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Instituto del Libro y la Lectura, INLEC del Perú

y Capulí, Vallejo y su Tierra

Febrero 
Llueve a cántaros en la serranía
Molino de pencas

Danilo Sánchez Lihón
www.danilosanchezlihon.blogspot.com 

1. Febrero loco

Es invierno, pero ha salido el sol. Y los campos lucen verdecidos.

– Hijos, ¡vamos al río a lavar la ropa, aprovechando que ha salido el sol!

– ¿Y si con estas criaturas te coge la lluvia por el camino? –Se preocupa la abuela.

– Por eso, ¡vamos rápido, porque si no: hasta cuándo tendremos la ropa mojada! Y, ¿acaso va a secar con estos aguaceros? En cambio ahí, con este sol y con el viento la traeremos por lo menos oreada.

– ¡Vamos pues, mamá!

Son días que no se ha visto luz solar y ha llovido a cántaros. 

Pero hoy ha salido el sol espléndido, por eso es bien cierto cuando los viejos dicen: 

Enero poco, febrero loco y marzo borracho.

– Tú carga a la bebé, mamá. Nosotros llevamos la ropa y el resto de cosas.

2. Las flores estallan

Pensándolo bien, recién salimos al campo después de la Navidad en que subimos a las peñas a desprender “shayapes”. 

El mundo ha cambiado. La tierra es otra. 

Todo es un manto pleno de verdor. Hasta los mismos caminos son acequias por donde corre el agua cristalina. Y todo brota. 

Crecen plantas donde antes eran lajas, cascajo y senderos resecos. 

En los techos de tejas emergen yerbas y florece hasta a las paredes de adobe las bruñe y abrillanta el musgo que ha saltado de las piedras.

Las flores estallan por doquier, hasta en los abrojos, luciendo sus corolas y pétalos amarillos, rojos y azules. 

Y en cualquier lugar, un charco translúcido refleja el perfil de los cerros abruptos:

– Alcánzame a la bebita, mamá. No te vayas a resbalar en esa poza.

3. Una rueda de luz

Pero ya estamos al pie de la carretera, desde donde el camino hasta el río es de bajada. El peligro es perder el equilibrio deslizándose en la hierba humedecida y rodando en el barro hasta dar contra las piedras. 

A lo lejos, al fondo de la cañada ya se levanta tibia la neblina blanca.

– ¡Miren aquí, un molinito de pencas!

– ¡Qué bonito!

– Y ¿quién lo hizo, mamá?

– Algún niño curioso. Que tiene buen gusto y pulso firme. Que sabe cortar la penca, tiene proporción e ingenio. 

– Mira, todo en él es perfecto.

El agua al hacerlo girar forma una rueda de luz. Un prisma que concentra los colores.

– Y miren aquí a un lado se forma el arco iris.

4. ¿Lo encontraremos al volver?

Nos quedamos extasiados.

– Y ¿cómo se hace, mamá?

– Como lo ves. Se corta la penca, por el centro. Del cogollo redondo se hacen los ejes. Puede ser uno o pueden ser varios. En este caso tiene dos, que se han acoplado. Ahí se prenden las aspas, hechas de hojas de penca que culminan en la espina que se introducen en el cono. 

– ¿Es suave hundirlos?

– Ni muy suave que no resista, ni muy duro que sea difícil. Todo se lo sostiene a pequeños muros, hechos de barro y piedra donde los ejes giran. Una hoja hace de canaleta que proyecta el chorro de agua hacia las aspas, que dan vueltas en torno el eje. El caudal de agua tiene que caer exacto, conducido desde una boca toma que se hace cerca. Pero ya no nos demoremos más. Vamos pronto a lavar.

– Y ¿aquí se queda, mamá?

– Sí.

– ¿A quién pertenece?

– Al cielo, al agua, a la tierra.

5. El prodigio en el camino

– ¿Y lo encontraremos al volver?


– ¡Claro! Miren aquí está otra vez.


– Podemos llevarlo e instalarlo en el patio de la casa.

– No. Este es su lugar. Quien lo hizo lo ha dejado aquí. A nosotros no nos pertenece. ¿Cómo llevar algo que nadie nos lo ha dado?

– Pero, ¡aquí pueden pisarlo los jumentos o los caballos! O los toros que por aquí pasan 

– Quizá. Pero es su destino, el ser libres y no tener dueños.

– Y, ¿hasta cuándo girará?

– Hasta que el agua disminuya.

