Un monstruo abominable  
Chester Swann
de "Cuentos para no dormir"

A una bestia llamaba Mono Sapiens

Aterrado —irracionalmente, es preciso y justo decirlo— se revolvió en su precario e incómodo escondrijo, tratando de no ser visto ni oído por el repulsivo monstruo que se movía en sus adyacencias, y, al que contemplaba por primera vez en su vida. No recordó haber conocido —en todo su prolongado tiempo de existencia—, semejante aberración biológica. Tampoco en los centros de enseñanza, donde se formara intelectualmente vio —ni en imágenes siquiera— cosa igual.  

Sus órganos de bombeo sanguíneo redoblaron los desaforados latidos, casi lindantes con la insurrección y su mente intentó vanamente serenar al resto del cuerpo. Gelatinosos temblores   —de los que no era del todo ajena la cobardía, debió colegir en el caletre—, lo estremecieron ante la posibilidad, óptimamente probable por cierto, de ser descubierto por el aparentemente hostil especímen ¿viviente? que venía parsimoniosamente en su dirección, como reconociendo el entorno por primera vez; lo cual era casi seguro, pues nunca se habían divisado nada como eso que tenía ante sí, llegado desde el oscuro vientre del espacio, con certeza apodíctica.   ¿De dónde, si no, llegaría   tal espantoso engendro… bueno, quizá pensándolo mejor: esa forma de vida tan… exótica.   No debía pecar de racismo, ese atavismo superado hacía eones, pero no pudo evitar sentir algo parecido al asco.

Otro estremecimiento lo sacudió por entero. ¡El horrible aborto cósmico —viviente o no, pues era difícil precisarlo a primera vista—, venía hacia él!   Sus neuronas vibraron velozmente intentando hilar ideas coherentes.   No podría huir como era su deseo, sin ser percibido. Y la probabilidad —abundante para más datos—, de ser   localizado en su improvisado refugio aumentaba en   proporción   exponencial   a cada instante, a cada movimiento dado por el extraño ser en dirección a él.

Observó mejor al monstruo articulado desde prudencial distancia. Sus torpes pasos, por llamarlo así —tal vez por la corpulencia que ostentaba—, eran   más bien pausados, lo que delataban la imposibilidad o dificultad de moverse con cierta expeditiva rapidez.   Pero ignoraba si el ser alienígena (—disimulando el asco lo llamaría así —pensó él, eclipsado por una roca que lo protegía provisoriamente) podría utilizar algún arma desconocida o acaso disponer de inteligencia.   En todo caso, debía   tenerla, puesto que de algún modo llegaría al planeta.   Pero ¿con qué intenciones? ¿Habrían más monstruos por las adyacencias? ¿Sería una avanzada de invasión para una posterior conquista cruenta?    ¡Tantos interrogantes pueden caber   en una situación límite!   ¡Y tantas respuestas hipotéticas también!    Lo único que podría deducir con certeza apodíctica es que eso , no pertenecía a su mundo.  

Recordaba que sus antecesores se habían impuesto en un lejano pasado, sometiendo a otras razas y especies, a extinción y esclavitud.   No fue fácil escribir la historia y aún menos, vivirla.   Muchos seres, considerados por ellos como “inferiores” debieron sucumbir e incluso desaparecer definitivamente, para que ellos sobreviviesen y conquistaran espacio vital. ¿No serían estos monstruos, en relación a ellos , lo que ellos fueran en el pasado para   los primitivos habitantes del mundo conquistado? ¿No serían ahora ellos —los actuales amos del mundo—   las próximas víctimas del extraño visitante y   probable   invasor?   ¿No sería este ser una suerte de dios que regresaba por sus antiguos fueros, a reclamar sometimiento y sumisión nuevamente Tembló por enésima vez, luchando consigo mismo para alejar al miedo que pugnaba por poseerlo. ¡Tantas veces cazó y devoró presas inferiores , que la posibilidad de ser, a su vez,   cazado y deglutido por alguna extraña criatura, lo ponía al borde   del colapso nervioso!   El monstruoso ser pasó de pronto bastante cerca, pero no pareció descubrir   su   escondite, quizá por haberse él mimetizado entre las rocas del lugar. Más temblores y   espasmos recorrían su epidermis. El horrísono engendro de torpes pasos y bamboleante figura, no emitía sonido alguno fuera de los producidos por su desplazamiento y,   tal vez, por lo que parecía una carga   pesada que llevaba sobre sí.   ¿Sería eso   parte del ser, o simplemente un arma exótica y equipo de supervivencia? ¡Dioses! Era ímproba tarea adivinar o   calcular, a causa de la penumbra circundante,   la   verdadera forma física del monstruo.   Lo difícil se tornaba imposible. Hacía bastante que vivían en paz   y dejaron de fabricar armas; por lo que se sentía indefenso e inerme al arbitrio del, o de los   monstruosos visitantes. ¿Serían   muchos? ¿Podrían resistirlos? ¿Tendría este monstruo armas devastadoras como las que antaño poseyeran los suyos para imponerse a los otros en la dura tarea de conquista de espacio en su mundo?  

Espasmódicos calofríos recorrieron su piel nuevamente a través de sus poros.   Transpiraba como un miserable condenado a la pena capital.   Ciertamente, en su mundo ya no se la aplicaba hogaño, pero sabía de aprendidas que, durante la era post primitiva se la usó discrecionalmente. Y las variantes, utilizadas para ejecutarlas, eran tan imaginativas como crueles.

