Visión del mundo en relación con el ser humano

Dra. Anastacia Rivas Olivo

Se aborda la visión cósmica del ser humano de Paulo Freire, en gran medida, siguiendo el espíritu filosófico cultural educativo clásico griego, que tanto apreciaba. Una filosofía de raíz latinoamericana, plena de vocación ecuménica, en correspondencia con su metodología electivista, incluyente, que no despreciaba ningún valor humano, pero inserto al cuerpo filosófico de su obra.

1.- Concepción cósmica del ser humano

“El hombre es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo, sino con el mundo” ( [1] ).

“Estar con el mundo”, idea que permea la filosofía freiriana, denota la apertura del hombre hacia la naturaleza y hacia los demás hombres. Apertura que es signo de conciencia del otro, conciencia que surge del espíritu, parte inherente al hombre y que le permite ad-mirar, ad-mirarse y en esa acción reconocerse como un ser incompleto, pero con elementos suficientes como la razón y el entendimiento emanados de su espiritualidad y que en conjunción dialógica puede encaminarse para lograr completarse, trascender.

El hombre dentro de su singularidad y finitud establece relaciones que lo mueven a tener contacto con todo lo existente; sin embargo, dentro de esa singularidad y finitud se distingue también la pluralidad y su inclinación hacia lo absoluto, como decía Martí, la trascendencia o infinitud, en el sentido de que cada dato, cada hecho se encuentra concatenado, y esta visión, existe porque realiza un acto crítico, reflexivo y no sólo es un reflejo de la realidad, es decir, el hombre por serlo y por diferenciarse del los otros seres biológicos vivientes, animales o vegetales,   percibe el   engarzamiento de los hechos, teniendo claridad de que como parte del mundo, del Cosmos, es débil, es finito y que sólo a través del amor tiene la posibilidad de trascender y esa trascendencia es por que interactúa y porque su espiritualidad lo mueve a tener interioridad, pero también exterioridad para   vivir en apertura y en diálogo permanente. Esto nos recuerda la visión cósmico – antropológica de los griegos.

Concebir al hombre como un ser intrascendente, temporal, finito, acabado es objetivarlo, es ubicarlo dentro de un plano de animación por inercia, en un plano de encerramiento y pasividad. La concepción que Paulo Freire hace del hombre es diametralmente opuesta. Es una concepción amplia y trascendente, lo ubica en el punto pleno de proyección y acción, dándole la posibilidad de interactuar, de dialogar, de mirarse y apropiarse de sus potencialidades que le permitirán percibirse como sujeto activo, dinámico, participativo, reflexivo, espiritual. Y en esa espiritualidad percibirse en conjunto dentro de un punto geográfico y un tiempo histórico que ubica el ayer, el hoy y el mañana para animarse, transformase y crecer, como parte inseparable de la totalidad cósmica. Sencillamente, porque también es un Cosmos de aprehensiones múltiples, como el Dr. Pupo, afirma a veces.

A lo largo de la historia, la concepción del hombre ha tenido un cariz polifacético,   puesto que dentro de la literatura aparece sucesivamente como:

”Rey de la creación, síntesis de lo viviente y de lo inerte, primer actor del gran drama del mundo, causa secularizada de la historia y del progreso, consolación autosuficiente de sí mismo, deus ex máchina del acontecer, prisionero del destino, recipiente de angustia y ansiedad, ser para la muerte, mendigo de Dios, absurdo y náusea, frenética ilusión de trascendencia y muchas denominaciones más. ( [2] ).

Es por lo cual se ha   preguntado por sí mismo, qué es, de dónde viene, qué hace, cómo solucionará sus situaciones problemáticas que fue teniendo en cada época, y es a partir de los griegos que tenemos elementos de su reflexión por escrito y de una forma más estructurada.

La concepción que se tenía del ser humano en la antigua Grecia, debe entenderse desde las características particulares de su momento, ya que es muy importante conocer que la ciudad-estado de esa época era bastante pequeña, tanto en su área como en lo referente a su población.

