hecho más que despilfarrar recursos, tranquilamente”.[259]   

Sé valora además, que las preguntas y posibles respuestas a ellas, y a otras que puedan existir, se las formulan comprometidamente los cubanos a diario, e incluso se encuentran dispuestos a contribuir en la medida de lo posible, no sólo la masa de pueblo, sino además, sus científicos sociales, pues en Cuba aún hay compromiso con sus identidades revolucionarias.

El obstáculo, la cuestión a meditar entre otras, debería marchar también en el sentido de estructuras, organización y funcionamiento real, en particular los llamados mediadores actuales de los procesos, pues los métodos de evaluación de lo que los sujetos proponen y opinan –venga de arriba o de abajo- puede encontrarse discurriendo por senderos mediadores de los puntos de vista recogidos no del todo loables. Por ejemplo, desde la lectura, relectura y síntesis de lo dicho en diversos enclaves mediante y por la subjetividad de quién o quiénes elaboran dichas conclusiones o informes conclusivos o propositivos. Razón por la cual pierden vida, verbo e indicación objetiva.

Y es que su gradual instrumentación, articulación regenerativa como cuerpo integro, diverso, cambiante e imbricador no se ha potenciado, precisemos, no se potencia el potencial con que se cuenta y esto ahonda dramáticamente la credibilidad del proceso. Lo que parece directo, se convierte por obra y gracia de la costumbre en extremadamente indirecto, inverificable, excluyente en los resultados iniciales y terminales de los procesos. Un progreso no es verdad- sentenciaba Martí- sino cuando invadiendo las masas, penetra en ellas y parte de ellas; cuando no es solo el Gobierno quien lo impone, sino las necesidades de él, que de la convicción unánime resulta. (…) Las épocas de reforma no permiten reposo”.[260]

En tanto, y por sobre la espera de la aplicación de la propuesta gradual, filosóficamente concebida de profundización de la reforma transicional socialista que demandan las realidades de hoy, como afirmase Raúl Castro el 24 de febrero del 2008, donde en coincidencia con la aspiración mayoritaria de recibir en cantidad y calidad por lo que se aporta ya con las manos o la inteligencia, sé es del criterio de que esas máximas que animan a todos, en el cómo, puntualmente en el cómo, no han agotado sus posibilidades de debate para dársele curso.

La masa de pueblo, por las tradicionales formas de interacción anteriores que han dejado huellas en la filosofía popular, no se logran aproximar a ellas, y por ende imbricarse en las mismas, desde un ser sus propias gestoras. Por lo que, ante los primeros pasos de lo propuesto aparecen cuestionamientos disímiles a los que resulta imposible darles respuesta y de pronto uno vuelve a sentir el eco de algo citado de Lenin con anterioridad: “Sin eso no puede haber política, sin eso sólo hay rumores, chismes, cuentos y prejuicios, pero no política”. Sin conexiones humanas aproximadamente plausibles y cambiantes, construyéndose desde su no-vedad desenajenante se puede cerrar el paso a una alternativa asequible.

Luego éste, igualmente, es un problema viejo en el que la impronta leninista dejó huellas disímiles a su paso; así, en “Las tareas inmediatas del poder soviético” en abril de 1918 destacaba: “Es precisamente esta proximidad de los Soviets al “pueblo” trabajador la que crea formas especiales de control desde abajo –derecho de revocación, etc.-, que deben ser desarrolladas ahora con un celo singular. (…) tanto más variadas habrán de ser las formas y los métodos de control desde abajo, a fin de paralizar toda sombra de posible deformación del poder soviético, a fin de arrancar reiterada y constantemente la mala hierba burocrática”.[261]   

Qué falta, qué sigue faltando, para que la obra política sea de todos, o se aproxime a esa aspiración eje de todas las alienaciones anteriores y presentes, para la progresión convincente de todos en el pensársela y en el hacerla desde abajo, que como se puede ver no es una denotación actual, sino que nació con este propósito alternativo al capitalismo. Súmesele a ello, que en la actualidad para los cubanos la responsabilidad no sólo es nacional, sino además regional y mundial pues la asumimos a diario desde el exhibir éxitos -sin lugar a equívocos- pero con singularidades deformadas en los órdenes de cualidad y calidad en el país, que todos conocen y sobre los que se opina, pero con la ausencia no sólo de ciencia actuante, sino a demás de canales reales para corregirlas.

El peligro a las alturas del presente milenio, destacan los puntos de vista de Lenin cuando legaba nítidamente para la posteridad transicional socialista: “Hemos llegado a un momento grandioso de nuestra revolución, hemos despertado a las masas proletarias, hemos despertado a las masas de campesinos pobres para que nos presten su apoyo consciente. Es algo que ninguna revolución ha hecho. No hay ninguna clase que pueda derribarnos (…) Nada puede hundirnos, si no son nuestros propios errores. En ese “sí” reside todo”.[262]   Por lo que, desde su tiempo al nuestro coincide con las ideas analizadas del pensamiento de Fidel Castro observadas en los apretados espacios de este estudio.

Como continuación y culminación del balance de lo aportado por el pensador bolchevique imbricado a nuestra praxis en materia de reformas, y que es pertinente retomar para encauzar el sendero de continuidad y no de rompimiento, en especial para los destinos de Cuba, se impone no olvidar que todas estas irregularidades constatadas inciden, sin lugar a dudas, en el supuesto de vanguardia política según Lenin, o de dirección política. Este aspecto medular referido a la condición de vanguardia es atendido muy de cerca por él, dado que su condición articuladora y conectiva con los sujetos de la transformación  define esencialmente la capacidad para liderar eficazmente la transición al socialismo, dando curso a lo que Antonio Gramsci denominara democracia expansiva que conduce a una hegemonía legítima desde la perspectiva de un auténtico progreso.

El peligro del avance "sin alinear el frente", como se citó en otros momentos de este examen, se produjo con el socialismo anticipado, la dirección política no sopesó suficientemente sus posibilidades, confió y luego creyó, que la política del Comunismo de Guerra en Rusia -amén de las condiciones objetivas que la precipitaron- era el modo de aproximarse al comunismo. Esta fue una de las causas fundamentales que originaron la gran crisis de 1921. Pero el avanzar sin alinear el frente en circunstancias diversas -y porque no- en las actuales, puede estar sucediendo sin percatarnos que acontece, y por ende sin cuestionarnos a dónde nos puede conducir, principalmente con un frente que existe en un entramado mundial mucho más complejo y con espejismos de mayor calado.

Una lectura leninista sobre el problema en sus condiciones constata: "Hasta cierto punto, presuponía -podemos decir que presuponía, sin hacer cálculos- que se produciría una transición directa de la vieja economía rusa a la producción y a la distribución estatales, basadas en los principios comunistas (...) Creímos que con el sistema de contingentación, los campesinos proporcionarían la cantidad necesaria de cereales que nosotros podríamos distribuir por fábricas y talleres y, de esa manera, tendríamos una producción y distribución comunista".[263] El balance de tal circunstancia condujo a Lenin a afirmar que esto se produjo porque "(…) las altas esferas de nuestra política económica perdieron el contacto con la base y que no lograron  elevar las fuerzas productivas, lo que se tenía por tarea fundamental e impostergable en el programa de nuestro Partido".[264]   

El distanciamiento de la dirección política es fruto, entre otras razones, de la altanería comunista antes expuesta, que puede pervivir -aunque se la condene y se la niegue- en factores psicológicos y tradiciones que han calado a tuétano de hueso y de los que es muy difícil desembarazarse. Explicando factores relacionados con esto, en las especificidades de su tiempo que no pueden desestimarse ya que mantienen conectores y frenos en la actualidad, Martí discernía: “Nada es tan autocrático como la raza latina, ni nada es tan justo como la democracia puesta en acción (…) Depende esto, entre otras cosas, de las vagabundas y ambiciosas facultades imaginativas de los hijos de América, y de la falta de teoría para el ejercicio de la libertad. Somos libres, porque no podemos ser esclavos: nuestro continente es salvaje, y nuestra condición es el dominio propio; pero no sabemos ser libres todavía. (…) Una es la libertad y distintas las maneras de conseguir su afianzamiento”.[265] La diversidad y heterogeneidad de los hijos de estas tierras, ha de abrirse puentes desde lo que hemos sido y somos, a lo que urge construyamos para que seamos desde nuestras originalidades pero sobrepasándolas.

Estas cuestiones presentes en la idiosincrasia y en los modos cronísticos de organización social, tienen que ver además, con la tendencia a no contar realmente con los sujetos directos presentes en los transcursos revolucionadores, a que lo que se llame consulta popular pase por la condición de sobreentendida en las decisiones que se tomen. O en su lugar, el tipo de intercambio formal que propende a no escucharse más que a sí mismos, producto de una ausencia de cultura del diálogo, de flexibilidad y comprensión. Incluso, cuando se deja que las personas manifiesten sus ideas, la resultante no varía en sus esencias prácticas. Por adición, las conclusiones sobre lo que llaman socialización política, culminan generalmente con la apelación a la confianza “porque ha sido decidido o discutido por el partido u organización de dirección” o por figuras con historia probada a lo largo del proceso, lo cual no rompe, no cambia la índole decisoria tradicional que es en sí misma excluyente.

Todo ello origina una rigidez doctrinal y de funcionamiento que opaca la comprobación de cualquier avance o retroceso objetivo –aunque lo que más se persigue es el avance, el éxito-. Ya que las personas inmersas en la actividad cotidiana con todas sus complejidades interindividuales, actúan bajo una inercia de cumplimiento, no de debate y toma de decisiones conjuntas, entre otras razones: “porque un cambio podría ser peor de lo que tenemos ahora”, sin descontar que proliferan posiciones extremas en otros sentidos. Así las cosas, una vez que se asientan esas formas operando ya al nivel de modelo mental social, originan descalabros mayúsculos en el sentido socializador cualitativamente nuevo que implica la transición socialista; pues la interacción social deja de ser una premisa para el análisis de las cosas que urgen ser resueltas, ya que las soluciones descansan fuera de su dinámica tradicional de reproducción de las relaciones humanas.

La cultura burocrática, como modo de conducir la transición al socialismo es también fuertemente criticada por Lenin hacia 1922, dadas las nefastas consecuencias que resultaba de su accionar para la joven experiencia soviética.  En este sentido valoraba: "Nuestro comité se constituyó como grupo estrictamente centralizado y de sumo prestigio, pero su labor no se ha colocado en las condiciones que corresponden a su prestigio. A ello debe coadyuvar la reforma que propongo, y los miembros de la Comisión Central de Control que deben asistir, en determinado número, a todas las reuniones del Buró Político, tienen que formar un grupo cohesionado, el cual deberá cuidar de que ninguna autoridad, trátese de quien se trate, tanto del Secretario General como de cualquier miembro del Comité Central, pueda impedirle interpretar, controlar documentos y, en general, ponerse absolutamente al corriente de todos los asuntos y lograr que sus trámites lleven al curso más normal".[266]    

La cultura burocrática, es un fenómeno internacional, que adopta peculiaridades propias en la transición socialista al heredar modelos consustanciales a la historia del país e imbricarse las nuevas modalidades deformadas en ese bregar transicional socialista. En Cuba esas razones se encuentran latentes, en particular desde su propio significado como primera revolución de ese tipo en nuestro entrono. La mira reorganizadora perspectiva debe colocarse también en esa arista, que se desdibuja con facilidad bajo los apremios de sobrevivencias a los que nos hemos encontrado y encontramos sometidos, sin justificar el hecho de su permanencia y reproducción ampliada. [267] 

Vinculado directamente a este aspecto medular de la reforma política, se encuentra el referido al perfeccionamiento del sistema de administración del Estado, donde Lenin propuso que el personal que asumiera estas funciones, así como las de la ampliación del Comité Central, que además, tenían que asistir a las reuniones del Buró Político como modo de control sobre la actividad del mismo, no debían haber trabajado antes -en el período de cinco años- en ninguna de las estructuras del poder soviético, dados los viejos prejuicios burocráticos que se habían arraigado y los lazos personales de dependencia y conveniencia que se habían gestado durante los cinco años de revolución. Cuestión esta, que la vida demuestra no es suficiente, con independencia de que esa propuesta no se efectuará ni siquiera desde las articulaciones que Lenin previera en su momento.

Concluyendo, es constatable que la teoría leninista de las reformas en la transición al socialismo –la primera en desarrollarse- es un abordaje que propende a la integralidad de las exigencias reales de perfeccionamiento socialista de aquel entonces, ya que buscaba salvar al socialismo como alternativa a la modernidad desde las posiciones del subdesarrollo. Su concepción parte, precisamente, de la evaluación de los errores cometidos, de cómo incluir al hombre en el proyecto reformador, y de un paquete de medidas concretas que abarcan casi todas las esferas, aún y cuando por el grado de deformación que experimentaron no fueron conocidas hasta después de muerto Stalin. Lo examinado no propone absolutización de los balances del líder soviético, simplemente se hace valer su asimilación del problema y las posibles perspectivas acordes a sus condiciones concretas, que por demás, han tenido un grado de generalización a otras experiencias producto de las imbricaciones orgánicas y estratégicas que se produjeron en los anales de su incidencia regional en los enclaves socialistas donde se incluye, por añadidura a Cuba.

Es obvio que la práctica socialista en condiciones en extremo difíciles, la ausencia de experiencias en cómo construir el socialismo desde el  subdesarrollo, y la aparición de deformaciones profundas en el enclave soviético asociadas a sus propios errores -al decir de Lenin- sentó las bases -a pesar de los esfuerzos de los mejores representantes del bolchevismo militante- para una transición paulatina del socialismo de los Soviets al socialismo de Estado en la modalidad stalinista. A todo lo antes expuesto se agrega, la extensión de tales problemas al resto de las experiencias europeas centrales y orientales, con las respectivas reformas parciales que implementaron en toda su variedad y diversidad. Aspectos éstos presentes también en las actualmente en curso.

El balance científico constante de estos aspectos constituye un reclamo del mundo enajenado del presente siglo. La evaluación de las experiencias socialistas, en particular en el asunto referido a las reformas, ha de ser una postura perseverante para todo científico social comprometido con la propuesta civilizatoria marxista de desenajenación como alternativa viable al imperialismo hoy desde las metamorfosis que le han acompañado.

Volver una y otra vez sobre la herencia histórica desentrañando causales que se hacen recurrentes por la multiplicidad de aristas que le conforman es un acercamiento que garantiza corregir el proyecto socialista, en especial, para que no tema o precipite las reformas, condenándolas eternamente a su incomprensión en la teoría de la transición al socialismo. Tal situación puede mantenerse de no ser capaces de conocer con profundidad los propios presupuestos marxistas y autóctonos a la luz de circunstancias cambiantes que demandan gestación de nuevas y más acertadas cualidades de conexiones humanas. Dado que los peligros de extrañamiento también se verifican en todos los momentos de interacciones sociales, lo que puede conducir a la muerte de las experiencias transicionales: “Si el partido se extraña de los sindicatos, la culpa será del Partido, y eso es seguro la muerte del Poder soviético”.[268]   

La creatividad que se funda en la búsqueda constante de conocimiento científico de las necesidades del proceso de reorganización social como de autoreorganización individual, de un debate sobre el mismo como obra que propende e involucra a todos en el alcance de medidas concretas son aspectos intrínsecos de un crecimiento socialista que se proponga ser genuino, porque es de cada hombre y mujer, porque lo viven y lo crean.

Cuando la partícula humana se diluye en la multitud, queda a merced de ella “Y, ¿quién ha de culpar estos defectos meramente formales? Los que saben cuán estrechos son para el hombre los medios de manifestación humanos; los que se miran obligados a empequeñecerse por el empequeñecimiento general; los que reducen las proporciones de su ser hasta los de la comunidad en que se ahogan y en que tienen que vivir; los que descienden de sí mismos porque la vida real es la identificación del individuo con la masa social en que se mueve; los que apretaron los labios para impedir el paso a la atrevida forma de un pensamiento que sintieron grande, porque la grandeza se convierte en ridículo cuando se produce en una atmósfera pequeña, estos comprimidos, estos sofocados, estos ahogados, éstos son los que saben bien las nebulosidades luminosas que se esconden en las imperfecciones, en las estrecheces, en las vacilaciones de la forma”.[269]

La capacidad correctora y autocorrectora es un atributo del género humano, su historia así lo demuestra. Las indagaciones incesantes que se producen en todas las latitudes y desde diferentes ángulos se enderezan al rescate de lo mejor de lo humano, movilizando a millones de seres en pos de una emancipación paulatina y efectiva.

