Marianne Moore

Texto de Mirta Rosenberg

Marianne Moore en 1935. Fotografía de George Platt Lyne

Seguramente la más original de las poetas norteamericanas de este siglo, Marianne Moore ha sido muy escasamente traducida al castellano, con excepción de su presencia en antologías, así como de la selección de sus poemas preparada por Hugo Padeletti y Mirta Rosenberg que publicó el Centro Editor de América Latina en 1988. Este dossier, apoyado centralmente en la presentación de algunos de los muchos poemas de Miss Moore que quedaban inéditos en castellano, fue preparado por Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich, con la colaboración de D.G. Heldery de quienes firman notas y traducciones.

A modo de cronología: Marianne Craig Moore nació el 15 de noviembre de 1887, en la rectoría de su abuelo, el pastor presbiteriano John Riddle Warner, en Kirkwood, Missouri, un suburbio de St. Louis, ciudad donde poco después nacería otro gran poeta norteamericano, T. S. Eliot. Ya embarazada de Marianne, su madre, Mary Warner, se separó de su esposo George Moore, quien había padecido una perturbación mental, aparentemente provocada por la pérdida de toda su fortuna en el empeño de fabricar un horno que no produjera humo. Como los esposos nunca se reconciliaron, Marianne Moore ni siquiera llegó a conocer a su padre. Este, según parece, fue internado en una institución psiquiátrica donde, pasada la crisis, permaneció toda su vida en calidad de empleado. Mary Warner interrumpió toda relación con su familia política, negándose a recibir cualquier ayuda de ellos, eligiendo, en cambio, irse a vivir con su padre y llevarse con ella a Warner, su hijo mayor, que tenía en ese momento un poco más de un año.

Así, los primeros siete años de la vida de la poeta —hasta la muerte del pastor Warne— transcurrieron en la plácida pero severamente piadosa atmósfera de la rectoría, consentida por su madre, protegida por la figura gigantesca del abuelo—de quien la madre era devota— y en indisoluble compañerismo —que duraría toda la vida— con su hermano Warner. En 1894, después del fallecimiento del reverendo Warner, la familia —Mary Warner y sus dos hijos— se trasladó a Carlisie, Pennsylvania.

La familia viviría allí más de veinte años, y allí se consolidaría la rígida estructura familiar, centrada en la madre y sus altísimos niveles de exigencia y probidad moral, que lograron que, a pesar de sus escasos recursos, su hijo Warner se educara en Yale y Marianne en Bryn Mawr —en ese momento la universidad más prestigiosa para mujeres.

El primer año en Bryn Mawr evidentemente resultó muy duro para la poeta por el alejamiento de su madre, su casa y todo lo que le resultaba familiar. Su desempeño académico no fue en realidad muy exitoso. Sólo en el último año pudo elegir materias literarias — optó por “Escritura imitativa de autores ingleses del siglo XVII”—, ya que antes sus profesores no la consideraron suficientemente dotada —sus ensayos eran una “telaraña de citas” (notable si se piensa en el papel que las citas desempeñarían en su poesía ulterior) y “carecían de claridad”— y debió limitarse a tomar cursos de biología, de los que no obstante disfrutó, y que también jugarían un papel relevante en su producción. A pesar de las dificultades, Bryn Mawr tuvo para Moore una importancia crucial. Los cuatro años que pasó allí le proporcionaron no sólo una sofisticada formación intelectual, sino que también le dieron identidad y conciencia de sí misma como escritora, y un cierto reconocimiento a partir de su integración a Tipyn O'Bob, la revista de las alumnas, donde publicó varios relatos y algunos poemas.

En 1909, Moore se gradúa en Bryn Mawr. Firmemente convencida de su destino de escritora, debía decidir ahora entre varios empleos, una “posición en el mundo”, o una tranquila vida hogareña. Su hermano Warner se había graduado en Yale un año antes y, tras ciertas dudas, había optado por ingresar al Seminario Teológico de Princeton para dedicarse, como su abuelo, a la vida clerical. Por fin, siguiendo las directivas de una consejera de Bryn Mawr, Moore se inscribe en cursos secretariales de taquigrafía, preparándose para un puesto docente en la Escuela Industrial India de Carlisle. Por entonces, envía a su hermano Warner una carta —de importancia porque es la última vez (y tiene veintitrés años) que menciona para sí misma alguna posibilidad matrimonial— en la que le cuenta que tiene siete pretendientes entre los jóvenes que pasan sus vacaciones o trabajan en el lugar y, según dice, todos ellos son “dandys”. Pero al mes siguiente, le envía otra carta donde le aclara que usa la palabra “pretendiente” de manera laxa, ya que no se toma en serio a ninguno.

El comienzo de su trabajo en la Escuela India marca para Marianne un período durante el cual experimentará —y eso ocurrirá durante toda su vida— malestares debido a la “carga” que implica para ella la responsabilidad en el mundo, y en el que se dedicará con renovado vigor a la tarea de la escritura, a pesar de que sólo se publicaron dos de sus poemas hasta 1915.

