Instituto del Libro y la Lectura del Perú, INLEC 

23 de abril 
Día del idioma
 
Pliegos de lectura 
Bitácora para el maestro 
La palabra en la creación de los mundos 
Danilo Sánchez Lihón
www.danilosanchezlihon.blogspot.com  

“Los límites de nuestro lenguaje
significan
los límites de nuestro mundo”
Ludwig Witgenstein

 

Uno se hace justo y digno
cuando usa de manera justa
y digna las palabras.

1. El lenguaje como don de creación

 

Dios para crear la aguas, la luz y las estrellas no empieza a componerlas mecánicamente, ni a armarlas pieza tras pieza, sino que la manera de crearlas es pronunciando palabras, que es así cómo se nos cuenta no solo en la Biblia sino en la mayoría de textos sagrados de las diversas culturas.


Es con la voz, con el habla, con el lenguaje que Dios va diciendo: “Hágase la luz”, y la luz aparece. “Sepárense las aguas de la tierra”, y los mares se forman en ondas relumbrantes y entre orillas estupefactas. Para después pronunciar: “Hágase el hombre a mi imagen y semejanza”, obteniéndose de todo ello y como resultado la creación.


Ese es el punto de origen, el orden y el sentido de todo lo creado. Y Dios, coherente con lo que decía de hacernos a su imagen y semejanza, insufló al hombre de palabras, desde el primer hálito de la creación del universo.


Es decir, la palabra aparece claramente como un don de creación, como un poder frente a lo material y a las cosas. Inherente a la naturaleza divina, al don de ser Dios y atributo sagrado concedido al hombre.


Pero, además, como la clave, el hechizo y el sentido que alcanza a tener cada ser en su interior, diciéndonos con esto que en el fondo del más mínimo corpúsculo que vaga en el espacio estelar hay una palabra, o un collar, o una diadema, o un ramillete, o un crisol de palabras. Y que ellas son infinitas. Y ello es portento y maravilla.

2. Valorización de la palabra y el niño

 

De allí que, el niño necesite apropiarse del lenguaje no sólo en el nivel de la comunicación cotidiana, espontánea y natural, sino también en aquel de los grandes ejes de la existencia a fin de que le sirva para significar –en el nivel de lo que es el plano cultural– sus experiencias, nociones de la realidad y de sus ideas nacientes.


Para eso, la escuela debe propiciar el cultivo, lo más posible, de la significación de la palabra. Y, también, la valorización del ser del niño, de su mundo circundante y de las relaciones que él establezca. Necesita confiar en sí mismo, en lo que es, siente y piensa. Necesita saber quién es él, reconocerse y quererse


Debe propiciar a que se utilice el lenguaje logrando mayores significaciones y mensajes acerca de esa realidad.


Todas estas posibilidades deben lograrse tanto en el nivel del lenguaje oral como también de la lengua escrita.


Porque el ser humano necesita hacer y saber que su vida, su experiencia, sus nociones y conceptos de la realidad resulten significativos.

 

3. Interesan las repercusiones

 

Para ello, es necesario que esa materia y esos contenidos los convierta en signos, en palabras escritas que tienen la inmensa ventaja de hacerse instrumentos, medios y hasta materia concreta para a partir de ellas operar en la realidad y transformarla.


Y, también, para propiciar que se canalicen a través del texto escrito emociones e ideas en donde se logren mayores sentidos, resonancias y matices, como vínculos y relaciones insospechadas.


Porque en el ser humano, y mucho más cuando se es niño, importa mucho el plano emocional, anímico y afectivo de cada asunto. Y también el estético que alcanza a tener cada faceta de la realidad.


Por eso, en la adquisición y relación con el lenguaje más que los aspectos conceptuales y mucho más que los aspectos formales que a este corresponden, como la ortografía, interesan al niño las repercusiones subjetivas, rítmicas y sensoriales que la palabra tiene. Es en estos niveles en los cuales cabe que haya un encuentro o una atención cabal a sus vivencias, las mismas que muchas veces son desestimadas.

