|
Ernest Hemingway y la generación perdida |
|
Nota biográfica de Ernest Hemingway Ernest Miller Hemingway, escritor estadounidense, nació en Oak Park, Illinois, en el año 1899. Al acabar sus estudios en 1917 en la High School de Oak Park, comenzó a trabajar como reportero en el Kansas City Star. Tras enrolarse voluntariamente en la Cruz Roja (durante la I Guerra Mundial) Hemingway volvió de Europa herido y condecorado, y se reincorporó a su trabajo de periodista, esta vez en el Toronto Star, periódico para el que realizó su primer viaje a París. En esta ciudad conoció a Gertrude Stein y a la mayor parte del grupo de escritores que, incluido él, pasaría a la posteridad bajo el nombre de la generación perdida. A lo largo de su vida, Hemingway viajó constantemente: Francia, España, Italia, África, Norteamérica, Cuba. Prácticamente todas sus obras recogen sus experiencias de estos viajes, incluso las adquiridas como corresponsal en la guerra civil española y la II Guerra Mundial. En 1953 le fue concedido el premio Pulitzer por su novela El Viejo y el mar y al año siguiente sería galardonado con el premio Nobel. Hemingway, creador de un estilo literario crudo y realista, se suicidó el 2 de julio de 1961 en su casa de Ketchum, Idaho. Origen
de París era una fiesta. En
la biografía Hemingway escrita
por Fernanda Pivano se nos da noticia de los orígenes de París era una fiesta "Conmigo (Hemingway) hablaba de Gertrude
Stein y de Fitzgerald, refería anécdotas que me parecían asombrosas y
que luego pasarían a ser piezas de repertorios repetidas a Aaron (Ed)
Hotchner (…) en 1954 y
sobre todo narradas en A Moveable
Feast (París era una fiesta). Pero el episodio de Gertrude Stein en
su relato era más dramático que el de París
era una fiesta: Hemingway me dijo que durante la pelea entre Gertrude
Stein y Alice B. Toklas se había asomado a la puerta de la habitación
donde se encontraban las dos escritoras, había visto a Alice amenazar a
Gertrude con un cortapapeles y le había oído decir: "Te mato, te
mato".( ... ). De
Fitzgerald me dijo: "Era frágil como una brizna de hierba", sumergiéndose inmediatamente en la historia, que
años después sería otra de su repertorio, de la preocupación de
Fitzgerald por las dimensiones de su pene, suscitada por las acusaciones
de Zelda y concluida con la comparación en el Louvre frente a las estatuas desnudas; (...) Era
fascinante y emocionante oírle hablar con familiaridad de personajes que
yo había idolatrado durante diez años y la experiencia se prolongó con
Dos Passos, Archibald MacLeish (...). Oírle hablar de los escritores era
como escuchar una historia de la literatura a la americana, vista a través
de los protagonistas más que a través de las obras."[1] En
1956 Hemingway y su cuarta esposa van a París y se instalan en el
famoso hotel Ritz: "Aquí, repentina e inexplicablemente, el personal
del hotel recordó que treinta años antes había dejado en depósito en
el hotel dos cajas de documentos; y así Hemingway se encontró revisando
durante quince días docenas de libretas escritas a lápiz con los apuntes
sobre París que más tarde se convertirían en París
era una fiesta".[2] El
New York Post del 3 de julio de 1961 habla sobre el trabajo que estaba
haciendo Hemingway antes de suicidarse: "El doctor Carlos Baker, del
Dpto. de Inglés de Princeton, dijo que el escritor había estado
trabajando en un libro sobre reminiscencias del París de los años
veinte, y
que la obra, de inapreciable valor,
en gran parte se refería a Gertrude
Stein y a F. Scott Fitzgerald.
El poeta Archibald MacLeish dijo que Hemingway era "un maestro
de la prosa inglesa, el Gran Estilista de su generación".[3] En
la "Vida de Hemingway" escrita por Carlos Pujol se confirma este
hallazgo: "(…) en los sótanos del Ritz se habían encontrado dos
baúles suyos que debían de estar allí desde 1928.
Los baúles contenían recortes de periódicos, libros, ropa vieja
y sobre todo unos cuadernos de apuntes que
le inspiraron la idea de escribir un libro de recuerdos sobre el París de
los años veinte. Este fue
el origen de la obra póstuma París
era una fiesta, que no apareció hasta 1964."[4] En
una Nota firmada por M.H. (Mary Hemingway) se relata el proceso y el
tiempo que invirtió Hemingway para escribir París
era una fiesta: "Ernest empezó a escribir este libro de vuelta a
Cuba en el otoño de 1957, lo trabajó en Ketchum (Idaho) entre 1958-59,se
lo llevó a España en 1959, y siguió el libro de vuelta a Cuba, (…)
Retocó el libro en el otoño
de 1960 en Ketchum."[5] En Ernest Hemingway y su mundo, Anthony Burgess nos habla ampliamente de esta obra: "París era una fiesta, los apuntes de París creados que, después de un montón de paciente moldear y limar, emergieron como una especie de autobiografía de los años de aprendizaje literario, aparecieron en 1964. La connotación religiosa del título es tan apta como la de The Sun Also Rises. El joven Hemingway y sus amigos están hambrientos y son lo bastante pobres como para ver cualquier comida como un sacramento; la fiesta de fe y esperanza (aunque no mucha caridad) que es la vie de Bohéme de los años veinte pasó de verdad y, conservada en la memoria, puede volver a suceder una y otra vez como una potente liturgia, revivificadora de un presente que, paradójicamente, está bien alimentado, pero vacío de elementos nutritivos. Hemingway no envuelve aquellos días con un indiscriminado velo de afecto: recuerda ciertos personajes con un desagrado sin paliativos y una cruel expresión verbal: los ojos de Wyndham Lewis son los de un "violador fracasado" (Lewis escribió un ensayo sarcástico sobre Hemingway, haciéndole aparecer como un "buey estúpido"), Ford Madox Ford es un "bien vestido tonel ambulante puesto en pie", Gertrude Stein "era endiabladamente encantadora hasta que se volvió ambiciosa."[6] Datos
técnicos de la obra El libro está compuesto por veinte capítulos, que pueden leerse de manera independiente, como relatos, ya que no necesariamente hay una secuencia en la trama, son como flashbacks, que como en una película se van presentando continuamente. Hay
una nota de la que ya hemos hablado, firmada por (M.H.) Mary Hemingway.
Un prefacio escrito por Hemingway en San Francisco de Paula, Cuba,
1960, en la que hace una advertencia al lector: "Si el lector lo
prefiere, puede considerar el libro como obra de ficción.
Pero siempre cabe la posibilidad que un libro de ficción arroje
alguna luz sobre las cosas que fueron antes
contadas como hechos." (p.11.). En
la biografía escrita por Norberto Fuentes Hemingway
en Cuba, hay una información importante, sobre una anotación que
hizo Hemingway que podría considerarse el origen de lo que sería París era una fiesta: "Hemingway cubrió con los signos de su
estilográfica una parte considerable de un ejemplar de Wuthering Heights. Es
la anotación inicial del libro de remembranzas parisinas de Hemingway,
que tiene el titulo aquí de "The Lean and Lovely Years".
Se convertiría después en A
Moveable Feast (París era una fiesta).
Hemingway comenzó esta obra en Finca Vigía entre el otoño de
1957 y la primavera de 1958. Disponía
de un primer boceto, escrito en mayo de 1956, sobre una etapa inicial de
su amistad con Scott Fitzgerald."[7] El
relato del viaje a Lyon es uno de los mejores momentos de París era una fiesta. Hemingway le había confirmado previamente a Fitzgerald que
viajarían juntos en el tren. Este
era un hombre olvidadizo y Hemingway se vio solo y casi sin dinero en un
vagón de ferrocarril. The Three
Mountains Press es el nombre de la editora que publicó la primera
edición de In Our Time, en 1924. La
denominación alude a los tres montes de la capital francesa. Y en las
anotaciones que hizo en el ejemplar del libro muestran que
Hemingway pensaba incluir en su libro de memorias, un capítulo que
hablara de sus primeras publicaciones en París. Editorial
que publicó la primera edición. En
la bibliografía del Barron's
simplicied approach to Hemingway, preparada por Donald Heiney se hace
referencia a la primera edición de París
era una fiesta: " A
Moveable Feast. (Memoirs).
New York, Charles Scribner's Sons, 1964. Tema
de la obra. En
el prólogo de París era una
fiesta, escrito por Vargas Llosa en Londres, el 23 de junio de 1987,
se nos habla del tema e importancia de este libro: "Más
que una evocación nostálgica de la juventud, el libro es una invocación
mágica, un esfuerzo inconsciente para, retornando mediante la memoria y
la palabra al apogeo de su vida, el momento de mayor empuje y fuerza
creativa, recuperar aquella energía y lucidez que ahora lo están
abandonando de prisa. Y el
libro es también un desquite póstumo, un arreglo de cuentas con viejos
compañeros de vocación y de bohemia."[8] Pero el mejor juicio sobre París era una fiesta lo hace Fernando Quiñones, en Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid): "Diario de escritor, de sus problemas humanos y estilísticos, al tiempo que crónica de un tiempo y de una generación realmente irrepetibles, este París - fiesta de Ernest Hemingway alinea en sus páginas suscitaciones tan directas cuanto ilustrativas de una Gertrude Stein, de un Ezra Pound, de un Scott Fitzgerald, de un Evan Shipman, de un Wyndham Lewis o de un Ford Madox Ford, junto a esa delicada trama, quizá involuntariamente novelesca, que supone una conducta de semejante vitalidad en sus días más vigorosos y rotundos, año a año y, en muchos pasajes, casi hora a hora reseñada. Un París, ese París cruel y adorable, íntimo y multitudinario, poblado por la extraordinaria fauna de la "lost generation" y sus precursores fue la idea de juventud para Hemingway. (…) Ese París es el protagonista de este vivaz libro - testamento tan autobiográfico como de ficción, tan entremezclado, como la vida misma, de realidad, deseo y remembranza."[9] Introducción El
siguiente trabajo tiene como finalidad, demostrar que los años que van de
1921 a 1926 en París, son decisivos para la formación de Ernest
Hemingway como escritor. Estas experiencias son relatadas en el libro póstumo
París era una fiesta (1964),
el cual será nuestro objeto de estudio y guía. Al
final de su vida, Hemingway sintió la necesidad de volcar en un libro sus
primeros años de escritor y artista "cuando era muy pobre y muy
feliz", junto a su hermosa esposa Hadley y su hijo "Bumby".
Años en que no sentía la corrupción de su talento, años importantísimos
donde conoció a la flor y nata de los expatriados norteamericanos, quienes
ejercieron una influencia decisiva
en su vida y obra. París
de los años veinte. Un lugar hecho para vivir como artista.
El sueño de todo joven escritor de la época, donde se reunían
escritores de la talla de Joyce o Pound.
Con los que podía encontrarse en cualquier momento, y tomarse una
copa. Es allí donde se reúne el grueso de los escritores que Gertrude
Stein bautizó como "la generación perdida". "Era
el universo de donde emergían en direcciones totalmente opuestas y a
veces discutibles Ezra Pound, Ford Madox Ford, William Carlos Williams y
tantos otros que debían constituir durante treinta años el grupo de
exploradores de la vida literaria americana, en especial el grupo de la Trasatlantic Review, publicada en París y que el mismo Hemingway
dirigirá por algún tiempo. Se
encuentran personajes tan pintorescos como los esposos editores Jolas,
Bill Cody nieto de Búffalo Bill, que haría la carrera de la diplomacia,
y un cierto número de bohemios más o menos procedentes de los dos
continentes, extensamente descritos cuarenta años más tarde en
París era una fiesta. La
obra póstuma de Hemingway"[10] Pero
¿qué intentaba Hemingway con este libro?.
No podemos decir que sea
una novela, porque falta la cohesión necesaria entre las partes, tampoco
es una autobiografía, porque falta el rigor necesario en los datos que
utiliza. Pero, eso qué
importa, porque en este libro encontramos de manera sencilla, lo que tiene
de privilegio y de esclavitud una vocación. Hemingway
recuerda a sus compañeros de generación, como por ejemplo Scott
Fitzgerald, Ford Madox Ford, Ezra Pound, quienes le muestran de manera
indirecta, todas las tentaciones que debe evitar.
París era una fiesta describe también el "entrenamiento"
que se impuso Hemingway para
convertirse en escritor. "Se encerraba en su mutismo cuando le era
indispensable, se sentaba frente a su Corona y fortalecido por el amor de
Hadley y su alegría parisina, elegía con método y paciencia ser un
escritor sin trampa ni mentira."[11] En
el capitulo 10, "Nace una Nueva Escuela", Hemingway habla de
este "entrenamiento": "El instrumental necesario se reducía
a las libretas de lomo azul, a los dos lápices y el sacapuntas (afilando
el lápiz con un cortaplumas se echa a perder demasiada madera), a los
veladores de mármol, y al olor a mañana temprana y buena
suerte".[12] Hemingway
estaba escribiendo un cuento que se desarrollaba en Michigan. Pero lo que
no lograba soportar eran las interrupciones, y después que le costaba tanto llegar al bosque de
Michigan, y sentir el sudor en la frente y la espalda, y el peso de
la mochila en ambos hombros. "A eso se le llama trasplantarse".
Puede sustraerse y olvidar la conversación de un inoportuno
charlatán. Después de convertir
en critico al molesto visitante del café donde escribe, prefiere quedarse
al día siguiente en su casa, y levantarse temprano. Se
encuentra con el pintor Pascín en el Dôme, y después de un agradable
encuentro con dos chicas, y de rechazar una invitación, piensa que hay
personas que bromean con la vida, porque tienen
las simientes mejor cubiertas que otros, un nuevo aprendizaje a cada
momento y con cada persona que encuentra. Frederick
Hoffman en La Novela Moderna en
Norteamérica dice: En 1903, Gertrude Stein se estableció en Francia:
era el primero de los expatriados del siglo veinte.
The Autobiography of Alice
B. Toklas (1933) es la crónica que escribió Miss Stein de los
primeros treinta años de esa vida y de la impresión que produjo sobre
cierto número de jóvenes americanos que acostumbraban a visitarla en su
casa del 27 de la rue de Fleurus."[13] Lugar que sería inmortalizado
y descrito tiempo después en París
era una fiesta. Es
importante recordar el momento histórico en el que se produce este fenómeno
literario. Marc Saporta en su
estudio sobre la novela norteamericana nos ofrece un resumen de la formación
de la "generación perdida": "Entre 1920 y 1930 en
América, tiene lugar la era de la prosperidad.
La Industria conocía una expansión que bien podía hacer perder
la cabeza a los más sabios; los tabúes victorianos cedían bajo el
empuje de una juventud ávida mientras que, al otro
lado de
la barricada, los círculos
neo-puritanos triunfantes habían hecho votar la ley sobre la prohibición
del alcohol -primera contradicción-; pero el dinero corría a chorros,
los hombres de negocios nadaban en la euforia, se producía, se construía,
no se veían límites a la expansión económica en un país en el que la 'búsqueda de la felicidad' era más que nunca un derecho
constitucional para una masa de privilegiados que formaban, a pesar de
todo, una parte sustancial de la población. En
medio de este frenesí, a causa precisamente de este frenesí quizás,
algunos adolescentes prolongados, empujados por este eterno espíritu de
contradicción de la juventud, se sentían asfixiados,
sumergidos."[14] John
Brown en su Panorama de la
literatura norteamericana contemporánea, analiza el fenómeno de los
expatriados de esta manera: "La primera guerra mundial, las
experiencias de los jóvenes americanos movilizados en Europa descritas
por las novelas de guerra de Hemingway y de Dos Passos (y por The Enormous
Room, de Cummings), estimularon el movimiento de los escritores
"expatriados" que durante los años 1920 y
1930 dominó la literatura americana.
En aquel momento Montparnasse se convirtió en la capital literaria
de los Estados Unidos, y el american abroad fue un personaje clave de
nuestras novelas. El Dôme y
la Rotonda fueron la meca de una mitología nacional artística, y también
la última etapa de la vida bohemia. Rebelados
contra la filosofía de la época de Harding y de Coolidge, irritados por
las coerciones de la moral puritana, rebaños de genios en agraz se
instalaron en la ribera izquierda en busca de libertad de expresión, de
aventuras intelectuales y de 'pensiones "baratas."[15] Continuando
con el análisis del fenómeno, André LeVot dirá lo siguiente en su
biografía sobre uno de los miembros de la "generación perdida",
Scott Fitzgerald: "Y así,
como espectadores de lo ajeno, como consumidores de lo insólito, como
enamorados de la diferencia, siguieron viviendo aquellos hombres, después
de breves tentativas para readaptarse a las normas americanas. (Tal como
le sucede al soldado Krebs, de "Soldier’s Home") Las grandes
ciudades europeas, y París en particular, les ofrecieron una libertad, un
estímulo e infinitas posibilidades de contactos que convirtieron a Main
Street en habitable. Gracias
a las tarifas de cambio del dólar, la desocupación, el derecho a la
pereza y al ensueño, el ocio
propicio a la creación y tantas otras cosas podían perpetuarse, transformarse en un estilo
de vida. El aumento de las cotizaciones precipitó la inmigración de los
intelectuales: en septiembre de 1919 se cambia un dólar por ocho francos;
un año después, el dólar vale quince francos; en julio
de 1925 llega a los veinticinco francos y,
tras un descenso con ocasi6n de la crisis financiera de 1926, se
estabilizará alrededor de los veinticinco
francos hasta 1932. Es así como Montparnasse se convierte en la capital artística e intelectual de una nueva bohemia dorada que puede vivir holgadamente gracias a unos ingresos mínimos que, en los Estados Unidos, habrían significado la pobreza."[16] Marc
Saporta concluye: "El Montparnasse de 1920 ofrecía a causa del
destierro, un laboratorio más interesante que Greenwích
Village y se organizó un
ir y venir entre la orilla
izquierda del Sena y el bajo
Manhattan. A
dos pasos del Dôme, Gertrude Stein podía ofrecer a estas
vocaciones del errar un
semblante de puerto y una enseñanzas.
