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Filosofía y educación en Paulo Freire. Vínculos e interacciones

Dra. Anastacia Rivas Olivo

En criterio del Dr. Pupo, “la filosofía es un saber complejo sobre el mundo en relación con el hombre. Esa relación es al mismo tiempo cognoscitiva, valorativa, práctica y comunicativa, en su síntesis. Pero  debe subrayarse que en el saber filosófico lo cognoscitivo (gnoseológico) y lo valorativo (axiológico), se integran en unidad indisoluble; pues al hombre no sólo le interesa qué son las cosas, sino para qué le sirven. El hombre constantemente está emitiendo juicios valorativos, a partir de su siempre visión crítica de la realidad. La filosofía  no constituye un corpus de pensamientos e ideas, exclusivo, independiente y distinto de los restantes saberes, sino una actividad crítico - reflexiva  de naturaleza cosmovisiva sobre aquellos momentos esenciales de los distintos ámbitos de la vida humana en relación con el universo, incluyendo así, las eternas preguntas sobre los límites del conocimiento, el sentido de la vida, la formación humana, el sentido de la existencia, la muerte, los problemas de la ciencia, de la vida cotidiana, etc.  Por eso plantea más preguntas que respuestas”.[1]

Precisamente la educación como formación humana, deviene en sí misma, un problema filosófico central en la filosofía de Paulo Freire. A pesar que su pensamiento escrutador se dirige a los distintos problemas cosmovisivos del hombre, la educación adquiere un momento particular. Es que su filosofía, como en Martí, adquiere estatus de pedagogía crítica para la formación humana, mediante la axiología de la acción, y encauzada al mismo tiempo por espacios comunicativos, donde la dialogicidad se constituye, como lo fue en Sócrates, en una hermenéutica de revelación de la libertad del hombre y como prerrequisito desalienador para la realización efectiva de la formación humana.. 

1.- La educación como formación humana

Existen muchas definiciones, caracterizaciones, acercamientos al concepto de educación, pero independientemente de la visión del mundo de que se parta, siempre refieren a la formación humana o a algunos momentos de ella. Por supuestos las distintas visiones filosóficas pueden ser más abstractas o concretas, en correspondencia con los ideales que se persiga, los aspectos ideológicos, clasistas, etc.

Uno de los aspectos que a través de los tiempos ha signado de manera trascendente el devenir del hombre es la educación, puesto que  indiscutiblemente aparece en  la cultura  como el elemento  posibilitador  de los ideales humanos.

El  término educación es de uso habitual en la vida cotidiana, pues a todos afecta de algún modo, no sólo a los que se dedican a este ámbito de desempeño social, sino todo el mundo se atrevería a dar una definición de educación, aunque como es sabido, existen diversas maneras de concebirla, y más aún de llevarla a cabo, encontrando que en esa gama de definiciones  se da como denominador común la idea de perfeccionamiento, vinculada a una visión ideal del hombre y la sociedad.

Si se le da al término un contenido histórico-comparativo o socio-político nos referimos a  una institución social: el sistema educativo. Es así como se habla de la educación occidental, de la educación española, de la educación cubana de la educación mexicana o moderna, etc. También si se  emplea la palabra educación para designar el resultado o producto de una acción se hace referencia de una buena o mala educación, de una educación adaptada o no a las exigencias de los tiempos, de una educación conservadora o progresista, etc.  Otro acercamiento al término es cuando nos referimos al proceso que relaciona de manera prevista o imprevista a dos o más seres humanos y los pone en situación de intercambio y de influencias recíprocas.

Sarramona (1989) señala que en sentido amplio, la educación es tan antigua como el hombre. Escribe que “desde su aparición, el hombre se preocupó de criar y cuidar a sus hijos hasta que pudieran valerse por sí mismos, y es con este significado que surge el término “educación”. ([2])

El concepto de educación resulta sumamente complejo cuando se pretende ser exhaustivo de todos sus significados e implicaciones, y no puede ser de otro modo, puesto que, como se ha indicado, implica a la totalidad del ser humano y al contexto social. Algunas de las connotaciones básicas que podríamos enunciar  sobre el término educación son las siguientes:

Es un  proceso esencialmente dinámico entre personas. Se constituye en el medio  que proporciona los elementos para alcanzar las metas del hombre, partiendo de la aceptación consciente del sujeto. Pretende lograr el perfeccionamiento del individuo como persona, a fin de lograr su inserción activa y consciente  en el medio social,  es decir, es un proceso permanente e inacabado a lo largo de toda la vida humana.

Al respecto Paulo Freire señala que (…)“la práctica educativa es el proceso concreto, no como hecho consumado, sino como movimiento dinámico en el cual tanto la teoría como la práctica se hacen y rehacen en sí mismas, dado el contexto en el que se desarrolla y la dialogicidad entre los intervinientes, educandos y educadores” ([3])

Existen algunos términos que se insertan en el de educación. Uno de estos es el de pedagogía. Según los libros básicos que introducen a las ciencias de la educación, al partir de un estudio etimológico, se puede afirmar que la palabra pedagogía procede del pensamiento griego, y hace mención, por una parte, al acto de dirigir o instruir a los niños, y por otra a los cuidados que resultan de la educación adquirida por éstos.

La Pedagogía va más allá del campo estrictamente educativo, concebido éste como heteroeducación intencional, ya que se supone que la Pedagogía lleva a la persona hasta la autoeducación continua.