 

4. Con el lenguaje inventamos nuestro destino


La destreza en el uso del lenguaje, la capacidad de comprender y de expresar, no es efecto ni del conocimiento teórico ni del dominar las normas ni preceptos lingüísticos, sino de una vinculación constante con la vida mediante el uso y la práctica de de la verbalización continua.


La apropiación del lenguaje significa que la persona se hace libre, plena y poderosa para entenderse a sí misma, como para expresarse y decir lo que siente y piensa.


También para concretar en lenguaje lo que anhela y aspira, lo que intuye y sueña; y ello con total y exacta medida, con sana y perfilada pulcritud con plena y equilibrada solvencia.


El poder expresarse con las palabras, sea de manera oral o escrita es hacerse un ciudadano de primera clase y probablemente un líder social. Si algunos o muchos lo son sin duda ha de ser por las palabras que como un prodigio pronuncia su boca.


Y el que los haya en una sociedad es contar con un contingente de personas esclarecidas para afrontar cualquier reto social o desafío de la historia que sea necesario afrontar, resolver y cumplir.

 

5. Didáctica del lenguaje

 

Ahora bien, en cuanto a la enseñanza del lenguaje que haga posible formar estos cuadros de líderes la escuela comete el error de enseñarla en abstracto, como si perteneciera a un mundo distante, lejano y solamente conformado de ideas, como si el habla perteneciese a un lugar remoto, desconocido y ajeno.


Se lo ubica y se lo confina en un lugar irreal en donde está la gramática y sus categorías, con su corte celestial conformada por las clasificaciones, conjugaciones, desinencias; en donde operan las reglas del buen uso y correctas costumbres, que ante los ojos del niño no puede ser menos que unas señoronas dictatoriales, antipáticas y abusivas.


Peor aún ocurre con la ortografía, la prosodia o la sintaxis, donde todo son reglas tajantes, endriagos y espantos. Y donde al enseñar se muestran ejemplos de equivocaciones, un mar de errores entre pocos, desvalidos y minúsculos aciertos.


Y más son malos usos, gazapos y equivocaciones porque la norma es una sola y los usos múltiples, variados y hasta inmensos, como es la vida.


Y a una caída de estas se la vuelve tan grande y garrafal que ante ella el niño se hace súbdito, paria y esclavo. Y le rinde servidumbre y pleitesía.

 

6. Huye de él

 

El ser humano en general terminará consintiendo en que debe reconocer la superioridad de aquella, de la preceptiva lingüística y, consecuentemente, en ser él su vasallo y prisionero.


Y entonces pasa de ser amo, dueño y señor del lenguaje a no tener clase, ser reo y hasta andrajo. Y su relación con la palabra de espléndida  pasa a ser precaria, inservible y de triste enajenación.


¿Qué hemos logrado? Condenarlos en vida, hacerlos ilotas y apátridas del lenguaje. Ese universo de abstracciones poco a poco el niño y todos empiezan a creer que existe de un modo implacable e imperioso.


Uno de los primeros engañados acerca de ese hecho es el profesor para quien el mundo de la academia y de la normatividad lingüística se vuelve en icono, poder despótico y hasta en ciencia infusa.


Ese mundo el niño poco a poco, a su vez, empieza a temerle. Y si al principio le era indiferente, aburrido e insulso, con el correr del tiempo más y más resulta que altera y amarga su vida sustancialmente.


Y como le teme y produce rechazo huye de él; huye entonces del habla, de la lectura, de la escritura, de la narrativa, del teatro y de la literatura.


Huye del encantamiento de la palabra hecha poesía que tenía al principio, cuando él aprendió a hablar.

 

7. Al otro lado del muro de ladrillos y púas

 

Sin embargo, a cuenta de ese mundo artificial, fantasmagórico, de tinta y papel dictatoriales; de los manuales y textos de gramática está el mundo intenso, pletórico y extasiante del lenguaje ligado a la vida.


Pero de él terminamos por olvidarnos, del verdadero mundo en el cual el lenguaje y la literatura existen de manera henchida, abrumadoramente hermosa, rica y bella.


Dejamos el habla real por crear esa otra plataforma formal, estático y malsana del lenguaje de laboratorio.


