Instituto del Libro y la Lectura, INLEC del Perú

y Capulí, Vallejo y su Tierra

28 de agosto 
Día del regreso de Tacna al Perú 
El poeta del cautiverio
Federico Barreto
 
Danilo Sánchez Lihón
www.danilosanchezlihon.blogspot.com
 

1. El rostro hacia el suelo para adorarlo eternamente


Pidió que donde su cuerpo cayera yerto recogieran sus restos y lo enterraran en Tacna, tierra que lo vio nacer, donde pasó su infancia y juventud y a la cual dedicó sus mayores esfuerzos y desvelos, porque en ella creció libre y feliz, cuando la vida le deparaba sus mejores mieles.


Pero un día, su pueblo y él pasaron a ser esclavos, sin garantías ni derechos humanos, porque su provincia fue invadida, arrebatada su soberanía y enajenada por un tratado internacional por 10 años, que se prolongaron a 50, por imposición del poder militar de Chile y por cuya liberación luchó con gran sacrificio y denuedo, sufriendo destierro y arriesgando a cada instante la vida:

¡Patria del corazón! La suerte un día,
te hundió en el pecho con furor la espada,
y hoy, abatida pero no humillada,
pareces un león en la agonía.

 

Antes, cuando dichosa te veía,
fuiste por mí con entusiasmo amada;
pero hoy, que veo que eres desgraciada
no te amo ya... ¡te tengo idolatría!

2. El rostro hacia el suelo para adorar infinitamente a esa tierra bendita

 

Pidió, suplicó, rogó que lo enterraran en ella con el rostro hacia el suelo para besarla eternamente.

¡Oh! ¡Quien pudiera, Patria, quien pudiera
disipar las tinieblas de tu cielo
y sucumbir envuelto en tu bandera!

 

Yo, tal fortuna es todo lo que anhelo,
¡y que me echen de cara cuando muera,
para besar el polvo de tu suelo!

Al morir en tierra extranjera, en la ciudad de Marsella, tuvo al lado a la mujer devota, ungida y consagrada que besó sus labios que habían modulado en silencio tantas oraciones por la Patria cautiva, y quien cerró sus ojos en los cuales estaban intangibles los paisajes de su Tacna cautiva.


Y fue cierto también que en 1968 se repatriaron sus restos desde ese puerto sobre el mar Mediterráneo, donde murió el 30 de octubre de 1929, gestionando apoyo internacional para la devolución de Tacna al Perú.


Y fue sepultado en un mausoleo en el cementerio general de Tacna donde mora, y en la forma cómo él lo pidió: con el rostro hacia el suelo para adorar infinitamente a esa tierra bendita, como él lo quiso y lo expresó infantil y reverente.

 

3. ¡Sufre, pero no lances ni un lamento!
¡Muere, pero no cambies de bandera!

 

Poeta inmenso, de vuelo intrépido y de aura trágica; su vida la cruzó llevando clavada una espada en el alma: porque la tierra en la cual nació feliz, y a la cual amaba entrañablemente pasó, de modo violento y brutal, a una situación de esclavitud y cautiverio. Ello por efecto de una guerra para la cual Chile se preparó intencionalmente a fin de invadirla con la anticipación de por lo menos una década.


La pretensión era adueñarse de los yacimientos de salitre de esa región –como finalmente así ocurrió– a fin de cederlos a una potencia extranjera. De ese modo pasó Tacna a ser posesión de Chile por 10 años, de acuerdo al Tratado de Ancón, período cumplido el cual se realizaría un plebiscito, a fin de decidir su soberanía, el mismo que no se realizó nunca.


Federico Barreto es el cantor infausto de dicho período, del cautiverio que se le impuso a Tacna y Arica. Él encarna el anhelo profundo y sentido de los tacneños de volver al seno de su Patria, el Perú.

De mi suelo natal estoy proscrito,
y al verme aquí, tan lejos de mis lares,
la indignación ahoga mis pesares,
y en lugar de una queja, lanzo un grito.

¿Cuál fue, decid, mi crimen inaudito?
¿Adorar a mi Patria en sus altares?
¿Consagrarle mi brazo y mis cantares?
¡Pues hónranme la pena y el delito!