Hasta entonces no se habían preocupado mucho -y con motivo- de
procedimientos literarios en el seno de esta juventud turbulenta y
desamparada."[17] Ernest
Hemingway, uno de los más importantes de la "generación
perdida", hizo su aprendizaje en París. No deja de ser extraño que
un hombre cuya vida había estado consagrada a la aventura, la cacería en
África, las corridas de toros en España, la pesca de altura en Key West
y en Cuba, viviera en su juventud una vida más bien consagrada al arte,
virtuosa y disciplinada, en París. Después
de haber participado en el primer gran conflicto mundial, como conductor
de ambulancias, y haber sido herido en el frente, y haber tenido un
romance en el hospital donde se recuperaba de sus heridas, este joven
veterano vuelve a los Estados Unidos, y desengañado de los valores que
antes lo habían llevado a la guerra, decide convertirse en reportero, lo
más cercano a un escritor. En
1920 trabaja como periodista en Toronto (Star
Weekly) y en Chicago (Chicago
Tribune). Vive
mal, es un perfecto desconocido y nada hacía prever en él, a un futuro
Premio Nobel. El joven
reportero se enamora de Hadley Richardson, descubre que la vida le ofrece
otras alternativas y que puede convertirse en escritor, piensa que en
Europa puede hacerlo y decide que Italia es un buen lugar para comenzar. Pero
conoce a Sherwood Anderson, quien le persuade de ir a París, y de
presentarse a Gertrude Stein, que lo puede guiar para que se convierta en
escritor. En
septiembre de 1921 se casa con Hadley Richardson. Viaja con ella a París,
llevando una
carta de recomendación de Sherwood Anderson -a quien podemos considerar
su primer maestro- para Gertrude Stein, la mejor profesora que un joven
escritor podría desear. Gracias
a Gertrude Stein en 1922, Hemingway se relaciona con varios escritores que
residen en París: Ezra Pound, el erudito poeta que con su estilo algo
extravagante y muy particular, se convierte en otro de los iniciadores de
Hemingway al ofrecerle nuevas perspectivas para comprender la
literatura de su tiempo y ayudó a tallar el estilo clásico de Hemingway.
Ford Madox Ford, amigo y secretario de Conrad, que le dio la
responsabilidad de una revista literaria tan importante como
Trasatlantic Review, a pesar de aparecer con una imagen muy
deteriorada en París era
una fiesta. James Joyce,
que representó el ideal del artista que se debía seguir contra toda
prueba. Y Francis Scott Fitzgerald, quien habría de proclamarse el
descubridor del talento de Hemingway, como el nuevo profeta de esa
generación. Hemingway
sin embargo sigue trabajando como corresponsal del Star Weekly.
Viaja por Alemania, Italia, Grecia y Suiza.
Lo que da al joven escritor una perspectiva más amplia de Europa y
el mundo. En
1923 publica seis relatos cortos en el número 9 de Little Review de abril, lo que será después las miniaturas de I
al VI en in our time. En julio,
a los 24 años, aparece su primer libro, Three
Stories and ten poems (Tres cuentos y diez poemas). publicado en París
por Contact Publishing Company
en una edición de 300 ejemplares, de la cual Edmund Wilson hará una
critica que será su primer espaldarazo como escritor profesional. Y en octubre otro acontecimiento importante sucede en la vida
de Hemingway; se convierte en padre, nace John Hadley Nicanor, su primer
hijo. En
el año 1924 aparece in our time
(en nuestro tiempo) 32 páginas de viñetas publicadas por Three Mountains Press de París en una edición de 170 ejemplares.
En el mes de abril de este año, publica con el título de Work
in Progress (Obra en Marcha) al estilo de Joyce, el cuento
"Campamento Indio" en la Trasatlantic
Review, En diciembre publica el cuento "El médico y su
mujer" también en Trasatlantic
Review, y el cuento "El señor y la señora Eliot"
en la Little Review. En
enero de 1925 publica el cuento "Cross-country en la nieve" cuyo
tema son los deportes de invierno,
y está lleno de acciones rápidas, en la
Trasatlantic Review. En mayo publica su cuento más largo "El río
de los dos corazones" en This
Quarter y el cuento
"El regreso del soldado" en
Contact collection of contemporary writers, en París. En
agosto publica "El invicto", en la revista alemana Querschnitt,
recibiendo por primera vez en su carrera dinero como pago de un texto. En
octubre aparece la primera edición norteamericana (Boni y Liberight) de
un libro suyo: In Our Time,
recoge las viñetas editadas en el libro del mismo título (pero en minúsculas)
publicado en París, intercaladas entre cada uno de los 14 cuentos
recogidos por primera vez en el volumen. En
mayo de 1926 se publica Torrents of
Spring (Torrentes de primavera), pastiche al "estilo"
Sherwood Anderson, escrito, según Hemingway, para ser rechazado por Boni
y Liberight y lograr su aceptación por Scribnerls Sons -editores de Scott
Fitzgerald- que editará, a partir de esta, toda su obra. En
julio aparece "Un cuento trivial" en Little
Review, Y en octubre, una de sus obras más importantes, The
Sun Also Rises (Fiesta), publicado con gran éxito de público y crítica.
Después de divorciarse de Hadley Richardson se casa con Pauline
Pfeiffer. Hemos
querido delimitar nuestra investigación hasta el año 1926, ya que a
partir de la publicación de The
Sun Also Rises (Fiesta). Hemingway
se convierte en una figura pública de prestigio, se hace famoso y
comienza una nueva etapa en su vida, la de hombre de acción y aventura
a toda prueba, además
de que abandona
París, se casa con
otra mujer y cambia de estilo de vida. Pasa
de ser el escritor pobre y desconocido, al rico autor -gracias al dinero
de su segunda mujer y a la fama que le dan sus libros y aventuras por todo
el mundo- su vida de allí en adelante es mejor conocida y las revistas lo
convierten en un mito viviente, los años parisinos han quedado atrás y
el aventurero toma el lugar del joven artista. Tal
vez por eso Hemingway, al final de su vida hace un balance y se da cuenta
que lo mejor que le ha sucedido en toda su agitada existencia fue la época
que vivió en París, cuando aún no se había corrompido por la fama y el
dinero, cuando el amor que sentía era verdadero, cuando lo que escribía
era en base a un principio artístico sólido, y no para complacer al público
o a una corriente política. Sabemos
que Hemingway rememoró esos años, de una manera superficial en otras
obras, por ejemplo Las Nieves del
Kilimanjaro, donde el escritor Harry, recuerda sus años parisinos, y
no había sido corrompido por los ricos y por una hermosa pero destructiva
mujer; o en Islas en el Golfo,
donde el pintor Thomas Hudson recuerda sus primeros años como pintor y
sus experiencias con su primera mujer y su hijo, donde podemos darnos
cuenta de que lo que narra Thomas Hudson no es más que las
transposiciones que hace de las vivencias del joven Hemingway en París. Recordemos
uno de sus libros de "no ficción",
Las verdes colinas de África,
en el cual el narrador que no es más que el mismo Hemingway, recuerda en
una conversación los años que vivió en París, sus primeras
publicaciones y la paga de sus primeros trabajos publicados en Alemania. ¿Por
qué entonces París era una fiesta?.
Porque allí están condensados lo mejor de sus recuerdos, sus
angustias y alegrías, todo lo que no pudo contar en otras obras, de una
manera nostálgica y hermosa, como una serie de anécdotas que nos contara
un viejo sabio, sobre lo mejor de
su juventud. Su estilo es, por
decir lo menos, "puro Hemingway".
Sobrio, bien trabajado, muy
bien cincelado y nos muestra cómo
un libro semi autobiográfico, que puede tomarse como una ficción, o como
un libro de memorias, no cae en sentimentalismos ni en
"lamentos" por la juventud que se ha perdido. Nuestro
objetivo, es aproximarnos a los primeros años de un gran escritor, años
de aprendizaje y formación cultural, social y existencial, pero vistos
desde la perspectiva de un hombre que ya ha probado todo lo que puede
ofrecerle la vida. Años que
se desarrollaron antes del "Crack" del 29, cuando podía vivirse
con muy poco dinero y no preocuparse por el mañana. París
era una fiesta,
es como Hemingway, sencillo y a la vez profundo. Un ejemplo típico de su famosa teoría del Iceberg, donde se
adivinan muchas cosas en el fondo, pero se muestran pocas
en la superficie. Recordemos que en el prefacio de
París era una fiesta, Hemingway advierte que muchos lugares,
personas, observaciones e impresiones no han entrado en el libro, porque
son la base del Iceberg.
"No se encontrará mención del Stade Anastasie, donde los
boxeadores servían de camareros a las mesas entre los árboles, y el ring
estaba en el jardín. Ni de los entrenamientos con Larry Gains, ni de los
grandes combates a veinte asaltos en el Cirque d'Hiver. Ni de buenos
amigos como fueron Charlie Sweeny, Bill Bird y Mike Strater, ni de André
Masson ni de Miró. No se
dice palabra de nuestros viajes a la Selva Negra, ni de las exploraciones
de un día por los bosques que tanto nos gustaban, alrededor de París."
(P.11.) ¿Por
qué tantas omisiones en un libro que trata de rescatar lo mejor de los años
de juventud?. Hemingway era
un escritor de mucho oficio y no quiso repetirse, o por lo que ya sabemos
sobre su teoría del Iceberg, todo lo que se omitió es para otorgarle al
relato la profundidad necesaria, la fuerza y la serenidad que debe poseer
un Iceberg para mantenerse a flote y desplazarse con sencillez y
lentitud. París
era una fiesta,
nos quiere mostrar los momentos más importantes y trascendentes de esa Moveable
Feast que era el París de los años 20, donde había que tener
"una buena y severa disciplina" para no dejarse atrapar por el
torbellino de situaciones y personas que se sucedían a diario. "París
es, finalmente, el lugar de una centralización cómoda y eficaz: la vida
intelectual norteamericana se desparrama, se dispersa a través de los
distintos Estados, de una a otra costa, de Florida a California.
La vida literaria francesa se desarrolla principalmente entre el
boulevard Raspail y el boulevard Saint-Michel. La
excitación nace allí de los encuentros infinitamente diversos que sin
duda multiplican la exigüidad de este territorio...Constantemente vivo,
el pasado se mezcla al presente sin esfuerzo: se posee así, al mismo
tiempo que los recuerdos propios, a la Historia entera y a las gentes que
la hicieron. Porque 'París nos
pertenece', como dice Hemingway, nosotros también le pertenecemos a ella.
Y es necesario pertenecer, estar enraizado.
Las más vivas aspiraciones norteamericanas tienden a esta
exigencia y esa es justamente la recompensa que París puede otorgar y de
la que nace una auténtica felicidad."[18] Hemingway
trabajó a conciencia este libro, que comenzó en Cuba en el otoño de
1957, continuó trabajándolo en Ketchum (Idaho) en el invierno de
1958-59, se lo llevó a España en 1959 y lo terminó en la primavera de 1960 en Cuba.
Cuatro anos de trabajo dieron como resultado, el último libro de
importancia de Hemingway, después de El viejo
y el
mar (1952). Vayamos
pues al París de los años 20,
descrito magistralmente por Hemingway y acompañemos a ese joven que
intenta convertirse en escritor contra viento y marea, a pesar del mal
tiempo que hay en el Café en la Place Saint-Michel, y comencemos esa
fiesta compartida que, como dice Vargas Llosa, es la literatura. I - ¿Una generación perdida o ganada para la posteridad? Une
génération perdue. Después
de haber llegado con las cartas de recomendación para Gertrude Stein en
marzo de 1922, Hemingway había descubierto un tesoro;
la amistad y los consejos de la corpulenta mujer.
En el 27 de la rue de Fleurus el joven aprendiz encontró un buen
lugar donde pasar las tardes, y aprender de la conversación de Miss Stein.
Era además un lugar para descansar después de los viajes que hacía para cubrir algún evento para el periódico en el que
trabajaba; el Toronto Star. Para
Miss Stein, el joven mostraba un admirable talento para la observación,
y madera para ser un buen escritor.
Por eso asume el papel de guía o "profesora" del joven
"Hem". Este a su vez le profesa gran admiración y respeto.
Acepta sin chistar todas las recomendaciones que en materia de estilo y técnica
ofrece Miss Stein. Esta
relación de admiración, consejos y aprendizaje, porque ella le introduce
en el mundo de las corridas de toros, en las que el discípulo resaltará
como "aficionado", fue muy importante.
Hemingway terminará convirtiéndose , en un experto con un tratado
taurino llamado Muerte en la tarde.
Miss Stein revisa además sus primeros manuscritos y lo aconseja para
que deje el periodismo. En
el capítulo 2 de París era una
fiesta: "Miss Stein da enseñanza, Hemingway y su esposa, invitan
a la Sra. Stein a su pequeño departamento.
Hemingway muestra lo que ha escrito y Miss Stein aprueba todo lo
que le enseña salvo el cuento que se titula "Allá en el Michigan",
que pasará a formar parte de su primer libro
Tres cuentos y diez poemas. El
cuento le parece bueno, pero es
inaccrochable, es decir que por ser tan crudo, no puede ser publicado
en una revista, o colgado como un cuadro. Hemingway le responde que lo que quiere es emplear las palabras que
las personas utilizan en la realidad.
Hemingway
acepta y piensa que debe meterse en la cabeza no escribir cuentos inaccrochables
y aprende la enseñanza de Miss Stein a regañadientes pero sin
discutir. Como buen alumno más
le interesaba escuchar que hablar. Hemingway
era un gran lector: Aldous Huxley, D.H. Lawrence, cualquier libro nuevo
que encontraba en las ventas de libros usados, o en la librería
"Shakespeare & Co."
de Sylvia Beach. Pero Miss Stein vuelve al ataque y dice que Huxley
es un cadáver. D.H. Lawrence
es sentimental e insensato y risible, además de tener un estilo enfermo.
Su recomendación: leer a Marie Belloc Lowndes. Pero
no todos los gustos y consejos de Miss Stein eran aceptados por Hemingway. Discutían sobre la calidad de los trabajos de Sherwood Anderson,
otra de las influencias importantes en Hemingway, de la que pretendió
librarse en la parodia Torrentes de primavera, motivo por el cual la "profesora"
y el "alumno" se enojaron profundamente, porque Hemingway
satiriza el estilo de Anderson y el de ella misma. La Sra. Stein también estaba furiosa con Ezra Pound por romper una
silla que le ofrecieron en alguna de sus visitas al 27 rue de Fleurus.
Hemingway, sin embargo, era
consciente de que por semejante estupidez no se podía despreciar a Pound,
"un gran poeta y un hombre cordial". Hemingway
marchó al Canadá en 1923, y cuando estuvo de vuelta en París en enero
de 1924, se instaló en la rue Notre-Dame-des-Champs; la amistad con Miss
Stein todavía se mantenía, fue en esa época cuando surgi6 el famoso
comentario de la "generación perdida", que bautizó a toda una
escuela de escritores norteamericanos. La
anécdota viene del día en que Miss Stein tuvo problemas con un viejo
Ford T, al ser supuestamente mal atendida por un joven mecánico que era veterano de guerra, la Sra.
Stein se quejó con el
dueño del taller. Se decidió
que aquel joven no era sérieux, y el jefe le riñó severamente al
muchacho gracias a la queja de Miss Stein. El
patrón dijo: "Todos
vosotros sois une génération perdue". A Miss Stein le pareció magnífico el
calificativo y se lo repitió a Hemingway.
"Eso es lo que son ustedes.
Todos los jóvenes que sirvieron en la guerra. Son una generación perdida". Hemingway se molesta por
ello, y le pregunta la raz6n de que los califique de esa manera. "Lo
son. No le tienen respeto a nada. Se
emborrachan hasta matarse." "¿Usted me ha visto alguna vez
borracho?" pregunta Hemingway algo molesto. "A veces me he
emborrachado. Pero no la
visito a usted cuando estoy borracho".
Remata diciendo: "El patrón de ese muchacho estaba
probablemente borracho a las once de la mañana.
Así le salen de hermosas las frases." dictamina Hemingway.
Miss Stein sentencia: No me discuta, Hemingway.
No le hace ningún favor. Todos ustedes son una generación
perdida, exactamente como lo dijo el del garage." Sin
darse cuenta Miss Stein también le estaba dando a Hemingway la idea para
su primera novela, The Sun Also
Rises. Puso las palabras del dueño del taller, referidas por Miss
Stein como epígrafe de su primera novela, equilibradas con una cita del
Eclesiastés. "Generación va, y
generación viene; mas la tierra siempre permanece...Sale el sol, y
se pone el sol, y se apresura a volver
al lugar de donde se levanta...El viento sopla hacia el sur, y rodea el
norte; va girando de
continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo... Los ríos todos van
al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí
vuelven para correr de nuevo". ¿Por qué?. Después
de aquella discusión, Hemingway , camino a su casa, pensó en el muchacho
del garaje y se sintió al igual que el joven, lo comprendió, ya que
Hemingway fue herido en la guerra, y manejó aquellos automóviles Ford T
convertidos en ambulancias. Recordó cómo esos terribles y arcaicos vehículos
perdían los frenos bajando por las carreteras de montaña con toda una
carga de heridos, tal como lo relataría después en su novela Adiós
a las Armas, donde el teniente-conductor de ambulancias, lanzaba esos anticuados camiones por barrancos, ya
que no podían dar marcha atrás o perdían los frenos, y era imposible y
sumamente peligroso seguir conduciéndolos. Estos recuerdos de Hemingway son ampliamente desarrollados, y por
eso logra comprender al joven mecánico, quien decepcionado al igual que
él de los viejos valores ya no toma muy en serio las cosas que hace, porque lo que quiere es olvidar lo vivido en
la guerra. Hemingway pensó en Miss Stein y en Sherwood Anderson, "sus
maestros" y en lo que significan el egoísmo y la pereza mental.
Recordemos que a la Sra. Stein
le desagradaba el trabajo de corregir y retocar las cosas que escribía y
que ambos escritores no tenían la disciplina que él se imponía
diariamente frente a la máquina de escribir, y concluye: "¿quién
trata a quién de generación perdida?". Piensa
que todas las generaciones se pierden por algo y siempre se han perdido y
siempre se perderán.
Por eso coloca el fragmento del Eclesiastés en su novela The
Sun Also Rises (Fiesta), y
al observar la estatua del Mariscal Ney blandiendo su espada reafirma lo
que ha pensado acerca de
que todas las generaciones se pierden; se sienta en la Closerie para
acompañar a la estatua de un héroe de una generación que también se
había perdido, que está como símbolo de ese descubrimiento que ha
hecho; se toma una cerveza muy fría antes de volver a casa, tal vez para
enfriar también sus pensamientos. Recuerda
a Miss Stein como una buena amiga. "Pero al cuerno con sus sermones
de generación perdida y con toda la porquería de etiquetas que
cualquiera puede ir por ahí pegando". Hemingway
vuelve a su casa, encuentra a su mujer y a
su hijo contentos y con fuego en la chimenea, comenta con su mujer
la nueva sabiduría que ha adquirido, la de no creer en todo lo que dicen
"sus maestros", en especial Miss Stein, que al fin y al cabo es
una buena mujer, "Pero a veces dice la mar de disparates". Porque,
aunque Hemingway se haya resistido a ser catalogado como miembro de la
"generación perdida", con su novela The Sun Also Rises, no sólo los había bautizado, sino que además
convertido en una Escuela de escritores expatriados. Para
Hemingway, Gertrude Stein, Ezra Pound, Ford Madox Ford, James Joyce eran
"los maestros", pero también estaban los escritores de su
generación: John Dos Passos, el poeta Archibald Mac Leish, Robert McAlmon, William Carlos Williams,
Harold Stearns, John Peale Bishop, y
F. Scott Fitzgerald. Como
sabemos todos este grupo de escritores, que en un principio fue catalogado
despectivamente como "generación perdida", demostró ser una de
las Escuelas o movimientos literarios de los más importantes de la
literatura norteamericana contemporánea. Retratos,
bocetos y caricaturas. Lugares
y personas. Recordemos
que Hemingway nos ha advertido en el "Prefacio" de París
era una fiesta, que "Por razones que al autor le bastan, a muchos
lugares, personas, observaciones e impresiones no se
les ha dado cabida en este libro.
