El cervantismo

por Jorge E. Rojas Otálora

Retrato de Miguel de Cervantes
Juan de Jáuregui (1600)

Las fiestas del III centenario del Quijote, llegaban a su fin; el cansancio ganaba los espíritus; el fracaso ruidoso, de aquel certamen de admiraciones, y el abuso estruendoso y cruel, de todas las formas de la Oratoria, más o menos exóticas, habían predispuesto los ánimos, contra el uso de la palabra hablada; la tribuna se hacía tediosa; una semana de festejos, cuasi todos orales y didácticos, habían agotado el tema y la paciencia, en los cerebros y en las almas de los cervantistas, aún los más apasionados: de Menéndez y Pelayo, en la Academia, a Navarro Ledesma en el Ateneo, el ciclo de la Oratoria apoteósica, había sido recorrido y parecía definitivamente cerrado . . .

Vargas Vila, Ars-Verba. 1917

Introducción

La conmemoración del cuarto centenario de la publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primera parte de las aventuras narradas en ese texto que luego se conocerá, en términos generales, como Don Quijote de la Mancha, ha generado un diluvio de trabajos críticos y de comentarios de diversa índole. Predominan las reflexiones de carácter histórico, las interpretaciones desde perspectivas diversas y los ensayos que pretenden actualizar el sentido de la obra cervantina. Del mismo modo, se ha producido un alud de congresos, coloquios, encuentros académicos, mesas redondas y conferencias que ilustran sobre los más diversos tópicos alrededor del citado texto. En todo este conjunto de contribuciones es importante separar el grano de la paja y, aunque no se pueden hacer generalizaciones abusivas, se puede afirmar que la mayoría de estas participaciones está a cargo de ilustres académicos, escritores, periodistas o lectores entusiastas que se han acercado a la obra de Cervantes por un interés cultural pero que no se pueden llamar, en sentido estricto, especialistas en la obra de este escritor ni, mucho menos, cervantistas consumados. De ahí se sigue la pregunta ¿qué es un cervantista?, ¿qué es el cervantismo? La presente nota intenta acercarse a una tímida respuesta sobre estos interrogantes.

Antecedentes

Algunos de los más grandes investigadores de la obra de Cervantes han querido precisar el concepto de cervantismo. Ludovic Osterc ha intentado definirlo en los siguientes términos: “ciencia que investiga las obras cervantinas, especialmente el Quijote, con el fin de esclarecerlas y divulgarlas” (9). Anthony Close señala que el cervantismo pretende recuperar fielmente el contexto histórico-cultural del Quijote (318). Por su parte, Vicente Gaos afirma contundentemente que Cervantes es el primero de los cervantistas, en el doble sentido de la expresión, pues es el primero en el tiempo y el mejor de ellos con sus reflexiones sobre su novela (211); esto puede entenderse como una invitación para que las reflexiones críticas sobre la obra de Cervantes acudan, en primer lugar, a las afirmaciones y comentarios que este autor incluye en la mayoría de sus textos. Por su parte, Leonardo Romero Tobar precisa que el término cervantismo, un neologismo en ese momento, se acuñó en la segunda mitad del siglo XIX como parte de una moda intelectual que llegó incluso a extremos ridículos de pedantería (118-119). Es curioso comprobar de qué manera la celebración del tercer centenario, en 1905, generó una polémica entre el cervantismo oficial y el quijotismo de los jóvenes escritores que proponían “una nueva estética, una nueva filosofía de la vida y un nuevo concepto —o proyecto— de España.” (Blasco 120).

En este contexto histórico conviene precisar quiénes fueron los primeros que se acercaron con un interés crítico a la producción cervantina. El profesor valenciano Gregorio Mayans y Siscar recibió el encargo de escribir una vida de Cervantes para ser publicada en una edición de lujo del Quijote, que sería editada en Londres. Este bibliotecario realizó una amplia indagación documental que generó una serie de descubrimientos para consolidar la biografía de Miguel de Cervantes y abrir un camino fructífero hacia búsquedas posteriores. El trabajo, publicado en 1738, parte de una atenta lectura de las obras cervantinas por lo cual el resultado, ante todo, es una defensa del valor literario del texto a partir de juiciosos análisis que, aunque puedan ser discutidos en su enfoque o en sus conclusiones, permiten que se le estime como el iniciador del cervantismo en España.

