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La abolición del ejército |
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Estoy totalmente de acuerdo con el comentario del Lic. Berny Alberto Arias H. Es cierto, para la década de los años cuarenta, en Costa Rica ya el ejército, como tal, no existía, pero oficialmente, no se había abolido como sí se hizo en 1949. Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos habían trasladado al país algunos vehículos militares para transporte de sus tropas y en aeropuerto de La Sabana, cerca del Estadio Nacional, tenían tiendas de campaña para sus soldados, que por cierto, no eran muchos. Entre el equipo de ellos, hubo jeep corriente con la leyenda Military Police, jeepones, y un par de camiones grandes. En el Bellavista existía una ametralladora antiaérea, vieja, sin repuestos, colocada en uno de los patios interiores y si acaso, un par de cañones pequeños. Ese equipo rodante, al finalizar la Guerra Mundial, quedó para el gobierno. La Artillería, que por su nombre, puede llamar la atención, no tenía armas pesadas y lo que había en ese entonces, era un cuerpo de policía armado con rifles y pistolas de corto calibre. Igual sucedía en las Comandancias de Plaza de nuestras provincias. Entonces, los grados militares no pasaban de coronel, entre ellos, el Coronel Sigifredo Campos, Jefe de la Policía Nacional, muerto en 1948 en la Clínica Bíblica y el Coronel Juan Bautista Vargas, quien entrenaba a la Policía en el patio de la detención general, detrás de la antigua Casa Presidencial y que empezado el conflicto bélico, se negó a participar al lado del gobierno. Después del incidente en la casa del Dr. Carlos Luís Valverde Vega, en el Paseo Colón, fue el detonante de la Revolución del 48. El gobierno de don Teodoro Picado utilizó a la policía común y corriente, junto con voluntarios amigos del gobierno, entre ellos, el Coronel Rigoberto Pacheco Tinoco y el Coronel Claudio Mora Molina, para combatir a las tropas revolucionarias atrincheradas en el Sur. A estos voluntarios se agregaron los famosos “mariachis”, por lo general, campesinos del Guanacaste y de Nicaragua, los cuales eran armados con rifles máuser. Esas fueron las tropas del gobierno que se enfrentaron a los revolucionarios y no el ejército de Costa Rica, porque no había. En ese entonces, infiltrados en el gobierno, robaron armas y las trasladaron a los revolucionarios, como lo denunció el Coronel Tito Sáenz. Mientras tanto, las tropas revolucionarias se encontraban a la espera de las armas que recibirían de los países que apoyaban la Revolución, (Guatemala), y que ingresaron por la vía aérea, una vez que los revolucionarios tomaron el aeropuerto de San Isidro del General. Terminada la Revolución del 48, Costa Rica sí quedó con más armas modernas, entre ellas, ametralladoras de sitio, que con el tiempo, se repartieron en las comandancias. Sin ejército como tal, excepto en el papel, Don José Figueres Ferrer hizo la abolición simbólica y, sea lo que sea, evitó para siempre la tentación de que un ejército verdadero renaciera en Costa Rica, como lo hubo en 1856 (el más grande de toda Centroamérica) y en la administración del General Federico Tinoco y su hermano Joaquín. Repito, en 1948, Costa Rica no tenía ejército, excepto cuerpos de Policía y Resguardo Fiscal, ambos con armas livianas. No había aviación militar ni tanques de guerra, como sí los había en el resto de las naciones de América Central. En la detención, en Cuesta de Moras, en el pasillo central, cerca del Dispensario de Salud y las celdas, acomodaron una tanqueta pequeña, sin cañón, que estuvo más descompuesta que funcionando, la misma que situaron en el Paseo Colón, a los 50 metros de la casa del Dr. Valverde. En ese mismo lugar de la detención, a la derecha, en una casona de madera, estaba la Dirección de Tránsito y al fondo, los detectives con una celda subterránea. Pasada la Revolución, trasladaron a la Artillería, a un lado de la Asamblea Legislativa, la Policía de Tránsito y los detectives rodaron por muchos sitios de la capital. En ese conflicto de 1948 hubo confusiones que valieron que el gobierno de don Teodoro Picado no tuviera ayuda internacional, entre ellos, los Estados Unidos que lo obligaron a entregar el gobierno, de tal suerte, que para tomar San José, las fuerzas revolucionarias, no encontraron resistencia. De todo ese tiempo, tengo fotografías. Yo desfilaba al lado del Coronel Juan Bautista Vargas a la Misa de Tropa, por lo general, todos los domingos a la Catedral Metropolitana. Usaba una placa oficial de la Policía Nacional con el No.1 (era la mascota) y aún, la conservo intacta. Debo aclarar que la tropa era de la policía y no del ejército. Reitero, en Costa Rica no había ejército en 1948. Terminada la Revolución del 48, meses después, se “abolió” del papel, la palabra ejército, y que felizmente, como he dicho, terminó con las tentaciones de muchos que lo hubieran implantado, porque paradójicamente, poco tiempo después, se formó la Escuela Militar de Costa Rica con sede en Guadalupe y que tuvo directores que estudiaron becados del gobierno en Academias Militares del extranjero; en ese entonces, se formó un cuerpo de policía militar que muchos tendrán que recordar. En 1955, seis años después de la abolición del ejército, el gobierno compró a los Estados Unidos aviones de combate Mustang P-51. Uno se estrelló en la pista del Juan Santamaría (antiguo aeropuerto del Coco), y los otros se vendieron tiempo después. Sea, había ya ciertos “picados” detrás del ejército pero, por dicha, por lo que sea, en nuestro país, no hay ni habrá ejército nunca más en la vida. |
Dr.
Eliseo Valverde Monge
La Prensa Libre (Costa
Rica) - 30 de setiembre de 2009
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