Hay secretos, y hay cosas que todo el mundo sabe y que todo el
mundo ha escrito y sin duda volverá a escribir".
Han quedado fuera de la narración. tal vez porque no puede
definirlos exactamente, porque ha pasado mucho tiempo y por tenerlos
borrosos en su memoria, tal vez porque ha hablado de ellos en otros
libros, o porque siguiendo su teoría del Iceberg los dejó bajo la
superficie para que los adivináramos. Hemingway
actúa como un joven pintor que quiere atrapar con rápidos bocetos todo
lo que ve, oye, siente y huele. Quiere
condensar con poco trazos, como lo hace Goya en sus dibujos, la fuerza del
momento, la
impresión que deja
cierta persona
o lo que esa persona
transmite, sin importar que tenga que deformarlo para dar la impresión
exacta, aunque
esta pueda
parecer contradictoria. De
igual manera los paisajes, los ambientes y lugares, son
"acomodados" para que sirvan en la composición del cuadro, es
decir, para crear un efecto. Hemingway decía que había aprendido a
escribir observando la obra de muchos pintores.
Por eso tiene la capacidad para describir y mostrar
un lugar, utilizando perspectiva, colores, combinándolos para
crear una atmósfera adecuada a lo que se cuenta. Por
ejemplo el Café des Amateurs: "Era un café tristón y mala sombra, y allí se agolpaban los borrachos del barrio
y yo me guardaba de entrar porque olía a cuerpo sucio y la borrachera olía a ocre."(p.13). En pocos trazos nos muestra,
el olor, la iluminación, el
ambiente. "Había anuncios de aperitivos con nombres raros, pero casi
nadie era bastante rico,(...)" y
hasta la situación de los borrachos y poivrottes,
que iban allí. Veamos
este pequeño cuadro que pinta de la rue Cardinal Lemoine: "En
verano, con todas las ventanas abiertas, oíamos la bomba y el olor era
fuerte. Los carros con las
cubas iban pintados en marrón y azafrán, (... ) a la luz de la luna, los
cilindros con ruedas tras sus caballos parecían cuadros de Braque."
Al igual que la descripción que nos está haciendo. Cuando
describe a una persona, el procedimiento de componer es similar.
Coloca a la modelo donde le de buena luz, crea una atmósfera y
comienza con los pinceles su obra.
"Una chica entró en el café y se sentó sola a una mesa junto a la ventana. " Cerca de la
ventana para que le de buena iluminación, inmediatamente comienza los esbozos de su modelo.
"Era muy linda, de cara fresca como moneda recién acuñada si
vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de
lluvia, y el pelo
era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en
diagonal." (p.15). Finaliza el boceto de la hermosa joven, y sabe que
aunque no la vea nunca más, ya
le pertenece. A
su esposa Hadley la va presentando a través de pequeños esbozos que nos
darán finalmente
una visión mucho más completa, analizando gestos, movimientos,
expresiones de su rostro; "Tenía una cara de modelado suave y los
ojos y la sonrisa se le iluminaban ante cada decisión ofrecida, como si fuera un regalo de valor." Pero
así como podía pintar los más hermosos cuadros, dibujar al carboncillo
con rapidez y eficacia, podía caricaturizar, deformar y volver
irreconocible al personaje que está describiendo.
Como lo hace por ejemplo con sus compañeros de generación, Scott
Fitzgerald, Sylvia Beach, o con sus "maestros", Ezra Pound,
Gertrude Stein o Ford Madox Ford. Veamos
el retrato que hace de Gertrude Stein: "Miss Stein era muy
voluminosa, pero no alta, de arquitectura maciza como una labriega.
Tenía unos ojos hermosos, y unas facciones rudas, que eran de judía
alemana, pero hubieran podido muy bien ser friulanas, y yo tenía la
impresión de ver a una campesina del norte de Italia cuando la miraba con
sus ropas y su cara expresiva y su fascinador, copioso y vívido cabello de
inmigrante, peinado en un moño alto que seguramente no había cambiado
desde que era una muchacha." (p.22). En
una entrevista que realiza George Plimpton a Hemingway[19]. Esta será la
opinión que da el escritor famoso de su vieja maestra: "Miss Stein
escribió largo y con notable inexactitud sobre su influencia en mi obra.
Le era necesario hacerlo después de aprender a escribir diálogos
con un libro llamado Fiesta. Yo la quería mucho y me pareció espléndido
que hubiera aprendido a escribir conversaciones.
Para mí no era nuevo aprender de todos los que pudiera, vivos o
muertos, y no pensé
que esto afectaría tan violentamente a Gertrude. Ella ya escribía bien de otras maneras." "De
todos modos es cierto que Hemingway aprendió mucho de ella, que era una
buena teórica de la
escritura y tenía afición a ser didáctica.
Una larga familiaridad con los pintores cubistas había despertado
en ella el deseo de utilizar las palabras como ellos utilizaban los
colores -por su encanto intrínseco- sin preocuparse demasiado por el
contenido." (...) "Hemingway encontró aquí
una confirmación de sus propias inclinaciones literarias y se puso
a trabajar con entusiasmo. Copió,
para un editor, parte del manuscrito de
The Making of Americans, labor que debió permitirle hacer un
revelamiento de los distintos procedimientos de escritura utilizados por
Gertrude Stein."[20] El
siguiente retrato que veremos es el de Ezra Pound, otra de las influencias
de Hemingway, además de buen amigo y ejemplo de dedicación artística.
Ezra Pound vivía en la rue Notre Dame Des Champs en un estudio muy
pobre en comparación, con el de Gertrude Stein.
"El de Ezra sólo
tenía mucha luz y una estufa
para calentarlo, y había
pinturas de artistas japoneses amigos suyos". Comparándose
con él mismo, Hemingway veía a Pound como un santo: "(... ) era más
bueno que yo, y miraba
cristianamente a la gente. Lo
que él escribía era tan perfecto cuando se le daba
bien, y él era tan sincero en sus errores y estaba tan enamorado
de sus teorías falsas, y era tan cariñoso
con la gente, (...) quiso que yo le enseñara a boxear, (...) Ezra era muy
torpe boxeando, y se imponía objetivos dramáticamente imposibles de
alcanzar, como por ejemplo sacar de un empleo bancario a T.S. Elíot, con
una asociación benéfica llamada "Bel Esprit", que recogería
dinero para ayudar a Eliot a abandonar su empleo en el banco, y dedicarse
solamente a escribir poesía. Lógicamente que la idea fracasa y hasta
Hemingway gasta lo que había recogido, para apostarlo en las carreras de
caballos. Como
podemos ver Hemingway no encuentra muchos méritos en su amigo y maestro,
en la entrevista que le hace Plimpton: "Ezra era extremadamente
inteligente en los temas que realmente sabía."[21] Un
acertado comentario sobre Pound lo da Georges-Albert Astre: "Ezra,
por su parte, era el maestro respetado por todos los vivientes: dieciséis
años mayor que Hemingway, jefe de la poesía anglosajona de vanguardia,
posaba, según palabras de John Brown, como príncipe de los expatriados, como gran duque de los estetas. Entre 1920 y 1925, este oriundo del Far West con
aires de cowboy, dueño de una extravagante cultura que poco debía
a la enseñanza oficial, dominaba con su insólito prestigio a los
expatriados ingleses y norteamericanos y a todos los incitaba a la aventura del espíritu."[22] Pero
realmente Ezra Pound había colaborado con el trabajo del joven escritor,
este poeta y animador del Imaginismo, había adoptado para su trabajo
literario las enseñanzas del filósofo Hulme, para quien la poesía no es
más que un mosaico de palabras. Como
consecuencia se debe usar cada palabra con el máximo de exactitud. Pound
proponía que se escribieran poemas sin ideas, que fueran sobre todo,
momentos excepcionales de la sensibilidad, donde había que restituir el
instante con toda su fuerza de impacto y evitar las generalidades, las abstracciones verbosas.
Ezra Pound como buen maestro revisó lápiz en mano los manuscritos de Hewíngway.
"Hizo volar la mayoría de los adjetivos".[23] Ford
Madox Ford tampoco se salva de este tipo de retrato; a pesar de que estuvo
a la cabeza de la Trasatlantic Review, una de las grandes revistas de la vida
literaria entre los norteamericanos de
París y que en general confió plenamente en Hemingway. En París era una fiesta, aparece "espeso, jadeante,
repugnante", regularmente obtuso, fatigado y cansado, irascible. A pesar de ser un buen escritor, y editor de varias publicaciones y
amigo personal de Joseph Conrad, Hemingway veía a Ford de una manera
caricaturesca y despiadada; "Era Ford Madox Ford, según se hacía
llamar entonces, porque desde la guerra había repudiado su apellido alemán
de Hueffer. Jadeaba a través
de su hirsuto mostacho manchado, y se erguía con rigidez, como si fuera
un embudo ambulante, puesto con la punta hacia abajo y bien trajeado.
(...) Miró al boulevard con
sus ojos de un azul desvaído. Las
cejas y las pestañas eran incoloras", el dibujo que presenta
Hemingway es como el de un espectro o cadáver. "Yo evitaba mirar a
Ford en la medida de lo posible, y siempre retenía mi aliento cuando me
encontraba cerca de él en una estancia cerrada, (tal como se hace cuando
se está en una funeraria y se ve al muerto maquillado, a través de la
ventanilla que cubre la mitad del ataúd) pero aquella tarde estábamos al
aire libre, y además las hojas caídas volaban sobre la acera, llegando
por mi lado de la mesa y alejándose por el suyo, de modo que le
miré francamente. Me
arrepentí, y miré a la acera de enfrente. (...) Bebí un sorbo de mi
copa para comprobar si la proximidad de Ford le había dado mal sabor,
pero todavía estaba pura." (pp.81-82) A
pesar de lo que le provocaba la personalidad de Ford, intentaba
soportarlo: "Me esforcé por
tener muy presente lo que Ezra Pound había dicho de Ford: que no había
que maltratarle nunca, que había que recordar siempre que sólo decía
mentiras cuando estaba fatigado, que era un escritor
bueno de verdad, y que había sufrido terribles contratiempos conyugales.
Me esforcé todo lo
que pude por tener presente todo aquello, aunque la pesada y resollante y
abyecta vecindad del propio Ford, tan cerca que podía tocarle, lo hacía
difícil." (PP.84-85) F.
Scott Fitzgerald, ¿retrato o caricatura? La
relación de Hemingway con Scott Fitzgerald, fue una de las que marcaron
con mayor fuerza, la vida y la obra de Hemingway.
En sus inicios Scott Fitzgerald fue un escritor brillante y adorado
por la juventud norteamericana. Sus
obras, con ciertos altibajos se habían vendido muy
bien en los Estados Unidos y lo convirtieron en el niño mimado de
los años veinte, o "el cronista de la era del jazz". En
sus libros This Side of Paradise,
The Beautiful and Damned, Flappers and Philosophers, All the sad young men
y la más conocida y admirada de sus obras The
Great Gatsby, impone una concepción romántica de la vida.
Crea un nuevo estilo; en la indumentaria, en
el comportamiento y hasta en los sentimientos. ¿Cómo
influye Fitzgerald en Hemingway?. Hemingway aún no había escrito su
primera novela, intentaba con todas sus fuerzas convertirse en un escritor
puro como Joyce, pero solamente había escrito unos cuentos inaccrochables, estaba escribiendo una novela que también había
sido censurada por Miss Stein, quien le recomendó que empezara desde el
principio y e concentrara. Para
Miss Stein, el joven más importante, y
el escritor mejor dotado de toda esa generación era
F. Scott Fitzgerald. Tal
vez de allí comenzara esta relación de odio y
admiración que sentía
Hemingway por Fitzgerald. Scott
Fitzgerald simbolizaba todo lo que el joven Hemingway quería conseguir
pero no había podido lograr.
Vivir de la literatura, ser famoso, vivir la vida de los
"ricos", y escribir libros de una calidad excepcional como The
Great Gatsby. Hemingway
veía en Fitzgerald un espejo en el cual quería reflejarse, evitando
todos los defectos y fisuras que este presentaba.
Tal vez por eso vemos que a pesar de haber pasado muchos años, y haber muerto Fitzgerald, Hemingway le dedica tres
capítulos de París era una fiesta, más de lo que dedicó a cualquier otro que
conociera en esos años. Los
capítulos en los cuales se refiere a Scott Fitzgerald son "Scott
Fitzgerald"; "Los gavilanes no comparten nada" donde habla de Zelda, la. mujer
de Fitzgerald, la causante de la degeneración progresiva de Fitzgerald, y
el más despiadada de todos los retratos que presenta y "Una cuestión de tamaño". Heminway
siempre evitó los males que aquejaban a Fittzgerald aunque sufrió idénticas
dificultades. Hemingway decía
que Zelda, la mujer de Scott, lo había ido destruyendo lentamente, hasta
convertirlo en un borracho inseguro de sí mismo y de su talento.
Hemingway lo quiso evitar con
su esposa Hadley, hasta llegar al divorcio. Pero
Scott veía a Heminway de manera diferente, como la joven promesa de la
literatura anglosajona, como la representación perfecta de dedicación.
exclusiva al ideal. artístico, como al joven veterano de guerra que ya
sabía, muchas cosas de la vida, que sabía boxear, que era fuerte y rudo,
y que tenía un talento excepcional para la literatura. En
el capítulo 17 de París era una
fiesta; "Scott Fitzgerald" Hemingway presenta al. personaje,
habla de su talento "tan natural como el dibujo que forma el polvillo
en un ala de mariposa." Y describe su primer encuentro. "El
entró en el bar Dingo de la rue Delambre, donde. yo estaba sentado en
compañía de algunos sujetos que eran compañías perfectamente malas,
(...)" mientras que Scott estaba acompañado por el jugador de
baseball de la Universidad de Princeton; Dunc Chaplin, un muchacho decente, Veamos con atención el retrato: Scott
era ya entonces un hombre pero parecía un muchacho,y su cara de muchacho no se sabía si iba para guapa
o se quedaba en graciosa. Tenía
un pelo ondulado muy rubio, frente muy alta, ojos exaltados y
cordiales, y una delicada
boca irlandesa de larga línea de labios, que en una muchacha hubiese
representado una boca de gran belleza..
Tenía una firme barbilla y perfectas orejas, y una nariz que nunca fue torcida.
Desde luego que se puede tener todo eso y no ser hermoso , pero él
lo era gracias al color del cutis, al pelo muy rubio y a la boca. Una boca como para preocupar hasta que uno conocía bien a
Scott, y entonces como para preocupar todavía más. (p.142.) Esta descripción muestra el grado de admiración que sentía
Hemingway por
su contemporáneo. Sabía, por
ejemplo que
tenía talento, aunque lo hubiese desperdiciado, que era un hombre
refinado, que sus compañías eran selectas, que estaba frente a un compañero
de generación que lo había superado, y que además tenía un mejor físico,
y que tal como hizo con el personaje Robert Cohn de The
Sun Also Rises, debía ser despiadada en la sátira para saber los
defectos en los que no debía incurrir.
Hemingway quería mantenerse puro, y por eso arremetía contra lo
que él consideraba los defectos de los demás. ¿De
qué hablaron estos escritores en su primer encuentro?. De
"escritores y editores y agentes y críticos y George Horace Lorímer, y de la parte anecdótica
y de la económica de un
escritor de éxito" (pp,146-147)..
Hemingway seguía manteniendo su postura de hombre rudo y
deportista, que escribe cuentos muy buenos y que a ratos está acompañado
de personas de dudosa reputación, que todo lo que le contaba Scott, no
era más que un ruido molesto, al que él estaba prestando la mayor atención,
ya que podía revivir todo lo que sucedió en su primer
encuentro y al principio de su amistad. Con
el tiempo esta relación se fue deteriorando, Scott Fitzgerald se había
convertido en un fracasado, su fama y prestigio se habían esfumado,
mientras que los de Hemingway iban en ascenso. Se había convertido en un
héroe que las revistas se encargaban de ensalzar, aparecía cazando en África,
escribía artículos por los que le pagaban muy bien y sus obras eran
best-sellers. En
el famoso cuento Las nieves del
Kilimanjaro, aparece una sátira a Fitzgerald y su excesiva preocupación
por los ricos y su mundo. Para
Fitzgerald los ricos eran diferentes, no cuantitativamente porque
tuvieran más dinero sino cualitativamente, porque tenía un interés de
novelista en sus costumbres y sus modales.
De aquí la famosa réplica de Hemingway:
"Si son diferentes, tienen más dinero." Scott
Fitzgerald se mostraba entonces como aquello a lo que no se debía llegar,
lo que se debía evitar,
adular a los ricos, dejarse dominar por una mujer que finalmente lo llevaría
a la destrucción, la falta de carácter para imponer su criterio, su
suavidad y modales refinados para ocultar a un neurótico que estaba
alcoholizado, y que finalmente se había vendido al mejor postor. La
descripción que hace de Zelda Fitzgerald en "Los Gavilanes no
comparten nada", nos muestra una mujer estúpida e insoportable.
"Estaba con una resaca que le daba un aspecto cansado, está con las
facciones crispadas y ajadas, y se mostraba ceremoniosa con Hadley y
Hemingway. Zelda tenía ojos
de gavilán y los labios estrechos, y modales y acento de algún
Estado del sur." (p.176) Hemingway
intuye que Zelda estaba celosa del trabajo de Scott, y sabemos que esta
observación tiene mucho de verdad. En
la excelente biografía Scott
Fitzgerald de André LeVot,
nos enteramos que Zelda, después de practicar ballet
infructuosamente, se da cuenta que ella
también quiere ser escritora, y comienza a publicar cuentos
imitando el estilo de su marido, hasta llegar en cierta oportunidad a
plagiar una novela de Fitzgerald, y publicarla con resultados desastrosos,
para la editorial y
para Scott que se dio cuenta de la estúpida competencia que tenía
con Zelda. Los
celos que le provocaba Zelda a Scott, desde una aventura que tuvo con un
joven aviador francés, tenían
siempre en guardia a Fitzgerald. "Scott
estaba muy enamorado de Zelda, y muy celoso. (...) me contó aquello de
cuando ella se enamoró de un piloto aviador de la marina francesa, (...)
Entonces Zelda aguantaba más bebida que Scott, pero Scott temía que ella
perdiera el conocimiento entre las gentes que frecuentaban aquella
primavera, y en los lugares a que iban." (pp.177-178) Scott poco a
poco fue cayendo en la trampa, y después de una temporada en Cap
d'Antibes, la cosa fue empeorando, entonces era Scott el que estaba
borracho todo el tiempo. Ya
no le importaba el trabajo de los demás, y se presentaba en el 113 de la
rue Notre-Dame-des-Champs, ebrio a cualquier hora del día o de la noche,
y en la borrachera le daba placer estorbar el trabajo de Hemingway, tanto como a Zelda le gustaba entorpecer e
impedir el trabajo de Scott. Esta
situación se prolongó por varios años pero reconoce Hemingway, "no
tuve ningún amigo tan leal
como Scott cuando no estaba borracho." (p.181.)