Es así que podemos mencionar que según algunos estudiosos la ciudad de Atenas de aquella época podría ser comparable con la ciudad de Denver o de Rochester en Estados Unidos. No se sabe con exactitud cuántos habitantes podría haber tenido, pero se cree que era un número superior a los trescientos mil ( [3] ). De acuerdo a lo que menciona George Sabine en su texto: “(…) esta población estaba dividida en tres clases principales, que eran política y jurídicamente distintas. En el grado más bajo de la escala social se encontraban los esclavos, pues la esclavitud era una institución universal en el mundo antiguo” ( [4] ).

En ese momento el hombre era visto así, con las divisiones de clases que aún hoy en día siguen existiendo, aunque legalmente la esclavitud haya desaparecido, pero de igual forma siguen estando presentes los marginados, los oprimidos, aquellos que no tienen acceso a las oportunidades tanto de educación como de trabajo, y que es lo que de algún modo hace la diferencia entre los grupos que las constituciones de los países dicen que tienen igualdad de derechos y de oportunidades, pero que en la praxis diaria los resultados son bastantes distintos a lo que la letra muestra.

Esos hombres que formaban toda una institución y que eran conocidos como esclavos, formaban una parte característica y de gran importancia dentro de la sociedad, así como también en otro de sus aspectos como lo era todo el elemento económico de la entonces ciudad-estado, así como en la actualidad grandes grupos de oprimidos y desafortunados forman ahora los grupos de asalariados en las grandes sociedades modernas, y a los cuales no se les permiten muchos accesos como si se los dan a otros que son distinguidos como grupos privilegiados, divisiones sociales prevalecientes que permanentemente señala Freire en sus escritos:

“Cuando dicen que estamos viviendo otra historia, en que las clases sociales están desapareciendo, y con ellas sus conflictos, y que el socialismo se pulverizó en los escombros del muro de Berlín, yo por lo menos no lo creo (...)   las clases sociales continúan existiendo y luchando por intereses propios” [5]   Dentro del pensamiento griego, “el problema político consistía en descubrir el lugar que debía ocupar cada especie o clase de hombres en una sociedad sana constituida de tal modo que pudiesen desarrollarse en ella todas las formas significativas del trabajo social” ( [6] ), es decir, según de la clase en que fuera reconocido al hombre o lo que es lo mismo, según a la clase a la que perteneciera cada ser humano, era el tipo de trabajo en el que se desempeñaría y como parte de la polis buscaría en conjunto el bienestar de todos los demás, al mismo tiempo que el suyo, pero siempre privilegiándose los pudientes; y visto desde la perspectiva de Freire, diríamos los opresores.

Para conocer más acerca de temas que preocupaban al hombre de su tiempo, Sócrates utilizaba el método mayéutico, a través del cual movía el interés de sus compañeros a introducirse en un ambiente de diálogo, pues consideraba que era una buena forma de que cada uno de los participantes expusiera su punto de vista sobre el tema tratado, afortunadamente, grandes interacciones de las que se llevaron a cabo hemos podido conocerlas a través de los “Diálogos de Platón”.

Más de veinte siglos después, tendríamos a Paulo Freire, no precisamente utilizando como tal el método mayéutico, pero sí invitando a los demás, tal como lo hizo Sócrates, a que expusieran sus ideas, las cuales eran producto de una reflexión sobre diversos temas y en espacial de su realidad.

De tal forma que Freire diría que “el diálogo es una exigencia existencial”. Y siendo el encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos encauzados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en otro, ni convertirse tampoco en un simple cambio de ideas consumadas por sus permutantes” ( [7] ).

Para Freire al igual que para Sócrates, el diálogo era el medio de la expresión de las palabras, que no deben ser pronunciadas tan sólo por el hecho de estar involucradas con el tema tratado, sino que deben llevar a los hombres a una transformación de su mundo, ya que es a través del diálogo como los hombres pueden ganar una significación en cuanto a tales.

Analizando los diálogos de Platón, puede observarse que “Sócrates domina siempre la charla, y los demás interlocutores van quedando reducidos a frases ocasionales de colaboración o de duda” ( [8] ), ya que en muchos de los casos no sabían qué mencionar, o dicho de otra forma, no lograban llegar a una reflexión sobre la realidad y eso les dificultaría todavía aún más, el llegar a una transformación de ese mundo en el que se desenvolvían.