De allí que debamos hacer el esfuerzo por volver a instalar el lenguaje y su enseñanza de tal modo que tenga sentido y valor en la circunstancia ineludible del mundo cierto, este el de la vida, aunque azorada y convulsa siempre llena de entrega y de pasión.


Hagamos que el lenguaje sea actuante y feliz.


Y enseñemos a conversar, a exponer, a debatir. A ejercer medida y control sobre la palabra, como también a exaltarse, emocionarse y vincularse amorosamente a través de ella con el prodigio de la creación.

 

8. Otro universo

 

Que el lenguaje vuelva a ser maravilloso, que otra vez se torne hechizo y milagro en la boca del profesor y del niño, que se escriban cartas, que se haga el periódico mural, que establezcamos conección con los medios de comunicación, que editemos un diario en el aula.


Que los niños instalen sus propias emisoras, radiales y televisivas en el salón de clases; que se formen clubes de lectura, de teatro, de periodismo, de poesía; que hayan juegos florales promovidos desde la biblioteca y en el centro educativo.


Porque debemos preguntarnos: ¿cuál es el producto que queremos lograr?


Queremos un ser que desde el plano de la comunicación sea efectivo y afectivo; capaz de referir un hecho con precisión, contarnos un suceso que le ha impresionado con realismo, con claridad y hasta encanto.


Que sea capaz de persuadir, animar y proteger; que sea capaz de resolver un asunto controversial mediante la palabra, sea de modo actual o diferido, sea de modo directo o mediante el uso del teléfono, sea con la palabra oral o mediante la escritura; capaz de tener una óptima y excelente comunicación, de crear sobre este universo con frecuencia pobre y precario otro universo real y mejor hecho de lenguaje acrisolado.

 

9. Conciencia de la realidad

 

Jean Piaget considera que el lenguaje tiene raíces en la coordinación de movimientos, es decir en el período básico senso-motor, patrones que no solo preceden sino que parecen sostener la adquisición del lenguaje infantil.


Precisa y releva la función que cumple el lenguaje en el desarrollo intelectual del niño pequeño que según él tiene tres consecuencias esenciales para el desarrollo mental: Cumple con:


a) Un intercambio posible entre individuos, es decir, el inicio de la socialización de la acción.


b) Una interiorización de la palabra, es decir la aparición del pensamiento propiamente dicho, que tiene como soportes el lenguaje interior y el sistema de los signos. Y, por último, y sobre todo:


c) Una interiorización de la acción como tal, la cual pasa de ser puramente perceptiva y motriz, que era hasta ese momento, para reconstruirse en el plano intuitivo de las imágenes y de las experiencias mentales, hasta constituir una conciencia de la realidad.

 

10. Orientaciones generales

 

Así, y consecuentemente, la enseñanza aprendizaje del lenguaje ha de basarse en el enfoque holístico y psicogenético.


Es decir, aquel que ubica en primer lugar el conocimiento y el proceso de la adquisición del lenguaje en el cuerpo.


Posteriormente en la mente y el espíritu. Y, concomitante, en el contexto social del educando.


Todo ello basado en las etapas de desarrollo del niño.


Ha de orientarse hacia la realización de actividades que tiendan a ejercitar las facultades de observación, investigación y hallazgo por sí mismos del conocimiento y explicación de los fenómenos y las cosas.


Siendo así, cada unidad de aprendizaje ha de ser la secuencia de un proceso, de tal modo que se avance por etapas y por razonamientos sucesivos en el esclarecimiento de este importante y trascendental aspecto de la realidad.

 

11. Insertada en la vida

 

Para ello, se tiene que tomar en cuenta, principalmente, las necesidades, intereses y expectativas de los niños a partir de los cuales hemos de ofrecerles propuestas de experiencia con el lenguaje.


El protagonista en el uso y adquisición del conocimiento ha de ser siempre el propio niño.


Debe interesar, de manera fundamental, el desarrollo de la expresión, la comprensión y la comunicación, en vinculación directa con el entorno familiar y social.


La enseñanza-aprendizaje del lenguaje tiene que estar directamente insertada en la vida.


Debiendo asumirse que la lengua es un acontecimiento social, y que es en la sociedad donde tienen que encontrarse sus explicaciones.