Es decir, a través de la acción educativa pedagógica, el sujeto logra servirse de su capacidad de aprendizaje y consigue, por último, prescindir de la asistencia externa,  que en un primer momento constituyó su fuente de motivación hacia el crecimiento y desenvolvimiento de sus facultades potenciales, las que lo identifican como un ser humano capaz de comprender y reconocer los aciertos y desaciertos existentes en su desarrollo, pero aún más, al identificarlos, transformarlos, utilizando principios valorativos que lo humanizan. Lo anterior  se concibe dentro de la filosofía  presentada  por Paulo Freire como pedagogía crítica, como    “educación liberadora”, en donde el hombre pierde sus miedos y se va constituyendo en “conciencia de sí y del mundo”, en manos humanas que trabajan y transforman al mundo.  Pero si el proceso se inserta en la “educación bancaria”  el educando se convierte en objeto, provisto tan solo de elementos que le conducen a obedecer y repetir, y la educación se convierte en prescripción que en términos de Freire se determina como “imposición de una conciencia a otra ([4]) ,  impidiéndole actuar de manera autónoma, es decir se “dependiza”,  e incapaz de tomar decisiones pierde la capacidad reflexiva, y lo que es más grave se le impide expresar su palabra, signo evidente de su humanismo.  Freire en este sentido afirma que “existir humanamente es “pronunciar” el mundo, es transformarlo” (…) porque los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción” ([5])   adoleciendo de ésta, su palabra,  el hombre se automatiza, y por ende se deshumaniza.

Es en esta parte que nos preguntamos como educadores que somos, ¿nuestra praxis educativa propicia la humanización o deshumanización de los alumnos?, ¿estamos realmente concientes del significado de “pronunciar la palabra?, ¿estamos nosotros como seres humanos efectuando los “pronunciamientos” necesarios para humanizar la educación en general y la de adultos en particular?

A mi juicio, considero que Freire no se equivocó al afirmar que “la existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de falsas palabras, sino de palabras verdaderas con las cuales los hombres transforman el mundo”. ([6])  De ahí la importancia  de darle el valor preciso a la palabra de los alumnos, especialmente a los adultos que poseen valiosa experiencia y vastos conocimientos de sus realidad, pudiendo en el aula, con el docente y con sus compañeros emprender un proceso de aprendizaje significativo que los lleve a reconocerse, a identificar los elementos que circundan su realidad y en ese análisis compartido construir también conocimiento y  revelar valores.

No sólo es Freire quien afirma esa interconectividad, también el Dr. Rigoberto  Pupo en sus intervenciones magistrales expresa “(…..) Ante esta realidad, la dimensión lingüística del hombre, el lenguaje, en tanto mediación central entre el pensamiento, la conciencia y la realidad, puede contribuir con eficacia al impulso de la cultura. Hay que desarrollar la sensibilidad  en los marcos de los procesos intersubjetivos de la comunicación, pues en la cultura el contenido cognoscitivo “puro” no es suficiente. La sensibilidad cualifica por excelencia a la cultura y la filosofía la impregna de sentido cósmico. ([7])

La educación, entonces se constituye en  metáfora de la vida en donde cada ser humano levanta el vuelo para primero observar, y después para en función de su razonamiento, y de sus ideales utópicos, establecer, no juicios a priori, sino expresiones verdaderas, cristalizadas en la praxis que conlleva a la  formación humana, en donde la sensibilidad y la creatividad permean en cada uno de sus actos.

Otro de los conceptos que se identifican dentro del amplio y complejo término educación, es la Didáctica que al respecto es señalada en diversos tratados sobre educación como derivación práctica, técnica, artística e inventiva de la pedagogía, que requiere de los fundamentos teórico-científicos de ella para realizar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La acepción etimológica de la didáctica deriva del griego: Didaskein, enseñar y tekné, arte –arte de enseñar- y como adjetivo, Didaktisch, perteneciente a la enseñanza, propio o adecuado para enseñar o instruir.

Se ha considerado que desde sus orígenes, la didáctica sólo hacía mención a la enseñanza: “arte de enseñar”. Esta visión se limita a una sola dimensión de estudio de la didáctica, puesto que su objeto de estudio es el proceso aprendizaje-enseñanza, el cual es concebido como un proceso de mejora personal de forma integral para el educando y el educador; sin embargo ese arte de enseñar tiene una connotación más amplia, en donde la integralidad del educando es la misma humanización reflejada  en su praxis. En este sentido Freire expresa que: “La responsabilidad ética, política y profesional del educador le impone el deber de prepararse, de capacitarse, de graduarse, antes de iniciar su actividad docente. Esa actividad exige que su preparación, su capacitación y su graduación se transformen en procesos permanentes” ([8])   

Precisamente es aquí donde nos surgen las preguntas claves para quienes se dedican a la educación de los adultos. ¿La preparación que poseen, realmente responde a las características propias de los educandos y del contexto en que se desarrolla este nivel educativo? ¿La capacitación que reciben o su auto capacitación integran componentes teóricos básicos acorde con las características de los jóvenes y adultos que se atienden? Evidentemente, las respuestas no son positivas, ya que 25 años de laborar en este nivel  me obliga a reconocer que la gran mayoría de quienes se desempeñan en este nivel, tienen mucha voluntad e interés personal, pero no sólo adolecen de esa preparación, de esa capacitación, sino que como proceso personal permanente como lo señala Freire, dista mucho de serlo y de desear hacerlo. La realidad lo demuestra al conocer los altos índices de deserción de alumnos adultos que al no encontrar lo que buscan: “reconocimiento como seres humanos pensantes, reflexivos” se alejan de las aulas por segunda ocasión. Además la inoperabilidad del servicio y la constante movilidad del personal hacia otros niveles educativos, en donde y según ellos, sí poseen  la preparación idónea para desempeñarse, aunque evidentemente esto es cuestionable en el contexto real.

“Es innegable que la didáctica debe ser un objeto de estudio primordial de la investigación educativa, y con fundamento en ella, generar diversas líneas de investigación que se traduzcan en innovación educativa y que permitan, como herramientas de la Pedagogía, adaptarse a las necesidades sociales y no sólo adoptar posturas que no correspondan a la naturaleza humana”   ([9]),  a la formación integral del hombre.

Por otro lado y al considerar efectuar un acercamiento más amplio sobre educación encontramos en la Biblioteca Encarta que la “Enseñanza o Educación, es la presentación sistemática de hechos, ideas, habilidades y técnicas a los estudiantes. A pesar de que los seres humanos han sobrevivido y evolucionado como especie por su capacidad para transmitir conocimiento, la enseñanza (entendida como una profesión) no aparece hasta tiempos relativamente recientes. Las sociedades que en la antigüedad hicieron avances sustanciales en el conocimiento del mundo que nos rodea y en la organización social fueron sólo aquellas en las que personas especialmente designadas asumían la responsabilidad de educar a los jóvenes.