Tal era la seguridad de Sócrates en el sentido de que había hecho un bien a sus conciudadanos en el hecho de llevarlos a una reflexión y enseñarles algo nuevo a lo que se tenía en su momento, que un poco antes de morir les expresó lo siguiente:

“Pero vean el único favor que les pido: que cuando mis hijos lleguen a mayores, los molesten, los atormenten, como yo hice con vosotros, si se ve que prefieran las riquezas o cualquier otra cosa, a la virtud; y si se creen algo, aunque no lo sean, reprendédselo a mis hijos como yo a vosotros; censuradles lo que hacen, olvidar lo que es digno de toda solicitud, y creerse algo cuando no son nada. . . Si esto hiciereis, atenienses, ni yo ni mis hijos tendremos que quejarnos de vuestra justicia. Pero ya es tiempo de separarme de vosotros, yo a morir, y vosotros a vivir. ¿Quién lleva la mejor parte? ¿Vosotros? ¿Yo? Dios lo sabe” ( [9] ).

Todas esas nuevas enseñanzas que Sócrates dio a conocer a los hombres atenienses, fueron producto del diálogo, y por supuesto de la reflexión, ya que al participar muchos de ellos en esas reuniones que conocemos como los diálogos de Platón, les llevó a ver la vida de una forma distinta y les invitaba a llevar a cabo una transformación de la realidad y al no entender muchos de ellos lo que significaba realmente todo aquello, llevaron al filósofo de la antigua Grecia a un juicio en donde se le juzgó entre otras cosas, de enseñar a los jóvenes doctrinas ajenas a Atenas y a los dioses que ellos conocían.

Haciendo énfasis en la forma de ser humildes, pero reconocer la necesidad de conocer más acerca de algo y de reflexionar sobre lo que se busca, Freire nos lleva a no alienarnos a la ignorancia, pero sí reconocerla y no precisamente en otros, sino en nosotros mismos y buscar por medio del diálogo entre iguales que pretenden conocer algo.

“El diálogo como encuentro de los hombres para la tarea común de saber y actuar- enfatiza Freire - se rompe si sus polos (o uno de ellos) pierde la humildad. ¿Cómo puedo dialogar, si alieno la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí? ¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros “yo”?”. ( [10] ).

A la muerte de Sócrates queda como pensador en la antigua Grecia, su alumno Platón, que es el autor a quien se le debe mucho desde el punto de vista histórico y filosófico, ya que lo que se sabe de su Maestro es a partir de sus escritos, los cuales han sido analizados por diversos autores siglo tras siglo, y siempre se ha reconocido la importancia que se daba al hombre y a su reflexión, aunque no era exactamente el tinte que se tiene en la actualidad ni el que logra observar y tratar de liberar Paulo Freire.

“Platón no fue un simple teórico. Fundó la Academia, desde luego, y, leal a sus convicciones, dio de sí lo más que pudo en lecciones y personales enseñanzas. Llamado en 367 a.C. como preceptor del joven monarca de Siracusa, Dionisio II, no vaciló en ponerse en camino, e intentó, venciendo numerosos obstáculos, educar al joven para que fuera un gobernante ideal. Fracasó, en parte, debido a las muchas intrigas de la corte siracusana, y en parte, por su carácter, negado a las transacciones” ( [11] ).

Las concepciones del hombre y los fines que se persiguen, son un tanto distintos en Freire que en Platón, sin embargo, puede mencionarse que de algún modo coinciden en que es a través de la educación, en que el ser humano puede alcanzar metas que le llevarán a ser mejor, pues en el pensador griego se tiene la idea de una buena preparación para lograr ser un buen gobernante, mientras que en Paulo Freire se busca la reflexión para enfocarse en la transformación del entorno.

“El hombre es hombre y el mundo es histórico-cultural, en la medida en que ambos inacabados, se encuentran en una relación permanente, en la cual el hombre, transformando al mundo, sufre las consecuencias de su propia transformación” ( [12] ).

El hombre es inacabado porque se encuentra en constante perfeccionamiento, en una búsqueda continua, dentro de ese proceso histórico-cultural que a su vez es dinámico, y que cada generación va encontrando aspectos de su realidad objetiva que a su vez fueron marcados por otra generación, y recibe a través de ella las marcas de la realidad.