Indiferente a los rechazos, Moore sigue enviando poemas a las revistas y periódicos, respaldada por Warner, y concentrada en el pulido de lo que serían sus peculiares innovaciones estilísticas, cada vez más alejadas de las descripciones “blandas” y de la enumeración de los axiomas morales aceptados. Pero otro cambio se preparaba. En 1915, gracias a Pound, Richard Aldington e Hilda Doolittle, se publican varios poemas de Moore en The Egoist, de Londres (en un número especial dedicado al imagismo) y otros más en Poetry, de Chicago, publicación de la que Pound era asesor. Un viaje de veinte días a Nueva York, en diciembre de 1915, corona el período, pues significa para Moore su primer contacto con la comunidad literaria de Greenwich Village. El resultado de este viaje parece haber sido la aceptación de Moore —y tal vez de su madre también— del hecho de que la actividad creativa estaba inevitablemente vinculada con un estilo “bohemio” y poco ortodoxo, y de que Nueva York le ofrecía esa “accesibilidad a la experiencia” que ella necesitaba para su desarrollo poético.

Estas percepciones se verían favorecidas por la decisión de Warner, quien resolvió aceptar un cargo de pastor en Chatham, Nueva Jersey, a pesar de haber ingresado ya como capellán a la Marina, y esta aceptación volvería a reunir a la familia, ya que Moore y su madre vivirían con él, ayudándolo en sus obligaciones pastorales. Los Moore vivieron juntos en Chatham —a pesar de las ausencias del propio Warner, quien había seguido sirviendo en la Marina— durante un par de años. El desenlace de la situación fue imprevisto: Warner contrajo matrimonio con Constance Eutis —escapando finalmente al dominio de su madre, ya que Mrs. Moore había objetado todas las relaciones anteriores (numerosas) de Warner con mujeres— y Marianne y su madre se mudaron a Nueva York. Corría el año 1918.

Nueva York

“El romance del salvaje” fue la definición que Marianne Moore dio de Nueva York. Ella y su madre vivieron primero, durante diez años, en Greenwich Village, donde Marianne seguiría sumergiéndose en la vida literaria, mientras trabajaba medio día en la filial de Hudson Park de la Biblioteca Pública. La presencia de la ciudad se haría sentir en sus poemas, como “Museums” y “Dock Rats”, y Moore pronto conocería, en la casa de Lola Ridge a Scofield Thayer, director de la revista The Dial. Así se inició una relación que sería crucial para Moore, y que ocasionaría también algunas habladurías en el Village. Marianne estaba, según William Carlos Williams, muy fuera de lugar en ese ambiente un poco escandaloso y novelero, con su autodisciplina y su vigorosa ética colmada de principios morales. Thayer estaba casado con Elaine Orr, con quien había tenido una hija, pero Orr era abiertamente la amante de e. e. cummings, una' situación supuestamente estimulada por el propio Thayer. Aparentemente, la relación entre Thayer y Moore no pasó del nivel del rumor, pero no obstante fue de gran importancia para Marianne, quien hizo su aparición en las páginas de The Dial con dos poemas, “England” y “Picking and Choosing”. Durante este período, además, Moore comenzó a publicar reseñas sobre sus contemporáneos, notablemente T. S. Eliot y William Carlos Williams. Recibió la visita de H. D., quien había viajado a EEUU acompañada por Bryher —Winifred Ellerman—, una escritora y millonaria heredera con quien Doolittle estaba vinculada sentimentalmente y que prestaría a Moore apoyo financiero durante toda la vida. Como consecuencia de esta amistad, Egoist Press publica en 1921 el primer libro de Moore, Poems, en una edición de 300 ejemplares. Eliot escribió sobre Poems y la plaqueta Matrimonio en el Dial de diciembre de 1923, y esta reseña contribuyó grandemente al establecimiento de su reputación poética. Eliot califica la poesía de Moore como “aristocrática”, por su refinamiento, que en nada implica una antítesis del arte popular. Considera que su arte es aristocrático en tres aspectos: por su nuevo ritmo (“el punto más valioso”), su brillante y peculiar utilización de “la curiosa jerga que produce en América la educación universitaria”, y por su “primitiva simplicidad de fraseo”.

El año siguiente, 1924, sería excelente para Moore, por la publicación de Observations y la asignación del Dial Award, 2000 dólares, premio que recibiría William Carlos Williams en 1925, poco antes de que Moore comenzara su actuación como editora responsable de The Dial. En el transcurso de los cinco años siguientes, hasta el cierre del Dial en 1929, Moore asumió cada vez mayor responsabilidad por los contenidos de la revista. En ese lapso, e incluso hasta 1932, no publicó ningún poema, aunque sí gran cantidad de prosa, los comentarios editoriales del Dial y reseñas críticas.

Pero para Marianne Moore y su madre, el acontecimiento más importantes de 1929 no sería el cierre de The Dial, ni la renuncia definitiva de Marianne a su cargo en la Biblioteca Pública, ni tampoco el principio de la Depresión, sino una nueva mudanza, esta vez a Brooklyn, debida una vez más a los avatares de la vida de Warner, cuyo cargo en la Marina lo enviaba al Brooklyn Navy Yard.