En la India antigua, en China, en Egipto o en Judea la enseñanza solía ser impartida por un sacerdote. El profesor gozaba de un elevado prestigio así como de privilegios. A los niños judíos se les enseñaba a honrar a sus profesores aún más que a sus padres, dado que el profesor era considerado el guía para la salvación.

Los antiguos griegos, cuyo amor por aprender es evidente en sus manifestaciones artísticas, literarias, políticas o filosóficas, dieron un gran valor a la educación de los niños. Los más ricos mantenían entre sus sirvientes a profesores que eran a menudo esclavos de pueblos conquistados. Algunos siglos después, cuando Roma estaba en toda la plenitud del Imperio, sus ciudadanos continuaron con esta práctica de acoger a profesores entre sus esclavos, normalmente griegos, integrados en el personal de sus casas.

En la Edad Media la Iglesia asumió la responsabilidad de la educación, que se realizaba en los monasterios o en centros de aprendizaje que gradualmente evolucionaron hasta convertirse en grandes universidades como la de París (Francia) y Bolonia (Italia). En los siglos XVII y XVIII hubo un renovado interés por la educación infantil y el conocimiento sobre los métodos de enseñanza se incrementó. El clérigo francés y educador Juan Bautista de la Salle, y posteriormente el pedagogo suizo Johann Pestalozzi, fundaron escuelas modelo para niños y jóvenes. Fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando se organizaron los primeros sistemas nacionales de educación, principalmente en Europa y Estados Unidos. ([10])  

La educación, es y seguirá siendo el elemento que incide en la transformación y crecimiento de los seres humanos, y el papel de los educadores es tan importante como esa presencia de la realidad  y  su  relación con  los  contenidos educativos. En este sentido Paulo Freire le concede prioridad a la preparación no sólo teórica de los docentes, expresando que: “la preparación científica del profesor o de la profesora debe coincidir con su rectitud ética. Cualquier desproporción entre aquélla y ésta es una lástima. Formación científica, corrección ética, respeto a los otros, coherencia, capacidad de vivir y de aprender con lo diferente, no permitir que nuestro malestar personal o nuestra antipatía con relación al otro nos hagan acusarlo de lo que no hizo, son obligaciones a cuyo cumplimiento debemos dedicamos humilde pero perseverantemente” ([11]). Estas ideas son guías sustantivas para la formación humana.

La afirmación de Freire lo ubica en el plano de apropiación pedagógica humanista porque Freire, abogado de profesión, se constituye en educador, según lo refiere su propia esposa, en el libro Pedagogía de la Esperanza. ([12]).  Pero no educador de miedos ni limitaciones, sino un educador que asume concientemente el arte de enseñar y aprender con el otro, como medio de formación humana. Una formación que prepara para el trabajo creador y la vida con sentido.

Considerando la opinión de Paulo Freire, es importante tomar en cuenta que la educación en los distintos ámbitos debe ser considerada con prioridad para que la formación humana que se proporciona a una persona le permita el desarrollo de las habilidades y capacidades indispensables para no perder en su caminar diario ese aspecto humanitario que tanto recalca el pensador brasileño.

La educación como formación humana integra varios aspectos formativos, que le darán al individuo las herramientas necesarias y suficientes para lograr en su momento la interpretación del mundo en el que se desenvuelve y sobre todo, observar detenidamente aquello que puede aportar a fin de lograr una transformación de la realidad, transformación que tendrá como punto de partida,  la formación humana que ha recibido con anterioridad.

Puede observarse que (…) “desde la antigüedad griega se valoraba la educación, ligada a las buenas artes (la poesía, la elocuencia, la filosofía), como una actitud indistinguible del ocio y opuesta a las labores del esclavo, sumido en la necesidad y el trabajo manual” ([13]).

No se trata de hacer una distinción entre las labores del esclavo y el que no lo era, más bien buscamos recatar lo que para ellos significaba la educación, y sobre todo, de cómo pretendían resaltar de entre las labores diarias, aquello que en su mentalidad, ellos creían que daría “alimento” al interior del individuo, como lo era la música, la poesía y la filosofía.

Con la música buscaban en cierto modo una armonía, con la poesía la transmisión de aquello hermoso que se podía decir de algo o alguien, y en la filosofía, la reflexión sobre algo o sobre sí mismo, con la finalidad de perfeccionar el actuar del ser humano.

Todo lo que se buscaba en esa cultura, no era otra cosa, que la manera en que se pretendía llegar a la perfección, lo cual también lo aborda Freire utilizando el término de inconclusión del ser humano, tal como lo muestra en el siguiente texto:

“Es en este sentido, por ejemplo, como me aproximo de nuevo a la cuestión de la inconclusión del ser humano, de su inserción en un permanente movimiento de búsqueda, como vuelvo a cuestionar la curiosidad ingenua y la crítica, que se vuelve epistemológica. Es en ese sentido como vuelvo a insistir en que formar es mucho más que simplemente adiestrar al educando en el desempeño de destrezas” ([14]).

Si Freire buscaba formar más que adiestrar, habría que preguntarnos ¿qué es lo que se hace en el aula con los alumnos mexicanos diariamente?  ¿Estamos formando seres humanos capaces de decidir, de observar, de analizar, de reflexionar, de tomar la iniciativa en la acción, en sí, de transformar como lo dice Freire?

La formación humana implica una serie de elementos que definitivamente no se encontraban en la instrucción que se pretendía dar dentro de la escuela o la educación bancaria, que en apariencia estaba dirigida al aspecto humano; sin embargo sobresalía el aprendizaje mecánico, memorístico, limitatorio, en donde sólo la palabra y el  conocimiento del docente prevalecía, y en donde el aspecto humano no tenía interés alguno, dado el instruccionalismo en que se desarrollaba, objetivando a los alumnos.

