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El concepto trabajo y sus mediaciones en la “Crítica al Programa de Gotha”. (Aproximación hermenéutica con sentido clasista) |
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El
concepto trabajo es asumido por Marx, en los inicios de su formación
filosófica, principalmente, a través de la Fenomenología del Espíritu
de Hegel, como proceso de autocreación del hombre, y de
los economistas clásicos ingleses, como base de las riquezas.
Estas premisas teóricas devienen cauces hermenéuticos que en su
progresiva evolución superará, con la revelación de nuevas
determinaciones y condicionamientos y en los marcos de una concepción
sistémico – compleja del hombre y la sociedad. Ya
en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, aún bajo cierta
influencia de Feuerbach y Hegel, y todavía expresando sus ideas mediante
un discurso abstracto, da pasos firmes que anuncian los gérmenes de
cambios profundos. Así, en torno a la Economía política burguesa dirá:
“La economía política parte del hecho de la propiedad privada, pero no
nos la explica. Expresa en fórmulas generales y abstractas el proceso
material a través del cual la propiedad privada pasa en la realidad, y
estas fórmulas las toma como leyes. No penetra estas leyes: es decir, no
demuestra cómo surgen de la naturaleza misma de la propiedad privada. La
economía política no descubre las fuentes de la división entre trabajo
y capital, y entre éste y la tierra. Cuando, por ejemplo, define la
relación entre salario y beneficio, considera que la causa última es el
interés de los capitalistas; es decir, da por sentado lo que se supone ha
de demostrar”[1]. La
crítica, aunque aún carece de sólidos fundamentos, es capaz de dar
cuenta de un hecho empíricamente visible: la economía política no
explica la esencia de la propiedad privada y los efectos que trae para el
trabajador: la alienación de la actividad y la actividad de la alienación,
que engendra el trabajo enajenado, en las condiciones de existencia
de la propiedad privada. “Por
consiguiente, - señala Marx - ahora debemos aprehender la relación
esencial entre la propiedad privada, la codicia, y la separación entre
trabajo, capital y propiedad territorial; entre cambio y competencia,
valor y devaluación del hombre, monopolio y competencia, etc.; la relación
entre toda esta enajenación y el sistema del dinero (...) Nosotros
partimos de un hecho económico real. El
obrero se hace más pobre mientras mayor riqueza produce, mientras más
aumenta su producción en poderío y extensión. El obrero se convierte en
mercancía y más barata a medida que crea más mercancías. El valor
creciente del mundo de las cosas determina la recta proporción de la
devaluación del mundo de los hombres. El trabajo no sólo produce mercancías:
se produce a sí mismo y al obrero como mercancías; y lo hace en la
proporción en que produce las mercancías en general”[2] El
gran humanista de los Manuscritos…, aún discurre con visos
especulativos. El concepto enajenación ya enfocado como trabajo enajenado
en determinadas condiciones históricas, por la carga polisémica que
lleva en sí le permite abrir caminos todavía inciertos, pero tomando
partido por los pobres de la
tierra y oponiendo a la propiedad privada, la revolución comunista. Al
mismo tiempo, reconoce que en los marcos de la enajenación general, el
capitalista hace con el obrero lo que éste no puede hacer con él. La lógica
especial del objeto especial y las diferencias específicas, núcleo teórico
de su futuro método y que un año antes como destello de luz, exigía en
la crítica a Hegel, ya empieza, aún como chispazo interrogativo, a dar
sus frutos. “¿Cómo podría enfrentar el obrero el producto de su
actividad como un extraño, si no fuera que en el momento mismo de la
producción se enajena de sí mismo? Después de todo, el producto es el
resumen de la actividad, de la producción. Si entonces el producto del
trabajo es la alienación, la producción misma debe ser una alienación
activa, la alienación de la actividad, la actividad de la alienación. En
la enajenación del objeto del trabajo, está sólo resumida la enajenación,
la alienación, en la actividad del trabajo mismo”[3]
Lo más importante de las aprehensiones del joven Marx, es la determinación,
aunque todavía débilmente explicada, que la enajenación del obrero hay
q ue buscarla en la
relación capital – trabajo. Sencillamente, es “(…) la relación del
obrero con el trabajo, con el producto de su trabajo y con el no
trabajador, y la relación del no trabajador con el obrero y con el
producto de su trabajo”[4]
del cual se apropia en beneficio del capital que acumula a costa de la
explotación del obrero. Por
