Los primeros versos de Pedro Mir

Cuando se escribe se va dejando una traza, una huella que al observarse detenidamente remite a una historia. Conocida o no, esa historia, no es nunca la que se puede aprehender con facilidad. Ella, al estar dentro de lo multívoco del lenguaje, dentro de la pluralidad, realiza unos viajes o lo que es lo mismo permanece en movimiento.

El texto como tejido, puede decirse, posee diferentes hilos de variados colores. La historia pertenece a la visión de mundo. Esta se remite a dos sujetos. En primer lugar el autor, el escritor, en nuestro caso. Y en segundo lugar al lector. Este último tiene una determinación muy poderosa sobre el texto. Sin él prácticamente el tejido no existe.

Los Primeros Versos de Pedro Mir plantean esta realidad de la escritura. La historia los envuelve. Su relación con la sociedad en que fueron trabajados se pone en tensión desde la distancia de la lectura. Esta relación ha llevado al autor a situarlos históricamente: "Sólo faltaría preguntar a las nuevas generaciones.. .cuando las bellas ideas que animaron aquellos esfuerzos han sido desacreditadas o demolidas estrepitosamente, si valía la pena escribir aquellos versos y arrastrar los sacrificios y los riesgos que implicaba. Pero sólo podría responder la Historia, que nunca termina aunque siempre determina" (p.19).

La poesía deja sus huellas y el texto se constituye con ellas. Las ideologías pueden ser demolidas, pero el texto, si ha logrado su plenitud simbólica, no muere con un pensar el mundo. El sigue sus envíos hacia otras regiones del sentido. Creo que eso es lo que justamente se puede decir de estos versos de Mir.

Si retorna el principio de estas líneas, debo señalar que en toda primera obra se encuentra una polifonía de voces que dialogan en el texto. Varias concepciones sobre la poesía, variadas formas -sentidos de la escritura que luchan por identificarse y dispersarse en el trabajo del sujeto escritor.

Impacta de manera significativa el ahora en que la obra fue escrita. Por eso ella se constituye a favor y en contra de las ideologías. En los primeros años del siglo el debate de la poética se daba entre un modernismo decadente, que si bien se trataba de superar, su influjo como escritura dejaba huellas profundas, por un lado; un neopopularismo, por otro, que arrollaba en la lírica de Federico García Lorca, y una mirada a la tierra desde una dominicana perspectiva en el trabajo de un grande de la poesía: Domingo Moreno Jimenes. El universalismo vino después.

En este debate se tensa la madeja de los primeros textos de Pedro Mir. En medio de la férrea dictadura trujillista, Mir, publica poemas con un destacado ritmo social que le merecen el peligroso título de "poeta socialista". Tal vez ahí empezó el calvario de un gran poeta, pero sin dudas se inició un gran poeta social.

"Tráeme el sabor ardiente de la tierra/que viene en guarapo./Sangre de espalda en tormento!/Tráeme el sudor valiente de la loma/ que al pasar al trapiche,/después de torturarse pasa al dólar /o pasa a la metáfora del cuento./ Tráeme el trajín de la zafra/que se alivia de miserias./Tráeme el rumor del molino, /tráeme la sangre caliente/del canto campesino..."(A la carta que no ha de venir, p.21).

Como todo poeta, sus primeros versos muestran al poeta que iba a venir. La llamada voz propia se había constituido, o tal vez estaba constituida ya desde el primer destello de los primeros versos. El trabajo constante hizo que aparecieran cada vez más auténticos o más individuales, pero como toda escritura ellos eran singulares...y punto.    

Lo que no hay dudas que Mir estuvo muy cerca de Moreno Jiménes. La  poética modernista lo enganchó. Y teniendo muy presente la concepción miriana de la poesía y del lenguaje, se puede postular que ese enganche no fue muy voluntario. Los trabajos posteriores demuestran que el autor se despoja de esas huellas.               

Otros versos justifican nuestra apreciación: "el tizón de la fiesta se enciende/y el sexteto se anima pues sabe/que el tizón de esta noche, mañana/ saltará crepitante en su anafe” (Bolero-son, p.27)

El Lorca del Romancero sonámbulo deja sus duendes borrachos en los poemas "Romance de los nueve meses": 

"La noche injerta en tus ojos/ un resplandor de luceros”. "La tuna recorta el  luto/de tu nombre en el sendero". "La noche que enjuaga mimos/ camina con paso lento". "La noche se mandolina/en tu canto del jiguero..."(pp.42-43).

Lo mismo en el "Romance del llanto lejano" y "El romance del sol de doce" que plantean esos diálogos entre la escritura de Lorca y el contexto histórico de la guerra civil española.   

Estos primeros versos nos permiten ver a un Mir salido cual crisálida de la flor de la tradición poética dominicana y del pantano de nuestras ideologías opresivas. Un "problema social" que se planteaba como una resistencia, como una manera resistencia, como una manera en la que lo cotidiano se da la mano con la poesía, con el ritmo perdurable de muchos sentidos.

Varios juicios hicieron más llevadero este primer atisbo de poesía miriana. El de Juan Bosch: "Empieza ahora ... desde luego, nadie sabe qué caminos recorrerá Pedro Mir. Puede torcerse y puede hasta apagarse. De todo hay en la viña del Señor. Pero yo me complazco en entregarlo a la mirada fija del lector dominicano, a la de ese que   espera el nacimiento de artistas verdaderos, adivina su gestación y la acelera sin decirlo" (p. 11).

Del gran poeta dominicano Fabio Fiallo: "yo me hecho hacia atrás para dejarle paso franco a ese Pedro Mir que llega con su atrevido pendón de novedades en la mano y va hacia arriba con impulso irresistible de triunfador" (31 de mayo de 1938).

Y finalmente el del singular intelectual Salvador Ortíz: "poeta social se le ha llamado ¿Poeta social? Quizás. Pero sobre todo un lírico, un gran lírico que todo lo contempla con ojos de poeta y que sólo piensa en metáforas".

 

Tres poemas quedan de estos primeros escritos como piedras angulares de una poesía que ha sido necesaria, importante y perdurable. De una poesía corta en dimensión, pero anchurosa y profunda; me refiero a “Poema del llanto trigueño”, “Plática del pozo”, y “La vida manda que pueble estos caminos". Los demás permiten al estudioso acercarse con más confianza a la obra poética del petromacorisano, pero estos que nombro quedarán como testigos de sus huellas por los caminos que le ha tocado poblar en este mundo.

Miguel Ángel Fornerin
Auditórium
Revista cultural informativa
Año IV, Nº 9, 1994
Santo Domingo, República Dominicana

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