 

12. Escuchar, hablar, leer y escribir

 

Hay dos aspectos básicos en lo que corresponde a este dominio: Uno es el que recae en el sujeto de la comunicación, es decir en la persona humana que ejecuta el acto comunicativo en donde encontramos dos factores a su vez complementarios: uno de comprensión y otro de expresión.


Por el lado de la materia de adquisición o del objeto de estudio encontramos que el lenguaje de la palabra tiene dos vertientes: lengua oral y lengua escrita.


Del cruce de estas dos variables la resultante es que las áreas de trabajo fundamentales en el mundo verbal son entonces:


– Escuchar,
– Hablar,
– Leer,
– Escribir.


Es en estos cuatro campos en donde reside la clave de su dominio y en donde debemos poner la mayor atención, pues son las áreas que la vida y la realidad van a exigir a la persona humana su mayor cuidado y pleno desarrollo.

 

13. Un rol complementario

 

Definimos entonces que estas cuatro funciones principales del lenguaje articulado apuntan directamente a formar al niño en las artes de escuchar, hablar, leer y escribir.


Un rol complementario de apoyo o auxiliar de este proceso corresponde a los aspectos de gramática formal en la cual se ubica la morfosintaxis, la fonética, la sintaxis y la ortografía.


Hay dos áreas importantes que se suman a aquellas ya enunciadas y estas son:


– Medios audiovisuales, y
– Literatura.


La primera muy presente y dominante en el mundo actual. La segunda constituye un mundo vasto y encantado que la escuela debiera instalar y cimentar para siempre en el alma de niños y jóvenes.


En cuanto a la interpretación o lectura de imágenes, ésta se debe hacer en dos momentos, caracterizado uno por el análisis, en donde veamos cómo se relacionan los elementos que componen una imagen y la interacción entre ellos; y otro por la síntesis, donde integramos elementos que nos presentan las imágenes, con otros que logremos identificar en la realidad circundante.

 

14. Sentido y orientaciones

 

Sin embargo, después de todo lo expuesto no debemos olvidar de preguntarnos:


Todo esto, ¿para qué?


¿Con qué fin?


¿Hacia dónde vamos con todo ello?


Consideramos importante que nos formulemos estas preguntas que proyectan mayor alcance y expanden el tema que enfocamos.


¿Con cuales objetivos es importante que nos guiemos en estas actividades? ¿Cuáles son a su vez los ejes trascendentales?


¿Qué tratamos de alcanzar u obtener con todo esto?


Reconociendo que es básico y fundamental escuchar, hablar, leer y escribir, así como conocer acerca de los medios audiovisuales y absorber de la fuente inagotable y prodigiosa de la literatura, cabe preguntarnos el para qué de todo esto. 


Y dar respuesta a estas interrogantes resulta fundamental.

 

15. Direcciones o vectores

 

Se entiende y comprende perfectamente acerca del lenguaje, y cotejándolo en relación a cualquier otro conocimiento o contenido teórico, que resulta incomparable y sustancialmente importante trabajar en aquellos cuatro contenidos y competencias básicas, cuales son el de escuchar, hablar, leer y escribir.


Pero todo esto, ¿para qué?


Cuatro direcciones o vectores orientan este acontecer.


Olvidarnos de ellos sería perder la perspectiva más trascendente. Además, presentarlas amplían y trazan coordenadas fecundas y prometedoras pero en el aire. Sería olvidarnos de qué es lo que proyectan y subliman aquellos cuatro importantes dominios frente a la vida.


Las orientaciones en las cuales aquellos campos se sostienen, asimilan y justifican son para:


1. Sentir y pensar con autenticidad.
2. Actuar con valores.
3. Decidir y resolver problemas, y
3. Transformar la realidad creando un mundo mejor.


Es decir, escuchamos, hablamos, leemos y escribimos en función de estos cuatro ejes cardinales.

16. Sentir y pensar con autenticidad

 

Sentir y pensar con autenticidad es aspecto importante en el desenvolvimiento integral de la persona humana, hecho que depende en gran medida del lenguaje.


Es ayudar a que las personas se ubiquen mejor en el mundo y en relación a las demás personas, con pensamientos que recojan el  sentir y parecer de los otros.


