Marco Denevi, la vigencia de un estilo propio
por Horacio Semeraro

Escritor, crítico literario y periodista cultural tucumano, residente en Buenos Aires.

A Victoria Pueyrredón in memorian

Desde que Marco Denevi obtuvo el premio Kraft, en el año 1955, por su obra "Rosaura a las diez", ríos de tinta corrieron por diarios y revistas sobre su obra.

La vigencia de su estilo propio y la capacidad de adaptación de sus obras a cada época, se comprobaron en diciembre de 1966 cuando, una vez más, "Ceremonia Secreta" fue llevada a la televisión, esta vez por Alejandro Doria y con una excelente respuesta de la crítica y del público. Por ello, agudicemos nuestros sentidos toda vez que tengamos el privilegio de recorrer la obra de este escritor de raza; predispongamos nuestro ánimo, pero ¡cuidado!. Porque en cualquier momento, sus personajes nos pueden llevar a un viaje del que podemos retornar distintos.

No es de extrañar que las opiniones y la crítica coincidieran en muchos puntos sobre la excelencia de la misma y sus apreciaciones, por el sello personalísimo del escritor. Lo que llama poderosamente la atención es que no se haya hecho hincapié en un elemento que constituye una constante a lo largo de toda su obra, ya sean novelas policiales, cuentos, dramaturgia o novelas de amor: y es la dinámica inconfundible que tienen sus personajes, el ímpetu, una energía cinética propia que los mueve, todo aderezado con el sutil encanto del humor, la picardía, el misterio de su "physique du role", pero sobre todo impulsado desde el comienzo por un motor identificatorio tan deneviano.

Quizás sea por el lenguaje coloquial cuidado que utiliza en algunos de sus textos, quien emprende la subyugante aventura de leer alguna de las obras de este escritor contemporáneo, difícilmente la abandone. Es que más allá del juego imaginativo de su narrativa, comenzada la lectura, se transpone un umbral dimensional en el que el lector se encuentra tan cómodo como en un crucero. Dentro de la dinámica con la que magistralmente Denevi nos conduce al lugar donde se desarrollan los hechos, se produce un zigzagueo fantástico en el que el autor parece crear los personajes unos instantes antes del momento en el que el lector los conoce. A veces los protagonistas parecen esbozados tenuemente, luego van delineándose desde sus grandezas o miserias, con una ironía y gracia particulares, hasta obtener contornos nítido.

A esa altura del viaje emprendido, y ya compenetrados con los personajes, los lectores asisten al acontecimiento. Aquello que sucede unas veces satírica, otras dramáticamente, con la fatalidad de "lo que será".Los protagonistas y el autor encuentran aquí un espacio ideal, amándose, odiándose, soñándose sin conocerse. Ambas partes parecen haberse buscado desde siempre, vaya a saber porqué designios, y por fin se encuentran en el teatro de los acontecimientos.

En este punto del trayecto, a una no siempre demoledora ironía le sigue el amanecer creador de la Mayéutica, desarrollándose el nudo argumental de sus obras en este período, a veces sin turbulencias, en forma natural y sin fricciones.

Pero no nos engañemos. No hay que profundizar mucho en el análisis para notar que seguimos percibiendo el sello propio de su energía cinética o dinámica, pero que nos moviliza de una forma desacartonada sin llegar a la transgresión, en general, salvo en casos excepcionales como en "El Jardín de las delicias". Respondiendo al llamado interior de sus criaturas, Denevi sacraliza la expresión de sus personajes, hasta llegar a sublimarlos, a veces quemándolos como a Juana de arco en una hoguera de la cual emergen santificados por el autor o por sí mismos.

Cine

Cuando Joseph Losey llevó al cine su obra "Ceremonia Secreta", ganadora en 1960 del premio de concurso literario organizado por la entonces difundida en toda América revista "Life" -versión en español-, se demostró la adaptabilidad de la obra de Marcos Denevi al cine o a la televisión como sucedió con ésta y otras de sus obras. Y esto está relacionado con la imagen en movimiento, con la dinámica y el manejo de la palabra para lograr este efecto.