Una contribución de gran valor puede producirse desde la transición socialista en el poder, siempre y cuando se logren cotejar óptimamente componentes posibles que la actualidad existencial demanda. La utopía movilizadora ha de abrir paso a un interactuar eficaz, razonado, para la construcción constante de alternativas y proyectos objetivamente reales, pensados y actuados pluralmente para que la utopía humana siga creciendo de “irrealizable a realizable”. [270]   

¿Injertar el olmo o sembrar perales?[271]

“La burocracia tiene la esencia del Estado, la vida espiritual de la sociedad, como posesión suya, como propiedad privada suya. La vocación universal de la burocracia es el secreto, el misterio que asegura internamente a través de la jerarquía, y contra los grupos externos mediante su carácter de cuerpo cerrado”.[272] 

Ahondar en los aleccionadores estudios del Che sobre la experiencia revolucionaria cubana, es levantar el entendimiento sobre las causas y perspectivas de la revolución de los “Nadies”, al decir de Eduardo Galeano[273]. Una revolución pensada y obrada como alternativa de cualidad diferente para abrir cauces a la liberación. Su principal legado radica entonces, en haber dotado de contenidos aprehensibles la condición de creación de lo nuevo que la distingue, desde la óptica de un proyecto que se construye pluralmente como opción a la indefensión humana de sus tiempos y de los nuestros.

Las búsquedas para la consecución de contenidos de interconexiones sociales diferentes de entonces, siguen en pie con sus peculiaridades actuales para los moradores del planeta azul. Puntualicemos, la cualidad, la construcción de lo que se dice de calidad nueva, como comprensión de lo alternativo -que va negando en su consumación a las añejas relaciones civilizatorias excluyentes- por la que se ha luchado y lucha, sigue rondando el debate en el cómo estar siendo y haciéndolo hoy. Puesto que, en esos complejos y prolongados transcursos humanos -parafraseando a Ernesto Guevara- pretendiendo “sembrar perales, conjuntamente con el injerto del olmo para que diera peras”, pudimos quedarnos injertando solamente el olmo, pensando que así, obtendríamos puras peras.

Es por eso, en esta línea de problematización respecto a la cuestión de la emancipación humana -por la que tanta sangre se ha vertido y se vierte, por la que tanto esfuerzo y ensoñación se ha desplegado con relación a la perspectiva de la construcción de una nueva sociedad- que acotar espacios de reflexión respecto a un problema crucial, como lo es el surgimiento y desarrollo de la burocracia dentro de la opción cubana al capitalismo, significa también imbricarse en la dinámica guevariana de búsquedas correctoras de los inéditos procesos revolucionarios alternativos desde la alternativa misma. Ya que corrección, significa igualmente revolución, dentro del magno movimiento revolucionador disyuntivo al imperialismo.

Sumergirse en el presente, en los concatenados exámenes del Che, acerca del surgimiento y peculiaridades propias de la burocracia en la experiencia transicional socialista cubana, constituyen aristas de análisis insoslayables ante problemas que atentan no sólo contra la esencia de lo alternativo, sino además, contra la unidad y capacidad de respuesta futura del país ante la ofensiva perenne de los Estados Unidos.

Partir entonces, desde un posicionamiento científico en la actualidad que levante la continuidad analítica desde la génesis del asunto, pasando por las metamorfosis verificadas desde soluciones que se le fueron dando, y que en lugar de resolver, adicionaron nuevas aristas excluyentes a las que ya existían, potenciando a la burocracia y sus modalidades, aún y cuando figuras como el Che, propusieran senderos distintos a esos por los que se optaron, indican movimientos reflexivos que interdialogan e intentan eludir tales desvíos y repeticiones desde una socialización palmaria de sus causas.

Por tanto insistimos, en que sin memoria histórica activa, constructiva, articulativa acerca de las múltiples transiciones sociales en el quehacer reorganizador por las que hemos transitado, no puede tributarse al presente en la dilucidación de éstos u otros problemas, desde la complejidad que le es inherente como elección de textura diferente que ha irse creando a perpetuidad. Es decir, no es algo dado ya porque se haya accedido al poder o se tenga la intención o se declare la naturaleza del cambio, es un estar siéndolo y haciéndolo como movimiento inconcluso e inédito, que se regenera constantemente en su novedad interactiva humana y que religa todo lo hecho con lo por hacer.

Consiguientemente, ante la aparición y permanencia del funcionamiento burocrático como modo de interacción social en sus particularidades híbridas transicionales se engendran apartamientos de la intención “revolución de cualidad diferente”. Ya que resulta improbable, -y de hecho no sucede, aún y con un mejoramiento de las condiciones de vida generales- el que bajo un ambiente en el que priman reglas de interacción social dondela burocracia tenga en sus manos la esencia del Estado, la vida de la sociedad como propiedades privadas suyas” se puedan producir cambios en las esencias de las relaciones humanas. Pues la defensa de los intereses individuales, será asegurada a través de ordenamientos jerárquicos de grupos diversos desde sus propias condiciones de cuerpos cerrados, -atomización extrema de la fragmentación social- los cuales se reproducen ampliadamente en los microescenarios sociales como forma de supervivencia y salvaguarda personal, con todas las tendencias aislacionistas que generan en la inevitable lucha por la existencia cotidiana. La vitalidad de los análisis de Marx con relación a la burocracia en la actualidad cubana es palmaria.

Efectivamente, la resultante de interrelaciones humanas que va obteniéndose no evidencia contenidos de novedad, sino mezclas sin cauce transformador veraz perspectivos, aunque momentáneamente puedan verificarse algunos resultados aislados o macrosociales que no arraigan por esa naturaleza misma, la calidad de la compleja reproducción cultural ampliada que es menester forjar. Meditaciones profundas sobre éstos abismos o dicotomías aparecen constantemente en la obra del Che, y componen por sus honduras ejes y autoejes humanos teóricos – prácticos imprescindibles a no perder nunca, si queremos poner en claro conexiones históricas que generan y acunan tal problema en las condiciones vigentes.

Sin lugar a dudas, en esos complejos procesos humanos mundialmente interconectados las nuevas formas y contenidos alternativos que se intentan construir a las realidades imperialistas dominantes se encuentran penetrados, interactuando con las propias relaciones que niegan, no son procesos puros. No obstante, ya la pureza o mezclas extremas no deben asumirse simplista o justificativamente, pues ni la una ni la otra resultan verosímiles, y de ambas modalidades ha habido suficiente desde los albores del siglo pasado con relación a la no comprensión de medidas presocialistas o prearticulativas o pretransitorias entre unas y otras formas de praxis y organización social, donde al mismo tiempo, su esencia es múltiple. [274]

Por lo que, las plurales transiciones que se precisen a escala social e individual a lo transtransicional socialista,[275] deben atender con gran esmero en qué medida los llamados nuevos procesos desbrozan reales caminos desde las mediaciones que se interconstituyan, no permitiendo la reproducción ampliada de modalidades de exclusión típicas de la enajenación que supuestamente niegan a partir nuevas vertientes desconocidas, pero a su vez alienantes. Pues puede, -y de hecho sucede- que los recurrentes errores que se verifican en la realidad, en la interacción cotidiana humana, pasen por el tamiz del imaginario como creencia de lo realmente existente, nublando de esta manera toda posibilidad de incidencia real en la corrección de un rumbo. Súmese a ello, que lo transtransicional contiene las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra que se ha ido gestando en la diferenciación vital hacia lo nuevo, y que incluso, puede diferenciarse además, del propio ideal del que se partió, si de creación humana se habla.

Cuando el Che analizaba los lances de la nueva civilización que sustituiría a la reificadora, al decir gramsciano, colocaba la mira en este proceso como un movimiento cultural humano profundo, en cuanto a expresión teórica y práctica que se labraba de conjunto. Para él, “La posibilidad de que surjan artistas excepcionales, serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir, que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni “becarios” que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo”.[276] 

Cómo evitar el inminente peligro de perversión de la intención transformadora y autotransformadora. Desde qué articulaciones individuales y sociales podía sortearse el que se restaurarán desde otros mantos sagrados: los asalariados dóciles al pensamiento oficial, los becarios dependientes del presupuesto, y en consecuencia, la libertad entre comillas, dentro de otra lógica relacional social.

Cuánto de esos tres ingredientes, que se encontraron presentes en experiencias socialistas ya fenecidas y en otras, no deambulan hoy entre nosotros con sus especificidades propias distorsionando rumbos e intenciones. Hasta que punto no se hipoteca el proceso, cuando por la complejidad del mismo y los tiempos para darle curso, las salidas optadas -sin profunda y socializada meditación- se trastocan errática y justificativamente en llamados hueros a la confianza y la fe, y no en un estar siendo y haciendo del pueblo, de cada ser humano presente en la experiencia desde aquello que mejor conoce y a lo que puede aportar soluciones rápidas sin que medien tantos canales decisores, entre otras posibles causas para la inoperancia práctica. De qué maneras reales conseguiremos quitarles las tildecillas a la libertad y gestar la máxima martiana de: “No estriba el amor patrio en afianzar la libertad: Estriba en labrar un pueblo en que la libertad se afiance”.[277] 

Las peculiares formas en que se produce la transición al socialismo en Cuba, la multiplicidad de lecturas que le acompañaron -y acompañan- hicieron al Che en su momento, sentar pautas plurales, dinámicas a su entendimiento; intentando luchar justamente, contra los determinismos y esquematismos típicos de las corrientes marxistas entonces en el poder, y sus similares en los movimientos sociales y revolucionarios.

Justamente por eso, puntualizaba y aleccionaba hasta hoy: “(…) aquí hay que introducir una postura general frente a uno de los más controvertidos términos del mundo actual: el marxismo. Nuestra posición cuando se nos pregunta: somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es “pasteuriano”. Se debe ser “marxista” con la misma naturalidad con que se es “newtoniano” en física, o “pasteuriano” en biología considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado (…) Esto hizo que, sobre la base de algunos conocimientos teóricos y el profundo conocimiento de la realidad, se pudiera ir creando una teoría revolucionaria”.[278]  

La activísima praxis teórica y viceversa, en la Cuba de los tiempos del Che, renegaba de declaraciones vacías y golpes de pechos grandilocuentes para confirmar lo que se decía sé era, y se estaba haciendo en esos originales primeros pasos. No había tiempo entonces, para certificaciones a lo patente de corzo típicas de la era stalinista y sus sucedáneos posteriores. Eran tiempos de creaciones y no de repeticiones. Cuestiones de esta índole se encontraban claras para el Che, al que mucho le molestaban las verdades de Perogrullo, “Es por ello –decía- que reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo científico y cultural de los pueblos y lo tomamos con la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión”.[279]   

Para él, todo proceso revolucionario alternativo al capitalismo era sinónimo de interacción múltiple, cambiante: “Nunca antes, como ahora, -afirmaba- fue para nosotros tan claro el concepto de interacción”.[280] Y por adición, de intervinculación interconstituyente de los diversos sujetos presentes en lo que conformaba desde su visión, la masa. No como conglomerado amorfo, frío, que sirve de propósito a lo declarado en nombre de su suerte y decidiendo su destino desde fuera de su connatura, sino como realidad social que actúa e interactúa por y para sus propósitos en los complejos procesos transtransicionales.

Por lo que dejaba sentado: “Aparecía en la historia de la revolución cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa. (…) Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría, (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño”.[281]  El peligro a la reducción social por la praxis sin teoría y viceversa, o por la separación o mezcolanza indiscriminada inconsecuente de esos procesos dinámicos simultáneos, constituía un desafío en el hacer, sin amputar al pensamiento ni vulgarizar la práctica que se dice transformadora, y alternativa al estado de cosas enajenantes en que se existía y se existe.

Es por ello que demandaba de un estudio científico verídico, que se probará constantemente en los múltiples microescenarios sociales existentes y que se creaban, para de esta forma potenciar con el máximo de eficacia y sensibilidad humana un proyecto posible esencialmente diferente, culto por diverso y acorde a los tiempos y sus emergencias organizacionales como novedad o no-verdad. De esa manera observa el Che a la masa heterogénea, al individuo como hacedor, en oposición al “manso rebaño”, que sólo alcanza a defender sus ancestrales costumbres de reproducción de la vida como cosmovisión de seguridad alienándose aún más.

La cualidad de la dinámica creadora en gestación, puesta a prueba en el reordenamiento revolucionario se explica, cuando indica: “Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efecto de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.

(…) Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con la masa. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años”. [282] 

El mecanismo de interacciones sociales presentes en un transito que esta siendo y haciéndose reemplazando al capitalismo, precisa de cambios activos acordes a las conexiones orgánicas innovadoras en ascenso de lo que se propone, desde un vadear inteligentemente todas las zancadillas que las fuerzas opuestas al proceso generan desde dentro y fuera. Pero a su vez, evitando desde lo que se debe pluralmente potenciar a saber: una dinámica reorganizadora propia. El que la estática y la reproducción simple de la aspiración redentora autocoloque sus propias zancadillas y caiga por su propio peso, o se mantenga declarando que es, lo que ni siquiera se aproxima a ser, desde las esencias que han de afianzarse para evidenciar la condición de proyecto alternativo humano.

Las valoraciones expuestas por el insigne pensador argentino, hijo legítimo de la revolución cubana con relación a la problemática de la burocracia, constituyen uno de los estudios más completos sobre la misma en las condiciones de la experiencia transicional socialista en Cuba. Sé es del criterio, en consonancia con tal afirmación, que es pertinente volver activamente sobre sus ideas –dispersas a lo largo de su obra-, desde un observar el hoy revelándonoslo desde lo que tal vez en ese momento no se podía ver en su totalidad, desde un activar la praxis histórica, con las opciones potenciales dentro del tejido variado humano en que existimos con sus pro y sus contras para la reorganización, o no habrá reorganización posible.

Por otra parte, la naturaleza de la exposición de sus puntos de vista al efecto, entroncan también con las tradiciones marxistas y autóctonas transformadoras. Aquellas que parten de colocar al sujeto y al sistema de relaciones en que se encuentran insertos en el terreno de la realidad contextual, en su entorno y en las diversas interconexiones en que existen en la cotidianidad como centro de reflexión y transición activísimo y versátiles por excelencia.

Por lo que, sus evaluaciones se convierten por la magnitud y claridad de las mismas, en fuente constante de cautela reflexiva para los revolucionarios que se inspiran en el socialismo, en la especificidad que le asiste como elección para la reorganización de la civilización desde principios verdaderamente humanos, los cuales han de asumir las explicaciones, críticas y transformaciones dialéctico complejas como puntos de partidas perpetuos, cual armas imperecederas para el perfeccionamiento de la humanidad y de cada pueblo en cuestión, atendiendo a sus peculiaridades y desarrollo histórico.

Por otro lado, al posicionarse límpidamente el Che en una alternativa que se construye heterogéneamente -y no sólo declara-, los ejes imbricadores, los conectores que marcan la diferencia resaltan matices que no pueden perderse, ni reproducirse con ligeros retoques dentro de un transcurso que se dice socialista. En contraste, son enriquecidos desde su matriz desenajenadora cambiante ante las cualidades precedentes, incluso transtransicionales socialistas.

En tal sentido, en cuanto a la diferencia o condición alternativa indicaba: “En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En ésta, el hombre está dirigido por un frió ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical, que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino. (…) Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros”.[283]    

La puntualización de lo diferenciante, desenajenante, como opción de creación múltiple que niegan el cordón umbilical de la ley del valor y los fetiches de sujeciones que armonizan su preeminencia, resultan de esencial valía en cuanto a estrategia y a deslinde científico metodológico de qué entender cuando se habla de construir una alternativa al capitalismo y se la apellida de socialista.

Las precisiones -no descripciones- en el sentido de lo esencial, no resultan ociosas ante los devaneos que han rondado a dichas propuestas y los apremios del mundo en que vivimos. Por cuanto, el siglo XXI por las propias urgencias universales que se habían ido gestando e interligando cronísticamente, latía entre nosotros desde mucho antes de arribar a él, puesto que la carrera de lobos a sus alturas, implicaba ya la aceleración en el atentado al universo, el fracaso de la totalidad misma. Por lo que, el reclamo en cuanto a reorganización marca el rumbo de destinos inciertos más allá de las implicaciones relacionales internas de la propia civilización.

