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Parte de Asombro
El escritor y su obra
por Pablo Mora 
pablumbre@hotmail.com
 

Una vez emprendido el viaje sigue puntualmente al sol
Hoja entre los vientos acuérdate del viaje hacia la sombra
Párpado de hormiga convéncete del viaje sin regreso.

Testigos del grito del aullido terrible de los hombres
La vida se empina tanto a veces que aturde con su grito
Nos llama nos nombra nos acusa nos grita nos reclama

Reto a sentarte en el lugar del hambre a gritos todavía
Tendrás tiempo de llegar a ser luego no habrá más asombro
Reto a sentarte en el lugar del grito vivos todavía

P.M.

 

1. A coro en el asombro

1.1. Paso del tiempo

Alto para fijar el horizonte, para otear la plenitud del día. Campanada de garza aleteando en la cresta de algún ciprés dormido, en busca del anafre o del camino. Un par de sueños despertando auroras. Un par de ojos descubriendo estrellas. Alma escarbando abrojos, serranías. Dos luceros velando en fogarada. La Luna vigilando, bien despierta, al hombre entretejiendo sus jornadas. Un modo de mirar, mirar despacio las sombras infinitas de los árboles, sus quejas, sus lamentos, sus latidos. Compás para medir la lontananza, la distancia entre el sueño y el olvido. Hallazgo de la vida, dentro, fuera. Atinar con el próximo jalón. Inventar nuevas rutas, nuevas eras, el viraje que a diario nos aguarda. Hurgarse, hundirse, ser sentirse, serse.

Dar con la vena justa de la gracia o con el alma de la patria en ascuas. Paso de lluvia en torrencial suspiro mientras la madre su bocado implora. Un niño que en harapos llanto mira. Una manera de sabernos vivos mientras cruzamos noche, tempestad, neblina, vendaval y cangilón, pena, chaparrón, vida o sobrevida. Diciembre: villancicos, serenatas, cuando bajan los ángeles a tierra para sentirle al hombre su quejido. Diciembre: lumbre, diapasón y canto. El abrazo temprano a nuestra madre que empieza, que prosigue, que culmina. Diciembre: el timbre con que el viento invita a seguirle los pasos a la vida, envueltos en rastrojos de la muerte. Remanso suspendido en la jornada para tomarle el pulso al ventisquero, a la tormenta, al rayo, al huracán.

Sabor a trigo, a leche a miel, a rosas, a durazno, que como un corazón recién nacido al despuntar el día palpita entre los dedos de las hojas por su sola dulzura sostenido. Himno con que cantamos a la vida en busca de una humanidad en paz tras un amanecer de cara al hombre, de espaldas a la noche que nos cruza. Tras un amanecer que al fin alumbre un día con la noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra. La luz en lontananza que nos mira. Infinito fulgor acurrucado en nuestros pies, en nuestras vagas sombras. Los árboles, la noche, entre los nidos. Un duendecillo en medio de la fronda. Los hombres tras la tierra prometida. Soplo de brisas, canto, resplandor. Fabuloso recuerdo alborozado. El hombre, tierno niño, desenfunda la alegría escondida entre la infancia.

Pasos del viento, chispas de luciérnagas. Paso del Tiempo, paso de la gloria con que engañamos a las propias penas. El hombre encandilado por sus sueños. El hombre a solas con su propia sombra. Noche de luces, noche iluminada. Para un Dios que ría como un niño. Para un hombre que ría como un Dios. Silencio y soledad, clara ternura, añoranza sutil sin aspaviento, hacia la luz total de nuestras cosas, hacia la luz total de la esperanza. ¡Ay del que viva lejos de su infancia, del que no sepa de ningún lucero, del que ignore el color de las ovejas y del que ausente de su ser delire! ¡Feliz quien con Francisco, atento, asista al canto matinal de los turpiales! ¡Feliz el simple labrador que sueña en ver crecer la flor en sus plantíos! (Germán Pardo García).

1.2. Paso del hombre

La dulce sombra del común destino mientras murmura alrededor la noche, arrodillada en los fogones yertos. Oscuridad de noche confundida en medio de la lumbre peregrina, encima del estruendo del misterio. Fragancia matutina, gloria breve. La clara majestad de los caminos. El tiempo fatigado de infinitos, el que a la muerte sin cesar nos lleva. Una luz, un candil intermitente, soledad de un ligero arrobamiento, sólo de asombros infinitos llena, la vida es una gloria suspendida. Descubrirse, encontrarse, hallarse, abrirse, desencerrar la pauta que nos falta. Vivir sin miedo, en libertad, de veras. Toparnos con el corazón silente que nos oye, nos sigue y nos conoce. Dar con el lagrimón de la vereda, latigazo que a todos atribula.

Gozo, bondad y sobre todo paz para la buena voluntad del hombre. Tras esta oscuridad que nos circunda. La cresta de un lucero que nos mira, por el postigo corazón mirando. Pausa para mejores madrugadas. Una pregunta en pie para los hombres. Para el pobre que nunca tiene nada. Para el triste que llora su amargura. Júbilo, alumbramiento, bienvenida. Ara en fulgor para el altar del tiempo. Luz en la voz y luz en las miradas. Gloria en la luz y en el amor del día. Llamarada de paz para la nave colmada de borrascas en la noche. Algo mejor para el mañana incierto. De nuevo niños con asombro puro. Aire de claridad en la amargura. Cósmica fuerza sobre el mundo alzada. Los pájaros, los árboles, la tarde, al habla con la brisa y con los hombres.

Victoria de la noche de luceros saturada, victoria de la vida. La sangre universal cuando concilia la Tierra con los seres y la Nada. Dios acicateando resplandores. La ternura del hombre florecida. Paz, gozo, amor, en yunta enarbolados, para una humanidad en pie de guerra. Latido de corderos y de ángeles anunciando la paz a los pastores. Paso del tiempo, paso de las cosas. Paso del hombre a solas con su sombra. Estrella en el camino de los magos. Estrella para el hambre de los pobres. Fragua para escaparnos de la muerte cuando la noche necia nos persigue. Manera de decir que Dios existe sin que nadie conozca sus resabios. Vieja costumbre de jugar a Paz entretanto la tierra se desangra.

Deseo de partir al infinito. De cara hacia el misterio. Para siempre. Luz de la luz, en gozo reverente, deslumbrando los tránsitos finales. Balcón por donde un niño al mundo asombra con sus hombros cargados de juguetes. La noche fulgural donde nacemos cuando a morir apenas comenzamos. Un niño con nosotros de la mano la puerta del misterio nos descubre. La sombra de la aldea galopando auroras, portachuelos, madrugadas. Definitivamente encandilados frente al día en que el odio no amanezca, seguimos puntualmente el paso al sol, esquivando las garras de la guerra. Diciembre altivo en las fulgentes eras. Diciembre en el fulgor de la alegría. En los ojos azules de los ángeles y en el hambre del pobre y su quebranto. Diciembre, alumbramiento, bienvenida. Diciembre, asombro, arrobo y fogonazo. Diciembre, claridad en la amargura, para el pobre que duerme en el barranco. (Germán Pardo García).

