El hombre, la historia, la cultura y sus mediaciones en Paulo Freire

Dra. Anastacia Rivas Olivo

“La cultura marca la aparición del hombre en el largo proceso de la evolución cósmica. La esencia humana se existencia y concreta[1], auto-descubriéndose como historia. Pero esa conciencia histórica, al objetivarse, se sorprende reflexivamente a sí misma, pasa a decirse, a tornarse conciencia historiadora; y el hombre es conducido a escribir su historia” ([2]). Brillante idea del filósofo brasileño. Una síntesis extraordinaria que compendia el tema: el hombre, la historia, la cultura y sus mediaciones.

Reiterando la idea sobre la historia señala Paulo Freire, “el hombre es conducido a escribir su historia”, afirmación que se denota de la misma manera cuando al abordar a Marx en el libro “La sagrada Familia” se lee que  “La historia no hace nada, no posee grandes riquezas, no libera ni a una clase de sus luchas; quien hace todo eso, posee y lucha es el hombre mismo: el hombre vivo, real. No es la historia la que utiliza al hombre como una herramienta para alcanzar la meta, como si la historia fuese un ser aparte, puesto que la historia no es sino la acción del hombre que persigue sus objetivos”. [3].

 En determinados momentos a lo largo de los siglos, los pensadores han escrito algunas líneas sobre lo que es la historia, la cultura, y en sí, todo lo relacionado con el quehacer humano y sus tradiciones, que tratarán de hacer trascender a las generaciones posteriores y de las que en muchos lugares han de sentirse orgullosos de sus antepasados. 

Consideramos  importante  desplegar la raíz del término cultura, así como la línea de estudio que tuvo en algún momento histórico por tantos pensadores que se han ocupado de ella. Para  Jacobo Muñoz en su diccionario filosófico “La raíz latina de la palabra cultura es colere, expresión que abarca desde el cultivo de la tierra para hacerla fértil a la protección o salvaguardia de un territorio determinado. En sus Tusculanae Disputationes, Cicerón hace eco de este significado cuando compara el proceder cultural y filosófico con la siembra y cultivo de los campos. Este significado de cultura como educación, formación, desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales del hombre ya recoge el matiz de la humanización en oposición al mundo natural o animal” [4].

Como puede observarse, la palabra cultura hace referencia a aquello que deriva de la acción del hombre, como lo consideraban los antiguos, ya que  se relacionaba estrechamente con todo aquello que formaba parte de su vida diaria y que hacía referencia a su forma de pensar, de alimentarse, de convivir, del desarrollo de la comunidad, etc.

Ese significado de cultura como algo educativo (paideia), es de suma importancia, especialmente a lo largo de los siglos, ya que cada pueblo irá agregando algún elemento que tenga que ver con su forma de pensar y de actuar, así como aquello que de algún modo sea característico a su gente o producido por ella.

Freire comentaría que “El mundo humano, que es histórico, se hace, para el “ser cerrado en sí mismo” mero soporte. Su contorno no le es problemático, sino estimulante. Su vida no es un correr riesgos, en tanto que no se sabe corriéndolos. Estos, dado que no son desafíos percibidos reflexivamente, sino meramente notados por las señales que los apuntan, no exigen respuestas que impliquen acciones de decisión” ([5]).

De tal forma que Paulo Freire nos deja en claro que el ser no puede ser cerrado en sí mismo. Se requiere de apertura, tanto en el diálogo como el intercambio de formas de desenvolverse en ese ambiente en el que cada ser humano se encuentra.