Más allá del puente de Brooklyn

Fueron a vivir a un departamento cuya dirección —260 Cumberland Street— se tornaría casi mitológica: una ruta obligada de peregrinación de todos aquéllos que tenían la fortuna de ser invitados (aceptados por Mrs. Moore).

Brooklyn, donde viviría durante los siguientes treinta y siete años, le proporcionaría sosiego y oportunidad para dedicarse de lleno a la producción literaria. Al poco tiempo de vivir allí, comenzó a frecuentar los dos centros que la abastecerían de fuentes de información y de lectura: el Brooklyn Institute of Arts and Sciences y la Biblioteca Pratt. El Instituto patrocinaba todo tipo de conferencias, charlas y lecturas. Moore no sólo asistió a lecturas de poesía (Harriet Monroe, Edna St. Vincent Millay, William Butler Yeats, etc.) allí, sino que ella misma leyó, en diciembre de 1936. En realidad, iba al Instituto con tanta frecuencia que le contó a Pound que su madre solía bromear diciéndole que tal vez debiera considerar la posibilidad de dormir en el mismo sitio. La Biblioteca Pratt, por su parte, se convirtió rápidamente en su proveedora de material de lectura y consulta. Estos dos centros, sin duda, actuaron como reemplazo de su actividad en The Dial y de las reuniones literarias que la habían alimentado durante la década de 1920 en el Village.

En 1932, a instancias de Harriet Monroe, volvió a publicar, interrumpiendo así su prohibición autoimpuesta desde la época del Dial. Monroe le pidió dos reseñas críticas, una de ellas sobre A Draft of XXX Cantos, de Pound, que resultó en un esfuerzo crítico de importancia. La década de 1930 fue importante para Moore, no sólo por la publicación en Inglaterra y Estados Unidos de sus Selected Poems (otra vez con una introducción de T. S. Eliot), sino también por la consolidación de su relación con Pound, relación que, a pesar de las objeciones de Moore (quien alabó la energía de Pound pero objetaba “su rapidez para alzar el garrote”), nunca se debilitaría.

Hubo otros acontecimientos de importancia para ella en esos diez años: la publicación — nuevamente vía Bryher— de The Pangolin, una breve colección de cinco poemas en una bellísima edición limitada, y el establecimiento de dos nuevas relaciones especialmente valiosas, con W. H. Auden y con Elizabeth Bishop.

La enfermedad de Mrs. Moore, sumada a los avatares de la Segunda Guerra Mundial, convirtieron la década de 1940 en un período muy complejo para Marianne Moore.

Los acontecimientos se suceden: publica en 1941 otro pequeño libro, What Are Years; y Nevertheless en 1944, reseñado de manera especialmente aguda por Auden en The New York Times. Recibe en 1945 la Beca Guggenheim, y en 1947, es designada miembro del Instituto Nacional de Artes y Letras.

La muerte de Mrs. Moore, en 1947 marca otro hito relevante dentro de la vida de la poeta. Tras el fallecimiento, Moore queda en mal estado.

No escribe, y toda su energía se concentra en terminar su proyecto de traducir al inglés las fábulas de La Fontaine. A fines de la década publica algunos poemas, entre ellos “Efforts of Affection”. Pero en julio de 1950, cuando se cumple el tercer aniversario del fallecimiento de Mary Warner Moore, su hija consigna en un cuaderno, a modo de recordatorio, la frase “la neuralgia de la nostalgia”.

No obstante, en esta época es evidente su resolución de no vivir en el pasado y, en realidad, las dos décadas siguientes implican para ella una suerte de segundo nacimiento.

A partir de la publicación de sus Collected Poems, los premios y el reconocimiento llueven sobre ella. En 1951, año de publicación del libro, recibe el premio Nacional y el Pulitzer. En 1953, es invitada a Bryn Mawr para la recepción del premio M. Carey Thomas, y gana, con Collected Poems, el premio Bollingen. En 1954 su poesía se traduce al alemán, y se publica su traducción de las fábulas de La Fontaine. En 1955 aparecen sus ensayos reunidos en un volumen llamado Predilections, recibe la Croix de Chevalier des Arts et Lettres, se convierte en miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Letras.

En 1966, debido a la inseguridad que reina en Brooklyn, Moore debe volver a mudarse: paradójicamente, vuelve al Village, ahora conmocionado — como durante la década del ’20 por los artistas bohemios— por el movimiento hippie, las drogas y la resistencia a Vietnam.

En 1968 gana la Medalla Nacional de Literatura, y arroja la primera pelota de la temporada de béisbol en el Yankee Stadium. En 1969 recibe el último de sus doctorados honorarios (dieciséis en total), esta vez de la universidad de Harvard. En 1970 publica su último poema y se retira de la vida pública. Muere el 5 de febrero de 1972. ”

 

por Mirta Rosenberg
 

Publicado, originalmente, en: Diario de Poesía Año 7. Nº 27. Julio de 1993

Link del texto: https://ahira.com.ar/ejemplares/diario-de-poesia-n-27/

Gentileza de Archivo Histórico de Revistas Argentinas

Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,

que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte

 

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