– Y ¿si el agua aumenta?

– Puede ser arrastrado por la pendiente. Pero, si eso ocurre habrá hecho el prodigio de la luz, del arco iris, y de haber puesto una nota de encanto en el camino. 

6. ¿No es así la poesía?

Y allí se quedó el molino de pencas, incólume e imborrable en el reino de mi infancia.

Una maravilla de artesanía, de perfección técnica, de ciencia de las manos. Y de ilusión del alma. De acompasar el agua, el viento, la naturaleza y el tiempo que fluye. De sincronizar el chorro que salta y las paletas que giran, como son los destinos humanos.

Lo curioso es que son maravillas artísticas y tecnológicas y del espíritu dejadas libres y al descubierto por donde la gente pasa. Hechas gratuitamente, sin cálculos de ganancia; sin costo, sin pensar en el usufructo ni en la rentabilidad. 

¿No es así la poesía?

Porque se hace en los caminos, producto de la gracia y del asombro ante todo.

Y allí se quedan, solitarios, sin pensar siquiera en quién ha de venir a contemplarlos. Se quedan girando para siempre como los poemas y los cuentos. Y los sueños

7. Cara al sol

Conmueve más un molino de pencas en una acequia producto de una lluvia repentina.

Ni siquiera dentro de una casa, en un curso de agua estable, sino construido en una chorrera silvestre, ¡que solo dura el tiempo que una ladera demora en escurrir el agua que ha caído en su regazo!

Como a la poesía, el molino de pencas lo hacen los niños, la inocencia y la gracia. Y lo deshacen las mulas, o los burros. O los caballos o los toros que pasan. Las fuerzas ciegas, fatales e inconscientes.

El molino de pencas es mundo pequeño y mínimo, pero más que mundo de aldea es espacio íntimo, entrañable.

Orbe de cara al sol, no de refugio ni de escondite.

Es infinito hacia adentro.

8. Lo gozado como lo sufrido

Estarán girando sus aspas a estas horas, de este y otros molinos que los niños hacen de manera inatajable e imperecedera. Sin pensar en un interés particular ni mezquino. 

Hechos ni siquiera para ser admirados, sino por el gusto de hacerlos, viviendo para el instante, para complacerse asimismo.

Recogiendo la lluvia o el agua de las cumbres de los cerros. Haciendo de la vida una armadura, un juguete un abalorio como homenaje a lo vasto, profundo y eterno.

¡Igual que la poesía!

Y, ¿qué otra cosa es una escultura, la música, la pintura o el arte en general? Encarnar lo más posible esa ilusión y proeza, cual es recoger en un molino de pencas el prodigio de la vida. 

Es encarnar el signo de lo ignoto hecho tangible. Es recoger la lluvia como el agua de las nieves. El correr del tiempo: lo gozado como lo sufrido. 

9. Damos vueltas y giramos

Es hacer que se quede para siempre, junto con la noche, la incógnita y el misterio de la vida. 

Gira, cambia el curso del agua, se espolvorea. Se hace un arco iris. Como el arte, como el amor y como el destino.

El molino de pencas se hace por nada y se llena de todo, para uno mismo y para la humanidad que se detiene un instante a su orilla. 

Y se hace de pencas que marcan un cerco, que unen y separan. Que crece a la vera del camino. ¿Quién más testigo que la penca? 

Se llena de los demás, de Dios. Del dolor y de la escasa alegría.

Es la crónica de nuestra existencia. Quién puede dar testimonio de nuestros pasos, porque lo observa y lo graba todo.

El molino de pencas es un símbolo: Porque todos damos vueltas y giramos. 

10. Hacia ti algún día

Da vueltas el mundo. Avanzamos de la niñez a la vejez, de la pobreza a la riqueza, del llanto a la risa, del amor al olvido.

Es la rueca, el uso, el trompo, lo que da vueltas. Es el río que regresa. 

Es la rueda del destino, es la ruleta de la suerte. De aspas que unen y a la vez cortan, frente a las cuales solo cabe ser humildes, sinceros y auténticos. 

Que nos hacen subir y bajar. Que, para corregir toda soberbia, nos hace estar abajo y en otro momento arriba.

El molino es la ley que rige nuestras vidas. 

Es aquella rueda que nos hace girar por los cuatro vientos. 

Te has quedado allí, insomne bajo el cielo de mi tierra, en el reino de mi infancia. 

Volveré hacia ti, molinito de pencas, algún día.

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