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Ante cualquier diccionario o enciclopedia que tengamos a vista y mano,
si nos planteáramos conocer el significado de la palabra “neutro”, ésta hace alusión a aquello que no presenta ninguna característica entre dos
opuestas, que no tiene características definidas, que no manifiesta ninguna
emoción; pero en un sentido mucho más concerniente al tema que hoy nos ocupa, esa
frase define –en este caso- a una persona que no se inclina a favor de ninguna
de las partes “armadas” de un conflicto. El hecho de indagar sobre el significado de este vocablo surge a raíz de la postura “neutra” que algunos artistas,
profesionales, funcionarios públicos, empresarios, intelectuales y demás
ciudadanos, han supuesto asumir a partir de la crisis política generada como
consecuencia del cruento golpe de Estado consumado aquel domingo negro fechado
28 de junio del año 2009. Para comenzar, considero que en cuanto a la calidad
del neutro existen dos dimensiones, primero los neutros ideológicos, son aquellos que se consideran al centro, ni a la “izquierda” ni a la “derecha”, ni
con Mel ni con Micheletti; la otra dimensión la constituyen los neutros en el
ejercicio, estos están constituidos por los que pese a tener una postura ideológica, no han “querido” emprender ninguna acción para defenderla, o sea,
no ha participado ni en las marchas de la resistencia ni en las de los camisetas blancas, no ha escrito o comentado manifestando su descontento contra
el golpe de Estado ni –tampoco- declarado que fue sucesión constitucional, en
todo caso, la calidad del neutro no determina su papel, puesto que por sus
frutos los conoceréis dice el dicho y, los frutos son sus acciones. Para contextualizar un poco, creo que vale la pena dimensionar que nadie
imaginó que por vez primera una acción estatal con el respaldo popular amenazara
concretamente los intereses de la oligarquía fuereña (en Honduras no existe una
oligarquía criolla en el sentido estricto) que durante el recién pasado siglo
XX se enquistaron vorazmente en los monopolios económicos y políticos de esta
patria en la que han consolidado sus fortunas gracias al pillaje, la corrupción, el clientelismo político, la usura y la explotación de las bondades
naturales de esta tierra y de sus verdaderos hijos e hijas, mismos que –paradójicamente- en su gran mayoría sobreviven en la miseria, el abandono, la
indigencia y la explotación. Este grupo avaro de empresarios han ejercido su
proceso de dominación utilizando el escenario estatal como garante de sus
grandes negocios mediante su influencia en los estratos de los tres poderes del
Estado, instancias que han representado sus intereses de clase, soslayando los
del común del pueblo. Esta crisis política que se generó a partir de ese
bochornoso golpe de Estado y que sin lugar a dudas desencadenará una –aún más-
profunda crisis económica y social, curiosamente –también- ha dejado un saldo monumentalmente
favorable, lecciones que hubiesen significado años de espera para apropiárnoslas
como sociedad, nos han llegado en corto tiempo y de manera clara gracias a los
golpistas. Imaginemos lo difícil que hubiese sido –en condiciones normales- que
el pueblo conociese con nombre y apellido a los responsables del atraso del
país; identificar a los falsos apóstoles de la fe somnífera; leer los nombres
de los más grandes corruptos de la historia hondureña; interpretar el papel
mediático de los medios de comunicación; develar la farsa de la democracia
representativa; la culpabilidad histórica del bipartidismo; la inhumana forma
de operar del neoliberalismo en las sociedades capitalistas; la hipócrita
política exterior de Washington; conocer a los multimillonarios y sus grandes
emporios económicos monopólicos que pese a sus sociedades estrictamente anónimas han salido al conocimiento público; hemos clarificado los vínculos del
Estado con el crimen organizado; se ha puesto en relieve el papel de los militares como gendarmes del status quo; hemos evidenciado a los sectores
comprometidos con el bien común y aquellos cuyo interés es meramente mezquino y
particular; sabemos diferenciar a quienes están interesados por una evolución
democrática hacia una verdadera participación y quienes deliran porque la embustera
democracia representativa se escriba en piedra por los siglos de los siglos;
percibimos muy claro al sector que nos vende la democracia (electorera) como un
fin en sí mismo y la facción que demanda un modelo de democracia más participativa que lleve a la justicia, la igualdad y a la equidad entre los
seres humanos; estos y muchos más aprendizajes hemos recogido de esta crisis en
término de dos meses, lo que nos hubiese llevado años en hacerlo por otra vía.