Al emprender Leonides Arrufat en "Ceremonia Secreta" su recorrido por la ciudad, arranca con todo su ímpetu, moviéndose, dejándose llevar a sí misma en una cinética alocada .Si lo referimos a las marchas del motor de un automóvil, similar a una primera, o a lo sumo segunda marcha (que raras veces llega a una tercera), manteniendo en el lector- más bien espectador a esta altura de su lectura- esa sensación distinta a la sensación de marcha constante; la de una tercera algo acelerada o cuasiestable, propia de muchos relatos, cuentos y novelas durante su desarrollo entre su comienzo y fin. En las obras denevianas se vive, disfruta o sufre de una marcha similar al impulso brioso de una primera o una segunda marcha, que nos acompaña durante toda la obra. Ni qué hablar de "Rosaura a las diez" en donde por el género policial de la misma, el vilo en el que nos mantiene Denevi es de esperar desde el comienzo. Y una vez más se cumple la consigna: el movimiento propio es un rasgo distintivo, durante el nudo y en el desenlace de la obra. Degas inmortalizó el movimiento de sus célebres bailarinas porque supo captar y expresar en sus pinturas el espíritu de posesión en sus cuerpos, de los personajes que ellas representaban. Denevi hace algo parecido con sus personajes, plasmando una sucesión de imágenes y situaciones gracias a la mayor amplitud descriptiva, casi cinematográfica, que permite la literatura- comparada con la pintura-y al notable talento de autor, obviamente. Y si consideramos que al pasar una obra literaria al cine o a la televisión, generalmente se produce una pérdida natural de efecto porque es casi imposible transcribir a la pantalla todo lo que el autor quiso expresar, concibió e imaginó, y traducir a guiones, escenografías, más las diferencias interpretativas y a las actitudes actorales (que deben además adecuarse a las opiniones de los directores), considerando todos estas diferencias enunciadas, llegamos a la conclusión de que es notable el resultado obtenido por Denevi. Sin embargo, por experiencia propia -porque pude acompañarlo junto a otros amigos a presenciar las versiones televisivas o las reposiciones cinematográficas de algunas de sus obras- generalmente estaba con forme con las actuaciones actorales televisivas y sólo cuestionaba algunas puestas de escena. En cambio, lo escuché quejarse por el traslado al cine, principalmente extranjero, no por negligencia de sus directores y autores, sino por sus diferencias interpretativas con respecto al libro.

Íntimo

Tanto en las reuniones sociales en su casa o fuera de ella, Denevi sentía atracción por las personas solas, marginadas y extravagantes. ¿Sentía piedad oculta que su amor propio con coraza de hombre fuerte y escritor de novelas policiales le impedía confesar? Cuando en una reunión alguien así hablaba, sus grandes ojos saltones, hipnóticos, dejaban de parpadear hechizados por el relato. Posiblemente esa sensibilidad y capacidad de asombro haya sido la génesis de las mismas, ¿disparadores naturales, quizás?, el factor conmovedor de la diferencia, más en la época de sus primeras obras con el estilo tradicional y difundido entonces. Así, sus personajes a veces burlescos, grotescos, otros solitarios, tímidamente desopilantes (¡Ah, Luisilda, Luisilda, por qué saliste sin anteojos en 1945!) son conmovedores a veces y otras, atrozmente reales, violentos y verídicos, cualquiera sea su condición social o económica: desde Rosamunda, de "He aquí la sierva de los señores", hasta la señora de López Ziny en "Charlie". Tal como sucede en la vida misma parecerían creados para marchar por siempre como móviles de primera especie con un impulso propio.

El lector es espectador inmutable, que teme para evitar que noten su presencia y así poder asistir al evento, a los sustanciosos diálogos que se suscitan. Quien haya emprendido el viaje al arrancar el auto de Carlitos, "alias Charlie", no se hubiese bajado en ninguna esquina antes de terminar el cuento, pese a las innumerables idas y vueltas del auto. Porque el autor conduce el cuento con una profesionalidad inmunizada contra el aburrimiento de forma que el interés no decae. Y el leit motiv es esa fuerza propia, esa diferencia de potencial, hablando en términos físicos, que obra el prodigio de producir por sí mismo el avance de los acontecimientos. Ellos no se anticipan-en forma igualmente válida-como en las obras de Flaubert, de Stendhal y de tantos clásicos, no se intuyen como ocurre con muchos autores contemporáneos. En la obra de Denevi los hechos suceden cuando suceden. Se viven y respiran de acuerdo con las circunstancias de la obra. Pero en un clima en el que todos, -excepto los protagonistas- parecen estar de más. Una atmósfera que nos recuerda a aquella lejana "Verano y humo" o a "Tierna es la noche" o más cerca en el tiempo, a "El cartero". En sus obras dramáticas o de final violento, se atisba levemente la sensación de desconcierto inicial semejante al armado de un rompecabezas que presupone, por ejemplo, el género policial. El autor oculta sabiamente los indicios que nos pueden hacer entrever el desenlace y lo hace a la perfección, hasta el momento en el que un hecho fortuito permite el armado de las piezas de una manera genial, redonda, sorprendente, como en "Rosaura a las diez". En obras de este tipo el lector está prevenido de sus estructuras desde el comienzo y a pesar de ello se suma al juego para el que se siente convocado al igual que los personajes en la célebre obra de lonesco "Seis personajes en busca de un autor".

En otras obras, como "Charlie", "Carta a Gianfranco" o "Michel", nos deja como corolario el estupor, la admiración, la sensibilidad, el asombro, una mixtura cuya fórmula no se puede cuantificar porque su impacto es subjetivo, pero que sin lugar a dudas nos deja el aroma de sus "Hierbas del cielo".

por Horacio Semeraro
 

Publicado, originalmente, en Nuevo Diario / Santiago del Estero / Domingo 4 de mayo de 2014. Ensayo elaborado en base a la adaptación para la Revista Letras de Buenos Aires Nº42, de Victoria Pueyrredón, en un número homenaje a Marco Denevi.

Link: http://www.nuevodiarioweb.com.ar/nota/cultura/524730/marco-denevi-vigencia-estilo-propio.html
 

Ver, además:

 

                      Marco Denevi, en Letras Uruguay

 

                                                    Horacio Semeraro en Letras Uruguay

 

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