"El síndrome de Ulises" 
Un ¡basta a la xenofobia! Que vale tomar en cuenta.
Comentario: Oswaldo Paz y Miño J

Un libro extraordinario de un autor colombiano estupendo. Porque desde la cultura rechazamos a los que buscan enfrentar a Ecuador y Colombia, países hermanos. pueblos fraternos.

Podría empezar por la chica de la portada, pero vaya novela que esta semana viene con nosotros amigo lector.

Ecuatorianos y ciudadanos del mundo, leed este libro con tintas de Colombia, tierra que nos es querida. Un tomo sin fronteras absurdas, las que solo sirven para distraer los problemas reales, sociales de los pueblos.

Leer la novela de tan bella portada, ha sido aleccionador y ha constituido un deleite. Desde que llegó a mis manos, no he parado casi, para agotarla en horas. Caí atrapado y estoy seguro eso le pasará a usted. Prosa estupenda desarrollada con maestría, desde la primera hasta la última de las trescientas cincuenta y tres páginas publicadas por Seix Barral, que nutren una narrativa, en primera persona, tinturada con enormes trazos autobiográficos que Gamboa transparenta, y se advierte, desde el inicio, por la dedicatoria al genial escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, (1929-1994) quien es un puntal en la vida del colombiano, como el mismo lo reconoce. La diferencia de años, entre estos dos escritores, solo sirvió para unirlos. Para que un Ribeyro consolidado se identificara, -seguro recordando su pasado- con las necesidades urgentes y vitales de supervivencia, de Santiago Gamboa, latinoamericano, colombiano marginado y marginal, que vivía autoexilio, en unas de las ciudades más xenófobas y agresivas con el foráneo, del mundo- este apunte es del comentarista- Paris. Y le tendiese oportuna mano, cuando toda la estantería del colombiano estaba por derrumbársele encima.

En épocas diferentes, iguales padecimientos, desilusiones y agresiones, recibieron, Ribeyro y Gamboa. Consta así en El diario intimo del peruano, prologado por el propio Santiago Gamboa, en el año 2003, primera publicación de: "La tentación del fracaso" 

"Durante una tarde de finales de 1990, el año que conocí a Rybero en Paris-gracias a su generosa ayuda, por cierto, y a la del escritor peruano Alfredo Pita, pude trabajar en el periodismo, lo que me salvo de la indigencia" Pág. XIV. 

"El síndrome de Ulises". 

Una novela que denuncia, la existencia de una patología producto del terror, del acoso legal y mediático que se da en contra de los inmigrantes ilegales en los países receptores, que no son sólo los "desarrollados", también, existe, en los que están por esa vía,- según los "kikuyos"-, como el nuestro, que arremete contra los extranjeros, especialmente los colombianos, en una actitud absurda y soberbia que se maneja desde los más altos niveles del Estado, donde parece, se olvidan, que por causa de los malos manejos de los gobiernos, y por las bellaquerías de los políticos y por la pacaterìa de una sociedad injusta, -que ahora se sirve de los dineros de los exiliados económicos - millones de los nuestros, de nuestro color, olor y señales de identidad en el cuerpo y el alma, están huidos, por las perversas circunstancias de vida a las que aquí eran sometidos. Por ello, no entendemos cómo, sabiendo del mal, pretendemos repetirlo en otros. ¿Cómo es posible tanto acto deshumanizado? ¿Cómo tanta indolencia, con seres, que como los de nuestro país en el exterior sufren? No son justas, ni racionales, ni sanas las generalizaciones. No se puede tildar a todos, cómo hacen ciertos desubicados en Europa con nosotros, al pregonar que: los ecuatorianos, somos indeseables, por unos cuantos que lo sean. No se puede llamar delincuentes, ni tratarlos como tales, a todos los colombianos que viven entre nosotros o llegan al Ecuador, por un grupo, que lo sea. No, porque la gran mayoría, como los nuestros, allende fronteras, son gente de bien. Los colombianos nos han sido y nos deben ser cercanos. Porque tenemos historias y dolores comunes. Alegrías y costumbres similares. Compartimos territorio sudamericano, y, sueños de progreso, más allá de los truculentos límites de las fronteras, inventadas por hombres oscuros y disputadas por otros de la misma opacidad. Bolívar nos quería unidos para juntos crecer y vivir en bienestar. Que la petulancia, no sea la creadora de visas absurdas. Que no busquen pasar a la historia, por divisionistas y truncadores de la unidad latinoamericana. Las visas tan cacareadas, sólo darán lugar a que las mafias, que trafican con seres humanos, se beneficien más. Las visas, arrinconaran a los pobres. Los que delinquen, pasaran como hasta ahora, por la frontera cuando les de la gana y se volverán igual. Por ello, paremos la xenofobia, porque vende y es peligrosa. Es un mecanismo fascista que ya utilizaron gobiernos y varios locos marcados en la historia como criminales. Un ejercicio político, que aún, aglutina a nacionalistas e intolerantes y cohesiona a los ciudadanos fanáticos, alrededor de muy peligrosas practicas en contra de otros seres humanos, auspiciados, directa, o indirectamente, por gobiernos que no tienen limites para buscar consolidaciones políticas. Muchas guerras de fronteras, por pedacitos de montaña, a nombre de soberanías caducas y de conceptos militaristas obsoletos se han dado. Los pueblos crecen en la diversidad del conocimiento, de la investigación, no de las armas, no de la exclusión, no del hambre de unos, que engorde a otros. 