Hemingway por el contrario se concentraba con mayor fuerza en su
trabajo, y en seis semanas había terminado el primer borrador de The
Sun Also Rises. Hadley,
mi mujer, y yo, habíamos ido a Valencia temprano para conseguir buenas
entradas de la feria que empieza allí el 24 de julio. Todos los de mi
edad habían escrito una novela y yo todavía
tenía dificultades para escribir un párrafo.
Así que empecé el libro el día de mi cumpleaños, escribí
durante toda la feria, en cama, a las mañanas, me fui a Madrid después y
escribí allí. Allí no había
feria así que teníamos un cuarto con una mesa y escribí con gran lujo
en la mesa y a la vuelta de la esquina del hotel en una
cervecería en el Pasaje
Alvarez donde hacía fresco. Finalmente
empezó a hacer demasiado calor para escribir y nos fuimos a Hendaya.
Había un hotelito barato allí en la encantadora y larga playa y
trabajé muy bien y después nos fuimos a París y terminé el primer
borrador en el departamento sobre el aserradero, en 113 Rue Notre-Dame-des-Champs,
a las seis semanas del día del comienzo.[24] Hemingway
estaba en un frenesí creativo, pero a la vez no podía dejar de vivir, ya
que la vitalidad de su cuerpo le exigía un movimiento constante. Se había dado cuenta que no podía seguir perdiendo tiempo, que no caería en el juego de Scott, quien
buscaba cualquier pretexto para beber y no escribir. Fitzgerald
se engañaba, y
trataba de engañar a los demás mostrando un enorme libro de
contabilidad en el cual apuntaba, cuidadosamente y por orden cronol6gico
todos los cuentos que había publicado, año tras año, y la indicación
de lo que le habían pagado por cada cuento. Quería mostrar el panorama
que se abría en su futuro. No
se abría ningún panorama concluirá Hemingway, al ver las condiciones
tan difíciles con las que tenía que luchar Fitzgerald para escribir; la
neurosis y alcoholismo de Zelda, la debilidad y los celos de los que sufría
él mismo,
además del
alcoholismo por complacer a Zelda, las deudas que siempre eran
mayores, los cuentos y el desperdicio de talento por los cuentos que
escribía para revistas, que eran hechos con un molde o según una fórmula,
todo esto hacía prever su muerte prematura, y la decadencia de Fitzgerald
como escritor. "Los
escritores norteamericanos no tienen un segundo acto". Hemingway
trat6 de ayudarlo, pero
Fitzgerald se debatía entre las tentaciones y el desarreglo que le daba
Zelda, y la disciplina y el ejercicio que le proponía Hemingway. Hacían largas caminatas donde él sudaba el alcohol, resolvía
que trabajaría en serio y en realidad trabajaba y se le daba bien.
Pero Zelda se aburría y se quejaba de no ser suficientemente bien
atendida, y comenzaba a beber, y Scott la acompañaba, y vuelta a empezar,
todo el trabajo se iba por la borda, se peleaban y luego hacían las
paces, todo como en un círculo vicioso del que no podía escapar. Fitzgerald
intentaba continuamente trabajar, diariamente intentaba y fracasaba,
echaba la culpa a París, e intentaba buscar un buen lugar donde pudiera
trabajar,, le habló a Hemingway de la Riviera, y le proponía que
trabajaran juntos como negros todo el día, se bañarían y tomarían el
sol y se broncearían y beberían un solo aperitivo antes del almuerzo y
uno antes de la cena, pero todo no eran más que proyectos, según el
estilo de vida que estaban llevando, suerte tenía si podía escribir
cualquier cosa. Mientras
tanto Hemingway se había marchado con su esposa a Schruns en el
Vorarlberg de Austria, "volví a redactar la primera mitad de mi
manuscrito, y si no recuerdo mal la terminé en enero." James
Joyce, la humildad del
maestro. Para un joven que intenta convertirse en escritor, es muy
importante conseguir la verdad o la esencia de lo que significa asumir esa
vocación. Debe luchar con la incomprensión de sus compañeros de
generación, y debe mostrar a sus mayores dentro del campo de la
literatura que él si tiene madera para ello, y es entonces cuando puede
darse un contacto de calidad entre un aprendiz y un maestro. Debe afanarse por aprender todo lo que pueda callar y observar, tal
como lo hace el ayudante de un carpintero, o de un constructor, que
diligentemente debe pasar las herramientas, levantarse y llegar más
temprano que el maestro, repetir todas las palabras que éste dice, callar
y observar para aprender, el viejo método de los maestros y artesanos del
Renacimiento. En
el capítulo "El hombre marcado para la muerte" de París era una fiesta , Hemingway habla por primera vez de Joyce.
Desde 1922, "Nos habíamos hecho amigos en aquel maravilloso
intervalo después de terminado el Ulysses y antes de que Joyce empezara
aquello que durante largos años se tituló Work
in Progress. " (p.121.) Hemingway
introduce la figura de Ernest Walsh, para contraponerla con la de Joyce.
Conoci6 a Ernest Walsh el poeta, en el estudio de Ezra Pound y lo
describe o dibuja con un sarcasmo sutil y furioso.
Veamos "al hombre marcado para la muerte": "Ernest
Walsh era moreno, vehemente, impecablemente irlandés, poético, y
visiblemente marcado para la muerte, tal como en las películas salen
personajes marcados para la muerte," (p.117.) Walsh
se presentó en el humilde estudio de Ezra Pound, acompañado por un par
de rubias, que habían leído los poemas de Walsh en la revista de Harriet
Monroe; Poetry: A Magazine of
Verse. Mientras Walsh
hablaba con Ezra, Hemingway se divertía escuchando hablar al par de
rubias, que sentían gran admiración por le pagaban mil d6lares por
poema. Una
de las chicas lo compara con Eddie Guest, a quien no le pagan tanto por
sus canciones. Lo cual da a
entender que la calidad del poeta no se mide por el talento, sino por lo
que gana con sus
poemas. Hemingway le pregunta si no será Mr. Walsh un célebre
jugador de naipes, a lo que las muchachas responden que con lo que gana escribiendo poesía,
eso no le hace falta. La
fachada comienza a derrumbarse cuando Pound le comenta a Hemingway que
Walsh no pudo pagar la cuenta del Claridge y que la cuenta la pagaron unas
damas devotas de la poesía.
Walsh y Hemingway tienen una conversación, sobre la supuesta
entrega de un premio que otorgaba la revista Dial
a un destacado colaborador. Después
de comer ostras y beber vino, "(...) empez6 a guiarme delicadamente
hacia su terreno. Parecía
como si estuviera transformándome a mí en puta y transformándose él en
mi chulo, (...) El sabía que yo sabía que él estaba podrido, y no
quiero decir podrido como los chulos, sino podrido como los tísicos que
mueren de la tisis, y que yo sabia que estaba grave, y conmigo no se
esforzaba por toser, y ya que estábamos en la mesa yo se lo
agradecía." (p.120.) Todo
este preámbulo para mostrar lo que sucede con un escritor o artista, que
es solamente apariencia, que es hueco, que vive de lo que digan los demás,
aunque sean un par de putillas que
se consiguen en cualquier lugar, y lógicamente para ponerlo como
la contrapartida al otro escritor
que Hemingway quiere presentar, si Ernest' Walsh, es un podrido, un
mentiroso, un escritor que se
vende como una puta. (Recordar
que la integridad de un escritor es como la virginidad de una muchacha,
una vez que se pierde nunca más se recupera) ¿quién es entonces el
verdadero escritor, aquel que no se vende como una puta que no quiere ser
un chulo?. A
los ojos del joven aprendiz de escritor, el ideal lo representa en todos sus aspectos, James Joyce. Después
que Walsh le anuncia va
a ganar el premio del Dial,
Hemingway piensa: Me
daban angustia las gentes que me hablaban de mi obra a la cara, y le miré y vi su expresión de marcado para la
muerte, y pensé,
podrido que quieres pudrirme con tu podredumbre.(...) Ahora quieres
pudrirme a mí. No pudras a
los demás lo que no quieras que te pudran a ti.
Lo único podrido era su muerte. (p.123.) Este
es uno de los retratos o caricaturas más despiadados que hace Hemingway
en París era una fiesta,
aunque debemos reconocer que es necesario para la presentación del
personaje que le interesa resaltar; Joyce. Después
de pasar cierto tiempo, Hemingway se encuentra con Joyce, quien había
pasado la tarde solo en el teatro, y que a pesar de tener la vista muy dañada,
se divertía escuchando a los actores
a que no los podía ver. Joyce
invita a Hemingway a tomarse una copa con él en
los Deux
Magots, y pidieron jerez seco. Walsh
también le había prometido el premio a Joyce.
Hemingway le contó a Joyce sobre el primer encuentro que había
tenido con Walsh en el estudio de Ezra Pound y la anécdota lo divirtió
mucho. En
la entrevista a Hemingway por George Plimpton dirá sobre Joyce:
"Cuanto mejor son los escritores, menos hablarán de lo que ellos
mismos han escrito. Joyce era
un muy gran escritor y solamente le explicaba lo que hacía a los
mediocres. "[25] Joyce
fue a los ojos de Hemingway el promotor de un arte totalmente nuevo, el
explorador y guía.. Entre el extraordinario humanista que era Joyce,
revelado por Sylvia Beach en 1922, y presentado en su famosa librería y
biblioteca Shakespeare
& Co, y el autodidacta Hemingway, no había aparentemente
afinidad alguna. Georges-Albert
Astre en "Un americano en París" dice: "Pero el
alborotador, el muy ruidoso cronista del Toronto
Star, que en realidad protegía su vida interior por medio de
personajes ostensibles que hacía ademán de asumir, admiraba
profundamente en el enigmático irlandés cierto pudor literario, cierta
discreción y un dominio de sí mismo del que le hubiera gustado ser
capaz: ( ...)".[26] Según
una anécdota que cuenta Anthony Burgess en
Hemingway y su mundo, a Joyce le gustaba ir a bares de mala muerte, y
buscar camorra, para luego echar a pelear a su amigo el joven y fuerte
boxeador Hemingway, diciéndole: "¡Dale, Hemingway! ¡Dale!". Finalmente
dice Astre: "En lo de Nichaud, donde a veces almorzaban, Ernest y
Hadley veían a Joyce
almorzando en familia, ‘el y su mujer sentados con la espalda contra la
pared, Joyce estudiando el menú, que blandía en una sola mano, a través
de sus gruesos anteojos, Nora a su lado,
comiendo con apetito pero con
refinamiento; Giorgio, de espaldas, flaco, demasiado
elegante, la nuca brillante;
Lucía, adolescente en pleno crecimiento, con su pesada cabellera
enrulada, hablando
todos en italiano. Joyce,
enseñaba, primero la
verdad."
[27] En
la novela Islas en el Golfo, el
protagonista Thomas Hudson es un viejo pintor, que vive en
una isla apartado del mundo, dedicado a su arte, bebiendo con sus amigos,
lejos de la tentación de
las mujeres, recibe a su sus hijos en las vacaciones, y se dedica a
seguir su papel de buen padre. En
una conversación que mantienen sus tres hijos en la playa, Heminway
introduce los recuerdos parisinos del pintor, y transforma al joven
escritor de París era una fiesta,
en un pintor desconocido que está aprendiendo el oficio.
El hijo mayor del viejo pintor, dice que recuerda los paseos que
hacía con su padre, el "bohemio"
por los jardines de Luxemburgo,
donde cazaban pichones que llevaban a casa para matar el
hambre. Hemingway
habla de Joyce, y de sus conversaciones de café, y de la humildad que
mostraba, donde cazaban
pichones que llevaban a casa
para matar el hambre. Heminway
habla de Joyce, y de sus conversaciones de café, y de la humildad que
mostraba, y de cosas
que le enseñaba de una manera indirecta el famoso escritor.
El hijo de Hudson habla de una edición autografiada que tiene del Ulysses
de Joyce, y que llevó a su escuela para demostrarle a sus compañeros que
él había conocido a Joyce, y del intento que hizo un profesor para
quedarse con el libro. Anthony
Burgess recoge esta opinión que da Joyce de Hemingway: "Es un buen
escritor, Hemingway. Escribe
tal como es. Nos gusta. Es un
campesino grande y poderoso, tan fuerte como un búfalo, Un deportista. Y listo para vivir la vida sobre la que escribe.
Nunca la hubiera escrito si su cuerpo no le hubiera permitido
vivirla. Pero los gigantes de
esta clase son verdaderamente modestos; hay mucho más detrás de la forma
de Hemingway de lo que la gente cree. " Sylvia
Beach, la admiración por el talento. La
librería y biblioteca circulante Shakespeare
and Company , era uno de
los lugares de reunión de los escritores expatriados en París, en el 12
de la rue de l'Ode6n, era un lugar caldeado y alegre, con una gran estufa
en invierno, mesas y estantes, libros nuevos en los escaparates y en las
paredes fotos de escritores tanto muertos como vivos. "Además
los vivos y los muertos se unían para edificarle lo que le era más
necesario y lo que no había querido adquirir en los bancos de los
anfiteatros universitarios: una cultura auténtica. La
alegría de los encuentros y las conversaciones se conjugaba espléndidamente
con la felicidad de leer; en París, Hemingway se hizo de ese saber tan
vasto que utilizará muy hábilmente siempre, sin ostentación ni pedantería,
al punto de parecer tosco e inculto a los que no disciernen más allá de
la experiencia y de la aventura relatada ninguna de las referencias
sutiles ni de las intenciones secretas."[28] Así
describe Hemingway a Sylvia Beach: "Sylvia tenía una cara vivaz de
modelado anguloso, ojos pardos tan
vivos como los de una bestezuela y tan alegres como los de una niña, y un
ondulado cabello castaño que
peinaba hacia atrás partiendo de su hermosa frente y cortaba a ras de sus orejas
y siguiendo
la misma curva del cuello de las chaquetas de terciopelo que llevaba. Tenía
las piernas bonitas y era amable y alegre y se interesaba en las conversaciones,
y le gustaba bromear y contar chismes." (p.39.) La
primera vez que Hemingway entró a la librería en diciembre de 1921,
estaba un tanto intimidado, ya que no llevaba mucho dinero, además del
temor que siente un joven aspirante a escritor cuando entra en un librería
y se encuentra con un librero que ha leído muchísimo, y se siente torpe
e ignorante. Sylvia
le extendió una tarjeta de suscriptor, a pesar de no tener lo suficiente
para pagar. Y lo mejor del
caso, le dijo que podía llevarse todos los libros que quisiera. Sylvia a pesar de lo mal que se sentía Hemingway al principio, lo
trató muy bien, estuvo encantadora, sonriente, cordial y comprensiva. Tan avergonzado estaba Hemingway que hasta su dirección en el 74
de la rue Cardinal Lemoine, conspiraba para acentuar su pobreza. Hemingway
había encontrado un tesoro maravilloso, sobre todo para un joven aprendiz
de escritor, que necesita leer muchísimo y aprender las técnicas de
otros escritores. Comenzó leyendo a Turguenev, los dos tomos de los Apuntes
de un cazador, Hijos y amantes de D,H. Lawrence, La Guerra y
la paz de Tolstoi y El jugador de
Dostoyevski. "Entre
1920 y 1930 Shakespeare & Co. fue el lugar de reunión de toda la colonia
literaria internacional de París. Sylvia nos describe la primera visita
de Hemingway en 1921: 'Al levantar la cabeza vi un gran joven de pelo
castaño, con bigote, y le escuché decir con voz muy profunda que era Ernest Hemingway.
Le dije que se sentara y supe, preguntándole, que era oriundo de
Chicago. Me enteré también
que había pasado dos años (sic!) en
un hospital militar para recuperar el uso de
su pierna ¿Quería ver? Sí.
claro, por supuesto. El
trabajo del negocio Shakespeare & Co fue por lo tanto interrumpido
mientras él se sacaba el zapato y el calcetín para mostrarme las
terribles cicatrices que le cubrían la pierna y el pie".[29] Ya en
esta temprana época de su vida, Hemingway estaba creando su propio mito. Sabemos
que Hemingway siempre sintió un gran afecto por Sylvia Beach. Encontró en ella desde el principio la admiración constante y sin
reservas que siempre necesitó y de la que Hemingway se sintió ávido,
aun en la cumbre de su gloría. La veneración de Sylvia Beach
era total. Gracias a
Sylvia conoció a
Adrienne Monnier que tenía una librería frente a
Shakespeare & Co. y quien bajo su guía se puso a leer obras
francesas modernas. En el capítulo 8 "El hambre era una buena disciplina", Hemingway cuenta cómo después de una larga caminata, para olvidar las ganas de comer llega al número 12 de la rue de l'Odeón, y por casualidad pregunta si algo le ha llegado, Sylvia se alegra de entregarle un cheque y una carta de Wedderkop, que contenía seiscientos francos, de la revista Querschnitt y dice además que seguirán otros pagos, Hemingway se queja de no ser publicado más que en Alemania, y Sylvia le da ánimos, le dice que puede ser colocado lo que escribe en la Trasatlantic, y que lo más importante es que puede escribirlos.
Salió descontento de la librería por haberse quejado de sus apuros económicos, ya que hacía lo que hacía por su propia decisión, y que a pesar de haber dejado el periodismo, tiene crédito y sabe que Sylvia podría prestarle dinero porque lo ha hecho en otras oportunidades, y que es un puerco de falso y santo y mártir, porque aunque el hambre es una buena disciplina y es una maravilla, comer es otra maravilla, y eso es lo que hace en el Lipp. Comer y beber.
II
- El
París de los años 20 El
París que conoció Hemingway. El París que conoció el joven Hemingway fue
el París de la clase baja.
Sus ingresos no le permitían alojarse en un lujoso hotel, tal
como lo hacía Fitzgerald, o alquilar un apartamento con todos los
servicios y comodidades tal como lo tenía Gertrude Stein. Después
de desembarcar en El Havre
con su mujer en diciembre de 1921, con apenas 22 años, tomó un
departamento en Rue du Cardinal Lemoine, en el 5e. Arrondissement, cerca
de la rue des Ecoles, y de la rue de Monge, a poca distancia del conocido
Panthéon. "El
piso de la rue Cardinal Lemoine tenía dos habitaciones sin agua caliente
y sin más dispositivo higiénico que un recipiente con antiséptico, que
de todos modos no era molesto para una
persona acostumbrada a las letrinas de los patios de Michigan."
