Aguafuerte de un anarco-sindicalista
Carlos Penelas

Rocío estuvo ordenando papeles pues necesitamos otro espacio en la casa. En una valija de cuero, fue revisando -por décima vez- cartas, manuscritos, afiches, direcciones, proclamas. Borradores de relatos y borradores de documentos. Papeles amarillos, papeles cargados de emoción, de sensibilidad. Una parte, muy íntima, seguirá quedando en la biblioteca. La otra fue donada al Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CeDinCI).

Vivimos un territorio que se desguasa cotidianamente. Un país sin memoria, con profesionales imbéciles, aspirantes a intelectuales o poetas que balbucean un sólo idioma, profesores incultos, políticos corruptos, sindicalistas que dan asco. Seres sin dignidad, sin formación. Huecos, pero además petulantes. Torpes, pero con dinero mal habido. Sinvergüenzas con veleros y agua mineral. Groseros, de mal gusto. Ordinarios e incultos. Eso vivimos, ese es el monumento que logramos conseguir. Y más, mucho más.

Tuve la fortuna de conocer a Luis Danussi, el papá de Rocío. Un hombre que fue uno de mis orientadores, de los seres humanos que me ayudaron a crecer en la vida, la creación, la belleza, lo ético.

Nació en Bahía Blanca, 1913. Estuvo vinculado al gremio de los gráficos. A los catorce años se moviliza   por Sacco y Vanzetti. A los dieciséis se vincula con Bandera Negra. Años después se inclina por los libertarios más radicalizados,   La Antorcha . Allí estaba Rodolfo González Pacheco. Los dos tomos de Carteles que están en mi biblioteca, él me los regaló.

Con los años vendrán los nombres de Enrique Balbuena, Diego Abad de Santillán, Fernando Quesada, Maguid, Osvaldo Bayer, Oscar Pereira, Dardo Batuecas, Enrique Palazzo, Aaron Cupit, Francisco Aragón. Y otros, cientos de otros.

Con él se podía hablar de cine o de teatro, recordar Viva la libertad de René Clair o una obra de Cocteau. O un poema Giovanni Pascoli. De Giosuè Carducci o de la FACA , de la Federación Gráfica Argentina o de Rubén Darío. Aquellos hombres hablaban o escribían dos o tres idiomas. En su caso, además del castellano, leía y escribía en italiano y en francés. (Perdóneme, caro lector, la digresión. Mi padre cuidaba cabras en Espenuca, en A Coruña, en 1906. Desde los cinco años, en invierno o en verano. A los once trabajaba en una fábrica de vidrio. A los veintiuno comenzó a leer al príncipe Piotr Kropotkin, a Fedor Dostoievsky, a Arthur Shopenhauer. Siempre conoció dos idiomas: el gallego y el castellano. Eran otros tiempos, otros seres, otras utopías.)

Su nombre estará vinculado con numerosas   publicaciones: Reconstruir, Acción Libertaria, Solidaridad Obrera, El Obrero Gráfico, Hombre de América… Participó en huelgas, en manifestaciones, en mitines, en conferencias,   en toda acción directa organizada. Fue encarcelado más de una vez durante el gobierno de Perón. El cargo: “Desacato al Presidente”. Nos olvidamos, nos olvidamos de muchas cosas. Fue generoso con   los jóvenes, amplio en sus actitudes, veraz con sus compañeros y amigos.

Tengo sobre mi escritorio un recibo. Dice: “Recibí del señor Luis Danussi los negativos de la película Amanecer sobre España , en 35 mm ., contenidos en seis cilindros de metal, en préstamo, para hacer un nuevo negativo o una copia, si el estado del material lo permite, para ser devueltos a la brevedad y aconsejar lo que los técnicos recomiendan respecto a la conveniencia o no de conservar este material por su alta peligrosidad. Todos los gastos de las copias, examen técnico, etc. son por nuestro exclusivo cargo, lo mismo que los riesgos inherentes a su manejo. Buenos Aires, diciembre 26 de 1975. Firmado: Diego Abad de Santillán.” Un documento de un valor incalculable. Fue Luis Danussi quien recibió esta película, en el puerto de Buenos Aires, durante la Guerra Civil Española. Este documental es el único que se hizo, realizado – es fundamental aclararlo- por los anarquistas. Morir en Madrid de Frédéric Rossif , excelente film, toma casi un cuarenta por ciento de Amanecer sobre España. Este documental la iba a ver, muchos años después, una niña de bucles mientras entregaba volantes contra el fascismo. Sí, generoso leedor, Rocío.