supuesto, la teoría del trabajo en Marx, y su aprehensión hermenéutica,
no se queda en los Manuscritos… Avanza con inusitada rapidez en los años
subsiguientes y como parte inseparable de la concepción materialista de
la historia. Las Tesis sobre Feuerbach epigramáticamente delinean su gran
descubrimiento, al exigir abordar la realidad subjetivamente, y considerar
la vida esencialmente práctica. La Ideología Alemana, al comprender la
conciencia como ser consciente, y el ser de los hombres como un producto
de su vida real y práctica, para concluir la idea esencial que el ser
determina la conciencia, así como definir la sociedad como la interacción
práctica - teórica de los
hombres, sobre la base de la producción de los bienes materiales, y
determinar el movimiento social como un proceso complejo dimanante de la
relación contradictoria entre las fuerzas productivas y las relaciones de
producción para producir el cambio revolucionario y fundar el devenir de
la sociedad sobre nuevas bases. Sin estas mediaciones centrales resulta
imposible una teoría racional del
trabajo. Teoría que encontrará nuevas determinaciones sobre la base de
sus estudios profundos de la economía política, cuyos primeros
resultados se concretan en Miseria de la filosofía con la crítica a la
metafísica proudoniana, que desvirtúa la teoría del valor de Ricardo,
fundando una teoría del valor constituido irreal , ficticia y al margen
de los intereses del proletariado. Según Marx, y coincidiendo con las
ideas de Engels[5], expuestas
en Esbozo de la crítica de la Economía política, de los Anales
Franco – Alemanes y en La situación de la clase obrera en Inglaterra:
“El trabajo, siendo él mismo mercancía, se mide como tal por el tiempo
de trabajo que hace falta para producir el trabajo – mercancía. ¿Y qué
hace falta para producir el trabajo – mercancía? Justamente el tiempo
de trabajo que se invierte en la producción de los objetos indispensables
para el mantenimiento incesante del trabajo, es decir, para dar al
trabajador la posibilidad de vivir y de propagar su especie. El precio
natural del trabajo no es otra cosa que el mínimo de salario”[6].
En Miseria de la Filosofía, Marx criticando a Proudhon, y a la Economía
política burguesa adelanta muchas tesis que desarrollará en El Capital.
Con razón Lenin califica Miseria de la Filosofía como la primera obra
madura de Marx. Madurez que permite a él y a Engels un año después
publicar el Manifiesto del partido comunista, que con sentido clasista,
sobre la base de la contradicción capital – trabajo, burguesía –
proletariado, se sientan las bases para el cambio revolucionario, es
decir, que el manifiesto comunista deviene programa científico de lucha. Programa
científico de lucha que encontrará nuevos fundamentos en los trabajos
preparatorios de El capital,
y por supuesto, en la monumental obra El capital, tomando como punto de
partida la mercancía, en sus múltiples mediaciones, donde el trabajo
resulta su determinación central en la búsqueda del gran descubrimiento:
la plusvalía, que junto a la concepción materialista de la historia,
constituyen, según Engels los dos grandes aportaciones de Marx, y por
supuesto, de él también. La
aprehensión hermenéutica de Marx, con sentido clasista, y desde las
posiciones del proletariado, penetra con profundidad en la realidad social
capitalista, y con una visión científica, libre de prejuicios burgueses
y pequeño burgueses, es capaz de ir más lejos que los economistas clásicos
y los teóricos anarquistas y reformistas, que pretendían hacer cambios
sin revolucionar las bases del sistema capitalista. Por eso su método
parte de premisas nuevas: “Examino el sistema de la economía burguesa
– escribe Marx – por el orden siguiente: capital, propiedad de la
tierra, trabajo asalariado; estado, comercio exterior, mercado
mundial…”[7] Se
trata de una investigación, cuyos resultados coronan toda una vida
consagrada a un oficio y a una misión: La revolución comunista. En
el período de 1848-1871, la teoría filosófica marxista, vinculada
estrechamente a la práctica y sintetizando los nuevos acontecimientos, se
desarrolla. En
el desarrollo de la filosofía marxista la obra económica de Marx que
culmina con El capital, permitió que la concepción materialista de la
historia de hipótesis deviniera teoría científicamente fundamentada. El
descubrimiento de la plusvalía, piedra angular de la teoría económica
de Marx, reveló la esencia de la explotación capitalista y sirvió de
fundamento para demostrar el carácter histórico condicional de la
sociedad capitalista. El
modelo teórico que resume y refleja en Forma lógica el contenido de la
teoría del valor, Marx lo deduce de la realidad y la práctica social.