La educación en la antigua Grecia se enfocaba a formar buenos dirigentes, los gobernantes filósofos como los menciona Platón, y en la idea de Paulo Freire, la educación ha de ser humanista, ya que de esa forma podrá ser liberadora y nunca se tendrá la pretensión de manipular.

“Platón, discípulo de Sócrates, continúa el acento en la distinción alma y cuerpo. Es el fundador y perpetuador de la comprensión dualista del hombre. Influenciado por la espiritualidad egipcia, que señalaba un derrotero transterrenal del alma humana, Platón se sirve de mitos extraídos de la religiosidad griega primitiva, para dar explicación del origen divino del alma, así como de sus distintas operaciones a partir de las diferentes actitudes del actuar humano” ( [13] ).

Aunque ese actuar humano del que habla Platón sea bastante limitado, ya que al hombre no se le permitían muchas cosas, incluso ni expresar el producto de sus reflexiones, pues en algún momento le podría costar la vida como le sucedió a Sócrates. Y a Freire no le costó la vida, pero si el exilio.

El hombre era entendido como fragmentado, como en partes que se incorporaba para llevar a cabo una tarea y de la que formaba parte la educación para el buen gobierno y para los que no serían gobernantes, el saber obedecer y engrandecer con sus acciones al Estado.

Por su parte, en Freire: “Los hombres son seres de la praxis. Son seres del quehacer, y por ello diferentes a los animales, seres del mero hacer. Los animales no admiran el mundo. Están inmersos en él. Por el contrario, los hombres, como seres del quehacer emergen del mundo y objetivándolo pueden conocerlo y transformarlo con su trabajo” ( [14] ).

Para ser verdaderos hombres de la praxis debe recibirse la educación necesaria y adecuada, a través de la cual se aprenderá a manejar situaciones   y sobre todo a analizarlas de forma que puedan detectar aspectos que requieren de transformaciones y posteriormente actuar, siendo entonces cuando se logrará la trasformación del entorno.

Cuando el hombre ha recibido una educación orientada a la práctica de la libertad, es decir, aquella que se contrapone a la práctica de la dominación, podrá entonces llegarse a la negación del hombre abstracto, al aislado, al suelto del grupo, a aquel desligado del mundo, ya que el mundo no puede observarse como una realidad ausente de los hombres. Se trata ante todo de la reconciliación hombre – naturaleza – sociedad, como bien fundamenta Carlos Marx, en sus Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844, y que Freire conoció y aprehendió.

A la muerte de Platón, Aristóteles fue su alumno, funda el liceo, en el cual trata de transmitir sus ideas, que difieren en gran medida de las que tiene Platón, y considera que   “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de esta verdad” ( [15] ).

En Aristóteles la educación no es praxis de la libertad, pero toma nuevos tintes en comparación con los que se tiene con los pensadores anteriores, él da un lugar muy especial a los sentidos, a las percepciones, y esa forma de conocer el mundo hace que se tengan visiones distintas, aunque de acuerdo con su mentalidad, las clases sociales son vigentes y la educación no es para todos, mucho menos para los esclavos que en ese tiempo serían para la sociedad actual, los oprimidos.

Paulo Freire por su parte, considera que el hombre debe ser tomado en cuenta “como un ser histórico, inserto en un permanente movimiento de búsqueda, hace y rehace constantemente su saber” ( [16] ). Y es un hombre histórico por la sencilla razón de que no hay una historia para los hombres si al mismo tiempo son la historia de los hombres, la cual realizan ellos mismos con sus acciones diarias, y sobre todo con la transformación que llevan a cabo en su entorno.

Posteriormente en la Edad Media, las comunidades se fueron agrupando e identificando de otra forma, y se reconoció entonces la jerarquía feudal, así como en la actualidad dentro de las sociedades modernas tenemos la relación patrón-obrero, que en muchos de los casos son bastante parecidas.

En Santo Tomás, el hombre “no es una colección de sustancias específicas distintas, sino una especie completa, a la vez corpórea, viviente, sensible y racional” ( [17] ).