(p.41) A
pesar de las incomodidades, y de la falta de higiene, la joven pareja había
encontrado un lugar donde se sentían libres y donde el amor les daba las
comodidades que les faltaban. Su
hogar era un perfecto
refugio de sus correrías por las calles de París. Hemingway
iba a todas partes caminando, tal vez por no gastar en transporte o por el
afán de ir a
pie. "Toda la tristeza
de la ciudad se nos echó encima de pronto con las primeras lluvias frías
de invierno, y al pasear no se les veía remate a los caserones blancos, sólo
el negro húmedo de la calle
y las puertas cerradas de los tenduchos, los herbolarios, las tiendas de
papelería y periódicos, la comadrona (de segunda clase). y el hotel
donde Verlaine murió y yo tenía
alquilado un cuarto en el
último piso y allí trabajaba," (P.14) Hemingway
decide no trabajar por el frío que estaba haciendo, y sale a caminar,
pasa por el Lycée Henri-Quatre y aquella iglesia antigua de Saint-Etienne-du-Mont
y por la Place du Panthéon, dobla a la derecha para alcanzar el boulevard
Saint-Michel, y caminó hasta llegar al café donde también podía
trabajar y descansar de la caminata y del mal tiempo, y beberse en una
mesa un café en la Place Saint-Michel. Cuando
el dinero estaba muy escaso, otro refugio para el aprendiz era el 27 de la
rue de Fleurus. Para
dirigirse allí podía elegir entre varias calles, llegar hasta el jardín
del Luxemburgo, se daba un paseo por el jardín, entraba al Musée du
Luxembourg y veía las pinturas de Cézanne,
Manet y Monet. En cuanto se estaba haciendo de noche y faltaba la luz en el
Luxemburgo, cruzaba los jardines y subía al apartamento en forma de
estudio de Gertrude Stein. Cuando
Hemingway estuvo de vuelta de Toronto en 1924, cambió de dirección y se
mudó a la rue Notre-Dame-des.Champs, de ello habla en Las verdes colinas de Africa: " (...) Habíamos alquilado los altos de un pabellón en la rue
Notre Dame des Champs en un patio con un aserradero
(y el gemido repentino de la sierra, el olor del aserrín, el
castafio por encima del techo y una loca que vivía en la planta baja) y
ese año lleno de preocupaciones de dinero, todos mis cuentos devueltos
por el correo que llegaba a través de una hendíja de la puerta
del aserradero, con cartas de rechazo
en donde nunca los llamaban cuentos sino anécdotas, bocetos,
cuentitos. No los querían y vivíamos
de puerros y bebíamos vino de
Cahors y agua".[30] Pero
volvamos a la rue du Cardinal Lemoine, desde lo alto de la calle se podían
seguir varios caminos para llegar al río.
El más corto era seguir calle abajo, atravesar el boulevard Saint-Germain,
asomaba al río por un muelle s6rdído que tenía a la derecha la Halle
aux-Vins, atravesando un brazo del Sena se llegaba a
Saint-Louis y luego la Cité con Notre-Dame, se encontraba con los
puestos de los
libros en los muelles, en los cuales hallaba a veces libros americanos muy
baratos. Estos
paseos los hacía Hemingway cuando había terminado de trabajar y
necesitaba descansar
y relajarse, o reflexionar y organizar sus ideas.
Paseaba por los muelles del Sena, e iba mirando a los pescadores, y
a cualquiera que supiera hacer bien algún trabajo manual, como el
pescador Nick Adams del cuento "Big Two-Hearted River" (Gran río
de dos corazones). "Yo
paseaba por los muelles al terminar mi trabajo o cuando intentaba
reflexionar y organizarme las ideas.
Me resultaba más fácil reflexionar mientras andaba y hacía algo
o mientras miraba a la gente hacer algún trabajo que supieran hacer bien.
En el extremo de la isla de la Cité, debajo del Pont-Neuf, donde
está la estatua de Henri-Quatre y la isla termina en punta afilada como
una proa de barco, había un jardincillo al borde del agua con unos
hermosos castaños, robustos y de copa ancha, y con las corrientes y remolinos que el Sena forma
al fluir se encuentran excelentes puntos de pesca, Uno baja al jardín por
una escalera, y puede observar a los pescadores que están
allí mismo o debajo del gran puente." (p.45) Georges-Albert
Astre concluye: "Lo que París daba a la joven pareja, en sus
sucesivos domicilios -rue Jacob, en Montmartre; rue du Cardinal Lemoine ,
rue Notre Dame des Champs era lo más a menudo una alegría verdadera, una
plenitud interior que corría pareja con la pobreza material, una libertad
irremplazable que ni Oak Park ni Chicago podían ofrecer (...)" [31] Kurt
Singer, en su biografía Hemingway,
life and death of a Giant, expresa acertadamente lo que significó París
para Hemingway: "-
Qué ciudad, le escribió a
Sherwood Anderson. El y
Hadley huroneaban por las calles como
dos sabuesos empeñosos. Comían
en el Café del Domo, recorrían
sin cesar el Louvre, meditaban
junto a la tumba de Napole6n. y rebuscan en los escaparates de libros a lo
largo del Sena, Hemingway limitaba su tiempo de holgazanería
vagabundeando, y se gastaba la mayor parte del día tecleando en
su máquina, soltando las verdades sin adornos, sin rebuscamientos,
respecto a lo que había visto: el aristócrata blanco ruso que era ahora
portero del Café de la Paix, el duque con sus cicatrices que manejaba un
taxi arruinado, a los franceses que, triunfantes como lo estaban, seguían
sin perdonar y odiando al Boche, con ferocidad de guadaña, a los
veteranos de la guerra sin piernas, sin empleo y llevando sólo una cruz
de guerra que no les producía ni
un franco
en los empeños.
"[32]
Esta era la gente que encontraba Hemingway por las calles de París,
cuando hacia sus recorridos
no solo miraba el ambiente, sino que tomaba nota mentalmente de las
personas que
veía, y
que estaban al igual que él
por esas calles. "La gente se escapaba de las desilusiones utilizando muchos caminos. Se le encontraba flotando en el Sena o muerta en sus buhardillas con drogas. Otros se asfixiaban con indolencia o se pudrían con enfermedades venéreas, y los gígolos vendían sus cuerpos a los hombres o a las mujeres, indistintamente. La homosexualidad y el lesbianismo estaban de moda, porque eran diferentes, y eliminaban el problema del embarazo. Montparnasse era el centro de un culto a Dada, de alta potencia y autoembriaguéz, amoralidad y decadencia, un producto desequilibrado de búsqueda sinfín hacia la nada... ¡la nada!. Pero Hemingway sabía que París poseía dos cosas en común con Chicago: la mejor y la peor. Ambas ciudades eran cultas, cada una a su propio modo, y ambas eran depravadas, reales y combativas."[33] A pesar de todo esto, la ciudad en sí misma conserva el amor de Hemingway: "Cuando regresamos a París estaba claro y hacia frío y era hermoso. La ciudad se había acomodado para el invierno, había buena leña en venta en la tienda de leña y carbón al otro lado de la calle, y habla braseros fuera en muchos de los buenos cafés para que pudieras estar caliente en las terrazas. Nuestro propio apartamento era cálido y alegre. Quemamos boulets que eran terrones de carbón en polvo, moldeados en forma de huevo, sobre el fuego de leña, y en las calles la luz del invierno era bella, Ahora ya estabas acostumbrado a ver los árboles desnudos contra el cielo y paseabas sobre los senderos de grava recién lavada a través de los jardines de Luxemburgo bajo el viento limpio y penetrante. Los árboles sin sus hojas eran pura escultura cuando te reconciliabas con ellos, y los vientos del invierno soplaban a través de la superficie de los estanques y las fuentes se henchían en la brillante luz. Todas las distancias eran cortas desde que estuvimos en las montañas."[34] III - Años de aprendizaje y formación Las
lecturas del estudiante y sus descubrimientos. Hemingway
no fue a la universidad. Su
temperamento, el tipo de vida que llevó y su talento, lo alejaron de las
aulas. Pero siempre tuvo una
gran inteligencia para elegir "maestros" y libros en
esa gran universidad abierta que fue París para un estudiante
aplicado como lo fue Hemingway. Después
de haberse hecho suscriptor en la librería de Sylvia Beach, comenzó un
periodo intenso de lecturas, todos aquellos autores que habían quedado
relegados por falta de tiempo o desconocimiento. Leyó a Turgenev
completo, un autor que mostraba lo difícil de escribir con sencillez
acerca de la cacería y de la vida del campo.
Las traducciones de Tolstoy hechas por Constance Garnett, y las
traducciones inglesas de Chejov. Al
parecer los autores que Heminway buscaba, tenían como finalidad ayudar a
construir su estilo. Que en principio había sido formado por los periódicos
para los que trabajaba. Luego
siguieron las enseñanzas de Gertrude Stein y Ezra Pound.
Finalmente los grandes de la literatura, que escribieran tal como
él lo quería hacer. (cf.reportajes de
Publicado en Toronto 1920-1924 ). Chejov
tenía algunos cuentos que parecían mero periodismo. En Dostoyevski había
cosas increíbles y no se debían creer.
El paisaje y los caminos en Turgenev. Los movimientos de tropas
y el terreno y los oficiales y la tropa y el combate - que tanto le
ayudarían a Hemingway en sus
propias obras sobre la guerra, como las viñetas de guerra de in
our time, Adiós a las armas y Por quién doblan las campanas- en
Tolstoy. Además de conocer a
Stendhal quien presenta en la Chartreuse
de Parme la guerra tal como es, el maravilloso relato de Waterloo,
del que se inspiró Hemingway años después, para describir la retirada
de Capporetto en Adiós a las Armas. "Llegar
a todo aquel nuevo mundo de literatura, con tiempo para leer en una ciudad
como París donde había modo de vivir bien y de trabajar por pobre que
uno fuera, era como si a uno le regalaran un gran tesoro."[35] Cuando
salía de viaje a las montañas de Suiza y de Italia donde iban antes de
descubrir Schruns en el alto valle del Vorarlberg en Austria, llevaba una
buena provisión de libros que le prestaba Sylvia Beach, y de noche podía
vivir el mundo de los escritores rusos, que estuvieron desde el principio,
luego los demás, pero sabemos que en un período sólo estuvieron los
rusos. Cierto
día en el estudio de Ezra Pound, después de jugar tenis en el boulevard
Arago, Hemingway le pregunta que pensaba de Dostoyevski.
"- Si tengo que serte franco, Hem - dijo Ezra -, nunca leo a
los rusos."[36] Esta
respuesta no le gustó a Hemingway porque aquél era el hombre que
entonces gustaba y convenía como crítico, quien creía en la mot juste, en la única palabra que es correcto usar, quien
le había hecho desconfiar de los adjetivos. Pound le recomienda que no se aleje de los franceses, y que tiene
mucho que aprender de ellos.
Hemingway reconoce con algo de humildad e ira contenida, "Tengo mucho
que aprender de todo el mundo."[37] Una preocupación constante de Hemingway es la discusión de lo que
está leyendo
con otras
personas, y saber sus opiniones al respecto sobre los autores que ha leído.
Con Evan Shipman en la
Closerie des Lilas, conversa acerca de Dostoyevski y Tolstoi Hemingway le
pregunta cómo un escritor que escribe tan mal, puede hacernos sentir tan
hondamente, Evan le responde que
no piensa que sea la traducción, ya que ha
leído a Tolstoi
en traducción
y le
parece muy
buen escritor. La
Guerra y la paz
en la traducción de Constance Garnett es una novela fantástica,
probablemente la mejor que existe y se puede leer y releer opina Evan
Shipman, con lo cual Hemingway está totalmente de acuerdo, pero
Dostoyevski no se puede leer y releer. Crimen
y castigo
que ley6 en Schruns en una temporada,
y cuando Hemingway ya no tenía
nada más que leer, intentó leerlo pero no pudo,
por lo que tuvo que entretenerse con los periódicos austriacos y
con el estudio del alemán hasta encontrar algo de Trollope en la
edición Tauchnitz. Evan completa haciendo un brindis por Tauchnitz. Dostoyevski
en opinión de Shipman era una mierda, -recordemos que ya se han bebido
algunos wiskies, gracias a la generosidad de un mesonero que sufre un
pequeño drama personal- Dostoyevski de lo que escribe bien es de mierda y
de los santos. Sus santos son
maravillosos, pero lo
peor del caso es que no se puede releer. Hemingway insiste en que probará leer de nuevo Los
Hermanos Karamasov. Shipman
le advierte que no se deje tentar por Dostoyevski.
Por supuesto que no, le responde Hemingway su método comienza a
revelarse, escribir de modo que haga efecto sin que el que lee se de
cuenta, y así cuanto más lea más efecto le hará.
Los autores que lee, le permiten evitar las trampas en las que caen
hasta los grandes escritores como Dostoyevski. El
drama que atormenta al mesonero, cuya protesta es servir mucho whisky a
sus amigos, es el
cambio que debe hacer, afeitarse un grueso bigote, para que parezca a los
mesoneros de los bares estilo americano, de lo contrario debe renunciar. En
la siguiente visita que hace a la Closerie, lo atiende otro mesonero
llamado André, quien ya
resignado se ha cortado el bigote y usa una chaqueta blanca de barman
americano. Hemingway pregunta
algo desconcertado por su
amigo Jean,
el mesonero
que estaba
atendiéndolo la
vez pasada. André le
responde que aún no se ha resignado, se entera que sirvió toda la guerra
en un regimiento de Caballería pesada y obtuvo la Croix de Guerre y la Médaille
Militaire, que había obtenido por su valor, Finalmente André le informa
que Evan acompaña a Jean para trabajar en un huerto. Además de los libros, Hemingway nos demuestra su preocupación por los dramas de los seres humanos que conoce y ve a menudo, y sabe diferenciar entre acciones falsas, dramas de opereta y verdaderas pequeñas tragedias de personas que conoce, que también constituyen aprendizaje y contribuyen a su formación como escritor. Hemingway escribe y aprende; sus
padres literarios son la experiencia y unos nombres confesados por
él, que quizás nos
sorprendan pero que precisan muy bien el carácter y objetivo de su ficción;
como figura principal el Mark Twain de Huckleberry Finn - " toda la
literatura americana moderna procede de allí", son -sus
palabras- y junto a él, Dublineses
de Joyce, Los Buddenbrookc
de Mann, Stendhal, Tolstoy, Dumas, Flaubert, Turgenev y Maupassant.
Con
el tiempo añadirá a su lista a Fielding, el capitán Marryat, los
cuentos de Kipling y Crane,
Henry James y el Joyce de sus obras mayores.
Resultado de sus lecturas, son la influencia directa
en Tres cuentos y diez
poemas (1923) publicado en París por Contact
Publishing Company, en una edición de 300 ejemplares, in our time(1924) 32 páginas de viñetas publicadas por Three
Mountains Press en París, In
Our Time (1925) y The Sun Also
Rises (1926), Una buena y severa disciplina. Uno de los más importantes aprendizajes que hizo Hemingway en París,
fue el de la disciplina para escribir.
Una disciplina que se convierte casi en una obsesión.
Vemos que en cualquier lado,
en algún café donde puede guarecerse de la lluvia y el frío, lo
primero que hace es sacar de su bolsillo una libreta y un lápiz y se pone a escribir. En
la biografía Ernest Hemingway, ese
falso hombre duro, Ignacio Guzmán Sanguinetti, cuenta que todas las
mañanas Hemingway se levantaba muy temprano para trabajar. Pero muchas veces, no soportaba el llanto de su hijo en su
pequeño departamento,, y tenía que irse a trabajar a la calle. En
el café donde comenzaba a trabajar se concentra y se trasplanta hasta
Michigan. El cuento que está empezando a escribir es el
conocido "Up in Michigan", que seria catalogado más adelante
por su profesora Gertrude Stein como inaccrochable. El
cuento se escribía con una facilidad increíble, y una excitaci6n que
recorría su cuerpo, en parte por el ron de Martinica, y en parte porque
el cuento se estaba escribiendo solo. Levanta la vista por un momento para mirar a la muchacha que se ha sentado
enfrente, luego de nuevo a escribir,
adentrándose tanto en el cuento que allí se perdió, el cuento se escribía
solo, no podía levantar los ojos hasta que al fin el cuento quedó listo
y Hemingway cansado. La
muchacha se había
marchado, cerró la libreta y la metió en el bolsillo de la cartera, era
una actividad tan febril que después de terminar se sentía vacío y
triste y contento,
como si hubiera hecho el amor. Y
cuando trabajaba en el cuarto que tenía alquilado para escribir, al
finalizar una jornada de trabajo se premia con un trago de kirsch. El
método de interrumpir el trabajo cuando sabía o veía claro lo que debía
escribir al día siguiente, le daba la sensación de que podía continuar
con facilidad algo que estuviera haciendo, y
no caer en la dificultad de la página en blanco. El
aprendizaje que recibió de sus "maestros" La
influencia que recibi6 de Ezra Pound, que estuvo en París
de 1920
a 1924, y
de Ford Madox Ford, el
director de la Trasatlantic Review (1924-1925)
a diferencia de la de Gertrude
Stein, que fue a través del arte de la conversación, se hizo por
medio del lápiz azul. Los consejos de Ezra Pound eran recibidos con gran respeto. Pero los de Gertrude Stein influyeron más directamente. En Crónica Literaria, Edmund Wilson comenta La Autobiografía de Alice Toklas, y la influencia de Gertrude Stein sobre Hemingway: "A Gertrude Stein le gustaba (Ezra Pound), pero no lo encontraba divertido. Según ella, era un charlatán de aldea, excelente si usted fuera un aldeano, pero no si no lo es." (... ). Y se muestran bastante duras respecto a Ernest Hemingway: "Gertrude Stein y Sherwood Anderson se divierten mucho cuando se trata de Hemingway. La última vez que Sherwood visitó París, hablaron mucho de él. Hemingway fue formado por ambos y ambos se sienten a la vez un poco orgullosos y un poco avergonzados del producto de sus mentes... Y ambos llegaron a admitir que sienten una debilidad por Hemingway, ya que resultó un discípulo aplicado. Es un discípulo pésimo, protesté yo. No comprendes, los dos replicaron, lo halagador que resulta tener un discípulo que se las arregla sin comprender, en otras palabras, se entrena y cualquiera que se entrene resulta un discípulo favorito. Ambos admiten que es una flaqueza. Gertrude Stein añadió después, fíjate que es como Derain. Recuerda que cuando yo no acababa de comprender el éxito que lograba Derain, Monsíeur de Tuille dijo que era porque parecía moderno y olía a museo".[38] Es cierto que a medida que vamos leyendo el libro, nos sorprendemos inevitablemente por la deuda de Hemingway a Gertrude Stein. Pasajes como el siguiente, sugieren que resultó influido tanto por su conversación como por su estilo literario (no me atrevería a sugerir que la prosa de la Srta. Stein a su vez pudo verse algo influida por las conversaciones de los personajes de Hemingway). Esta fuerte influencia fue compartida, por otros dos escritores,
Pound y Ford: " Junto a Gertrude Stein, en París se hallaban Ezra
Pound y Ford Madox Ford. El interés principal de Pound era la poesía,
sólo que trataba de conseguir que la poesía estuviera escrita
como la buena prosa. Se había propuesto dar a la poesía alguna de las
cualidades de la buena prosa, y puso su interés especial en lo que
admiraba en las novelas de Ford, The
Good Soldier (1915), por ejemplo, y la serie bélica de Tietjens,"[39] Hemingway
"había llevado consigo al París de 1922
las experiencias de un hombre del Oeste Medio y el azaroso
entrenamiento que unos pocos años de trabajo como reportero de diario le
había proporcionado." A pesar de haber trabajado pocos años en el
periodismo, la influencia que ejerció en su obra es notable, muchos artículos
que escribió para el Toronto Star
le proporcionaron el material de sus primeras obras literarias. Sabemos
que Hemingway mediante el trabajo y la dura disciplina.