Fija la atención en la práctica productiva y el fenómeno general del
cambio que tiene lugar en la unidad contradictoria capital-trabajo. En el
análisis, Marx parte de la mercancía como concepto-célula límite más
abstracto, presente en el cambio, como dice Lenin, cotidianamente y
millones de veces. El partir de un concepto tan abstracto, le da el carácter
eminentemente deductivo a la teoría. Además, la mercancía encierra
embrionariamente todas las contradicciones del capitalismo. La estructura
lógica de El capital y el sistema categorial que lo resume tiene por base
el método dialéctico-materialista, el cual exige deducir las categorías
de la realidad, en tanto son sus expresiones-reflejas, mediadas por práctica.
Este sistema teórico y su consecución puede expresarse así: M…V…
D… C… P…AC El
trabajo media las categorías de mercancía y valor, ya que es el
fundamento del valor de la mercancía que se manifiesta en el acto del
cambio. Las mercancías antes de ser usadas como valores de uso tienen que
ser realizadas como valores, porque
tienen que enfrentarse en el acto del cambio. Esta contradicción está
dada por el doble carácter del trabajo materializado en la mercancía. Trabajo
privado
Trabajo social Concreto
Trabajo
Abstracto Valor
de uso Mercancía
Valor Sobre
la base del doble carácter del trabajo se erige todo el monumento de la
Economía Política. Por
lo tanto, la esencia de la mercancía es el valor, y la sustancia de éste,
el trabajo, por eso, el doble carácter de la mercancía está determinado
por el doble carácter del trabajo, en tanto fundamento del valor. El
valor en su desarrollo histórico, condicionado por la práctica social,
se ha manifestado de distintas formas hasta llegar a la forma dinero como
equivalente universal. El dinero es una mercancía, pero, además de su
valor de uso natural, determinado por sus propiedades, adquiere en el
proceso de cambio un valor de uso social. Al surgir el dinero, la fase del
cambio se descompone en dos: M—D y D—M; en la primera fórmula la
mercancía se realiza como valor y en la segundo corno valor de uso. Ahora
bien, ¿cómo se convierte el dinero en capital? En la producción
mercantil simple la fórmula es M—D—M, en la capitalista es D—M—D.
Este problema se resuelve dentro y fuera del proceso de circulación. El
capitalista compra la mercancía fuerza de trabajo, capaz de crear valores
de uso superior a ella. Es un proceso de valorización. Es el mismo valor
de la fuerza de trabajo que se valoriza (sustantivación del valor), o
sea, el capitalista paga el valor de la fuerza de trabajo y el obrero
trabaja una jornada entera, dando lugar a un p!ustrabajo (tiempo de
trabajo adicional), del cual se apropia el capitalista (plusvalía). Siguiendo
la lógica de Marx, se observa que en la fórmula D—M—D el dinero se
convierte en capital, por cuanto la suma inicial desembolsada se
autocrecienta por la plusvalía que se obtiene. Es un valor que se
valoriza, se autocrecienta. El
capital es una relación social, entre los hombres, a través del trabajo.
Marx, empleando el procedimiento de análisis, estudia el capital con los
elementos que lo integran: capital constante y capital variable. El
primero lo integran los medios de producción, y el segundo la fuerza de
trabajo; esta parte es la que produce la plusvalía, pues el primero se
transfiere a los productos. Ya hasta aquí Marx ha analizado la plusvalía
en su aspecto cualitativo, determinando la fuente que la produce; ahora
pasa al análisis cuantitativo, para así demostrar el grado de explotación
a que se somete el obrero; así, penetrando en la esencia de la plusvalía
yendo a sus determinaciones más profundas aborda la cuota de plusvalía y
el tempo de trabajo excedente y el adicional, categorías que reflejan la
explotación en sus aspectos cuantitativos. Después analiza las distintas
formas de plusvalías, etcétera. Marx
ha examinado el proceso de producción como un acto aislado, para así
demostrar la explotación capitalista (apropiación de la plusvalía) pero
esto es una abstracción, pues en ninguna formación económica social el
proceso de producción se da como un acto aislado, es un proceso que se
repite constantemente, pues todo proceso de producción es de reproducción.