Urgen pues, soluciones graduales, articuladoras y reales a los imperiosos problemas sociales y planetarios concernientes a la negación de la estrecha visión de “vales por lo que tienes” –ya por dinero o por relaciones, o ambos componentes entrelazados- que intenta a toda costa mantenerse en el trono con mejores recursos que en la época de el Che, en una dinámica mundo a la cual no se avienen por la privación de los valores más preciados del hombre contemporáneo y el perpetuo atentado a su hábitat.

Por otra parte y muy unido a los modos de asumir la herencia de pensamiento y praxis por la civilización, el Che, su obra y su práctica no constituyen clericalismos intoxicados, iconos inamovibles útiles para la movilización social desde los sentimientos y necesidades inaplazables de los sujetos de hoy, ni tampoco para justificar el presente desde el pasado glorioso, cuando ya no queda nada aparentemente por ofrecer. Evidentemente, si de continuidad regenerativa se trata, que sus pensamientos y conductas políticas son un hontanar inagotable por lo no acabado del asunto referido a la emancipación, desde la multivariedad en que la concibió y a la que dio lo mejor de sí mismo.

La recurrencia y permanencia de problemas en el presente a los que se refirió en su momento histórico, indican entre otros llamados, a que por muy novedosos y cambiados que se presenten los mecanismos y mediaciones de gestión social y política en especial, entre otros que pudieran enumerarse, no han concurrido a encontrar las articulaciones válidas a el inédito sendero transicional socialista, donde según sus propias palabras el individuo posee una doble existencia como ser único y miembro de la comunidad. Es decir, parte del individuo concreto, pero inserto actuante en ese sistema relacional y en otros concomitantes diversos, e interconectados.

Los cubanos de hoy, son diferentes a los cubanos con los que él interaccionó.  Sin embargo, existen conectores múltiples –plury identitarios- que imbrican el pasado con la actualidad, y que conminan a un repensar, donde por supuesto, sus aportaciones teóricas sean al menos conocidas por los sujetos políticos del llamado cambio de cualidad humana, en el espíritu del proyecto socialista marxista. Ya que incluso en las universidades, para las nuevas generaciones parece un desconocido –como saber vivo, como conocimiento que se vitaliza-, más allá del hombre de mirada clara y complexión fuerte que nos observa desde los marcos de un cuadro o pancarta y del que le han dicho “que intentó crear el hombre nuevo”.

Cada sujeto político tiene su historia activa viva, una historia confluente y divergente con la totalidad social contextual –nacional- y civilizatoria, religarlas, relacionarlas gradualmente, vale más que imponer lo nuevo por lo nuevo ante cada crisis que se presente, olvidando el tejido íntimo, personalmente compartido o no, de cada hombre o mujer realmente existente. O acaso, “Es vivir andarse perpetuamente preguntando sobre cómo el ser íntimo augusto se acomoda a los ajenos extravíos y dirige los suyos propios. (…) Hay una religión: la inconformidad con la existencia actual y la necesidad, hallada en nosotros mismos, de algo que realice lo que concebimos”.[284] 

El Che, en su estudio del fenómeno burocrático en las condiciones cubanas, revitaliza al marxismo primigenio al rescatar consecuente y responsablemente la evaluación científica como elemento clave del socialismo revolucionario, donde la política no se explica sólo por la política, sino desde la totalidad de interconexiones en las que se encuentra el individuo interactuando. Presentando asimismo, como correlato de su intelección, a la subversión del orden imperante o deformado mediante un perfeccionamiento o corrección del rumbo, que parta de las causas de la deformación del sistema de relaciones sociales que se va estableciendo, con la sublime aspiración de superar tales defectos. Centraliza, indudablemente, dicho movimiento reenquiciador en un dinamismo que por su esencia es de crecimiento constante, al tener por base la sabia popular y la participación de las masas en la toma de decisiones como motor interno de su funcionamiento.

“Todavía –indicaba el Che al argumentar la intervincularidad de el proceso socialista- es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total consciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación”. [285]

El estudio de la burocracia fue enfocado por el Che, teniendo en cuenta los factores que determinaban la específica correlación entre democracia y poder revolucionario en las condiciones cubanas de ese momento histórico. Consideró además, los métodos consecuentes de imbricación de la política, la economía y todos los ámbitos de praxis humana como fenómeno cultural totalizador, transformador lo que implicaba ya de nuevo tipo; al tener en cuenta los reclamos que se precisaban resolver a partir de los conflictos heredados y la cultura en general y política en especial. Por lo que, ante todos estos ingredientes, precisó desde su visión –coincidente con lo mejor del pensamiento universal- los aspectos de lo que objetivamente puede significar aproximarse a una construcción del socialismo, como una nueva forma de poder esencialmente humana, cualidad que lo distingue de las formas anteriores, así como los modos en cuestión que se ve obligado a asumir para construirlo desde el subdesarrollo.  

Precisamente en este punto, vuelve a presentarse de nuevo en la experiencia cubana, el eterno dilema del poder para los pueblos subdesarrollados fruto de las acciones subdesarrollantes capitalistas, observadas ya en las experiencias europeas de socialismo. Disyuntivas que a su vez, se producen por una asunción lineal, no compleja y multidimensional del mismo, a saber: al no existir una maduración para el poder de las clases y grupos sociales que representan y para las medidas que exigía el poder de dichas clases y grupos sociales, lo que podía hacerse contradecía toda la postura política anterior y lo que debía hacerse no se podía llevar a cabo.

Era una suerte de confrontación abierta entre el ideal y las formas concretas para su materialización, que exigen creación viva en un proceso peculiarmente difícil y en el que las fórmulas preconcebidas, voluntaristas y autoritarias surten el peor efecto, aún y cuando parecen ser las más cómodas en un ambiente de desconocimiento o de ausencia de hábito de conocer como necesidad interna del individuo, todo lo cual marca en sí mismo la asincronía. Es por ello, que los transcursos o transiciones socialistas han de convertirse en los laboratorios de las mediaciones –centremos, medidas intervinculantes e interactivas- en el nuevo hacer socialista, de tal manera que la paradoja anterior sólo sea historia procesada en cuanto a experiencia viva y no quede margen de repeticiones.

Estudiar y profundizar en los mecanismos, mediaciones y articulaciones imbricadoras conectoras políticas, económicas, espirituales, en una palabra culturales presocialistas, transocialistas y socialistas constituyen un desafío y una necesidad para preparar al hombre para un objetivo superior, que por superior no es inalcanzable, siempre y cuando el socialismo no se anticipe y se abra paso en una progresión histórica de construcción múltiple y variada de los sujetos políticos y de sus organizaciones desde abajo, que es lo que aún no se ha experimentado, aunque si declarado. Es decir, desde el pueblo mismo, con la heterogeneidad de sus intereses gradualmente interconectados o interconectándose.

Democracia y poder revolucionario, como escenario fundamental donde se produce el lance esencial en el ¿quién vence a quién? –si un socialismo que se proponga la desenajenación, o un “socialismo” deformado y burocratizado-, coincide con la necesaria correlación dialéctica entre sujetos sociales, históricos, políticos y el proceso de construcción del nuevo poder desde abajo, el cual proviene no sólo a partir los objetivos emancipadores declarados, sino de la propia praxis revolucionaria que gesta el cambio de actividades esenciales cotidianas que han de propender a la desenajenación. Desenajenación, que no es un simple proyecto sacado de cualquier ilustre cabeza, por el contrario, medula de la práctica política objetiva, al menos como construcción que se opone real y efectivamente a las añejas formas de hegemonía y dominación de la sociedad que se aspira a superar.

“En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente; porque es verdadera; no precisa de subterfugios. (…) El proceso es consciente. Se autoeduca. (…) El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación”. [286]

Todo proceso transicional socialista, exige como pasos iniciales en el encauce de la nueva realidad cultural de un determinado intervalo, donde la voluntad política aún inconexa con la totalidad social para favorecer el cambio opere de manera concentrada, representando así el interés general y aplicando transformaciones generales o macro sociales a partir de las condiciones de que se parta. Lo que responde también, a las grandes tareas organizativas, educativas y formativas. A la cual le compete igualmente, el socializar los nuevos ambientes de conocimientos, autoconocimiento e intervincularidad que no han existido en la sociedad de donde surgen. Por lo que, han de viabilizarse mediaciones interconstituyentes de un nuevo movimiento relacional, donde se cuente con todos en el acabamiento y despliegue de la instrucción y preparación para ejercer un poder político real en todos los ámbitos de la vida social.

Todo lo anterior asociado, entre otros factores, a las condiciones de atraso que impone –y en el caso cubano impuso- un socialismo nacido en situación de subdesarrollo y que opta como necesidad para su emancipación por tal proyecto, y por último, y no menos importante por ello, la ofensiva contrarrevolucionaria que despliegan las clases y grupos sociales despojados del poder y el imperialismo yanqui, que trata a toda costa de mantener sobre el país su concepto de “soberanía limitada”, forma fundamental de consolidar su dominación económica, política, social y espiritual.    

Esto no significa, que la concentración en la toma de decisiones inicial deba ser el modo fundamental, único que se perpetué a lo largo de las  transiciones que aspiran ha ser opciones legitimas al capitalismo. En contraste con tal generalizada visión, ella es el medio articulante que da curso e impulsa a todas las mediaciones sociales para el ejercicio de la cultura del pueblo, por y para él. Algo así, como transición de transiciones dentro de un movimiento transicional al socialismo, adecuando de esta manera, a la misma, a la condición de laboratorio plural real en el deslinde de las mediaciones que se necesitan. Especifiquemos, la correlación que inicialmente condicionaba de alguna manera al centralismo, debe abrir caminos a la participación efectiva, real, a una socialización política diferente y diversa del proceso.

Los caminos aproximados que nos permiten acercarnos al análisis de tales imbricaciones de praxis -mediante y automediante- activa, y que muestran la efectividad y fuerza en el movimiento al afianzamiento del nuevo sistema social, se encuentran asociados, a sus capacidades para nutrirse constante y cambiantemente de una multiplicidad de formas y contenidos participación individual conexas con las sociales capaces de garantizar realmente la construcción inacabada, como proceso inconcluso, pero en progresión de la dirección más compleja y multiforme de los procesos humanos. Esto no sólo ha de discurrir con la creación cuantitativa de canales de activismo sociopolítico y societario en general, sino en su funcionamiento, en ese flujo intervinculante e interactivo imprescindible entre las masas que garantiza la ejecutividad del nuevo organismo social actuando ya en su conciencia, porque actúa en su vida, en el desempeño cultural. Es una revolución de pensamiento, es una sociedad de conocimientos, porque es una civilización de praxis pensada y autopensada.

Es por ello, que el movimiento de gestación de un nuevo poder, que implica simultáneamente nuevo saber en como hacer y viceversa, debe transitar acorde a las peculiaridades contextuales y al proceso de construcción de sus sujetos políticos, desde formas iniciales concentradas de voluntad política a la absorción real por las masas de la misma, con toda la complejidad cultural que le acompaña. Pormenoricemos, el pueblo debe participar activamente como necesidad de su existencia, no sólo en la ejecución de las tareas, sino en el establecimiento, control y dirección de las mismas, como causa y efecto de una cultura que se afianza y potencia el porvenir. Esto, no es una copla comunista de tiempos pretéritos a entonar, para salvar las distancias de lo que no esta siendo y deberá ser en algún bendito momento, pues “las condiciones no lo permiten aún”, o “sólo lo favorecen parcialmente” según los injertadores de olmos, que no se atreven a sembrar perales, pero que encuentran desarrollado el sabor de la pera en el olmo injertado.  

La audacia intelectual en las búsquedas que optimicen al tejido social en transición a nuevos contenidos de actividad humana pensada y construida mancomunadamente, es un aspecto que matiza el desarrollo de un proceso cultural inconcluso e irrepetible en sus transcursos. Apuntamos pues, a que la edificación de sociedades distintas a las tradicionales enajenantes, necesitan de Ciencias que crezcan y se transformen en avenencia con dichos propósitos, que contribuyan a ello desde la complejidad, diversidad y eventualidad que les asiste. En suma, la construcción de un nuevo futuro se estudia, se actúa y se crea indivisible y científicamente.

Es común con relación al socialismo -por la historia de incongruencias en sus aprehensiones científicas- un suponer casi generalizado de que todo esta dicho, o se puede decir a partir dos o tres verdades “generales” e inconexas que se manejen y a la grandilocuencia que se despliegue como sinónimo de cientificidad. Pues, en cuanto a acaecimientos humanos existe la tendencia de quetodo puede ser convertido en frase”.[287] Lo innegable, por tales manejos es que sigue siendo un fantasma que recorre recurrentemente al mundo, y que necesita de las armas complejamente tejidas de las ciencias y sus praxis humanamente científicas para exorcizar dichos espectros en la realidad. Pues, el significado cualitativo de construir sociedades alternativas a los imperios imperialistas y no miméticas esta por construirse, a partir un religar sus diversas historias teóricas y prácticas con la actualidad. El reduccionismo, la aceptación acrítica de lo que “todos infieren”, lo sobreentendido sobre el socialismo, tiene que acabar; pues, de otra manera a como el Che lo viera, pero, desde similares significados “se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque”, y se extingan los árboles y con ellos los bosques.

Desde la dicotomía creación plural – repetición de consignas petrificadas, el Che explicaba: “Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el problema entre forma y contenido). Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios”.[288]

La convencionalidad de los métodos, es un asunto recurrente dentro de la propia corriente socialista[289] cuando pierde el rumbo en cuanto a la multiplicidad de ejes que le dan solidez a la enajenación y a las posibles opciones para entretejer desde esos estados las perspectivas futuras de lo nuevo, es decir la desenajenación.   Estas cuestiones cardinales se encuentran nítidas en el pensamiento del Che, es más, reclaman constantemente su materialización como principios plurales esenciales para un auténtico movimiento al socialismo. Es por eso, que en la exposición de sus ideas con relación al surgimiento de la burocracia, presta especial atención a los grandes retos que debía enfrentar el proyecto cubano, y que en su consideración se mantendrían a lo largo de su movimiento, reclamando atención diferenciada al llenarse de diferentes contenidos. Entre ellos se encuentran:

- La falta de experiencia para desplegar un modelo participativo autóctono en constante crecimiento, capaz de diferenciar y deslindar los desemejantes momentos históricos y las tareas que le eran consustanciales.

Ello vinculado entre otras causales, a las deformaciones heredadas en una estructura de poder burgués dependiente, plagado de lacras burocráticas y corruptas que matizaron la neocolonia, con una absoluta ausencia de política exterior y de definiciones propias, que penetraran el cuerpo espiritual y cultural de la nación, cuyo eje aglutinador en el sentido de creación resultaría el antiimperialismo, propulsor identitario de todos los senderos correctores de alternativas.

A lo que se añadirían, los grandes problemas que enfrentaban las anteriores experiencias socialistas en materia democrática, de las cuales no siempre era propicio beber por su carácter deformado, y por ultimo las urgentes tareas a resolver cotidianamente. En tal sentido, y precisando enfoques respecto a las ausencias de teorización o conocimiento sobre el llamado período de transición al socialismo argumentaba: “Si a esto se agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía nos encontramos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política del mismo de mayor alcance. (…) La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. (…) aquí no se trata de avanzar a ciegas sino (…) sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia”.[290]  

- El recrudecimiento de la lucha de clases con el apoyo norteamericano que condicionaron la prioridad a la tarea de supervivencia, pasando a un segundo plano los modos y mediaciones para el desarrollo del socialismo acorde a nuestras peculiaridades.

- La necesidad de reorganización cultural, incluso la alfabetización como movimiento primario, que allanaran el camino a un objetivo superior mediante la articulación épocal de sucesivas mediaciones pertinentes, para que los sujetos preparan y se auto prepararan en el proceso de progresión de las nuevas relaciones sociales coexistentes con un sistema internacional adverso.

- La falta de personal calificado –cuadros- a todos los niveles para dar forma al movimiento desde las visiones organizativas de esos tiempos, en particular según señalaba el Che, al medio y de base.

- Las grandes dificultades para asimilar las experiencias de izquierda y socialistas concomitantes, para evaluarlas objetivamente en toda su dimensión. Excluyendo el tan nefasto calco de modelos ajenos a nuestras realidades, o la negación absoluta, que no tiene en cuenta la asimilación certera de qué cuestiones eran asimilables, incluso como camino no transitable, sobre la base de un estudio científico.