1.3. A flor de siglo

A flor de siglo, el hombre a tientas viaja de espaldas a su sombra. Los árboles extrañan su presencia; los lagos y los sauces, su tristumbre. Las nieves en sus cimas lo recuerdan; las huertas añoran sus semillas. Con amplias tiendas en Marte y en la Luna, desolada, la tierra sólo es queja, lamentación, huracandad y grito, sin árboles, sin lagos y sin nieves; sin huertas, sin almácigos, sin hombres. Apenas duerme el sol en altas cimas, al lado del rugido de los vientos, en noche sepulcral, horrenda y fría, lecho de fauces, fosas y lamentos. Soledad, soledad, la de la tierra, con sólo el sol soldado y centinela.

A flor de siglo, casi sueño, el hombre, sombra de paso por la noche en sombra, árbol sin tierra, fuego entumecido. Feracidad el siglo que amanece con su canto debajo de las aguas. Lejos, borrosos, quedos, los caminos El agorero llanto de los pájaros esconde en su garganta la cigarra - guitarra augusta en forestal plegaria -. Mañana cuando tornen las luciérnagas, el sol sobre la copa de los árboles brindará por los sueños de los hombres, por el canto del bosque y sus caudales, porque regresen todos los caminos y sol y nieve sigan siendo hermanos.

Ligeros de equipaje, vamos o venimos. De repente el rocío mañanero bendice nuestra suerte. A tientas cada noche, en sueños o vigilias, reconocemos nuestra casa entre la luz de los postigos. Una que otra luciérnaga alumbra la esperanza. El aire bailotea en la espesura, los gallos poco a poco se despiertan y echan al voleo su largo canto. Algún colegial abre el camino de la acera. Alguien de prisa nos saluda. Sin pensarlo, nos hallamos estrenando sueño, día, mes, año, siglo.

Todo debe ir con acento cuando la vida de regreso llama, cuando se aclaran todos los caminos. Encontraremos todos nuestro viaje. Seremos lo que fuimos, mientras somos. Iremos al paso de una sombra. El paso de una sombra nuestra vida. Modo de jugar a muerte, a noche, a sueño, a vida. Juego antiguo, incógnito, perdido. Datos, señas, cifras, para ocultar la noche; para asaltar el alba ante el altar del viento. Intento, soplo, eterno el alarido. Porque toda piedra alguna vez fue estrella. Porque venimos de polvo de estrellas, polvo de estrellas somos y en polvo de estrellas nos convertiremos.

Si supiesen los hombres del camino, tornarían repletos de regresos. Si advirtiesen el fuego de la aurora, sus morrales de fuego encenderían. Si el hombre se midiese con el viento, sabría que todo pasa como el sueño. Si atisbase la clave de los pájaros, descubriría el sueño de la tierra. Si echasen un vistazo al sueño, al mundo, de incógnitas su vida llenarían. Si supiesen del alma de la vida, de su sombra el tamaño conociesen. Si la muerte los hombres divisaran, vivirían pendientes de la vida.

"Llega un milenio y se va otro… por el camino como yo te consumes/ y como todos te desapareces,/ pero tu vuelo siempre da en el blanco… Por esta calle ya pasó mi entierro… Lo voy siguiendo ahora desde lejos,/ al paso de los años… En el buzón de tiempo las palabras/ se fraccionan en sílabas y llantos/ otras se juntan como peces/ que huyeron de su orilla/ y algunas más se reconocen/ en las navajas del silencio… Cada siglo es un mito o un escándalo/ pero sólo al final nos deja atónitos/ sin saber qué ocurrió / qué está ocurriendo/ qué dejamos atrás en los jamases/ cuál es el mundo real / el que se apaga/ o el que nos deja el corazón sin dioses… en qué muelle en qué azar en qué crepúsculo/ destaparán su siglo los venales/ para brindar por íntegros y libres… tengo los pies desnudos para entrar en el siglo/ y el corazón desnudo y la suerte sin alas/ vamos a no estrenarlo con quimeras exangües/ sino con el dolor de la alegría." (Mario Benedetti).

1.4. A ras de vida

¡Oh tiempo, llegado de las grandes praderías! Giras. Nos acabas. Nos estragas. Nos malgastas. No eres el que pasa. No eres el que se va. Somos nosotros los que nos alejamos. Somos nosotros los andantes, nómadas, ermitaños de un alba sin nombre todavía. Eres el silencio que se sienta a escuchar las pomarrosas. El arroyo que escucha el piafar, la turbulencia. La nueva edad, la de las flores distantes de la guerra – estandartes en la fronda -. La del viento que entona su victoria. La del amante dormido junto al mar. La del sol que se duerme sobre el monte. La del grito guerrillero, planetario, jugando por fin y solamente a la palabra. La de la montaña que ha de libertarnos. La del alma despojada de odios para que la vida sea siempre mañana.

¡Cósmico movimiento, según el antes y el después! ¡Imagen móvil de la eternidad! ¡Orden de las sucesiones! ¡Devenir! ¡Invención! ¡Creación! El de crear, el de crecer, el de engendrar. ¡El de las grandes galerías! Pasado el huracán, el torbellino, el desespero, torna, apacible, el rostro de las aguas. La tierra muda de corteza. Salvaje, nómada, la lluvia vuelve a sus trigales. Y el tiempo silba a ras de vida, a ras de suelo, a ras de huerta, a ras de siglo. En el perfil del siglo medita la esperanza o la espesura.

¡Tiempo inmensurable, benignas sean las horas nuevas! Benigno el campo, los hogares. Benignos los arados. Benigno el pan multiplicado en paz y en libertad. Benigna la sierra, la arboleda. Un pueblo hambriento confía en tus pasos. Es tiempo de escribir con mayúscula el amor. Es tiempo de que el prado sea más verde. De que aminore el mal, el miedo, la prisión. De que en medio del océano resplandezca Paz. De que aparezca otra ley, otro campo, otra ciudad. Otro pueblo, otro trabajo, otra razón. Otro palacio, vida y dignidad.

¡Oh formas de la noche intemporales! ¡Oh ausencias insepultas! ¡Oh distancias! ¡Paso del tiempo. Paso de las cosas! ¡Paso del hombre a solas con su sombra! ¡Oh tiempo, no absoluto, atado al cambio, al movimiento! Somos "un fue, y un será y un es cansado". ¡Tiempo planetario, secular, eterno, danos tiempo para el tiempo. Senos mensurable, cómplice, propicio, camarada, salvador!

