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La consulta médica en María Auxiliadora 
Dr. Eliseo Valverde Monge 

Hace algunos años, los enfermos que atendí privadamente y en los hospitales nacionales adonde trabajé, tenían recursos económicos aceptables. No recuerdo a ninguno con hambre. Al pensionarme, mi posición económica era buena y no querían en mi familia que trabajara más, pues había sido operado del corazón. Las recomendaciones familiares quedaron atrás el día que le acepté a Sor Anita atender a los enfermos de María Auxiliadora. Ahí, conocí la pobreza, a los más necesitados, a los más pobres, hasta llegar a comprender que la enfermedad más mortal, la que más mata, es la pobreza y no el cáncer, el Sida ni las enfermedades del corazón como hemos escuchado toda la vida. La pobreza extrema, que ya se vive en nuestro país en algunos barrios marginales, es la responsable de que muchos niños no sean vacunados a tiempo y que sufran desnutrición.

Cuando hablo de los enfermos pobres que tengo que atender, me refiero a esos indocumentados no afiliados a la CCSS. Como existen conceptos errados, no quiero que con esto de la pobreza sea malinterpretado, pues no soy ni seré nunca de la izquierda, ni tampoco de la derecha. Sólo me mantengo en los caminos de Dios.
Hace unos años, la OMS hizo saber al mundo que cada año mueren más de 14 millones de niños por causas que podrían haberse evitado con sólo haber mejorado la condición económica en sus familias, es decir, mueren por ser pobres.

El mayor enemigo de los pobres es la indiferencia, sentida en todos los confines del mundo. Costa Rica no es una excepción. Todos los días del mundo llegan a nuestra consulta enfermos que viven en condiciones sanitarias deplorables, bajo la sombra de la pobreza y la desigualdad, en los que la posibilidad de vivir más años seguramente sea más un castigo que un premio. En Costa Rica las expectativas de vida al nacer son de 75 y 78 años, pero, algo habrá que hacer y con urgencia, pues de otra forma, con tanto tugurio y tanta falta de saneamiento, nos va a suceder lo mismo que con los puentes en mal estado, que ya se comenzaron a caer y esta expectativa de vida, se nos podría derrumbar. El número de personas pobres ha aumentado sustancialmente en el país; quizás algunas personas no lo acepten, pero ese sol no lo podemos tapar con solo un dedo de la mano.

Todos los días, algún enfermo de nuestra consulta refiere no haber desayunado. “Ya casi me desmayo, doctor, dijo una enferma de Rincón Grande, pues a estas horas no he tomado media taza de café”. Son muchos los enfermos en estas condiciones las que visitan el consultorio. A todos, hay que prestarles atención hasta en esos asuntos, además de que se les entregan los medicamentos, se da servicio de curaciones, de laboratorio, de odontología y de oftalmología, con cirugía de los ojos para aquellos que se presentan con catarata y están a punto de perder la vista.

Uno de los efectos más perniciosos de la pobreza en el mundo, se concreta en las muertes causadas por infecciones respiratorias agudas, como por ejemplo, la neumonía, pero nosotros, además de atender casos con riesgo a padecer esta enfermedad, atendemos a los asmáticos, a los anémicos, a los que presentan cuadros de diarrea, desnutrición, epilépticos y muchos más. En la consulta de María Auxiliadora se atiende a la mayoría de extranjeros pobres que llegan a nuestro país y no consiguen trabajo; también nacionales, que por algún motivo se han quedado sin trabajo y son pobres. Los extranjeros vienen detrás de un sueño, que a decir verdad, no existe.

Al referirme a la pobreza extrema, lo hago, como he mencionado al inicio del comentario, por las personas que viven en las zonas marginales, algunas cerca de ríos que se desbordan con el invierno y otras, en laderas falsas con riesgo de derrumbarse y morir aplastados. En ninguna de estas viviendas existe agua, luz eléctrica ni cloacas. Las personas se enferman e incapacitan no porque falten tecnologías o conocimientos, sino porque son pobres. Los verdaderos enemigos de la salud no son los virus ni las bacterias, sino que ellos son la indiferencia, la falta de compasión y el deseo de apartar la mirada. Afortunadamente, en María Auxiliadora, los pobres han encontrado cariño, respeto, medicinas y la piedad de Dios. Sin embargo, con tantas limitaciones económicas, no se puede dar más. Ana Istarú, menciona en uno de sus poemas: “Existen en esta vida personas tan pobres, que lo único que tienen es dinero”.

Todos los días del mundo llegan a nuestra consulta enfermos que viven en condiciones sanitarias deplorables, bajo la sombra de la pobreza y la desigualdad, en los que la posibilidad de vivir más años seguramente sea más un castigo que un premio

Dr. Eliseo Valverde Monge
La Prensa Libre (Costa Rica) - 1 de noviembre de 2009

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