!Volver a tener Patria!
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec 

A finales del siglo 19 la irresuelta polémica sobre España se expresó de manera peculiar en la filosofía y las letras, desde cuyos espacios se pretendió superar la antinomia entre quienes defendían la hispanidad tradicional y quienes propiciaban la modernidad europea.  Esta circunstancia confrontó al caciquismo monárquico con el movimiento obrero organizado y articulado a la primera internacional.  Fue en este entorno cuando aparecieron los llamados "regeneracionistas" (Joaquín Costa y Pérez Galdós, entre otros), propiciando una serie de medidas de coyuntura para superar las dificultades a partir del lema "Escuela y Despensa".  A continuación llegaría "la promoción de sabios" (Cajal, Menéndez Pelayo y Ribera) quienes destacaron la necesidad de enfrentar la crítica situación del país, favoreciendo el desarrollo de la ciencia.  Sólo después de los acontecimientos de 1898, esto es cuando ocurrió la pérdida de las últimas colonias españolas, los ibéricos adquirieron plena conciencia de la crisis estructural en la que habían desembocado y de la cual la llamada "generación de 1898" (Unamuno, Valle-Inclán, Pío Baroja, Azorín, etc.) intentaría redimirla propiciando, entre otras cosas, la consigna de "volver a tener Patria" y de "comenzar todo de nuevo".

 

El mensaje de los españoles de la "generación del 98" fue retomado en el Ecuador por Benjamín Carrión luego de los sucesos de 1941 y 1942, -años de la derrota ecuatoriana frente al ejército peruano con la consiguiente pérdida territorial y la frustración en el conjunto de la población-, acontecimientos históricos que el ilustre lojano los detectó como los detonantes fundamentales para que se hubiera producido el estado de desengaño que entonces experimentaron los ecuatorianos y frente a cuya realidad fue indispensable articular una propuesta que redimiera la esperanza de mejores días para el país y los ciudadanos. 

 

En efecto, Carrión en su libro "Cartas al Ecuador" (y de manera particular en su séptima carta) propuso la patriótica tarea de devolverle al País la autoestima y para ello la consigna de "volver a tener Patria" se constituyó en una ferviente convocatoria social y política que, años más tarde, desembocó, -desde luego también debido a otros factores y acontecimientos-, en las jornadas de mayo del año de 1944 que derrocaron al régimen arroísta, mientras se constituyó un gobierno que provocó enormes expectativas de cambio y transformación.  En aquel periodo, como dijera Benjamín Carrión, "en obedecimiento de este mandato ineludible, el de volver a tener Patria, se concibió la fundación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en la perspectiva de consolidar la nación pequeña llamada a poseer Cultura y Libertad..."  Entonces se abrió un horizonte en la vida de los ecuatorianos, horizonte que, en más de una oportunidad, se ha llenado de nubarrones provocados por los trápalas que, desde una mesa bien servida, han gobernado al país sustentando la tesis de la dependencia y favoreciendo el desarrollo de políticas económicas y sociales a favor de grupos minoritarios y excluyentes.

 

El esfuerzo de Carrión si bien fue trascendente y poseyó, en su momento, el eco indispensable en la comunidad ecuatoriana, no siempre se mantuvo latente debido a que el país ha soportado, en el último medio siglo, una vertiginosa vida en donde la concurrencia de factores negativos provocaron en la cotidianidad del común de los ciudadanos decepciones cada vez mayores y, por ende, la consiguiente abulia social.  

 

En efecto, a finales de la década de los años 90 del siglo anterior, en este Ecuador dolorido se produjo uno de los atracos más escandalosos y perversos que afectó al conjunto de la población debido a que el régimen de turno permitió que un segmento importante del sistema financiero y bancario obtuviera toda clase de ventajas económicas gracias al robo más escandaloso de la historia provocado en contra del pueblo ecuatoriano, lo cual no solo generó convulsión política, sino que precipitó una de las más graves crisis sociales de los últimos cincuenta años. 

 

A consecuencia de esta realidad, miles de familias quedaron en la ruina total, otras tanto no han podido hasta ahora equilibrar su economía familiar para vivir con dignidad y millares de ecuatorianos se han visto obligados a dejar su Patria en búsqueda de rumbos lejanos y desconocidos en los cuales cotidianamente intentan subsistir, más allá de haberse constituido en un faro de esperanza para sus familias que viven el drama de la separación y la incertidumbre.

 

En el contexto de la crisis de finales del siglo 20 -que se volvió en una especie de gota que derramó el recipiente de injusticias e inequidades-, fue evidente que los ecuatorianos nos sumergimos, una vez más, en el desencanto colectivo y en la frustración ilimitada, cada día ahondada, a su vez, por las dificultades estructurales que existen en nuestra sociedad.  

 

Parecía, por la gravedad del conflicto, que la búsqueda de líneas convergentes para restituir la visión positiva del país y el sentido de pertenencia con nuestro territorio no serían posibles recuperarlos en el corto plazo, a no ser que, otra vez y en el momento adecuado, abrazáramos la convocatoria de "volver a tener Patria" a partir de redescubrirnos como colectivo social, -con historia y con futuro-, y después de ser capaces de valorar nuestras diferencias y cúmulo de diversidades, -en todos los ámbitos-, como elementos constitutivos de la unidad nacional y de la construcción del estado -nación. 

 

Esta circunstancia han cobrado cuerpo con la última producción de Enrique Ayala Mora denominada "Ecuador Patria de Todos", texto que no solo está llamado a facilitar el conocimiento de la cívica en los establecimientos del sistema educativo ecuatoriano, sino que está trabajado para dotarnos a los hombres y mujeres del país de la comprensión adecuada para amar y defender el terruño que cobija nuestras ilusiones y las de nuestros hijos, tanto más que dicha publicación nos aproxima al conocimiento indispensable de los valores objetivos que entrañan la auténtica democracia y nos enfrenta al cumplimiento de los derechos y obligaciones que poseemos como ciudadanos de la comunidad nacional.

 

Bien por el historiador Enrique Ayala quien nos entrega una visión refrescante y optimista de esta nuestra Patria, -suceptible de toda redención-, y bien por nuestro Ecuador al que gracias al referido texto de Ayala Mora podremos conocerlo mejor y en cuyo suelo estamos obligados a germinar el cambio, sembrando la semilla que hará florecer los campos y la vida... 

Germán Rodas Chaves
Tomado de la Sección Artes del diario La Hora, Quito, Ecuador

Autorizado por el autor
La Hora

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