Inmensa nuestra noche. Nuestra vigilia, inmensa. Nuestra huida de la muerte. Nuestro asombro o noche sepulcral. Donde tanto fue diezmado, desguazado, consumido, arrebatado. ¡Salva, Oh tiempo, nuestra Paz! ¡Aconseja nuestro viaje, nuestro adiós! ¡Tú que huyes, talas, rompes, tú que estragas, acabas y malgastas, danos tiempo, tiempo simplemente, para buscarle tiempos a los tiempos, para ponerle trampas a la muerte!

"No quedará nada de nadie ni de nada / sino el tiempo tras sí mismo dando vueltas; / el tiempo sólo, invento de un invento, / que fue inventado también por otro invento, / que fue inventado también por otro invento, / que fue…" (Eugenio Montejo).

1.5. Vivos todavía

Vivos todavía, bajo la sombra de la noche, mensajera de misterios. Cabe la lumbre de un amanecer repleto de luciérnagas. A lomo de siglo. Al compás de un mismo sueño. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas soñolientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido. Bajo la lumbre agazapada, el cósmico pavor de la centella. Vivos todavía. Ante la huerta, jalonando soles, siglos, madrugadas, ventisqueros. Cruzando ríos en noches espantosas. Cruzando mares. Invocando orillas inasibles. Capeando turbias confusiones. Remando entre tifón o torbellino. Después del vendaval, el cataclismo y la vorágine. Después del arrebato. Después del llanto, el miedo, el desespero. El hombre al desamparo de los dioses. A cielo descubierto, galopando tristumbres, soledades y esperanzas.

Vivos todavía. Llegar a enero vivos todavía. De mano del lucero. Junto al grano y la simiente. A la derecha de la sombra. Del remolino, el vórtice o corriente. Del lado acá del cielo navegamos. De la sombra a la pena. De la pena al sollozo. Del sollozo al sueño. De la Nada a la Vida. De la Vida a la Muerte. De la Muerte al Misterio. Sobre las entrañas de la noche. Navega que navega. Rema y rema. Asombro el de los magmas furibundos.

Vivos todavía. Huyéndole al buitre de las aguas. Huyéndole a las garras del barranco. Huyéndole a la furia, a la jauría. Huyendo de la tarde y de la nada. De la angustia crispada de la muerte. Al pie de algún diciembre sin enero. Sacando cuentas, esperando olvidos. Sintiendo las tinieblas y el relámpago. El ansia desgarrada de la luz. El canto, el rezo, el grito, el desenfado. El coro, la canción, el griterío. El aullido terrible de los hombres. En el lugar del hambre todavía. En el lugar del grito todavía.

Vivos, en este mundo todavía. A la espera del juicio, la sentencia. Frente a todos los triunfos y derrotas. Venimos de la muerte hacia la vida. Nos espera la sombra de la estrella. Lo saben las espumas de la mar. Lo saben las montañas diluviales. De donde brota – monstruo de la noche – y estalla de furor entre las cumbres la tormenta feroz del ventisquero. Primero fue el barro. Y el barro se hizo llanto. Siempre fue el llanto y estamos en el llanto. Seguimos en las sombras todavía. Vivos, en este barro todavía. (León Felipe).

Crujientes vendavales milenarios. Los pliegues de los siglos cabizbajos. Alarido crispado en huracán. El hombre a punta de hombre y tempestad. Semilla germinal a la intemperie. Entre noches de pálpito y conjura nos quedamos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin osadía. Desde el fugaz umbral de los fogones, crepitando en enigmas postergados, (Mario Benedetti) pregunta que pregunta por el hombre.

1.6. Como un árbol al pie de la tormenta

Solos, en medio de la tierra, solos, de la raza que canta en la tormenta, en el desierto, en soledad triunfante, interrogamos a la noche a solas: su temible imperio que pesa como un destino, pero nada amanece que no sea la faz monótona de otro día. A tientas, a nivel del siglo o de la niebla que cae de los remotos días, que crece y nos envuelve, volvemos a sentarnos y hablamos ya sin vernos; charlamos horas sin saber quién está muerto o quién vive todavía.

Solemnes a la manera del día, es decir, con la menor solemnidad aparente, improvisamos un simulacro de posteridad donde empieza tranquilamente el futuro, para que la alegría llegue a ser al fin realidad y cada niño reciba, junto al alimento y el libro, la guitarra verde y roja a la que tiene derecho como hombre. El mundo está en un borde. No caben certidumbres rotundas. No nos queda sino ser contraste, hacer más vivo el vivir; no convencer ni vencer, sentir lo que las cosas, las palabras y las horas tratan de decir.

De borde en borde, con tierra tan ajada, con patria tan dolida, como gota en el alambre, como gota de lluvia deshojada, no dejemos de llevarnos, que un momento separado de todos los momentos, tiene años esperándonos fuera de los años. Los días van tan rápidos en la corriente oscura, van tan rápidos al invisible océano. Ardamos. Respiremos. Despertemos a la gran realidad de estar naciendo ahora, y en la última hora. (Gonzalo Rojas).

Los años caminan a zancadas. Nada importa que el tiempo nos arrastre. El tiempo pasa muy lento en esta noche sin fin. Acaso centellee otro viento anunciando tempestades. Hoy somos otros en despiadada espera detenidos. Sobre la derrota, los mil y mil soplos del camino iluminan con su fiereza a nuestra gente que se obstina. Defendamos con urgencia los fueros de la vida, amenazada. Se necesitan palabras que golpeen, fuego que haga visible el ramo del primer sol o a esa mujer desconocida que es la nochepoesía, la más larga y gozosa de las noches. (Vicente Gerbasi).

Estar aquí, por años, en la tierra, con las nubes que llegan, con los pájaros, suspensos en horas frágiles, partiendo en cada mesa el pan en dos, en tres, en cuatro, sin olvidar las sobras de la hormiga que siempre viaja de remotas estrellas para estar a la hora de nuestra cena aunque las migas sean amargas. Cuajar en cada pieza la pausa para otro trozo de canción. Juntar con hilo de detalles cantos inseparables de telas y palabras. Empezar a empatar o zurcir el espacio de la caída, como lo quería Lezama Lima. Como la madre hacer aparecer la colcha de la vida.

Qué oscuro el borde de la luz donde ya nada reaparece. Un día nos veremos al otro lado de la sombra del muro. Estarás y estaremos como si siempre hubiéramos estado al otro lado de la sombra del sueño, junto a aquellos fragmentos con los que convivimos más intensamente, junto con la imposibilidad de escribir sobre lo indómito, junto a tus ojos y mis manos, intactos, en la tierra de la noche, como un árbol al pie de la tormenta. Pregunta que pregunta por el hambre. Pregunta que pregunta por la vida, sus sueños, sus vigilias, sus asombros; sus diciembres, eneros y febreros. En vela, con la lira del insomnio, pulsándole la cuerda a la esperanza, velando a pensamientos desatados. Perro parado al borde de una piedra, azotado de fechas con espinas. (César Vallejo).