Por su parte, Herder consideraba  que “la educación para la Humanidad es una obra que debe ser continuada sin interrupción; o recaeremos tanto los altos como los bajos estamentos en la ruda animalidad, en la brutalidad” ([15]). Habrá entonces que tomar en cuenta que la más ruda animalidad es caer en lo rutinario, en lo mecánico, en aquello que no nos permite hacer algo por los demás ni por nosotros mismos.

Si la educación para la humanidad es una acción continua y sin interrupción, entonces es una praxis para toda la vida, es un continuo aprendizaje, es un constante observar las necesidades de los demás y las carencias del entorno, a fin de analizar, qué es lo que puede hacerse por él, en beneficio de todos los que lo habitan.

Paulo Freire comentaría que: “En otro tiempo pude haber sido un observador "accidentalmente" imparcial, lo que, sin embargo, nunca me apartó de una posición rigurosamente ética. Quien observa lo hace desde un cierto punto de vista, lo que no sitúa al observador en el error. El error en verdad no es tener un cierto punto de vista, sino hacerlo absoluto y desconocer que aun desde el acierto de su punto de vista es posible que la razón ética no esté siempre con él” ([16]).

Es así que la formación humana, debe proporcionarnos las herramientas para poder analizar la realidad y obtener nuestro propio punto de vista acerca de algo, pero también es importante que no se adopte la postura de que ese punto de vista es infalible. Puede en algún momento cometerse un error, y como un ser humano que ha sido formado con valores, debe reconocerse el error, escuchar y atender la opinión de los demás, para posteriormente decidir sobre lo que se llevará a la praxis en determinada situación.

“Especialmente en el tiempo de la Edad Media, fue utilizado el término de Bildung, con el cual se entendía la formación y la educación de manera general, pero siempre llevaba un  trasfondo religioso y se orientaba a la purificación de la creencia pecaminosa, y es en el siglo XVIII en donde toma formas seculares, ideas pedagógicas y en algunos de los casos se ve también ligado al desarrollo natural de los organismos.

Es en esta época en donde la idea de Bildung es tomada en relación a todo lo referente al desarrollo orgánico y armónico, y es Goethe, quien incorpora la idea de movimiento “Contemplemos todas las formas, comprobaremos entonces que no hay ninguna inmóvil […] sino que todo oscila en movimiento constante” ([17]).

Ante esta idea de movimiento va inseparable la de observación, pues para contemplar aquellas formas de las que posteriormente se esperaría comprobar su inmovilidad, debería el sujeto, estar atento a cada uno de los movimientos o transformaciones que pudieran ser detectadas.

La educación a lo largo de los siglos ha sufrido grandes transformaciones, pero tuvo que llegar el siglo XX y relacionarse con el pensamiento de muchos investigadores, como Paulo Freire, para que pudiera adquirir un verdadero elan humanista, en donde se diera la importancia debida al quehacer reflexivo del hombre dentro de la educación,  sobre todo a enseñarle a ser crítico para posteriormente convertirse en un transformador de su realidad.

Para Paulo Freire (…) “la cuestión de la formación docente junto a la reflexión sobre la práctica educativa progresista en favor de la autonomía del ser de los educandos es la temática central” ([18]).

Para nuestro pensador, la formación humana está estrechamente relacionada con el quehacer del docente, y en ella la reflexión juega un papel de gran importancia, pues ello permite tomar decisiones que llevarán posteriormente a una autonomía del ser, tema principal de su obra la Pedagogía de la autonomía, en donde afirma que la educación indiscutiblemente tiende a la humanización, ya que es en ese prepararse, en ese reflexionar y reconocerse con los otros, cómo el ser humano se encuentra a sí mismo, porque el hombre debe buscar y encaminarse hacia la perfección, hacia lo absoluto, como aconsejaba también Martí. Una visión filosófica profunda de la formación humana, sirve de base a una concepción de esta naturaleza.

Es a través del fundamento filosófico que puede llegarse al entendimiento de una reflexión adecuada sobre la realidad, y como el propio Freire dice, del conocimiento verdadero  y de la acción correcta, que en cierto modo, es uno de los trabajos más difíciles del ser humano, eso de llevar a cabo la acción correcta no es algo que se haga todos los días, pues varía en gran medida del punto de vista que se tenga y del análisis que se haya realizado del contexto y de las necesidades identificadas en cada caso.

No es fácil la tarea del docente, a fin de llevar a cabo una adecuada formación humana y salirse de los esquemas mecánicos de la repetición o la memorización.  Por tal motivo los profesores deben ser conscientes de su responsabilidad y educar a sus alumnos de forma de hacerlos hombres responsables que sepan detectar los problemas sociales, analizarlos, reflexionarlos y tomar decisiones adecuadas sobre ellos.

Paulo Freire expresa uno de sus deseos cuando escribe: “Me gustaría, por otro lado, subrayar para nosotros mismos, profesores y profesoras, nuestra responsabilidad ética en el ejercicio de nuestra tarea docente, subrayar esta responsabilidad igualmente para aquellos y aquellas que se encuentran en formación para ejercerla” ([19]).

Este es uno de los aspectos maravillosos y humanistas que dejó Freire a los maestros y a quienes pretenden serlo, ya que para él, la responsabilidad ética es un aspecto muy importante, pues ahí se señala cada una de las tareas a realizar y el compromiso que se tiene de manera especial con los educandos, es decir, proporcionarles una formación humana a la altura de las necesidades actuales para que sepan enfrentar situaciones concretas, reflexionar sobre ellas y llevar a la praxis aquello que sea lo indicado.

Una formación humana, implica cierta capacidad de reflexionar sobre la situación existente, al mismo tiempo que debe tomar una decisión sobre lo que sucede. Desafortunadamente no siempre se da la oportunidad de pensar y llevar algo a la praxis, tal como sucedió con algunos de los pensadores que en su tiempo fueron vistos como una amenaza para el sistema.

En su momento el pensamiento de Antonio Gramsci  ([20]) se entendió como algo tan peligroso para algunos gobiernos, que “a finales de 1926 fue encarcelado por el fascismo; era preciso, dictaminó el juez, <impedir durante veinte años que ese cerebro siguiera funcionando>” ([21]).