Es el hombre el que humaniza el entorno, no el animal que no se sabe ahí y que no es capaz de reflexionar. Por ello es que el ser humano se estimula a través de los problemas que va viviendo cada día, y del mismo modo corre riesgos en cada una de sus acciones, y sobre todo va detectando entre las señales observadas, aquello que requiera  de la toma de decisiones que le llevarán a una acción transformadora de su entorno y por lo tanto de su persona; sin embargo ahora nos preguntamos, ¿Si el hombre es capaz de transformar su realidad reflexionando y actuando con los demás, porqué esa  incongruencia frecuentemente encontrada en la sociedad actual al observar los hechos inhumanos que se repiten y sin conciencia todos aceptamos? ¿Por qué hombres y mujeres preparados como son los docentes, se apartan, se alejan, se objetivan, se anulan y la construcción de su historia la dejan a otros? ¿Acaso es que desconocen este extraordinario principio de que el hombre hace la historia o es que “en el fondo tienen miedo a la libertad y se refugian en la seguridad vital”? [6].“O en la libertad arriesgada” [7]

Refiriéndose a la cultura, Ernesto Rocha comenta: “Una breve definición sería: “cultura es la parte del ambiente creada por el hombre”. En esta definición va implícito el reconocimiento de que la vida del hombre transcurre en dos escenarios: el natural o (hábitat) y el social o (ambiente social). La definición implica también que la cultura es más que un fenómeno biológico: abarca todos los conocimientos que el hombre ha adquirido consciente o inconscientemente”[8]. Naturalmente, no sólo conocimiento, sino valores, praxis, comunicación, en sus momentos material y espiritual, y como siempre enfatiza el Dr. Pupo, es al mismo tiempo, medida de ascensión humana. 

En una idea parecida a la de Paulo Freire, Rocha, nos hace ver que ese ambiente que es creado por el hombre es a lo que se llama cultura, y definitivamente el hombre lo va creando con su acción diaria, acción en la que reflexiona sobre lo que vive, sobre lo que es, sobre lo que desea alcanzar, sobre lo que merece como ser humano y sobre todo aquello que desea que le trascienda.

Es muy importante que la cultura se entienda como algo diferente al fenómeno biológico y que se tomen en cuenta todos los conocimientos que el hombre ha adquirido tanto de manera consciente como inconsciente, pero lo realmente importante en ello, es que reflexione sobre esos conocimientos y saberes, y descubra lo que es necesario cambiar para mejorar, y posteriormente sus ideas las lleve a la praxis para alcanzar sus metas.

Para Paulo Freire: “El concepto antropológico de cultura es uno de estos temas bisagra que liga la concepción general del mundo que el pueblo esté teniendo al resto del programa, aclara, a través de su comprensión el papel de los hombres en el mundo y con el mundo, como seres de la transformación y no de la adaptación” ([9]).

Es entonces que la cultura es ese ambiente que el hombre va creando y transformando de acuerdo  sus necesidades, tanto materiales, espirituales, individuales como grupales, en donde el ser humano no puede verse como algo aislado, sino en relación con los demás, tal como dice Freire, “en el mundo y con el mundo”.

En ese quehacer que el hombre tiene en el mundo, se encuentra inmerso, es donde va dando sus discernimientos característicos y por lo tanto, va transformando esa realidad y adaptándola a las necesidades del hombre. Y no que sea el hombre el que se adapte a las características de la realidad, sin que haya alguna transformación.

Un ejemplo de cómo en algún momento histórico era el hombre quien debía adaptarse a la realidad en la que vivía y en donde no interesaba tanto lo que hubiera reflexionado, lo encontramos en la forma de educar en los primeros siglos de nuestra era, cuando San Agustín comenta la manera en que eran educados los niños de su época.

“Que de miserias y de engaños experimenté en aquella edad, cuando a mí, niño, se me proponía como modelo de conducta honesta el obedecer a quienes me aconsejaban que brillase en este mundo y que descollase en las artes de la verbosidad, que tanto sirven para alcanzar las honras humanas y las falsas riquezas” ([10]).

Ante esa realidad habría que preguntarnos, ¿ese tipo de prácticas impositivas en donde la reflexión individual o los intereses personales no eran tomados en cuenta, han quedado atrás?, ¿sigue el ser humano haciendo caso a las opiniones o sugerencias de otros sin llevar a la praxis las suyas propias?