1.7 A coro en el asombro

Como si tú fueras el viento/ de alas ciegas/ y yo un árbol o un hombre/ a la intemperie/ de la noche/ sacúdeme los huesos/ tócame las raíces/ desátame los nudos del corazón/ mueve mis hojas/ quema con tu mirada/ la piel mía o de nadie/ desgarra mi corteza de sueños/ mi camisa de fuerza/ o de flaquezas/ mi ademán desusado/ en fin destrúyeme/ la madera o el alma/ si esto quieres/ pero no me devuelvas a esos sitios/ de donde vengo más vacío/ que nunca/ no me devuelvas a esas fauces/ de donde ahora regreso/ más oscuro que una eternidad/ amortajada por las nubes/ cubierto de ceniza/ como un rostro/ que ardió/ que arde sin tregua/ desnudamente/ huésped del asombro. (Dionisio Aymará)

¿Quién que sea puede afirmar: No soy del coro? ¿Quién que sea no es del coro? Huésped del asombro. Huéspedes del asombro. Sí. Mas a coro siempre. A coro vamos y a coro llegaremos. A coro en el asombro. En asombro al descubierto. Genética, ontogénica, filogénicamente, nacemos con la impronta cultural de nuestra especie, nuestro coro, inmersos en el hormigón histórico de nuestra conciencia colectiva. Apenas si llegamos y de súbito estamos en razón de asombro, en asombro compartido. En serendipity, en acecho, cabe la vigilia. En hondas madrugadas, en las altas horas del alba, tras el salto del dato inesperado, indispensable para darle aliento a la pesquisa diaria.

En asombro. Entre la armonía del silencio, después de los sonidos y alborotos cotidianos. Al compás de las estrellas, en alas del silencio, proclamando la fe que nos convoca antes del alarido y la amargura. Desnudos, solitarios, en vela, insomnes. Como peces que navegan en el aire a la orilla más pura de la calma. Mientras a lo lejos un perro nos recuerda o el guanábano nos mira de reojo o nos hace volver a las espigas o al fondo más lejano de los vasos. En resilencia permanente. Como el acero cuando, a pesar de ser sometido a variaciones de calor y desestabilizantes, cuenta con la capacidad de recuperar sus propiedades originarias. En armónico silencio, el universo en resilencia. El que a modo de viento grita entre las gargantas de los montes, mientras se transforma en dulce sonido gracias a la flauta del pastor-poeta. Entrando en el bosque donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros tu presencia y la mía. Llegando a la lluvia cuando sus pininos da al despuntar la tarde o al nacer la noche.

Porque ¿dónde y cuándo nació la Poesía? Del vientre de la noche un día que la lluvia estaba distraída. El eco de la armonía universal. El viento en busca de un embudo de trasvase. La llama sin tregua. El viejo embudo de trasiego, abandonado en el repecho de la colina o en el rincón más oscuro de la cueva. El asombro, la palabra. La rearmonización de los cuatro elementos. El juego de las sombras, el asombro. La danza del aire en fuego, en tierra, en agua. La voz de Dios ante la tierra sorda. La minúscula, diminuta, dorada mariposa que interrumpe nuestra línea, nuestra plana, nuestra cuenta, nuestro asombro, asombrada tal vez del paso de una sombra o nuestra vida. La misma que besa nuestro sueño, nuestra alba, nuestro insomnio.

Por eso, este sueño puesto en limpio. Camino de la vida. Dando tiempo al camino a que regrese. A coro en el asombro. A coro, en aras del asombro vamos. ¡Asombro, el hombre todo mientras viva! Entre corotos, trastos o trebejos. A coro, a coro. A coro en el asombro. A son de pétalos zafados de la luna. O de esta sombra antigua, vagabunda.

2. Parte de asombro

2.1. Asumir nuestro destino

Era el tiempo del despertar al infortunio desde la comarca de la infancia, desde el útero feliz de la campiña. La aldea dichosa que de antiguo requería el milagro del canto mañanero. Comenzamos por cultivar almácigos cabe la sombra de los guamos memoriosos de la aldea. Almácigo llamamos al primero de los sueños al pasarlo a limpio. Y así a los seis primeros sueños en homenaje al "arbusto sabeo" que nuestra fecunda zona viste de jazmines. (Andrés Bello). Almácigo, semillero, en la esperanza de que algo el tiempo salvaría de aquella siembra. Después supimos que equivalía al lentisco, al arbusto siempre verde de cuyo fruto se saca aceite para el alumbrado y al turbinto del Perú, bebida muy grata. Ojalá lumbre o vino fuera cada almácigo.

Andando el tiempo, llegó la noche insomne. Ante la escalofriante letanía del dolor humano, el registro del vía crucis diario, el dies irae, la cósmica plegaria, la bienaventuranza nueva, la meditación en el desierto en busca de la tierra prometida. El ansia de la Paz, la solidaridad, la fraternidad humana, la utopía, la pazpoesía.

De sorpresa en sorpresa, en sobresalto cotidiano, el estupor, el embeleso, el entusiasmo, llenaron nuestros ratos y nos sentimos en asombro, al descubierto, a coro en el asombro, en noctívaga contemplación, capturando instantes, tristumbres, arrecheras, brincos, oquedades, lanzando pompas de jabón a los caminos del viento. Convencidos de que "puesto en palabras/ quizá una flor sería/ la faz del alma" (Ramón Iván Suárez Camaal). De que el Parte de Asombro es la mejor forma de lidiar la muerte.

Justo cuando el mundo vive entre galácticos presagios y alientos de hecatombes regionales, construimos nuestra propia trinchera y desde ella disparamos, a diestra y siniestra, contra obnubilados y díscolos, contra obtusos o bribones, con la más convincente de las armas: el verso. Soldados de la Paz, disparamos nuestros versos contra la guerra.

Sabemos que escribir es una búsqueda, un destino, una opción, un modo de vida; una necesidad, una pasión. Es aprisionar un asombro y pasarlo a limpio a través de la alquimia de la letra o la palabra. Algo que se hace fundamentalmente con palabras, con emociones, con sentimientos. Escribir es elegir un tipo de vida: el ejercicio ordenado y voluntarioso de la creación, mediante la autodisciplina y la vigilia creadora. (Jairo Restrepo Galeano). Antes que mercado, glamour o falso compromiso, escribir es un acto, un vicio solitario. "La máxima aspiración de un novelista o de un poeta, es estar a solas con el lector. Es el momento sublime en que esos dos seres, sangrantes, escritor y lector, se reconocen en el mero centro de una página, y se saben hermanados por sus apremios y fantasmas." (Héctor Rojas Herazo).