En una formación humana, se requiere ante todo que el cerebro funcione en todo momento, tanto para las personas que se están formando como para aquellos que se desempeñan en la labor docente, pero no sería una adecuada ni completa formación humana si alguien nos dijera lo que le mencionaron a Antonio Gramsci, que nos impidieran el funcionamiento de nuestro cerebro, porque siendo así, ¿entonces cómo podríamos reflexionar sobre algo?.

Si a nuestro cerebro le impidieran seguir funcionando no podríamos profundizar sobre la realidad que vivimos, ni analizarla, ni tomar decisiones que nos llevaran a una praxis en beneficio de muchos, pero mucho menos nos ayudaría a alcanzar una transformación del entorno en el que nos desenvolvemos, impidiendo la humanización de  nuestra realidad. Y no siempre la escuela permite que funcione el cerebro de sus estudiantes y profesores, al igual que la eticidad concreta que debe mediar todas las acciones académicas y docentes.

Según Freire “una de nuestras peleas en la Historia es exactamente ésta: hacer todo lo que podamos en favor de la eticidad, sin caer en el moralismo hipócrita, de sabor reconocidamente farisaico” ([22]). Y eran acciones farisaicas, aquellas en las que se decía que lo importante era el pueblo y no dejaban que un cerebro siguiera funcionando. Se menciona como ejemplo el caso de Gramsci, pero a lo largo de la historia hubo muchos más, en donde la reflexión que llevaría a una praxis para mejorar el entorno, trató de ser detenida. “Para Jaspers, cuya influencia en Freire es registrable, la mayor arma contra el totalitarismo es precisamente la conciencia de la imperfección de las instituciones y prácticas humanas” ([23])

En la medida en que tanto las instituciones como las personas, reconozcan su imperfección, buscarán y tratarán de salir adelante aplicando nuevas formas o ideas de vida, que ayuden a todos los grupos humanos a mejorar su entorno y a ser mejores de manera individual.

Cuando la práctica humana se reconoce imperfecta es necesario tomar la decisión de activarse, de instruirse, de prepararse, y es entonces cuando se convierte en un arma contra el totalitarismo, el cual se presenta en una sociedad de muchas formas como puede ser la educación bancaria, en donde no se da la oportunidad al ser humano de reflexionar, de decidir, de ser él mismo, y trata un sistema de decirle qué hacer y cómo responder ante diversas circunstancias de la vida diaria.

Freire dice que él está “absolutamente convencido de la naturaleza ética de la práctica educativa, en cuanto práctica específicamente humana” ([24]). Y es que cuando dentro de la práctica educativa se toma en cuenta la naturaleza ética, se proporciona a los estudiantes una formación humana adecuada, pues no lleva un trasfondo oculto, sino solamente la única finalidad de hacer de ese estudiante un hombre de bien, y sobre todo, capaz de tomar decisiones adecuadas en su vida y en busca de la transformación de su entorno en beneficio de los demás.

Una educación bien fundada y bien cimentada en valores y principios, lleva sin lugar a dudas a una formación humana adecuada para todo individuo, pues le permitirá descubrir aquello que debe transformar, tanto en su vida como en su entorno, y sobre todo que después de haber tomado una decisión, podrá llevar a la praxis todo eso que considera correcto, o que se convierte en una respuesta a la necesidad imperante en ese momento.

En correspondencia con esto, el filósofo Agustín Basave escribe en su obra Filosofía del hombre, lo siguiente: “Las manifestaciones vitales que constituyen mi vida me son constantemente presentes y se me escurren a cada momento. Vivo, pero no puedo permanecer en mí. Vivo huyendo de mí mismo, sin poder detener mis vivencias. Tengo conciencia de la unidad de mi vida y, no obstante, soy un misterio para mí mismo. Mi vida es inconmensurable, incomprensible, inapresable. Vivo un acontecimiento y se me fuga, no permanece. Todo en mi vida es pasajero. No puedo detener mis vivencias,  ni acumularlas. Me siento inseguro, diseminado, atomizado. El mundo se me presenta como mudadizo, como inestable. La inquietud me acompaña siempre” ([25]).

Al hacer esos comentarios, Basave confirma de una manera muy personal esa inconclusión de la que en repetidas ocasiones ha hablado Paulo Freire, y es que nada está estable, todo se mantiene en constante movimiento, y por ello al ser humano le puede acompañar siempre una inquietud. Ese sentirse inquieto, le llevará a reflexionar sobre la realidad, sobre situaciones concretas, sobre la forma de responder a determinadas circunstancias y problemáticas cotidianas, y siempre, tendrá que tomar una decisión de algo que llevará a la praxis y en donde reflejará esa formación humana que fue recibiendo en el hogar, en los diversos estudios realizados y en donde sus maestros, al menos aquellos que actuaron éticamente,  jugaron un papel de suma importancia.

Al mismo tiempo, dice Freire que: “Cuando hablo de la ética universal del ser humano estoy hablando de la ética en cuanto marca de la naturaleza humana, en cuanto algo absolutamente indispensable a la convivencia humana. Al hacerlo estoy consciente de las posturas críticas que, infieles a mi pensamiento, me señalarán como ingenuo e idealista” ([26]).

De alguna manera ambos pensamientos se conforman, pues uno menciona esa inquietud que siempre le acompaña, y que es una manifestación del no ser perfecto y mantener constantemente una búsqueda y algo que le llene ese vacío, mientras que Freire habla de la ética universal del ser humano, que aplicada al aspecto educativo deja una verdadera marca en la naturaleza humana, aspecto que es esencial en la interacción educativa.

En la actualidad, cuando encontramos un pensamiento que nos gusta o que nos invita a seguirlo, es muy probable que alguien nos diga como le dijeron a Freire: “ingenuo e idealista”, pues a la gran mayoría le agrada más, aquello que no implica esfuerzo, aquello que no va contracorriente, aquello que no causa a otros conflicto, y sobre todo lo que no nos pide el esfuerzo de reflexionar y comprometernos con una causa.