Todo ello influye de una forma directa en la realidad en la que vivimos, ya que la transformación de ese ambiente en el que nos desenvolvemos surge de acciones propias, y sobre todo de querer alcanzar metas que ayuden al ser humano a ser mejor y de compartir como en un acto de amor, todo aquello que ha logrado con los que convive diariamente.

Al igual que Ernesto Rocha, Paulo Freire, considera que el mundo no es una adaptación del ser humano a éste, sino que es el proceso a través del cual el hombre va transformando esa realidad en la que se desenvuelve y va escribiendo en esa transformación, su historia.

“La hominización- escribe Freire - no es adaptación; el hombre no se naturaliza, humaniza al mundo. La hominización no es sólo un proceso biológico, sino también historia” ([11]). Y por supuesto, cultura.

Esa es la diferencia entre el hombre y los animales, ya que éstos no tienen ese punto de decisión del cual sí gozan los hombres, y es entonces que no logra objetivarse, de tal forma que tampoco puede objetivar su realidad, pues no tiene finalidades que pueda proponerse y mucho menos proponerlas como sí logra hacerlo el hombre.

Los animales viven en el mundo, pero no logran darle sentido, para ellos no hay un mañana o un hoy como sí lo tenemos nosotros. Es por ello que Freire piensa que los animales viven en un presente aplastante y desde esa perspectiva, pues son seres ahistóricos.

El hombre sí tiene conciencia de su actividad y del mundo en el que se encuentra, y así ha sido durante siglos, y en ese actuar del ser humano es que ha logrado concientizarse de su realidad, constituyéndose en sujeto activo en ella,  y por tanto transformarla a través de la praxis. Una racionalidad dialéctica le es inmanente al hombre.

Es pues que al hacer un abordaje dialéctico encontramos que en cada uno de los episodios de nuestra historia, y en especial en aquellos pensadores sobresalientes, el concepto de dialéctica puede ser entendido de variadas formas[12], en Platón, por ejemplo  “La dialéctica es ante todo el arte de desarrollar una conversación adecuada a la realidad, dar cuenta a uno de alguna cosa” ([13]).

Esa conversación adecuada a la realidad no es otra cosa que la reflexión sobre la misma. Es una forma de estudiar ese entorno en el que se encontraban y tratar de explicarlo, no puede decirse que la praxis podría ser como la que actualmente podemos emprender, pero sí buscaban de algún modo, una transformación, aunque por el momento fuera tan sólo en el pensamiento de los ciudadanos de la antigua Atenas.

Lo verdaderamente importante en Platón, desde la mencionada perspectiva, es la necesidad que tenía el hombre de adentrarse en su realidad y después de explicarla, mejorarla. Sabemos que su transformación era en cuanto al pensamiento del hombre, pero si se lograba, estaban de algún modo influyendo en un cambio que un día con otro llegó y modificó totalmente la forma de vida de ese pueblo.

Más de veinte siglos después de las acciones tomadas por Platón, en ese observar de la realidad en que vivían, Paulo Freire, y en un entorno completamente distinto y lejano, habló también de la necesidad de cambio, y ello se iniciaba en la persona misma para que posteriormente se lograra la transformación de esa realidad, es decir, dialécticamente dar cuenta del entorno reconociéndolo, transformándolo.

“No es la conciencia vacía del mundo que se dinamiza, ni el mundo es simple proyección del movimiento que la constituye como conciencia humana. La conciencia es conciencia del mundo: el mundo y la conciencia, juntos, como conciencia del mundo, se constituyen dialécticamente en un mismo movimiento, en una misma historia. En otras palabras: objetivar el mundo es historizarlo, humanizarlo. Entonces, el mundo de la conciencia no es creación, sino elaboración humana”[14].