La escritura es una manifestación estética, una obra de creación que nace con la intención de comunicar ideas, experiencias, emociones o dudas. Algo vocacional, una convocatoria, un llamado del alma. La escritura, la literatura, ha de ser un fin en sí mismo y no un medio para algo. La mejor forma de ser escritor es serlo. Y la mejor forma de ser es atreverse a ser: hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. "Encaminarse a una estrella, sólo eso." (Martín Heidegger).

El escritor trabaja manipulando el lenguaje. Su labor es como la de los ríos que van puliendo las piedras hasta que producen una música determinada en el agua. El escritor pule las palabras como si fueran piedras hasta que produzcan la música, la poesía que se pretende. (Yolanda Delgado Batista).

"Hacer de la palabra un instrumento certero y fehaciente. Fundar un país con palabras verdaderas, dignas y apasionadas" (Juan Carlos Santaella). He ahí el reto. "He aquí el enigma: / Cuándo/ con qué fuerza/ de qué modo asumir/ nuestro destino" (Dionisio Aymará).

2.2 La poesía, larga quemadura

Soplo de aire que desde la primigenia mañana del génesis tiene poder de creación. Hacer caber a Dios en un dedal o al sol en el ojo de una hormiga o al mar en los labios de una perla. El reverso de las cosas y la vida. Querer arrear la luz. Encontrarle al silencio su guarida. Caracol donde resuena la música, el alarido o desesperación del mundo. El soplido del universo que gime entre las rocas. El armónico silencio, el universo en resilencia. Acto de fe en el hombre, en la palabra y en la vida; sorprenderse, extrañarse, asombrarse; un arma cargada de futuro; un instrumento para transformar el mundo. "La poesía, larga quemadura, / pávida voz, diadema planetaria, / hecha toda de cólera y ternura." (Dionisio Aymará).

"No creamos; en rigor, combinamos palabras e ideas que existen antes, independientemente de nosotros. Un texto es también un intertexto, como se ha dicho hasta el cansancio." (Leonardo Rossiello). Por lo demás, "aceptar una influencia es aceptar la tradición. Sólo quien ha sido influido muy a fondo (por uno o por muchos escritores parientes) puede ser un creador. Los otros, los que se dejan influir a medias, serán los escritores mediocres." (Héctor Rojas Herazo). "Hombre culto es aquel que ha olvidado a qué libro o a qué autor pertenece tal o cual cita, sostenía Pound. Los antiguos decían que era necesario ocultar la fuente, que la tarea del sabio era hilvanar lo cosechado en libros y articular con ello una expresión personal. Cada palabra que escribimos ha sido escrita por otro, y cada idea que concebimos ya viene manoseada por el imaginario de muchos. Lo auténtico, venga de donde venga, gracias a una suerte de saludable instinto, lo sentimos siempre como nuestro: terminamos absorbiéndolo. La palabra escrita está hecha para reescribirla, y la lectura no es sino el nacimiento de un autor, otro, para un idéntico libro." (Gustavo Valle). "Lo más antiguo de cuanto es antiguo viene en nuestro pensar tras nosotros y hacia nosotros" (Martín Heidegger). "El decir del poeta encarna en la comunión poética. La poesía: búsqueda de los otros, descubrimiento de la otredad." (Octavio Paz). "Ser con otros, gestarse con, gestarse histórico, destino colectivo" (Martín Heidegger). Lo importante no es que algo haya sido dicho; sino que se siga diciendo. Poesía, Sociedad Anónima. El equipo de cuantos nos precedieron, nos acompañan y acompañarán. La obra colectiva y anónima, transformando y creando conciencia impersonal, (Gabriel Celaya) en cumvalía creadora.

"La poesía tiene que empatar o zurcir el espacio de la caída… Frente al pesimismo de la naturaleza perdida, la invencible alegría en el hombre de la imagen reconstruida." (J. M. Lezama Lima) "La poesía es el último misterio que nos queda, nuestra última carta de parentesco con la divinidad." (Jaime Jaramillo Escobar). "La poesía es una forma personal de reflexionar sobre el misterio de las cosas. Pero una manera de reflexionar que conduce a ella misma, que se satisface en el lenguaje. Que regresa de las cosas a quien forcejea haciéndose más y más preguntas inútiles sobre las cosas." (Juan Calzadilla). La poesía magia y realidad, la belleza y la sordidez del asombro y el desencanto; una vida nutrida en otra vida, dos vidas nutridas en un mismo ambiente; la tarea del existir en la palabra compartida. Siendo todo vacío, azar, a la palabra no le queda sino ser fragmentación de realidad, porción de asombro, concomitancia, sueño, la antigua, luminosa resonancia, la misma que a las costas de la divina antigüedad nos ata, "la invicta luz que se coagula al florecer/ fuera del tiempo" … "La poesía cruza la tierra sola,/ apoya su voz en el dolor del mundo/ y nada pide/ - ni siquiera palabras."… "Este poema fue escrito en otro siglo,/ por mí, por otro, no recuerdo,/ alguna noche junto a un cabo de vela." (Eugenio Montejo). "Quién hubiera dicho/ que estos poemas de otros/ iban a ser/ míos/ después de todo hay hombres que no fui / y sin embargo quise ser… quién hubiera dicho/ que estos poemas míos/ iban a ser/ de otros." (Mario Benedetti).

2.3. Perfil

Nos hicimos a la vida tal vez en fresca, apacible, candorosa aldea, camino del pueblo, de alguna capital o algún amor. Entre borrasca y cangilón, vimos amanecer en muchos puertos. Entre soledumbres, andanzas, hondonadas, horizontes, auroras y crepúsculos; de regreso al amor ardiente de la aldea, ¿acaso las piedras preguntan por perfil alguno? Entretanto, el hombre que vamos siendo, corre a preguntarse: ¿cuál nuestro perfil? Y es alto el perfil del Comandante, el perfil del Académico o Levita. Son muchos los perfiles. Sin olvidar que a pesar de cualquier otro, nuestro título mayor es el que nos da la tierra. El título con que el terrazgo selló nuestra andadura. Nuestro único título, el de ser hombres, y ese basta. Y cómo que si grande el título que da el Ande. Ser andino es la fortuna mayor que nos brindó la vida. Podremos contar con uno y mil títulos; pero el que da la tierra no podemos cambiarlo por ninguno. Vayamos donde vayamos, todos tropezarán con el acento de la tierra, con la gracia de la tierra, con el enhiesto perfil de nuestra tierra. Entonces, ¿por qué tanto sufrir por el perfil? La derecha no lo tiene; la izquierda, menos. ¿Quién en sí nos da el perfil? La tierra que nos dio la vida. La madre que nos cargó en su vientre. La madre-tierra, en unísono latido, en nueve meses largos perfilando nuestros sueños.