Observando cada una de las tesis planteadas tanto por Paulo Freire como por Santo Tomás en cuanto a la concepción del hombre y ubicándonos en la actualidad, podemos determinar un acercamiento hacia una concepción antropológica de movimiento permanente, en donde tanto el contexto socioeconómico y cultural como la relación del hombre con el hombre, y del hombre con el mundo van estableciendo factores que lo llevan a la transformación.

Aunque sin lugar a dudas, Santo Tomás logró una transformación de su entorno, al menos en lo que se refiere al pensamiento, ya que alcanzó a convencer a las autoridades eclesiásticas de que se hicieran cambios en la concepción de muchos aspectos del fundamento filosófico del cristianismo, pues conoció los textos de Aristóteles y buscó cristianizarlos, haciendo con ello una transformación de sí mismo y el mundo en el que se desenvolvía.

En el pensamiento de René Descartes “La mayor parte de los hombres son de las dos clases siguientes: unos creyéndose superiores a los demás, juzgan de todo con mucha precipitación, y no son dueños de la suficiente paciencia para ordenar sus pensamientos e investigaciones…otros, modestos hasta el punto de creer que no son capaces de distinguir lo verdadero de lo falso y que hombres superiores a ellos les indicarán el verdadero camino, se limitan a seguir las opiniones de sus maestros” ( [18] ).

La descripción de su realidad muestra claramente que al igual que en tiempos anteriores, así como lo será posteriormente, existen en la sociedad oprimidos y opresores, no se da la esclavitud ya en su tiempo, pero igual siguen abusando de los pobres y de los ignorantes aquellos que creen poseer más conocimiento del mundo y que gozan de tener una condición económica desahogada.

Contra esos que se creen superiores y que nos describe Descartes, Paulo Freire señala: “La deshumanización, que no se verifica sólo en aquellos que fueron despojados de su humanidad, sino también, aunque de manera diferente, en los que a ellos despojan, es distorsión de la vocación de SER MÁS. Es distorsión posible en la historia, pero no es vocación histórica” ( [19] ).

Históricamente el hombre oprimido ha tratado de salir adelante, de superarse, pero en algunos casos la misma realidad en la que se encuentran, les ha hecho creer que no son capaces, o que lo que hay más allá y que puede liberarlos, no es para todos, tal como puede observarse en la forma de educar en la antigua Grecia.

La opresión siempre ha estado presente en los distintos momentos de la historia, y es por ello que Paulo Freire, ha señalado que la realidad social que se tiene no está ahí o así por casualidad, pero que tampoco por casualidad será transformada. Para que la realidad opresora sea transformada se requiere que los hombres que viven en esa realidad de opresión se decidan a transformarla.

Pestalozzi, en su momento se dio cuenta de que la forma de educar no era la más adecuada, que hacía que la gente de su pueblo fuera cada vez más pobre, y es entonces que se involucró en el quehacer educativo, y aunque no era exactamente lo que propondría Paulo Freire unos siglos después, trató de dar una respuesta a la problemática de su contexto.

“Yo ensayé aun hacerles comprender gradualmente   a algunos niños de más edad algunas frases muy complicadas e ininteligibles de física. Ellos aprendían eternamente de memoria las frases, pronunciándolas y leyéndolas, como también las preguntas que esclarecían   esas frases. Al principio era como una lección de catecismo, una repetición mecánica, como de papagayo, de palabras oscuras e incomprensibles” ( [20] ).

De la forma en que Pestalozzi comparte su experiencia como educador, puede ser ubicado desde la perspectiva de Paulo Freire, como aquellos educadores que sin saberlo están al servicio de la deshumanización ( [21] ), ya que se enfocan en la práctica de la educación bancaria, en la mayoría de los casos, casi en la seguridad de que no saben de todo aquello que están privando a los educandos, e incluso a ellos mismos.

Desde el punto de vista educativo, los hombres pudieron ser entendidos como seres pasivos, dispuestos a aceptar todo lo que se les enseñara de forma mecanizada. El educador se encargaría de llenar la mente de los educandos de contenidos ya elaborados, sin necesidad de reflexión y sin conocer la opinión de los estudiantes.