La conciencia vacía del mundo no se dinamiza, tampoco puede entenderse que el mundo sea la proyección del movimiento y que como tal se constituya en conciencia humana, sino que, la conciencia es conciencia del mundo, y ellos dos juntos se constituyen dialécticamente en un mismo movimiento, es decir, que no es cuestión de reflexión solamente, o de contemplación de los hecho o de la realidad, sino en base al trabajo, a la praxis individual, que se irán alcanzando metas y por lo tanto, logrando paulatinamente una transformación de ese entorno, una transformación que siempre debe ir encaminada en beneficios de los hombres y quien la inicie y sostenga, lo hará como una acto de amor hacía los demás.

“En sus escritos Mounier exalta la dignidad de la persona y su trascendencia, una trascendencia en la que <radica> el carácter personal y que permite considerar a la persona como <el movimiento del ser hacia el ser>” ([15]).

Se puede entender con estas palabras de Mounier, que de algún modo se relaciona con Paulo Freire, al hacer mención de que el hombre en su caminar, en su cambio, en su transformación, en su trascendencia, no puede quedarse como un ser pasivo, por el contrario, es un ser de acción, un ser en movimiento, en movimiento siempre al bien, a un mejorar su situación actual y de alguna manera de compartir con los que le rodean aquello que va alcanzando y que logra hacer de todos, lo cual se basa principalmente en la dialogicidad.

En otras palabras de Paulo Freire, encontramos unas líneas que fortalecen en gran medida los anteriores comentarios: “En lenguaje directo: los hombres se humanizan juntos para hacer del mundo, cada vez más, la mediación de conciencias que se coexistencian en libertad. A los que construyen juntos el mundo humano compete asumir la responsabilidad de darle dirección. Decir su palabra equivale a asumir conscientemente, como trabajador, la función de sujeto de su historia, en la colaboración con los demás trabajadores: el Pueblo” ([16]).

Puesto que los hombres se humanizan juntos, juntos también van escribiendo su historia y en ese mundo en el que viven van logrando la mediación de conciencias que se coexisten en torno a la libertad. Esa libertad que se va alcanzando en la medida en que cada uno de los hombres puede hacer una reflexión de su entorno y va pensando en la manera de mejorarlo.

El ser humano logrará mejorar el mundo en el que se desenvuelve, siempre con la ayuda de los demás, con el apoyo de otros, en el aporte de las diferentes habilidades y características del grupo, y es entonces que ese grupo logra una transformación que los hará sentir más libres.

Para Sartre, según Jacobo el hombre es “el ser cuya aparición hace que exista un mundo. El mundo no es –al igual que en Heidegger- sino el haz de significaciones que el propio hombre proyecta. Hombre cuya presencia hace inteligible y confiere valor a la contraposición central de la filosofía sartreana” ([17]).

La historia se ha ido conformando en la medida en que el hombre actúa e interactúa, a su vez va dejando huella de todo aquello que ha logrado, aunque no siempre se saben los procedimientos, pero de los resultados de su acción, conocemos de su existencia en las distintas épocas históricas.

El mismo Sartre, hace refiere que la aparición del hombre es lo que ha ido haciendo que exista un mundo, y que ese mundo no es otra cosa que el cúmulo de significaciones que el propio hombre ha ido proyectando a través de su acción. Es por la presencia del hombre y su praxis, que se hace inteligible y que en el pensamiento de Sartre, es lo que pone el punto central de su filosofía. [18]..

Como diría Freire: “La conciencia y el mundo no se estructuran sincrónicamente en una conciencia estática del mundo: visión y espectáculo. Esa estructura se funcionaliza diacrónicamente en una historia. La conciencia humana busca conmensurarse a sí misma en un movimiento que transgrede, continuamente, todos sus límites, totalizándose más allá de sí misma, nunca llega a totalizarse enteramente, pues siempre se trasciende a sí misma” [19].

Cuando Freire destaca que la conciencia y  mundo no se estructuran sincrónicamente en una conciencia estática del mundo, se refiere precisamente a esa actividad del hombre, que concretada en la historia y la cultura no se dan como una creación divina, nacen como resultado de la praxis del hombre y no como una conciencia estática del mundo.