Después, en angustia existencial, amanecimos. Dispuestos a coger camino. Escogimos amor, sueño, capricho, trashumancia, lejanía. Y hasta podremos escoger la muerte. De escogencia en escogencia, dimos rienda suelta al hombre que de tanto hurgar hallamos escondido. Encontrarse, fue nuestra mayor tarea. Dar con el hombre que asomaba desde adentro. En plan de hombritud, fuimos dando tiempo al regreso del camino. En humana completitud, completamos lo que completar se pudo. Lo que alcanzamos a redondear de veras. Para dar con el precio de la vida: echar un barquichuelo en la quebrada, echarlo de mañana, bien temprano, luego irse con la tarde alucinada y estarse con la luna entre la mano para caer en cuenta de la nada.

Completitud la vida del hombre mientras viva. Hacerse, darse formas nuevas. Crearse a partir de lo que fuimos, somos, hacemos y seremos. Madurar, cambiándose. Elegir nuestra corriente existencial, en vibración consigo mismo, con aquél y aquello que nos rodea. En búsqueda del ritmo propio, pensando a diario en qué somos, por qué estamos y para qué servimos. Frente al sol. Lejos del perfil, que sólo nos lo ha de dar la piedra callada del camino o la flor que encontremos en la muerte.

2.4. Ser humano es maravillarse

"Los físicos no son gente como los demás… y los poetas tampoco. Todo el que se dedica a una actividad que exige mucho del intelecto y de las emociones al mismo tiempo, es natural que sea un poco extraño… Como a muchos poetas, al físico le parece estar buscando la "verdad". Claro que define la verdad de acuerdo con su propio sistema de reglas, y no piensa en mucho en cuáles son éstas (hasta que se hace viejo, cuando los buenos físicos suelen volverse malos filósofos). Por eso acaso se sorprendería tanto como el poeta al saber que algunas de esas reglas tienen que ver con la belleza. Una idea tiene que ser más que cierta, tiene que ser también bella, si ha de causar mucha excitación en el mundo de la física. En cualquier campo, la facultad de crear tiene una dimensión emocional. Esto podrá parecer sorprendente, dado todo cuanto siempre nos están diciendo de la objetividad científica. Pero estas reglas sólo conciernen al modo en que una idea recibe su prueba final. El modo de surgir una idea no suele ser nada objetivo. Y si la idea llama la atención por su belleza, es posible que la crean aun en ausencia de testimonios confirmadores y se aferren a ella hasta que sean abrumadoras las pruebas en contrario. El creador de una idea científica abstracta pone en ella tanto de su personalidad como cualquier artista en su obra… La peor actitud posible para emprender el estudio de la física es la de un pavoroso respeto. Como muchas empresas venturosas de los humanos, la física ha progresado en gran parte por atenerse estrictamente a lo suyo."

"Ser humano es maravillarse. Los niños lo hacen durante cierto tiempo, antes de que les enseñemos a contentarse con lo evidente y dejar de hacer preguntas tontas. Es más fácil pagar a hombres que conserven algo de niños y se planteen las cuestiones en nuestro lugar. Entonces nos agrada suponer que todo hombre dedicado a tan esótericos empeños tiene que ser insensible y aun tal vez inhumano. Con nuestros artistas cometemos un error no menos grande al considerarlos demasiado sensibles." (Robert H. March).

2. 5. Vademécum poético

El poeta muchas veces no es brújula ni siquiera de sí mismo. Uno no puede ser brújula de nadie. Cada quien tiene su brújula. Pero sí creo, como decía Rimbaud, que el poeta es un vidente. El poeta es capaz de trascender hacia lo que no es visible. Cuando Rimbaud escribe "una catedral que desciende y un lago que sube" eso no es algo visible pero él lo está viviendo en ese momento. Yo no creo que la imaginación ande por un lado, la sensibilidad por otro lado y el pensamiento. Todo está unido en la vida de cada uno. Solamente así se puede dar lo que se debe dar. El poeta nunca está conforme. Siempre cree que debe dar algo más. Yo creo que el poeta debe estar abierto a todos los mundos, incluso al de las hormigas. Sí, las hormigas. ¿Hace cuánto que no te detienes a verlas? Ellas tienen su lenguaje. Como tienen su lenguaje el viento, el agua y la noche. Hay que oírlos a ellos también. Los poetas deberíamos estar ya bastantes cansados de escucharnos siempre a nosotros mismos.

Yo he llegado a la conclusión que los libros están dentro de uno. Ellos nacen desde el momento en que el niño abre los ojos. Porque desde ese momento el mundo entra en él y él lo siente y lo escribe. "Todos tenemos un libro por dentro; algunos lo escribimos y otros no." (Julio Ramón Ribeyro). Es una gran verdad. Todos escribimos un libro. Los que lo llevamos a la página en blanco somos aquellos que lo hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas.

El libro empieza a vivir en el lector. Mis libros no respiran hasta que están en manos del lector. En mis manos mis libros desfallecen. Los ojos del lector siempre reaniman a las palabras. El lector es el que le encuentra sentidos a lo escrito que el autor jamás podrá imaginarse. El lector no se vale de nada para interpretar una metáfora. La mirada del lector es pura, limpia.

Toda mi vida he procurado mirar lo que se ve y lo que no se ve, lo que está al alcance de nuestra vista y lo que se escapa a ella. Incluso he procurado ver lo que nunca veré. Creo haber visto de todo y, sin embargo, sé que tengo mucho por ver todavía. Sé que a veces mi mirada es una mirada perdida, pero gracias a ella he aprendido en la poesía muchas cosas. Dirán que es una estupidez pero no es así: el cielo no siempre está arriba de uno.

Algo sucede con frecuencia: alguien salta el muro de atrás de la casa aprovechando la oscuridad de la noche y se lleva una orquídea. No es algo que me agrade, pero no puedo más que aceptarlo. Es la vida: alguien te trae algo a tu vida y otro se lo lleva. Así, también, es la poesía.

Compartimos in extenso este vademécum o desiderátum poético de Elizabeth Schön, expuesto ante el periodista Rubén Wisotski; así como la frescura, diafanidad y plenitud de su poesía.

"Hay una palabra/ larga o corta,/ inmensa o pequeña,/ que nunca se pronuncia./ Es una palabra sin pomo,/ de hilaza,/ temblor,/ serenidad,/ irreductible…/ La palabra que después/ de haber engranado/ en lo ilimitado de lo simbólico,/ y de haberse dejado arrancar/ su estandarte de apetecible pulpa,/ recupera de nuevo su superficie/ y reabre la plenitud de lo invisible./ Nuevo el fulgor/ fragante de la voz,/ si a la rada del alba/ y al lindero del planeta/ llegan las palabras de la nave/ y bajan las cerezas infinitas/ del navegante y la siembra." (Elizabeth Schön: La plenitud de lo invisible).