 

¡Madre Tacna! Soporta tu tormento
con el valor del mártir en la hoguera.
¡Muéstrate grande hasta el postrer momento!

 

Fija está en ti la humanidad entera.
¿Sufre, pero no lances ni un lamento!
¡Muere, pero no cambies de bandera!

4. Cayeron de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria

 

Compuso en vida uno de los textos más hermosos representativos de ese fervor patriótico, titulado “La procesión de la bandera” que en verdad es un artículo periodístico de un hecho concreto y real que ocurrió tal cual allí se narra. No es un cuento sino una crónica ceñida totalmente a un evento y circunstancia histórica de Tacna ocupada, cual es que: la Benemérita Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos el Porvenir pidió permiso, en julio de 1901, para honrar la bandera peruana, portándola para su bendición en la iglesia matriz de Tacna. Se prohibió este hecho, pero luego de diversos acontecimientos:


Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego, sin previo acuerdo, como impulsados por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria.


No se oyó una exclamación, ni una sola exclamación ni el grito más insignificante. Sellados todos los labios por un compromiso de honor, permanecieron mudos. Y en medio de aquel silencio extraño y enorme que infundía asombro y causaba admiración, la bandera, levantada muy arriba, avanzó lentamente por en medio de aquel océano de cabezas descubiertas.


Este suceso quedó marcado tan profundamente que en su conmemoración se ha instituido en Tacna “La procesión de la bandera” que se celebra en un acto central de profunda emoción y significado el 28 de agosto de cada año.

 

5. El anhelo de regresar al seno de la Patria era inconmovible

 

Por el Tratado de Ancón de 1883, se enajenaba a perpetuidad e incondicionalmente el territorio peruano de Tarapacá y dos provincias quedaban en posesión por 10 años, periodo al final del cual se haría un plebiscito para determinar a qué soberanía de país pasaban a pertenecer.


La política expansionista de Chile calculó que ese período era más que suficiente para convencer a las personas de esos territorios acerca de las ventajas de ser chilenos. Pasaron 10 años y la población de ambas provincias era unánime en su determinación de pertenencia al Perú. Pasaron 20, 30, 40 y cerca ya de 50 años y el anhelo de regresar al seno de la Patria era inconmovible.


Medio siglo y ambas provincias seguían cautivas. La política de obstaculización a todo signo de peruanidad se hizo feroz: no se permitía el funcionamiento de escuelas públicas peruanas, se clausuraron todos los centros educativos particulares. Se desapareció, hostigó o expulsó a maestros, sacerdotes, periodistas; se pusieron dificultades para el funcionamiento de entidades financieras, se prohibió el funcionamiento de imprentas, editoriales y publicaciones periódicas.

 

6. ¿Hay algún ejemplo como este en la historia de la civilización humana?

 

A la inversa, si la determinación era a favor de Chile las prebendas eran magnánimas. Caso opuesto la represión era temible. Los militares chilenos en Tacna sumaban ocho mil en una población que apenas lo duplicaba.


Habían pasado tres generaciones y el sueño de retorno a la heredad nacional continuaba insobornable. Uno de sus paladines era Federico Barreto que consagrado a dicha causa corrió mil riesgos. ¿Hay algún ejemplo de pueblo y de personajes en la historia de la civilización humana que se compare con esta persistencia y heroísmo?:

Tacna es un pueblo heroico
produce asombro y sirve de enseñanza
El mundo entero canta en su alabanza
al son de los clarines de la gloria.

 

Por la Patria que vive en su memoria,
luchó mil veces lleno de pujanza
y cayó sobre el campo de la Alianza,
retando, por injusta, a la victoria.

 

Para cantar ¡oh! ¡Tacna! tu denuedo
y tu cautividad y tu agonía
preciso fuera despertar a Olmedo.

 

Yo también tus hazañas cantaría:
pero el dolor me ahoga y solo puedo
decirte con el alma: “Madre Mía”.