John Bowle, pastor de la iglesia anglicana, suele considerarse como el primer anotador del Quijote y, por lo tanto, fundador de la erudición cervantina por las notas que realizó para la edición española que se publicó en Londres en 1781; esta edición es la primera que incluye la numeración de líneas del texto para facilitar las referencias. Integran sus trabajos el tercer tomo de esta edición, con 324 páginas de anotaciones, índices de nombres propios, de palabras más notables y juiciosos comentarios de las dos partes de la novela. Igualmente, Bowle comentó los libros de la biblioteca de don Quijote, en la medida en que leyó todos los que pudo conseguir. Es interesante comprobar que este esfuerzo se enmarca dentro del periodo de la Ilustración, en el siglo XVIII, durante el cual hubo interés por el estudio de todas las manifestaciones culturales y, en especial, de la lengua como sistema. Para el caso del español es muy posible que Bowle haya sido influido y beneficiado por el esfuerzo de aquellos eruditos que primero fundaron la Real Academia de la Lengua Española en 1713, y luego promovieron la publicación del Diccionario de Autoridades, entre 1726 y 1739, en el cual el significado de cada vocablo se sustentaba en la autoridad de los grandes escritores anteriores en cuyas obras se atestigua. Del mismo modo, es en este siglo que se fija la ortografía de la lengua castellana en un doble movimiento que combina la fuerza de la tradición, sustentada en los autores clásicos, con las concesiones al uso.

A partir del valioso esfuerzo de Bowle, que se constituyó en modelo, se inicia una notable serie de eruditos que intentan el estudio de la obra cervantina desde diversas ópticas. Osterc, con un criterio que no ha dejado de ser polémico y discutible, los clasifica como progresistas o conservadores atendiendo a su perspectiva ideológica. Close, con una actitud más amplia, habla de dos tendencias: una “que busca acomodar el sentido de la novela al lector contemporáneo” y aquella que se interesa “por el rigor metodológico y la intencionalidad histórica del texto” (311), precisando en qué forma estas perspectivas han convivido de manera razonable para generar, según él, cuatro posiciones en la tradición crítica cervantina. En primer lugar, ubica a los estudiosos interesados en la investigación del sentido filológico del texto, de la vida del autor y de sus fuentes; en seguida sitúa a quienes interpretan la obra de Cervantes como expresión de su desengaño personal y frente a la sociedad en la que vivió; en un tercer lugar, aparece el acercamiento romántico que encuentra una mirada crítica frente a los libros de caballerías desde la tradición castellana; finalmente, surgen las interpretaciones del destino de España, llena de tendencias católicas y conservadoras.

Para Osterc, es con el libro El pensamiento de Cervantes de Américo Castro que se inicia el cervantismo científico, liberal y progresista, opuesto al cervantismo formal “que en la novela inmortal no veía más que un cúmulo de textos gramaticales y un almacén de figuras retóricas”, y al cervantismo reaccionario que veía solamente las “ideas retrógradas” (161). Close considera que el libro de Castro implicó “un desafío radical al cervantismo tradicional” (314) y marcó de manera definitiva el cervantismo posterior, aunque lo considera un acercamiento excesivo hacia lo que él llama el polo acomodaticio de la crítica cervantina.

El cervantismo actual

La pregunta que nos podemos hacer en este año del cuarto centenario es ¿existe una mirada crítica actualizada sobre la obra de Cervantes o se trata de una moda intelectual sobre la cual todo lector se siente obligado a participar? Ya en 1989 la jefe de la sección Siglo de Oro de la Biblioteca Nacional de Madrid, Teresa Malo de Molina, se hacía una pregunta similar y, para responderla, publicó un juicioso artículo del cual las líneas que siguen son deudoras. Se destaca, ante todo, la inmensa actividad editorial que, si bien se centra en el texto del Quijote, igualmente se interesa por las novelas ejemplares y el teatro, en particular los entremeses, y, en menor medida, en la lírica y en novelas menos difundidas como La Galatea y el Persiles.

Es necesario recordar que el Quijote es uno de los libros más editados, lo cual significa un permanente interés por su lectura y, de paso, un jugoso negocio editorial. Con todo, el hecho de que tanto Cervantes como su personaje conserven tanta importancia en el mercado literario debe celebrarse, en la medida en que esta circunstancia ha permitido que tanto las ediciones del Quijote como las biografías de su autor se estén renovando y enriqueciendo de manera permanente para llegar más allá del conjunto de los especialistas y hacerse accesibles al lector común, que es el que más debe interesar, sin que ello implique una desmejora de la calidad crítica o editorial.