Esa conciencia del mundo no deviene cuando miramos la realidad como un espectáculo, es decir, cuando el ser humano se convierte en un espectador y no realiza ni una sola de las acciones que ahí se toman, ni siquiera participa en las decisiones y por lo tanto no es partícipe de las praxis.

Si la estructura funciona en una dinámica diacrónica, es entonces entendible que todo el proceso de la toma de conciencia que el hombre toma de sí y del mundo, se hace manifiesta en torno a movimiento constante que permite rebasar los límites totalizándose más allá de sí misma, se trasciende constantemente.

“Voltaire va a defender una concepción antropológica en la que el hombre ocupa un lugar preciso dentro de la totalidad de sentido” ([20]). Y es que el hombre tiene sentido en la medida en que se comunica con los demás y deja huella de sí a través de sus características culturales, que le sirven como plataforma para poder escribir su historia, y en medio de ella, mediar con distintos modos de pensar, reflexionar sobre ellos y tomar decisiones para la transformación de su entorno particular.

Por tal motivo dirá Freire, que “los hombres, contrariamente del animal, no solamente viven sino que existen y su existencia es histórica” ([21]). La existencia del hombre es histórica en la medida en que reflexiona sobre su realidad y a partir de esa reflexión toma decisiones sobre su vida y en base a ellas puede proporcionar algún aporte para transformar esa realidad.

Esa realidad transformada constantemente va brindando aportes a un pueblo, de tal forma que se convierten en costumbres, y van configurando poco a poco formas culturales que se heredarán a las siguientes generaciones, y es ésta, una forma de transcender y dejar huella de la existencia del ser humano en determinada época y lugar.

Los filósofos modernos, tal como se menciona en el Diccionario Filosófico de Muñoz, consideran que “el hombre, en consecuencia, es a la vez producto de la evolución biológica y protagonista de la cultura que él genera. Se ve ubicado, pues, en el quicio, entre dos mundos. Es una situación paradójica, pues el hombre trasciende la naturaleza, pero no la abandona: la biología sustenta a la cultura y la cultura afecta a la biología” ([22]).

Un criterio así, es bastante coincidente con el pensamiento de Paulo Freire, ya que el aspecto biológico es un tanto importante en la medida en que da las características físicas al ser humano, garantiza su vida, pero su actuar, sus tradiciones, sus características particulares de la cultura, la forma de educar y sobre todo aquello que pretende dejar para las generaciones posteriores, depende principalmente de su reflexión, de saberse un sujeto dentro de una realidad y de tomar decisiones que le lleven a una praxis encaminada principalmente a la libertad.

Refiriéndose a la trascendencia del hombre en el mundo, Paulo Freire comenta: “al separarse del mundo que objetivan, al separar su actividad de sí mismos, al tener el punto de decisión de su actividad en sí y en sus relaciones con el mundo y con los otros, los hombres sobrepasan las situaciones límites que no deben ser tomadas como si fueran barreras insuperables, más allá de las cuales nada existiera.” [23]

Mucho puede hablarse de la historia, de su filosofía, de su devenir, pero Freire nos deja muy en claro, que es a través de separarnos del mundo, de verlo de fuera y objetivarlo, para posteriormente tomar decisiones que serán fundamentales en la vida de los hombres, no sólo de uno en particular, sino de los pueblos enteros, y por ello es muy importante las relaciones que se dan con los demás, ya que de ahí se finca una plataforma para que puedan superarse barreras y se llegue a una verdadera trascendencia, una vida de acción en donde el hombre va escribiendo su historia y su desarrollo se lleva a cabo dentro de una cultura[24].