- La hostilidad internacional garantizada y sufragada por los Estados Unidos, que saboteaba constantemente e impedía un balance a tiempo de los errores cometidos en la implementación del proyecto.

Desafíos de esas índoles marcaron los vericuetos recorridos en la búsqueda para afianzar el proyecto democrático cubano limitando y retardando en muchos casos su consolidación. No obstante, la intención inicial era: construcción múltiple del mismo. Sin eludir a todas luces, los errores cometidos en su implementación que serán objeto de análisis del presente estudio, al examinar lo evitable e inevitable intentando valorarlo en sus plurales dimensiones en los modelos o diseños adoptados por el proceso cubano en toda su etapa inicial e insinuando científicamente coligarlos con los procesos actuales.

Durante toda esa etapa primaria se abonó el camino, no sólo en el sentido de ascenso con relación a las circunstancias en que existía nuestro país antes del 1959 –aspecto éste loable-, sino también en la trayectoria de acumulación de circunstancias que eran pertinentes resolver por el sendero transicional socialista optado, y que se disolvieron sin la atención consecuente, ya que el sujeto político de ese tipo de transición, no siempre se potenció en la dirección de reproducción ampliada de su significado cualitativo a lo largo de los diversos momentos vivido. O lo que es lo mismo, la siembra perpetua de perales, en tanto se disminuía, hasta desaparecer, el injerto de olmos para que dieran peras.

Por ello hoy, y desde la experiencia cubana y otras concomitantes, al penetrar en los complejos procesos que han de marcar el contenido diferenciante de la alternativa al capitalismo, aspecto este que aparece por doquier en los escenarios actuales; realmente asusta un poco, desde la historia recorrida, el que a la altura de este primer decenio del siglo XXI, al teorizar o proyectar políticamente sobre la construcción “del nuevo socialismo del milenio”, se hable sobre muchas cuestiones a veces inconexas, y no se aborden los asuntos referidos a la desenajenación, aunque se critique la enajenación reinante en el mundo.

Es decir, se produce una necesaria crítica al estado de circunstancias imperialistas dominantes, pero no se ofrece desde la lucha que se preconiza, al menos atisbos de posibles caminos al proceso inverso. La paradoja llega al límite de que se manifieste sorprendidamente y arrugando el ceño: ¿desenajenación, hoy? La ciencia y desarrollo teórico, su comprensión como praxis de novedad cultural, a las que el Che convocaba como impostergable para forjar el futuro, como inherente al propio proceso de construcción de lo futuro se diluyen, se despersonalizan en un agotamiento infructuoso de significados que no prevén. Con lo cual se olvida, que “Prever es la cualidad esencial, en la constitución  y gobierno de los pueblos. Gobernar no es más que prever (…) Los países que no tienen métodos comunes, aún cuando tuviesen idénticos fines, no pueden unirse para realizar su fin común con los mismos métodos”.[291]

Por tales razones, volver sobre las huellas del pensamiento de Ernesto Guevara, para quien el proceso a la desenajenación eran esencias a resolver mancomunada y diversamente, clarifica aristas científico metodológicas – en el sentido de replanteo epistémico complejo sobre el socialismo- no siempre tenidas en cuenta, y que presentan potencia y vitalidad en el escenario transicional socialista cubano, así como en las sendas que América Latina se proponga recorrer.

Ya que, entre otras de muy variada textura, “Las tendencias burocráticas, que sofocan al movimiento obrero, también deberán manifestares por doquier después de la  revolución. Pero es evidente que mientras más pobre sea la sociedad nacida de la revolución, esta ley deberá manifestarse más severamente, sin rodeos; y mientras más brutales sean las formas que debe revestir, el burocratismo será más peligroso para el socialismo. No son los “restos” impotentes por sí mismos de las antiguas clases dirigentes (…) son factores infinitamente más potentes como la indigencia material, la falta de cultura  en general y el dominio consiguiente del “derecho burgués” en el terreno que más interesa directa y vivamente a todos: el de su conservación personal”.[292] 

Los inicios del poder revolucionario cubano, se encontraron caracterizados por la presencia definitoria del factor militar en la organización, dirección y administración del Estado; proceso natural e inevitable, asumido a partir de las peculiaridades del movimiento de liberación nacional. “Los primeros pasos como Estado revolucionario –apuntaba el Che-, así como toda la primitiva época de nuestra gestión en el gobierno, estaban fuertemente teñidos de los elementos fundamentales de la táctica guerrillera como forma de administración estatal. El “guerrillerismo” repetía la experiencia de la lucha armada de las sierras y campos de Cuba en las distintas organizaciones administrativas y de masas, y se traducía en que solamente las grandes consignas revolucionarias eran seguidas (y muchas veces interpretadas de distintas maneras) por los organismos de la administración, y de la sociedad en general. La forma de resolver los problemas concretos estaba sujeta al libre arbitrio de los dirigentes”.[293]   

Este estilo de trabajo condicionado por las especificidades del comienzo revolucionario, no permitía el establecimiento de una lógica en materia de dirección política que respondiera la realización consciente y razonable de la voluntad del poder recién conquistado, abriendo paulatinos espacios a la participación y control popular. Era imprescindible, por tanto, para no desperdiciar esfuerzos, organizar de una manera nueva la administración del gobierno del pueblo. Esclareciendo, que ese pueblo, era la masa toda que se oponía a la condición de país dependiente, tanto de los Estados Unidos, como de sus secuaces nacionales.

Para tal empeño, en aquel entonces, se optó por la aplicación de las técnicas de administración social de los países socialistas basados en la planificación administrativista. Así aparece la llamada política de centralización operativa, la cual frenaba considerablemente la toma de decisiones inmediatas y flexibles a cada nivel, lo que hizo incluso meditar y considerar al Che en aquel momento, que el nuevo estilo de trabajo era un bandazo. La correlación centralismo-democracia identificada en Guerrillerismo - Centralización Operativa, significaba que a pesar de la voluntad rectificadora el camino escogido no solucionaría de suyo las correcciones necesarias para el alcance del ejercicio del poder popular, poniendo de relieve las fuertes contradicciones en que nacía un nuevo principio de dirección política social, a saber: el centralismo democrático, del que ya casi no se habla, pero que sigue latente.

La opción fuertemente centralizadora surgía evidentemente como necesidad ante la falta de cuadros, las enormes tareas que no podían esperar, la fuerte lucha de clases, entre otras de gran peso, pero de suyo originaba una exagerada limitación de la iniciativa, una falta de respuesta inmediata, de aparatos ejecutivos de control popular, y de delimitación de la acción del dirigente en cada nivel. “Así comienza a padecer nuestra revolución el mal llamado burocratismo”.[294] 

Unido a las viejas lacras heredadas del capitalismo, que incidían entre otros elementos en aspectos tradicionales y psicológicos en el orden cultural general y político en particular, se suman nuevas modalidades en el modo de ejercer el poder político por la Revolución. Esto, no significa negar el amplio espectro de organizaciones sociales y políticas que nacieron y ejecutaron exitosamente el programa de justicia social propuesto desde antes del triunfo, lo que consolidó a la revolución como opción de desarrollo. Sólo que a la luz de la historia, de los problemas que necesitamos dirimir en el orden genético de su surgimiento y desenvolvimiento ulterior, demandarán siempre de un análisis detallado y razonado de las dificultades que fueron posibles de eludir o que eran ineludibles, ya que en muchos casos marcaron deformaciones futuras, que se deben desentrañar desde los inicios mismos, o en su lugar experiencias a sortear por quienes transitan por estas construcciones sociales de nuevo tipo.

Las causas del burocratismo y de las deformaciones en materia de poder revolucionario siguiendo el análisis realizado por Ernesto Guevara, en su obra “Acerca del burocratismo en Cuba”, se encuentran asociadas a:

I.- “Falta de motor interno”.

II.- “Falta de organización y con ello, de métodos para movilizar efectivamente la gestión social”.

III.- “La falta de conocimientos”.

Estas 3 causales se encuentran íntimamente vinculadas, es por ello, que al examinar una, evidentemente habrá que referirse a las otras. Lo que conjuntamente invita, a meditar el hoy desde el continuum y sus variabilidades. Se intenta pues, simultanear esos procesos.

I-La falta de motor interno, la falta de motivación objetiva, consciente y razonada socialmente se encuentra vinculada a: “... la falta de interés en el individuo de rendir al servicio del Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria, o en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal”.[295] Siendo consecuentes con los planteamientos del Che, existen elementos psicológicos, de legitimación tradicional, de gestión política, económica, social, entre los más relevantes condicionados deformadamente en nuestro accionar político, como fueron siguiendo su lógica:

- Falta de claridad política en lo que se proponía, y en cómo lograrlo insertando al hombre para desarrollar en él la responsabilidad cotidiana ante el proyecto del que debe ser protagonista fundamental. Ya que no basta con aceptaciones generales abstractas, el individuo debe comprometerse, pero para ello, debe participar activamente en la elaboración, control y ejecución del proyecto a corto y largo plazo, como transcurso gradual pero veraz. Sin esto, la propuesta de su futuro se convierte en algo vacío, en simples consignas que el sujeto no identifica como el objetivo de su vida. Por otro lado, la savia colectiva enriquece las vertientes plurales y coloca a las posibilidades en realidades de las que todos están convencidos, porque se cuenta con ellos, y ellos se imbrican en el contar con todos.

- “Falta de ejecutividad” que se traduce en:

a- “Una explicación continua y razonada de las tareas”, o un aportar tareas múltiples desde los sujetos inmersos en la experiencia, acorde a sus especificidades y áreas de desempeño.

b- “Estimular la iniciativa del hombre”, abrir espacios movilizadores de esa iniciativa que se oponga a la inercia del que cumple directivas pautadas por otros, desde fuera y a despecho de lo que es necesario, lo que conduce al enmohecimiento del pensamiento, al enclaustramiento de las vitalidades, al extrañamiento procedente de relaciones sociales trazadas lineal y verticalmente.

c- “Utilizar medidas ejemplarizantes y drásticas con el parásito”. O como apuntaba Engels, encontrar los mecanismos adecuados para que nadie pueda desentenderse del contenido de su trabajo descargándolo sobre los demás, o más exactamente vivir de los demás, o acostumbrarse en grado superior a esa conducta anti ética, porque el medio se lo favorece.

d- “Control real por todos sobre el trabajo (calidad y cantidad), y sobre la gestión estatal y política de los cuadros”. No pueden gestarse nuevas relaciones, si las pautas de las actividades no las cualifican como opuestas a los modos anteriores, si las conexiones humanas aún y en transición no están siendo o mejor haciendo que se despliegue no sólo la diferencia sino el cambio de esencia de qué, cómo y para quiénes se hace, más allá del imaginario o de lo declarado, al menos como variables conocidas de lo que se proponen barrer de raíz.

Cuánto de lo explicado en su momento por el Che, y desde la conciencia de lo que se proponían cambiar en íntima vinculación con el pueblo sigue apareciendo, existiendo y desvirtuando el accionar transicional socialista en Cuba, al que se le añaden nuevos ingredientes asociados a las medidas tomadas bajo diversas circunstancias. Qué explicaciones esenciales pueden revelar la naturaleza de la perseverancia de problemas de este tipo, incluso potenciados por prácticas continuadas en esos tránsitos y retránsitos dentro de la experiencia socialista sin encontrar la mediación pertinente que las anule. Problemas de esta índole hicieron afirmar a Fidel Castro, en el aniversario 60 de su ingreso a la universidad:

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: “¡No!”) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad? ¿Conocían todas estas desigualdades de las que estoy hablando? ¿Conocían ciertos hábitos generalizados?”.[296]  “¿Cuántas formas de robo hay en este país?”.[297] 

Las invitaciones a reflexión de Fidel Castro, contienen más de una arista de extremo peligro a considerar, en especial por los hábitos que le acompañan, asentados y funcionando como modalidades propias de la vida cotidiana, de las que no se habla ya en sentido de rupturas con la eticidad que se preconiza, dado que en el argot popular la visión de una buena parte de las conductas delictivas diarias pasaron de “estar luchando”, a “estar trabajando”. Precisemos, la asunción del transgresor y del que burla lo prohibido pasó del “vividor” de otros tiempos a la condición de trabajador. Sé es del criterio, que sobre estos tránsitos, tal y como se presentan es pertinente meditar, porque ellos nos acompañan, porque sus metamorfosis se produjeron ante nuestros ojos, más allá inclusive de la sentencia martiana de que “El hombre no es lo que se ve, sino lo que no se ve”[298].

En este punto, más que indisciplinas y delitos a mirar en los infractores aislados, que abarcan todos los intersticios de lo social, conviene meditar en la calidad de relaciones que van resultando de los modos de interacciones sociales que se potencian. Ya no cabe, dadas las complejidades del asunto, el colocarse en uno u otro polo, en descargar en uno u otro la culpa del problema. Estos son momentos de imbricaciones y complexiones de análisis y opciones de mayor alcance, que propendan a la totalidad, a una reorganización de esos fundamentos sobre los que se ha erigido cronísticamente y que no han penetrado en las esencias que procrean los defectos, los gusanillos de interacciones que carcomen al olmo injertado y a los nuevos perales que se siembran. Más que aplicar la ley perfeccionada –salida usual- en un ambiente generalizado de soborno[299], lo necesario sería tensar la inteligencia en encontrar emergencias organizacionales transitorias para enderezar los rumbos.

“Ni de nombre de partido, ni de equivocaciones pasajeras aunque parezcan durables; ni de la diferencia de nuestras ideas corrientes nos guiamos, sino de un amor que tiembla y vela, (…) Nuevo queremos el carácter, y laborioso queremos al criollo, y la vida burocrática tenémosla por peligro  y azote, y bregaremos por poner la tierra abierta con el trabajo inmediato y diverso, a la vida natural, que es en la república la única garantía del derecho del hombre y de la independencia del país”.[300]

Todo indica que las fallas en “la falta de motor interno”, explicadas por el Che en los primeros tiempos como causas de la aparición de la burocracia, han aumentado, desbordando todos los cauces posibles dentro tradicionales modalidades de organización social que ya han agotado sus posibilidades, mostrando los significantes del peligro de una vida burocrática, según el cubano de todos los tiempos. Sin olvidar, por cierto, que si Fidel Castro no hubiese puesto en el tapete las honduras de los problemas existentes, resultaría difícil demostrar o enunciar la posibilidad de reversibilidad del proyecto cubano, de no ser defendido de conjunto y “como condición para el libre desenvolvimiento de cada individuo”, como indicara Marx.

Todo esto saca a la luz, opacidades, zonas restringidas al debate que siguen operando aún y ante la enormidad de asuntos a resolver como cubanos. Posturas de este tipo no pueden justificarse a partir de garantizar la unidad frente al enemigo de noventa millas, ya que como Fidel también sentenciará: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.[301] El amordazamiento de verdades como modalidad de praxis burocratizas al extremo, denotan el enraizamiento de sus patrones de interacción como cuerpo jerárquico y cerrado campeando por sobre nuestros destinos. Por tanto, mas allá de los enemigos externos e internos que no han de faltar en las transiciones socialistas, existen al parecer según los anales que la experiencia muestra enemigos propios, inexplorados e inéditos sobre los que urge meditar de conjunto.

El ejercicio de intelección que acompaña a este trabajo, pasa precisamente por el hoy, e invita a esclarecer desde el pasado la reorganización del rumbo histórico en la contienda ideoteórica de los tiempos actuales.  Batallas que asumen matices, -desde la modesta consideración de esta autora- cada vez más temibles, en especial, porque provienen entre otros, del interior de nosotros mismos, de cómo nos hemos acostumbrado a actuar, a pensar a interrelacionarnos.

Por eso, “Los pueblos como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con mejunjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema el hueso al mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación. (…) Hombre es el que le sale al frente al problema, y no deja que otros le ganen el suelo en que ha de vivir y la libertad de que ha de aprovechar. Hombre es quien estudia las raíces de las cosas. Lo otro es rebaño. (…) De nuestras esperanzas, de nuestros métodos, de nuestros compromisos, de nuestros propósitos, de eso, como del plan de las batallas, se habla después de haberlas dado”.[302]

En otro orden de esclarecimientos respecto a la deformación burocrática, el Che alertaba respecto a:

II.- La “falta de organización y con ello de métodos para movilizar efectivamente la gestión social”.    