De este modo, Marx pasa a la acumulación capitalista, a la conversión de
la plusvalía en capital, proceso que lleva a la transformación de la ley
de la producción mercantil en ley de apropiación capitalista. Este
proceso dialéctico lo caracteriza así: “Antes,
hubimos de estudiar cómo brota la plusvalía del capital, ahora
investiguemos, cómo nace el capital de la plusvalía.”[8]
Aquí Marx analiza la reproducción simple y la reproducción ampliada.
Demuestra que en la primera, el capital desembolsado se transforma en
capital acumulado sólo por el valor, el producto excedente está
compuesto sólo por artículos de consumo para el capitalista. Así, si
del valor total del producto elaborado compuesto por C—V—P, extraemos
la P para el consumo individual del capitalista, sólo quedará para
invertir de nuevo (C—V). En la reproducción ampliada la plusvalía se
convierte en capital. Aquí, producto del excedente, “encierra ya
elementos materiales de un nuevo capital”. En la reproducción simple el
capital inicial se regenera, cambia su fuente, porque se ha convertido en
plusvalía capitalizada, pero su cantidad se mantiene constante; en la
reproducción ampliada al capital inicial se le agregan nuevos capitales,
se reproduce en forma ampliada. La plusvalía se transforma en capital
variable y constante, y una parte pasa al consumo del capitalista. Este
proceso, Marx lo concreta más al pasar al análisis de la ley general de
la acumulación capitalista. Demuestra que el obrero no sólo produce
plusvalía, sino también capital incrementado. El
objeto esencial de la investigación, el propio Marx lo anuncia:
“Estudiaremos en este capítulo la influencia que el incremento del
capital ejerce sobre Ia suerte de la clase obrera. El factor más
importante en esta investigación, es la composición del capital y los
cambios experimentados por ella en el transcurso del proceso de acumulación.”[9]
Aborda el capital como proceso cualitativo que conlleva transformaciones
en su propia estructura. En el proceso de acumulación demuestra cómo
aumenta la superpoblación relativa o ejército de reserva. Introduce la
categoría de composición orgánica del capital, de cuya expresión emana
la agudización de la contradicción capital - trabajo. En
el discurso teórico de Marx, se observa que constantemente desciende a la
historia empírica del objeto para así nutrirse del contenido necesario
para continuar el ascenso teórico. Con la tendencia histórica de la
acumulación capitalista, culmina la teoría económica de Marx, ley según
la cual las propias condiciones de la acumulación capitalista traen
aparejada su negación: la emancipación obrera. Sin
lugar a dudas, en la teoría económica de Marx se transparenta en toda su
magnitud la comprensión dialéctico materialista de la unidad dialéctica
teoría-práctica, la relativa independencia de la teoría en su proceso
de aprehensión de la realidad concreta, así como su discernimiento
hermenéutico desde las posiciones y los intereses de las grandes masas,
portadoras del progreso. Por eso sus indagaciones resultan objetivas. Esta
comprensión dialéctica y compleja de la sociedad capitalista, y el
descubrimiento de la verdadera esencia de la explotación de la clase
obrera hacen más concreta aún su teoría del trabajo y sus varias
mediaciones, determinaciones y condicionamientos. De ahí que en la Crítica
al Programa de Gotha esté en condiciones de dejar sin efectos los
presupuestos teóricos y prácticos lasalleanos,
que más que abogar por el cambio revolucionario, se afanan en mantener el
status quo capitalista, en perjuicio del proletariado. La
aprehensión crítica hermenéutica de
Marx, posee una extraordinaria riqueza conceptual y metodológica, pues no
capta los sentidos del objeto investigado, a partir de una visión
reformista que deje intactas las bases de la explotación capitalista,
sino que desde posiciones revolucionarias aboga por la transformación
radical de las condiciones existentes. Si
en Miseria de la Filosofía deja sin efectos las tesis reaccionarias y
pequeño burguesas de la Filosofía de la miseria del anarquista Proudhon,
en la Crítica al programa de Gotha, estigmatiza el
reformismo lassalleano contenido e impregnado en el Programa del Partido
obrero alemán. A
través de un discurso con filo, comprometido con la causa de la clase
obrera, Marx muestra en las
Glosas marginales al Programa del Partido Alemán que “(…) aún
prescindiendo de la
canonización de los artículos de fe de Lassalle, el programa no vale
nada”[10]
No vale nada, porque sus
principios no responden a los intereses de la clase obrera y más que
encauzarse a la solución de sus problemas, devienen “defensores de todo orden social
existente”[11] Así,
en la Crítica al programa de Gotha, Marx, sobre la base de su
cultura filosófica, económica, política y su toma de partido por
la clase proletaria está en condiciones de ejercer la crítica en toda su
profundidad y concreción.
