Saludos

El Turpial (icterus icterus) Ave Nacional de Venezuela

Ramón Palomares

 

Saludos, precioso pájaro.
Y no abandones el oro de las plumas

entre aquellas nubes
ni pierdas el canto en el dominio de los truenos.

No sea que pases del cielo

y quedes preso en los astros.

 

De viajes cuánto se ha perdido,

cuánta ola estrellada en el acantilado,

mientras tus alas
robaban fulgores al poderoso perro del cielo.
Y cuánto de lluvias,
de verano, de hierba roja

por la implacable estación.
O de gris, nieblas y continuado fantasma

frente al joven enamorado de barcos.
Los vecinos perdidos,

el llanto de amigos

que he visto secar en paños

por olvidos e irremediable paso.
Ni qué decir de la muchacha

cuyo pecho hasta ayer fuera tan liso

y que luego se ha visto

como exquisito racimo.

 

Saludos.
Pero, amigo de viajes,
¿cómo poder contar las pérdidas,

ventas que se han hecho,

nuevas adquisiciones?
si la modesta familia
vende las posesiones de provincia

y compra apartamentos confortables,
¿no hemos vendido al corazón

y una y otra vez
cambiado los pareceres de conciencia

para entender mejor las noticias a la semana?
Y mientras tú por el pasado año
te entregabas a los aromosos cielos del norte,

aquí las muertes y los nacimientos

cambiaban las cuerdas del buque

y hacían trastabillar al viejo.
Y mientras robabas a ese perro

los bellos fulgores,
el oro para majestad en tus alas,
los cambios de ciudad,
las venidas al amor,
los cantos de una ilusionada nube
que nos ahogara en deseos
pintaban nuevas y extrañas figuras
en la quilla del buque.

 

Y entretanto no había más

que el incesante brillo
y el incesante batir de esas alas
sobre espumas y ciudades,
sobre campiñas y lejanas praderas;
más allá de las torres establecidas por la caída de noches.
No había más que esos ojos absortos,
fijos hacia el norte o el sur,
la cola firme,
a manera de timón,
y el impulso
y la ruta que algún hilo indicaba.
Y el cielo, y los aromas
de flores muertas o recién abiertas

y los aires cambiantes.

 

Y nada más había para ti, amigo de viajes;

las idas, los regresos
encontraban esas pupilas

quietas, serenas, tendidas

en medio a las carreras que el cielo juega.

 

Saludos.
Apenas para ti hay tiempo de cantar

en el delicioso jardín

y sacudir en el estanque las alas

allí donde el viento no ha podido vencer.

 

poema de Ramón Palomares

© Ramón Sánchez Palomares © Fundación Biblioteca Ayacucho, 2006 Colección Clásica, No 233 Hecho Depósito de Ley Depósito legal lf 50120068004556 (rústica) Depósito legal lf 50120068004488 (empastada) ISBN 980-276-433-7 (rústica)

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