Cuando se enfoca este punto, evidentemente es pertinente referirse no sólo a métodos o estilos de trabajo, sino a una concepción más amplia que incide en la dirección y el encauce de la participación individual en el proyecto socialista. Cuando el Che revelaba estos problemas, autocríticamente sentenciaba: “La dirección económica de la revolución es la responsable de la mayoría de los males burocráticos”.[303]  

Esto lo asociaba entonces a:

1. - Los aparatos estatales no se desarrollaron mediante un plan único y con sus relaciones bien estudiadas, dejando amplio margen a la especulación sobre los métodos administrativos.

2. - El aparato central de la economía, la Junta Central de Planificación, no cumplió su tarea de conducción y no la podía cumplir, pues no tenía la autoridad suficiente sobre los organismos, estaba incapacitada para dar ordenes precisas sobre la base de un sistema único y con el adecuado control y le faltaba el imprescindible auxilio de un plan perspectivo.

3. - La centralización excesiva sin una organización perfecta frenó la acción espontánea sin el sustituto de la orden correcta y a tiempo.

4. - Falta casi total de conocimientos para la toma de decisiones acertadas, lo que desembocó en el reunionismo, falta de capacidad perspectiva para resolver los problemas.[304] 

Esos aspectos condujeron a la aparición de un tipo peculiar de administración que no podía llamarse de otro modo que no fuera burocratismo. “El burocratismo – sentenciaba el Che – es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar una solución. (...) es frecuente observar como la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es la de solicitar mas personal para realizar una tarea cuya fácil solución solo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario”.[305]  

La descripción del burocratismo de sus tiempos, persiste hoy, pero en su accionar ha desarrollado otras sujeciones o modalidades de control mucho más complejas y abarcadoras. Este modo de poder del buró, o de la persona oficial que ostenta una u otra responsabilidad, a uno u otro nivel, se vincula en la visión guevariana a la dirección hipercentralizada que asfixia a la iniciativa individual del dirigente y al mismo tiempo del dirigido, lo cual excluye a todas luces el control real sobre las gestiones. En aquellos tiempos, el temor al error paralizó la actuación creadora y sabia del especialista, el temor a la pérdida de la posición alcanzada al cuadro, y la creencia de que la solución de todos los problemas se encontraba solo en las manos de los mas capacitados y no de los sujetos, originó un proceso de delegación de poder de funestas consecuencias para la opción socialista.      

En este sentido, destacaba el Che: “Claro que el gobierno no puede dictar normas, hacer planes, fijar metas, sin la participación del pueblo, pues en ese caso seria un plan frío, burocrático... La dirección debe ser única, con responsabilidad única y la discusión colectiva... La Asamblea de producción abarca a todos los obreros de una fábrica que reunidos democráticamente, exponen sus puntos de vista sobre la marcha de la industria y del plan. La asamblea de Producción representa una especie de cámara legislativa que enjuicia la tarea propia y la de todos los empleados y obreros. (...) La critica y la autocrítica serán fundamento del trabajo diario pero llevados a su máximo a la Asamblea de Producción”.[306]  

Se evidencian así, causas que imposibilitaban funcionar aproximándose a lo transicional socialista, relacionadas con la vinculación del individuo a ese objetivo. Pero esos desvíos eran factibles de corregir, de proponerse abandonar el modo de funcionamiento lineal, verticalista y centralizado asumiendo en primera instancia la propuesta guevariana de “dirección única, con responsabilidad única y la discusión colectiva”. Cuestiones estas que al no eliminarse de raíz, detonaron modelos mentales de funcionamiento excluyente, áreas intocables –incluso por no conocidas-  hasta hoy.  

5- Otro elemento negativo se encontraba asociado a la selección y control sobre el cuadro.

Lo más importante no radicaba en que por necesidad se precisase designar a dedo a los mismos, sino que el mecanismo deficitario de control de cada individuo presente en la experiencia conducía a que se mantuvieran en la dirección personas poco escrupulosas que medraban y lucraban a costa de la producción social, siendo imposibles detectarlas hasta que la situación se hacía catastrófica. A lo largo del proceso han llegado incluso, en algunos casos, a atentar contra la integridad del país, avanzados en esa modalidad de práctica selectiva. “Muchos errores se cometieron en la parte administrativa del ejecutivo, - analizaba el Che – enormes fallas se cometieron por parte de los nuevos administradores de empresas que tenían responsabilidades demasiado grandes en sus manos y grandes y costosos errores cometidos también en el aparato político que, poco a poco, fue cayendo en una tranquila y placentera burocracia, identificando casi como trampolín para ascensos y para cargos burocráticos de mayor o menor cuantía, desligados totalmente de las  masas”.[307]    

El peor efecto de tal padecimiento burocrático, no sólo se concentraba en las repercusiones económicas de tal política –aspecto este sobre el que más se mira-, sino en la conciencia de los hombres que supuestamente experimentaban una nueva forma de reorganización social. Nos referimos en este punto al ejemplo, del que tanto se ha hablado y que para cultivarse hace falta más que confianza y fe. El ejemplo, no es un atributo, no es algo que se decreta en los estatutos de una u otra organización como practicable para pertenecer a ella y cuando se pertenece, se infiere que se práctica o sé es automáticamente paradigma. Para ello, entre otras alternativas para su desarrollo, es preciso abrir mediaciones al control individual y social que fomenta identidad política por su propia transparencia, por el conocimiento pleno del desempeño de cada uno, algo a lo que se pertenece porque es obra propia, entre otros muchos argumentos que pudieran precisarse.

El ejemplo, modestia y dedicación responsable constatable y no deificada por el imaginario son necesarios, pero no por la membresía a una u otra organización social o política del nuevo proyecto, cual adorno que nos toca por militancia, sino como ciudadanos o sujetos sociales simples que no cumplen un propósito de vida planificado o dibujado desde fuera de sí mismos acerca de lo que se debe ser, sino de algo que se va construyendo, aprendiendo y propendiendo en interacciones de cualidades humanas cada vez más diferentes y diferenciantes del ayer y del hoy. “(…) el hábito noble de examen destruye el hábito servil de la creencia; la pregunta sigue al dogma, y el dogma que vive de autoridad, muere de crítica”.[308]

De otra manera, cómo pretender que los seres humanos se involucren en un objetivo superior, si ellos no edifican con su sabia en crecimiento esa superioridad en cuanto a calidad de vida. Cómo hacerlas latir al compás de la nueva justicia social a que se aspiraba y en la que se inspiraban para mantener y desarrollar el proyecto de no ser algo que sale de sus propias manos, pensado y ejecutado por ellos mismos. La falta de credibilidad que se origina ante el divorcio de la palabra con los hechos, con la existencia misma, es el más temible de los cismas para el socialismo en potencia.

A qué responde entonces, en esa vertiente, como norte aproximado de construir lo nuevo el que a casi más de 40 años, Fidel Castro convoque a que se le responda reiteradamente en su intervención del 17 de Noviembre del 2005 la siguiente pregunta: “Les hice una pregunta, compañeros estudiantes, que no he olvidado, ni mucho menos, y pretendo que ustedes no la olviden nunca, pero es la pregunta que dejo ahí ante las experiencias históricas que se han conocido, y les pido a todos, sin excepción, que reflexionen: ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario? Cuando los que fueron de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes, ¿qué hacer y cómo hacerlo? Si nosotros, al fin y al cabo, hemos sido testigos de muchos errores, y ni cuenta nos dimos”.[309]   

Cómo darnos cuenta de los errores en la transición social que se opone a la alienación, qué conectores no pueden olvidarse en su construcción histórica diversa como ejes de un reordenamiento que sobrepasa lo político, y que hunde sus raíces en la totalidad relacional social en general adoptando una heterogénea fisonomía. Es que acaso el pensamiento revolucionario dentro y fuera del marxismo no ha ido esclareciendo nada en sus transcursos en que fue conformando visiones y correcciones. Qué falla en la comprensión de fenómenos recurrentes, que como el propio Fidel afirma, son nítidos en las experiencias históricas que han acontecido y en la nuestra desde sus especificidades propias. O cabría preguntarse, cuándo se gestó eso que tanto alarmó a Fidel Castro para apelar una y otra vez a partir de lo que conocía sobre el problema, para que todos nos lo pensáramos también. Porque lo que hacía eran preguntas. Para ellas, cuántos se proponen dar respuestas aproximadamente reales y no traídas por los pelos, si es que es posible comenzar a responderlas. La pluralidad de lo que se gesta en Cuba hoy en los diferentes ámbitos de interacción humana, y fuera de los cánones de lo establecido –porque existen rangos de posibilidades- que limitan o casi niegan el dialogo puede continuar siendo desconocido; ya que las cargas o sobrecargas históricas no resuelta o dirimidas se encuentran cerrando el paso a una interlocución válida entre cubanos.

6. – En igual orden de importancia, el Che se refiere también a la falta de vínculos con la realidad como resultado de una falta de retroalimentación con las masas y los individuos concretos. Esto matizó entonces de idealismo muchos proyectos que hiperbolizaron los factores políticos y morales, sin un respaldo para los objetivos trazados. “Para todos ellos, - afirmaba – el denominador común es la claridad política (...) Esta no consiste en el apoyo incondicional a los postulados de la Revolución, sino un apoyo razonado (...) Es lo que pudiéramos llamar un tornillo dinámico de este motor (...) un creador que ayudara al desarrollo de las masas y a la información de los dirigentes sirviendo de contacto con aquellas”.[310]  

Este diseño participativo que analizaba el insigne pensador, aun y cuando apunta a cuestiones medulares y actuales, no cualificaba un auténtico poder construido desde abajo, incluyente e inclusivo y de suyo una determinación real participativa, un modo efectivo de que cada individuo tenga algún peso en la dirección social, y por ende en el propio socialismo. Dado que el enfoque desde la condición de tornillo –aún y cuando se concibiese como dinámico- no podía potenciar, como no lo fomentó en la experiencia soviética, la propuesta leninista que apelaba a la condición de poleas transmisoras entre el estado y la sociedad al funcionamiento de las organizaciones sociales. El carácter extremadamente instrumental de tales propuestas, establecen matices, pero no cambia la condición realmente existente del activismo político de un poder de nuevo tipo diferente de las añejas formas anteriores que experimentaron ambas naciones antes de iniciar la transición al socialismo. Profundizar en esto, sigue siendo un desafío entre los múltiples que nos acompañan.

Durante el período en que el Che vivió y estudió el proceso revolucionario cubano, el papel protagónico de los sujetos históricos aun no se expresaba en la dirección, toma de decisiones y control a todos los niveles incluyendo a los cuadros políticos, la efectividad, acierto y desacierto de sus funciones, tal cual él criticará y aleccionará sobre sus funestos resultados. Las debilidades asociadas al excesivo centralismo se vinculan en su esencia a una de incapacidad primaria para reproducir relaciones sociales socialistas ampliadas en proceso de crecimiento. Podía, y de suyo se logró, comenzar a resolver parte de los enormes problemas en la justicia social, pero no el socialismo, como objetivo a largo plazo. En este sentido valoraba el Che a manera de autocrítica del accionar centralizado: “Un cúmulo de decisiones menores limitó la visión de los grandes problemas y la solución de todos ellos se estancó, sin orden ni concierto, las decisiones de ultima hora, a la carrera y sin análisis, fueron la característica de nuestro trabajo”.[311]   

El reto descansaba, según la visión que el Che nos legará en su obra cultural y práctica política, en lograr encauzar los canales participativos existentes entonces con contenidos que reprodujeran un interactuar y crear a partir del individuo como eslabón esencial de ese proceso, lo cual evitaría deformaciones ulteriores en el funcionamiento socializador y en el accionar social en materia de política, cerrando el paso así a la deformación burocrática, que como puntualizara nació y se desarrolló en este momento genético de nuestro proceso. La cambiante dinámica del mundo tensa la vida y en coincidencia ha de tensarse el pensamiento para cambiar la vida con los nuevos contenidos que la componen; ya que “(…) –en esta edad tumultuosa de derrumbe y renuevo- no es raro que al meditar ya la faena, hayan sufrido cambio esencial, o merma grande, las ideas que nos hicieron concebirlo, (…) Es buena manera de servir a la patria: grabar lo que se desvanece: dar molde nuevo al recuerdo viejo: reconstruirla”.[312i]                               

Las enseñanzas de Ernesto Guevara trascienden todos los órdenes de actividad humana, pues compulsan en pensar para reorganizar la existencia. Alertan además, sobre los peligros y lances de las alternativas socialistas asumida desde el subdesarrollo, bajo los efectos de cosmovisiones lineales, deterministas edificadas desde la supremacía de las certidumbres. Por lo que, constituyen un manantial inagotable de saberes, e instan constantemente al sujeto del proyecto desenajenador a desentrañar la naturaleza de las deformaciones presentes en la experiencia social que se vive, como práctica propulsadora del perfeccionamiento humano, cual preguntas a flor de piel que se traspasan perennemente.

Conocer, estudiar, transformar como transcursos indivisibles, como necesidad interna es una manera de ser consecuentes con la prédica martiana de “ser cultos para ser libres”, es forma además, de desterrar el enanismo y la mendicidad de conocimientos, la cual convierte al individuo concreto en figurillas burlescas de todo tipo de manipulación, incluso la del propio yo. El Che promovía, la urgente necesidad de alcanzar al hombre nuevo, no envuelto en papel de celofán, sino de conocimientos a la altura y por sobre sus tiempos, artífices de la creación humana. Pues, “Cada hombre trae en sí el deber de añadir, de domar de revelar. Son culpables las vidas empleadas en la repetición cómoda  de las verdades descubiertas”.[313]

Las alternativas socialistas siguen presentes en las condiciones contemporáneas cuando el imperialismo transnacionalizado intenta conservar la fisonomía civilizatoria a sus apetencias perspectivas. La tarea de los marxistas, revolucionarios, y humanos “con un poco de luz en la frente” de hoy, sigue siendo la de una crítica científica a la sociedad enajenada. Pero sumado a ello, y como consecuencia lógica, la de las experiencias revolucionarias y socialistas fenecidas, la propia y las concomitantes. Se impone pues, más que un repensar el pasado y el presente por separado, un religarlos un ponerlos en función de un modo de organizar el pensamiento y la práctica como contribución propositiva de cambios reales desde sus intervincularidades.

Condenamos por su nocividad, desde las consideraciones realizadas en este estudio, toda posición conformista, de suyo enmascaradora que primó absolutamente durante el decenio de los noventa y que aún conserva consciente o inconscientemente partidarios. Aquella que acuña en su desentendido resarcimiento, el que: “ya conocemos suficiente sobre lo que pasó o esta pasando con el socialismo, guardemos nuestros pañuelos y concentrémonos en criticar al capitalismo”. Tales posturas nos alejan de la constante y necesaria polémica sobre el pasado reciente y lejano socialista, y por ende respecto a la alternativa a construir de forma múltiple.

Otra perspectiva que ha comenzado a adecuarse, poseedora conjuntamente de disímiles lecturas, es la que se encuentra asociada a lo que se ha dado en llamar “socialismo del siglo XXI”. Sin demeritar la búsqueda superadora que entrañan sus planteos originarios, sé es del criterio, que aún y en sus diversas variantes no se alcanza a optimizar el nuevo continente de lo futuro.

Con ella se corre también el trance, al querer construir con bastante premura “un nuevo socialismo” en oposición al que existió de manera absoluta, a que sean arrastrados los pueblos por la ausencia de asideros reales a una vuelta al pasar el tiempo “a toda la miseria anterior”[314], como ya ha sucedido desde otros presupuestos, “(…) porque los pueblos son como los árboles, que no los conoce bien, ni sabe de los injertos que les puedan convenir o dañar, sino quien los conoce desde las raíces. Y a estos labradores no se puede desdeñar, a los que miran al árbol las raíces, mientras que otros viven prendados del gusano de colorín que se les sube por las hojas, o clavan a destajo en el tronco indígena, por la fatiga de la novedad, ramas de Missouri o de Valdemoro, que le perturban la savia, o se la envenenan”.[315]

Por ello, con relación al socialismo desde el heterogéneo rostro que ha de asumir en el mundo, es pertinente aproximarse a conocer al menos, de qué se habla cuando se habla hoy de socialismo, o a que sé le denominó así, en circunstancias precedentes, como se ha ido nutriendo de contenidos en sus decursos. Ya que, la construcción de un proyecto de sociedad que se dice de calidad desemejante a las que se han conocido en los anales civilizatorios más por el nombre, -en cuyo recipiente se puede echar de todo[316]- que desde sus esencias constituyentes y constitutivas a una propensión desenajenadora gradual y multiforme propias del pueblo que opte por ella, y por ende inéditas, significa desconocer la responsabilidad y sensibilidad humana por la totalidad de seres inmersos en hacer real esa opción.