El concepto trabajo y sus
mediaciones constituirán un tema recurrente del discernimiento de Marx.
Ante la tesis: “El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda
cultura, y como el trabajo útil sólo es posible dentro de la sociedad y
a través de ella, todos los miembros de la sociedad tienen igual derecho
a percibir el fruto íntegro del trabajo”[12],
la respuesta aguda de Marx, a la primera tesis objeto de crítica, no se
hace esperar: “Primera parte del párrafo – acota Marx-: “El trabajo
es la fuente de toda riqueza y de toda cultura”. “El
trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los
valores de uso (que son los que verdaderamente integran la riqueza
material), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la
manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre
– enfatiza Marx, fuerza de
trabajo. Esa frase se encuentra en todos los silabarios y sólo es
cierta si se sobreentiende que el trabajo se efectúa con los
correspondientes objetos e instrumentos. Pero un programa socialista no
debe permitir que tales tópicos burgueses silencien aquellas condiciones
sin las cuales no tienen ningún sentido. Por cuanto el hombre se sitúa
de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de
todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya, por
tanto su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por
consiguiente, en fuente de riqueza. Los burgueses tienen razones muy
fundadas para atribuir al trabajo una fuerza creadora sobrenatural; pues
precisamente del hecho de que el trabajo está condicionado por la
naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de más propiedad que su
fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y
de civilización, esclavo de otros hombres, de aquellos que se han adueñado
de las condiciones materiales de trabajo. Y no podrá trabajar, ni, por
consiguiente, vivir, más que con su permiso. Pero
dejemos la tesis tal como está o mejor dicho, - continúa Marx- tal como
viene renqueando. ¿Qué conclusión habría debido sacarse de ella?
Evidentemente, ésta: “Como
el trabajo es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede
adquirir riqueza que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no
trabaja él mismo, es que vive del trabajo ajeno y adquiere también su
cultura a costa del trabajo de otros”. En
vez de esto, se añade a la primera oración una segunda mediante la
locución copulativa “y como”, para deducir de ella, y no de la
primera, la conclusión. Segunda
parte del párrafo: “El trabajo útil sólo es posible dentro de la
sociedad y a través de ella”. Según
la primera tesis, el trabajo era la fuente de toda riqueza y de toda
cultura, es decir, que sin trabajo, no era posible tampoco la existencia
de una sociedad. Ahora, nos enteramos, por el contrario, de que sin la
sociedad no puede existir el trabajo “útil”. Del
mismo modo hubiera podido decirse que el trabajo inútil e incluso
perjudicial a la comunidad, sólo puede convertirse en rama industrial
dentro de la sociedad, que sólo dentro de la sociedad se puede vivir del
ocio, etc., etc.; en una palabra, copiar aquí a todo Rousseau. ¿Y
qué es trabajo “útil”? No puede ser más que uno: el trabajo que
consigue el efecto útil propuesto. Un salvaje —y el hombre es un
salvaje desde el momento en que deja de ser mono— que mata a un animal
de una pedrada, que amontona frutos, etc., ejecuta un trabajo “útil”. Tercero.