7. Hay que evitar la afrenta sobre todo.
¿Lodo? ¡Eso nunca! ¡Sangre antes que lodo!

 

Federico Barreto tenía 17 años cuando se declaró la guerra al Perú. Había publicado ya su primer poema en el periódico “Los andes” de Tacna, ciudad donde nació el 8 de febrero de 1862, hijo del coronel Federico María Barreto y de doña Ventura Bustíos.


Fue a los 17 años también, en 1879, que asomó a su vida aquella realidad sombría y tremenda: ¡la guerra! La vida, que a esa altura de los años se ofrece primorosa, como un tallo lozano con la pujanza de crecer de manera plena y total, se viene a interrumpir y dar de bruces con una situación ineludible que se tiene que afrontar, porque es un compromiso legítimo de defensa.

Desde que vi la luz mi pecho anida
dos amores: ¡mi Patria y mi bandera!
Por mi Patria, el Perú, ¡doy la vida!
Por mi bandera el alma, ¡el alma entera!

 

Yo quiero que mi Patria bien querida
vuelva a ser en América lo que era,
y que mi enseña, blanca y encendida,
flote muy alto y ¡sea la primera!

 

¡Mi Patria! ¡Mi bandera! Desde niño
fueron mi encanto, fueron mi cariño.
Ni la sangre que deja horribles huellas

 

ni el lodo, que es baldón, caigan sobre ellas.
Hay que evitar la afrenta sobre todo.
¿Lodo? ¡Eso nunca! ¡Sangre antes que lodo!

8. Asumió la épica del cautiverio, la consagración cotidiana a un ideal

 

Desatada la guerra sus padres lo obligan a trasladarse a Lima para completar sus estudios, pero sensible a la angustia y el padecimiento en que estaba sumido su pueblo retornó a su ciudad nativa; y no obstante la violencia de la ocupación extranjera, animó la expresión de los sentimientos patrióticos de las provincias cautivas.


Con su hermano menor, José María, fundaron el periódico “La voz del sur”, bastión desde el cual lucharon denodadamente por la reincorporación de Tacna y Arica al Perú. Decidió consagrarse al ideal de mantener latente e irreducible la aspiración de volver a integrar su ciudad a la heredad nacional.


Con su brazo en alto, las letras y palabras que salían de su pluma e inflamado su ardiente corazón, hizo de la poesía su arma de lucha para la resistencia del pueblo tacneño a todo encubrimiento y a toda seducción por cerca de cinco décadas.


Poeta guerrero, trovador, belígero, que desafía, que erige y que proclama. Su palabra es un volcán que estalla, inflama y se expande con indignación. Levanta la frente de bardo irreductible, altivo, se expone y arenga.


De mirada franca y tierna como la de un niño. De cólera santa y firme, de golpes de puño contundentes. Un alucinado, impertérrito, corajudo siempre. Hijo adorable, de corazón brioso, de temple ígneo. Su verbo es lanza, saeta, espada.

 

9. Orgullo de la tierra a la cual pertenecemos

 

A la Patria le da su vida y a los hombres que la defienden. Con veneración ciega y sublime, porque a la tierra se la adora, se la ama y se la exalta:

El morro hacia el océano se adelanta
como un león que acecha lo infinito,
ruge el mar y parece que su grito
le hace estallar la fiera en su garganta

 

El morro asombra y a la vez espanta,
finge si se le mira de hito en hito,
un gigantesco puño de granito
que amenazando al cielo se levanta.

 

Sobre ese monte infinito y solitario,
Bolognesi, el guerrero de renombre,
murió como Jesús en el calvario.

 

Y ambos son inmortales por su suerte
El Cristo que era Dios murió como Hombre
el hombre como un Dios marchó a la muerte.

Ese es el sentido de pertenencia, de filiación, de arraigo, a un guijarro, un corpúsculo de agua, a un halo. Y eso es lo que nos enseña; a pertenecer a algo en este mundo. Es también su magisterio confianza absoluta en lo que somos, pese a los reveses, desventuras y hasta desgracias.


Son estos hombres los que nos legaron un futuro que hoy nos llena de orgullo. Orgullo de la tierra a la cual pertenecemos.