Las hendeduras de lo colonial, y los señuelos mentales que le cortejan asentados por los siglos de prácticas subdesarrollantes –aún y cuando se les impugnen- abren espacios insospechados en las praxis sociales emancipatorias. Perviven sitiando las experiencias libertarias en sus interiores mismos. De ahí la previsión guevariana acerca de la posibilidad de perversión e interperversión[317] de las generaciones presentes en las revoluciones. Ya que se corría –y corre- el riesgo, desde las modulaciones que se le dieran a los transcursos reorganizadores, que los colonizadores de voluntades y sueños volvieran a restituirse ahora en su condición de Calibanes-Prósperos[318] o prósperos calibanes, que amparados en ancianos y raquíticos clericalismos entre “un ser o no ser” o “un conmigo o contra mi” porque encarnan “la voluntad de todos”, extirpan la diversidad originaria que propulsa el intento, enjaulando interiormente así, al canario amarillo al que sólo queda mirarle su ojo tan negro. Y es que “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”.[319]

Pensemos, por tanto, que la principal batalla en nombre del futuro, ha de ser aquella que construye el porvenir desde las raíces, las experiencias, la continuidad que sobrepasa al presente sin amaños con el pasado. Dado que: “No son sólo los culpables los que adelantan las guerras, las opresiones, sino además, quienes “construimos el porvenir diferente”, sin que la diferencia cualitativa tome cuerpo, tenga consistencia y en adhesión con ello se cultive la libertad real, plural, posible”.[320] 

[1] Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de la Universidad de la Habana.


Referencias bibliográficas de los ensayos

-Referencias del Introito

[1] Martí, José:”Revista Universal”, México, 29 de Abril de 1876.

[2] Lezama Lima, José: “Retroceder”, Fragmentos a su Imán, Letras Cubanas 2002, pág. 62.

[3]Martí, José: “Ciegos y Desleales”, en “Patria”, New York, 28 de Enero de 1893.

-Referencias . Dialogando con ustedes

[4] Véase, entre otros que han ahondado en el cronístico problema en la actualidad desde el legado martiano a Cortazar, Julio: “Situación del intelectual latinoamericano”, Carta a Roberto Fernández Retamar, 10 de mayo de 1967, en www.bibliotecaregional.cram.es

[5] Carpentier, Alejo: Razón de Ser, Editorial Letras Cubanas 2007, pág. 10

[6]El estilo, más que en la forma, está en las condiciones personales que han de expresarse por ellas. El que ajuste su pensamiento a su forma, como una hoja de espada a la vaina, ése tiene estilo. El que cubra la vaina de papel o de cordones de oro, no hará por eso mejor el temple de la hoja”. Martí José: “El avisador cubano”, Nueva York, 25 de Abril de 1888.

[7] Fernández, Pablo Armando: “Tiempo y escritura”, Escalas de ascenso, Letras Cubanas 2002, pág. 97

[8] Martí, José: “Revista Universal”, México, 7 de Marzo de 1876.

[9] Vilá Blanco, Dolores: ”El rumor de la colmena”, segundo ensayo del libro.

[10] Loynaz, Dulce María: Poema “Duda”, Juegos de Agua, Simancas Ediciones, S. A. 2002, pág. 57  

-Referencias . Lo único que sé es que no soy marxista

[11]Engels, Federico: “Carta a Konrad Schmidt”, Londres 5 de Agosto de 1890, en Obras Escogidas en 3 Tomos, Editorial Progreso Moscú 1973, Pág. 714.

[12]Martí, José: “Nuestra América”, Obras Completas en II Tomos, Tomo II,  Edición del Centenario, Editora Lex, La Habana 1953, Pág. 112. 

[13] Engels, Federico: Carta a Werner Sombart, Londres, 11 de marzo de 1895.    

[14] “Eso es todo. Pero no lo es para mí crítico. Se siente obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera sean las circunstancias históricas en que se encuentre, a fin de que pueda terminar por llegar a la forma de la economía que le asegure, junto con la mayor expansión de las potencias productivas del trabajo social, el desarrollo más completo del hombre. Pero le pido a mi crítico que me dispense. (Me honra y me avergüenza a la vez demasiado). Así, pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica. Marx, Carlos: Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski Fines de 1877, en Marx Carlos y Engels Federico: Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo III, Editorial Progreso Moscú 1974.

[15]“Cuando hablamos de la potenciación de la conciencia, aludimos a un problema muy complejo que tiene que ver con la capacidad del sujeto cognoscente para abrir su pensamiento hacia la complejidad y variabilidad de lo real. (…)El anterior es un tópico que se inserta en una discusión que tiene múltiples respuestas y que no es solamente un debate epistémico. Es un debate que gira en torno a la organización económica y política de la sociedad, del sentido que puede tener hoy la civilización industrial o posindustrial y, por supuesto, del papel que cumple la construcción de la ciencia en este contexto. Por tanto, el tema de la potenciación del razonamiento del individuo concreto sólo puede ser entendido en el marco de estas relaciones contextuales. Y es dentro de este mismo marco que debemos preguntarnos cuál es el sentido que tiene plantearse, como un problema epistemológico y ético, la potenciación de la conciencia”. Zemmelman, Hugo: Conocimiento y Ciencias Sociales. Algunas lecciones sobre problemas epistemológicos, México, Colección reflexiones 2003, Págs. 39-55. Véanse además, Follari, Roberto: “Sobre la inexistencia de paradigmas en las ciencias sociales”, en Epistemología y Sociedad. Acerca del debate contemporáneo, Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2000, Págs. 111-122. Lander, Edgardo: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, CLACSO, julio de 2000. Najmanovich, Denise: “La complejidad: De los paradigmas a las figuras del pensar”,  Ponencia presentada al Seminario Internacional Complejidad 2002, La Habana.  

[16]En éste contexto debemos plantearnos los interrogantes sobre el papel de las ciencias sociales si concordamos en que éstas tienen una responsabilidad ético – política, en la medida que el conocimiento que construyen tendría que servir de soporte a decisiones de políticas. En consecuencia, la naturaleza de los problemas que se planteen, o son expresión de decisiones previamente definidas, o, por el contrario, implican decisiones vinculadas con opciones diferentes de construcción social. En efecto ¿Qué significa preocuparse de problemas como la pobreza, la paz, la gobernabilidad, etc.?

Una posibilidad de respuesta es contribuir a consolidar el funcionamiento de los poderes establecidos o bien, anticipar proyectos diferentes de sociedad. Lo que decimos coloca en el primer plano de la discusión metodológica lo que significa construir un problema.

¿Sabemos construir un problema? ¿Sabemos plantearnos frente a la realidad una agenda que difiera de las agendas de las burocracias nacionales e internacionales, o bien de las agencias de financiamiento? ¿Estamos rompiendo con los parámetros de lectura que imponen las lógicas del poder? ¿De dónde surgen los temas que preocupan actualmente a las ciencias sociales? ¿Surgen de una imaginación alerta y rupturista, o más bien de su vocación por ser eficazmente útiles a los problemas que imponen los proyectos de sociedad hoy dominantes? (…) Para ver realidades nuevas hay que necesitarlas. Para forjar utopías se requiere de esta necesidad por una realidad diferente, lo que supone reconocer a esta, saber distanciarse de lo establecido. Simplemente eso: distanciarse. Hay que saber reconocerla. Pero, pregunta: ¿reconocemos a la realidad que nos circunda?

Reconocer a la realidad significa algo más que conocerla. Exige saber ubicarse en el momento histórico que se vive, el cual es una forma de asombro que obliga a colocarse en un umbral desde el cual poder mirar, no solamente para contemplar sino también para actuar; la utopía, antes que nada, es la tensión del presente”. Zemmelman, Hugo: “Conocimiento social y conflicto en América Latina. Notas para una discusión”, en  OSAL  (Buenos Aires) N° 1. Junio. 2000 Págs.111 y 118. Véase, Wallerstein, Immanuel: Abrir las ciencias sociales. Informe de la comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, México, Siglo XXI 1998. Boron, Atilio: “Epílogo ¿Una teoría social para el siglo XXI?”, en Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo, Buenos Aires, Fondo de Cultura económica 2000.

[17]“En todas las formas de sociedad hay una producción determinada que asigna a todas las demás su rango e influencia, y cuyas circunstancias, por lo tanto, asigna también a todas las demás circunstancias su rango e influencia. Es una iluminación general en la que se sumergen todos los demás colores y que los modifica en su particularidad. Es un éter particular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que destacan en él. (…) Sino de su articulación dentro de la sociedad burguesa moderna. Marx, Carlos: Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundisse) (1857-1858). Capítulo I, Barcelona: Crítica Grupo Editorial Grijalbo. Tomo 21 OME, 1977, págs. 24-36

[18]Guevara, Ernesto: Ideología de la Revolución cubana, octubre de 1960, en wwwcheguevara.com, Págs. 2. Véase además, entre otras, “El socialismo y el hombre en Cuba”.

[19]Gramsci, Antonio: “Socialismo y cultura”, en Antología. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1973. Págs. 15-17.

[20]En general, el concepto de progreso no debe ser aprehendido en la abstracción usual.” Argumentando sobre la necesaria flexibilidad, desde la inobjetable diversidad para el análisis de éstos problemas e interrelacionando aristas, Marx en el mismo texto subraya: (…) Pero el punto realmente difícil que ha de ser discutido aquí es, sin embargo, el de cómo las relaciones de producción en cuanto relaciones jurídicas tienen un desarrollo desigual. Por ejemplo, la relación del derecho privado romano (en el derecho penal y público esto ocurre en mucho menor medida) con la producción moderna. (…) Esta concepción se presenta como un desarrollo necesario. Pero justificación del azar. Cómo. (Entre otras cosas, también de la libertad.) (Influencia de los medios de comunicación. La historia mundial no ha existido siempre; la historia como historia mundial es un resultado.). (…)Es sabido, por lo que al arte se refiere, que determinadas épocas de florecimiento del mismo no están en modo alguno en relación con el desarrollo general de la sociedad, y, por lo tanto, tampoco con el fundamento material, con el esqueleto de su organización.Marx, Carlos: Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundisse) (1857-1858). Capítulo I, Barcelona: Crítica Grupo Editorial Grijalbo. Tomo 21 OME, 1977, págs. 24-36.  

[21]La compartimentalización y especialización en el ámbito de las ciencias sociales en Cuba, arroja ámbitos disciplinares de este tipo que no pueden denotarse de otra forma que no sea como profesionales del Marxismo. Incluso desde los propios títulos universitarios que se les expiden al graduarse, aún y cuando su formación curricular sea más amplia el apellido que les acompaña marca un rumbo estrecho -tal y como históricamente se les ha concebido- que acusa a la extrema “profesionalización”, en un mundo que propende a objetivos civilizatorios más complejos desde su propia connatura. Este problema no es sólo específico de Cuba, nuestro país asume sus propias modalidades, pero en el mundo “La cuestión más inmediata se refiere a la estructura organizacional de las propias ciencias sociales. Ante todo eran disciplinas, lo que significaba que se preponían conformar la preparación de futuros estudiosos; y eso lo hicieron eficazmente. Sin embargo, en último análisis, la preparación de estudiantes no ha sido el mecanismo de control más poderoso. Más fuerte era el hecho de que las disciplinas controlaban los patrones de la carrera de los estudiosos una vez terminada su preparación. (…) Las estructuras disciplinarias han cubierto a sus miembros con una reja protectora, y no han alentado a nadie a cruzar las líneas”. Wallerstein, Immanuel: Abrir las ciencias sociales. Informe de la comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, México, Siglo XXI 1998. 

[22]Engels, Federico: Carta a José Bloch, Londres, 21- [22] de septiembre de 1890.   

[23]“¿Qué significa todo esto? Que las figuras más importantes de las ciencias sociales, incluyendo por cierto a aquellos que no adhieren a la perspectiva epistemológica del materialismo histórico, han fundado sus contribuciones en su capacidad para “traspasar fronteras” disciplinarias que imponían absurdas restricciones a sus esfuerzos de análisis e interpretación de la realidad social. (…) Desde la tradición marxista la idea de una pluralidad de “ciencias sociales” siempre fue vista como un tributo a la concepción fragmentadora propia de la visión del mundo de la burguesía y no como el producto de una operación científica.” Boron, Atilio: “Epílogo ¿Una teoría social para el siglo XXI?”, en Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo, Buenos Aires, Fondo de Cultura económica 2000.

[24]“Desde esta perspectiva, las universidades entre otros ámbitos de producción científica enfrentan profundos lances. Inmersas en las complejidades del mundo de hoy antes explicadas y de otras que le son consustanciales, se produce sobre ellas y desde ellas una nefasta influencia que incide medularmente en su condición de esfera articuladora esencial para el desarrollo político a que conmina la actualidad, -y no los que pautan los especialista diseñados desde vitrinas intocables- atentándose de esta manera contra su perspectiva histórica de ser “… el órgano más genuino de expresión de la conciencia nacional y su más firme baluarte”. Con lo que, su configuración gestadora, imbricadora de fuerzas políticas, sufre grandes embates desde la colonización y/o extirpación de sus sentidos críticos, analíticos y emancipadores”. Vila Blanco, Dolores: “La fuga inútil”, en tercer ensayo del libro. Véase, además: Borroto López, Lino: “Postmodernidad: Realidades y desafíos para la universidad latinoamericana y caribeña”, ponencia presentada en la Convención Internacional de Educación Superior “Universidad 2006”, La Habana, Cuba, febrero de 2006. Torres, Carlos Alberto, Paolo Freire y la agenda de la Educación Latinoamericana en el siglo XXI, CLACSO, Argentina 2003. Richard, Nelly, “Saberes Académicos y reflexión crítica en América Latina”, CLACSO 2002.

[25]Marx entendía que era imposible comprender las actividades económicas al margen del complejo haz de mediaciones sociales, políticas, simbólicas y culturales que las sustentaban. (…)Como lo recordaba reiteradamente Antonio Gramsci, las separaciones precedentes sólo pueden tener una función “analítica,” ser recortes conceptuales que permitan delimitar campos de reflexión a ser explorados de un modo sistemático y riguroso, pero que de ninguna manera pueden ser pensados –en realidad, reificados- como realidades autónomas e independientes. Se convierte “una distinción metodológica” como la que separa la economía de la política, advierte Gramsci, “en una distinción orgánica y presentada como tal”. (…) Frente a una realidad como esta, la expresión teoría “política” marxista no haría otra cosa que convalidar, desde la tradición del materialismo histórico, el frustrado empeño por construir teorías fragmentadas y saberes disciplinarios que, desde su unilateralismo, deforman la “realidad” que pretenden explicar. No hay ni puede haber una “teoría económica” del mercado o del capitalismo en Marx; tampoco hay ni puede haber una “teoría sociológica” de la sociedad burguesa. Lo que debe haber, y afortunadamente hay, es un corpus teórico totalizante que unifique diversas perspectivas de análisis sobre la sociedad contemporánea, ninguna de las cuales puede, por sí sola, iluminar satisfactoriamente un aspecto aislado de la realidad. Es este, precisamente, al rasgo distintivo del materialismo histórico. (…) Lo que hay en el marxismo, en realidad, es algo epistemológicamente muy diferente: una “teoría marxista” –es decir, totalizante e integradora – de la política, que integra en su seno una diversidad de factores explicativos, que trascienden las fronteras de la política, y que combina una amplia variedad de elementos procedentes de todas las esferas analíticamente distinguibles de la vida social. Así como desde el marxismo no hay, ni puede haber, una teoría “económica” del capitalismo o una teoría “sociológica” de la sociedad burguesa, tampoco hay, ni puede haber, una teoría “política” de la política. Lo que hay es una teoría que plantea una reflexión integral sobre la totalidad de los aspectos que constituyen la vida social, superadora de la fragmentación característica de la cosmovisión burguesa”. Boron, Atilio: “Teoría política marxista o teoría marxista de la política”, en La teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas, CLACSO Buenos Aires 2006.