Conclusión: “Y como el trabajo útil sólo es posible dentro de la
sociedad y a través de ella, todos los miembros de la sociedad tienen
igual derecho a percibir el fruto íntegro del trabajo”. ¡Hermosa
conclusión! Si el trabajo útil sólo es posible dentro de la sociedad y
a través de ella, el fruto del trabajo pertenecerá a la sociedad, y el
trabajador individual sólo percibirá la parte que no sea necesaria para
sostener la “condición” del trabajo, que es la sociedad. En
realidad, esa tesis la han hecho valer en todos los tiempos los defensores
de todo orden social existente. En primer lugar, vienen las pretensiones
del Gobierno y de todo lo que va pegado a él, pues el Gobierno es el órgano
de la sociedad para el mantenimiento del orden social; detrás de él,
vienen las distintas clases de propiedad privada, con sus pretensiones
respectivas, pues las distintas clases de propiedad privada son las bases
de la sociedad, etc. Como vemos, a estas frases hueras se les puede dar
las vueltas y los giros que se quiera. La
primera y la segunda parte del párrafo sólo guardarían una cierta
relación lógica redactándolas de la siguiente manera: “El
trabajo sólo es fuente de riqueza y de cultura como trabajo social”, o,
lo que es lo mismo, “dentro de la sociedad y a través de ella”. Esta
tesis es, indiscutiblemente, exacta, pues aunque el trabajo del individuo
aislado (presuponiendo sus condiciones materiales) también puede crear
valores de uso, no puede crear ni riqueza ni cultura. Pero,
igualmente indiscutible es esta otra tesis: ”En la
medida en que el trabajo se desarrolla socialmente, convirtiéndose así
en fuente de riqueza y de cultura, se desarrollan también la pobreza y el
desamparo del obrero, y la riqueza y la cultura de los que no trabajan. Esta
es la ley de toda la historia, hasta hoy. Así, pues, en vez de los tópicos
acostumbrados sobre “el trabajo” y “la sociedad”, lo que procedía
era señalar concretamente cómo, en la actual sociedad capitalista, se
dan ya, al fin, las condiciones materiales, etc., que permiten y obligan a
los obreros a romper esa maldición social. Pero
de hecho, todo ese párrafo, que es falso lo mismo en cuanto a estilo que
en cuanto a contenido, no tiene más finalidad que la de inscribir como
consigna en lo alto de la bandera del partido el tópico lassalleano del
“fruto íntegro del trabajo”. Volveré más adelante sobre esto del
“fruto del trabajo”, el “derecho igual”, etc., ya que la misma
cosa se repite luego en forma algo diferente. “En
la sociedad actual, reproduce Marx la segunda tesis del programa, los
medios de trabajo son monopolio de la clase capitalista; el estado de
dependencia de la clase obrera que de esto se deriva es la causa de la
miseria y de la esclavitud en todas sus formas”. Así,
“corregida”, esta tesis, explica Marx, tomada de los Estatutos de la Internacional, es falsa. En
la sociedad actual – argumente - los medios de trabajo son monopolio de
los propietarios de tierras (el monopolio de la propiedad del suelo es,
incluso, la base del monopolio del capital) y de los capitalistas. Los
Estatutos de la Internacional no mencionan, en el pasaje correspondiente,
ni una ni otra clase de monopolistas. Hablan de “los monopolizadores de
los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida”. Esta adición:
“fuentes de vida”, señala claramente que el suelo está comprendido
entre los medios de trabajo. Esta
enmienda se introdujo porque Lassalle, por motivos que hoy son ya de todos
conocidos, sólo atacaba a la clase capitalista, y no a los propietarios
de tierras. En Inglaterra, la mayoría de las veces el capitalista no es
siquiera propietario del suelo sobre el que se levanta su fábrica. “La
emancipación del trabajo- tercera tesis sometida a crítica por
Marx- exige que los medios de trabajo se eleven a patrimonio común
de la sociedad y que todo el trabajo sea regulado colectivamente, con un
reparto equitativo del fruto del trabajo”. Donde
dice – enfatiza Marx- “que
los medios de trabajo se eleven a patrimonio común”, debería decir,
indudablemente, “se conviertan en patrimonio común”. Pero esto sólo
de pasada”[13]. Lo más importante, en la lógica
discursiva de Marx, es que su hermenéutica, además de ser compleja,
integradora, contextualizada y no reduccionista, establece diferencias
ante un discurso solapado que no responde a los intereses reales del
partido de los obreros. Un discurso comprometido con la reforma, y estéril
para producir cambios, en fin, huérfano de ideas, porque sus ideas son
otras..., incluso, como bien muestra Marx, suplantando conceptos económicos
concretos. Por eso pregunta Marx
¿Qué es reparto equitativo? ¿No afirman los burgueses que el reparto
actual es “equitativo”?... ¿No se forjan también los sectarios
socialistas las más variadas ideas acerca del reparto “equitativo”?