San Buenaventura, sostiene que “la razón humana se considera un instrumento necesario pero limitado, que el alma debe superar si quiere completar el camino hacia el conocimiento y la virtud” ([27]). Consideramos que la forma en que el alma puede superar esas limitaciones, es precisamente a partir de la reflexión, y  de la praxis, ya que desde el punto de vista docente, eso es lo que les llevará a proporcionar un servicio educativo enfocado a una formación humana, y desde el punto de vista de los alumnos, les permitirá una mayor autonomía, y por lo tanto libertad individual e intelectual.

La mejor forma de completar el camino hacia el conocimiento y la virtud es precisamente buscando aquello que falta en el interior y que moviliza a las personas a mantenerse atentos a todo lo que debe adquirir, lo cual  lleva a reflexionar y a mantenerse activos y dejar la pasividad de lado.

Paulo Freire considera que: “La ideología fatalista, inmovilizadora, que anima el discurso liberal anda suelta en el mundo. Con aires de posmodemidad, insiste en convencemos de que nada podemos hacer contra la realidad social que, de histórica y cultural, pasa a ser o a tornarse "casi natural". Frases como "la realidad es justamente así, ¿qué podemos hacer?" o "el desempleo en el mundo es una fatalidad de fin de siglo," expresan bien el fatalismo de esta ideología y su indiscutible voluntad inmovilizadora” ([28]).

No es posible lograr una verdadera formación humana, fundada en la ideología neoliberal fatalista, que privilegia el tener por encima del ser. La formación humana  tiene que sustentarse en una cultura del ser humanista.

La mejor manera de reconocer esa ideología fatalista, es precisamente en una educación bancaria, en donde al estudiante se le inmoviliza, se le impide de una forma discreta y diplomática que utilice su cerebro, que pueda reflexionar, que pueda tomar decisiones, que lleve a cabo una praxis, y sobre todo, que logre la transformación de su entorno.

En la medida en que el ser humano de los diferentes países, crea que su actuar no logrará nada frente a la situación que se vive a nivel mundial, se colabora con la difusión y extensión de esa ideología fatalista que no hace otra cosa que inmovilizar el actuar de las personas, actuar que puede llevarle a cambios pequeños que en conjunto reflejarán una transformación de la realidad.

Para San buenaventura “toda actividad gnoseológica está guiada en última instancia por una luz intelectual que procede de Dios y en la que se funda toda posible comprensión de lo que existe” ([29]). Independientemente de que el pensamiento del filósofo San Buenaventura, tiene un matiz espiritualista de tipo idealista, lo que concuerda perfectamente con el pensamiento de Paulo Freire, es que a partir de una actividad gnoseológica hay una iluminación intelectual y es cuando se comprende la realidad y se analiza lo que de ella es necesario transformar en beneficio de todos los habitantes.

Si se diera paso e importancia a la ideología fatalista, no se tendría la oportunidad de reflexionar sobre las necesidades individuales, mucho menos sobre aquellas que atañen a una comunidad, es por ello de suma importancia la praxis en el pensamiento de Freire, pero una praxis verdadera, comprometida, de esperanza, de transformación. La praxis como actividad material adecuada a fines., como criterio objetivo de la verdad, y como mediación central en la conversión de lo ideal en material y viceversa.

Para Paulo Freire: “más que un ser en el mundo, el ser humano se tomó una presencia en el mundo, con el mundo y con los otros. Presencia que, reconociendo la otra presencia como un "no-yo" se reconoce como "sí propia". Presencia que se piensa a sí misma, que se sabe presencia, que interviene, que transforma, que habla de lo que hace pero también de lo que sueña, que constata, compara, evalúa, valora, que decide, que rompe. Es en el dominio de la decisión, de la evaluación, de la libertad, de la ruptura, de la opción, donde se instaura la necesidad de la ética y se impone la responsabilidad” ([30]).

Esas palabras de Freire, no podrían hacerse vida en un entorno en el que la educación no esté enfocada hacia la formación humana, como tampoco permitiría al ser humano tomar esa presencia en el mundo, con el mundo y con los otros, si por ejemplo se desenvolviera en un ambiente fatalista en donde no importa el actuar, la reflexión, la praxis y la decisión individual. Porque todo esté normado.

Rousseau pensaba que: “La causa de la pérdida de los niños es su aparente facilidad de aprender, y no vemos que esta misma facilidad es prueba de que nada aprende. Liso y pulimentado su cerebro, repite como un espejo los objetos que se le presentan, pero nada retiene, nada penetra. El niño repite las palabras, las ideas se reflejan; los que las escuchan las entienden, él solo no las entiende” ([31]).

La escuela tradicional en la que experimentó Rousseau, es otra de las manifestaciones del fatalismo y de totalitarismo que no permiten al ser humano recibir una formación humana y que les llevan a una práctica educativa que tiene su fundamento en la repetición y el mecanicismo.

Al expresar que su cerebro es liso y pulimentado, se hace referencia a las palabras de Aristóteles relacionada con la educación, en donde mencionaba que los niños son como una tábula rasa, limpia, en donde todo lo que se les enseña se va grabando y ello conforma sus conocimientos. Actualmente la idea es diferente, incluso Freire, dice que el alumno debe entender cada aspecto que se le enseña y aplicarlo a su realidad, para así comprenderla y transformarla en su momento.

En opinión de Freire: “Desde el punto de vista de tal ideología, sólo hay una salida para la práctica educativa: adaptar al educando a esta realidad que no puede ser alterada. Lo que se necesita, por eso mismo, es el adiestramiento técnico indispensable para la adaptación del educando, para su sobrevivencia” ([32]).

La educación debe adaptarse a las necesidades de cada lugar, y ha de proporcionársele a los alumnos, exactamente aquello que requiere para comprender mejor su realidad, estudiarla, analizarla y tomar acciones sobre ella.

