Refritos
Américo Ochoa

El fenómeno ovni y el de los fantasmas tienen algo en común: la ciencia ni la religión dan explicaciones certeras sobre el asunto; pero, miles de personas aseveran sus experiencias inexplicables. A las multitudes les encantan las apariciones; las hay de extraterrestres, luces, ángeles, chupacabras, señales en los cultivos, etc.. La aparición de la virgen en muchos lugares conglomera multitudes, igual que la imagen del rostro de Cristo en una sombra, en una pared húmeda o San Jerónimo en el pan tostado hacen que miles lloren, recen o se desmayen. Los que asisten sostienen que eso fomenta la fe en el más allá, les induce a creer.

En el campo terrenal, menos místico, el suceso del calentamiento global es una preocupación, un tema interesante para muchos; hablar de ello es casi un lugar común; el caso es, que, tal situación está ocasionando la desaparición de la vida terrestre. No es nuevo. Los expertos dicen que el desvanecimiento de especies es de 100 a 1000 por sobre el ritmo natural. La extinción de una planta o una rana no produce furor, no induce a nadie a cree, a tener fe. Nadie hace un altar donde murió cautiva la última paloma azul.

No nos impresiona saber que mañana desaparecerán todas las ballenas, los pingüinos, los elefantes o los pandas porque no nos toca nuestra vida moderna; pero, ¿qué pasaría si mañana desaparecen todos los celulares?, imagino qué sucedería si estuviera en peligro de extinción la memoria RAM, o si de pronto desaparecieran todas licuadoras, los videojuegos o los televisores. Me figuro a esas turbamultas de jóvenes poniendo flores de plástico donde desapareció el último lector de MP4.

Durante la Guerra Fría el cine recreó posibles consecuencias de una catástrofe nuclear representando mutantes, un planeta sombrío, etc.. En la actualidad el imaginario también hace maquetas de posibles consecuencias, la ciencia hace cálculos de potenciales resultados: el deshielo de los polos, ahogamiento de las costas, etc.; pero, que tal si hubiera reacciones naturales que sobrepasen lo esperado; por ejemplo, todos los arácnidos agigantados al estilo Julio Verne, las cucarachas de su casa comiéndose a su gato, grúas echando sal a las babosas del parque,  los primates con poderes mentales, las plantas de su maceta fugándose de casa. Cosas así ya suceden, las líneas gigantes de fuego en los bosques se llaman incendios forestales; el inmenso hueco en el ozono nos parece allá lejos; pero, que tal si se hiciera un hueco en el aire, un cinturón de desaire alrededor del planeta nos dejaría aislados y sin aliento.

Lo que sorprende en realidad es nuestra desidia; a mucho les emociona que eso suceda porque así lo dicen las profecías, los mayas, los aztecas, la Biblia, Nostradamus. Muchos son indiferentes porque esperan un cambio radical de dimensión, la caída del imperio, la llegada de los mil años de paz para el 2012, o, porque eso comprueba que el efecto mariposa y la Resonancia Schuman existen. ¿Habrá suicidios masivos el 22 de diciembre de ese año?

En fin, las apariciones, por hoy, tienen más impacto que las desapariciones; tal vez, no nos importa mucho si sucumben insectos, ríos o tortugas; pero, quizá, nos empecemos a preocupar cuando empiecen a desaparecer las rubias, los morenos, las personas de ojos verdes, los chinos, los suecos, los franceses, los mexicanos, los calvos, los niños, los ancianos, los miopes, los políticos, los del Atletic, los del Real, los Barza, los zurdos, las enfermeras, los posgrados. Para entonces no estaremos recalentados, estaremos refritos. 

Américo Ochoa
Poeta y narrador salvadoreño residente en Costa Rica.

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