Las preguntas mismas dan la clave de la solución del problema: ¿Acaso
las relaciones económicas son reguladas por los conceptos jurídicos?”,
[14] se pregunta Marx. Es
que una sociedad fundada en la propiedad privada sobre los medios de
producción, objetivamente trae consigo la desigualdad en la obtención
del fruto (Producto) del trabajo. El reparto equitativo supone una
sociedad, donde los medios de trabajo son patrimonio común.
Sencillamente, responde Marx, haciendo uso de su racionalidad hermenéutica
irónica: “Sin embargo, lo de “todos los miembros de la sociedad” y
“el derecho igual” no son, manifiestamente, más que frases. Lo
esencial del asunto está en que, en esta sociedad comunista, todo obrero
debe obtener el “fruto íntegro del trabajo” lassalleano”[15]
Lassalle
no comprende o no quiere comprender la imposibilidad objetiva que el
obrero reciba el fruto íntegro de su trabajo. Con sólidos fundamentos
Marx demuestra la irrealidad de tal aserción, pues en el proceso
productivo, la distribución de
los resultados individuales está mediada por múltiples aspectos del
proceso mismo: reposición de los medios de producción consumidos,
ampliación de la producción, fondos de reservas, gastos generales de la
administración, la satisfacción colectiva de las necesidades, fondos de
sostenimiento de personas discapacitadas, etc., etc.” Sólo después de
esto – afirma Marx – podemos a proceder
a la “distribución”, es decir, a lo único que, bajo la
influencia de Lassalle y con una concepción estrecha, tiene presente el
programa, es decir, a la parte de los medios de consumo que se reparte
entre los productores individuales de la colectividad”[16]. Los
conceptos equidad, fruto íntegro del trabajo, como fruto del trabajo en
general, en el contexto de la
sociedad capitalista, de corte lassalleano,
siguiendo la expresión de Marx, se “evaporan”, por su
ineficacia teórica, metodológica y práctica, pues “De lo que aquí se
trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su
propia base, sino de una que
acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto,
presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y
en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña
procede”[17].
Por eso, el derecho burgués
aún sigue vigente. “En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya
desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división
del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el
trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino
la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en
todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a
chorro lleno los manantiales de riqueza colectiva, sólo entonces podrá
rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la
sociedad podrá escribir su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad;
a cada cual, según necesidades!”[18].
He ahí el por qué de la necesidad que medie
una fase de transición. Pero
la crítica no se reduce a esto, si bien son los aspectos medulares. Otras
mediaciones, concomitantes con el concepto trabajo son objeto del
discernimiento de la pupila crítica de Marx. Revela la inconsistencia teórica,
según la cual todas las otras clases
no forman más que una masa reaccionaria, mostrando cómo las capas medias, tal y como se expresa en el manifiesto
comunista”se vuelven revolucionarias cuando tienen ante sí la
perspectiva de su tránsito inminente al proletariado”[19].
Igualmente a la burguesía…”frente
a los señores feudales y a las capas medias, empeñados, aquellos y éstas,
en mantener posiciones sociales que fueron creadas por modos caducos de
producción”[20]
. Se opone a las tesis lassalleanas en torno a la abolición del salario y
a la aplicación de la ley de bronce, a las tesis abstractas sobre la
jornada normal de trabajo, a las restricciones del trabajo de la mujer y
prohibición del trabajo infantil, la inspección por el Estado de la
Industria en las fábricas, en los talleres y a domicilio, la reglamentación
del trabajo en las prisiones, así como a la llamada ley eficaz de
responsabilidad civil. En todas estas tesis no se deja esperar el
discernimiento principista profundo del fundador de la teoría científica
del comunismo, en estrecha unión con Federico Engels, quien en carta a
Bebel de mayo de 1875 deja constancia de sus desacuerdos y expone y
profundiza algunas tesis de Marx desarrolladas en la Crítica al Programa
de Gotha. Marx
devela cómo Lassalle a pesar que domina perfectamente el contenido del
manifiesto comunista, lo tergiversa en función de sus intereses, “para
cohonestar su alianza con los adversarios absolutistas y feudales contra
la burguesía”[21].
