"El Naranjo"
de Carlos Fuentes
Derechos de autor de la reseña ensayística Oswaldo Paz y Miño J
opymj2008@gmail.com

Carlos Fuentes, escritor mexicano, nacido en Panamá, 1928, ciudadano del mundo. Lo ha caminado por sus extremos, por donde es más difícil, porque siempre hay el riesgo de resbalar. De pluma contundente, en ocasiones desalmada y como no, cargada de inmensas ternuras. Hondo, de casta, acometedor implacable, erudito y exquisito, es nuestro compañero de jornada esta semana.

"Había que sembrar y esperar a que el árbol creciera y diera sus frutos dentro de cinco años. Era un árbol que dormía durante el invierno. No le daña el frío. Florece y da sus frutos en primavera. Termina su crecimiento anual en otoño y vuelve a dormitar en invierno". Pág. 171

"El Naranjo" es manuscrito de recopilaciones. El autor habrá entendido para juntar sus trazados y colgarlos de este tronco, que era tiempo de cosecha. Una cuyos frutos son: "Las dos orillas"; "Los hijos del conquistador"; Las dos Numancias" "Apolo y las putas" y "Las dos putas Américas".

Cual águila que rompe el péndulo, el escritor, se avienta al espacio, para mirar la historia, para hacerla, para contarla a su aire, para ensayar con ella, y baja en el tiempo y sube en el, raudo, penetrante, cargado de filosofía, de mensaje que se derrama luego de cada embate. Para ello usa la palabra. Nuestro mejor patrimonio. Nuestra mejor arma. Nuestra mejor defensa. Nuestro mayor derecho: La expresión.

"La versión del escritor, sobra decirlo, es la que pasó a la historia. Fue muy hábil. Estableció de una vez por todas en el alba de la historiografía romana, que los textos jamás deben citarse textualmente, sino interpretarse". Pág. 175

Si, el libro puede cursarse de atrás hacia delante, porque esta sembrado. La semilla puesta por el autor, es ahora su Naranjo. Tiempo de cosecha, momento de leerlo. Las letras han cuajado, frutos brillan, están expuestos. Cada quien, va a tomar por mano propia el que más le guste, primero, y luego, en el orden que desee, los ha de disfrutar. Todos, serán un deleite. Si todos, aunque a veces duelan. En el dolor también quedan respuestas de placer. Descripciones terribles, duras, pero reales de la soledad, del hambre, de la traición, nos harán girar el rostro para buscar una recuperación y continuar, hasta agotar "El Naranjo", al que no atrapara jamás el cronos, ya que ha sido escrito para circular en él, para torearlo y salir avante de cada encuentro, de cada embestida.

Carlos Fuentes, repasa unas huellas de la historia y por instantes, en lo que dura nuestra visión nos instalará en sitios preferentes. Esa facultad del escritor, nos lleva hacia Numancia, la ciudad símbolo de la resistencia hispana ante los romanos, que en ella se gastaron un Siglo y cientos de miles de hombres. La ciudad que detuvo el tiempo y que no fue tomada. La ciudad duplicada, la que nos recuerda las dos caras de la medalla, el mosaico blanco y negro, lo bueno y lo malo de las causas. Numancia sitiada pero nunca sometida. Todavía con voz. Cercana a la palabra, a la tierra. Repetimos con ella un ciclo que no para, un mundo vivimos, igual si, donde el hambre se esparce, igual si, y en el cual se tira el alimento al mar, porque tenerlo acumulado o repartirlo rompe el equilibrio comercial, corrompe el mercado y bajan los precios. Solo mierda inhumana concebida por aquellos que solo tienen dinero y nada de espíritu, nada de solidaridad, solo mierda mental y comercial, por la que bajan al sepulcro miles de hombres cada día.

"El tiempo, se ha hecho visible en Numancia. Sus estragos son visibles en nuestra piel sarnosa, los callos y los hongos de nuestros sexos. Escarbamos nuestro anos inútilmente para saber si queda una costra de excremento para comer. Mocos, lagañas. Todo sirve. La tierra no nos abandona."

Vemos desaparecer el mundo, pero la tierra no; no la palabra. Todos lloramos la desaparición de nuestra ciudad. Pero celebramos la vida perdurable de la olla de barro, la vasija de metal, la máscara fúnebre. Nosotras las mujeres de Numancia, esperamos que el tiempo triunfe sobre la muerte gracias al viento. No veremos los frutos de este árbol. Pero los verán la luz, las estaciones y el viento. Porque no perdemos la palabra". Pág. 172.

Os traemos un tomo que retrata a su hacedor, un tratado de su pensamiento, una exhibición de su erudición y una provocadora, cruel y desnuda interpretación de parte de la historia, que el lector también habrá de interpretar. Y es que en ello está la clave. No ha de ser pasiva vuestra actitud. Estoy seguro en algún momento os apretara las entrañas.

Está en la mira. Jerónimo de Aguilar conquistador español recuperado por la pluma de Carlos Fuentes quien se encarna, migra hacía el interior de Aguilar, y desde adentro hacia fuera, lo hace hablar. Le hace confesar, con la mejor arma que tuvo el traductor y mejor testigo de las hechuras de Hernán Cortes, y redescubre que esta era la palabra. Que eso se disputaban con la Malintzin, Marina o Malinche, ante la imagen del conquistador.

