Estampas 1968. 
Pepe Revueltas en Ciudad Universitaria.
Carlos Monsívais

Llegó a principios de agosto a la Facultad de Filosofía sin que se le esperara, agitado, con un portafolio lleno de documentos, de textos que requerían su discusión urgente, de memorias de otras luchas que sólo tenían sentido porque la historia es incesante, y la dialéctica solicita de la continuidad del esfuerzo. De inmediato, incorporado al movimiento estudiantil, el novelista José Revueltas, (el autor de Los muros de agua, Los días terrenales, El luto humano, Dios en la tierra, Los errores), traslada domicilio y obsesiones militantes a Ciudad Universitaria. En la primera reunión de la Alianza de Intelectuales y Artistas en Apoyo del Movimiento Estudiantil, Revueltas es nombrado miembro de la comisión ejecutiva (con Juan Rulfo, Sergio Mondragón, Manuel Felguérez, Jaime Augusto Shelley y C.M.), y desde el primer instante es muy sincero: “No me interesa participar con ustedes. Los intelectuales me aburren con sus vacilaciones. Me interesa la praxis. Quiero ser delegado de la Alianza al Consejo Nacional de Huelga”. Nada de lo que le decimos le convence. Según él, los compañeros intelectuales han dado todo lo que pueden dar, y es con los estudiantes donde está su sitio y el porvenir revolucionario. Los jóvenes no han petrificado sus intereses, y como sea, resultan más vitales que un gremio tan acomodaticio. Nuestros argumentos no lo tocan, de hecho no los oye.

Revueltas en Ciudad Universitaria: la producción de volantes, manifiestos, tesis sobre la autogestión, visiones de conjunto, llamadas radicales a la movilización. Pronto, él integra su nueva familia, se preocupa por lo que les pasa, apoya a un sector en el CNH y desoye las llamadas de sus amigos en el gobierno, deseosos de salvarlo del castigo y enojados ante sus “provocaciones”. El 18 de septiembre, Revueltas habla en la Facultad de Ciencias sobre la autogestión, y apenas sale a tiempo, dos horas antes de la entrada del Ejército a Ciudad Universitaria.

En la clandestinidad (de la que todo el mundo está al tanto) Revueltas sigue escribiendo, preocupado por la suerte de los detenidos, muy afectado por la matanza del 2 de octubre. Su suerte individual no le atañe. Lo invitan a dar una conferencia en el Auditorio de Humanidades y acepta, a sabiendas de que será detenido. Antes de salir a C.U. escribe una carta dirigida al jefe de la policía, que leí entonces y cuyo sentido retengo en la memoria:

Muy Señor Mío:

Sé que se me busca acusándome de subversión. Como están las cosas, mi vida, en peligro, no vale nada y bien puedo considerarme un sentenciado a muerte. En tal condición, y como reza la costumbre, tengo derecho a un último favor, que no se le niega a nadie y ahora lo ejerzo. Señor jefe de la policía: este condenado a muerte le pide, en uso de las prerrogativas de su inminente desaparición, y con la certeza de que su deseo será complacido, que vaya usted y muy respetuosamente chingue a su madre.

Atentamente

José Revueltas

Carlos Monsívais

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