"Pero en fin, prefiero hablar de mi viaje, de mi entrada a Europa. Había estudiado francés en la universidad y tenia gran aprecio por Francia, incluso leí a Francoise Sagan, una novelita que se llama Bonjupur tristesse, ¿la conoces? Siempre quise salir de Rumania y conocer otros países, vivir algo diferente a lo que esperaba en Bucarest, hasta una tarde en que un amigo polaco Lazlo, me dijo que pensaba irse, que se había inscrito en un viaje clandestino. Me propuso ir con él, pues quedaba un puesto, pero no lo hice. Preferí la vía normal y fui a la embajada francesa a solicitar una visa de turismo. Hice la cola desde el amanecer para depositar los papeles. Ese año yo daba clases de informática en una escuela para secretarias y ganaba 180 dólares mensuales, pero cuando presenté el pasaporte y los documentos se rieron. Un funcionario dijo qué era ridículo. ¿Cómo se me ocurría aspirar a un visado con un salario tan bajo? Según él, tendría que demostrar al menos 1.500 dólares al mes, una cifra que, de todos modos, seguía siendo baja. Le insistí y le supliqué, pero el funcionario dijo que en Francia mi sueldo equivalía al precio de una cena para dos personas. Dicho esto cerró la ventanilla. Salí de la embajada con vergüenza y rabia, y lloré largamente, pero no por mí sino por mi país." Pág. 100. 

Historia que nos es cercana. Los pobres tenemos cerrado el mundo, las puertas se abren a los billetes. El Ecuador quiere ingresar al orbe de los grandes, sectarios y excluyentes, cuando tiene a millones de ecuatorianos excluidos por pobreza propia. La novela da cuenta de algunos paisanos que en igual situación que los colombianos y más latinoamericanos, andan de parias por el "globo desarrollado" viviendo el éxodo masivo, el desarraigo, la humillación, la intolerancia estúpida y la arremetida infame, de otros, seres humanos que prevalidos del poder económico los sojuzgan. Santiago Gamboa desmenuza, desnuda a Paris, la hace ver miserable, cruel, absurda, inhumana, pero ella, sólo es, el icono, que representa a todas sus iguales grandes o pequeñas. Ciudades de mala entraña. Novela real, y espacios, para el amor y el sexo, la amistad y la solidaridad, entre los pobres y los que no lo son que a veces se da, como en vida pura y dura. Bálsamos para restaurar heridas del cuerpo y del alma: las mujeres, las amantes, las putas, los colegas del café y de los días sin pan y sin trabajo. Las curvas y los embates briosos de unas bellas caderas, el gemido del orgasmo, la cadencia de la cópula. El paréntesis de autoestima. La huida, entre los efluvios que nos liberan de la soledad. Colgados de los labios de una hembra de cualquier nombre, que se apañe`, a nuestras heridas, y quebrantos.

"Paula encendió el televisor y vimos un par de programas hasta que decidió levantarse para ir al baño y darse una ducha, y sólo hasta ese momento tomé conciencia de lo bella que era, su cuerpo endurecido por el ejercicio (había sido campeona de natación en el Country Club de Bogotá) su pelo largo cayendo en bucles dorados sobre los hombros, su imponente trasero, una esfera casi perfecta, y sus estupendas tetas bamboleándose con gracia al aire. Tenía esa belleza segura y bien cimentada de las mujeres ricas, con generaciones de buena comida y cuidados, donde la genética da pocas sorpresas, y cuando las da son corregidas con tratamientos y cirugías." Pág. 47.

Usted, lamentará llegar al final de la novela empiece ahora. Al "Pájaro" Febres Cordero desde estos párrafos, total solidaridad . Sigue aleteando Francisco. Tu pluma los marcó.

Dr. Oswaldo Paz y Miño
Texto publicado en Diario La Hora - 2005

Autorizado por el autor
La Hora

Gentileza de "Desde la Acacia: la vitrina de los libros y autores"
http://lavitrinadeloslibrosyautores.blogspot.com/

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