"El intercambio de lo oscuro y la luz,/ su ascensión,/ su regadío,/ y los desperdicios cayendo,/ desmoronándose,/ hasta hallar la pulpa/ que no es posible colorear./ No hay plenitud más cabal/ que la de la piedra siempre piedra/ y constantemente poseyéndose/ con su portal/ al final del último peldaño./ Redonda al mirarla,/ lisa al palparla;/ mas cómo se agiganta/ al vislumbrar su última verja,/ esa que se atisba en medio del sol,/ en el centro de la oscura y primaria semilla./ Tocar sus costados,/ sus poros,/ sus cavidades,/ y adherirnos a ella/ hasta enlazar latido con latido,/ espesor con espesor,/ hendija con hendija,/ y sentir sólo su concentración,/ su inmovilidad, presionando más y más/ para olvidar cómo se rompen y se deshacen/ los refugios de las presencias espaciales./ Saber que gira envuelta en luz,/ sombras,/ raíces,/ es oír la vertiente/ y entrar en el esplendor/ del íntimo reflejo./ Si le hablamos/ nunca responde./ Si la acariciamos/ o la destrozamos,/tampoco se rebela./ Sabe muy bien que su destrucción/ es solamente el descanso/ de la campana repicando./ Única,/ no por su mutismo/ ni su gravedad./ Única,/ porque no desiste en su empeño/ de brindar siempre lo mismo./ Sentirla así,/ piedra y sólo piedra./ Después callar/ y quedarnos con ella/ y ese inquieto latido/ que no nos abandona/ aunque sea nuestra/ la atenuante tranquilidad de la piedra;/ pero ella vive únicamente/ de su íntimo secreto./ Alcanzar su humildad/ es hallar el centro/ y dejar que todos los caminos crezcan./ No hay que apresarla./ Ella yace con su carga/ y su habitual frescura/ y sin más dobleces/ que el camino y la señal." (Elizabeth Schön: Es oír la vertiente).

2.6. Abrazo, grieta, sueño y alumbraje

Creo que hay que resistir. Pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya. A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer. El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Unidos en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, resistamos. Lo esencial de la vida es la fidelidad a lo que uno cree su destino. Decidir conforme a la vocación, conforme a ese llamado interior que el ser humano escucha en el silencio del alma. (Ernesto Sábato). Lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre. (E. Levinas). Cada uno de nosotros es culpable ante todos, por todos y por todo. (F. Dostoiesvski).

Es el momento de tomar camino. De forzar el destino. De echarse a andar. De creer, atreverse y arriesgar. De resistir ante el reto, el desafío. De ser fiel a la llamada, a la misión. De ir tras la búsqueda de aquello que nos eleva, nos levanta, dignifica. De no correr detrás del viento sino tras el dolor de la alegría. Abriendo el horizonte de las albas, vértigo sideral del infinito. Comprender que la máxima propuesta del ser humano es la de forjarse un destino. Volverse sobre sí mismo. Ha sonado la hora difícil, gestatoria, decisiva, de empezar a encontrar, para sí mismos, expresiones nuevas, formas nuevas, nuevas soluciones. (Alejo Carpentier). Que esta angustia se traduzca en el hallazgo de nuevos caminos, de nuevos planteamientos y de nuevas posibilidades.

Estamos viviendo, en términos universales, uno de los más grandes procesos de metamorfosis y de crisis espiritual y mental. Paul Valéry escribió un famoso ensayo: La crisis del espíritu. Yo creo que estamos viviendo hoy una crisis de espíritu, porque estamos presenciando una de las épocas, intelectualmente hablando y culturalmente hablando, más dramáticas, difíciles y confusas de la historia. Está haciendo crisis un mundo ante nuestros ojos, y está haciendo crisis violentamente, rápidamente. (Arturo Uslar Pietri). La crisis económica que se desboca por instantes y no puede ya ser mayor, deviene naturalmente crisis espiritual. (Mariano Picón Salas).

Crisis de hombres, de pueblo, de responsabilidad. De jerarquía, de urbanidad. De Universidad, de justicia, de consenso, de unidad. De presunción, de egoísmo, de libertad. Institucional, civil, castrense. Eclesiástica, profana, espiritual. De angustia y riesgo. De malestar y esperanza. De miseria y salto. De aprieto y desahogo. De depresión y auge. De alarma, contingencia y cambio. De empeño, salvación, curso y paz. De tedio, de entusiasmo y de coraje.

Que nunca se nos nuble el horizonte. Que nunca se nos cierren los caminos. Que siempre amanezcamos, con el alba, alegres de abrazarnos con la vida. Que a pesar de las sombras del camino, la esperanza la enciendan los cocuyos. Que no crezcan los cráteres del miedo. Que no se empequeñezca la esperanza. Que el entusiasmo sea fe, energía; creencia, riesgo, fuerza, madrugada; la festiva grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un mirar hacia dentro de nosotros, una crisis fulgiendo en fogarada; resistir el milagro de la vida, el abrazo del hombre que florece, la grieta que nos lleve al alumbraje.

2.7. Vivir es infinito

Desconfiando del aire, atravesando tempestades, lidiando vendavales, llegamos a la última página; desafiando auroras, hundiéndonos, hurgán-donos, siendo, sintiéndonos, luchando, sobreviviendo, al borde de la vida todavía. Buscándole sentido a la existencia, al paraíso, a la rama, a la hoja, a su desborde, vamos siendo; gastándonos, desgastándonos, haciéndonos, deshaciéndonos, rehaciéndonos.

Después de larga caminata, con temblores de alba en la garganta, asomándonos al trecho que nos falta; halando, halando, llevándonos, naciendo, renaciendo, resonando, desapareciendo. Voces que cambian, palabras que hablan, se quejan, gritan y atormentan. Sintiendo, insistiendo, desistiendo, resistiendo. Muerte-vida en las emes del viento, en el fulgor, en la gota, en el vacío, en la agonía.

En lumbres esplendemos, florecemos en abismos, en bordes, en jaurías. La vida es una muerte conocida; la muerte, la otra cara de los sueños, en pleno desafío a nuestro espejo. Tan imprudente es eso de morirse como imprudente eso de vivir. Vivimos a la sombra de una orilla. El asunto es acompañar la vida, a sol y sombra, donde sea preciso; saber de donde nos sacó el hechizo y contar con la última embestida. No importa el llanto o la final salida, la vida es solamente el compromiso de estar donde la vida misma quiso, al lado de la vida de por vida.