Sin embargo, en todo este movimiento del campo cultural merecen ser destacadas varias ediciones relativamente recientes. En primer lugar, la de Vicente Gaos en tres tomos. Los dos primeros volúmenes corresponden a las dos partes del Quijote, con excelentes notas. El tercero constituye el trabajo crítico con “Apéndices”, “Índices” y “Estudios”, publicado por Editorial Gredos en 1987 y considerado por muchos estudiosos la mejor edición disponible. En seguida, la del Instituto Cervantes junto con la editorial Crítica en su pulcra colección Biblioteca Clásica, publicada en 1989 y dirigida por Francisco Rico, en dos tomos: el primero incluye las dos partes del Quijote, precedidas de un excelente prólogo elaborado por un gran elenco de cervantistas, y el segundo un volumen complementario que incluye una lectura erudita e interpretativa, capítulo a capítulo, y una serie de apéndices sobre diversos temas alrededor de la obra. Esto se completa con un CD que incluye el texto del Quijote en formato digital y un programa que permite una gran amplitud de consultas. Otra edición que debe ser destacada es la que realizaron desde 1998 los profesores Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas, dentro de la publicación de las obras completas de Cervantes en veintiún volúmenes acompañados con una edición digital en disquete, por Alianza Editorial. Finalmente, es importante señalar la edición de la Real Academia Española con la Asociación de Academias de la Lengua Española y la editorial Crítica, con motivo de los 400 años, a cargo de Francisco Rico. Ésta cuenta con los comentarios de un importante equipo de especialistas.

En un segundo momento, el interés editorial se enfoca hacia las Novelas Ejemplares, sin que se destaque alguna edición en especial. En un tercer puesto se ubican las obras dramáticas, comedias y entremeses, y, muy cerca del olvido, se hallan su poesía, y su primera y última novelas: La Galatea y el Persiles. Con todo, dado que estamos comentando los avatares del cuarto centenario del Quijote, las reflexiones sobre el resto de su producción se quedarán para otra ocasión.

El sentido de todas estas ediciones es, en primer lugar, proporcionar al lector interesado el acceso a un texto confiable en el que pueda disfrutar la obra de Cervantes. En segundo término, este esfuerzo editorial pretende sintetizar los logros de la crítica y motivar nuevos caminos para estos estudios cervantinos. En este punto es interesante detenerse a reflexionar sobre los senderos que han transitado los investigadores y qué nuevas rutas se pueden vislumbrar.

Un aspecto en el que los estudiosos de Cervantes han estado activos de manera permanente es el de la biografía. Aunque los ríos de tinta también han corrido en este aspecto, se pueden citar algunos de los aportes recientes más significativos como el de Jean Canavaggio, Cervantes, en busca del perfil perdido, que obtuvo el premio Goncourt de biografía y que se tradujo al español en 1987; Cervantes, vida y semblanza de Cristóbal Zaragoza, editada en 1991; Introducción a Cervantes, de Franco Meregalli, traducida del italiano en 1992 y Las vidas de Cervantes de Andrés Trapiello, 1993.

Como señala Malo de Molina, “no sólo queda mucho por decir, sino que, a pesar de muchos esfuerzos notables, hace falta renovar tanto los temas como las perspectivas de estudio” (1989). Con frecuencia se acude en exceso a la literatura comparada y se descubren relaciones entre la obra de Cervantes y tal o cual autor de determinada época o región. Del mismo modo, se descubren relaciones temáticas, estructurales, influencias, convergencias o coincidencias entre el autor alcalaíno y éste o aquél autor de aquí o de allá. De modo lamentable, proliferan los estudios en los cuales la obra de Cervantes no es más que un pretexto para hacer sociología, psicoanálisis, historia e incluso geografía histórica. No se trata de descalificar todos estos aportes al conocimiento de una obra que se revela cada vez más rica y productiva; lo que se pretende es insistir en que no se debe olvidar que se trata, ante todo, de textos literarios.

Las dos revistas especializadas que han mantenido el interés por los estudios cervantinos son la española Anales Cervantinos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, y la norteamericana, Cervantes, Boletín de la Cervantes Society of America. En 1988 se creó la Asociación de Cervantistas que realiza anualmente coloquios internacionales y, cada tres años, un congreso internacional. La Texas A&M University ha creado un proyecto de investigación denominado Cervantes Project 2001, apoyado por la National Science Foundation de los Estados Unidos, el Centro de Estudios Cervantinos de España y la Asociación de Cervantistas. Como parte de este proyecto se han publicado varios números del Anuario Bibliográfico Cervantino, bajo la dirección de Eduardo Urbina.