Es también cotejar las ideas propias con las ajenas; accediendo a que cada persona sea capaz de comprender y expresar sus sentimientos y pensamientos con autenticidad.


Es pugnar porque el lenguaje nos represente bien y represente cabalmente a los otros para poder establecer relaciones cordiales y transparentes.


Porque uno de los mayores daños que se puede hacer a un niño es hacerle perder confianza en su propia capacidad de sentir y pensar y de estar desorientados en percatarse de cuál es el sentir y el pensar de los demás.

 

17. Actuar con valores

 

Los valores residen fundamentalmente en el lenguaje.


Actuar con valores tiene su base entonces en el dominio del lenguaje porque allí es donde se formulan las conductas y luego los hechos que ejecutamos.


Es en el plano del lenguaje en donde los valores se plasman y adquieren su mayor raigambre.


Porque escuchar, hablar, leer y escribir serían aptitudes vanas, dislocadas y falsas sino es para actuar con armonía y legitimidad; avanzando en el control de las emociones, tomando conciencia real de los problemas y respondiendo con virtud, entereza y ecuanimidad.


Porque es el lenguaje el que permite que las personas conozcan sus afectos y emociones y debatan arduamente sus ideas, conceptos de la realidad y hasta pasiones. Dado que actuamos en la realidad que toda acción tenga su esclarecimiento en el lenguaje. Y esa dimensión esté cotejada principalmente con los valores que debemos alentar.

 

18. Tomar decisiones y resolver problemas

 

Tomar decisiones y resolver problemas es asunto de real importancia que a nadie ha de escapar u ocultársele su significación.


El conocimiento y dominio del lenguaje ha de estar en función de este eje para actuar, decidir y resolver problemas de la realidad con acierto y eficacia.


El fin del lenguaje también apunta a algo práctico y concreto como dar solución a asuntos simples y cotidianos, que a veces son los más difíciles de resolver, como también a afrontar cuestiones complicadas y hasta conflictivas y beligerantes.


Mediante el lenguaje se interviene en lograr armonía, concordia y paz, resolviendo situaciones cuando se lo sabe usar bien.


En verdad casi todo alcanza a estar dentro del dominio del lenguaje en cuanto a soluciones para la realidad.


Mediante la aptitud de escuchar y hablar, leer y escribir, cambiamos una determinada situación negativa por otra positiva, extrayendo de todo ello sabiduría y bien común.

 

19. Transformar la realidad creando un mundo mejor

 

Transformar la realidad creando un mundo mejor, es lo que también se logra a través del lenguaje.


El saber escuchar, hablar, leer y escribir deben servir para crear y transformar la realidad, función y prerrogativa de nivel superior, elevada y hasta excelsa que puede establecer nuestro ser y estar en el mundo.


Porque hemos venido aquí para participar en esta circunstancia existencial que es el vivir, a fin de dar una respuesta única y creativa a los desafíos que nos plantea la realidad.


Con las palabras cambiamos el mundo. Por eso, alcanzar la libertad en nuestras palabras.


Que las palabras nos hagan libres, que ellas tracen nuestros horizontes abiertos e infinitos; que las palabras nos conduzcan por caminos pródigos.


Que las palabras nos produzcan ternuras renovadas. Y sea la palabra tierna, la palabra seductora, la palabra apasionada, aquella que agregue sabiduría, magia y sueños al viejo dado ya raído.

 

20. Dos propuestas más

 

Aparte de las cuatro orientaciones anteriores, presentamos dos propuestas más, igualmente importantes desde nuestra perspectiva de enfocar el área o campo del lenguaje y la enseñanza de la comunicación integral en las aulas escolares.


Factor importante y el cual sin embargo no tiene el reconocimiento debido es el silencio, contenido que incorporamos como esencial en la comunicación. Al hacerlo recuperamos un elemento muchas veces negado o desconocido en el lenguaje.


A veces activo y otras pasivo, pero eso sí siempre presente.


El silencio nunca es nulo, vacío ni adverso. El es la morada, la matriz y hasta la inspiración de la comunicación y el lenguaje.


No es en oposición contraste o pugna relievar el silencio en preferencia de lo que se escucha, habla, lee o escribe; porque de alguna manera el silencio está incorporado de modo inherente e intrínseco en la comunicación.