Aprendió a ver esta diferencia (entre el
periodismo y la literatura) gracias a Pound,, a Ford y a Gertrude
Steín. Pound corrigió su
obra primeriza, tachó la mayor parte de los adjetivos y
dio a su latente claridad la posibilidad de hacerse explícita.
Con sus consejos Miss Stein le ayudó a conservar y desarrollar
cierta sencillez de expresión que antes de su intervención había
sido más bien el resultado accidental de la falta de influjos académicos,"[40] Anderson también influyó en la formación de Hemingway, pero el alumno supera al maestro. "La diferencia fundamental entre Anderson y Hemingway estriba en una diferencia de actitud con relación al arte literario. Ambos, por lo que sabemos, acudieron a Gertrude Stein en busca de consejo. Pero Anderson sacó de ahí lo que ya sabia, y no dejó nada, en tanto que Hemingway aprendió las lecciones más difíciles de la disciplina novelística, habiendo comprendido que el logro del arte requería algo más que frases perfectas".[41] Otras
influencias. Hemingway
no fue únicamente influenciado por sus "maestros", ciertos
compañeros de su generación, como por ejemplo Fitzgerald, le mostraron
el camino que debía seguir, y sin darse cuenta lo que debía evitar. "Exactamente
en lo opuesto se encuentra el mundo de Scott Fitzgerald, también
expatriado, amigo y víctima de Hemingway pero que preferirá acampar en
la orilla derecha del Sena. 'Hablemos
de gente rica', dice Fiztgerald, esto simplifica de tal manera los
problemas. Este ambiente de
gentes ricas y ociosas de Tender is
the Night, que arrastran su perversión, de apatía en desilusión, afectando el gesto del aburrimiento byroniano, nada
tiene que ver, en apariencia, con
el mundo brutal de Hemingway pero es sin duda su complemento
natural. Desequilibrados,
descentrados, los héroes de Fitzgerald yerran a la deriva en una oscuridad casi total, si las únicas estrellas que les guían son el placer y
el arte , esta noche para ellos no es
tierna y la muerte está al final de su búsqueda, o la locura, de
la misma manera que bajo los héroes más endurecidos de Hemingway.' En
el artículo "Hemingway versus Fitzgerald, las relaciones
peligrosas" escrito por Kilton Fornaro, se hace un análisis
detallado de la relación entre ambos escritores: "Fitzgerald percibió mejor la personalidad de Hemingway que éste la de él.
Mientras el primero respetó y admiró a Heminway (inclusive planea
hacerlo héroe de una serie de cuentos que transcurrían en el medioevo),
éste se manifestó más de una vez con dureza acerca de su amigo. Lo que Fitzgerald debi6 soportar con más dolor fue tal vez la alusión cruel y despectiva en el cuento "Las nieves del Kilimanjaro. Cuando apareció París era una fiesta, donde Hemingway cuenta acerca del París de los años 20, afortunadamente hacía más de veinte años que el autor de El gran Gatsby había muerto."[42] "Pero Scott Fitzgerald, considerado hoy en día y cada vez más como el cronista metafísico de la generación perdida, se encontraba más en el plano de la inteligencia que en el del ring o en el de corrida de toros. (...) Heminway no se había visto embrollado por las explicaciones, iba derecho a los hechos y sus descripciones daban cuenta de una situación de la que el lector conocía el fondo; a medida que se aleja de esta época y que el contexto se hace más indistinto, las obras de Fitzgerald proporcionan el acompañamiento indispensable que permite comprender por que esta generación fue - o se creyó - o mereció se llamada por Gertrude Stein: Una generación perdida."[43] IV. Reflejo de este periodo en otras obras La
añoranza de los viejos tiempos. Hemingway
a pesar de haberse convertido en un personaje público, tan famoso como
una estrella de cine, imitado por jóvenes y seguido por una cantidad
inmensa de lectores, siempre añoró los viejos tiempos en París, cuando
era muy pobre y feliz, con las puestas abiertas, en la espera de alguna
oportunidad y apoyado por el amor Hadley y Bumby. Otros
compañeros de su generación que compartieron con él en París, ya
hablan muerto, y todo esto le trajo la idea de escribir sobre París,
sobre lo que había vivido y perdido, En Finca Vigía trabajó con sus
memorias de París. ¿Acaso se habrá dado cuenta que esa imagen que tenía
ahora era falsa?. Edmund Wilson se dio cuenta de ello y lo refleja en su
ensayo titulado "Hemingway: medida del espíritu". Norberto Fuentes en su libro "Hemingway en Cuba", nos da
noticia sobre
las anotaciones hechas
en una ejemplar de Wuthering Heigts
sobre lo que podríamos considerar el origen de París
era una fiesta, Hemingway
recuerda sus aventuras con la generación
perdida: THE
LEAN AND LOVELY YEARS
The
Three Mountains Conection The
Lyon Trip In Scott date was agreed on
and I confirmed it by telephone. En el cuento "las Nieves del Kilimanjaro" Harry, un escritor que está muriendo de una gangrena, llega a la conclusión que en su búsqueda de la riqueza y el lujo, ha sacrificado su arte, su amor, su libertad y su independencia espiritual. "Al trasluz de sus delirios se le aparecen como fantasmas sus días juveniles de París, ¡Cuántas posibilidades había tenido y cuántas cosas importantes habría deseado decir y escribir! Pero había dejado pasar la ocasión sin aprovecharla, había traicionado lo que su vida habría podido realizar de valioso."[44] El
escritor había perdido su oportunidad, pero Hemingway si lo hizo antes de
morir. "A propósito de
la alusión en "Las nieves del Kilimanjaro", Fitzgerald escribió
a un amigo: 'El está tan nerviosamente acabado como yo, pero eso se
manifiesta en él de maneras diferentes.
Su tendencia es hacia la megalomanía y la mía hacia la melancolía."[45] Uno
de los recuerdos de Harry, sobre su época en París nos muestra lo
importante que
fue su experiencia
parisina: Aquello
era fácil
de dictar, pero
uno no
podía dictar
lo de
la Plaza
Contrescarpe donde las
floristas teñían
sus flores
en la calle, y la
pintura corría por el
empedrado hasta
la parada
de los
autobuses; y los
ancianos y las mujeres,
siempre ebrios de vino; y los niños con las
narices goteando por el frío. Ni tampoco lo del
olor sobaco, roña y
borrachera del café des Amateurs.[46] De
este lugar habla Hemingway en el primer capítulo de París era una: fiesta " El Café des Amateurs era la sentina de la rue Nouffetard,(...)"
(p,13) Es
necesario transcribir largos trozos de los recuerdos parisinos, del
escritor Harry, para compararlos con los de París
era una fiesta (...
)
y las rameras del Bal Mussette,
encima del cual vivían. Ni lo de la portera que se divertía en su cuarto con el
soldado de la Guardia Republicana, que había dejado el casco adornado con
cerdas de caballo sobre una silla. Y
la inquilina del otro lado del "Hall", cuyo marido era ciclista,
y que aquella mañana, en la lechería, sintió
una dicha inmensa al abrir "L'Auto" y ver la fotografía
de la prueba París-Tours, la primera carrera importante que disputaba, y
en la que clasificó tercero.( ... ) Conocía a todos los vecinos de ese
barrio, pues todos, sin excepción, eran pobres. ( ... ) Y en aquella pobreza, en aquel barrio del otro lado de la
calle de la Boucherie Chevaline y la cooperativa de vinos, escribió el
comienzo de todo lo que
iba a hacer. Nunca encontró
una parte de París que le gustase tanto como aquella,( ... ) el repentino
declive pronunciado de la calle Cardenal Lemoine hasta el río y, del otro
lado, la apretada muchedumbre de la Mouffetard.[47] En
París era una fiesta, la
descripción es muy parecida, y nombra también la rue Cardinal Lemoine,
donde Hemingway y su esposa vivieron antes de irse al Canadá. Se
podían seguir varios caminos para bajar hasta el río desde lo alto de la
rue Cardinal Lemoine. El más
corto consistía en seguir calle abajo, pero era una pendiente empinada, y
después de dar en el llano y atravesar el tráfico denso al comienzo del
boulevard Saint-Germain uno desembarcaba en un barrio aburrido, asomando
al río por un muelle s6rdido y ventoso que tenía a la derecha la Halle-aux-Vins.(p.43) "Las
nieves del Kilimanjaro", considerado uno de los mejores relatos de
Hemingway, tiene muchos recuerdos de Hemingway en París, que son
presentados en la memoria del protagonista Harry: "La calle que
llevaba al Pante6n y la otra que él siempre recorría en bicicleta, la única
asfaltada de todo el barrio, suave para los neumáticos, con las altas
casas y el hotel grande y barato donde había muerto Paul Verlaine." En
París era una fiesta:"
(...) y el hotel donde Verlaine murió y yo tenía alquilado un cuarto en
el último piso y allí trabajaba." (P.14) Como
los departamentos que alquilaban sólo constaban de dos habitaciones, él
tenía una habitación aparte en el último piso, por la cual pagaba
sesenta francos mensuales. Desde
allí podía ver, mientras escribía, los techos, las chimeneas y todas
las colinas de París. Desde
el departamento sólo se velan los grandes árboles y la casa del
carbonero, donde también se vendía vino, pero de mala calidad; había
una cabeza de caballo de oro que colgaba frente a la Boucherie Chevaline,
en cuya vidriera se exhibían los dorados trozos de res muerta, y la
cooperativa pintada de verde, donde compraban el vino, bueno y barato.
El resto eran paredes de argamasa y ventanas de sus vecinos: Los
que por la noche, cuando llegaba algún borracho y se sentaba en el
umbral, gimiendo y gruñendo con la típica ívrese francesa que la
propaganda hace creer
que no existe, abrían las ventanas, dejando oír el murmullo de la
conversación. "¿Dónde
está el policía?
El bribón desaparece siempre que uno lo necesita.
Debe estar acostado con alguna portera.
Que venga el agente." Hasta que alguien arrojaba un balde de
agua desde otra ventana y los gemidos cesaban. ¿Qué
es eso? Agua. ¡Ah! ¡Eso se llama tener inteligencia. Y entonces se
cerraban todas las ventanas."[48] A pesar de que Harry el protagonista del cuento, que moribundo se
queja de no haber escrito sobre París , sobre el verdadero París,
Hemingway sí lo hizo, y rescató lo mejor de
sus vivencias
en París era una fiesta. Las
Verdes Colinas de Africa, una novela de no ficción. El reflejo de los años vividos en París en esta obra se disparan
en la mente del escritor, cuando en plena cacería consigue a un hombre
que le habla de Hemingway el poeta, al que ha leído en una revista
alemana el Querschnitt donde
publicó sus primeros trabajos cuando vivía en París. El recuerdo de París surge, cuando Hemingway está hablando de
libros: Sebastopol me hizo
pensar en el Boulevard Sebastopol de París, montando en bicicleta, bajo
la lluvia, (tal como lo ha contado en Las
Nieves del Kilimanjaro) regresando a casa de Estrasburgo y
lo resbaladizos
que eran los raíles del tranvía y la sensación de conducir sobre
asfalto grasiento y resbaladizo y los guijarros del empedrado en el tráfico
bajo la lluvia, y como habíamos vivido cerca del Boulevard Du Temple
aquella época. (Hemingway había adquirido una nueva afición; el
ciclismo, después de haber las apuestas en las carreras de caballo). "Recordé también el aspecto de aquel apartamiento, cómo
estaba arreglado, y los papeles de las paredes y que, en su lugar habíamos
cogido buhardilla del pabellón de Notre Dame des Champs, con un patio en
el que había un aserradero
(y el súbito lamento de la sierra, el olor del serrín y el castaño que
sobresalía del tajado y una mujer loca que vivía debajo) y el año que
pasamos preocupado por el dinero (me devolvían todo lo que escribía en
el correo que llegaba atravesando una hendidura hecha en la puesta del
aserradero, con notas que rechazaban lo que nunca llamarían ellos
historias, sino simplemente anécdotas, esbozos, cuentos, etc. No las querían,
y nosotros vivíamos de comer puerros y beber
cahors y agua). "Este domicilio se convertiría en el más
famoso, y el pasaría a
formar parte de un poema donde quedaría grabado para siempre. El poema
pertenece a Archibald Mac Leish quien ha recreado la atmósfera de esta época,
en un poema en el que evoca al joven Hemingway: "Oh
el muchacho de la rue Notre Dame de Champs en el desván del carpintero, a
la izquierda, bajando el muchacho elástico como una pantera entre dormida
¿Y que le sucedió? .La gloria se le vino. Viejo combatiente antes de los
veinte años célebre a los
veinticinco; a los treinta, un maestro esculpió un estilo para su época en un bastón de nogal, en un
desván de carpintero, en una calle de esta ciudad de abril".[49] Hemingway
continua con el relato de sus recuerdos parisinos en Las Verdes Colinas de Africa : y que bonitas eran las fuentes de la Place
de L'Observatoire (aguas luminosas cayendo sobre el bronce de las
crines de los caballos, sobre los lomos y los pechos de bronce, verdes
bajo el delgado chorro de agua), el día que descubrieron el busto de
Flaubert en el Luxemburgo en la corta avenida que atravesaba los jardines
en dirección a la calle Soufflot (uno en el que creíamos, al que amábamos
sin críticas, pesado ahora en piedra como debía estar un ídolo). No había
visto la guerra, pero había visto una revolución y la Commune".
Heminway recuerda a su
maestro Joyce, siempre con afecto, con respeto, con admiración: "
Joyce era de mediana estatura y perdió la vista. Y aquella última noche,
borracho, con Joyce y con lo que citaba de Edgard Quinet: 'Fraiche et rose comme au jour de la bataille'. No me acuerdo muy
bien. Y cuando se le veía, proseguía una conversación interrumpida tres
años antes. Era bonito ver a un gran escritor en nuestro tiempo."[50] Islas
en el Golfo, los recuerdos de un viejo pintor. Los
recuerdos parisinos surgen en la obra de Hemingway, como destellos que
intentan delinear
el perfil de un personaje, que quiere delinear su propio entorno. Thomas Hudson es un pintor
que se ha retirado a una isla como Gaugin, para dedicarse únicamente a
pintar, a beber con sus
amigos y a vivir. El suelo de
cualquier hombre maduro con inclinaciones artísticas.
La isla a la que Hemingway se había retirado era Cuba. Norberto
Fuentes habla de este periodo de la vida de Hemingway, con exactitud: "Hemingway vivi6 33 años en su país; pero la estancia en él
se divide en tres etapas, de las cuales la más importante duró 12 años.
La primera, desde su nacimiento, en Oak Park, Illinois, hasta 1918
en Kansas City, como aprendiz de reportero.
La segunda, los años de Key West, entre 1928 y 1939.
La tercera, los dos años últimos de su vida, entre hospitales y
estadías cortas en Ketchun Idaho. Permaneció
temporadas largas en Europa y residió en España, Italia, Alemania y
Francia. París lo detuvo,
aunque esporádicamente, unos cuatro años, en los inicios de su carrera
como escritor. Estuvo
en África y Asia; en Canadá, México y Perú.
Pero Cuba era el país al que regresaba siempre." Hemingway
creó un personaje, Thomas Hudson un pintor que representaba todos los valores artísticos y vitales que conformaban su mundo. Y un lugar
donde podía desarrollarlos, era Cuba:
"El lugar donde escribió fue La Habana, y enviaba después los paquetes con sus manuscritos a Nueva York. Los
pintores carecían de fotógrafos para reproducir sus cuadros, pero él contaba con mecanógrafos eficientes para pasar en limpio sus
trabajos. Se levantaba temprano en la mañana, con la salida del sol, y se dedicaba al trabajo. (Tal
como lo hacía su "alter ego" Thomas Hudson, para pintar, lo que
nos demuestra que Hemingway se vela a sí mismo como un artista
disciplinado, en una ocasión dijo que le gustaba escribir parado, porque
parecía que estuviera pintando en esa posición.). La ubicación geográfica
y el amanecer resultaban propicios para su ocupación. Dijo esto siempre,
por cierto, y se convirtió en un paradigma de dedicación profesional.
Hemingway se levanta temprano en La Habana y se somete al trabajo. Afila
media docena de lápices, bebe café y se consagra a la literatura."[51] Fuentes
continúa recreando el ambiente en que se produjo Islas en el Golfo: "Sus
tres hijos están quizás de visita, o solo alguno de ellos, y Ernest
Hemingway, con un extraño, confuso sentimiento escribirá una historia en
la que un hombre llamado Thomas Hudson debe arrostrar toda
la soledad del mundo después de enfrentarse a una pequeña hoja de
papel: un telegrama con la noticia
de que sus dos hijos menores han muerto en un accidente automovilístico
en una carretera francesa (meses después, el mayor de ellos, el piloto,
va a caer en suelo francés, derribado por el fuego antiaéreo alemán).
'Jugaremos nuestras cartas para salir adelante lo mejor que podamos', es
lo que Thomas Hudson dice entonces. Hemingway, con lo suyo, está saliendo
adelante lo mejor que puede."[52] En
la primera parte de Islas en el
Golfo, titulada "Bimini", Hemingway relata unas vacaciones
que pasan los tres hijos del pintor Thomas Hudson, y en una conversación
que mantiene
con los muchachos en la playa, el hijo mayor pide a su padre que les
cuente sobre los días que vivieron en París. Thomas
Hudson (Papá Hemingway) habla con sus hijos sobre sus recuerdos y
situaciones que
han vivido juntos, "Tom" el hijo mayor de Hudson, es en la vida
real su primer hijo; (John Hadley Nicanor, o "Bumbyll como lo
conocemos en París era una fiesta) le pide a su padre que cuente a sus
hermanos, cuando Hudson era joven, y vivía en París. Cuéntales
de cuando yo era chico -sugirió Tom, dándose vuelta y aferrando el
tobillo de David -. En la vida real nunca llegó a estar a la altura de
las historias que se cuentan de mí cuando era chico. -Yo
te conocí cuando eras chico -le dijo Thomas Hudson-. Eras un personaje
bastante raro.(...) -Cállate
y deja que papá cuente -dijo Tom. Cuéntales de cuando tú y yo solíamos
andar juntos
por París. -Entonces
no eras tan raro -evocó Thomas Hudson-.
De bebé eras tremendamente serio.