En la idea anterior, el maestro tenía como trabajo el de hacer depósitos de comunicados, puesto que los hombres eran ya reconocidos como seres pasivos y solamente tendrían que esperar que el mundo penetrara en ellos, es como si a través de la educación se buscara tranquilizarlos y se pretendiera encontrar la forma de adaptarlos al mundo . Es que el mundo debe verse en el hombre y el hombre en el mundo, como se expresa y compendia la cosmicidad del ideario filosófico educativo de Freire.

En la opinión de Juan Jacobo Rousseau: “Mira el discípulo al maestro como el azote de la niñez; el maestro no considera en el discípulo más que una carga pesada, y sólo ansía verse libre de ella; así de consuno aspiran zafarse uno de otro; y como nunca hay entre ellos verdadero cariño, el uno tendrá poca vigilancia y menos docilidad el otro” ( [22] ).

Paulo Freire comentará algo parecido, pero interpretado desde su realidad, la cual podemos constatar que no es tan diferente como la vivida aproximadamente 250 años atrás, ya que hace mención de que los educadores llegan a enfrentarse con los alumnos como si fueran su antinomia necesaria.

Aunque de una forma muy cruda, pero que no deja de ser real, Freire afirma que los educadores llegan al reconocimiento de la razón de su existencia orientada a la absolutización de la ignorancia de los educandos. Por su parte los alumnos frente a su maestro, han de reconocer su ignorancia, pero en ningún momento llegarán a considerarse como los educadores de su educador.

Para Carlos Marx, ya en el siglo XIX: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días, es la historia de la lucha de clases” ( [23] ). Podemos observar entonces que a pesar de los muchos siglos que han transcurrido desde la división de clases de los antiguos griegos, Marx sigue reconociendo en su realidad concreta, una gran problemática, que se presenta como la generadora de muchos de los problemas sociales entre los que se cuentan la pobreza y la ignorancia de los grupos menos afortunados.

Marx considera que “Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta: lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna” ( [24] ).

Es importante mencionar a Marx como el vocero de esos oprimidos, ya que no en todo momento puede encontrarse a alguien que haga mención de los elementos negativos que se pueden observar en su entorno, la lucha de clases y la opresión que ejercen ese grupo dominante sobre el dominado, es decir, los oprimidos, y por lo tanto la respuesta que éstos dan a su situación, es lo que los lleva a una transformación de esa realidad, o como lo señala Marx,   el hundimiento de las clases en pugna.

Es la toma de una conciencia cósmica de resistencia y de lucha, lo que lleva al hombre a liberarse. Es la reflexión de la realidad lo que les empuja a tomar decisiones, pero sobre todo, es ese deseo por la libertad, lo que los motiva a un nuevo momento, a una nueva experiencia y a una nueva acción práctica.

“El interés fundamental de la dialéctica marxista no es reformular los principios generales del curso histórico, sino estudiar los antagonismos y las tensiones que constituyen el mundo presente” ( [25] ).

Tensiones que deben ser tratadas dialógicamente, ya que es la forma en que puede llegarse a un consenso del pensamiento y las necesidades de los demás, y por lo tanto, llegar a conclusiones en donde se decida sobre aquello que verdaderamente promueva la dignidad de la persona y el bienestar de todos.

“Hoy se nos dice que el hombre es un ente temporal” ( [26] ). A pesar de la parcialidad en esta concepción, Basave Fernández del Valle en su libro de Filosofía del hombre, enfatiza sobre la insatisfacción permanente del hombre por sentirse indefenso, inacabado, y sobre todo como él lo señala, por sentirse “nada dentro de la nada, por lo que vuelve a su pensamiento señalando que la característica del hombre diferente a la de otros seres, es trascender a través de sus acciones. “Ningún hombre, en tanto que viva, se puede considerar logrado, captado, alcanzado. El status comprehensoris no pertenece a esta vida. Somos ante todo una no-plenitud. Pero este aún no del status viatoris incluye en sí -como lo observa Josef Pieper- dos aspectos, uno negativo y otro positivo: el no ser plenitud y el no ser encaminamiento hacia la plenitud” ( [27] ).