Igualmente se manifiesta su concepción estrecha del alcance y
lugar de la lucha de clases, en tanto movimiento nacional, por la
forma, e internacional por el contenido y no a la inversa como lo entendía
Lassalle Aguijoneado
por sus convicciones ideopolíticas comunistas y con la siempre compañía
de Engels, Marx defiende la esencia del partido obrero, convencido que sin
su incorporación en cuerpo y alma a la teoría revolucionaria y a la
praxis social, resulta imposible dar cumplimiento a los objetivos
propuestos. Por otra
parte, es necesario reconocer la profunda aprehensión hermenéutica con
sentido clasista realizada por Marx en la Crítica al Programa de Gotha,
pues si ciertamente, “toda lo que tiene una significación viva, no
completamente inmediata y clara, es susceptible de interpretación. Y es
donde se plantea la necesidad y vigencia de la hermenéutica”, hay que
advertir que la revelación de sentidos y significaciones plurales de Marx
es extraordinaria. Porque Marx, además de su alta sensibilidad humana y
el magno elan cogitativo de su discurso, posee alma política comprometida
con la clase del proletariado. Esto le permite seguir la lógica especial
del objeto particular, sus diferencias específicas, y con ello, ver más
lejos. Revelar esencias, donde para otros son simples apariencias,
encontrar verdades encubiertas o negadas por malezas ideológicas,
acercarse al ser sin quedarse en él, y en fin, soñar
para elevarse, siendo. Su hermenéutica no sólo busca sentido en general para comprender y explicar, sino para cambiar revolucionariamente, porque se siente sujeto dentro de la tragedia humana y no fuera de ella. Su filosofía de la praxis, de la subjetividad, hizo mucho, dijo más y seguirá diciendo. Referencias: [1] Marx, C. Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. Editorial Pueblo y Educación. La habana, 1975, p. 7º. [2] Ibídem, p. 71. [3] Ibídem, p. 74. [4] Ibídem, p. 86. [5] Generalmente, se destaca sólo el impulso que dio Engels para que Marx se dedicara por entero al estudio de la Economía política, pero no se enfatizan sus aportaciones que el propio Marx reconoce, a partir de la etapa temprana de los Anales franco alemanes. [6]
Marx, C. Miseria de la Filosofía. Editorial progreso, Moscú, 1985,
p.43. [7]
Marx, C. Contribución a la crítica de la economía política.
Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975, p. 9. “Con este
esbozo del curso de mis estudios en el terreno de la economía política
he querido hacer ver únicamente que mis opiniones, de cualquier
manera que se juzguen por otra parte, y aunque
concuerden tan poco con los prejuicios interesados de las
clases dominantes, son el fruto de largos y concienzudos estudios. Y
al umbral de la ciencia, como a la entrada del infierno, una obligación
se impone: Déjese aquí cuanto sea recelo Mátese aquí cuanto sea vileza”. ( Dante, La Divina Comedia) (Ibídem, pp.
16 – 17. [8]
Marx, C. El capital. T. 1. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1973, p. 525. [9]
Ibídem, p. 557. [10] Marx, C. Carta a A. W. Bracke, del 5 de mayo de 1875. Marx, Engels. Obras escogidas en un tomo. Editorial progreso, Moscú, p. 328. [11] Marx, C. Glosas
marginales al Programa del Partido obrero alemán. Obras escogidas en
un tomo. Editorial progreso, Moscú, p. 330. [12] Ibídem, p. 331. [13] Ibídem, pp. 329 – 331. [14] Ibídem, p. 332. [15] Ibídem. [16] Ibídem, p. 333. [17] Ibídem. [18] Ibídem, p. 335. [19] Ibídem, p. 336. [20] Ibídem. [21] Ibídem, p. 337. |
Dr. Sc. Rigoberto Pupo Pupo
Dr. en Filosofía. Profesor Titular, Investigador Titular de la Universidad de La Habana.
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