Sabemos que es mucho lo que la noche calla y por qué el cielo vive enrojecido y sigue la sangre siendo colorada y la luna canjeando su puesto con la muerte. Lo que no sabemos es por qué los pájaros viven todavía. Los cuerpos no están vivos, no están muertos, están llenos de preguntas. Preguntan por el hambre, y sus costumbres; preguntan si está el hombre desvalido. Larguísima la noche que nos cruza. Acaso brille un lucero a la intemperie. Acaso algún horizonte vista claridades. Somos otros en despiadada espera detenidos. El canto está apagado, su ojo insomne, inmenso, insomne párpado nocturno.

Vivir es infinito. Inaugura tu voz en lo más hondo. Ven a sentarte en el lugar del grito. Ven a mirar el tiempo que comienza. Ven, gozoso, a esperar la clarinada, la memoria y certeza de estar vivos.

Fuera de la vida

fuera de vivir a medias

no queda sino el sueño

               Pablo Mora

 

Porque no hay muerte sino vida

del lado allá del canto, del lado allá del vuelo,

del lado allá del tiempo.

…bajo el granado trigal de la noche insomne,

rumorosa de viento alto

y de luceros.

            Fernando Paz Castillo

 

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.

              Vicente Gerbasi

2.8. Parte de asombro

Al principio fue el Asombro. Cuando, en confusión y vacío, las tinieblas cubrían el abismo. En soledad admirable, niños maravillados, descubrimos el mundo. Nos asombramos. Más que la duda, nos paraliza el pavor por lo que no comprendemos. En actitud intuitiva, poetas, conjuramos con el nombre o la palabra. Asombrados, temblamos de espanto, por lo que debemos conjurar. Antes que explicarnos los acontecimientos, los datos, los hechos, los instantes, preguntamos al nombrar las cosas. Magos, cumplimos con un rito, convocamos a las palabras para celebrar el acceso lento y penoso a la esencia de las cosas mediante el camino de la imagen.

Poetas, en fin, llegamos a una casa en completa oscuridad. Torpemente, tanteando, tropezando con las cosas, al verlas desdibujadas, por entre la oscuridad, nos asombramos. Entonces, recurrimos a la magia, conjurando, nombrando, buscando la palabra exacta que nos conduzca al ser, a la luz que devele el misterio que nos rodea. Como Prometeos, para iluminarnos, debemos primero conseguir el fuego, la palabra. Con la luz, reconocemos la realidad y la admiramos. El asombro, la admiración, la maravilla, nos permite, de sorpresa en sorpresa, acceder a la verdad, llegar al ser, a nuestro ser.

Con la luz del día, nos integramos a lo que comprendemos para aprehenderlo, conociéndolo en esencia. Vendrá la noche nuevamente y como Sísifo la piedra que debemos remontar será la de nuestro asombro en medio de la pavorosa oscuridad. La verdad es develamiento, descubri-miento de lo que está velado, a partir del temple del asombro, en vocación de totalidad lumínica. Con el develamiento, la admiración, el entusiasmo por las cosas descubiertas, con la palabra festejamos. De deslumbre en deslumbre, volvemos a nosotros, donde el asombro nuevamente crece. Por eso, más que dar respuestas, preguntamos. Lo develado, nos conducirá a nuevas preguntas y así al infinito como el mismo ser. Cada respuesta conduce a más preguntas. En tanto, nuestra misión: nombrar preguntando, siempre, como niños, preguntando. "Ve y porta/ yerra y pregunta/ a lo largo de tu único desfiladero… No somos nosotros los que vamos tras los pensamientos; son ellos los que vienen a nosotros." (Martín Heidegger).

"La calidad de la humanidad reside en el interior del hombre. Nada hay más elevado en la conciencia humana que los destellos de esta luz interior. La luz interior, la luz humana, es lo que denominamos humanidad. Nosotros la llamamos belleza. La belleza no es más que el resplandor de la luz en el hombre. El cielo sólo puede ser el símbolo de esta luz de luces en el sentido de que el cielo se convierte en un puerto… La Naturaleza es todo lo que llegaremos a conocer del cuerpo de Dios." (Frank Lloyd Wright: A Testament). La verdad la encontramos dentro de nosotros mismos, en decir de la famosa admonición de San Agustín: "No salgas de ti, vuelve a ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad".

Así, la vida puede asumirse como contemplación, en aras del asombro, tal como fue el camino de los místicos. Vigilar la vigilia, parece ser nuestra misión, puesto que el poeta no puede dormir mientras la humanidad está amenazada. La labor del poeta es la de la vigilancia. Definitivamente hay que vigilar. Como los grandes, esperar que muera nuestra eternidad para velarla. Dar con la sombraluz escondida en el herbaje o la arboleda. Nunca la videncia fue tan necesaria. La de hoy ha de ser una poesía vidente, la única capaz de generar fe en la posibilidad de construir el porvenir y el amor telúrico desenfadado y sin banderas. (Juan Calzadilla). De regreso del futuro no queda sino darle forma a lo invisible, desaforada, desveladamente, en asombro vigilante, permanente.

Ésta, la aventura del asombro, de la creación (poiesis). Sin creación, sin asombro, no hay ciencia y menos técnica o tecnología. La poesía es una forma, un método de conocimiento, para el conocimiento de la realidad. El asombro es el principio de la filosofía, la ciencia, la tecnología, la poesía. "Hay un ser de las cosas muy distinto del que la ciencia nos hace conocer, el ser que el arte descubre: la poesía. El arte –la poesía– es tan riguroso como el pensamiento más atento. El arte –la poesía– es una de las cumbres de la palabra, la otra cumbre es el pensamiento." (Martín Heidegger).

El asombro es poesía. El asombro es inherente al hombre. El asombro ha hecho cavilar y progresar al hombre. Cada nuevo obstáculo, objeto insólito, hace que lo admiremos y nos asombremos. Primera de todas las pasiones, anclado en las raíces de la duda y de la búsqueda, el asombro, sorprende, desafía, zarandea, reta, hala al hombre. Mundo escuchado, huésped del asombro, a coro en el asombro, a coro en lo iracundo. Almácigo de asombros en la noche insomne, al descubierto. La dicha, la tiniebla, las versiones, la sombra en el muro. La palabra en grito, el grito en coro, el coro en canción y asombro. (Mery Sananes).

Por todo ello, este Parte de asombro, no de guerra. Este parte de insomnio, sueño, noche, luz, vigilia, enigma, coro, fuga, mar, muerte, estupor, encanto, grito, paz o vida. En pasto, en noche, en cielo, en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. (Luis de Góngora y Argote).

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Pablo Mora
Profesor Titular, Jubilado, de la Universidad Nacional Experimental del Táchira.
pablumbre@hotmail.com

San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 2001

Tomado de Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid: http://www.ucm.es/info/especulo/

 

Link del artículo: http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/asombro.html


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