En la idea de Hegel: “La fenomenología del Espíritu –que, como introducción al sistema total de la ciencia, presenta <el devenir de la ciencia en general, o del saber>- venía a convertirse así en una suerte de pormenorizada descripción de las diferentes formas, momentos, fenómenos estadios de la conciencia hasta llegar al saber absoluto” ([33]).

Ese saber absoluto en Hegel puede interpretarse como la perfección que se busca y para la cual hay que luchar contra los obstáculos que se presenten en el camino y que se plasman en cada entorno, ese devenir de la ciencia en general, es una forma en que se obtienen los conocimientos necesarios para tener las herramientas que permitan al ser humano hacer frente a cada situación que se presenta en particular.

Freire comenta que: “La reflexión crítica sobre la práctica se torna una exigencia de la relación Teoría/Práctica sin la cual la teoría puede convertirse en palabrería y la práctica en activismo” ([34]). Es así como nuevamente Paulo Freire insiste en su praxis, que es la forma de llevar a cabo en acciones concretas aquello que en teoría se considera una respuesta frente a una situación concreta.

La reflexión crítica sobre la práctica, no es algo que esté en condiciones de elegirse en hacerse o no, sino que es algo que necesariamente debe llevarse a cabo, de lo contrario, la teoría quedaría encerrada en palabras y la practica que se llevara a cabo no tendría una finalidad humanitaria.

“Educadores como Pestalozzi (V.) y Georg M. Kerschensteiner (V.), han sobrepuesto (o sotopuesto) a menudo a la labor metódica concreta una reflexión sobre los fines de la educación. Otros como Herbart o Dewey, han propuesto ciertos métodos en vista de ciertos fines” ([35]).

Independientemente de lo que cada uno de los educadores antes mencionados haya propuesto o haya pensado que era lo mejor en su momento, lo que vale es que en medio de su realidad, descubrieron que algo no andaba bien, que la pedagogía de su momento no respondía a las necesidades sociales, educativas y  humanas de su pueblo.

De la reflexión que ellos hicieron de su realidad, concluyeron que algo se debería hacer, y por lo tanto, mejorar las condiciones tanto educativas como de vida de esas personas, de forma tal que si eso hiciéramos los educadores de hoy, se encontrarían respuestas concretas  a situaciones particulares con lo que se enseñaría de una forma bastante práctica lo que es la educación en cuanto formación humana.

Para Paulo Freire es de gran importancia que: “Quien se está formando, desde el principio mismo de su experiencia formadora, al asumirse también como sujeto de la producción del saber, se convenza definitivamente de que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades de su producción o de su construcción” ([36]). Esta idea resulta central en la aprehensión freiriana de la formación humana, como preparar al hombre para vida, particularmente, con riqueza espiritual.

Con lo anterior queda desplazada nuevamente la educación bancaria de la que fue testigo Freire por muchos años, y que en diferentes países se hizo presente con diversos matices, pero dando como resultado uno mismo, una actitud pasiva por parte de las personas de forma que no se permitían llegar a una reflexión o ejecutar una crítica adecuadamente.

Agustín Basave,  nos comparte una idea de su pensamiento muy particular, mencionando que: “Vivir significa anhelar plenitud susbsistencial. Si sufro es porque no soy plenamente lo que quiero ser. Mi ser actual no puede satisfacerme. Física y espiritualmente me siento ontológicamente desamparado, menesteroso, insuficiente. Mi afán de plenitud es limitado. Y quisiera que este afán no fuera obstaculizado, para lograr la máxima concentración de vida” ([37]).

Tal y como muestra también Freire, siempre que el hombre no es lo que quiere ser, le causa sufrimiento, experimenta una sensación de desamparo ontológico, de insuficiencia. Siente que su afán de plenitud se encuentra limitado y ello le impide alcanzar la máxima concentración de vida. En otras palabras, es un ser inconcluso.

La educación como formación humana, es todo un proceso, es todo un logro, pero especialmente, debe asumirse como una necesidad para alcanzar la transformación que los pueblos requieren frente a las condiciones que se viven mundialmente. Realidades que a la vez condicionan a los seres humanos, y que con el afán de quedar incluidos aceptan toda condición y obediencia ciega a los dictatoriales, pero en realidad como dice Basave,  el sufrimiento de no ser lo que realmente quieren ser  es lo que les invade y les inmoviliza.

De tal modo que son sabias las palabras de Paulo Freire al decir que: “Transformar la experiencia educativa en puro adiestramiento técnico es depreciar lo que hay de fundamentalmente humano en el ejercicio educativo: su carácter formador. Si se respeta la naturaleza del ser humano, la enseñanza de los contenidos no puede darse alejada de la formación moral del educando. Educar es, sustantivamente, formar” ([38]). He ahí la esencia de la formación humana.

Una educación que nos invite a reflexionar sobre la realidad, sobre lo que cada individuo vive en su entorno, en analizar su vivencia, en tomar decisiones y finalmente luchar por una transformación, es lo que el ser humano requiere en la actualidad para ser cada vez mejor y darse a los demás de manera desinteresada y en un ambiente de amor a los otros.

Una educación para la formación humanam, es vislumbrar en la penumbra esa tenue luz que se filtra en el entendimiento para comprender al otro y para trabajar con el otro. Luz que poco a poco se va constituyendo en un armonioso sentir y vivir, en donde la razón y la voluntad de los seres humanos se entrelazan para alcanzar la plenitud, evitando el dolor que causa la inestabilidad emocional de sentirse solo e incompleto. Por eso una educación humanista llamará a la cordura, a la reflexión, a tomar en cuenta el máximo  sentimiento del ser humano  que es el amor y que como lo refiere el Dr. Pupo en uno de los versos del poema “El amor hace milagros” (…) 

 

Hacer el bien sin nada esperar,

Convertir lo pequeño en grandeza infinita,

Unirnos al Cosmos como parte de él,

Florecer el entorno con solo mirarlo

El que tiene amor todo lo tiene” ([39]).

 

Es ése precisamente el profundo significado que tiene la educación como formación humana  cuando cada acción áulica se realiza con amor. Y  como Martí expresa en su pensamiento que:

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido,

es hacer de cada hombre, resumen del mundo viviente hasta el día en que vive, es ponerlo a nivel de su tiempo para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo,… es preparar al hombre para la vida.”  ([40]).