Mamá (Hadley Richardson) y yo solíamos dejarte en la cuna, que
era un canasto para ropa, en ese piso donde vivíamos sobre el aserradero,
(Notre Dame des Champs) y el gato grande que teníamos
se acurrucaba a los pies del canasto y no dejaba que nadie se te
acercara. Tú decías que te llamabas G'Níng G'Ning y nosotros te decíamos
G'Ning G'Ning el Terrible." (p.64) En
París era una fiesta, se relata la escena del niño cuidado por el
gato, lo que nos demuestra que Hemingway había hecho una selección
rigurosa, de lo que iría en su libro de memorias: "Mi mujer no tenía
reparo en irse a estudiar el piano a un lugar frío, y poniéndose muchos
jerseys iba entrando en calor a medida que tocaba el piano, hasta que
llegaba la hora de volver a casa
y cuidar de Bumby. Pero no
era buena cosa lo de llevarse un bebé en invierno, aunque fuera
un bebé que nunca lloraba y se fijaba en lo que ocurría a su
alrededor y no se aburría nunca. Entonces
no se podían alquilar niñeras a horas, y Bumby tenía que quedarse
encerrado en su alta cuna
con barrotes, y se quedaba tan contento en compañía de su gato cariñoso,
llamado F. Puss. Ciertas personas decían que era peligroso dejar a un niño
con un gato. Los más ignorantes y supersticiosos decían que el gato
aspiraría el aliento del bebé y le dejaría seco. (...) Pero F. Puss se
acostaba al lado del niño, en la alta jaula de la cama, y acechaba la
puesta con sus grandes ojos amarillos y no dejaba que nadie se acercara al
niño cuando estabamos fuera y Marie, la
femme de menage, tenía que salir. No necesitábamos niñera.
F. Puss era la niñera." (pp. 181-182). Los
recuerdos de Thomas Hudson continúan hasta convertirse en los del propio
Hemingway: "-¿De
quién más te acuerdas? -Del
señor Joyce. -¿Qué
aspecto tenía? -Era alto y
delgado y usaba bigote y una barbita lacia en el mentón, y llevaba unos
anteojos muy, muy gruesos y caminaba con la cabeza muy erguida.
Me acuerdo que pasaba a
nuestro lado por la calle y no nos saludaba y tú le hablabas y
entonces se detenía y nos veía a través de los anteojos como si
mirara desde un acuario, y decía: 'Ah, Hudson, pero si lo andaba
buscando', y los tres nos íbamos a un café. -¿Y de que hablaba el señor Joyce? -le preguntó Roger a
Tom. -Oh, señor Davis, yo no me acuerdo mucho de esa época. Me parece
que hablaba de escritores italianos y del señor Ford. (Otro de los
personajes de París era una
fiesta). El señor Joyce
no podía aguantar al señor Ford. Y también el señor (Ezra) Pound le
ponía los nervios de punta. 'Ezra
está loco, Hudson, le decía a papá.( ... ) Y entonces yo me quedaba ahí
sentado mirando la cara del señor Joyce, un poco enrojecida y con la piel
tirante y lisa, la piel cuando hace frío, y con sus anteojos que tenían
un lente todavía más grueso que el otro, y pensaba en el señor Pound,
con su pelo rojo y la barba en punta y algo blanco como una espuma que le
caía de la boca. Pensaba que era espantoso que el señor Pound estuviera loco
y tenía la esperanza de que no nos encontráramos con él.
Y después el señor Joyce comentaba: 'Claro que Ford hace años
que está loco y
yo veía la cara grande, pálida y extraña del señor Ford, sus ojos
claros y la boca con todos
los dientes flojos siempre entreabierta, (...) ya no era tan chico
como cuando soltamos cazar palomas en los jardines, pero era demasiado
chico para acordarme de todo y la idea del señor Pound y del señor Ford
con esa baba espantosa que les salía de la boca, listos para morder, no
me dejaba lugar para nada más." (pp .64-71) Otro
personaje que aparece en Islas en
el Golfo, de los años que vivió Hemingway en París, es el pintor
Pacin, del que también se habla en París
era una fiesta, y del que Hudson (Hemingway) aprendió muchas cosas. "-¿Te
acuerdas del señor Pacin?. (...) -Tú te sentabas con él en el café y a
veces él se ponía hacer retratos tuyos en las servilletas. Era muy menudo y
recio, muy raro. Casi todo el tiempo usaba
sombrero hongo,
y pintaba
maravillosamente. Se conducía siempre como si supiera un gran secreto,
algo de lo cual acababa de enterarse y que lo distraía. A veces eso lo
hacía muy feliz y otras veces lo ponía
triste, pero siempre se podía ver
que lo sabía y eso lo distraía mucho. (...) -¿Y
que se hizo del señor Pascin? -preguntó Tom. -Se
ahorcó -respondió Thomas Hudson." (pp.80-81,) En París era una fiesta, Hemingway recuerda al pintor Pascin de una
manera entrañable: " (...) Pascin
era un pintor muy bueno y
estaba borracho, de una borrachera sostenida y deliberada y llena de
sentido." "Hizo
una mueca, y llevaba el sombrero hacia atrás, encasquetado en la
nuca. Se
parecía más
a un personaje de revista de Broadway a fines de siglo, que a un pintor
excelente como era, y luego, cuando se hubo ahorcado,
me gustaba recordarle
tal como
estaba aquella
noche en
el Dôme."
(pp. 98-101). Y así lo hizo. Pero , ¡qué aprendió el escritor Hemingway de sus amigos los
pintores como Pascin, que conoció en París?
Veamos lo que dice al respecto Alfred Kazin en su ensayo "Hemingway,
el pintor": "
Hemingway fue naturalmente atraído a la pintura en Francia porque
celebraba los materiales naturales y comunes, como el mundo que él conocía
y del que deseaba escribir. Aunque
había visto las primeras colecciones del Instituto de Arte de Chicago,
fue la doble experiencia de escribir en inglés en Francia y de ser
diariamente estimulado por las calles, los puentes, los museos, por
encontrarse con Gertrude Stein, Ezra Pound, James Joyce, Ford Madox Ford,
la que ayudó a formar a este hombre (que tan sagazmente sabía mostrarse
obediente) en el poderoso y tajante estilista
en que se convirtió. (...)
La pintura, mucho más que la escritura, indica la textura real de la
felicidad humana. Hemingway
comprendió esto. Lo que le interesó como escritor acerca de la pintura,
fue la promesa de liberarlo de toda civilización, un toque de la tierra
prometida."[53] Hemingway
siempre supo rodearse de buenas pinturas, y fue un gran conocedor gracias
a las enseñanzas de Gertrude Stein y al aprendizaje que hizo visitando
museos y relacionándose con pintores.
En Islas en el Golfo Hemingway
describe los cuadros que tiene Thomas Hudson en su casa, que son los
mismos que tenía Hemingway en Finca Vigía. "A
la cabecera de la cama ordinaria con el colchón inservible, que había
comprado por economía ya que nunca dormía allí excepto en casos de
enojo, estaba El guitarrista,
de Juan Gris, "Nostalgia hecha hombre" pensó en español. La gente no sabia que se muere de nostalgia.
Del otro lado de la habitación, sobre la repisa con los libros,
estaba Monument in Arbeit, de
Paul Klee. No le gustaba
tanto como El guitarrista, pero
le gustaba mirarlo y recordaba que corrupto le habla parecido cuando lo
compró en Berlín. El color era tan indecente como las láminas de los
libros de medicina de su padre,(... )". Encima del otro estante había una de las selvas de Masson.
Esta era la de Ville d'Avray y
la amaba del mismo modo que amaba El
Guitarrista . Eso era lo
bueno que tenían
los cuadros; era
posible amarlos sin desesperanza. Se
los podía amar sin pena y los buenos lo hacían a uno feliz porque habían
conseguido lo que uno siempre trataba de hacer. Así, pues, la cosa
estaba hecha
y estaba bien hecha, aun cuando uno no consiguiera hacerlo."
(pp.247-248) Fiesta,
el París de la generación perdida. Los
primeros nueve capítulos de Fiesta,
se desarrollan en París. Fue
la producción más importante de Hemingway de su período en Francia. En
algunos artículos periodísticos, Hemingway habló de París y de la vida
bohemia. "Bohemios
norteamericanos en París" publicado en el
Star Weekly de Toronto , el 25 de marzo de 1922, nos da una idea de cómo
pudo surgir esta novela, que se convertiría en el retrato de la generación
perdida. La
generación que llena las mesas del Café Rotonde tiene un aspecto y porte
muy curioso. Toda ella se ha propuesto firmemente vestir con desaliño, lo que ha dado una especie de excentricidad
uniforme. La primera vez que
se pasa la vista por el humoso interior de este establecimiento, de techo
alto y mesas abarrotadas de concurrentes, causa la impresión de haber
puesto los pies dentro de una jaula de pájaros de variado plumaje en el
zoo. Allí hay una tremenda, ronca y polífona vocinglería, que se
acrecienta y confunde, de los camareros
que, con su chaquetilla blanca y pantalón negro, parecen urracas
yendo de un lado otro por la
densa nube de humo de tabaco. Las mesas están llenas de circunstantes; lo están
continuamente; uno se agacha y se aprieta a los demás; un objeto es
levantado del suelo; más gente entra por la puerta giratoria; otro
camarero se abre paso por entre las mesas dirigiéndose a la puerta y,
tras de haberle pedido a voces un servicio, vuelve a desaparecer;
entonces advierte uno que está metido entre gente muy especial."
[54] En un artículo publicado en el
Star Weekly de Toronto, el 20 de octubre de 1923, encontramos una
referencia directa del tema de la novela Fiesta,
el articulo se titula: "La Fiesta de
los toros es una tragedia": "París gozaba de la llegada
de la primavera, por lo que
todo parecía
un poco
más bello.
Mike y yo decidimos ir a España.
Strater nos
dibujó un
pequeño mapa
del país
en la
parte posterior de una carta del restaurante Strix; (...) Equipados con
dicha carta y cuatro bártulos, emprendimos viaje a España con el propósito
de ver unas corridas de toros. Una mañana tomamos el tren en París y a las doce del día
siguiente nos presentamos en Madrid, donde vimos por
primera vez que empezaba a las cuatro y media de la tarde."[55] Aunque el tema central de la novela son las corridas de toros en la
Fiesta de Pamplona, lo que
nos interesa básicamente es el preámbulo parisino, donde Jake Barnes y
sus amigos se mueven, antes de decidir el viaje a España.
Sabemos que el interés por las corridas de toros le viene a
Hemingway gracias a una sugerencia de Gertrude Stein.
Además de que este es el ambiente en el que se desarrolla la generación perdida, y es este el París en el
que vive el joven aprendiz y experimentado periodista (como Jake Barnes) '
que es Hemingway en la ¿poca que desarrolla París
era una fiesta. En
The Sun Also Rises
identificaremos inmediatamente, a Jake Barnes como Hemingway. Y su relato
en primera persona, de París y de lo que allí hace debemos tomarlo como
si viniera de boca del mismo Hemingway.
"Era una tibia noche de primavera y estaba sentado en la
terraza del Napolitain, después de haberse ido Robert, observando las
intermitentes luces de los avisos eléctricos y las señales rojas y
verdes del tránsito. Tenía
ante mí la multitud que circulaba, los cabs cuyos caballos tamborileaban
con sus herraduras en el pavimento, desfilando junto al incesante tránsito
de los taxis; las poules,
solas o en parejas, en busca de una cena." (p.37.) Las
siguientes descripciones de lugares de París , nos muestran el
conocimiento profundo que tenía Hemingway de las calles y lugares en los
que pasó parte importante de
su juventud. Jake Barnes
cuenta convincentemente c6mo es un bal
mussette ubicado en la
calle Montagne Sainte Genevieve: "Durante cinco noches a la semana, los obreros del barrio del Panthéon bailaban allí. Una noche por semana, era el club danzante. Los lunes estaba cerrado. Cuando llegamos encontrábase bastante vacío. Había allí un policía que se hallaba sentado cerca de la puerta, la esposa del propietario detrás del mostrador de estaño y su marido al lado.( ... ) Había unos bancos largos y mesas corridas en torno a la sala, y al otro lado una pista de baile." [56] 0 esta descripción que parece haber salido de París
era una fiesta, de las caminatas que hacía el joven Hem, después de
un día de trabajo productivo: "Salí
a la acera y bajé caminando hacia el bulevar Saint Michel.
Pasé por entre las mesas de la Rotonde, todavía llenas de gente.
Miré al Dôme, cuyas mesas salían hasta el borde de la calle.
Alguien me hizo seña con la mano desde una mesa; no vi quién era
y seguí caminando.(... ) El bulevar Montparnasse se hallaba desierto.
Lavigne estaba cerrado y afuera de la Closerie des Lilas se
amontonaban las mesas. Pasé
ante la estatua de Ney, entre los castaños de hojas nuevas, bajo la luz
de los arcos.(...) El mariscal Ney, con sus botas de montar y su espada
entre las nuevas hojas verdes de los castaños. Mi departamento hallábase
justamente al otro lado
de la calle; un poco más abajo, el boulevard Saint Michel."[57] En París era una fiesta el joven Hem hace casi el mismo recorrido
que Jake Barnes: "La Closerie des Lilas era el único buen café que
había cerca de casa, cuando vivíamos en el piso
encima de la serrería, en el número 113 de la rue Notre~Dame-des-Champs.
Y era uno de los mejores cafés de París.
En invierno se estaba caliente dentro, y en primavera y otoño se
estaba bien fuera, cuando ponían mesitas a la sombra de los árboles
junto a la estatua del mariscal Ney, y de las grandes mesas cuadradas bajo
los toldos, en la acera del boulevard. (...)La gente del Dôme y de la
Rotonde nunca iban la Glocerie.(..) Por entonces, muchos iban a aquellos
cafés boulevard Montparnasse con el boulevard Raspail para ofrecerse como
espectáculo público, y puede decirse
que aquéllos cafés equivalían a las crónicas de sociedad, como
sustitutivos cotidianos de la inmortalidad." (P.77.) En
Fiesta Barnes y su amigo Bill recorren los lugares por los que se
paseaba y vivía el joven Hemingway.
Ambos cruzan un puente y suben por la rue Du Cardinal Lemoine.
Suben y siguen todo un trecho hasta llegar a la plaza Contrescarpe. Escuchan música que sale del Négre Joyeux.
A través de una ventana del conocido Café Aux Amateurs, ve el
gran mostrador de estaño, en la terraza había obreros bebiendo, y en la
cocina abierta del Amateurs una muchacha freía patatas.
Barnes y Bill continúan por el Port Royal hasta donde termina
Montparnasse, después pasan por el Lilas, el Lavigne y muchos pequeños
cafés, cruzan la calle hasta la Rotonde, y entre luces y mesas se dirigen
al Select. En
París era una fiesta el joven Hemingway hace este recorrido para
olvidar que tiene ganas de comer, y que se ha saltado una comida,
camina buscando gente
que haya trabajado al igual que él, hasta que consigue al pintor Pascin en el Dôme,
junto a dos modelos que lo acompañan. "En
el Negre-de-Toulouse bebiamos el buen vino de Cahors, en cuartillos o
medias jarras enteras, casi siempre diluyéndolo con algo as! como un
tercio de agua. (...) Esquivé el Select porque vi allí a Harold Stearns,
y había que él iba a querer
hablar de caballos, aquellos animales en los que yo pensaba llenándome
de complacencia moral y de espiritualidad, (...) pasé ante los
habitantes de la Rotonde y, desdeñando el vicio y el instinto gregario,
atravesé el boulevard y me fui al Dôme." (p.97.) Jake
Barnes, al igual que Hemingway se levantaba muy temprano para trabajar.
En la mañana baja por el boulevard a la calle Soufflot y se toma
un café. Ve que los castaños
de Indias de los jardines del Luxemburgo estaban floreciendo.
Lee los periódicos mientras bebe el café y luego se fuma un
cigarrillo. Ve a las floristas que venían del mercado cargadas con su
mercancía. También ve a los
estudiantes en dirección a la Sorbona. El
boulevard estaba bullicioso con los tranvías llenos de gente que iba al
trabajo. Sube a uno de los tranvías de la línea S y viaja hasta la Madeleine, parado en la plataforma posterior. De
la Madeleine camina por el boulevard des Capocapoucines y la opera hasta
llegar hasta su oficinas. Es
así, como The Sun Also Rises
(Fiesta), a parte de ser la Biblia de la "generación
perdida", se convierte también en una de las mejores formas,
de conocer el París que rodeó a Hemingway y sus amigos en los años 20. Una descripción semejante a la que haría un guía que nos llevara a recorrer la ciudad. |
|
V. Un buen grupo de profesores para el joven aprendiz Entre
maestros y compañeros de generación.
Obviamente que la principal influencia de Hemingway en París fue Gertrude Stein. "Nacida en 1874 era la mecenas de los escritores americanos perdidos en París. Hemingway la recuerda con nostalgia. Una cierta generosidad a la vez que una gran tacañería. Sus salones eran frecuentados por la más distinguida bohemia. Picasso le pintó un cuadro famoso. Esta mujer, con un genio difícil y aspecto poco femenino, había nacido en Pennsylvania y estudió en Radcliffe. Dejó un libro inolvldable, The Autobiography of Alice Toklas(1933)(La autobiografía de Alicia Toklas) mezcla de recuerdos, retratos rápidos, pero sobre todo expresión de un arte descriptivo muy ágil, basado en una percepción muy profunda de la situación descrita. Hemingway le tenía mucha admiración y le permitió cortar y podar alguno de sus cuentos. Evoca su casa de 27 Rue de Fleurus 'al caer la tarde, por amor a la lumbre y los magníficos cuadros y la conversación'. Allí se estaba forjando la 'lost generation', un grupo de escritores perdidos que alejados de su patria hacían un 'arte internacional'. Miss Stein se sabía imprescindible, era caprichosa e injusta: estaba formando un método narrativo, basado en prescindir de lo que ella creía accesorio. Así se esbozó el germen de su mejor obra, Three Lives (1909) (Tres vidas), donde la amargura del argumento quedaba reflejada en un estilo seco y sombrío. Era como si Sherwood Anderson,(...) le hubiera marcado una pauta a seguir: En esta novela se nos descubre la biografía de tres mujeres, que quedan expuestas en su penosa condición. Miss Stein entra en un somero análisis de causas y motivos, pero se detiene cuando quiere rebasar la anécdota. Una de ellas, por ejemplo, 'la buena Anna' es un cántico a la resignación, resuelto con las menores palabras. Tiene un aire de concisión que Hemingway, sin darse cuenta, estaba aceptando.(...) El método de Tres vidas era irrepetible, y en París siguió otro camino, que sería observar lo que hacían tipos tan originales -y simpáticos- como Hemingway, Scott Fitzgerald, Picasso o Ezra Pound. Cuando dejaba ese oficio de 'sacerdotisa de la cultura' se convertía en una pensadora que seguía a William James y meditaba en estética. 0 incluso llegaba a proponer aquel axioma poético 'Una rosa es una rosa es una rosa...' La puntuación de la prosa era su obsesión." [58]
Pero
¿cómo se forma
este selecto
grupo de
alumnos aplicados, y profesores exigentes?. "Gertrude Stein y
sus hermanos se instalan en
París en
1903; Edith
Wharton en
1907; Ezra
Pound y
T.S. Eliot convierten a
Londres en
su residencia
partir de 1912. Cuando, en1917, los Estados
Unidos entran
en guerra,
afluyen a Francia numerosos voluntarios
que se alistan como
choferes o como camilleros en la organización Norton-Harjes
o en American Ambulance Service,
puestas ambas a disposición del mando francés. Entre estos voluntarios
abundan los jóvenes escritores
que acaban
de terminar
sus estudios en
Harvard o
Yale. El teatro
de operaciones se
convertirá - según la expresión de uno de ellos Malcolm Cowley, que va
a ser su historiógrafo - en
'Un curso
de formación para universitaria
en el
extranjero para toda una generación de escritores'. Citemos a los
más conocidos: Dos
Passos, Hemingway,
E. E. Cummings, Julien Green, Harry
Crosby, Cowley: Esos cursos nos condujeron a un país extranjero, el
primero que casi todos
nosotros habíamos
visto. Nos enseñaron
a hacer
el amor, a balbucear palabras de amor en una lengua extraña. Nos
proporcionaron cama
y comida a expensas
de un
gobierno que no nos
concernía. Nos hicieron más
irresponsables todavía: no había
ningún problema
para ganarse
la vida, y sólo un mínimo
de decisiones que tomar; podíamos confiar en el porvenir con la certeza
de que nos prodigaría nuevas aventuras.