[26]Según la concepción de Marx, toda la marcha de la historia -tratase de los acontecimientos notables- se ha producido hasta ahora de modo inconsciente, es decir, los acontecimientos y sus consecuencias no han dependido de la voluntad de los hombres; los participantes en los acontecimientos históricos deseaban algo diametralmente opuesto a lo logrado o, bien, lo logrado acarreaba consecuencias absolutamente imprevistas”. Engels, Federico: “Carta a Werner Sombart, Londres, 11 de marzo de 1895,  Marx, Carlos y Engels, Federico: Obras Escogidas, en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1974.

[27]Engels, Federico: Carta a José Bloch, Londres, 21- [22] de septiembre de 1890.

[28] Véanse, entre otros muchos, los trabajos de Kozlarek, Oliver: Crítica, acción y modernidad. Hacia una conciencia del mundo, en Editorial Dríada 2006. Dubiel, Helmut: La teoría crítica: ayer y hoy, en México UAM – Plaza Valdés 2000.

[29]“Haciendo suyos estos supuestos, las ciencias sociales realizaron varias operaciones de simplificación para delimitar sus objetos y potenciar su poder explicativo y manipulador, garantizando con ello su condición de “ciencia normal”,  (Kuhn 1992). estas operaciones son las de fragmentación o atomización, binarización, disyunción y objetivación. La fragmentación o atomización es un proceso fundacional de estas disciplinas, que perdura hasta hoy, y que consiste en delimitar el objeto de estudio y profundizar  sucesivamente en su manejo a través de separaciones, de delimitar partes del todo. (…)Lo que interesa es llamar la atención sobre el hecho de que las disciplinas sociales desde su fundación como áreas autónomas de producción de conocimiento asumieron una lógica de particiones sucesivas, como vía de profundización y de manejo y control posible de los fenómenos que estudiaban, sentando el precedente de la especialización y la  fragmentación como fórmula casi única de hacer “ciencia verdadera”. Espina Prieto, Mayra: “Complejidad y pensamiento social”, en Complexus Revista de Complejidad, Ciencia y Estética 2004

[30]Véase: Díaz Canals, Teresa: Una profesora que habla sola. Enigmas del civismo cubano, en Publicaciones Acuario, Centro Félix Varela, La Habana 2006.

[31]Es imprescindible no dejar de lado el hecho de que este proceso de apertura teórica epistemológica y metodológica ha tenido también su lado negativo. Por una parte, la recuperación del marxismo es parcial e incompleta. Abarca a figuras esenciales, y preferidas por diversas razones, pero aún no ha logrado rescatar, publicando y debatiendo, a los marxistas europeos y norteamericanos más contemporáneos. Por otra, se aprecia una especie de empobrecimiento del uso del marxismo, identificándolo muchas veces con su versión soviética manualista, y desdeñando con superficialidad sus potencialidades de aplicación a las circunstancias actuales de Cuba y la sociedad global”. Espina Mayra:Cuba: La hora de las Ciencias Sociales”, CIPS 2006.

[32]Roa, Raúl: Historia de las doctrinas sociales, en Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, la Habana 2001, pág. 15.

[33]“Los libros de texto, en cambio, hacen precisamente todo lo contrario. Metafóricamente interesados por desenredar el conocimiento de los pensadores (investigadores y/o intelectuales), un autor de libros de texto estructura un discurso esquemático, vacío de complejidad y profundidad, con lo que puede tomar de libros originales o, peor aún, de otros libros de texto o enciclopedias. Así, el libro de texto es un discurso cuyo espíritu está configurado a fuerza de arrancarle un poco de espíritu original a otro tipo de libros.

El libro de texto es un cementerio de contenidos. Las tumbas son los cuerpos de contenidos ya sin espíritu, esto es, sin riqueza ni complejidad. ¿Acaso esto no convierte ese obsoleto recurso de tecnología educativa en un perverso enemigo de los libros que refieren pensamientos originales? (…) Si hemos de traer a colación la queja de los cultos o ilustrados de que en un país no se lee, pues ya sabemos que uno de los enemigos de la lectura es el mismo libro de texto y, naturalmente, sus auspiciadores.

En la posición de escribir libros de texto, hay también una actitud contra-pedagógica que considerar, como otra de las causas de la acriticidad del libro de texto: la actitud de alguien de erigirse como el “explicador” -resumidor, descomplejizador o didactizador- de una serie de contenidos, porque quizás otros, que obviamente son los lectores inexpertos, no serían capaces de comprender lo complejo del conocimiento producido por los pensadores. Esto quiere decir que “todos” llegan únicamente a conocer lo ya comprendido o digerido por el libro de texto. ¿Qué gravedad tiene esto? Quienes leen libros de texto están aprendiendo lo ya comprendido por otro que es un autor enciclopedista. Eso quiere decir que se cancelan las posibilidades de “aprender a comprender”, porque lo mejor es aprender lo ya comprendido. La actitud de estructurar un libro de texto, entonces, está sustituyendo la posibilidad de que las personas lean libros originales, porque hay alguien más que lo hará por ellos y no necesariamente con el criterio de aprender a comprender ni mucho menos, (…) De este modo, la actitud de escribir libros de textos capitaliza la incapacidad de quienes no pueden comprender contenidos originales. Esto ocurre a pesar de la certeza hermenéutica de que las explicaciones no son necesarias para remediar la incapacidad para comprender. Al contrario. La “incapacidad es la ficción que estructura la concepción explicadora del mundo. El explicador es el que necesita del incapaz y no al revés, es él el que constituye al incapaz como tal.” Explicar contenidos a alguien consiste en aclarar antes que él no puede comprender esos contenidos por sí mismo, razón por la cual serían necesarios los “explicadores”. Todo esto significa, en última instancia, que el libro de texto ya no sólo sustituye el “aprender a comprender” por la lógica de “aprender lo ya comprendido”, sino también la trampa pedagógica, peculiarmente moderna, de ser el libro de texto, el que decide qué se debe aprender. De esto emerge el otro argumento de que ese recurso ya no sólo es acrítico, sino también un artefacto orientado a promover su misma acríticidad en quienes se acercan a él, ingenuamente, en busca de “luces” que sólo encontrarán después de haber sido enceguecidos”. Morin, Edgar: Contra la acriticidad del “libro de texto”, www.pensamientocomplejo.com.ar

[34]Martí, José: “Inmigración. Honduras y los Extranjeros”. Obras Completas en 2 Tomos, Tomo II, Pág. 489, Editorial Lex  La Habana 1953.

[35]Martí José: Obras Escogidas en 28 Tomos, Tomo II, Editora Nacional de Cuba e Instituto del Libro La Habana 1963-1973, pág. 348.

[36]Engels, Federico: Carta a Konrad Schmidt”, Londres 5 de Agosto de 1890, en Obras Escogidas en 3 Tomos, Editorial Progreso Moscú 1973, Págs. 714 -715.

[37]Gramsci, Antonio: Antología, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1973, Pág. 38.

[38]Marx, Carlos: El Capital, Tomo I, Prólogos Pág. XI, Ciencias Sociales, La Habana 1973.

[39]Loynaz, Dulce María: “Mujer y mar”, en Juegos de Agua, El Parnasillo, Ediciones 2002, pág. 67.

[40] Vallejo, César: Poema, “Traspié entre dos estrellas”.

[41]Gramsci, Antonio: “Texto Introductorio al Estudio de la Filosofía y el Materialismo Histórico y Tres Notas”, en Antología, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1973, Pág. 365.

[42]Vallejo, César: Poema, “Traspié entre dos estrellas”.

[43] V. I. Lenin: Obras Completas, en Tomo Seis, Editorial Progreso, Moscú 1981, Pág. 25 - 26.

[44] V. I. Lenin: Obras Completas, en Tomo Seis, Editorial Progreso, Moscú 1981, Pág. 192.

[45]Marx, Carlos: El Capital, Tomo I, Prólogos, Ciencias Sociales, La Habana 1973, pág. XIX.    

[46] Marx, Carlos: El Capital, Tomo I, Prólogos, Ciencias Sociales, La Habana 1973, pág. IX.

[47]La sociedad burguesa es la organización histórica de la producción más desarrollada y compleja”. Marx, Carlos: Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundisse) (1857-1858). Capítulo I, Barcelona: Crítica Grupo Editorial Grijalbo. Tomo 21 OME, 1977, Págs. 24-36

[48] Roa, Raúl: Historia de las Doctrinas Sociales, Centro Pablo de la Torriente Brau 2001, Págs. 24-25.

[49]Los planes de estudio son denotados con las letras del abecedario, ya nos encontramos en el Plan D.

[50] Martí, José: “Revista Universal”. México, 12 de Junio de 1875, Obras Completas en Dos Tomos, Vol. II, Editorial, Lex 1953 La Habana, Edición del Centenario, pág. 275.

[51] Virgilio: Eneida, II, 65. Expresión de Virgilio que se cita a propósito de cualquier rasgo distintivo, que permite juzgar a cierta clase de individuos.

[52] Engels, Federico: El Capital, Tomo 3, Prefacios, Ciencias Sociales, La Habana 1973, pág. 17.

[53]Martí, José: “Crítica y Didáctica.-Francia”, Obras Completas en 2 Tomos, Tomo I, Editorial, Lex 1953 La Habana, Edición del Centenario, pág. 923.

[54] Martí, José: “Crítica y Didáctica.-Francia”, Obras Completas en 2 Tomos, Tomo I, Editorial, Lex 1953 La Habana, Edición del Centenario, pág. 923.

Referencias. El rumor de la colmena

[55] Roa, Raúl: Introito, Historia de las Doctrinas Sociales, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana 2001, Pág. 15.

[56] Martí, José: Escenas Norteamericanas: 1885, en  Obras Completas, Edición del Centenario, Lex 1953, Pág.1658.

[57]“Poner la ciencia en lengua diaria: he ahí un gran bien que pocos hacen”, Martí José: “Libros Americanos”, “Las leyes de la herencia”, “La América, Nueva Cork, Enero de 1884.

[58] El centenario de Raúl Roa, no podía obviar su condición de maestro universitario. El presente estudio asume su legado religándolo con el egregio magisterio cubano de todos los tiempos, en sus tiempos.

[59] Roa, Raúl: En Pie 1953 -1958. Presentación del libro del 10 de Octubre de 1959, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 1.

[60]“Importa más ahora hacer historia que evocarla”. En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas, 1959, Pág. 2

[61] Roa, Raúl:Peras al Cuarto”, En Pie 1953 – 1958. Universidad Central de las Villas, 1959, Pág. 185.

[62]Roa, Raúl:  “¿A dónde va Cuba?”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 221

[63]Roa, Raúl: “El opio de los intelectuales”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 403.

[64] Roa, Raúl:La sociedad abierta y sus enemigos”.  En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 409.

[65]Varela, Félix: Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones  con la sociedad, Editorial Cubana 1996, Pág. 182.

[66] Roa, Raúl: En Pie 1953 -1958, “Presentación del libro del 10 de Octubre de 1959”, Universidad Central de las Villas 1959.

[67] Roa, Raúl:La Universidad y el desarrollo económico”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 302.

[68] Roa, Raúl: “Cumpleaños de la Universidad”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas. 1959, Pág. 304. Véanse además, las páginas 286 -287, de la presente obra, donde destaca: “La Universidad, auténtica comunidad de hombres librevolentes, es el órgano más alto de expresión de la consciencia nacional”. 

[69] Roa, Raúl: “Ciencia y conciencia”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 72.

[70] Roa, Raúl: “Ciencia y conciencia”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 73.

[71]“No precisan las autoridades apelar a las declaraciones farisaicas, ni a los golpes de pecho. Aunque les escueza a muchos, hay que decirlo: su mejor sermón es su vida”.  “Cumpleaños de la Universidad”, Pág. 304.

[72]Martí, José: “Escenas Mexicanas; Escultura”, Obras Completas en 2 Tomos, Lex 1953, Edición del Centenario, Tomo 2, Pág. 654.

[73]Roa, Raúl: “Conferencia Interamericana por la libertad de la Cultura”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 193.

[74] Roa, Raúl: “Yunques sonad, enmudeced campanas”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 282.

[75] Roa, Raúl: Roa Raúl: “El precio de una conducta”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959. Pág. 305.

[76]Feuerbach, L: “Prefacio a la Segunda Edición de La esencia del Cristianismo”, Citado de Guy Debord, La sociedad del espectáculo. Capítulo 1.La separación consumada”, Maldeojo para el Archivo Situacionista Hispano (1998), Pág 2.

[77] Loynaz, Dulce, María: “Juegos de Agua”, Simancas Ediciones 2002, Pág. 105.

[78] Roa, Raúl: “Posición y Rumbo”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 70.

[79]Roa, Raúl: “Yunques sonad, enmudeced campanas”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 282. 

[80]Martí, José: “Escenas Mexicanas: Teatro. La Hija del rey”, Editorial Lex 1953, Tomo II, Pág. 667.

[81] Roa, Raúl: En Pie 1953 -1958, “Presentación del libro del 10 de Octubre de 1959”, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 1.

[82] Martí José: Obras Escogidas en 28 tomos, Tomo II, Editora Nacional de Cuba e Instituto del Libro La Habana 1963-1973, pág. 348.

[83] Varela, Félix: “Nuestro falso sistema de educación”,  Biblioteca Popular de Clásicos Cubano # 3, Editorial Lex La Habana, 1960, Pág. 119.

[84]Roa, Raúl: “Examen de un examen”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas 1959, Pág. 291.

[85] De la Luz y Caballero, José: Escritos educativos, Pueblo y Educación La Habana 1991, Págs. 194 y 196 respectivamente.

[86]Varela, Félix: “Nuestro falso sistema de educación”,  Biblioteca Popular de Clásicos Cubano # 3. Editorial Lex La Habana 1960, Pág. 123. 

[87] Roa, Raúl: Introito, Historia de las Doctrinas Sociales, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana 2001, Pág. 15

[88] Roa, Raúl: “Bienvenida a los graduados”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas. 1959, Pág. 289

[89]De la Luz y Caballero, José: Aforismos, Editorial Universidad de la Habana 1962.

[90]Roa, Raúl: “Ciencia y conciencia”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas. 1959. Págs. 72 – 73.

[91] Varela Félix: Cartas a Elpidio, Lex La Habana 1960, Pág. 36.

[92] “Oculos habent et non videbunt. Os habent et non loquentur. Manus habent et non palpabun. Aures habent et non audient. Palabras sacadas del Salmo “in eritu israel”. 

[93] Roa, Raúl: “Yunques sonad, enmudeced campanas”, Obra Citada. Pág. 284. Véase además, mayores precisiones cuando argumenta: “Urge ahora organizar la victoria sobre el trípode de la libertad, de la justicia y de la cultura”. “Retorno al futuro”, Pág. 420

[94] Roa, Raúl: “La Conferencia Interamericana por la libertad de la cultura”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas, 1959, Pág. 195.

[95]Martí, José: “La Edad de Oro”. Editorial Lex. Tomo II. Pág. 1209.

[96] Idem.

[97]Roa, Raúl: “El problema del método en las Ciencias Sociales”, Historia de las Doctrinas Sociales, Centro Pablo de la Torriente Brau, 2001, Págs. 24-25.

[98] Roa, Raúl: “Yunques sonad, enmudeced campanas”, En Pie. 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas, 1959, Pág. 279

[99] Marx, Carlos: El Dieciocho Brumario de Luís Bonaparte”, Editorial Progreso, Moscú 1955, Pág. 230. Véanse además las páginas 230 – 234.

[100] Roa, Raúl: “Maestro de letras y conducta”, En Pie 1953 – 1958, Universidad Central de las Villas. 1959,  Pág. 90.  

Referencias. La fuga inútil  

[101] Loynaz, Dulce, María: Poema “La fuga inútil”,  Juegos de Agua, El Parnasillo Simanca Ediciones 2002, Pág. 86.

[102] “Ningún científico puede ser separado de su contexto físico y social. Toda medición modifica la realidad en el intento de registrarla. Toda conceptualización se basa en compromisos filosóficos.” Wallerstein, Immanuel: Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, México, Siglo XXI, 1998, p. 3.

[103]Marx, Carlos: El Capital, “Prólogo y nota final de la edición francesa”, pág. XXI, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1973.