Ahora bien, retomando la definición de neutro que abordábamos al inicio y
considerando que las lecciones obtenidas de este proceso claramente identifican
a dos polos opuestos rememorando la “vieja” teoría – a veces olvidada- de la
lucha de clases de la que nos habla el materialismo histórico ruego que no se
nos olvide que en esta crisis antagonizan los que tienen todo con los que no
tenemos nada, en este sentido es que la pregunta ¿Qué mueve a los neutros en
este proceso? tiene una connotación profunda. Hace unos días una persona autodenominada
neutra me hizo llegar un correo electrónico que contenía fotografías de la
destrucción del restaurante de comidas rápidas y el incendio del autobús
ocurrido el día de la llegada de las marchas por la Dignidad a Tegucigalpa,
acompañando las fotografías había un texto que decía más o menos así: “No estoy
en contra de las manifestaciones, pero no debemos permitir tanta violencia,
queremos vivir en Paz como antes”; este colega que –curiosamente- trabaja en
una organización de desarrollo, estaba indignado ante esas “grotescas” escenas
y demandaba el “reestablecimiento” de la paz. Me indignó su percepción, no le
respondí su mensaje porque sentí que era perder el tiempo, pero me pregunté ¿Cómo
es posible que a este sujeto le parezca extremadamente violento la quema del
autobús y el restaurante de comida chatarra y sea incapaz de no impresionarse
ante la violencia social, económica y política que sufre nuestro pueblo? Cómo se
puede demandar el “retorno” a la paz y cuestionar la “violencia” de la
resistencia popular como solicitan los neutros y los de camisetas blancas (casi
siempre los mismos) cuando vivimos en una sociedad en la que más del 80% de su
población es pobre, donde mueren niños cada hora por insuficiencia de comida,
donde los niveles de desnutrición son espeluznantes, donde el incremento de
niños utilizando drogas, tabaco y alcohol es alarmante, donde el crimen común y
organizado se prolifera a zancadas, donde cada vez más niñas y jovencitas optan
por la prostitución como única posibilidad para sobrevivir, donde con suma
frecuencia vemos a paisanos durmiendo debajo de los puentes y en las aceras,
donde los niveles de desempleo y subempleo son insostenibles, donde los índices
de morbilidad y mortalidad infantil y materna son sorprendentes, donde los
hospitales no tienen personal ni medicina, donde el racismo y la exclusión se
enraíza, donde la infección de personas con SIDA muestra cifras elevadas y
donde más de un millón y medio de catrachos no saben leer ni escribir ¿Cómo
ignorar esa violencia desgarradora?, eso sin incluir todo lo ocurrido después
del golpe de Estado donde a los hondureños se nos suspenden los derechos constitucionales, se nos coarta la libertad de expresión y locomoción por el
territorio que se no ha dicho que nos pertenece, se hostiga, golpea y asesina
al que demanda justicia, donde militares violan sexualmente a mujeres por participar en las manifestaciones, donde se destruyen equipos de estaciones
radiales y televisivas que denuncian los atropellos, se dictan toques de queda
de manera antojadiza, se desinforma a la población con el desplegamiento de un
monopolio mediático nunca antes visto y donde se apunta con el fusil al hermano
que marcha por las calles y carreteras mostrando su inconformidad contra la
barbarie golpista ¿A qué paz se refieren? ¿A qué niveles minimizan el concepto
de Paz? ¿Acaso la realidad antes y después del golpe de Estado no muestra la
peor violencia que podemos tener? ¿No es ser hipócrita denunciar la quema del
restaurante y el autobús y por otra parte ocultar, avalar o silenciarnos ante esa
otra violencia de la que hablamos? ¿No es estar ciegos hablar de retornar a la
paz cuando siempre se nos ha negado el vivir en paz por parte de este sistema
injusto? ¿Por qué permitimos que la oligarquía (conservadora) usurpe demagógicamente la frase Paz, si históricamente son los que se la han hurtado
al pueblo? Volviendo al caso de los llamados neutros, me atrevería a decir que de ellos existen
cuatro tipos: los primeros son minoría, entre ellos y yo no hay nada personal
porque sin poder comprenderlo (por ellos mismos) son víctimas del mismo sistema;
estos son aquellos que lo hacen por “ignorancia” (desconocimiento), no asumen
una postura por no tener argumentos para sustentarla o para refutarla (Neutros
Inocentes); el segundo sector, estos “neutros” son los que esperan que esta crisis
se defina para tomar postura con el que impere o porque avistan que su partido
político sacará ventaja de la crisis y él será favorecido, estos se caracterizan porque no se mueven por el bien común sino por intereses mezquinos
y por siempre caer parados como el gato (Neutros Malabaristas); el tercer grupo, son aquellos que acreditan o validan este sistema injusto puesto que consideran
egoístamente vivir bien (casa, alimentación, vehículos, suntuosidades, viajes,
educación privada para su familia, consumo, etc.) y perciben la pobreza como un problema de
otros, por eso asumen una actitud al margen de ambos bandos (Neutros Acomodados);
un cuarto y último segmento de neutros, son los que pese a tener una valoración
propia ya sea para uno u otro bando, esa convicción no puede llevarla a un
ejercicio concreto porque su empresa, organización o jefe se lo impide y de
asumir un rol activo pondría en riesgo su seguridad laboral y por ende su
fuente de ingresos para sobrevivir (Neutros “Obligados”). Estas tres últimas porciones
de neutros que son las más numerosas, por su lógica de operación y su forma
directa o indirecta de favorecer al gobierno de facto y a la clase explotadora
que representa, debemos ubicarlos con toda certeza en el bando de los golpistas, sin dejar de recordarles como enunciaba
Nietzsche: “Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía”, puesto que detrás de esa supuesta neutralidad,
afloran sus verdaderas incumbencias tacañas, revelan el desprecio por los
proyectos colectivos y el desinterés por la igualdad entre los seres humanos,
sin dejar de lado, que ante la injusticia, la exclusión, la barbarie y la
usurpación de la dignidad humana, ninguna persona conciente debiese aducir neutralidad.
¿Somos o no somos?. |