10. Se había jugado tanto la vida y batido en mil batallas

 

El 8 de junio de 1890 por iniciativa del Perú se recuperan los restos mortales exhumados de los combatientes del Morro de Arica y del Alto de la Alianza. Se encomienda al Capitán de Navío Melitón Carvajal recibir a nombre del país los catafalcos. La multitud de peruanos en Arica se arremolina como una marea silenciosa. Una emoción fuerte, de honor, deber y coraje embargaba a los asistentes.


Al divisar entre el público presente a Federico Barreto hay entre la multitud agolpada un murmullo que se expande por toda la concurrencia. El poeta permanece con las mandíbulas apretadas, hierático, cejijunto. Se oye una voz que clama:


– ¡Que hable Federico Barreto!


– ¡Que hable! ¡Sí! ¡Que declame!


Los soldados chilenos aprietan sus fusiles y hacen un gesto de rechazo e impaciencia.


– ¡Queremos escuchar a Barreto!


– ¡Habla Federico!


Siempre les fue a los chilenos un hueso duro en la garganta. Pero en este caso la prohibición es tajante. No se consentirá ninguna alocución patriótica. Se cumplía con un severo protocolo establecido rígidamente. Es lo único que podrá hacer efectiva esta entrega difícil y pacientemente gestionada.

 

11. Ser tiernos con los tiernos

 

Esto lo sabía más que nadie el propio poeta, pero al mismo tiempo se había jugado tanto la vida y batido en mil reyertas para ganar la prerrogativa legítima como ciudadano a tener voz y de hacer respetar sus derechos.


¡Su nombre figura remarcado en rojo en las listas negras de los servicios de inteligencia chilenos! ¡Tantas veces ha sido amenazado y ahora, ante los restos mortales de esos héroes!, ¿iba a callarse?


¡Cualquier sacrificio era poco en relación al que habían hecho los peruanos envueltos en los túmulos que hoy día se entregaban!


Avanzó unos pasos hasta la explanada y con voz de trueno prorrumpió:


– Peruanos. ¡Hermanos! La Patria recibe hoy los restos mortales de estos inmortales que murieron aquí defendiendo el Morro de Arica, para legarnos una Patria digna, con la conciencia moral inmaculada de no arriar jamás la bandera, actuando siempre con hidalguía y honor en todo trance en el cual se pretenda ofenderla. ¡Peruanos! Ser tiernos con los tiernos y duros e insobornables con los malos. ¡Peruanos!...

 

12. ¡Oh Patria amada! –gritó y se desgranaron los versos de su poema “Legión guerrera”

 

La multitud lloraba


– ¡Oh Patria amada! –aulló y se desgranaron los versos de su poema “Legión guerrera”, que dicen:

Ayer con voz potente pero triste,
quiero héroes nos dijiste
que aventajen aquellos de Ayacucho;
y, allí, en la cumbre de ese Morro fiero,
luchó este pueblo entero
¡hasta quemar el último cartucho!

 

Hoy, volviendo otra vez aquí los ojos,
nos pides los despojos
de estos patricios de inmortal memoria;
y nosotros que bien te comprendemos
aquí te los traemos
cubiertos con los lauros de la gloria.

 

Aquí está ¡Oh, Patria! la legión guerrera
que al pie de tu bandera
desafió el destino, pecho a pecho;
aquí están ¡ay! los que con brazo fuerte,
supieron defenderte
esgrimiendo la espada del Derecho.

 

Aquí está Inclán, Mendoza y Nacarino;
aquí yace ¡oh, Destino!
Arias, el mártir, de brillante historia,
y aquí, por fin, el valeroso Ugarte,
que, envuelto en tu estandarte,
escaló aquí la cumbre de la gloria...

Hasta los soldados chilenos se los veía imbuidos de una emoción profunda.


 

13. En las sombras, cuando el día ha muerto el alma mía por su ausencia llora

 

Tres libros orgánicos conforman la obra poética de Federico Barreto. El primero lleva por título “Algo mío” y se publicó el año 1912. Dentro de ese poemario sobresalen el largo y dolido poema “Madre mía” y el inolvidable “Más allá de la muerte” dedicado a la escritora Zoila Aurora Cáceres (Evangelina). También el cadencioso y con aroma a naturaleza “Indiana”, que hecho música ha sido entonado en los rincones más apartados del país.