Inclusive, algo que maneja Freire en ese sentido, es que el hombre tiene miedo de llegar a conocerse en plenitud, ya que hay factores externos que se lo limitan, de ahí que cuando tiene un acercamiento hacia la libertad, hacia el conocerse, hacia el conectar su potencialidad, siente miedo y asume una postura de apropiamiento de la sombra del opresor, lo cual no nos deja seguir adelante, lo asimisma y lo hace nada.

Ubicándonos en la actualidad en torno a la realidad que vivimos, descubrimos que permanece en el hombre esa sensación antagónica sobre la inconformidad de su existencia y la necesidad de completarla y de hacerla plena. Es que no se ha logrado la reconciliación universal entre el hombre y el Universo, porque el propio hombre en las sociedades clasistas se ha convertido en enemigo del otro. La cultura del ser no se ha impuesto universalmente. La ambición por el tener desmedido lo ha trastocado todo.

“El hombre –ha dicho Nicol- es el ser que no se completa nunca. Su ser consiste justamente en ser incompleto siempre. Para él, completarse es dejar de ser: morirse. Su existencia consiste en irse completando indefinidamente” ( [28] ). Pero hay un relativo “completarse” cuando al hombre lo mueven intereses verdaderamente humanos, cuando la comunicación humano enriquezca su ser esencial humano.

En la filosofía   de Freire – y como expresión de su sentido cósmico - se reafirma esta idea de Nicol, al señalar que el hombre, por ser parte del Universo sólo podrá completarse a través de esa comunicación dialógica con los demás en donde encontrará elementos que le den permanencia, trascendencia, razón de existir, por que la reflexión crítica lo conduce a la praxis, a la transformación de sí y de su entorno, con ojos humanos y no con ansias depredadoras.

¿Es esa trascendencia que señala Freire la que en la actualidad se está logrando a través de los pronunciamientos mundiales? La respuesta sería evidentemente que NO, porque esos mismos pronunciamientos conocidos y evidenciados han establecido en múltiples ocasiones que al hombre multiplicado en millones sólo podrá vérsele como objeto no como sujeto digno de trascender, lo cual nos remite al pronunciamiento respecto al “nuevo orden mundial”, en donde se señala según Regina García y Víctor Valla, en su obra “El habla de los excluidos que: “con frecuencia en países del primer mundo se tiene la idea de que criaturas del tercer mundo acometidas por enfermedades como diarrea aguda, no deberían ser asistidas, pues ese recurso sólo prolongaría una vida ya destinada a la miseria y al sufrimiento” ( [29] ).

Y esos pronunciamientos evidentemente demuestran la deshumanización total del género y la cosmovisión degradante que tiene la nueva sociedad sobre la existencia y trascendencia del hombre, ya que lo   nulifican, y como lo señala Fromm, la sociedad que tiende a la búsqueda de la muerte es una sociedad necrófila.   Desde los enfoques de la complejidad, y según Denise Najmanovich “El hombre   no es meramente un individuo, es decir un átomo social, ni una sumatoria de células que forman una aparato mecánico, sino que es una “ unidad heterogénea ” y abierta al intercambio. El hombre no es una sumatoria de capacidades, propiedades o constituyentes elementales, es una organización emergente . El hombre sólo adviene como tal en la trama relacional de su sociedad.” ( [30] ).

Trama que en estos tiempos es cada vez más compleja e inentendible para unos y evidentemente, para quienes ostentan el poder y dominio se torna un mecanismo más de alienación, anulando esa   transitividad del hombre y de su pensamiento. De ahí la importancia de retomar esa concepción del hombre integrado socialmente al mundo, al Cosmos, a la sociedad, capaz de enarbolar acciones transformadoras que tornen una sociedad más humanizada. Hombre que con conciencia y en un proceso de concientización re-conozca su realidad para transformarla. Rigoberto Pupo en su prontuario filosófico señala que “el ser determina a la conciencia. La conciencia es reflejo mediado por múltiples determinaciones y condicionamientos del ser social. La conciencia es el ser consciente. El modo en que el hombre refleja la realidad. Es decir, que la reproduce a través de imágenes subjetivas. Por tanto, la conciencia no es otra cosa que el ser consciente y el ser de los hombres, en el decir de Marx, es un producto de su vida real y práctica. Además agrega que: “Hombre es una categoría filosófica que designa la realidad humana en su expresión genérica. Es una abstracción que refiere a un ser racional que construye instrumento y anticipa los resultados porque posee conciencia. Como abstracción de máxima generalización, se correlaciona siempre con el mundo . Esta relación encuentra concreción en la relación sujeto- objeto y sujeto- sujeto, que es realmente donde el hombre actúa y hace historia y cultura, en comunión con la naturaleza”. ( [31] ).