Es el telón de fondo y forma parte del lenguaje como el terreno sobre el cual se erige, o la plataforma en la cual se apoya todo acto o evento comunicativo.

 

21. Actuar con el silencio

 

Para escuchar, decir, leer y escribir... el silencio.


Razón por la cual hay que valorarlo.


Claro está, entendemos aquí  el silencio como textura interior en donde  se dibuja y apoya la palabra. No como impotencia ni mudez,  tampoco como traba o complicidad. Menos como miedo, negación o muerte.


Un buen lenguaje considera al silencio también como un elemento que apoya, actúa y está vigente como trasfondo en todo momento y en toda actitud de la comunicación.


Pero, a veces, incluso, es y debe ser una actitud, un lenguaje y una expresión por sí misma. Y hasta una posición, tal y como cuando se dialoga, conversa y debate.


Porque no se puede escuchar, ni hablar, ni leer, ni escribir si no hay silencio. Y, en algunos casos, hay que incluso actuar activamente con el silencio, como un recurso expresivo de la máxima significación.

22. El saber decir

 

El otro factor es el "saber decir".


Queremos proponer incluso esta expresión como mejor denominación del área o campo identificado como el "saber hablar".


Lo proponemos como reemplazo y sustitución de aquel enunciado, dado que un saber decir, puede ser mejor entendido. Porque la mayoría de personas creen que "saben hablar" de manera espontánea y natural y que no tienen nada ya qué aprender en ese aspecto desde que pronuncian y articulan palabras siendo, como es el saber hablar, un arte.


Por eso, es mejor postular un saber decir los asuntos, las ideas y las cosas, hecho que es fácil de suponer requiere de otros atributos agregados al simple saber hablar.


Saber decir incluye y abarca dominar estrategias, procesos, estilos, pudiendo llegar hasta a ser un arte. Supone maneras, ocasiones, oportunidades, conveniencias y tacto sutil.


De lo contrario, habría que vincular y hacer avanzar el saber hablar, esclareciendo que en el fondo al denominarlo así se trata en realidad de un saber decir.

 

23. El don de la palabra

 

La educación no solo debe formar al ser humano para una profesión, o el dominio de un campo científico. O para ser hábil en una competencia técnica.


La educación tiene fundamentalmente un compromiso con la calidad del ser del hombre y de la mujer, del ciudadano o de la ciudadana.


Y tiene que educar para ejercer una verdadera ciudadanía, para la democracia, el bien y la cultura. Y esto pasa por el dominio del lenguaje.


En ese sentido, la educación tiene que formar al niño para el don de la expresión y de la comprensión de la palabra, para una relación feliz y armoniosa con el verbo como un don superior del hombre, debido a que la palabra eleva y transporta, mejora o atrasa según sea el ejercicio que tengamos de ella.


En tal sentido, si logramos hacer que el educando se posesione, adopte y asuma el don de la palabra con plenitud y solvencia le habremos dado una herramienta y un medio principal para el desarrollo y la forja de su propia persona y de su ulterior destino superior.

 

24. Con las palabras creamos nuestro destino

 

Una persona se hace justa y digna cuando usa de manera justa y digna las palabras, porque la dignidad personal es la capacidad de dignidad que alcanzamos a depositar en las palabras que pronunciamos.


Las palabras son la medida de nuestra exactitud y respeto para con nosotros mismos y para con  los demás.


Es en la dimensión de las palabras en donde mentimos o somos verdaderos. Y ellas dependen de nuestra actitud y en la relación que tengamos con ellas. Porque las mismas palabras que usamos para mentir las usamos para decir la verdad.


Y porque las palabras son las medidas más exactas de lo que verdaderamente somos.


Con las palabras cada uno de nosotros creamos nuestro destino individual y colectivo. Inventamos nuestro propio país que en gran medida se configura con las palabras que decimos.


El destino individual y el destino colectivo depende de las palabras; con ellas perfilamos o ideamos un estilo, una actitud, un ambiente, un paisaje y una sociedad. Con ellas la maldecimos o la bendecimos para siempre.

Danilo Sánchez Lihón

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