Nos enseñaron
el valor, la
extravagancia, el fatalismo, todas
las virtudes
del honor en tiempos de
guerra; nos enseñaron también a considerar como vicios las
virtudes de
los tiempos
de paz:
la economía,
la prudencia
y la sobriedad.
Nos acostumbraron
a temer
más al
aburrimiento que a la
muerte".[59]
Frederick J. Hoffman
en La
Novela Moderna en Norteamérica
dice: "Hemingway
es un buen ejemplo
de la influencia de Miss Stein sobre los escritores de su generación.
Hablando de un viejo manuscrito que éI
sometió a su examen,
'Hay una buena cantidad de descripciones en
esta obra
-dijo ella-
y es
el caso que
no son
particularmente buenas. Vuelve
a empezar
y trata
de concentrarlo'. Ella sostenía
que era
un 'buen
alumno', frente
a las
objeciones de Miss
Toklas, a la
que apoyaba
Sherwood Anderson:
'No comprende
usted -le decían
ambos- que
es tan halagador tener
un alumno
que hace
lo que debe sin llegar
a entenderlo'.
El tenía
deseos de
aprender, y
sentía devoción por
la disciplina
literaria, por
lo cual salió
de sus conversaciones
corregido e
ilustrado. Copiando
una parte
del largo manuscrito
de The
Making of Americans (1925)
para su
publicación en la Trasatlantic Review de Ford y corrigiendo las pruebas, 'aprendió
mucho y admiró todo
lo aprendido'.
Discutiendo un
día con
ella sobre el valor de las obras de Anderson, pudo oír algunas
observaciones acerca de la
literatura americana, que
ahora forman parte
de la crítica
moderna:
Gertrude
Stein sostenía
que Sherwood
Anderson tenia el
genio especial
de usar una
frase para
transmitir una emoción directa, que eso estaba en la gran
tradición americana,
y que
en realidad
salvo Sherwood
no había nadie
en América
capaz de
escribir una
frase clara y
apasionada. Hemingway
no era
de la misma
opinión, no
le agradaba el
gusto de Sherwood. El
gusto no tenía
nada que
ver con las frases, sostuvo Gertrude Stein. Añadió también
que Fitzgerald
era el
único de
los escritores jóvenes que escribía naturalmente sobre la base de
simples frases.[60] ¿Cuál
fue el
resultado de
toda esa
experiencia?. Hemingway
logró superar a
sus maestros al poner en práctica
efectivamente, todo lo
que ellos
daban en
teoría. Surgió
un estilo
que dejaría secuela
en las
generaciones posteriores,
y en
escuelas como
la de los "Hard
Boiled", o las
novelas inspiradas en la Segunda Guerra Mundial,
que más que
novelas de
combate son
novelas del
ejército.
"La recompensa póstuma
de Hemingway por sus prolongados trabajos, los cuales a menudo fueron
realizados bajo condiciones de una coerción doméstica
extrema, es
que podemos
leer todavía
con placer
lo que fue
mecanografiado por primera
vez hace
cuarenta años.(...)
La novela que
corrigió Miss
Stein (titulada
como uno
de los
poemas de Hemingway,
"Junto con
la juventud") fue
compuesta en 1922, "más
de cuatro años antes de la publicación de The
Sun Also Rises, (Hemingway) había
empezado a
escribir una
historia acerca
de un joven norteamericano que conduce una ambulancia en el frente
ítalo-austríaco durante la
Primera Guerra
Mundial. Parece que
era marcadamente romántica
en estilo
y concepción.
Estaba escrita
también en una prosa
considerablemente más rebuscada
y llena
de adjetivos que la que estamos acostumbrados a relacionar con el
Hemingway joven.
Pero esta versión primitiva de la novela, tal como era, ha permanecido incógnita (...) Lo más probable es que haya desaparecido hace mucho tiempo en las aguas de una alcantarilla parisina o que se haya convertido en llamas para avivar el fuego de alguna cocina en los arrabales de la capital francesa, pues la maleta en que su joven esposa le llevaba a Hemingway, fue robada por un raterillo de la estación de Lyon de París, una tarde invernal a fines de 1922. Con ella se fueron también las copias mecanografiadas y los manuscritos de varias de las primeras historias de Hemingway, prácticamente todas las que había escrito hasta entonces."[61] Lo que nos interesa es detectar cómo cambia el estilo de Hemingway "Durante aquellos primeros años, el estilo periodístico era tan connatural en él que quedó reflejado en los cuentos publicados como reportajes en el Toronto Star Weekly de 1922, basados en descripciones concisas y claras como fotografías tridimensionales; lo mismo puede decirse de los retratos de los ambientes franceses que Hemingway mandó al Star Weekly: entre estos retratos, el periódico publicó el 25 de marzo de 1922 una descripción de los bohémiens norteamericanos en París, destinados a ser definidos por Gertrude Stein como 'la Generación Perdida'."[62] Denotación que utilizaría Hemingway como epígrafe de su primera novela The Sun Also Rises: "You are all a lost generation." Gertrude Stein in conversation. Miss Stein también le aconsejó dejar el periodismo, para que pudiera depurar su estilo incipiente. "No hay duda de que la agilidad, la claridad y la simplicidad estilísticas formaron siempre parte del bagaje de Hemingway, y son cualidades desarrolladas entre 1920 y 1924 durante el período de los reportajes periodísticos; pero el 9 de marzo de 1922, en una carta a Sherwood Anderson desde París, Hemingway se mostraba ya consciente de los peligros que implicaban estas cualidades: "Este maldito trabajo periodístico va a ser mi ruina: pero muy pronto voy a librarme de él y trabajaré tres meses seguidos".
Este era
el consejo
que desde
el principio
le dio
Gertrude Stein, a
quien Hemingway
fue a
ver por primera
vez en
marzo de 1922.
"(. .) Lo
de abandonar
el periodismo no fue el
único consejo que le
dio Gertrude
Stein: también
le sugirió
que fuese
a España a
ver las
corridas de
toros, que
se convirtieron
en uno
de los núcleos fundamentales
de su
inspiración. Gertrude
Stein leía
sus cosas, que
eran cada
vez más
numerosas, y
se las corregía como
los deberes
de la escuela; Hemingway
aprendió en
seguida a
imitar el estilo
de Gertrude
Stein y
lo utilizó
en algunas
cartas a sus amigos como ejercicios
de escritura
(siguió utilizándolo siempre, como se
desprende de
algunas cartas,
por ejemplo
las que
escribía a Adriana
Ivancich). Los
breves fragmentos
impresionistas basados
en la
intensidad y
la claridad,
que escribió
nada más
llegar a París
y que constituyeron in
our time, fueron analizados por Pound y por Gertrude
Stein, ambos
de acuerdo
con Hemingway
en considerar la
falsedad, la
retórica y
la ampulosidad
como los
peores males
literarios."[63]
Hemingway pone
en práctica
los preceptos
aprendidos de
sus maestros, en in our time. Veamos una de sus viñetas:
Estábamos en un jardín, en Mons. El joven Buckley llegó con su patrulla al otro lado del río. El primer alemán que vi trepó por la pared del jardín. Esperamos que pusiera una pierna encima y entonces hicimos fuego. Venía muy bien equipado. Un gesto de infinita sorpresa se reflejó en su rostro antes de caer. Después, otros tres escalaron el muro. Les tiramos, y a todos les pasó lo mismo. [64] Este es el estilo Hemingway en grado sumo: desnudo, objetivo, "no literario". De su primer libro Tres cuentos y diez poemas "uno de los textos que Hemingway mostró a Gertrude 5tein fue el cuento "Arriba en Michigan"; pero la escritora lo rechazó por motivos de contenido, (...)". Recordemos que Miss Stein en París era una fiesta, había calificado el cuento de inaccrochable: "No se lo discutí ni intenté volver a explicar la intención de mis diálogos. Era asunto mío y me interesaba más escuchar que hablar." (p.23.) "los mismos motivos por los que rechazó el Ulises de Joyce y jamás se hizo amiga del escritor irlandés."[65] Ezra Pound un maestro y un amigo.
Pound actuó sobre
Hemingway de una manera más práctica. Corrigió sus primeros trabajos,
y aquellos
que habían
pasado por
la prueba del lápiz
rojo, se
les buscaba salida a través de
las publicaciones en las que Pound tenía alguna influencia.
"También Pound
le puso
en guardia
ante las
seducciones del
periodismo: le
hizo ser consciente
de los
efectos demasiado fáciles en
las descripciones demasiado claras.
Pero la
ayuda de
Pound fue más
concreta que
estilística: fue
él quien
le hizo
publicar las primeras cosas. Era
una autoridad
entre las
pequeñas revistas
y las publicaciones
de vanguardia,
y mandó
seis poesías
de Hemingway a la
revista The Dial y un cuento a The
Little Review.
Las cartas de Hemingway de
aquellos años están llenas de alusiones a
los esfuerzos
de Pound
por hacerle
publicar sus
cosas, aunque a
menudo los
esfuerzos resultasen
infructuosos. Por
ejemplo, Pound le
hizo conocer
a Robert McAlmon, que publicaba el Contact
Editions; y en
efecto, fue
McAlmon quien
le publicó,
como hemos
dicho, su primer
volumen. Three Stories
and Ten
Poems (que
Hemingway siempre consideró como
el comienzo
de su actividad de
escritor) después de
que Hemingway
le convenciese
de ir
a ver las corridas de toros a
España con
él y con
William Bird,
propietario de
otra pequeña
editorial, la
Three
Mountains Press,
donde en 1923 apareció,
impreso en una
prensa manual
en la Ile St.
Louis, in our time
gracias a la recomendación de
Ezra Pound
(como se
desprende de
una carta de Hemingway,
del 15 de junio de 1928).[66] Lo más interesante, es
recalcar que Hemingway
siempre tuvo
buen olfato
para rodearse de
personas que
lo ayudaran en
su carrera de escritor, y que
todo esto lo haga a la edad de 28 años.
"Ezra Pound fue el primero en reconocer la genialidad de Hemingway. El precursor de la moderna poesía americana fue su mejor amigo. Ernest le guardó fidelidad hasta que la postura política de Pound, su antisemitismo e inclinaciones fascistas, acabaron con aquella amistad. Hemingway estimaba en él de un modo particular no sólo su juicio literario y sus consejos prácticos, sino el inagotable altruismo que Pound patentizaba con todos los jóvenes escritores que prometían (...) Pound leía todas sus composiciones y se las devolvía después con multitud de anotaciones y minuciosos consejos. Gertrude Stein se limitaba a una critica de tipo más general, que siempre resultaba en alto grado constructiva y con frecuencia tenia un tono mordaz. En sus memorias de aquellos años dice Hemingway que 'Ezra tenia razón la mitad de las veces, y cuando no tenía razón estaba equivocado hasta tal punto, que no cabía dudar en absoluto de su error. Gertrude tenía siempre razón".[67]
Así
lo recuerda Hemingway
en París
era una
fiesta: "Ezra
era el escritor más
generoso y más
desinteresado que
nunca he conocido. Corría en
auxilio de
los poetas,
pintores, escultores
y prosistas en
los que
tenía fe,
y si alguien estaba
verdaderamente apurado, corría en
su auxilio
tanto si
tenía fe
como si
no. Se preocupaba por todo
el mundo,
y en los tiempos
de nuestra amistad la
persona que más le preocupaba era T.S. Eliot."[68] Pound y el joven poeta de Chicago. En
la introducción
a los
88 poemas
de Hemingway,
se habla con
profundidad de
esta relación
de amistad
y aprendizaje,
entre el joven y desconocido escritor Hemingway, y el conocido e influyente
"príncipe de los expatriados norteamericanos". "(...) Ezra
Pound, no sólo influyó
en su estilo, sino que además intentó publicar los poemas de
Hemingway. La
propia frase de
Pound, 'la edad
lo exige', sirvió a Hemingway
en uno de sus
poemas más enérgicos. 'Me está enseñando a escribir (...) y yo
le estoy enseñando a boxear."[69]
En
París era
una fiesta
se habla
de las clases de
boxeo que Hemingway
le daba
a Pound, y asistimos
a una de ellas: "Ezra quiso
que yo
le enseñara a
boxear, y
un día que le
daba una lección
en su estudio,
a última
hora de
la tarde, conocí
a Wyndhan
Lewis. Ezra boxeaba desde
muy poco tiempo, y me
avergonzaba que se mostrara torpe ante
un amigo
suyo, y
procuré Que
diera la
mayor impresión
posible." (p.104).
"Como
fundador del
movimiento Imaginista,
a Pound
le gustaba el lenguaje
preciso y los efectos
visuales, cuidadosamente elegidos, de los poemas de Hemingway."[70]
"Con
Ezra Pound hemos
entrado en los dominios de ese amplio
grupo de poetas cuya obra indudablemente tiene más
interés desde el punto de vista de la forma y de la técnica
que del pensamiento o
de la actitud. (...) Porque
las innovaciones de forma
fueron la preocupación del grupo de los llamados imaginistas a
ambos lados del Atlántico y condujeron
a subrayar nuevas
posibilidades de
la teoría y de la práctica sobre
la base de un programa definido que se formuló en 1915 en la
primera de las tres colecciones intituladas Algunos
poetas imaginistas.
Los puntos más significativos de este programa eran 'Hacer nuevos
ritmos', 'ofrecer una imagen' y 'Producir poesía que sea dura y clara'."[71]
Esta
es una
de las principales guías
que sigue
Hemingway en sus
primeros poemas,
y una
norma que
adopta para
el resto
de sus trabajos de narrativa,
recordemos que estos preceptos eran inculcados a
Hemingway a
través de
las correcciones que
hacía Pound
a sus trabajos.
Los postulados citados en Imagen, Objetividad y Confesión del prof. Oliveros sobre el Imaginismo, que son tomados del libro de Pound El arte de la poesía son los siguiente "En la primavera o a principios del verano de 1912. H.D., Richard Aldington y yo decidimos que estábamos de acuerdo en los tres principios siguientes: 1)
tratar la
cosa directamente,
ya fuese
subjetiva u
objetiva; 2)
prescindir de toda
palabra que no contribuyera a la presentación; 3)
en cuanto
al ritmo: componer
(escribir) siguiendo
una secuencia análoga a la
de la frase musical, y no una secuencia de metrónomo".[72]
Lo
que conformaría
las bases
del estilo
Hemingway, no
son más que
estos postulados,
aplicados a
la prosa
diez años
después de ser formulados por los Imaginistas.
Iribarren Borges también habla sobre el Imaginismo en el ensayo sobre Pound: "Todavía hoy se discute sobre la paternidad del imaginismo. Si corresponde a Hulme, o a Pound, o a Flint. No se trata, sin embargo, sino de una cuestión de mero valor anecdótico, pues nadie osaría discutir que su auge, su fijación conceptual y hasta el galicismo que le da su nombre, deben mucho más a Pound que al pseudofilósofo y poeta T.E.Hulme, desde cuyo salón de Firth Street, brotaron las ideas que hicieron nacer el movimiento."[73]
Pound
era un personaje controversial,
en una
de las biografías de
Hemingway, escrita por Ignacio Sanguinetti, encontramos el siguiente
retrato de
Pound, visto
por Hemingway: (Pound) "Sólo
emplea la quinta
parte de
sus energías
en su
propia obra
-escribió Ernest con
respecto a ese generoso amigo, siempre al quite, que era Pound-. El resto
de su tiempo
lo emplea en favorecer la
suerte de
sus amigos, lo mismo su suerte
material, como la artística.
Los defiende cuando son atacados y los saca de la cárcel. Les presta
dinero y les organiza conciertos. Les
presenta mujeres
ricas. Convence
a los editores para que
publiquen sus
libros. Cuando
ve a alguno en
trance de muerte
se pasa
la noche
a la
cabecera de
su lecho
y le sirve
de testigo para
su testamento.
Les presta
dinero para
el hospital y los
disuade del
suicidio. Y
finalmente, hay
algunos de
ellos que no
vacilan en
hundirle el
cuchillo en
la espalda a la primera ocasión".[74] Qué difícil era ser
el "príncipe de los expatriados".
"Cuando Ford Madox Ford buscaba un subdirector para el Trasatlantic Review Pound recomendó a Hemingway. 'Escribe muy buena poesía -le dijo a Ford- y es el estilista en prosa más sutil del mundo.' Pound tenía muy buena opinión de la poesía de Hemingway ya que siempre la incluía en las revistas y antologías que editaba." (...) Los poemas que Hemingway escribió son concomitantes a estas influencias (Gertrude Steín y Ezra Pound) y, con frecuencia, dramatizan sus intereses en cambio. Son vestigios de los períodos más apasionantes y trascendentales de su vida. Algunas veces juegan un papel banal en sus intentos de consolidación como escritor."[75]
Tres
cuentos y diez poemas
fue una sorpresa que empezó con la carrera
de Hemingway. Ezra Pound había aceptado in our time,
una colección
de viñetas
en prosa, para una
serie de
libros que William
Bird estaba publicando en París. Este libro tenía que haber
aparecido antes que Tres cuentos y
diez poemas, pero
la imprenta Three Mountains de Bird
trabajaba despacio. Por consiguiente,
en agosto de 1923, la editorial Rober McAlmon publicó el primer
libro de Hemingway. Ocho meses
antes, en
diciembre de 1922, la mayoría de los manuscritos de
Hemingway se perdieron en la estación de Lyon cuando a Hadley le
robaron, del compartimento del tren, una maleta que llevaba a
Lausana."[76]
La
pérdida de sus manuscritos en la Gare de Lyon.
En la
biografía de
Fernanda Pivano
sobre Hemingway,
se cuenta lo siguiente sobre esta pérdida: (Hemingway) "Le
dijo que se reuniera con él
y que
le trajese sus
manuscritos. Hadley se lo tomó al pie
de la
letra y
los metió
todos en
una maleta;
pero en
la Gare de Lyon
le robaron
la maleta,
para gran
desesperación de Hemingway
(...) y
muchas lágrimas
de Hadley: allí
estaban también
las copias de papel carbón. Allí estaba absolutamente todo salvo Up in Michigan y My Old Man
("Mi viejo"),
los dos
cuentos que junto
a Out of Season
("Fuera de
estación·') constituyeron
el primer
volumen de Hemingway: Three Stories and Ten Poems, publicado por Robert McAlmon en sus Contact
Editions en noviembre de 1923."[77]
En París era una fiesta se cuenta el accidente con mayor imparcialidad: "A Hadley le robaron la maleta en la Gare |