Conclusiones

El cervantista que quiera ser considerado más que un simple aficionado debe conocer muy bien el conjunto de las obras de Cervantes. Más allá del Quijote, hay que estudiar toda su producción narrativa —novelas y cuentos—, su teatro —comedias y entremeses—, así como su poesía. Igualmente, debe conocer toda la problemática alrededor de las obras perdidas y de las diversas atribuciones que se le han hecho a este autor. Es importante realizar una cala profunda en sus prólogos y en los múltiples comentarios sobre el texto literario que salpican su creación. Se requiere investigar a partir de los textos mismos para esclarecer problemas textuales o de interpretación y contribuir por lo tanto a su divulgación.

No se debe insistir tanto en la erudición del dato, como en la ubicación dentro del campo de los estudios literarios y culturales que permita establecer relaciones de conjunto a partir de problemas concretos. En esta perspectiva, el apoyo en los diversos enfoques de la teoría literaria puede resultar altamente productivo; un ejemplo ilustrativo en este sentido es la obra de Edward O. Riley, Teoría de la novela en Cervantes, que, a pesar de sus aspectos polémicos, muestra un acercamiento a un problema concreto de la producción textual apoyado en elementos teóricos serios.

Todavía es notable la carencia de una adecuada edición de las obras completas de Cervantes con su correspondiente aparato crítico. Esta empresa, como se hace evidente, no puede ser abordada de manera individual y se requiere por lo tanto de un buen equipo de Cervantistas respaldado por una institución de carácter universitario o por un centro de investigación que proporcione recursos y relaciones académicas.

El cervantista también debe ocuparse seriamente del contexto histórico y cultural de la obra cervantina para tratar de comprender la visión del mundo que este autor expresa a través de su trabajo creador, y poder revisar su mirada frente a la iglesia, la corona o la justicia. De esta manera se ahonda en el sentido crítico con que enfrentaba la sociedad de su tiempo. Temas importantes como la libertad, el humanismo, las relaciones entre la razón y la fuerza, etc., serán siempre dignos de ser abordados y productivos en reflexiones. Un aspecto vigente para indagar será la influencia de la obra cervantina tanto sobre sus contemporáneos como sobre la posteridad ,y la forma en que esta influencia se expresa en las letras y en las artes.

En síntesis, el cervantista debe conocer muy bien la obra de Cervantes y su contexto histórico y cultural; requiere utilizar herramientas teóricas que le permitan un acercamiento serio a los textos y manejar muy bien la abundante bibliografía que a lo largo de los siglos se ha venido acumulando. Pero, ante todo, el cervantista debe ser un enamorado de la belleza que a través de la palabra ha sido capaz de crear Cervantes y de la profundidad de las reflexiones que sobre el ser humano ha legado a la posteridad. La sensibilidad y la creatividad son herramientas importantes tanto para la penetración original en las ideas de este autor como para concebir la manera más apropiada de dar a conocer los logros y descubrimientos que se consigan en este rico proceso. Si estas exigencias se consideran excesivas, siempre será posible resignarse a ser un buen aficionado a la obra de Cervantes, lo cual no constituye ningún impedimento para disfrutarla y beneficiarse de su belleza como obra de arte, de la riqueza de sus reflexiones críticas y de la profundidad de sus enseñanzas sobre el ser humano.

Obras citadas

Blasco, Javier. “El Quijote de 1905”. Anthropos 98-99 (1989): 120-124. Close, Anthony. “La crítica del Quijote desde 1925 hasta ahora”.

Cervantes. Madrid: Centro de Estudios Cervantinos, 1995. 311-333. Gaos, Vicente. “Sobre historia de la crítica cervantina”. Claves de literatura española. Madrid: Guadarrama, 1971. 207-216.

Malo de Molina y Martín-Montalvo, Teresa. “Panorama de la crítica cervantina contemporánea” Miguel de Cervantes en su obra. Antología, selección de estudios y documentación. Anthropos Suplemento 17 (1989): 284-289.

Osterc, Ludovic. Breve antología crítica del cervantismo. México: UNAM/ Ediciones del equilibrista, 1992.

Romero Tobar, Leonardo. “El Cervantes del XIX”. Anthropos 98-99 (1989): 116-119.

 

por Jorge E. Rojas Otálora (Colombia)
Departamento de Literatura Universidad Nacional de Colombia
Publicado, originalmente, en Literatura: teoría, historia, crítica 7 (2005): 293-302

Link del texto: https://revistas.unal.edu.co/index.php/lthc/article/view/60124

 

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