En el discurso filosófico educativo de Freire, en torno a la formación humana, la huella martiana, consciente o inconscientemente, es registrable. Eran dos grandes humanistas colmados de amor por el bien del hombre. Cuánta similitud se observa en sus discursos e ideas. “Hay un sistema de educación- enfatiza Martí- que consiste en convertir a los hombres en mulos, en ovejas, en descombrarlos, en vez de ahombrarlos más. Una buena educación, ni en corceles siquiera, en cebras ha de convertirlos. Vale más un rebelde que un manso[41].

La filosofía de Freire, devenida pedagogía crítica para la libertad, coincide plenamente con los asertos martianos.

Referencias:

[1] Pupo, R., Buch, R. La filosofía en su historia y mediaciones. Editorial Sintaxis, México, 2008, p. 18

[2]  Sarramona J. (1989). Fundamentos de Educación. España: Editorial CEAC.

[3]  Freire, Paulo.(1990). La naturaleza política de la educación. Hacia un diseño de la enseñanza y las profesiones.  Ministerio de Educación y Ciencia. Paidós Editores. Barcelona

[4]  Freire, Paulo.(1990). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI editores. Pág. 37

[5]  Freire, Paulo.(1990). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI editores. Pág.100

[6]  Freire, Paulo.(1994) “Cartas a quien pretende enseñar” Siglo XXI editores Pág. 29

[7]  Pupo, Rigoberto( 2006 ) “La Metaforización de la Filosofía” Cátedra doctoral en el Instituto José Martí de Monterrey

[8]  Freire, Paulo.(1990). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI editores.

[9]  Alfred K. (1990). Introducción a la Pedagogía. España: Editorial Herder

[10]  Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2002. © 1993-2001 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[11]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 6.

[12]  Freire, Paulo. (1993). Pedagogía de la Esperanza. Siglo XXI editores Pag. 14-15

[13]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 299.

[14]   Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 5.

[15]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 301.

[16]   Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 5.

[17] Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 302.

[18]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 5.

[19]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 5.

[20]Gramsci nació en Cerdeña en el seno de una familia muy humilde. Inició sus estudios superiores en la Universidad de Turín en 1911, pero la abandonó en 1914 debido a un problema crónico de salud. Comenzó a trabajar como periodista en Avanti! (¡Adelante!), un periódico del partido socialista, en 1916, y poco después fundó otro diario, en colaboración con Palmiro Togliatti y otros compañeros, llamado Ordine Nuovo (Órden Nuevo) en 1919. Tomó parte en el movimiento de Consejos de Fábricas que intentó sin éxito desafiar a Fiat y otras compañías de Turín y sus alrededores durante 1920. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano (PCI), formado en enero de 1921 en el Congreso de Livorno, y trabajó para la Komintern (la III Internacional comunista) en Moscú y Viena, pero regresó a Italia en 1924 para unirse a la oposición parlamentaria enfrentada a la dictadura de Benito Mussolini. Fue arrestado en 1926 y encarcelado en 1928. Falleció el 27 de abril de 1937 en el hospital de una prisión de Roma. La influencia del pensamiento de Gramsci ha continuado gracias a obras como Cuadernos de la prisión, publicada por primera vez entre 1948 y 1951. Su análisis de las dificultades que se plantean en las sociedades avanzadas y cambiantes, en las que la clase gobernante ejerce no sólo el poder militar y político sino también la hegemonía intelectual y cultural, atrajo la atención de Jean Paul Sartre, Louis Althusser y otros pensadores marxistas, algunos de los cuales criticaron su actitud revolucionaria.

[21]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 385.

[22]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 6.

[23]  Karl Theodor Jaspers nació el 23 de febrero de 1883 en Oldenburg. Estudió Derecho y Medicina y en 1909 recibió el título de doctor en la Universidad de Heidelberg. Trabajó desde ese año en la clínica psiquiátrica de dicho centro y, posteriormente, fue profesor de Psicología (desde 1916) y de Filosofía (desde 1920). Jaspers, cuya mujer era judía y que criticó sin paliativos a las autoridades nacionalsocialistas desde que Adolf Hitler alcanzara el poder en Alemania en 1933, fue apartado en 1937 de su cátedra de Filosofía (que había conseguido en 1922). En 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial, fue repuesto en ella y en 1948 marchó a Suiza tras aceptar la cátedra de Filosofía de la Universidad de Basilea. Falleció en esta ciudad el 20 de febrero de 1969.

[24]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 6.

[25]  Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México. Pág. 85.

[26]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 6.

[27]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 78.

[28]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 7.

[29]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 79.

[30]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 6.

[31]  Rousseau, Juan Jacobo. (2002). Emilio o de la educación. Editorial Porrúa, Col. Sepan Cuantos # 159. México. Pág. 80.

[32]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 7.

[33]  Muñoz, Jacobo. (2003).  Diccionario de Filosofía. Editorial Espasa. Madrid. Pág. 263.

[34]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 8.

[35]   Ferrater Mora, José. (1984). Diccionario de Filosofía. Tomo 2. Editorial Alianza. Barcelona. Pág. 893-894.

[36]  Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 8.

[37]  Basave Fernández del Valle, Agustín. (1990). Filosofía del hombre. Ed. Espasa-Calpe. Col. Austral # 1336. México. Pág. 86.

[38]   Freire, Paulo. (2004). Pedagogía de la autonomía. Ed. Paz e Terra, S.A. Brasil. Pág. 11.

[39]   Pupo, Rigoberto ( 2005) “El amor hace milagros “ Inédito.

[40]   Martí, José 1853-1895/ 2001. Maestros ambulantes. En centro de estudios Martianos Obras Completas  (Vol. 8, pp.  288-292. La Habana Cuba.

[41] Martí, J. Obras completas. Tomo 21. Editorial nacional de Cuba, La Habana, 1967, p. 142.

 

Dra. Anastacia Rivas Olivo

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