Su raza dominaba actualmente las artes, las ciencias, el gobierno mundial, las transacciones políticas, culturales, comerciales y los recursos del planeta. ¿Vendría otra especie, tan o más despiadada a reducirlos   y esclavizarlos… o eventualmente a exterminarlos, robándoles su espacio vital tan duramente conquistado? ¿Habría una poderosa, monstruosa e inteligente raza en proceso de expansión colonizadora-esclavista o de exterminio?   ¡Santo Nombre!   Si no se hubiese sacrificado al antiguo culto   en aras de la ciencia, hasta rezaría.   Pero hacía tantos ciclos temporales que los antiguos dioses fueran olvidados o desplazados, cuando no prohibidos, por los más objetivos y menos crédulos preceptos científicos, más pragmáticos y menos metafísicos.  

Siempre ellos se creyeron creados a imagen y semejanza del Gran Ingeniero del Universo, pero luego de la imposición del Magno Credo Sapiencial, las antiguas religiones y supersticiones desaparecieron o fueron abolidas.   Nada restaba de culturas anteriores a la suya.   Todo fue borrado de la memoria histórica, en utilidad de la política de dominación planetaria. Y ahora, apenas saboreado el fruto dulzón de la paz, el progreso y la justicia ... amenazaba con acabar el sueño e iniciarse la pesadilla   ¿Quizá por   exógenas venganzas de alguna providencia ... o como se la llamase? ¿Volverían los antiguos y sanguinarios dioses por sus fueros?   Pero...¿tan crueles serían los olvidados dioses,   como para crear semejantes y absurdas criaturas vivientes?   Porque era evidente que el visitante extraño no parecía un autómata. Tal vez mitad órganos vivos, mitad   engendro artificial, o...lo que fuese. Pero de ser real, lo era sin duda. ¡Estaba ahí mismo, ante su azorada vista, como si siempre hubiera vivido allí!

La abundante transpiración brillaba en su clara y fina piel de   estirpe noble.   El temor de perder cuanto se hubo logrado tras eones de evolución genética, técnica, científica y jurídica, lo atormentaba.   Seres horripilantes, como el que aún estaba ante su aterrada e impotente visión, no debían de poseer   piedad   alguna.    Sólo los seres bellos y   de áureas proporciones son cercanos   y   afines a la perfección, a   los sentimientos nobles, a las virtudes y a la ética.

Recordaba las imágenes de los torvos gestos expresivos de sus primitivos antepasados violentos. ¡Eran feos, realmente!    Pero aún así, la comparación entre aquéllos   y   esto ... era abismal.   El esperpéntico ser (— Debemos ser   magnánimos con las criaturas ajenas a nuestro mundo , —pensó de pronto, entre espasmos y temblores)   puso un extraño aparejo que evidentemente traía consigo,   cerca de allí,   y giró de pronto, volviéndose a   por   donde había venido.

Los recios temblores retornaron a un paroxismo paranoico exasperante.    El frío terror alcanzó en él cumbres   insospechadas y sus poros expelieron ríos de sudor gélido. ¡Ese monstruo no debió haber venido en son de paz!   Sería imposible que tanta fealdad habitase en algún sótano tenebroso del Universo.   Debería tratarse de una atroz pesadilla, fruto quizás de su conciencia, atormentada por milenios de crueles injusticias! ¡ eso , no podría ser real ! y sin embargo... allí estaba; transitando como por su casa, aparentemente sin preocupación alguna.

El horripilante monstruo pasó muy cerca de Vraa’Nkh —que de él se trataba—, sin verlo ni percatarse de su existencia. A paso inseguro se fue alejando a ras del suelo ¿Hacia el vehículo que lo trajera? ¿Hacia otros congéneres   igualmente hostiles?

Respiró aliviado al notar el mayor alejamiento del extraño y exótico ser. Hasta sintió ganas de regurgitar de horror. ¿Sería posible que existiesen   esos bichos tan extraños y repulsivos, cuya figura inspiraba hasta lástima por su fealdad? ¡Esas extremidades articuladas con las que se desplazaba a trompicones! ¡Esa protuberancia superior, como de órgano pensante , donde un par de brillantes puntos parecía detectar al entorno! ¡Y esos dos órganos prensiles, con cinco cortos tentaculillos articulados en sus extremos con los que asía objetos! ¡Algo imposible de concebir ni en la imaginación más perversa y fantástica! Incluso ese par de largas extremidades que utilizaba para desplazarse no daban la impresión de formar parte del extraño ser, sino de algún adminículo ortomecánico o algo parecido.

De pronto vio, a lo lejos, un objeto que se elevaba estruendosamente al espacio, seguido de una luminosa estela candente.

¡Se va! —pensó con júbilo. — ¡No nos ataca ni adopta actitud hostil.    ¡Tal vez no fuese   tan malo a pesar de su tosca fealdad!  

Vraa'Nkh lanzó varios suspiros simultáneos de alivio al saberse fuera de peligro, al menos por el momento. Sintióse igualmente afortunado de disfrutar de un físico armonioso y lúcidamente   perfecto; con cuatro   cerebros independientes y localizados, siete ojos enormes y facetados. una piel fría y cristalina, decenas   de tentáculos de extensión variable a voluntad; un cuerpo gelatinoso, translúcido y   amorfo, capaz de levitar, detenerse o deslizarse y hasta tomar formas insospechadas...

Vraa'Nkh aliviado, intentó mentalmente revivir olvidadas oraciones e invocaciones, dando gracias a los ya olvidados y prohibidos dioses que los habían creado, a su imagen y semejanza, para la gloria del universo.    

Chester Swann
de "Cuentos para no dormir"

Obra registrada en el Registro Nacional de Derechos de Autor
Del Ministerio de Industria y Comercio de la República del Paraguay
Bajo el folio Nº 2.445, Foja 87.
Art. 34 del Decreto Nº 5.159 del 13 de setiembre de 1999
A los efectos de lo que establece el Art. Nº 153 De la Ley Nº 1.328/98
“De Derechos de Autor y Conexos”

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