“Como sostiene el célebre biólogo y filósofo de origen estonio Jacob Johan von Uexküll (1864-1944), carece del ambiente específico de su especie. Dicho de otro modo, dada su constitución biológica imperfecta y prematura, no clausurada, las relaciones del ser humano con su ambiente se caracterizan por su ineludible <apertura al mundo>. Todo esto indica que el ser humano no sólo se interrelaciona con un ambiente natural no fijado de una vez por todas, sino también con su orden cultural y social específico, mediatizado y sedimentado culturalmente” [25]

La constitución biológica el ser humano es muy importante, pero no es perfecta ni acabada, de tal modo que se complementa con las relaciones que el hombre tiene en el ambiente, pero especialmente por esa apertura al mundo, ese interés por conocer de los demás y a los demás, y dentro de ese contexto cultural y social, se forman nuevas estructuras que servirán de apoyo y punto de partida a nuevas generaciones, pero nunca hay que olvidar que esa historia y esa cultura deben darse en un ambiente de libertad y prosperidad para el ser humano.

Ante esto, Freire afirma: “La síntesis cultural no niega las diferencias que existen entre una y otra visión, sino por el contrario, se sustenta en ellas. Lo que si niega es la invasión de una por la otra. Lo que afirma es el aporte indiscutible que da una a la otra” ([26]).

Es indudable la presencia en el filósofo brasileño de una rica visión filosófica en torno al hombre, la historia, la cultura y sus mediaciones. En varios momentos, adelantándose a su tiempo, más que filosófica, la trasciende, para reflejar una visión ecosófica integradora del hombre[27], en su devenir histórico – cultural.

Referencias:

[1] El subrayado es mío. A. R.

[2]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 21.

[3]  Freire, Paulo.(1990) La naturaleza política de la educación. Ministerio de Educación y Ciencia. Ediciones Paidós Iberica. Pág 155.

[4]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 299.

[5]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 119.

[6]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 22

[7]  “Solamente arriesgando la vida se mantiene la libertad….El individuo que no ha arriesgado la vida puede sin duda ser reconocido como persona que no ha alcanzado la verdad de este reconocimiento como autoconciencia independiente.”  Fenomenología del espíritu, Fonfo de cultura económica, México 1966 p. 116

[8]  Rocha Ruiz, Ernesto. (1996). Pragmática de la comunicación verbal y no verbal. UANL. Ed. Arbor. México. Pág. 110.

[9]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 153.

[10]  San Agustín. (1996). Confesiones. Ed. Porrúa. Col. Sepan Cuantos, # 142. México. Pág. 8.

[11]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 16.

[12] Heráclito expuso ideas geniales sobre la dialéctica como cambio constante. Hegel se consagró como dialéctico profundo. Marx, Engels y Lenin la enriquecieron la dialéctica, en tanto teoría del devenir, donde los contrarios se superan como afirmación y negación en la medida que se resuelvan los eslabones intermedios que hacen embrollada y compleja dicha contradicción.

[13]  Ricken, Friedo. (1990). Curso fundamental de Filosofía, Filosofía de la edad antigua. Ed. Herder. Barcelona. Pág. 100.

[14]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 19.

[15]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 679.

[16]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 25.

[17]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 772.

[18]  En su primera obra filosófica, El ser y la nada (1943), Sartre concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del psicoanálisis existencial afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Las obras de teatro y novelas de Sartre expresan su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en su poder creativo más que en la autoridad social o religiosa.

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[19]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 19.

[20]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 899.

[21]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 119.

[22]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 23.

[23]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 121.

[24] Por supuesto, ver el mundo desde fuera y objetivarlo, es una abstracción, pues el propio Freire siempre aboga por asumir el mundo subjetivamente, desde la praxis. Por eso hace hincapié en las decisiones, es decir, en el papel de la subjetividad

[25]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 300.

[26]  Freire, Paulo. (1975). Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. Pág. 240.

[27] No se debe olvidar que en la época de Freire no había surgido aún con la fuerza del presente, los saberes integradores emergentes, es decir, la ecología, el holismo ambientalista, la bioética, la epistemología de segundo orden, el pensamiento complejo. Repito, estos saberes integradores y complejos no se habían constituido con el énfasis actual, pero  ya existían en proceso de despliegue.

Dra. Anastacia Rivas Olivo

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