[104] Boron Atilio: Tras el Búho de Minerva: Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo. Petrópolis. “Epílogo”. Editora Vozes, 2001. Coinciden a su vez con los puntos de vista expuestos por el autor, entre otros, Wallerstein, I, “¿Qué tipo de Ciencia Social debemos construir ahora?” y “Conclusión: la Reestructuración de las Ciencias Sociales”, en su Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, México: Siglo XXI 1998. Sotolongo Codina, Pedro L. y Delgado Díaz, Carlos J. “Las Ciencias Sociales de nuevo tipo”, Capítulo V y “El nuevo saber en construcción y las Ciencias Sociales”, Capítulo I, en La revolución contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas Ciencias Sociales de nuevo tipo, Colección Campus virtual de CLACSO Argentina 2006, www.clacso.org.ar/biblioteca

[105]Véanse entre otros Zemmelman, Hugo Conocimiento y Ciencias Sociales. Algunas lecciones sobre problemas epistemológicos México, Colección reflexiones 2003. Morín, Edgar, Introducción al pensamiento complejo, Parte 6,  Epistemología de la Complejidad, en  Editorial Gedisa 2000. Pozzoli, María Teresa, “El sujeto de la complejidad. La construcción de un Modelo Teórico Transdisciplinar” www.complejidad.org.ar. 2006. Sotolongo, P.L. “La incidencia en el saber social de una epistemología de la complejidad contextualizada” en Materiales de la Cátedra de la Complejidad, La Habana 2002. 

[106]“Para los que comparten esta visión, las ciencias sociales se encuentran en una nueva etapa: de tránsito del pensamiento simple al pensamiento complejo (Morin, 1996); de conflicto de viejos y nuevos paradigmas (Elizalde, 1993);en una encrucijada intelectual (Wallerstein, 1997); de potenciación histórica del paradigma cognitivo-conductual del ciudadano raso (Salazar, 1996); de post-crisis y revolución en las ciencias sociales (Iñiguez., L., 1995); de paso a la investigación social de segundo orden (Ibáñez, 1990); ciencias sociales postnormales (Trputec, 2002). Lo importante no es la denominación, sino el hecho de que estos posicionamientos coinciden en que esa nueva etapa tiene como contenido central una reconstrucción en el plano epistemológico transdisciplinar, que intenta recuperar una visión compleja de lo social. Dentro de la filosofía hay un consenso bastante extendido de que se está produciendo una “revolución del saber” que integra cuatro direcciones de cambio: la revolución epistemológica, la complejidad, la idea de la Bioética y el holismo ambientalista. (Delgado, 2002). “En ellas se cuestiona el ideal de racionalidad clásico y se avanza hacia la construcción de uno nuevo que reintegra lo cognoscitivo y lo valorativo en el saber. De hecho se avanza hacia un Nuevo Saber Humano.” (Delgado, 2002).” Espina Prieto, Mayra, “Complejidad y pensamiento social”, Complejidad y pensamiento social, COMPLEXUS Revista de Complejidad, 2006.

[107]Véanse, entre otros: Michael Hard y Toni Negri: Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002; Borón, Atilio: “Poder, “contra-poder” y “antipoder.” Notas sobre un extravío teórico-político en el pensamiento crítico contemporáneo”, ponencia presentada en el V Encuentro Internacional de Economistas sobre globalización y problemas del desarrollo, 10 al 14 de febrero de 2003, La Habana, Cuba; Ansaldi, Saverio: “Las multitudes en el Imperio. Alternativas a la biopolítica”, en Multitudes, Nro. 3 de 2005: Dieterich, Heinz: “Los delirios de Toni Negri”, en Rebelión 03-01-2004; Rush, Alan: “Mi experiencia de la lectura del voluminoso libro Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri”, en Filosofía política contemporánea, 2003; Petras, James: “Imperio con imperialismo”, en http:/// 2002 www.rebelion.org, 2002.

[108]Lenin, V. I: “Bajo Pabellón Ajeno”, en Obras Completas Tomo 26, Pág. 157,  Editorial progreso, Moscú 1984. 

[109]Es muy común encontrar la palabra complejidad en disímiles estudios, pero al intentar ahondar en su denotación contextual, en el enfoque epistemológico desde donde se produce el planteo, no siempre quedan claros los nortes que le acompañan. Por lo que, este examen de aproximaciones en un campo no suficientemente explorado desde esa óptica corre el riesgo de pecar del mismo defecto, de ahí lo extremadamente laborioso del empeño y posicionamiento aproximativo desde la condición de punto de partida abierto, confluente y divergente. Es muy significativo el hecho de que la educación, que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer.” Edgar Morin, Exergo de “Contra la acriticidad del “libro de texto””, Anthropos, 2005

[110]Ghosh, Jayati: “Imperialismo, fundamentalismo y los usos del “terror””, en Revista Temas núm. 33-34, abril-septiembre del 2003. López Oliva, Enrique: “La derecha religiosa y el fundamentalismo cristiano” en Revista Temas núm. 35, octubre-diciembre 2003. Grüner, Eduardo: “La cosa política: el retorno de lo Trágico en las filosofías “malditas” del siglo XX. Apuntes provisorios para un nuevo fundamentalismo” 2003 y "Multiculturalismos, multifundamentalismos, etcétera", en El fin de las pequeñas historias, De los estudios culturales al retorno (imposible) de lo trágico Buenos Aires: Paidós 2002. Vilá Blanco, Dolores: “Asnos con garras”. (artículo contenido en este libro). Kurz, Robert: “Las metamorfosis del imperialismo”, Segunda y última parte del capítulo I del Libro La guerra de ordenamiento mundial, Enero 2003. Dieterich Steffan, Heinz: El Socialismo del Siglo XXI, “Prólogo a la edición mexicana e Introducción” Págs. 3-7 y de la 9-11, en www.puk.de/ download 2006.   

[111] Boron, Atilio: “Prologo”, en Teoría y Filosofía Política, La tradición clásica y las nuevas fronteras, Biblioteca Virtual de CLACSO, 2003, pág 2.

[112]A propósito, resulta interesante rememorar desde esta arista del asunto aquello de que: “Por eso la política siempre ha tenido que ver con la aclaración y disipación de prejuicios, lo que no quiere decir que consista en educarnos para eliminarlos, ni que los que se esfuerzan en dilucidarlos estén en sí mismos libres de ellos. La pretensión de estar atento y abierto determina el nivel político y la fisonomía general de una época, no puede pensarse ninguna en la que los hombres, en amplias esferas de juicio y decisión, no pudieran confiar y reincidir en sus prejuicios”. Arendt, Hannah ¿Qué es la política?, Barcelona, Paidos 1997.

[113]Consultar: Fredric Jameson: Teoría de la Postmodernidad. Ediciones Trotta. Madrid, 1997; Ferry Eagleton: Las ilusiones del posmodernismo, Paidós, Buenos Aires, 1997; Alan Rush: Ciencia y capitalismo "posmoderno", en wwwARush.trabs2001. Harvey D: La condición de la posmodernidad, Amorrortu Editores, Argentina 1996. Lyotard, Jean Francois: La Condición Posmoderna, Barcelona Editorial Planeta Agostini 1994.

[114] Zamitzi Hector, “La Ciencia Política entre el racionalismo y el empirismo”, en Estudios Políticos Número I, UNAM 1993, “De la democracia al pluralismo y por qué” en José Luís Orozco y Ana L Guerrero (compiladores), Pragmatismo y globalismo. Una aproximación a la política contemporánea, México Fontamara UNAM 1997 y “Origen y desarrollo de la Ciencia Política”, en Temas y Problemas Número 20 México 1999. Habermas Jurgen, Ensayos políticos. Barcelona, Península, l988.  Morin, Edgar, “Fronteras de lo político”, en www.pensamientocomplejo.com.ar 2006.

[115] “Nuestro sistema educacional destruye las aptitudes intelectuales que son vitales, destruye la posibilidad de concebir su propia sociedad, su propia vida, sus propios problemas. La reforma del pensamiento unidimensional y fragmentario que produce este sistema permitiría evitar muchos despilfarros y muchos errores. Ello favorecería el renacimiento de la responsabilidad que ha sido siempre degradada dentro de la compartimentalización y la especificación del mundo tecnoburocrático. La política de civilización debería comportar una reforma del pensamiento. Es decir, una reforma de la educación que sería destinada a aprender a contextualizar y globalizar informaciones y conocimientos. La reforma del pensamiento constituye un objetivo capital de la política de civilizació” Morín, Edgar: “Una política de civilización”, en www.pensamientocomplejo.com.ar, publicado por primera vez en Transversales Science Culture, No. 32, p. 3-4.

[116]Duharte Díaz, Emilio: “Las ciencias políticas: relaciones interdisciplinares”, en  La política: Miradas cruzadas, Ciencias Sociales la Habana 2005.

[117]“Al finalizar mis estudios me encontraba sumamente confundido (…) nadie había tratado de explicarme por qué motivo mi interés por la política requería del estudio de un abanico de materias tan amplio, más allá del simple hecho de que todas ellas estaban relacionadas con ese algo llamado gobierno. No lograba comprender sobre qué bases la ciencia política podía considerarse como un cuerpo de conocimientos coherentes, dada la ausencia de una estructura teórica, dentro de la cual sistematizar todos aquellos cursos y verificar su relevancia” Easton, David, en “Pasado y presente de la Ciencia política en los Estados Unidos”, Estudios Políticos 11, México UNAM 1997. Véase: Sartori, Giovanni La política, lógica y método en las ciencias sociales, México Fondo de Cultura Económica 1992 

[118] Cansino, Cesar: “Adiós a la Ciencia Política – Crónica de una muerte anunciada”, en Revista Metapolítica, Centro de Estudio de Política Comparada, México 28 de Octubre del 2006.

[119]Entrevista a Fernando Vallespín, en www.revistauniversitas.org.  Véase además, Habermas Jurgen, Perfiles filosóficos – políticos. Tauros Madrid 1986 y El discurso filosófico de la modernidad, Tauros Madrid 1989. Miller, David “El resurgimiento de la Teoría Política”, en Metapolítica Vol. I núm. 4, 1997. La situación con relación a la Filosofía Política también es asumida por otros analistas en los que encontramos a Atilio Boron y a Dieterich, que reivindican su valor y perspectivas de reconstitución “(…) Es esa identidad humana —históricamente analizada en la Filosofía Política como conciencia del sujeto— que es el pilar fundamental de toda praxis humana y de todo proyecto histórico.”, Dieterich Steffan, Heinz: El Socialismo del Siglo XXI, en www.puk.de/ download 2006.

[120] Véase: Berger, Peter L. y Luckmann, Thomas, “Modernidad, pluralismo y crisis de sentido ¿Qué necesidades humanas básicas de orientación deben ser satisfechas?”, en Centro de Estudios Públicos 1996. Follari, Roberto, en  “Sobre la inexistencia de paradigmas en las ciencias sociales”, en Epistemología y Sociedad. Acerca del debate contemporáneo, Rosario: Homo Sapiens Ediciones 2000, Págs. 111-122. Valencia, Angel y Fernández – Llebrez, “La teoría política frente a los problemas del siglo XXI”, en Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, Vol. 4, 2005. Heller, Agnes: El Péndulo de la modernidad. Ediciones Península. Barcelona, 1995. Hopenhayn,  Martín: Ni apocalípticos ni integrados. Aventuras de la Modernidad en América Latina, Santiago: Fondo de Cultura Económica 1994.

[121] Morin, Edgar: El Método, tomo 4, “Las ideas”, Madrid, Cátedra, 1992. Pág. 238

[122] Marx, Carlos: El Capital. “Prólogos”, Tomo I. Pág. XV. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1973.

[123]Gramsci, Antonio, “La formación de los intelectuales”, “La ciencia y las ideologías <<científicas>>”, “<<Científico>>. ¿Qué es <<Científico>>?”, “Los intelectuales y el Estado hegeliano”, en Antología Editorial Ciencias Sociales 1973. Sanmartin, Jose J.: “La política de los intelectuales”, en El concepto de política en la Teoría Política contemporánea, VII Congreso Español de Ciencia Política y de la Administración. Democracia y Buen Gobierno. Matos, Daniel: Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder. CLACSO Argentina 2002. Dietrich, Heinz: “Entrevista con Noam Chomski. Los intelectuales: ¿Críticos o servidores del poder?”, La Nación 15 de Agosto 2001. Bauman Zygmunt.: Legisladores o interpretes, en Universidad nacional e Quilmas Buenos Aires 1997.

[124] “En la actualidad en el contexto latinoamericano y caribeño se trata, por los centros de poder, que las universidades ajusten su quehacer atendiendo a una razón instrumental limitada. Razón instrumental limitada porque no solo se pretende que las universidades formen profesionales, sino que estos profesionales estén formados para satisfacer los intereses de las grandes transnacionales y sus centros científicos (incluidas las universidades ubicadas en el Primer Mundo). En esta concepción, a las universidades del Tercer Mundo se les asigna la función de crear profesionales que sean capaces de ajustarse a las exigencias de las innovaciones tecnológicas que allá se desarrollan. …Por otro lado, la función que siempre han tenido las universidades latinoamericanas y caribeñas de crear pensamiento social y contribuir a desarrollar ideologías trata de limitarse por todos los medios. Las ideologías y el pensamiento social, también se diseñan en el mundo desarrollado el que tiene a toda costa que lograr consenso para lograr a su vez la hegemonía (como efecto intelectual y moral) en el sentido en que previó este concepto quien fuera su indiscutible creador, Antonio Gramsci. …Constituye aspiración de los centros de poder, instalar su propio pensamiento, sus propias categorías en el accionar de las universidades como forma de desvincularlas del universo de aspiraciones populares al que han pertenecido siempre.” Borroto López, Lino: “Postmodernidad: Realidades y desafíos para la universidad latinoamericana y caribeña”, ponencia presentada en la Convención Internacional de Educación Superior “Universidad 2006”, La Habana, Cuba, febrero de 2006.

[125]“¿Cuáles son las implicaciones de los múltiples debates ocurridos desde 1945 dentro de las ciencias sociales para el tipo de ciencia social que debemos construir ahora? ¿Implicaciones para qué, exactamente? Las implicaciones intelectuales de esos debates no son del todo consonantes con la estructura organizacional de las ciencias sociales que heredamos. Así, al tiempo que empezamos a resolver los debates intelectuales, debemos decidir qué hacer en el nivel organizacional. Es posible que lo primero sea más fácil que lo segundo. … Entonces se sigue que la tarea de reestructuración de las ciencias sociales debe ser resultado de la interacción de estudiosos procedentes de todos los climas y de todas las perspectivas (tomando en cuenta género, raza, clase y culturas lingüísticas), y que esa interacción mundial sea real y no una mera cortesía formal que encubra la imposición de las opiniones de un segmento de los científicos del mundo. No será nada fácil organizar esa interacción mundial en una forma significativa y, por lo tanto, éste es otro obstáculo en nuestro camino. Sin embargo, la superación de este obstáculo podría ser la clave para superar todos los demás.” Ver: Immanuel Wallerstein: Abrir las ciencias sociales. Informe de la comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales, México, Siglo XXI, 1998, pp. 1 y 3. Véase: Lander, Edgardo La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas Buenos Aires: CLACSO-UNESCO 2000. Zemmelman, Hugo Conocimiento y Ciencias Sociales. Algunas lecciones sobre problemas epistemológicos México: Colección reflexiones 2003

[126] El Desarrollo político, conforma un área de profundos debates dentro de las Ciencias sociales, y en particular políticas que lo contienen en su esencia conceptual. El enfoque sobre el mismo, ha sido asumido desde diferentes posicionamientos dentro del ámbito de las propias corrientes políticas. Sé es de la consideración, que el mismo, al igual que las aproximaciones conceptuales antes esbozadas en este propio artículo precisan, entre otros aspectos, de desarrollos teóricos - prácticos en avenencia con los proyectos políticos –diversos por excelsitud- que lo asumen. Toda vez, que su asimilación puede producirse sin ese procesamiento complejo que ha de acompañarle en cuanto a un repensar las mediaciones que le serán óptimas según las realidades, en particular para las izquierdas y el marxismo revolucionario, donde las ausencias sobre el mismo son mayores, por lo que se corre el riesgo de su asimilación desde otras realidades políticas. “Si vemos todos estos problemas, podemos decir que estamos en un Titanic planetario, con su «cuatrimotor» técnico, científico, económico y de beneficios, pero no controlado éticamente y políticamente. ¿Dónde