"Quieres que te enseñe a hablar la castilla? Lepregunté. La sangre me pulsaba cerca de ella; uno de esos casos en los que la simple vista provoca el placer y la excitación. Se llamaba Malintzin que quiere decir "Penitencia". Pero su pueblo le puso "La Malinche" la traidora. Quieres que te enseñe hablar? Tu hablas español y maya, me dijo ella, en la lengua de Yucatán. Yo hablo maya y mexicano. Enséñame el español. Que te lo enseñe tu amo -le conteste con rencor". Pág. 46 y 47.

Cortes estuvo siempre entre dos bandos, escuchaba a su traductor y a su amante, Malinche, quien también traducía. En ocasiones los dos traductores mentían. Cortes, era el dirimente, escogía lo que ella, la Malinche resumía entre las sabanas. Él guerreaba en dos frentes, sucumbía ante el olor subyugante de la carne de su amante. No tenía pausas, anhelaba la humedad sedosa de la india que le había crucificado a su cuerpo. El deseo le ardía, tanto como le consumía la ambición. Era conquistador de tierras, de naciones, y caía conquistado por las hembras. Cortés cabalgaba a la limón entre las caderas y las tetas y el inagotable deseo de poder, de gloria, y de ser Rey. Parte de la conquista era lo erótico. Él sabía y vivía. La lubricidad, la libido, estaban presentes en la piel de los seres. Los conquistadores y las conquistadas, conocían el ejercicio que diferencia a los hombres de los animales, el sexo por placer; a más de la razón, ella, que, en estas ocasiones suele perder el rumbo y encontrar su norte solo en el latente palpitar del orgasmo.

"Doce hijos tuvo mi padre, el conquistador de México, Hernán Cortes. Mucha carne abarcó, tanta como tierra conquisto. Tres Catalinas, dos Marías, dos Leonores, dos Luises y dos Martines: Nuestro padre no tenía demasiada imaginación para bautizar a sus hijos, y esto a veces conlleva gran confusión. Martín 1 Pág. 72 y 73.-

No voy a llorar por mi padre. Pero a fuerza de buen cristiano que lo soy, no puedo sino compadecerme de su suerte. Miren nomás qué cosas le sucedieron después de la caída de Tenochititlan. En vez de quedarse en la ciudad y consolidar su poder, tuvo a bien lanzarse a una aventura descabellada y ruidosa que lo llevó a perderse y arruinarse en las selvas de Honduras." Pág. 75.

Irreverente, premonitorio, es "El Naranjo", presentado por la Casa Alfaguara. No es un manuscrito que alienta la indiferencia, ni sostiene la habitualidad, la rutina o la conformidad con la situación actual del ser humano. Es una obra que denuncia los antivalores y a la sociedad que los cultiva, que no es nueva, que viene desde que el hombre ha sido creado. Es una respuesta en la tinta, y en la mano de Carlos Fuentes, de los que menos tienen, a los poderosos o aspirantes a serlo, ya que es a estos a los que "El Naranjo" les baja la caña, les cierra la persiana, les corta el paso. No se anda por las ramas y usted amigo, tampoco lo haga, lea este volumen, que lo conmoverá, como el gran viento que quiere sacar de raíz a un bien plantado árbol, de frutos dorados como el sol. Leer este libro casi es un reto. Un vez leído usted tiene otro.

El autor

 

Carlos Fuentes Macías nació en Ciudad de Panamá el 11 de noviembre de 1928. Sus padres fueron los mexicanos Rafael Fuentes (diplomático) y Berta Macías. Hasta la adolescencia vivió en diferentes ciudades de Sudamérica (Montevideo, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires), donde su padre ejercía funciones diplomáticas.

A los 16 años se estableció en México y poco después estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1955 fundó la "Revista Mexicana de Literatura" y en 1960 "El Espectador". En 1959 se casó con la actriz Rita Macedo, con quien tuvo una hija, Cecilia Fuentes Macedo. En 1973 se divorció y tres años después se casó con Silvia Lemus. De esta relación nacieron Carlos y Natasha Fuentes Lemus.

En 1962 publica sus famosas obras "Aura” y "La muerte de Artemio Cruz”, aclamadas por el uso de novedosas formas narrativas para discutir temas históricos y sociales. También fue un gran guionista de cine. En esta faceta destacan los guiones de las películas “Las dos Elenas”, (1964); “Un alma pura”, (1965); “El gallo de oro”, (1964), y “Pedro Páramo”, (1966).

En 1975 fue nombrado embajador de México en Francia, pero renunció en 1977. En este año recibió el Premio Rómulo Gallegos por su obra "Terra Nostra". En 1987 recibió el premio de literatura Miguel de Cervantes por su obra "AURA". En 1994 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las letras por su aportación al conocimiento de la lengua española en el mundo. En el 2001 fue nombrado miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

En sus últimos años fue el escritor mexicano más reconocido en el mundo y candidato favorito al Premio Nóbel de Literatura, el cual no llegó a recibir. Falleció en Ciudad de México el 15 de mayo de 2012, por una "hemorragia derivada de la ruptura de una úlcera". Tenía 83 años de edad.

 

Clase magistral por Carlos Fuentes

 

Carlos Fuentes, en esto también creo

 

Un Día Con Carlos Fuentes

Viajando de mosca en la cotidianidad de Carlos Fuentes
Un Día Con
TV Azteca 2004

Derechos de autor de la reseña ensayística Oswaldo Paz y Miño J

opymj2008@gmail.com

 

Publicado, originalmente, en el Revista cultural Artes (Diario La Hora, Ecuador), Semana del 21 al 27 de septiembre del 2002
http://www.lahora.com.ec/

 

Autorizado por el autor 

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

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