Friere refiere entonces que “El hombre es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino con el mundo” ( [32] ).

En síntesis, la concepción cósmica freiriana del ser humano, está presente en toda su magna obra, ya sea política, histórica, educativa, cultural. Es que se trata de un hombre de pensar complejo, y todo pensamiento complejo posee sentido cósmico por antonomasia, ante todo porque no separa lo biológico, lo físico y lo cultural del hombre y la trama humana.

Referencias:  

[1]   P. Freire.   La Educación como práctica de la libertad. Siglo XXI editores México, 1998. Pág. 28.

[2]   (Fermoso Estébanez Paciano (2007) Teoría de la Educación Introducción a la Antopología Pedagógica p. 219.)

[3]   Dato que puede variar dependiendo del texto consultado o del autor que haga la referencia de su investigación.

[4]   Sabine, George. Historia de la teoría política. 1991. Pág. 15.

[5] Freire, P. (1999). “Pedagogía de la Esperanza p. 89

[6]   Sabine, George.   Historia de la teoría política. 1991. Pág. 17.

[7]   Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 105.

[8]   Bowra. C.M. (1996). Historia de la Literatura Griega. Fondo de Cultura Económica, Col. Breviarios # 1. México. Pág. 147.

[9]   Platón. (1988).   Apología de Sócrates. Ed. Espasa-Calpe Mexicana. Col. Austral #639. México. Págs. 94-95.

[10]   Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 107.

[11]   Bowra. C.M. (1996). Historia de la Literatura Griega. Fondo de Cultura Económica, Col. Breviarios # 1. México. Pág. 148.

[12]   Freire, Paulo. (2001). ¿extensión o comunicación. Ed. Siglo XXI. México. Pág. 87.

[14]   Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 161.

[15]   Aristóteles. (1987). Metafísica. Ed. Porrúa, Col. Sepan Cuantos # 120. México. Pág. 5.

[16]   Freire, Paulo. (2001). ¿extensión o comunicación. Ed. Siglo XXI. México. Pág. 51.

[17]   Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México.   Pág. 48.

[18]   Descartes. (1984)   Discurso del Método. Ed. Porrúa. Col. Sepan cuantos # 177. México. Pág. 14.

[19]   Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 37.

[20]   Pestalozzi, Juan Enrique. (1997). Cómo Gertrudis enseña a sus hijos. Ed. Porrúa, Col. Sepan Cuantos #138. México. Pág. 20.

[21]   Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 81.

[22]   Rousseau, Juan Jacobo. (2002). Emilio o de la educación. Editorial Porrúa, Col. Sepan Cuantos # 159. México. Pág. 19.

[23]   Marx, C. y Engels, F. (1988). Manifiesto del partido comunista. Ediciones de cultura Popular. México. Pág. 32.

[24]   Marx, C. y Engels, F. (1988). Manifiesto del partido comunista. Ediciones de cultura Popular. México. Pág. 32.

[25]   Muñoz, Jacobo. (2003).   Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 166.

[26]   Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México. Pág. 54.

[27]   Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México. Pág. 56.

[28]   Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México. Pág. 57.

[29]   Freire, Paulo. (1997). Pedagogía de la Autonomía. Ed. Siglo XXI. México. Pág. 17.

[30]   Najmanovich Denise (2005) Pensar la subjetividad. Complejidad, vínculos y emergencia Utopía y Praxis Latinoamericana. Año 6, No. 14 (2001), pp. 106-111 .

[31]   Pupo R. (2006), Prontuario Filosófico cátedra de Filosofía de la Educación.

[32]   P. Freire.   La Educación como práctica de la libertad. Siglo XXI editores México, 1998. Pág. 28

Dra. Anastacia Rivas Olivo

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