Una vez quiso escribir un cuento policial. Lo hizo y se presentó a un concurso de importancia, el de la revista Life. Cerca de dos mil concursantes de diversos países hispanoamericanos. El premio lo obtuvo un joven escritor argentino: Marco Denevi. En el puesto número diez figuraba un relato, El encendedor, de un autor desconocido: Luis Danussi.

Con Rocío, emocionados, íbamos releyendo esos originales. Cartas de Luis Franco, cartas de Danussi a Raimundo Ongaro, discusiones, diferencias, dolor. Cartas de Juan Antonio Solari, documentación para realizar un homenaje a Rafael Barret, evocaciones de picnics, certificados y diplomas de haber estudiado idiomas, apuntes de   viajes a Chile, a EE.UU. o Uruguay. Conferencias sobre sindicalismo, reflexiones sobre autores, sobre diccionarios. Pequeños planos de reformas en su casa de Villa Domínico, presupuestos.

Ahora, sobre mi escritorio, una pequeña agenda. Observo con atención su letra menuda. Nombres y teléfonos, direcciones. De compañeros, de amigos, de familiares. De algunos vecinos. Entre ellos algunos con los que mantuvo correspondencia. Helmut Rüdiger, Lostigen 11, Stokolm, Suerige. Carlos Rama, Coronel Alegre 1340, Montevidero, Uruguay. Barcos, Francia 1771, Cerro, Montevideo, Uruguay. Gastón Leval, Mm. Liegois, 115 Av. Nevilly, Nevilly S. Seine, París. Albert Camus, Nouvelle Revue Francaise, 5 Rue Sébastian-Bottin, París, 7.

Un anarco-sindicalista. Un hombre que viajaba en colectivo, en tren. Un ciudadano que atendía las tareas escolares de sus hijos, las cuentas del almacén, los cumpleaños de sus familiares. Un hombre honesto, sin recursos económicos. Buen mozo, fuerte, de ojos claros, de cabello canoso, simpático, de buen carácter. Fumaba dos atados de cigarrillos por día. No bebía alcohol. Un orador brillante, un ser especial. Anarquista, sindicalista. Vivió de su trabajo, en los talleres gráficos. Después de ser secretario general, a los dos años regresó a la rutina del taller. Para no hacer el servicio militar fue croto. No se casó por iglesia; no tenía iglesias. No era sectario ni dogmático.

  Falleció en mayo de 1978, de septicemia. Le habían colocado en 1974, a través de PAMI, un marcapasos. Tiempo después, todos los que recibieron esa partida del Ministerio de Bienestar Social, murieron de septicemia. Cada uno de los marcapasos fueron reimplantados   en otros pacientes, algo impensable, en ningún lugar del mundo se puede hacer algo así. Burocracia y populismo: muerte y   corrupción. Contra eso luchó toda su vida.

  Fui testigo de su cremación. El otro testigo fue Aldo Casanova, un viejo militante libertario. Hijo de Antonio Casanova, anarquista, nacido en Betanzos a finales del siglo XIX. El azar o el destino, como usted crea.

  De origen italiano, amaba la libertad. Sin fronteras. Amaba a España, y naturalmente,   a Galicia. Su compañera, María Celsa Rodríguez, era de Quintela de Leirado. Celanova, Ourense. Tuvo dos hijos, Rocío y Ariel.

Carlos Penelas   / Buenos Aires, 19 de septiembre de 2008

Ir a índice de América

Ir a índice de Penelas, Carlos

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio

>