Su segundo libro lo tituló “Aromas de mujer” y fue publicado en 1927, dos años antes de la muerte de su autor. Continúa la línea romántica y la emoción vibrante de su libro anterior, destacando los poemas “Mis golondrinas”, “Pensando en ti” y “Limosna de Jesús”.


Su tercer poemario fue publicado póstumamente, el año 1964, con el título de “Poesías”, por iniciativa de la Casa de la Cultura de Tacna y por la dedicación de Carlos Alberto Gonzáles quien acopió poemas dispersos en periódicos, revistas y hojas sueltas.


Muchos de sus poemas circularon de boca en boca, o impresos en hojas y en pliegos al viento, o bien fueron incluidos en las páginas de revistas o periódicos.


Es justo recordar aquí también que Federico Barreto además de intenso poeta fue un combativo periodista, quien ejerció su magisterio patriótico en publicaciones periódicas como “Los Andes”, “El progresista” (1886), “La voz del sur” (1893) y la revista “Variedades” de Lima (11921- 1924). Fue autor igualmente de “Frente al Morro” (1925, diario de la vida a bordo del “Ucayali”, surto en las aguas de Arica, durante el plebiscito).

14. Lo que más importa es que dichas versiones formen parte del cancionero popular

 

Pero hay un aspecto que debemos relevar y es que mucho su poesía ha tenido el amplio privilegio de ser musicalizada, en versiones que circulan en el ámbito nacional como internacional, aunque en este aspecto lo que más importa es que dichas versiones forman parte del cancionero popular, que entonamos.


Cada día, casi podríamos decir distraídamente, sin tomar en cuenta que estamos vocalizando palabras y versos compuestos por él, es muy probable que tú, amable lector, hayas cantado sus palabras y ritmos y lo estés cantando mentalmente en valses como “Ódiame”, “Aurora”, “Antes que tú”, etc.


Carlos Gardel, a quien alguien le obsequió el libro de poemas de Federico Barreto, musicalizó uno de sus poemas: “Queja a Dios”, que dice:

Me has entregado, ingrata, al abandono,
y yo, que tanto y tanto te he querido,
ni tu negra traición echó en el olvido
ni disculpo tu error... ¡ni te perdono!

No intentes, pues, recuperar el trono
que en mi pecho tuviste, y has perdido.
En el fondo del alma me has herido
y en el fondo del alma está mi encono.

Yo no podría, es cierto, aunque quisiera,
castigar como debo tu falsía;
mas la mano de Dios es justiciera...

¡Castígala, Señor con energía!
Que sufra mucho; ¡Pero que no muera!
¡Mira que yo la adoro todavía!

Este poema había sido publicado antes de la aparición del libro, en el año 1903 en la revista Actualidades, con el título de “Jaspe”, que luego al incluirse en el libro fue cambiado por el de: “Queja a Dios”. Fue gravado en 1919 por Carlos Gardel y José Razzano cambiando el título por “Aurora”. 

 

15. Yo, humilde bardo del hogar tacneño, que entre pesares mi existencia acabo


Otra canción muy conocida en España y que tiene letra suya es el vals que dice:

Ódiame por piedad, yo te lo pido...
¡Ódiame sin medida ni clemencia!
Más vale el odio que la indiferencia.
El rencor hiere menos que el olvido.

Es un poema de Federico Barreto que tiene por título “Último ruego”.


Mario Vargas Llosa consigna en su libro “La señorita de Tacna” este poema de Federico Barreto que al decir de él cantaba su tía:

Tan hermosa eres Elvira, tan hermosa
que dudo siempre que ante mí apareces,
si eres un ángel o eres una diosa.

 

Modesta, dulce, púdica y virtuosa
la dicha has de alcanzar, pues la mereces.
Dichoso, sí, dichoso una y mil veces
aquel que al fin pueda llamarte esposa.

 

Yo, humilde bardo del hogar tacneño,
que entre pesares mi existencia acabo,
para tal honra júzgome pequeño.

 

No abrigues pues, temor porque te alabo:
Ya que no puedo, Elvira, ser tu dueño,
déjame, por lo menos, ser tu esclavo.

Otro soneto suyo “Mi Patria y mi bandera”, en su versión musical compuesta por los músicos Libornio y Ugarte, fue adoptado como el himno del colegio Nuestra Señora de Guadalupe de Lima.

 

16. Legado que nos alcanza como el decurso de un destino invisible

 

Federico Barreto murió en el puerto de Marsella, al sur de Francia, el 30 de octubre de 1929. Como él lo quiso, sus restos fueron repatriados el año 1968 y dados sepultura besando la tierra de Tacna.


Su obra es una lección de lucha y coraje. De un ser inflamado de una fe, de un corazón vehemente inspirado por una emoción sacratísima, henchido de ira santa.


Es la obra de un paladín enérgico, legendario y mítico, a quienes los dioses le dieran una misión gloriosa que cumplir. Un ser proteico, imbuido de un fuego sagrado, visionario, iluminado por el ardor hierático de las grandes causas.


¿Cuál es ese? El amor a la tierra donde se ha nacido, vivido y por la cual se ha luchado, se lucha y se muere. Ése es el núcleo central de la poesía de Federico Barreto, aquel peruano esencial de cuyo lirismo nos hemos nutrido sin conocerlo ni saber su nombre.


Incluso cuando en el patio de nuestra escuela de provincia nos desgañitábamos entonando las canciones que él las escribiera. Amor y Patria en la poesía de Federico Barreto es el legado que nos alcanza como el decurso de un destino invisible, pero elevado y venerable.

 

17. Los  arrayanes y claveles de los huertos de Tacna jamás lo olvidan

 

El día 28 de agosto de 1929 amanece en Tacna y las campanas en todas las torres repican al vuelo, a rebato, a júbilo; durante toda la mañana, mientras en la Plaza de Armas el pueblo se abraza, cae de rodillas, llora de alegría, hay una pena inmensa oculta, secreta e impalpable.


Cincuenta años cautiva había permanecido esta provincia con una fe inquebrantable de cuál era su pertenencia, su filiación y su promesa; fe legada de padres a hijos, soportado mil sinsabores y sacrificios por la cautividad.


Federico Barreto no vivió ese día siendo uno de sus adalides. No estuvo en su tierra nativa. El día en que se reincorporada su tierra al seno de la Patria, el Perú, que fue su llama votiva y su desvelo, el destino no le deparó esa dicha; igual como le privó de tantas y tantas otras complacencias.


¿Dónde estaba? Envuelto en un gabán miraba con la misma pena por la ventana los paisajes, mientras el tren corría bordeando el mediterráneo. Suspiró por su tierra natal, pensando en volver cualquier día. Tenía los nervios destrozados. Escribió días antes el poema “Delirius tremens”, Desde que tuvo la edad de ejercer su ciudadanía Tacna estaba ocupada bajo una bota militar.

 

18. Su fe adorable

 

Había una pena inmensa en Tacna entre las muchas penas invisibles que se deslizaban esa mañana del 28 de agosto de la reincorporación de Tacna al Perú. Era por el poeta heroico, combativo, inclaudicable. Por aquel imbuido de mística santa. Ríspido, lleno de honda amargura.


Era esa melancolía en medio de la fiesta por aquel que ahora estaba lejos, pero cuyo destino estaba tan ligado al de Tacna.


Y al de una fe inquebrantable que pocas personas y pocos pueblos en el mundo pueden ostentar, como él y como Tacna lo exornan para gloria del género humano.


Cincuenta años de una vida ciudadana marcada por el infortunio y el dolor. La amargura de ver a su tierra amada, “Mi madre” –decía él– y que lo vio sojuzgada y nunca libre.


Al exhalar su último suspiro estaba en su alma esta tierra.


Los  arrayanes y claveles de los huertos de Tacna jamás lo olvidan.


Son sus garantes los ficus que aquí velan su majestuoso reposo.


Su campiña de hondo sol y las campanas que repican en cada amanecer nos recuerden el dolor de su corazón como también y siempre su fe adorable y su amor eterno.

 

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